Gracias por no hartarse aún... Aquí esta la segunda parte... Más notas al final. Las haré lo más cortas posible, lo prometo.

Sam agradeció que llevarán a su hermano hasta el auto en una silla de ruedas. Lo que no le gustó tanto fueron los aplausos, las fotos y todo el tumulto.

John no hubiera aprobado que llamarán tanto la atención.

Para peor, le regalaron otra lata de cerveza por ser capaz de terminar con la hamburguesa Triple Bypass. Y la malteada extra grasosa. Y una porción doble de papas fritas. (Y las propias papas fritas de Sam)

Tradiciones del lugar.

Un lugar donde todos estaban locos, sin excepción posible, creía firmemente Sam.

Ahora, llevarlo desde el auto (que había conducido él, por supuesto, Dean estaba en un estado cercano al desmayo) hasta su habitación iba a ser una tarea titánica. Sam bajó del auto, lo cerró muy bien, lo rodeó y abrió la puerta de su hermano. Dean casi cayó sobre el asfalto, pero se agarró de la puerta abierta. Se quedó sentado unos segundos y el frío de la noche invernal de enero lo golpeó.

Sin previo avisó, vomitó aparentemente todo lo que había comido. Sam se apartó de un salto.

- ¡Dios mío, Dean!- refunfuñó Sam.- ¿Te sientes bien? ¿Quieres agua?- Dean se limpio los labios con la mano, la mano en el pantalón y después negó con la cabeza. - Vamos, entremos a la habitación. Haré café. ¿Quieres café?- probablemente lo necesitara: Dean podía haber vomitado toda su cena, pero venía bebiendo cerveza y comiendo chatarra desde el mediodía. Sam se preguntaba donde lo había puesto todo.

Parece que la idea de meter algo más en su estómago no le cayó muy bien a Dean, porque volvió a vomitar. Esta vez, algo muy negro y líquido. O era la malteada extra grasosa o bilis.

Sam rogó que fuera la malteada.

- ¿Te sientes bien?- Sam le levantó el rostro y entre las lágrimas por el esfuerzo de vomitar y su propio mareo, Dean vió su expresión de preocupación. - ¿Quieres que vayamos a un hospital? ¡Al diablo con que papá se enoje!- masculló.

- Ahora podríamos, pero no.- Dean intenta una leve sonrisa.- ¿Siempre te gusta tener una excusa para molestarlo, no?- Sam frunce el entrecejo y sacude la cabeza, en señal de desaprobación. - Estoy bien, en serio. Mucho mejor que antes. Ayudame a pararme o me resbalare en esto y eso si que será asqueroso.- Sam lo mira con preocupación cada vez más marcada.- Por favor, Sammy. Estoy bien. Vamos.- Sam le pasa un brazo por la cintura y deja que Dean se recargue un poco en él.

Empiezan el largo camino. Y, Sam no sabe como pudo recordarlo, Dean saca la cerveza que le han regalado en la parrilla y comienza a beberla.

- ¡Dean!- grita.

- ¿Qué? ¡Es mi cumpleaños 18 todavía por un par de horas y voy a seguir celebrandolo cuanto quiera!- Dean usa exactamente el mismo tono que usan los niños para decir que no comerán las verduras.

- Vas a terminar en un hospital con coma alcohólico y el higado destrozado por la comida chaterra. Eso es lo que vas a hacer.- chilla Sammy.

- Nerd.- gruñe el muchacho, pero por el momento no sigue bebiendo. Se pone a hablar.

El único problema que tiene Sam con que su hermano se sienta feliz es que, cuando Dean esta feliz, es de esas personas que no paran de hablar un segundo. De cualquier tontería.

Y rie sin control, también.

De cualquier tontería, por supuesto.

Muchas años después, en Standford, Sam aprenderá que es un intento de expansividad: de expander la alegría que lo rebalsa y extenderla al mundo y a la gente circundante. Pero ahora, con trece casi catorce años, Sammy no necesita estudios universitarios para saber que Dean no es tan expansivo como demuestra todo el tiempo y que por una vez le hará bien.

- ¿Sabes por qué estoy tan contento?-

Aquí vamos.

Dean rie sin control, mientras intenta no recargar todo su peso en Sammy porque, borracho o no, recuerda que su hermanito pesa aún unos cuantos kilos menos que él.

- ¿La casi décimo quinta cerveza que acabas de tomar no tiene nada que ver?- de verdad que Sam esta asombrado de que Dean no este ya en coma alcohólico.

