Parte II


Los meses que median entre el final del invierno y el inicio de la verdadera primavera pasan peligrosamente rápido, mientras la situación en el Distrito 12 no hace más que empeorar. El hambre consume a la población y la familia de Gale no logra escapar a esa epidemia de escasez y necesidad. A él le han doblado los turnos de trabajo y reducido a la mitad el sueldo; lo obligan a picar en sitios cada vez más profundos y peligrosos dentro de la mina; la mayoría de las semanas las trabaja enteras, por lo que apenas puede ver a Katniss algunos domingos y ni siquiera las teselas que ha pedido Rory son suficientes para solucionar el problema de la manutención familiar. Muy a su pesar, ha tenido que aceptar la ayuda de Katniss, o consentirla, ya que ella nunca le ofrece dinero directamente a él, pero sabe que Hazelle lo acepta.

Su madre ha conseguido un empleo en la Aldea de la Vencedores, en la casa del borracho de Haymitch, y eso les proporciona algunos ingresos extra, que siguen siendo insuficientes, ya que el verdadero problema es que no llegan alimentos al Distrito, y cuando lo hacen están en mal estado: podridos, con gusanos… difícilmente aptos para la alimentación.

Los castigos por cualquier tipo de falta se han multiplicado por mil, y se hacen públicamente, en mitad de la plaza, para que sirva de advertencia al resto de la población. Los veredictos de culpabilidad son realmente arbitrarios, y suele decidirlos Thread sobre la marcha, usando una legislación que debió de estar vigente después de los Días Oscuros, pero que al menos en el 12, estaba completamente olvidada. Ya no hay Quemador, no hay posibilidades de ir al bosque y el miedo, que hace unos meses se comía cualquier resquicio de valentía en la gente, se ha convertido en terror.

Aún y todo, si tiene ratos libres o algún domingo no laboral, se reúne con Haymitch, Peeta y Katniss para continuar dándoles lecciones acerca de trampas, o consejos sobre cómo sobrevivir en un ambiente boscoso y hostil, que es lo que suele haber casi siempre en las arenas. Sigue pensando que Katniss podría hacer eso ella misma, pero va para poder pasar un poco más de tiempo con ella: son esos ratos, las veces que ella acude a su casa por las noches, o cuando él va a la de ella para que su madre compruebe las cicatrices, los únicos momentos que pueden compartir.

Podría afirmar casi con total seguridad que Peeta y Katniss ahora están entre las diez personas más saludables del Distrito, ellos y Madge, a quien sigue viendo de vez en cuando si acude a los entrenamientos. Ellos dos se han puesto fuertes, han ganado peso gracias a la dieta a la que les está sometiendo su madre, y a ellos no se les hunden los pómulos y se les marcan las ojeras como le ocurre al resto de la población. Tiene que reconocer que Haymitch también ha mejorado ligeramente, aunque tampoco se trata de un cambio significativo: siguen temblándole las manos, y sigue teniendo esa poco saludable barriga de alcohólico empedernido. Le llevó años conseguirla, no iba a desaparecer con unas pocas semanas de ejercicio y abstención.

Cuando los días comienzan a ser más largos, puede acercarse a la pradera al salir de las minas, a última hora de la tarde. Lo hace sobre todo para poder ver a Katniss, aunque con quien pasa el rato principalmente es con Madge, que ahora se pasa por allí a diario; supone que con el mismo objetivo que él.

Se sientan sobre la hierba, que ya no se congela por las noches pero siempre está húmeda por la lluvia primaveral, mientras observan como los tres vencedores del Distrito intentan levantar sacos de harina de 40 kilos que Peeta debe de haber sacado de algún lugar.

"Si ella muere aplastada por la harina será por su culpa", comenta Gale.

"¿Por la de quién?", dice Madge

"Por la de Peeta, ¿de quién iba a ser? Él la obliga a hacer todo esto".

"Por lo que sé ella está bastante de acuerdo", discrepa la chica.

"Por lo que sé ella lo que está es bastante desquiciada", responde Gale

"Gale", dice Madge. "Reconoce que entrenar es lo mejor que pueden hacer. Este año los Juegos van a estar plagados de profesionales. Si no lo hacen, no tendrán ninguna posibilidad".

"Ni haciéndolo tampoco", replica Gale. "Sólo uno puede acabar con vida, y esta vez quiere que sea él".

"Puede que sea Haymitch quien vaya a los Juegos".

"Lo dudo", dice él.

