Bueno, Gizz, me dijiste que tenías curiosidad por saber qué vendría a continuación. Aquí está ;)
SAY SOMETHING
Capítulo II
Elizabeth flotaba en el centro de la nada.
En su sueño, sonreía.
Qué poco sabía que el resto del mundo lloraba a su alrededor.
Entonces, llegaron las pesadillas.
Estaba perdida en los bosques, volvía a tener siete años y aún sentía miedo de los no muertos. Corría y corría, pero nunca se movía del lugar. La tierra tiraba de ella, intentaba absorberla. Y ellos se acercaban cada vez más. Miró desesperada a su alrededor y empezó a gritar, pidiendo ayuda.
―Hija, tienes que luchar ―escuchó. Se detuvo, olvidándose momentáneamente de lo que la rodeaba. Era su padre―. Si no quieres hacerlo por mí, hazlo por tu pobre madre, que lleva tres días ―Elizabeth frunció el ceño en su sueño. ¿Llevaba tres días así?― lamentándose por la suerte de su pobre hija. Ja, cómo si ya estuvieras muerta. ¡Ni hablar! ¿me oyes? Te conozco y sé que en cualquier momento abrirás los ojos. ―La voz de su padre fue bajando de volumen―. Sí, abrirás los ojos…
Elizabeth se sumió en la inconsciencia justo antes de que el señor Bennet se pusiera a llorar.
En el siguiente sueño, tenía quince años y estaba en un lugar oscuro. Sentía respiraciones acompasadas, el aire se movía a su alrededor al ritmo de unos brazos que buscaban algo. A ella, se dijo. Sabía que, si se movía, la atraparían.
Esta vez, otra voz diferente irrumpió en su pesadilla. Era Lydia.
―Hola, Liz. ―Su hermana pequeña tenía la voz estrangulada―. Hoy tienes mejor aspecto. El médico dice que dormir es bueno, que ayuda a recuperarse. Yo tenía una herida en el brazo, pero no es nada. No estoy infectada. Y tú tampoco. Seguro que dentro de nada te levantas y vuelves a echarme la bronca como siempre y a perseguirme por la casa cuando me meto contigo. ―Elizabeth sonrió; Lydia y su manía de hablar por los codos―. Siento mucho lo que pasó, Lizzy, de verdad. ―En aquel momento, Lydia empezó a sollozar. Elizabeth quiso decirle que no llorara, que todo estaba bien, pero era incapaz de hablar―. Wickham parecía tan convincente… ―Su hermana calló; cuando volvió a hablar, sonaba tan jovial como siempre―. Pero no debo hablar sobre eso. El médico nos ha dicho que es bueno que te hablemos, que puede que estés escuchándonos. No quiero deprimirte con mis historias tontas.
En aquel momento, la inconsciencia atacó de nuevo, arrastrando a Elizabeth a sus profundidades.
En esta ocasión, estaba rodeada de sus seres queridos. Sus padres, hermanas y ¿el señor Darcy? estaban allí, dándole la espalda. Los llamaba, pero por mucho que lo intentaba, ninguno la miraba.
Cuando finalmente consiguió llegar hasta ellos, contempló con horror que no tenían cara.
Un roce suave la salvó.
―Hola, Lizzy. Te echamos de menos ―dijo Jane. Elizabeth se removió levemente, pero su hermana mayor pareció no notarlo―. Mamá no para de llorar y pasa el día quejándose a papá, diciendo que no debería haberte dejado ir. ―Jane rio suavemente―. Como si alguien pudiera detenerte, ¿verdad? Creo que ya sabemos de dónde sacó Lydia su cabezonería. Seguro que si ahora me estás escuchando, después me gritarás y lo negarás todo, pero soy tu hermana mayor y no admito discusión. Te conozco demasiado bien. ―La presión sobre su mano se intensificó―. Tienes que luchar, Lizzy. No permitiré que te rindas, ¿me oyes? ―Suspiró―. Tengo que volver con mamá, pero vendré a verte otra vez en un rato.
Elizabeth se dijo que Jane tenía razón. A pesar de la vaga irrealidad en la que se encontraba, donde todo parecía confuso, podía entender que era importante regresar. Sabía bien que, si no despertaba pronto, tal vez nunca lo haría.
Y no pensaba dejar que la oscuridad ganara la batalla. Había sido entrenada para luchar contra los enemigos que amenazaban la seguridad de su mundo. No podía abandonarlos ahora.
Tenía muchos motivos para seguir adelante; aún tenía mucho que ofrecer a la vida.
―Señorita Bennet. ―Lizzy frunció el ceño imperceptiblemente. Reconocería aquella voz en cualquier sitio. ¿Qué hacía él allí?―. Espero que no le parezca inapropiada mi visita; su familia me ha permitido pasar a verla unos minutos. ―Elizabeth oyó los pasos del señor Darcy al pasearse por la habitación. Ser capaz de oír eso ya era un avance―. ¡Oh, qué demonios! ―La cama se inclinó ligeramente hacia la derecha cuando el hombre se sentó al lado de ella―. Por favor, Elizabeth, despierta. No lo soporto. ¡No soporto pensar que puedas m…! ―La palabra ‹‹morir›› se le atragantó en la garganta―. ¡Que puedas no despertar por mi culpa! Tendría que ser yo quien estuviera en esa cama. ¡Tendría que haberme enfrentado a Wickham mucho antes! ―Pasaron unos minutos en silencio (al menos, esa es la sensación que le dio a Lizzy; era incapaz de contabilizar el tiempo con exactitud)―. Por favor, te lo suplico: abre los ojos. No puedo cambiar mis sentimientos por ti, pero juro que, si te recuperas, no volveré a insistir sobre ellos. Seré completamente feliz sabiendo que estás bien. Aunque me muera por dentro...
¿Qué? ¡No!
Elizabeth quería abrir los ojos y decirle que no quería que se rindiera, que ella también lo amaba. Desgraciadamente, no consiguió moverse.
Y el señor Darcy se fue, dejándola hundida en la desesperación.
Al final, esa misma desesperación le dio la fuerza para volver al mundo real.
Elizabeth abrió los ojos.