- ¡Por favor! Dean Wicester... -

- Winchester.-

- ¡Yo sé como me llamó! Me faltan todavía unas cervezas para ponerme alegre.-

Sam piensa que con el aliento que trae su hermano, hasta él se está poniendo alegre. Pero no dice nada. Continuán caminando trabajosamente.

- ¿No quieres saber?- la voz le tiembla al mayor y no precisamente por el alcohol.

- ¿Él que, Dean?-

-¡Porque estoy tan contento!-

- ¿Porque cumpliste los 18 y ya te pueden juzgar como un adulto?-

- Además... Nerd.- Dean intenta arrancarle más cerveza a la lata. Está seca. La estrangula en una mano y la arroja por sobre su hombro.

- ¡No hagas basura!- se escandaliza el pequeño.

- A ver cuando te cambiará esa jodida voz chillona. Calladito eres más bonito.- claramente, a Dean comienza a dolerle la cabeza.

- Papá va a matarte si se enterá de esto.- Sam le saca las llaves de la habitación del bolsillo y abre con dificultad. Con un brazo refrena el cuerpo de Dean y con el otro empuja la perilla.

- ¿Quién va a decirselo? ¿Tú? Papá no esta aquí.- canturrea Dean mientras se abre paso hacia la cama sin hacer ninguna "ese". Derechito. Ni siquiera se saca las botas antes de dejarse caer. No abre la cama. Tampoco es la suya: es la de Sam. - Papá nunca esta aquí.- cierra los ojos y entierra la cara en la almohada.

Sam ruega para sus adentros que Dean no arme una escena de borracho melancólico.

No quiere que su cumpleaños acabe así.

Ni en un coma alcohólico, ya que estamos, si no es demasiado pedir.

- Eso es bueno ¿No?- Sam se sienta junto a él y Dean lo mira a través de una neblina. Probablemente, ve como su rostro gira por todos lados como en las escenas pesadillescas de las películas. - Ahora que tienes 18, podrás hacer lo que quieras. Al menos cuando papá no este. ¿No es eso? Lo demostraste todo el día.-

- Hace mucho que hago lo que quiero, Sammy.- Dean entierra la cara en la almohada.

- De acuerdo. Lo que digas.- Sam le quita las botas y luego lo obliga a levantarse para poder desarmar la cama. Apenas un segundo después, Dean se tira en ella de nuevo. Todavía trae la campera puesta. Sam gruñe, forcejea con él hasta quitarsela, y luego lo cubre con las mantas.

- Algo así, pero no.- Sam tarda un segundo en comprender de que demonios habla el otro.

- ¿Entonces?- Sam se sienta en el borde de la cama y lo mira con atención. Dean hace un intento infractuoso por fijar correctamente la vista y sonrié.

No de medio lado, a lo Han Solo, como cuando coquetea. Ni con seguridad y burla. Ni sarcásticamente.

Sonrié sincera, agradecida, pacíficamente.

- Ahora que tengo dieciocho años... Ahora que soy mayor de edad...Si papá no vuelve, realmente no vuelve... Puedo hacerme cargo.- Dean debe estar muy borracho para decir eso.- Realmente puedo hacerme cargo de tí. Ser responsable legalmente por tí. Ser tu tutor legal.¿Entiendes, Sammy?- Dean sonrié triunfalmente y a continuación parece que un mazo invisible lo golpeará, porque se desploma sobre la almohada y comienza a roncar sonoramente.

Sam se queda aturdido y no precisamente por los espantosos ronquidos. Ni por el frío. Ni por el cansancio.

Aturdido por lo que Dean acaba de confesar.

Para Dean había sido una pesadilla recurrente el pensar que su padre definitivamente no volviera y ellos tuvieran que separarse.

Ahora Dean tenía 18 años y podía ser su tutor legal.

Una punzada de remordimiento lo pinchó feo cuando pensó que no le importaba si ahora John decidía largarse de una vez. Pero sintió un poco de alivio también cuando se metió en su cama y no tuvó necesidad de rezarle a Dios por seguridad.

Ahora Dean estaba de verdad a cargo.

Ahora podía dejar un poco en paz a Dios.

Según Sam, era un trato justo.

************************** Fundido a Negro***************************************

Sam escuchó la ducha cerrarse y después la cortina de la bañera. Murmuró contra Dean, suponiendo de antemano que había agotado el agua caliente. Se tapó un poco más y continuó con los ojos firmemente cerrados.

Un rato después, maldijo su suerte.