"Y Katniss puede volver a ganar, ella es fuerte. No va a darlo todo por perdido antes de tiempo".

"Sí que lo va a hacer", afirma él en voz baja, y nota como le tiembla al hablar. Lo odia. Odia la sensación de impotencia. Odia no poder hacer nada para salvarla. Odia tener que limitarse a observar, desde la distancia. Y odia no ser capaz de odiarlo a él. A Peeta.

"¿Ella te ha dicho eso?", pregunta Madge, y acerca su mano a la de Gale, que está apoyada sobre la hierba. Quiere tocarla, para ofrecerle consuelo, o apoyo, o lo que sea que comparten los amigos, porque ellos ahora, de alguna manera, lo son.

"No directamente. Pero lo sé".

"Gale…", susurra la chica. "Sé que esto está siendo difícil para ti, además con todo lo que está pasando en el Distrito…".

"¿Difícil?", murmura él. "Tú no tienes ni idea de lo que se siente, Madge. Nunca lo has sabido y nunca lo vas a saber" No quiere seguir hablando, pero lo hace, sin apartar los ojos de Katniss y las gotas de sudor que le empapan la frente. "No encontrar la forma de proteger a la gente que quieres, ver como se aleja, perderla… es algo que se te escapa por completo".

"Ya", dice ella. "¿Por qué tú la quieres, verdad?"

"¿No es evidente?"

"Lo es".

"¿Ella lo sabe?", vuelve a preguntarle Madge.

Gale duda un segundo antes de contestar: "Yo diría que sí. Al menos debería de saberlo, porque se lo he dicho".

Madge se traga la cobardía y posa su mano sobre la de él. Gale no la aparta, ni siquiera la mira, pero da un poco igual, quiere que sepa que ella está allí… que está allí para él. Desde que tuvieron que solucionar todo ese asunto de la morflina las cosas han cambiado entre ellos, al menos Gale ya no tiene la mirada llena de rencor cuando ella está presente, ni la culpa a ella o a su padre de la mayoría de los males del país. Madge piensa que se controla, porque nunca están a solas, siempre está Katniss, y Katniss la defendería; pero es una mejora respecto a la situación anterior. Fue un buen trato pedirle que a cambio de los analgésicos intentara ser un poco más amable, con ella, y con la gente en general, hasta que ella pudiera encontrar algo que Gale considerase aceptable como pago de la deuda. No entiende qué demonios le pasa a la gente de la Veta con ese rollo de devolver los favores.

Él día de la Cosecha llega sin que a ninguno le haya dado tiempo a asimilarlo, y sin que Gale se haya atrevido a hablar con Katniss todo lo que le hubiera gustado hablar. Que le maten a trabajar en las minas, o que la vida en el Distrito se haya convertido en algo difícilmente soportable, no es excusa. Tenía que haberle dicho lo que opina y punto, y si no lo hace no se lo va a perdonar. Se consuela pensando que todavía le quedan unos minutos; los que le den para despedirse de ella en el Palacio de Justicia, y esos los tendrá que aprovechar. Necesita decirle otra vez que la quiere, y necesita decirle que no sea gilipollas y que luche, que nadie merece morir en los Juegos, pero ella menos que nadie, y que sería lo mismo que dar la razón al Capitolio. Rendirse es lo mismo que dejarles ganar.

Pero las cosas no funcionan como él esperaba. No hay visitas y se llevan a Katniss y a Peeta por la fuerza a la estación. Él se abre camino entre la muchedumbre, para intentar llegar allí a tiempo, pero choca contra un muro de agentes de paz, y ni siquiera puede darle una última mirada, o algo que sirva de despedida. Ese día ignora las crecientes medidas de seguridad que el Capitolio ha enviado al Distrito y pasa la tarde buscando una parte de la alambrada sin electrificar, para poder colarse en su bosque. Por alguna razón la encuentra, aunque apenas está allí unos minutos antes de que acudan a llevárselo más agentes de paz. El Distrito está minado ese día.

Teme que le vayan a hacer de nuevo trizas la espalda, o que directamente le peguen un tiro en la cabeza, lo segundo sería sin duda mucho mejor. Sin embargo no ocurre nada de eso; Thread debe de estar ocupado con otras cosas, porque una vez en el Palacio de Justicia alguien da la orden de que lo dejen en paz. No tiene la cabeza para pensar a quién debería de dar las gracias por eso, o a quien se lo tendrá que pagar. Sólo puede pensar en Katniss, y en que en breve tendrá que verla morir, porque le obligarán a hacerlo.

