Disclaimer: Edward y Bella le son propiedad de S. Meyer. El título y los nombres de los capítulos propiedad de Cris Morena. El resto es todo mío.
Enjoy.
CASI ÀNGELES
"Guarda Tu Fe"
Guarda tu fe, escrito está
Un gran amor no morirá jamás
guarda tu fe, he de volver
Y un mundo nuevo veras llegar
No importa cuando, no importa donde,
Una mañana me encontraras...
Estaba mareada y tenía ganas de vomitar. Es que todo era demasiado increíble e irreal, más de lo que podía soportar una persona para un sólo día. Me encontraba sorprendida y abatida. De pronto, todo comenzó a dar vueltas. El suelo me pareció el techo, y el techo el suelo.
Cuando me di cuenta, toda la salsa del pollo estaba volcada sobre el vestido de la Señorita Coates; la cual empezó a dar gritos enfurecidos diciendo toda clase de insultos e improperios contra mí.
Señor Masen- exclamó el Señor Coates indignado- Debería controlar mejor al servicio.
Lo s-siento-tartamudeé yo, cayendo de ponto en la realidad y viendo como se iban mis oportunidades de dormir en una cama esta noche.
Ahora, Edmund me miraba con picardía y Emma tenía una gran sonrisa en los labios. Quizá ver a alguien tan torpe les resultara divertido. Me pregunté si en este Siglo la torpeza era una cualidad buena.
Pero lo peor de todo era las miradas que me echaba Edward. Se lo veía furioso, con ganas de matar a alguien. Por un momento me sentí devuelta en la clase de biología, la primera, cuando pensaba que él tenía algo contra mí. Sólo que estaba vez, estaba enfadado de verdad. Y mucho.
Ah, la maldita ironía. El Destino nos regala una segunda oportunidad de que nuestro primer encuentro no sea un completo desastre; y yo lo arruino todo, como siempre, dejando que el se lleve una mala impresión sobre mí.
La Señorita Tylor interrumpió mis pensamientos. Con brusquedad y quizá aplicando una fuerza mayor de la necesaria, me agarró de un brazo y me llevo a una pequeña habitación. Escuché la llave del otro lado de la puerta.
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¿Con qué así es como tratan al Servicio en esta época?
Los encierran y lo maltratan por una simple torpeza.
Por lo menos tengo tiempo para pensar, me dije tratándome de consolar. Aunque por más que razonara, no le encontraba sentido alguno. ¿Quien había planeado todo esto?¿Era alguna clase de broma?¿Cuál era el maldito sentido de enviarme a la casa del Edward pre-vampiro?
Un sinfín de preguntas sin respuestas se arremolinaban en mi mente, haciéndome sentir cada vez más pérdida.
Escuché que alguien manejaba una llave del otro. La puerta comenzó a abrirse.
Esperanzada, esperé en vano ver la cara de Alice, Emmet o incluso mi Edward (no está versión tan… vulgar) riendo y llamándome tonta por creerme algo tan estúpido como eso.
Por el contrario, vi asomarse la carita del pequeño Edmund tímidamente. Parecía que había estado llorando. ¿Qué había sucedido?
Hermano desea verte-anunció en un tono de voz muy bajo y mirando al suelo. A continuación, se marchó sin ninguna sonrisa de aliento, indicándome que se me venía una buena.
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El despacho de Edward, sin discusión alguna, imponía respeto. Estaba claro que quería hacerte sentir pequeña e insignificante; o por lo menos, así era como me sentía yo en esos momentos) .
En el centro, un gran escritorio de madera con una silla de cuero negra detrás. Varios tomos de libros sobre leyes se amontonaban en una vieja y destartalada biblioteca, a un costado. En la pared del fondo, lo que yo supuse era el escudo de los Masen. De un azul oscuro, con un grifo solitario en posición de ataque, rodeado por laureles. En el borde, enrojo, se podían leerlas palabras Justicia, Verdad y Honor.
Ciertamente, Edward nunca me había hablado de todo esto. Quizá porque sabía que yo lo iba a encontrar… intimidante.
Tragué saliva.
