Capítulo 1- Rencor
Se encontraba de pie frente a la ventana de su despacho. Sus ojos color miel se mostraban vacios, mientras su mirada se perdía en algún punto del exterior.
Aún sumergido en sus pensamientos, levantó con lentitud una copa con brandy que sostenía en su mano derecha, la cual, después de haber bebido su contenido, arrojó hacia una de las paredes, haciéndola pedazos.
Luego, el muchacho caminó con desgano hasta su escritorio, dejándose caer sobre su asiento. Recargo ambos codos sobre la mesa y cubrió su rostro con sus manos, deslizando hacia atrás su cabello.
Después de unos segundos, en un movimiento inesperado, Edward comenzó a golpear el escritorio con los puños, mientras que en su semblante solo se podía apreciar furia, dolor e impotencia.
Un par de semanas antes, su vida se había derrumbado. La razón de su existencia lo había abandonado.
Lágrimas reprimidas empezaron a descender por las mejillas del joven, quien no podía evitar repetir ese fatídico día en su mente.
Flash back
Luego de haber recibido la noticia, el mayor de los hermanos Elric comenzó a movilizarse.
Sin perder tiempo, logro conseguir un transporte que lo llevara rápidamente a Ciudad del Este.
Durante todo el trayecto, luchaba por controlar su alteración y rogaba para que todo se tratara de un malentendido.
Al llegar a su destino, Ed no espero a que el vehículo se detuviera, bajando de el precipitadamente.
Corrió con desesperación al lugar, una pequeña casa situada cerca del cuartel militar de esa ciudad, donde Alphonse y otros militares se hospedaban
El joven coronel se abrió paso entre sus compañeros que ahí se encontraban, topándose con uno de sus viejos amigos, el Mayor Armstrong.
-Lo siento mucho, Coronel.- dijo el hombre.
Las pupilas de Edward se contrajeron por la sorpresa. Sabía lo que había ocurrido, pero se negaba a creerlo, y aun en ese momento se sentía fuera de la realidad, como si estuviese viviendo una horrible pesadilla.
A pesar del estado en el que se encontraba, el muchacho fue capaz de seguir a Armstrong, quien lo guiaba hacia una de las habitaciones.
Al llegar, el rubio pudo distinguir un cuerpo tendido en el suelo, cubierto por una sábana blanca.
El joven corrió rápidamente hacia el cadáver, arrodillándose y tomándolo entre sus brazos.
-¡Alphonse¡Alphonse, despierta por favor!- gritó el mayor de los Elric, esforzándose por contener el llanto que amenazaba con salir de sus ojos.
Al comprobar que el cuerpo de su hermano se encontraba inerte, Ed se aferro a el con fuerza, sollozando su nombre
Debido a la dureza de los movimientos, la manta que cubría al muchacho se deslizó hasta la parte baja de su pecho.
Edward se sobresalto al ver el rostro pálido de Al cubierto de sangre, para luego, apretar los dientes debido a la impotencia.
-¿Por qué…¿Por qué lo hiciste Al?- gritó el muchacho con desesperación, aun sosteniendo el cadáver, llorando con más intensidad.
Había comprobado lo que desde un principio no quiso creerahora no había ninguna duda. Alphonse se había quitado la vida.
Para su hermano mayor resultaba algo difícil de asimilar. El menor de los Elric era un chico tranquilo, alegre, aunque en los últimos días se había podido mostrar un cambio en el.
Pasaba demasiado tiempo encerrado en su habitación cuando ninguna misión lo requería, y no entablaba conversación con nadie a menos de que fuera necesario, pero aun así, para todos resultaba algo increíble su suicidio, ya que no encontraban un motivo que lo justificase.
Después de unos minutos, Armstrong concluyó que ya era el momento de llevarse el cuerpo, por lo que dio media vuelta para salir de la habitación.
-Ya esta todo listo para llevárnoslo, Coronel. Iré por lo necesario. Enseguida regreso.-
El rubio levanto su rostro al escuchar las palabras de su amigo, y al hacerlo, encontró algo que llamó su atención: una hoja de papel que sobresalía de uno de los bolsillos del pecho de la gabardina militar que Al llevaba puesta aún.
Inmediatamente la tomó, dispuesto a leerla, pero el sonido de los pasos de quienes se aproximaban lo hicieron retractarse, por lo que guardo la nota en uno de los bolsillos de su pantalón.
Desafiando a su voluntad, Edward depositó con cuidado a su hermano sobre el suelo, obedeciendo a la petición de otros militares, quienes después se llevaron a Alphonse sobre una camilla.
El mayor de los Elric solo pudo mirar como se alejaban, permaneciendo ensimismado. Su existencia acababa de perder sentido. La persona a la que había jurado proteger ya no existía. Todo había sucedido tan rápido que aun no lograba asimilarlo completamente.
Muchas locas ideas cruzaron su mente. Era tanta su desesperación que hubiese sido capaz de tomar el arma que aún yacía en el suelo, misma con la que su joven hermano se había quitado la vida, y lo hubiera hecho de no haber sido por la interrupción de una persona que se encontraba a sus espaldas.
-Vine en cuanto me informaron. Lo lamento, Edward.- dijo el recién llegado, provocando que el aludido se girara a verlo.
-Hughes.- contesto Ed, siendo eso lo único que se sintió capaz de decir en ese momento, aunque en su interior sentía alivio por su presencia.
