N/T Agradecimientos a mi hermana, que me ha ayudado a corregir este capítulo :)
Squall estaba apoyado en la pared del ascensor cruzado de brazos, sin mirar nada en particular. Zell estaba con él en el ascensor, crujiéndose los dedos y silbando alguna canción.
"Por lo menos no le está dando puñetazos al aire".
El Director Cid había pedido que todos se reunieran en su oficina, pero nadie sabía realmente para qué. Por el amor de Hyne, hacía sólo tres días de su regreso y todos se sentían aún un poco indispuestos por culpa de la Compresión Temporal, por no mencionar exhaustos. Squall no había dormido tanto en su vida. Ni siquiera recordaba la última vez que vio una cama limpia y suave. ¿Fue en Esthar?
Los días en el Jardín transcurrieron con rapidez. Tanto que hacer y tan poco tiempo. Laguna Loire en Esthar quería concederles medallas y reconocimiento internacional a todos por eliminar la causa de lo que ahora se consideraba la Segunda Guerra de la Bruja. Los periodistas de Balam se dejaban ver constantemente por el Jardín, sin invitación, para echar un vistazo a los "héroes" SeeD. Todos estaban ocupados reconstruyendo algunos de los restos dañados en la estructura del Jardín, y ahora que habían echado brusca, y literalmente, a patadas a los Shumi, Cid y Shu estaban intentando establecer fuentes de financiación monetaria alternativas.
"Otro día más", Squall suspiró.
Ya había cambios drásticos, de hecho. Mamá Ede estaba de vuelta pero permanecía escondida en el cuarto de Cid por el momento. Rinoa e Irvine eran ahora miembros extra de Balam y había que acomodar habitaciones para ellos. Todos habían ascendido, salvo Rinoa, y eran ahora los SeeDs con mayor rango del Jardín. A Quistis le ofrecieron un nuevo puesto como instructora y se rumoreaba que empezaría a colaborar con la Dra. Kadowaki en psicoterapia. Squall le echó un vistazo a Zell, que ansioso, estaba dando golpecitos con los pies, mordiéndose el labio y cruzando y descruzando los brazos.
"Debería ser él el primer paciente. Me gustaría ver cómo reacciona al descafeinado".
Por petición de Cid, todos tenían que pasar por evaluaciones mentales debido a lo ocurrido con la Compresión Temporal. Y los efectos de haber estado en el espacio exterior. Oh, y el desastre de la Lágrima de la Luna. La guerra civil entre Jardines. Luchar contra Seifer y la única madre que habían conocido…
Squall apartó los pensamientos de su cabeza. "No me puedo creer que saliéramos de una pieza". Volvió a mirar a Zell, quien ahora estaba cambiando el peso de una pierna a la otra, contrayendo y relajando los puños y moviendo la cabeza de atrás a adelante para relajarse, como preparándose para un partido de boxeo.
"Bueno… casi de una pieza".
Las puertas del ascensor sonaron y salieron al único pasillo que llevaba hasta la oficina del Director Cid. Selphie, Irvine y Quistis ya les estaban esperando.
-¡Tortugas! –sonrió Selphie.
-Lo siento –Zell se frotó la cabeza–, quería pillar algo de picar antes de venir. Aunque, no quedaban perritos calientes en la cafetería. Me he hecho el camino para nada.
-¿Alguna idea de por qué estamos aquí? –Squall miró a Quistis.
Quistis negó con la cabeza.
-Lo único que se me ocurre es que Cid quiere que hagamos las paces con Mamá Ede.
-Me pregunto si va a… reincorporarla… al Jardín –Irvine se metió las manos en los bolsillos de la gabardina–. Va a ser un poco raro.
-Sip –suspiró Selphie–. ¡Pero bueno! ¡No es culpa suya! ¡Estoy segura de que los estudiantes lo entenderán!
Zell e Irvine intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros. Quistis se acercó a la oficina de Cid y llamó ligeramente a la puerta.
-Pasad –se oyó tras la puerta.
Quistis abrió la puerta y todos pasaron adentro. Se alinearon obedientemente, uno al lado del otro, frente al escritorio de Cid y lo saludaron al unísono. Ya estaba sonriendo, con las manos entrelazadas. Shu estaba de pie junto a él.
