Hola! Muchas gracias por leer mi cuarto fic! Eso me hace muy feliz..

CAPÍTULO: Nº2: La maldición...

Cesari era un lugar precioso. Muy concurrido en realidad. En parte gracias a sus camareros tan amigables. Ike era uno de ellos. Y por otra parte por las deliciosas comidas que allí se servían. Las personas, en especial hombres, se apelmazaban en el mostrador. Las mesas estaban repletas y había que reservar con tiempo para conseguir una.
-Tenga. ¡Gracias! -saludó Ike con un delantal celeste. Le alcanzó una caja de chocolates.
-Yo quiero...
-Oye ¿A qué hora sales?
-Ahora me toca a mí. - decían los comensales. agolpandose para ser atendidos. Otro de las chicos que ahí trabajaba se acercó a Ike le susurró algo al oído y los ojos de el joven asemejaban a un par de platos.
-¿Qué ha hecho qué? -dijo asombrado. Levantó la tabla que hacía de mesada y salió disparando.
-Ike ahora es mi turno ¿A dónde vas? -dijo un cliente. El joven de cabello negro subió unas escaleras con forma de caracol a mucha velocidad.
-¡Kyle! -gritó una vez se hubo acerado bastante. Se detuvo a unos pocos centímetros de él.
-Ike. -dijo el pelirrojo.
-¿Qué ha pasado? Acaban de contarme que llegaste por el aire a nuestro balcón. -dijo tomando entre sus manos las de. ojiverde.
-Entonces ha ocurrido, no ha sido ningún sueño. -dijo pensativo.
-Ikie si quieres puedes pasar a mi despacho. -dijo un gerente.
-En realidad tengo que volver a mi trabajo, pero muchas gracias. -dijo cortésmente.
Kyle había decidido contarle lo sucedido a su pequeño hermano, aunque al hacerlo se arriesgaba a que el lo considerase un loco o algo así.

-Vaya. Entonces tiene que ser un mago. -dijo con decisión Ike mientras hablaban sentados en unas pilas de caja en la bodega.
-Pero ha sido muy bueno conmigo, ha venido a rescatarme Ikey. -dijo con la mirada ida.
-Claro que sí. Porque intentaba robarte el corazón. -dijo con preocupación. -Has tenido mucha suerte Lee, si ese mago hubiera sido El Coon, se lo habría comido.
-No lo creo. -dijo bajando la cabeza. -El solo hace eso con las chicos bonitos.
-No empieces. -suspiró. -tienes que tener más cuidado. -lo regañó. -Hay muchos peligros ahí afuera. Y dicen que la Bruja del Páramo está rondando por aquí. - dijo serio. -¿Me estás oyendo?
-¿Huh?- respondió, pensativo.
De repente una de las cajas se abrió y dejó pasar la cabeza de un joven cocinero.
-Ike los pasteles de chocolate ya está hechos. - anunció.
-Ya mismo voy . -dijo con una sonrisa amplia.
-Bien. -la caja volvió donde estaba.
-Será mejor que me vaya hermanito, solo quería asegurarme de que estabas bien. -dijo Kyle poniéndose de pie.
El muchacho acompañó al pelirrojo hasta la puerta del café.
-Hola Ikey. -saludó en la entrada al hombre que venía con una pesada bolsa de harina.
-Buenos días señor. -le respondió el saludo. -Vamos Ky ¿De veras quieres pasar el resto de tu vida en esa sombrerería?
-La tienda era muy importante para mi padre. No me importa.
-No te estoy preguntando qué habría querido tu padre, sino que quieres tú.
-Será mejor que me vaya. -dijo dándose media vuelta.
-Es tu vida Ky, piensa en ti por una vez en la vida. -

Muy cerca del lugar por el cual el joven Kyle pasaba ni se hubiera podido imaginar lo que se estaba gestando. Era un habitáculo para una persona. La puerta se abrió y con un atizador dejó salir una pequeña figura de porcelana a la cual acudieron todos los esbirros pegajosos. Con el mismo palo, recogió la vasija y la entró. Desde adentro se golpeó dos veces y los hombres de lodo salieron, uno delante y el otro por detrás para levantar el habitáculo.

-

Mientras tanto... el joven pelirrojo se hallaba ya en el tranvía como su casa como último destino. Podía observar como la ciudad se alejaba lentamente a medida que avanzaba. Estaba anocheciendo ya, cuando arribó. Abrió la puerta de entrada, la de la tienda. Se adentró y cerró con traba la puerta tras de sí. Se quitó el sombrero y pendió una luz. El ruido de la campana que estaba en la puerta, le advirtió que alguien acababa de entrar a la tienda. Se dió la vuelta lentamente y allí estaba en el recibidor, vestido de negro, era un chica de gorda constitución la que se encontraba en el vestíbulo.
-Lo siento... pero la tienda está cerrada. -dijo tomando coraje. -Juraría que había cerrado la puerta. Me habré olvidado.
La mujer se adentró sin permiso y comenzó a examinar la mercancía.
-¡Qué tienda tan vulgar! Nunca había visto sombreros tan ridículos. Y tú eres como mucho lo más vulgar de la tienda. -dijo con impertinencia. Con una torcida sonrisa.
-Me temo que va a tener que irse ahora mismo. -dijo poniéndose firme. -Kyle se dirigió hacía la puerta con la intención de hacer que el desagradable invitado se largase de una buena vez. Abrió la puerta y se dirigió hacía el enorme sujeto. -Se sale por aquí señora.
-La señora se dió la vuelta y dijo -¿Te atreves a desafiar a la Bruja de los Páramos? Qué valiente. -de forma burlona.
-¿La Bruja de los Páramos? -dijo asombrado. por la puerta desde el lado que daba a la calle, comenzaron a llegar los esbirros de la Bruja. Kyle por poco entra en pánico al verse en aquella situación. El gigantesco espécimen extendió sus brazos, cual alas y se acercó a él con gran velocidad, atravesándolo, el ojiverde se cubrió con los brazos la cara, por instinto.
-¡Hah! -gritó. - Cerró los ojos, apretándolos con fuerza.

-Lo mejor de este hechizo es que no puedes contárselo a nadie. - murmuró con soberbia. -Saluda de mi parten al Coon... -después lanzó una carcajada siniestra.

Continuará...

N/A: Porfa dejenme algun review para que siga escribiendo... nos vemos el el proximoi capitulo! Estoy ansiosa de subir el próximo capítulo...

Muchas gracias por leer!