Durante los Juegos, el Distrito está repleto de proyectores y pantallas improvisadas colocadas cualquier parte. Toda la tecnología que les falta durante el resto de año, la tienen entonces y con el Vasallaje parece que eso se incrementa. La mayor de todas se encuentra en la plaza, y es la misma que ponen cada año en la cosecha, pero dos días después, antes de que comiencen las retransmisiones de visionado obligatorio, empieza a haberlas en cualquier lugar público: en las minas, en la escuela, en las pocas tiendas que hay, incluso en algunas calles, aunque no en las de la Veta. Aún así, es realmente difícil esquivarlas y no enterarte de lo que sucede, además de ilegal. Durante las noches hacen exhaustivos recuentos de población en las mismas casas para comprobar que todo el mundo los ve, y si, pongamos que quieres presenciar el acontecimiento en casa de algún amigo, tienes que notificarlo y pedir un permiso o algo así. Gale a veces ha sospechado que pueden controlar a la gente a través de las pantallas o los proyectores, aunque no encuentra la forma en que podrían hacer eso, y ya ha inspeccionado el proyector que tienen en casa varias veces. A saber si lo han estado grabando mientras lo hacía.

Normalmente es una tortura horrible desde el principio, cuando empiezan con el desfile y las entrevistas y esas cosas, aunque ese año, igual que el anterior, es la parte que puede tomarse con más calma, porque sabe que ella todavía no va a morir. Para el desfile del primer día es obligatorio salir a la plaza para verlo, por esa razón lo sueltan antes de tiempo de las minas, es casi un día festivo, igual que la cosecha, aunque sólo les liberan unas horas antes del trabajo.

Gale corre a su casa cuando por fin le permiten escapar del agujero, y se limpia lo mejor que puede antes de cambiarse de ropa, ya que el acontecimiento requiere algo así como etiqueta. La etiqueta de Gale es la misma ropa que se pone para la cosecha: los pantalones menos desgastados que tiene y una camisa azul que heredó de su padre. Con los zapatos no puede hacer nada ya que sólo tiene un par: las botas que solía llevar de caza al bosque. Las que utiliza para bajar a la mina las tiene que dejar allí cada día, junto al casco y el resto del equipo.

Sale de casa acompañado de su madre y sus hermanos, con el pelo alborotado y húmedo que siempre olvida peinar. Al llegar a la plaza enseguida busca con la mirada a Prim y a la señora Everdeen. Lo hace por inercia; Katniss le pidió que se ocupase de ellas en los primeros Juegos y ahora es inevitable sentirse todo el tiempo como su protector, aunque ya no vayan a morirse de hambre, dado que tienen de todo en su nueva casa de la Aldea de los Vencedores. Aún así, para él es como si formasen parte de su familia, y casi lo son, después de lo que hicieron por él tras los latigazos.

Tarda un buen rato en encontrarlas, porque se han colocado en uno de los extremos de la plaza, bajo un soportal. Saluda a Prim con una mano y ella enseguida capta su mirada, devolviéndole el gesto junto con una sonrisa.

"Allí está Primrose", le dice su hermano Rory, a quién se le colorean las orejas en el acto, aunque sonríe. Gale siempre ha sabido que ellos dos se gustan, al menos todo lo que se pueden gustar dos críos que acaban de cumplir los trece años.

Empiezan los cometarios de Flickerman y de otro hombre llamado Claudius en la gran pantalla. Gale se abstrae un poco y se dedica a contar el número de agentes de paz que ese día rodean el recinto; hasta que alguien le da unos golpecitos en el hombro desde atrás. Entonces se gira, y ve a Madge, esplendida como siempre, hoy con el pelo suelto.

"Gale", pronuncia su nombre sonriendo.

"Madge", responde él, recordando todo ese rollo que la chica le soltó sobre la amabilidad y obligándose a sonreír un poco. "¿Qué quieres?".

"Te estaba buscando", dice ella. "Bueno, en realidad he necesitado poco tiempo para encontrarte, eres de los más altos de Distrito".

"Gracias, Madge. ¿Me explicas qué quieres?", contesta Gale, intentando centrarse en lo de la amabilidad y esforzándose por mantener la sonrisa. Le tiran los labios. No está acostumbrado a comportarse así.

"Me he enterado de cosas sobre cómo será la arena". La sonrisa de Gale se esfuma de inmediato.

"¿De qué?".

"Habrá agua, mucha agua", le cuenta la chica.