-Descansen –les dijo. Los SeeDs obedecieron. Cid se quitó las gafas y se levantó lentamente–. Iré directo al grano. No hace falta que diga que vosotros cinco sois las fuerzas mercenarias más ejemplares y de élite que el mundo ha visto nunca. Más aún, de ahora en adelante deberéis dar ejemplo a los demás. Espero que os comportéis con aplomo, que tratéis al resto con el mayor respeto; Toda esta tontería sobre "héroes" no se os subirá a la cabeza, ¿entendido?
Todos asintieron.
"Lo sabía", pensó Squall. Quiere reincorporar a Mamá Ede y tenemos que tratarla bien. "O eso, o nos asignará más tareas. ¿Por qué otra cosa iban a estar ellos aquí?"
-Todos sabemos que vuestra misión se salió de control tras el incidente de Timber, especialmente desde que la comunicación entre vosotros y la base de Balam era limitada –les recordó Cid con pesar–. Pero también quería recordaros que había otras fuerzas trabajando en la misión, fuerzas que estaban fuera de vuestro alcance y conocimiento. Alguien más ayudó al éxito de vuestra misión.
"¿De qué demonios está hablando? Estábamos allí. Todos sabemos lo que pasó. ¿O acaso intenta elaborar algún tipo de informe póstumo de accidente SeeD?"
-Antes de explicaros nada quizás sea mejor que lo veáis por vosotros mismos –Cid se giró hacia Shu y murmuró–. Déjale pasar.
Los SeeD intercambiaron miradas de confusión mientras Shu se aproximó y abrió una puerta lateral conectada a la oficina, que llevara probablemente a una sala de estar. Sin decir nada, hizo señas a alguien para que le siguiera, luego volvió a su sitio junto a Cid. Nada podría haberles preparado para lo que vino a continuación.
Seifer Almasy entró en la oficina, Hiperión envainada a su lado. No llevaba su habitual gabardina gris, en su lugar y sorprendentemente, vestía el negro y dorado uniforme SeeD. Había dos pequeñas hileras de lazos con diferentes colores colgando en la parte derecha de su pecho, indicando su rango SeeD. Tomó lugar junto a Shu y miró al frente hacia ellos, con los brazos cruzados.
-¿Qu-qué cojones pasa aquí? –gritó Zell apretando los puños– ¡¿Por qué va vestido así?!
Selphie dio un paso atrás y dejó escapar un pequeño chillido. Irvine abrió la solapa de su gabardina, mostrando a Éxeter atada en el costado. Squall colocó la mano en la empuñadura de su sable-pistola automáticamente. Quistis permaneció absolutamente rígida y mantuvo la mirada fría e impasible.
-Yo también me alegro de verte, Gallina –Seifer entrecerró los ojos.
-¡TE VOY A MATAR, CABRÓN! –le gritó Zell– ¡TRAIDOR!– dio un paso al frente pero Irvine y Quistis le sujetaron por los hombros.
-¡Zell Dincht! –vociferó Cid, echándose hacia delante y dando un manotazo en el escritorio– ¡Ni se te ocurra usar ese lenguaje ni la violencia en mi oficina!
Zell apretó los dientes y levantó los puños.
-Pero… pero Director…
-Seifer Almasy no es un traidor –le interrumpió Cid–, aunque os hicieran creer lo contrario, él era, de hecho, parte de una operación encubierta para descubrir el paradero de la Bruja Edea y exponer sus planes para que el Jardín recabara información y poder actuar en consecuencia.
Los cinco SeeDs se quedaron mirando fijamente a Cid, como si se hubiera vuelto completamente loco.
-Es imposible –Squall entrecerró los ojos.
-¡Nos atacó! –chilló Selphie.
-¡Casi nos mata! –grulló Zell.
-Nos encarceló y torturó a Squall –señaló Irvine.
Quistis permaneció en silencio. Seifer seguía con los brazos cruzados y mirándolos a todos, aburrido, aunque miró fijamente a Quistis. Ella no respondió a la mirada, seguía con la vista fría y fija puesta en Cid, como si estuviera esperando, inflexible, algún tipo de explicación.
