Holis, soy yo, la más sensual con un nuevo capítulo de este fic. Disculpas si no actualicé antes, pero... Más vale tarde que nunca ¿No? Jajaja. Okay, ojalá les guste.


You said "hey, what's your name?" It took one look and now I'm not the sameAvril Lavigne

Smile

Burbuja despertó en la mañana, en su cama. Tenía un termómetro en su axila, y sentía que todo le daba vueltas.

– ¡Burbuja! –Gritó Bellota –Despertaste –sonrió.

La rubia no se dio ni cuenta cuando su hermana mayor había llegado a su lado.

–Déjame ver su termómetro –dijo Bombón –Treinta y nueve. Burbuja, debes quedarte en reposo –la miró con ternura.

–Después nos explicarás el por qué saliste de noche, y sin llaves. Gracias a que me levanté pude ver que estabas en la puerta –dijo Bellota.

Dejaron a la rubia sola en su habitación, le dolía la cabeza, afuera seguía lloviendo, se tapó hasta el vientre –para que no le subiera la fiebre– Y quiso seguir durmiendo, pero luego recordó lo que le había pasado la noche pasada.

Recordó el mar, el miedo, al hombre que la atacó y recordó… A su rescatador. Lo único que pudo distinguir era que sus ojos eran azules y su cabello claro, esa fue toda la información que le proporcionó la luz anaranjada de los postes de esa calle.

No sabía si decirle a sus hermanas… Sabía que la regañarían, pero tampoco iba a poder evitar hablar de eso por mucho tiempo.

Se dispuso a dormir un rato más, hasta que entró el Profesor Utonio con una bandeja.

–Despertaste, querida Burbuja –dijo tiernamente –Siéntate para que puedas comer algo.

–No tengo hambre –dijo Burbuja con un hilo de voz.

–Pues no estuve como esclava haciéndote esa sopa de pollo por nada –reclamó Bombón entrando a la habitación con el delantal puesto.

Burbuja sonrió y comenzó a comer.

Bellota corría por la ciudad cubriéndose la cabeza con un la gorra de su abrigo.

–Vamos, está cerca… Corre Bellota, corre –se alentaba.

Las calles estaban casi vacías, eran solamente las cuatro de la tarde e iba camino a una farmacia por unas cápsulas para su hermana. La lluvia se volvía pesada sobre su cuerpo y se traspasaba hasta su piel.

– ¿Desde cuándo comenzó a llover tan fuerte? –Se preguntó sin dejar de correr.

Dobló en una esquina, la última que quedaba hasta llegar a la farmacia, cuando chocó con un chico.

– ¡Oye! –Gritó Bellota.

– ¡Tranquila! ¿Por qué vas tan rápido? –Preguntó de forma altanera.

–Estoy mojada y estoy llegando algo tarde, así que no tengo tiempo para hacer vida social. Adiós.

Siguió corriendo sin darle importancia a lo sucedido hasta que llegó a la farmacia… que estaba llena.

–Oh, no puede ser –suspiró –Será.

Como solamente debía pedir las cápsulas al farmacéutico mostrando la receta, tomó un número y se sentó en una de las sillas que habían en una esquina, junto a una chica que conocía muy bien: Bell Wood. La clase de chica con la que nunca hablaría, por el simple hecho de que es un año mayor, es caracterizada como la diva de la escuela, además de que Bellota la llamaba "Zorra Wood".

– ¿Te importaría? –Dijo Bell con cierto tono de asco –Me estas mojando.

–Oh, disculpe, madame, olvidaba que nadie debería tocar su aterciopelado abrigo, o su sedoso cabello, porque su cabello artificial se podría dañar –respondió Bellota con sarcasmo.

– ¿Quién dices que tiene cabello artificial?

–No creo que haya otra chica aquí que deba comprar siempre tintura para el cabello, por lo que veo eres la única que compra el color ceniza.

Ciertas personas que estaban cerca de la pequeña discusión, reían disimuladamente cada vez que Bellota hablaba.

–No soy teñida. Tú eres la que usa una tintura azabache para el cabello.

–Por favor… No soy la única persona en el mundo con cabello negro. En cambio, ni tus hermanos ni tus padres tienen el cabello como tú ¿Sabes que tanta agua oxigenada y tanta tintura partirán las puntas de tu cabello?

–Eres una irrespetuosa, niña –Se indignó Bell –No me interesa lo que una niña de doce años me diga lo que soy o no.