"¿Mucha agua? ¿Qué tipo de agua? ¿Van a llevar la arena hasta el mar? ¿Y cómo carajo sabes eso?". Le salen las preguntas un poco a trompicones, pero es inevitable si se trata de Katniss, si eso la va a afectar. "Ella sabe nadar", dice por último, más calmado.

"No tengo ni idea de la cantidad, pero habrá agua", explica Madge. "Lo sé porque ha habido una filtración a la prensa del Capitolio, casi todos los años las hay, y casi siempre aciertan. Ya sabes, como allí apuestan también por esas cosas…".

Madge se coloca a su lado mientras habla en susurros. Ella también es alta, su boca casi le llega a la oreja. La familia de Gale se ha quedado por delante de ellos dos y hay varios agentes de paz formando una cadena de uniformes blancos por detrás.

"Entonces, ¿ella sabe nadar?", pregunta Madge con una sonrisa. Gale no entiende por qué puede estar contenta, es un día horrible, igual que los anteriores, aunque menos malo de los que vendrán. Al poco se da cuenta de que Madge no está contenta, sino aliviada, y omite el cometario que le iba a hacer. ¿Se va a pasar lo que le quede de vida peleando con ese asunto de la amabilidad?

"Sí", responde Gale, sin dejar de mirar a las pantallas, en las que ya desfilan los tributos del Uno, del Dos y del Tres. Horteras y exagerados son palabras que se quedan cortas para definir sus atuendos. Gale odia toda esa parafernalia que monta el Capitolio, odia a los que diseñan los trajes en el Capitolio, a los que ponen guapos a los tributos que están destinados a morir, odia el Capitolio, sin más. "A ella le enseño a nadar su padre, luego ella me enseñó a mí".

"Así que tu también sabes…", hace una pausa larga y después termina: "nadar". Gale gira un poco la cabeza para mirarla y luego la vuelve de nuevo hacia la pantalla. Por supuesto, Finnick Odair (y prácticamente en pelotas); las deja a todas babeando, Madge no iba a ser menos. Sin embargo a Katniss no le gustaba; esa es otra de las mil razones por las que ella le gusta a él.

"Te acabo de decir que me enseñó Katniss", le aclara. Madge se queda en silencio, y permanecen así hasta después de la gran ovación que se llevan Peeta y Katniss cuando aparece su carro tirado por caballos negros y ellos dos de nuevo ardiendo en llamas. Gale no puede evitar sonreír un poco al ver la ferocidad que se dibuja en las facciones de Katniss. Ella es así, no la chica repipi con vestiditos y lazos que a veces pretende que parezca el Capitolio. Necesita suspirar y frotarse los ojos cuando lleva mirándola un rato. Tiene que encontrar la forma de aprender a vivir sin ella, y pronto.

Madge le da un codazo. "Está preciosa, ¿verdad?", le dice, para ver si quita la mala cara que se le ha puesto de repente. Como eso no sucede, decide cambiar de tema. "Sabes, Gale, acabo de decidir la forma en que puedes pagarme lo de la morflina".

Él la observa con algo de curiosidad. "¿A, sí? ¿Cómo?.

"Enseñándome a nadar. Acabas de decir que sabías. Yo no, y me gustaría aprender".

"Estás pirada", contesta Gale. "Eso sólo podemos hacerlo en el bosque, y estamos rodeados de agentes de paz. Además, trabajo a diario. Y cuando me sueltan de la mina estoy obligado a ver la matanza, igual que tú".

"Mañana no hay ninguna retransmisión de visionado obligatorio", dice Madge. "Y tengo cierto enchufe con algún que otro agente", añade. "Podría cubrirnos".

"¿Y qué hacemos con mi trabajo, Madge?".

"Casi no anochece hasta las diez, y tu sales del trabajo a las siete. Seguro que nos da tiempo a llegar a alguna parte con agua y a que me des una pequeña clase antes de que caiga el sol… Vamos Gale, dijiste que harías lo que te pidiera…".

Gale cree que estaba todavía fascinado, impresionado o perplejo por haber visto a Katniss envuelta en llamas cuando la dijo que sí. Porque ahora se arrepiente, y mucho. Hay algo más allá de lo prohibido en llevarse a la única hija del alcalde al bosque, y él no está como para meterse en problemas; no necesita ninguno más. Aunque no puede evitar una risa floja cada vez que la mira: lleva un pantalón corto y sandalias. Se va a pinchar con todos los cardos del mundo y las ortigas harán estragos en esa piel pálida y perfecta de sus piernas.