Me miró por unos momentos fijamente, muy serio. Yo no aparté la mirada.
Vamos, Bella, que es tu marido después de todo. Se supone que lo conoces mejor que nadie y que nunca se le cruzaría por la cabeza enojarse contigo.
Toma asiento. -Dijo, sobresaltándome.
Aunque, para ser sinceros, no estaba tan segura de mis palabras. Esta versión de Edward humano era desconocida por mí. Aunque físicamente se parecían, había claras diferencias entre ambos; el color de la piel, de sus ojos, los pequeños detalles en los rasgos de su cara. Rogué paraqué su personalidad siguiera siendo la misma que yo conocía.
-Señorita Swan ¿no?
Empecé a temblar, había algo en su tono…
Asentí.
Pequeña cobarde. Te enfrentas a James, Victoria y hasta los Vulturi; per o le tienes miedo a tu propio esposo.
-El Señorito Masen confesó que lo sobornaste para que te contratáramos como cocinera. Dice que lo forzaste a mentir y a hacernos creer a todos que tus modales eran impecables y eras muy codiciada entre las mejores familias Inglesas. También dijo que lo amenazaste con pegarle sino nos decía todo esto. En resumen, la acuso de cargos muy graves ¿cómo se declara?
¿Qué Edmund había dicho que yo había hecho que…? ¿Y, después de todo, es que estábamos en un Juicio formal o algo así? Y yo que había dejado mi abogado en casa. ¿De verdad Edward se creía todo esto?
Y de pronto, me eché a reír.
En verdad…te crees – más carcajadas me impidieron terminar la frase. A este Edward le vendría bien un poder para leer las mentes-y sólo…por derramar…un poco de...
Pero él seguía mirándome serio y escandalizado. De pronto, todo ya no me pareció tan gracioso. Entonces, si creía todo lo que Edmund había dicho sobre mí…
Su reciente desagradable comportamiento y actitud, Señorita Swan- pronunció mi apellido con desprecio- me lleva a pensar que todo lo que me dijo Hermano es verdad. No presentaré cargos, después de todo, alguien tan, ejem, indómito como usted no es que vaya a ser educado de repente. Mientras siga estos requisitos, no tendrá ningún problema: abandoné el Estado y no vuelva nunca, no comente con nadie que algún día cocinó para nuestra Familia ni nos mencione en absoluto bajo ningún motivo en ninguna conversación con alguno de sus sucios amigos y…
Edward hablaba y hablaba. ¿Es que no se daba cuenta que ya no podía hacerme más daño? Me había llamado salvaje, desagradable, maleducada y sucia. Las lágrimas se empezaron acumular en mis ojos ¿Cómo alguien podía ser tan desalmado? ¿Dónde estaba mi Edward dulce y tierno? No podía soportarlo más. En cualquier momento, daría media vuelta y echaría a correr, no importaba el destino.
Escuché un suave golpe al otro lado de la puerta. Me volteé y vi aparecer a Emma; quien, esta vez sí, me dedicó una pequeña sonrisa. Yo le sonreí de vuelta, en agradecimiento. Aunque ya nada iba poder arreglar todo lo que Edward había dicho y no nos íbamos a ver nunca más.
Se dirigió a su hermano y le susurró algo al oído. Vi cómo la expresión de Edward cambiaba a por una de sorpresa. Me guiño un ojo y se marchó, dejándonos solos otra vez.
Bueno, al parecer fue todo un malentendido, Señorita Swan-me comunicó Edward, como si nada de lo anterior hubiera sucedido.-Queda contratada nuevamente, después de todo necesitamos cocinera. Va a estar en un período de prueba, obviamente, pero, por ahora, tiene una cama donde dormir esta noche y un sitio donde comer. Felicidades, Señorita, pasa a formar parte del servicio de la honorable Familia Masen-me tendió la mano, con un asomo de sonrisa en sus labios.
Si hubiese sido otra persona, me hubiese dado vuelta y marchado sin más. Si hubiera sido otra persona, me le hubiese reído en la cara y lo hubiese mandado al infierno.
Pero era Edward; y era el mío, el real; el que, por unos instantes, pude reconocer tras esa sonrisa.
