Mediante pasaban los días nuestro mago se iba cada vez acostumbrando a la escuela, hablaba amablemente con todos y ya tenía varias amistades, pero nada que no fuera netamente superficial, el chico quería aparentar ser alguien como los demás. No socializar no era bueno, mucho menos para alguien como él y de donde venía.
Estaban en el salón amplio lleno de ventanales altos, y un techo en forma de v volteada, en donde los grandes muros de piedra los sostenían. Nuestro mago estaba sentado detrás de su compañero Alan, con el había tenido una buena relación y aunque no se hablasen mucho, le agradaba estar con él.
El nuevo profesor contra las artes oscuras era un Auror retirado llamado Partelius Fich el cual no había tenido mucho tiempo ejerciendo su profesión en cuanto recibió un desperdicio por parte de una mala aparición. Eso era lo que había escuchado el joven por los pasillos. Tenía las dos piernas imputadas, y se paseaba en su silla de ruedas por todo el salón mientras explicaba la clase.
-¿Alguien me puede decir algún encanto aturdidor?- pregunto el señor, que vestía una túnica verde, pero no recibió más que un silencio rotundo, de pronto se percató que una mano estaba medio levantada.
-Está el encanto; desmayos- respondió nuestro joven mago con naturalidad desde su mesa.
-Muy bien, muy bien- felicito- diez puntos para Ravenclaw.
Alan felicito al mago por los puntos que les habían otorgado, este respondió con una pequeña sonrisa.
Luego de ello el profesor llamo a todos a la parte delantera, de lo cual había un considerable espacio mientras algunos alumnos ayudaron a rodar el pisaron y el pesado escritorio que fue movido gracias a un encanto por parte del profesor. Todos los jóvenes formaron un semi círculo y el profesor que sentado en la silla que se desplazaba al son que movía su varita.
-Escogeré a dos alumnos- señaló mirando a todos, que notablemente se mostraron disuadidos y se apartaban mientras el profesor recorría a cada uno de estos- que tal si- se rasco la barbilla pensativo- se me ha ocurrido la maravillosa idea de hacer un duelo de magia, debo ver cómo está su educación con respecto a la defensa mágica…Que es lo que me concierne a mí, y…-soltó una risita floja- por eso me pagan… por favor chicos sé que tienen un arsenal de encantos para aturdir a su contrincante espero que sean reservados solo es una prueba no quiero ir a la enfermería.
Dijo con destellos de ironía en su voz, el profesor no tenía mucha fe en la preparación de los estudiantes, al parecer era muy exigente; con su dedo había señalado a dos de los estudiantes que habían en el cumulo, y para desgracia de nuestro joven mago de Ravenclaw había sido uno de estos, el tímidamente dio un paso al frente preguntándose por que se sentía tan nervioso. Pero recapacito ante la idea de que él era el nuevo de la clase y que posiblemente podrían burlarse de él, ¿Pero a él debían de importarles tales cosas?
El venia de una familia poderosa, mucho más influyente que cualquiera que estuviese en esa sala e incluso en el colegio, él había logrado prodigios en su antigua escuela, prodigios… que le causaron su estricta expulsión. Pero eso no importaba al fin y al cabo lo eran, además él y su ego tendrían que ser más fuertes que cualquier vergüenza de escandio público.
Al instante sus manos comenzaron a sudar, y sin que nadie se diera cuenta se las limpio de la negra túnica que portaba, su quijada se levantó al igual que su ceja derecha. Alzo los hombros y saco la varita del bolsillo de su pantalón de gabardina.
Al mismo tiempo una chica que lucía algo tímida salió de en frente, algunos de sus compañeros le hicieron paso apartándose de ella y en sus rostros no se dibujaba más que miedo, de pronto a sus espaldas comenzaron a murmurar cosas, a medida que todo el mundo se había conmocionado cuando apenas la chica había dado un paso al frente.
Era muy linda ante la vista de su contrincante, además de que sonrió satisfecho cuando de inmediato se dio cuenta de quien se trataba; recordó esos grandes y brillantes ojos verdes de pestañas largas, además de esa tés delicada de piel blanca, sus cabellos totalmente desordenados y rizados de color carmesí, las hebras se enredaban entre si dando una abundante melena.
Ella trago grueso mientras trato de no mirar a nadie más que el suelo, luego suspiro profundo y miro adelante seriamente, recogió un mechón de cabello que estaba posado en su rostro, y luego rápidamente saco una varita de su túnica oscura de bordes verdes. El uniforme era procedente a la casa de Slythering. Aunque sea le combina el verde pensó de pronto el estudiante contrario.