Necesitaba ir al baño.

Abrió los ojos.

Antes de poder protestar por lo mucho que tardaba su hermano, Sam se dió cuenta que Dean continuaba en un estado semi comatoso en la cama. Antes de poder gritar que había un intruso, John Winchester salió del baño en camiseta y calzoncillos, buscando en los bolsos un pantalón limpio.

- ¿Pa?- balbuceó Sam con el corazón saliendose por la boca.

- ¿A quién esperabas? ¿A Santa?- John encontró un pantalón y se lo pusó. Tomó un par de medias y se calzó con rapidez por el frío.

- No te oímos llegar.-

- Muy mal hecho, por cierto.- John observó a su hijo mayor.- ¿Qué le pasa a Dean?- generalmente, el muchacho saltaba de la cama apenas oía el motor del Impala. - ¿Cuánto bebió?- el hombre su pusó serio en un milisegundo.

- Nada, en serio... - Sam no sabía mentir y John lo sabía. El pequeño vió un empaque de seis cervezas vacío y una vieja caja de pizza.- Compramos una pizza, vimos tele y Dean se tomó las cervezas. Nada más.- Gracias a Dios que en ese motel de porquería limpiaban día si y día no.

- La pasaron genial ¿eh?- sonrió John Winchester.

- Si: nosotros sabemos pasarnosla en grande.- se sentó en la cama y se rascó la cabeza. Eso lo delataba aún más.

John estaba seguro de que los chicos la habían pasado en grande. Podía haber llegado hacia menos de una hora, pero antes de bañarse encontró tiempo para dar vuelta los bolsillos de la campera de su hijo mayor. Encontró dos entradas para una función de cine a las cuatro de la tarde; un boleto de lotería expedido el día anterior; una cuenta de un restaurante de comida rápida, con un número telefónico escrito en ella y un "llamame"; un recibo por el alquiler de un Peugeot blanco '85, como el que estaba en el estacionamiento del motel, a nombre de Dean Winchester. Incluso encontro las llaves del auto, que Sam había vuelto a guardar en su lugar.

Oh, sí. John Winchester sabía muy bien como mantenerse al tanto de lo que hacían sus hijos.

Hablando de pasarla en grande.- John levantó la escopeta de caza que sus hijos habían comprando hacía menos de 24 horas. - ¿Qué es esto?-

- Una escopeta de caza, pa.- Dean se sentó en la cama, somnoliento. - ¿Cuándo llegaste?-

- Un poco antes del amanecer. ¿De dónde salió?-

- Yo la compre.- toda la seguridad con la que Dean había estado exhibiendo su identificación el día anterior había desaparecido.

- ¿Tú qué?- gruño su padre.

- Él me la compró. Quería practicar y no teníamos con que. Así que Dean me la compró. Es mía. Estaba en mi bolso ¿O no?- Sam maldijo nuevamente su suerte. Su padre nunca revisaba los bolsos.

Excepto hoy.

- ¿Qué quieres decir, Sammy? ¿Qué mantenga las narices fuera de tus cosas?-

- Por supuesto que no.- Sam no quería comenzar un pelea.- Sólo quería que supieras que no somos descuidados y no dejamos las cosas por ahí.-

- Tranquilo, Sammy. Sé que no. Bueno, levantanse y desayunemos, que si tantas ganas tienen de entrenar les voy a dar el gusto. No voy a desaprovechar la oportunidad.- comentó John, yendo hacia la pequeña cocina.

Dean se tensó.

- ¿No piensas dormir un poco?-

- Ya no puedo a esta hora. En la noche sí. Vamos, ponganse en movimiento.-

Dean se vistió a toda prisa y tomó su chaqueta.

- Iré a comprar el diario. Y donas.-

- ¿El diario? ¿Desde cuando?-

- Desde ahora. Tengo dieciocho años ahora. Soy un adulto.- Dean sonrió de medio lado.

- Uh. Es cierto.- John tomó su chaqueta de cuero, colgada junto a la puerta y vacío los bolsillos. - Hace frío afuera.- se la arrojó.

Dean tartamudeó.

- Esta bien... Tengo esta.- apretó la campera de jean forrada en piel de corderito, que usaba desde los quince años.

- Esa es de niños. Ya eres un hombre. Sam puede usar esa ahora. Bueno, cuando la llene.-

- ¿En verdad?- la sonrisa de Dean se ensanchó hasta las orejas. Radiante de nuevo.

- Sé que preferirías el Impala, pero bueno.- John se encogió de hombros.