–Primero, tengo catorce, y segundo, tú no eres nadie para decirme lo que debo o no debo decir.

El mismo chico, con el que Bellota chocó, ingresó a la farmacia.

La chica de ojos verdes pudo verlo con mayor claridad. Primero que todo, supo que era él porque era la misma chaqueta que había visto, los jeans gastados y la postura. Subió la vista hacia su rostro, ojos verdes y cabello negro que se pegaba a su frente por lo mojado que estaba. Sin embargo, no entró solo, a su lado había un joven, casi igualmente vestido, salvo porque éste estaba con una campera marrón y unos pantalones negros, y era pelirrojo.

– ¡Butch! –Gritó Bell – ¡Amor!

El aludido miró en dirección de Bell y sonrió de medio lado. Bellota rodó los ojos, odiaba ver escenas de demostraciones de amor.

–Hola, cariño –dijo Butch besando a Bell.

–Estoy aquí –comentó el pelirrojo con una sonrisa cínica.

–Oh, lo siento hermano. Por poco olvidaba tu existencia –comentó divertidamente.

–Te eché de menos.

– ¡Por favor! Si lo viste ayer en la noche… y no me hagas decir lo que se escuchaba desde la habitación –reprochó el pelirrojo con la mirada.

–Brick, tus comentarios aquí sobran –dijo Bell.

Bellota suspiró aburrida, y se deslizó en la silla, poniéndose sus audífonos y mirando su celular. La luz de la atención cambió y Bell caminó hasta la caja para ser atendida por un farmacéutico. Butch y Brick se sentaron uno a cada lado de Bellota, lo que la hizo incomodarse, Brick a la izquierda y Butch a la derecha. Estaban ambos mojados, pero como la chica también lo estaba, no fue ningún problema para ninguno.

–Oye –habló Butch bruscamente.

La chica pensó que le hablaba a su hermano, así que no le dio importancia y siguió pasando canciones en su celular.

–Oye –volvió a decir, pero esta vez tocando el muslo de la chica con el dedo índice.

Bellota miró a Butch extrañada, este chico sonreía de medio lado y sus ojos verdes se veían juguetones.

– ¿Cuál es tu nombre? –Preguntó.

–Bellota –respondió nerviosamente.

–Ah.

Butch apartó la mirada, mientras que Bellota lo seguía mirando confundida.

La Zorra Wood no se demoró nada en volver con su novio, le tomó la mano y se fueron, ellos… y Brick, el hermano pelirrojo. Bellota, suspiró apenas vio cómo Butch, al salir de la farmacia, se volteaba y le sonreía coquetamente… hasta ella sonrió. Una señora rubia que estaba viendo la escena, miró a Bellota, y esta al ver cómo la miraba la señora –con una mirada pícara– se sonrojó.

Cuando tocó su turno, se acercó y le tendió al farmacéutico la receta sin decir nada. Estaba distraída, eso nunca le había pasado. Nunca pensaba en chicos, varios le sonreían, pero no pensaba en ellos con tanta intensidad como con la que pensaba a Butch. Quizás se debe a que es un chico mayor. Sí. Eso es todo.

– ¿Señorita? –Preguntó el castaño farmacéutico – ¿Está bien?

–Sí, lo siento –sonrió nerviosa – ¿Cuánto me dijo que era?

– US$5.00

–Perfecto.

Salió de la farmacia, seguía lloviendo. Estaba en el umbral de la farmacia, dio saltitos para prepararse para llover.

–Uno… dos… ¡Tres!

Comenzó a correr lo más rápido que podía, no quería seguir mojándose y agarrar un resfriado como su hermana. Corría, corría y corría, la lluvia descendía por su cabello y por su ropa.

No pudo seguir corriendo, por una luz roja se lo impidió.

Esa maldita luz parecía no cambiar nunca, la lluvia se volvía cada vez más y más fuerte, apretó contra su cuerpo la bolsa de la farmacia para que las cápsulas de su hermana no sufrieran ningún daño… ¡Hasta que por fin cambió!

Siguió corriendo, quedaba menos de una cuadra para que llegara a casa, cuando pasa por alto la existencia de una grieta y se va de boca al suelo.

– ¡Mierda! –Gritó mientras se ponía de pie.

Sus jeans se habían rasgado, su rodilla estaba rasmillada y al correr, le dolía.

–Vamos Bellota, no te queda casi nada… tú puedes, tú puedes –se alentaba.

Comenzó a trotar, porque al intentar correr le dolía su rodilla.