Su mirada cambio de retraída a amenazadora, en cuanto se colocó en posición de ataque, con la varita en frente, su contrincante le imito colocándose de una manera un poco más refinada que la misma chica, tenía una manera peculiar de agarrar su varita colocando su dedo índice sobre esta, y dejando los otros enroscados en la madera.
Era una postura que permaneció vigente en todos los de su familia, pero solo los más poderosos podría adoptarla, el joven nunca la había apadrinado puesto que no se consideró por mucho tiempo suficiente como para representar algo en esta; no ase hasta muy poco tiempo.
-El duelo empezara cuando lo dicte- intervino el profesor que hablaba de manera floja y pausada, mientras se unía al cumulo de los estudiantes; en cuanto lo hizo termino expresando:- Comiencen chicos.
Esto dio pie a que la tensión se colara entre los huesos de nuestro estudiante de Ravencalw, mientras que la chica estaba atenta a todo movimiento que su contrincante hiciese con la varita. El otro pensó en que debía de probar las habilidades de su compañera ya que en él se había formado un peculiar interés.
-¡Petrificus Satalus!- recito la bruja en cuanto el otro algo retrasado respondió moviendo su varita.
-¡Protego!- dijo el mago en cuanto el encanto de su atacante choco en el aire y se desvaneció.
La chica siguió en envestidas una tras otra.
-¡Expelliarmus! ¡Reducto! ¡Septum Sempra!- dijo claramente mientras que de su varita salían rayos incandescentes algo pequeños, que arremetían contra su oponente de manera eficaz.
El chico de cabellos oscuros solamente se protegía con lo que podía haciendo conjuros de protección, una capa invisible lo resguardaba de los ataques que rápidamente explotaban al chocar con la barrera que cada vez se hacía más débil. Este retrocedía considerablemente con cada ataque mágico que provenía de la diestra chica de ojos verdes, al parecer no era tan disuadida como parecía.
Pero eso no inmuto al chico en cuanto pudo devolvió los ataques haciendo que de su varita saliera una entina de energía en forma de tornado del cual hizo que la chica volara por los aires en cuanto el mago hábilmente recito:
-¡Levicorpus!
El chico se preocupó en poco al ver que se había pasado de la raya, y los alumnos se conmocionaron al ver la chica levitar por los aires, pero en cuanto va descendiendo apunta con su varita el suelo, de pronto ella se detiene en seco flotando, y luego amortigua la caída.
-De seguro utilizo el Aestro Momentum- susuro el chico para sí mismo, con la varita delante de él cauteloso.
-Basta creo que esto ya ha sobrepasado los límites, bajen sus varitas- indico el profesor, pero la chica hizo caso omiso y con una furia tremenda dijo:
-¡Jaulío!- De pronto al chico lo rodearon unos tubos oscuros de hierro que se fueron forjando solos a medida que apareciera de pronto la figura de una jaula echa de cabillas de metal, esta era cuadrada. La chica volvió a mover la varita y de la nada aparecieron unas cadenas gruesas con grilletes, que flotaron rodeando al joven asechando con atraparlo por completo e inmovilizarlo recitando !Incarcerous!
Pero este fue rápido y a la vez le pareció ser muy astuto cuando un encanto se le coló por la mente.
-¡Incendium!
De pronto las cadenas comenzaron a rodearse por unas llamas incesantes, y luego…
-¡Bombarda Maxima!
El chico movió la varita con su brazo creando círculos que de pronto fue el detonante para que el encanto se esparciera en una onda en forma de anillo, haciendo el fuego junto con la onda expansiva se fundieran en una explosión masiva de llamas voraces, que fueron derribando las fuertes clavijas de acero que lo cercaban. Esta fue cediendo más y más, mientras que fue necesario dar tres vueltas a su varita para que la jaula explotara por completo, haciendo que los pedazos se esparcieran por todos lados del salón.
Los alumnos ágilmente esquivaron los pedazos de la jaula mientras que algunos sacaron sus varitas y se protegieron, otros solamente salieron corriendo hasta la puerta, la intensidad del duelo comenzaba a tomar más auge.
La chica sonrió un poco, era una media curva que se esbozaba en sus labios en cuanto levanto su varita y pronuncio:
_!Fiendfireee!- de su varita salió una gran bocarada de fuego abrasador.
Arropo todo el suelo y luego este tomo forma de una gran ave con sus alas desplegadas, amenazando a su contrincante.
¡Basta, Fiendlocket!- intervino el profesor que con gran auge logro cesar las llamas que había provocado la chica de la casa de Slythering.
El profesor muy enojado grito:
-¡Se ha terminado la clase y ustedes dos a la oficina del director ahora!