"Al menos Trepe no se precipita a echarme a los perros. Por una vez".
-¡Fue él quien dirigió los misiles que destruyeron Trabia! –gritó Selphie.
-Amenazó con matar a Rinoa y se la entregó a Adel –añadió Irvine.
-Tomó el control del Jardín de Galbadia y atacó Balamb –escupió Zell.
Cid hizo un gesto con la mano, urgiéndoles a que se calmaran.
-Ya sé lo que ha hecho…
-Activó el Lunatic Pandora –espetó Irvine con enfado.
Squall miró a Seifer mientras los demás gritaban. Seifer se cruzó con su mirada y se la devolvió, pero sin dar pie a ninguna pelea.
- ¡Suficiente! – les interrumpió Shu –. El Director dice que Seifer no es un traidor. Y yo también puedo confirmarlo. Su condición como SeeD debía permanecer altamente confidencial hasta que su misión fuera completada, la cual era detener a Edea con éxito y recopilar información sobre la Bruja. Gracias a sus esfuerzos, el Dr. Odine en Esthar fue capaz de reunir suficiente conocimiento sobre Artemisa, a quien como resultado, habéis podido aniquilar exitosamente.
Los cinco SeeDs miraron a Shu sorprendidos. Hasta Seifer la miraba con la ceja levantada.
"El infierno debe de haberse congelado" –reflexionó–. "Shu me está salvando realmente el culo".
Shu tiene razón –habló Cid–. Aunque la misión encubierta no fue exactamente como lo planeamos, a la larga nos proporcionó la ventaja. Seifer ha hecho grandes sacrificios por todos nosotros.
"Aun así, apuesto mil a uno que disfrutó electrocutándome en la prisión del Distrito-D" –pensó Squall con amargura–. "Capullo".
-A ver… en resumen –Zell movió los pies–. ¿Nos está diciendo que Seifer estuvo fingiendo todo el tiempo? ¿Que todo lo que pasó… se suponía que tenía que pasar? ¿Que… echó a Rinoa a Adel por accidente y que provocó la Compresión Temporal también por accidente?
-Estoy justo aquí ¿sabes? –Seifer hizo una mueca– Me lo puedes preguntar a mí.
-No se suponía que tuviera que ocurrir, Zell –intervino Cid, interrumpiendo otra posible explosión de Zell–. Más bien fue un efecto dominó que ni Seifer podía controlar. Mientras Artemisa tuviera control sobre Edea él tenía que seguirle el juego hasta finalmente liberarla.
-Nada de esto tiene sentido –interrumpió Squall en voz baja.
"No jodas" Seifer le dio la razón amargamente. Sus ojos se fijaron en Quistis. Estaba mirando al suelo sin mover ni un músculo.
Cid asintió y suspiró.
-Lo sé. Es casi imposible de explicar. Me atrevería a decir que sería más fácil oír la historia del propio Seifer.
Seifer miró al Director. "Como tenga que darles una puñetera clase de historia contándoles mi pequeña excursión con la zorra de la Bruja psicópata, me largo".
Cid le devolvió la mirada.
-Aun así, visto que ya hemos sufrido - y hecho - tanto daño como para bastar toda una vida, os daré algo de espacio –Volvió a sentarse y los examinó a todos–. Tiempo para pensar, tiempo para asumir, y tiempo para sanar - acabáis de volver, así que os concedo una suspensión temporal.
Los SeeDs simplemente se le quedaron mirando, sus ojos se intercambiaban entre Cid, Seifer y Shu.
-Ni de coña es uno de los nuestros –siseó Zell.
-Por favor –se oyó otra voz que los sobresaltó. Había entrado a la habitación por la otra puerta, la del lado opuesto, que seguramente llevaba a un dormitorio-, Cid y Shu dicen la verdad. Seifer no traicionó al Jardín.
Los SeeDs se quedaron mudos ante su presencia. La gentil Mamá Ede caminó hasta la izquierda de Cid y los miró de frente, con los dedos entrecruzados en súplica. Vestía una falda negra sencilla que le llegaba hasta los tobillos y un jersey negro. Su pelo liso y oscuro le caía hasta la cintura y no iba maquillada. Lucía completamente diferente a la Edea que habían combatido hacía sólo unos meses.