Pero llegó a casa, toda mojada, pero llegó. La herida de su rodilla se había abierto y sangraba más.

– ¡Ye llegué! –Gritó una vez que cerró tras ella la puerta roja.

–No grites –dijo Bombón en un susurró –, Burbuja está durmiendo, y al parecer volvió a… ¿Qué te pasó?

Bombón comenzó a examinar bien a su hermana, estaba toda empapada y notó la sangre que tenía en su rodilla y en los jeans.

–Eres tan dedicada al momento de correr –ironizó.

–Al menos traje los remedios sanos y salvos –le pasó la bolsa.

–Genial. Los llevaré a la habitación, y tú, mejor ve a tomar una ducha, te llevaré ropa de abrigo al baño.

Asintió con la cabeza, caminó hacia el baño, se miró al espejo… Estaba muy blanca y traía los labios morados por el frío.

Abrió el grifo del agua, para que el agua se calentara mientras se desvestía. Dejó toda la ropa colgada en uno de los ganchos que tenía el baño, para meterse a la ducha. Se quitó toda el agua fría, y limpió con cuidado su herida con agua caliente, lo que hacía que esta ardiera aún más.

– ¿Bellota? –Dijo Bombón tocando la puerta.

–Pasa.

Bombón entró, y dejó las toallas y ropa de abrigo en una de las repisas.

–No te demores ¿Vale?

–No te preocupes –cerró el grifo –, ya terminé.

Su hermana hizo abandono del baño, y Bellota salió de la tina rodeando su cuerpo con la toalla. Tiritaba de frío.

Cuando ya se había vestido, salió del baño, secando aún su cabello con una de las toallas.

Las colgó en las barandas del segundo piso, y bajó las escaleras, se sentó en el sofá y encendió la televisión en un programa de videos musicales.

Cerró los ojos y se recostó en el respaldo… y a su mente volvió el recuerdo de Butch. Estuvo recordando ese momento por más de quince minutos, mientras su hermana pelirroja, que había llegado disimuladamente, la miraba con evidente extrañeza, su hermana (Bellota) no era de comportarse de esa forma… ¡Nunca sonreía al recordar algo!

–Eh… ¿Bellota?

– ¡Ah! ¿Qué, qué? –Preguntó la aludida abriendo los ojos de golpe y mirando a todos lados.

– ¿Qué pasa contigo?

–Nada. Nada. ¿Por qué?

–Estuviste un buen rato con los ojos cerrados y sonriendo… y sinceramente, hermana, nunca sonríes cuando estás recordando algo.

– ¿Qué sabes tú?

–Soy tu hermana… Por favor… A mí no me engañas… ¿Hay algo que quisieras contarme?

–No, nada. Sólo… sólo… imaginaba una forma de poder meter preservativos en tu casillero, cosa que cuando lo abras, estos se desparramen –sonrió con malicia.

– ¡Eres una pervertida! –Se indignó Bombón.

–Oye, no grites. Burbuja está durmiendo –se burló.

Al momento de la cena, Bellota, Bombón y el Profesor casi ni hablaron. El Profesor, estaba concentrado pensando en una de las fórmulas que del laboratorio para el que trabaja le habían asignado resolver, Bombón miraba con recelo a su hermana de cabello negro, y Bellota… Pensaba nuevamente en lo de la farmacia.

Cuando ya se fueron a dormir, Burbuja estaba durmiendo, la fiebre aún no se le quitaba, Bombón estuvo leyendo un poco y Bellota escuchaba música, mientras se acordaba de algo que le borró completamente la sonrisa de la cara… Si bien, Butch le sonrió y le preguntó su nombre… nada de eso importaba, porque él tenía novia.


¡Ojalá les haya gustado! :D

Respondiendo los sensuales reviews:

Anonima-Traumada: Gracias :)

faty-chan: Gracias :P Eh... ¡No haré spoiler! . ajasjdkad

VPandora: Gracias :D

ajsahdkjhsjhdkhs: Gracias :) Wuasjdhkajdshkads see...

raticornio8: Gracias :3

agustina: ¡Gracias! :D

arauz1394: ¡Gracias! Oh... lo lamento :c aksdhjakdhkajd ¡Odio los autocorrectores! ¬¬ Te entiendo.

yumi-happy: ¡Gracias! A las dos :)

Ichigo-nn: Gracias :P


¡Gracias a todas por leer! Ahora... ¿Reviews? ¡Ojalá les haya gustado y espero actualizar pronto!

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