- ¡Es genial! ¡Gracias!- Dean se la pusó de inmediato y se miró en el mugriento espejo del motel.

John volvió sonriendo a la cocina y dejó que sus hijos vaciarán los bolsillos de las huellas de su parranda del día anterior.

Cuando Dean volvió, apretando el paso y transpirando un poco por el fuerte sol de Arizona, los tres Winchester se sentaron a desayunar. El desayuno estaba sorprendentemente rico (A John nunca se la había dado bien cocinar) y todo estaban contentos, aunque nadie decía porque. Dean inspeccionó el diario, leyó dos o tres artículos, su sonrisa creció aún más y le pasó el diario a su padre, con una sonrisa brillante

Como iban a pasar todo el día en el campo ("Otra vez" recordó Sammy) fueron a aprovisionarse de frutas, cosas para sandwiches, gaseosas y cervezas. (La cara de Dean cuando su padre dijo "Cerveza" fue muy divertida.)

John fue en contra de sus costumbres y le ordenó a Sam que lo acompañara, dejando a Dean en el asiento del acompañante.

Quince minutos después, volvieron. Dean continuaba sentado allí, pero de nuevo sonreía con ganas. Mientras John guardaba las cosas en el baúl, Sam se refugió en el asiento trasero. Siempre iba con menos ropa de la recomendable. Refunfuñó y se pusó la campera que hasta el día anterior pertenecía a su hermano

Le quedaba simplemente enorme. Ya buscaría su propio abrigo. Ahora sólo quería descongelarse. Hundió la nariz contra la piel de corderito para calentarsela y un conocido aroma lo golpeó de lleno. Tardó un segundo en ponerle nombre: Dean. Y tardó otro segundo en reírse porque hubiera un olor en el mundo que fuera "Olor a Dean".

- ¿Qué pasa, enano? ¿Qué es tan gracioso?- Dean se giró para verlo.

- Yo. Debo verme cómico en esta cosa gigantesca, como si estuviera disfrazado.- Dean le ve la ancha sonrisa, los ojos brillantes y las mejillas un tono más coloreadas de lo usual y sabe que miente.

Fingió que no lo notaba.

- No te preocupes, ya la llenarás algún día.- Sacó dos billetes de diez dólares y le extendió uno. - Ten.-

- ¿Qué es eso?- preguntó Sam arrugando la nariz.

- Dinero, Sammy. Se cambia por bienes y servicios.-

- ¡Eso ya lo sé! ¿De dónde lo sacaste?-

- Ayer jugue a la lotería. Los últimos cuatro números de mi licencia de conducir.-

- ¿Y eso que tiene que ver conmigo?-

- Eres una molestia en el trasero ¿Lo sabías? Mi número de licencia... - Dean saca el carnet de un bolsillo del pantalón.- Es 35217983.- se la pasó a Sam.- Gané 20 dólares apostando al 7983, así que me parece que la mitad es tuya.- Dean sonrió a su particular estilo Han Solo y levantó una ceja, extendiendole el billete otra vez.

Sam tomó el billete despacio y se lo guardó en el bolsillo de la camisa. Después, le devolvió la licencia a Dean, sin sacarle los ojos de encima. El mayor sonrió con satisfacción y volvió la vista al frente. Se apoyó de lleno en el respaldo del asiento.

- Gracias, imbécil.-

Por el espejo retrovisor, Dean pudó ver la sonrisa en el rostro de Sammy y la risa en sus ojos.

- De nada, perra.-

FIN

El final parece un poco brusco, pero era para que no quedará demasiado sensible. Aprendido de los Simpsons, como tantas cosas. Además que quería mostrar cuando empezaron a usar esos apelativos en sus conversaciones incómodas. Es realmente dificil encontrar equivalentes en castellano, dicho sea de paso.

Tratare de ser muy puntual, si queda alguna duda, pueden reviewearla (¡Qué verbo más raro!) el título esta sacado de un folleto que se le da a los que cumplen 18 años en el estado de Virginia y sacan su licencia de conducir. Cuando me puse a buscar que podría hacer Dean con la mayoría de edad esto fue lo primero que saltó: "So you're eighteen" Sobre derechos y obligaciones que se tienen como ciudadano en ese estado.

Hablando del disparador de este fic, fue uno llamado "Delirios" de Katrinna LeFay en el que Sam cree que tiene entre ocho y trece años y le ruega a Dean que no lo lleve a un hospital porque eso podría traerle problemas con el sistema social. Ahi fue cuando me puse a pensar que realmente debe haber preocupado mucho a Dean el que algo le pasara a su padre y lo apartaran de Sam, así que cuando cumplió 18 años y pudo ser su tutor legal debe haber sido como que le sacaron un peso de encima.