-Seifer se quedó conmigo incluso cuando… cuando no era yo misma –añadió en voz baja-. Me ayudó a no ahogarme en mi propia desesperación. Por favor no penséis mal de él. Después de todo, sólo estaba cumpliendo con su deber.
Seifer evitó la mirada de Mamá Ede y miraba al suelo en su lugar, apretando la mandíbula. Incluso ahora, su presencia le ponía los pelos de punta. Quistis por fin lo miró y se dio cuenta de que de verdad se sentía incómodo.
Hubo una larga e incómoda pausa. Nadie sabía qué decir. Las acciones de Seifer habían sido justificadas por Cid, Edea e incluso Shu. ¿Cómo iban a rebatir eso? Pero aun así seguía siendo difícil, casi imposible, de creer. Sobre todo desde que fueron ellos los que habían sido el blanco del sable-pistola de Seifer y que tuvieron que escuchar toda esa estúpida retórica sobre ser un "Caballero". Por otra parte, Mamá Ede les atacó también y ella ni siquiera sabía lo que hacía por aquel entonces.
Todos estaban confundidos y al límite. Cid lo notó.
-Eso es todo por ahora –suspiró-. Sólo quería que conocierais la situación actual. Seifer Almasy es bienvenido en este Jardín y se le ha asignado un dormitorio SeeD, ya que fue ascendido el mismo día de vuestro examen práctico el verano pasado.
Squall entrecerró los ojos y examinó el rango SeeD de Seifer que llevaba prendido al abrigo con más atención.
"¿Nivel 26?"
Seifer le devolvió una mirada pétrea con la más pequeña de las sonrisillas.
"Así es, Leonhart. ¿Qué opinas?"
Hasta Zell estaba demasiado confuso como para hablar. Abría y cerraba la boca protestando en silencio, como un pez fuera del agua.
-Tratadle con respeto y como a un igual –les advirtió Cid en tono serio-. Todos vosotros sois SeeDs, por lo tanto, sois hermanos y hermanas. Si oigo que perturbáis esta paz peleándoos los unos con los otros, no tendré más remedio que degradaros el rango SeeD. ¿Me he expresado con claridad?
Todos se pusieron firmes y respondieron al unísono.
-Sí, señor.
-Eso va por ti también, Seifer –Cid giró la cabeza hacia él.
Seifer sonrió abiertamente pero también se enderezó y miró al frente.
-Sí, Director.
Los cinco SeeD miraron a Seifer impresionados. ¿Acababa de obedecer una orden?
-Ahora sí que estoy alucinando –murmuró Irvine.
-Podéis marcharos –Cid volvió a sentarse en su asiento y se quitó las gafas, pellizcándose el puente de la nariz-. Ahora, por favor, sed civilizados y evitad cualquier comportamiento inmaduro. Me gustaría que este Jardín volviera a la normalidad lo antes posible.
"Con Seifer de vuelta, será de todo menos normal" pensó Squall.
Todos se dieron la vuelta para marcharse. Shu y Seifer permanecieron, y Mamá Ede volvió lentamente a la habitación para estar sola.
-Yo diría que ha ido bien –refunfuñó Seifer.
-Extremadamente. Me sorprende que no te mataran al instante –respondió Shu.
-¿Decepcionada?
-Un poco.
-Vosotros dos –suspiró Cid–, también podéis marcharos. Me gustaría hablar con la señorita Trepe a solas.
Quistis, que había sido la última en llegar a la puerta, paró en seco y se dio la vuelta al oír el sonido de su nombre.
-¿Señor?
-Quistis, sólo un momento, si no te importa.
Quistis volvió a colocarse frente al escritorio, mirando cualquier punto de la mesa de Cid y evitando el contacto visual con Seifer, quien se le había quedado mirando todo el tiempo mientras pasaba a su lado y seguía a Shu fuera del despacho. Cuando se cerró la puerta, tomó aire profundamente y lo exhaló con lentitud, como si por fin tuviera espacio para respirar. Sus ojos volvieron a Cid, quien la observaba.