No necesita pensar demasiado para saber donde llevar a Madge. El lago que le mostró Katniss no hace tanto tiempo está demasiado alejado, pero hay una antigua presa hecha con sacos de arena y piedras a menos de un kilómetro desde la alambrada del Distrito. Ese lugar es perfecto para aprender, porque no es muy profundo, aunque sí lo suficiente para poder nadar.

Le sorprende que ella no se haya quejado ni una sola vez durante el camino, aunque tenga las piernas llenas de arañazos. Tampoco ha hablado, supone que porque estaba demasiado ocupada averiguando donde pisar. Una vez que llegan al lugar indicado, se miran el uno al otro con indecisión durante un buen rato, hasta que Gale decide hablar.

"Bueno Madge, esto es mejor hacerlo sin ropa", le dice. "Pero sólo es una sugerencia, si prefieres quedarte vestida, es cosa tuya…".

La chica se pone roja, o tal vez los colores sean por lo rápido que han hecho el recorrido, pero dice: "Muy gracioso Gale", y empieza a desvestirse.

Gale parpadea un par de veces y duda si darse la vuelta, porque la situación resulta un poco incómoda. Pero va a verla de todas formas, y al fin y al cabo tampoco es la primera vez que verá a una chica atractiva en ropa interior. Aunque tal vez… tal vez nunca haya visto a ninguna tan bonita como Madge, con su pelo ondulado y rubio, su piel clara y todas esas curvas. Definitivamente, ella no ha debido de pasar hambre. Jamás

Decide que lo mejor es quitarse la ropa él también, más que nada por apartar los ojos de su cuerpo. Empieza por la camisa, igual que ha hecho ella, y le cuesta concentrarse en los botones porque no puede dejar de mirar; la luz naranja de esa hora de la tarde no ayuda, y que ella no haga nada por taparse o parezca avergonzada tampoco. Lo mejor va a ser entrar en el agua cuanto antes y confiar en que esté bien fría, así que en cuanto se deshace de la segunda bota se lanza sin pensarlo mucho más.

No sabe muy bien lo que sucede a continuación; en un momento está observando la forma en que la hija del alcalde se termina de desabrochar esas sandalias que llevaba puestas y al siguiente ve como ella, que lleva un bonito conjunto de ropa interior gris claro, se lanza al agua, de cabeza, igual que ha hecho él.

Cuando ella emerge a la superficie y mientras se está apartando toda esa melena rubia de la cara, él pregunta: "¿Qué demonios ha sido eso? Creía que habíamos venido para que te enseñara a nadar".

"Bueno, pues ya ves que no va a ser necesario", dice la chica, y se marca una sonrisita dulce que pone los pelos de punta a Gale.

Gale bracea un poco para acercarse a ella, y una vez a su lado la sujeta por el codo. "¿Por qué has hecho esto, Madge?, pregunta mirándola a los ojos. Luego mira a su brazo y nota que tiene la carne de gallina. "¿Tienes frío?".

"No", exclama ella separándose. "Katniss", empieza a decir, aunque su voz es un susurro poco claro. "Ella me pidió que cuidara de ti. Que evitara que hicieses nada demasiado estúpido o que te pusiera en peligro".

A Gale no hay manera de que le encajen las piezas del puzle. Lo que acaba de decir Madge confirma sus peores sospechas: Katniss no tiene intención de volver, y eso le pone un nudo en la garganta y le crea una presión en el pecho muy difícil de soportar.

Por otro lado, no puede creerse que esté allí, con la hija del alcalde, ambos prácticamente desnudos y totalmente húmedos. "¿Y esta te pareció la mejor manera de cuidar de mí?. ¿Mintiendo? ¿Haciéndome venir aquí, contigo?... ¿Tienes idea de la que podría caerme si tu padre se entera de esto?".

"No…", responde Madge dubitativamente. "No va a pasarte nada. Yo no lo permitiría. Sólo quería distraerte un poco de lo que está pasando en el Capitolio. Sólo eso".

Gale la mira de arriba abajo: la parte de su cuerpo que no está cubierta por el agua, sus ojos brillantes verde mar, aunque él nunca haya estado en el mar, sabe que tiene que ser de ese color. "Desde luego eres una distracción bastante efectiva", murmura, más para sí mismo que otra cosa. Luego dice: "¿Quién es el agente de paz que nos ha permitido entrar?".

"Un amigo de la familia", contesta Madge. "Alguien a quien que conozco desde siempre. No va a chivarse; seguro".