Y por eso estaba rezando la noche anterior a su cumpleaños. Es como esos miedos ingenuos que tiene uno de que algo que quiere realmente mucho se pierde a sólo unos minutos de obtenerlo.

Sólo por aclarar, Aldys es el personaje de la amiga nerd de Drew Barrymore en "Jamas besada" Siempre me gusto mucho ese personaje, especialmente en pareja con Guy/Chico.

¿Me imaginan a Dean viendo "Los puentes de Madison"? XD Me acorde de la cara que puso Sam cuando Dean le dijo a Cass (sobre Titanic) "Vamos, no fue tan mala. Es decir, el vestuario de Kate Winslet."

Los restaurantes de comida rápida "Heart Attack Grill" realmente existen en Arizona y Dallas. Las mozas se visten de enfermeras y los cocineros de doctores y según tengo entendido se trata a los clientes más o menos como mostre, incluso llevan en silla de ruedas a quienes pueden terminar una hamburguesa triple. Se especializan en comida ultra grasosa y muy orgullosos de ello. Siempre pensé que ese sería el Paraíso de Dean (incluso pensé que ese sería un buen "último deseo" de la temporada tres) y que Sam lo odiaría. Para los argentinos por aqupi boyantes: ¿Se imaginaron alguna vez a Sam en un parripollo de las rutas argentinas? Bueno, es la misma idea.

Una de las cosas que no me gustó de este fic es como mostré a Sam. Me salió muy adulto.

Aunque yo no soy mucho de los Universos Alternos (me encantó la definición de Misha de qué es un universo alterno en "The French Mistake"), quiero decir, de escribirlos, esto me gusto para pequeño universo alterno, porque modificaría muy ligeramente la historia y podría funcionar incluso con los capítulos como están: quiero decir que Dean tenga que convertirse en el tutor legal de Sam por algunos años y que luego Sam se vaya a la Universidad... Y desde ahí arrancamos casi igual. No hace falta que John muera, sólo que se ausente.

Bueno, por mi bien y el de ustedes, corto esto acá y respondo Reviews.

Angelita: Bueno, imaginate que es un elogio enorme decir que parece que mi historia la haya narrado el propio Dean... ¡Muchas gracias! Si, yo también creo que hay pocas cosas más tiernas que Dean con su instinto de hermano mayor y esa cierta melancolía que tiene por su infancia (Convegamos que hay que sentirse melancólico por esa infancia...) Espero que, si leíste este, no te hayas mareado o decepcionado demasiado ¡Gracias por escribir!

Winchestergirl83: Si, Dean no sería Dean sino hiciera todo lo humanamente (y más) posible para mantener a Sammy a salvo. Es cierto, todavía no entendimos bien porque Sam siendo tan inteligente toma tan malas decisiones. Y a repetición. Ahora que lo pienso ¿El winchester no es un rifle de repetición? Wua, lo de "La tenes re clara" fue un gran elogio también, gracias. Con Dean me siento un poco más cómoda, pero con Sam...

Ana: Supongo que es bastante obvio, pero nunca me había dado cuenta que en las primeras temporadas lo que fue la infancia de los chicos se ve más de la perspectiva de Sam, que tienden a ser un poco mas simplista en esos casos. Deformaciones de ser el menor, supongo. Él no tuvó, como Dean, que arbitrar y escuchar las dos campanas. He tratado de hacerle justicia al personaje de Dean, porque hablando de presentaciones de caracteres, Dean ha hecho un recorrido muy largo desde la primera temporada hasta la fecha: con todo, creo que Sam siempre se mantuvo en ciertos parámetros. Cuando me refiero a la baja autoestima de Dean, que la tiene, aunque ni idea de donde la saco, me refiero mas bien a él creyendo que lo arruina todo. Ejemplo paradigmático: el monologo que hace antes de vender su alma o en el hospital con Lisa. Dean tiende a creer que arruina todo y a olvidar a la gente que ha salvado. De todas formas, me alegra que te haya gustado el espíritu general: a todos nos rompió el corazón que Dean tuviera que dejar a Sam irse como el adulto que es. Capaz por eso hacemos este tipo de fic, a ver si lo ayudamos a Dean a lidiar con el dolor.

Es todo. ¡Nos vemos la próxima!