El Teniente Maes Hughes era un viejo amigo de los hermanos Elric. Los conoció siendo ellos unos niños, poco después de quedar huérfanos, cuando los encontró vagando por las calles de Central.
Fue el la única persona que les tendió la mano en aquel entonces y apoyó el sueño del mayor de los chicos de entrar al ejercito, a pesar de que muchos otros opinaron que se trataba de una locura.
Maes entendía a la perfección los sentimientos del pequeño Ed, quien estaba dispuesto a sacrificar todo por el bien de su hermano menor, y fue por eso que uso sus contactos para promoverlo en la milicia
Desde ese entonces, el se convirtió para ambos hermanos en más que un amigo, siendo más como el padre que les hizo falta, por lo que ellos le tenían bastante afecto.
Y era en nombre de esa estima que Edward apreciaba tanto la presencia de ese hombre.
-¿Qué… debo hacer ahora, Hughes? Mi hermano era todo lo que tenía en el mundo. Ya no me queda nada.- susurró el rubio.
-A él no le hubiese gustado oírte decir eso. Debes seguir viviendo. Aún existimos personas que te necesitamos. Eres mi amigo… y nuestro Coronel.-
El muchacho sonrió con amargura, llevándose una mano al rostro para ocultar sus lágrimas, provocando con ese acto que Hughes lo estrechara entre sus brazos para consolarlo, mientras el desahogaba solo una mínima parte del dolor que sentía.
Fin del flash back
A partir de aquel día, todo fue cuesta abajo. El humor del joven Coronel era casi insoportable y bebía desmedidamente. Todo para tratar de apaciguar un poco su sufrimiento.
Luego de unos minutos, Edward volvió a levantarse de su asiento para ir por un poco más de alcohol, la única manera que le quedaba de consolarse en ese momento.
Permaneció poco tiempo de pie, bebiendo, hasta que el sonido del teléfono lo alerto, y con algo de fastidio, se dirigió a atender la llamada.
-¿Diga?- respondió el rubio con cierta molestia
-Soy Hughes.- dijo la voz del otro lado del auricular, haciendo que el muchacho se ablandara.
-¿Has averiguado algo?-
-Algunos detalles del tiempo en que Alphonse estuvo en su misión en Rizembul.-
-Te escucho.-
-Según varias fuentes, durante su estancia en el pueblo Al comenzó a frecuentar a los Rockbell, es una familia de médicos muy conocidos en el lugar, y de acuerdo a mis informes, este matrimonio colaboro con el ejercito durante la guerra de Ishbal, pero por desgracia, murieron.-
-¿Han muerto?-
-Así es, fueron asesinados en la guerra, cuando los confundieron con rebeldes, o al menos eso es lo que muestran los informes.-
-¿Qué más sabes acerca de esa familia?-
-Las dos hijas del matrimonio están bajo el cuidado de su abuela, Pinako Rockbell, desde el momento en el que quedaron huérfanas, pero eso fue ya hace bastante tiempo.-
-Bien, creo que con eso será suficiente.-
-Francamente no entiendo para que necesitas esta información.-
-Te lo diré luego, ahora tengo que colgar.-
-Espera, Edward. Antes de que lo hagas necesito decirte algo.-
-De acuerdo. Habla.-
-Quiero decirte que lo siento. Yo hable con Alphonse unos días antes de la tragedia. Lo noté deprimido e intente hacer que me dijera la razón, pero él no tenía deseos de charlar con nadie. Lo único que me pidió fue que no te dijese nada, ya que no deseaba preocuparte, pero siento que no debí callar. Si te hubiese dicho lo que ocurría, tal vez tú podrías haberlo ayudado. Perdóname.-
-Lo que me dices no tiene importancia, además, no es culpa tuya. Esto hubiera pasado de cualquier forma.-
-Sé que todo esto te esta lastimando, y de verdad, necesitas olvidarlo. Nada de lo que hagas ahora podrá devolverte a tu hermano. Tarde o temprano debes superarlo.-
-Agradezco tu consejo. Ahora debo irme.-
Y sin dar tiempo de nada más, Edward colgó el teléfono, levantándose inmediatamente de su asiento. Caminó con determinación hasta la puerta, tomando su abrigo antes de salir.
La mirada del muchacho se endurecía más a cada paso, mientras caminaba por los corredores del cuartel. Luego de meter una de sus manos al bolsillo del pantalón, sacó de ahí una hoja de papel, la misma que había encontrado en la gabardina de Al, y en un rápido movimiento la apretó contra su mano, arrugándola.
-Ahora solo me falta saber quien eres. No descansaré hasta que pagues por el daño que has hecho. Haré que te arrepientas y me supliques piedad. Lo juro.-
0-0-0-0-0-0-0
Bien, hasta aquí ha llegado este capitulo. Espero que les haya gustado, aunque haya quedado algo corto. Más adelante se harán más extensos.
Bueno, agradezco mucho a quienes se toman la molestia de leer mis locuras, y en especial a:
Camila… sakurita88… Leiram… Mahidelin… Blue-Bird07… AniHaruno… Miyazawa19 (muchas gracias por la orientación)… y abril-chan
Gracias de verdad por todo su apoyo. Espero que mis fics sigan siendo de su agrado.
¡Nos leemos pronto!