Él permanece pensativo unos segundos, tratando de atar cabos en su cabeza, aunque sin conseguirlo. A continuación vuelve a preguntar: "¿Sabes lo que le pasó a Darius?", suspira profundo para poder continuar. "Ya sabes, después… después de los latigazos. Me contaron que trato de protegerme y se lo llevaron. Yo estaba inconsciente, no pude ver nada".

"Creo que está en el Capitolio", dice Madge con voz triste. "No sé nada más"

Se quedan en el agua hasta que su piel podría confundirse con una uva pasa. No sé tocan demasiado, excepto cuando Gale intenta hacerla una aguadilla, y ella se retuerce y se libera y consigue sumergirlo a él. Gale tiene que preguntarle dónde aprendió a nadar, y ella le explica que de pequeña solía viajar con sus padres al Distrito Cuatro, ya que los médicos del Capitolio pensaban que eso ayudaría con la enfermedad de su madre. Al final no fue así, y acabaron por prohibirles hacerlo más.

"¿Qué es exactamente lo que le ocurre a tu madre, Madge?", pregunta Gale.

Ella se entristece mucho con la pregunta y le cuesta mucho contestar. "Ella está… está triste".

"¿Por eso se pasa la vida en la cama?", vuelve a preguntar.

"Es un tipo de tristeza que te paraliza completamente", responde Madge, un poco a la defensiva, porque ahora no quiere hablar de ese tema. Sé lo contará; algún día, cuando haya terminado el Vasallaje. Le explicará todo el drama de su familia y le contará cómo la hermana gemela de su madre fue llevada a los Juegos, y la forma en que su madre aún se siente como si le hubieran partido en dos; como si en los Juegos hubiera muerto también una parte de ella, su otra mitad.

Salen del agua y se visten sin molestarse en secarse. Tampoco tienen con qué, pero empieza a anochecer y tienen que regresar al Distrito, porque lógicamente, ninguno ha avisado de dónde iba. Madge no se preocupa en exceso porque esos días su padre se los pasa enteros encerrado en su despacho del Edificio de Justicia, y su madre necesita triple dosis de morflina para soportar todo el barullo que forman los Juegos y sus preliminares. Nadie estará inquieto si ella tarda en llegar. Sin embargo Gale sabe que Hazelle estará dando vueltas por la casa, hecha un manojo de nervios por su ausencia. Así que se dan bastante prisa en regresar.

Por suerte la temperatura es lo bastante cálida como para que el camino de vuelta les seque la ropa por completo. Al despedirse, Gale no sabe si agradecer a Madge su intento de distracción. Lo cierto es que le ha ayudado a pensar menos en Katniss y en su mierda de vida en el 12. Con el cuerpazo de Madge delante era complicado concentrarse en nada más.

Pero eso no evita que los siguientes días sigan siendo horribles. Los ocupa bajando a la mina y viendo las retransmisiones obligatorias mientras aprieta los dientes; y las noches pensando en Katniss, preguntándose si ella podrá dormir o si también estará pensando en él. Aunque sabe que eso es improbable: ella debe de estar demasiado preocupada planificando su muerte para salvar la vida del panadero. A veces, también recuerda el cuerpo de Madge, mojado por el agua y bañado por esa luz suave del sol de la tarde, y eso le ayuda a quedarse dormido alguna hora sin pensamientos tan tristes y pesimistas, pero siempre son pocas, a lo sumo una o dos.

El próximo latigazo, ya que lo que siente por dentro viene siendo igual de doloroso, lo recibe tres días después del desfile, durante la entrevista que Flickerman les hace a los dos. Sabe de sobra que Katniss no puede estar embarazada, pero aún así se pregunta si sería posible; y ese día no está Madge para servirle de distracción.

A la mañana siguiente lo obligan a volver a la plaza, porque es el día del Goong, el sonido que marcará el comienzo del Vasallaje. Acude de nuevo junto a su familia, pero busca enseguida a la de Katniss, que está obligada por igual a estar allí. Comenta a su madre y sus hermanos que se quedará junto a ellas, confiando en que su amiga salga pitando del baño de sangre cuanto antes, igual que hizo la última vez.

Primero suena el himno, luego aparecen las primeras imágenes del estadio: desde el aire parece un circulo seccionado en doce partes iguales, el exterior es verde, el interior agua, mucha agua, tal y como había anticipado Madge.


a/n: fin de la segunda parte. La próxima y última será ligeramente triste; y no quiero decir nada más. ¿Me dejáis algún review?.