-No has dicho una palabra en protesta por el regreso de Seifer –apuntó él en voz baja.
-Quería oír los argumentos de todas las partes, señor –respondió ella.
-¿Y…?
-¿Y… qué, señor?
-Me gustaría saber tu opinión sobre el tema.
-Señor, mi opinión es irrelevante…
-A pesar de las apariencias, Quistis, creo que tú estabas más cerca de Seifer que ningún otro desde el orfanato. Por supuesto, habéis tenido vuestra ración de riñas, pero nadie se ha preocupado de verdad en conocerle más de lo que tú has hecho.
Quistis casi resopla en alto. "Sólo porque se empeñaba en molestarme cada vez que tenía ocasión".
-Por lo tanto –continuó Cid con suavidad–, valoro muchísimo tu opinión. Simplemente quiero estimar tu reacción de acuerdo a la noticia de que, de hecho, Seifer Almasy estaba haciendo su trabajo durante todo este tiempo.
Quistis se lamió el labio y titubeó. ¿Qué podía decir ella? La cabeza le había estado dando vueltas desde el momento en que Seifer entró en la habitación.
-Le hizo daño a mucha gente inocente, Director –contestó al final–, incluidos nosotros. ¿Cómo podemos creer que estaba haciendo su trabajo? Dirigió aquellos misiles contra Balam y Trabia…
-Él no fijó los objetivos –le recordó Cid–, la Bruja lo hizo.
-Pero… pero… -Quistis sacudió la cabeza– ¡cientos murieron!
-¿No crees que esas muertes pesarán en la consciencia de Seifer en cada momento de su vida? –le preguntó Cid con amabilidad–. ¿No crees que si hubiera ido contra sus órdenes para parar la embestida de la Bruja, cientos más habrían muerto? Él solo no podía derrotarla. Seifer era consciente. Sabía que si vosotros no podíais hacerlo, él tampoco, así que tuvo que seguir fingiendo para ponerle fin a la tiranía de la Bruja. Si hay que culpar a alguien, ese soy yo. Fui yo quien metió a Seifer en todo esto. También os puse a todos vosotros en peligro.
Era una lógica retorcida, pero lógica al fin y al cabo. El Director sabía que Quistis siempre escuchaba a la lógica. Mirándolo en perspectiva, Quistis empezaba a entender la postura de Cid. Nadie se había parado a pensar en lo que Seifer tuvo que decir al respecto. Había viajado al infierno y vuelta para salvarles el culo a todos. ¿Le importaba a alguien? Se quedó mirando al suelo, de repente recordó los gritos de Rinoa y la sangre de Squall.
-Llévatelos –había dicho Edea.
-¡Squall! ¡Squall! –gritaba Zell, histérico, dando puñetazos a los soldados de Galbadia y acudiendo a toda prisa a ayudar a su amigo–. ¡Hyne, está sangrando por todas partes! ¡DEJADME EN PAZ! ¡SOLTADME!
Rinoa gritaba y gritaba mientras dos soldados galbadianos se la llevaban a rastras.
-¡Aguanta ahí, compañero! –gritó Irvine–. ¡Squall! ¿Squall, puedes oirnos?
-¡Squall! ¡Noooo! –los gritos de Selphie hacían eco con los de Rinoa, hasta fundirse en un ruido espeluznante sin ningún sentido. Se echó adelante para intentar curarle, pero unos soldados le agarraron las muñecas y le pusieron unas esposas anti-magia.
Era como si todo ocurriera a cámara lenta. Los gritos y chillidos de todos hacían eco en la noche oscura y el mundo había empezado a balancearse. Quistis observó a su camarada caído horrorizada y estaba a punto de dar un paso al frente cuando unas manos pesadas y enguantadas le agarraron por los hombros para llevársela. Miró a Edea, quien aún estaba sobre la carroza del desfile, sonriendo con maldad, y luego a Seifer, parecía enfermo.
Seifer…
Aún estaba en el suelo, magullado y con moratones por la pelea. Le sangraba un corte en la mejilla y tenía marcas de quemaduras y hollín en la cara y la gabardina. Estaba apoyado sobre los codos, mirando fijamente la escena frente a ellos, pero él no parecía satisfecho de verles así como Edea. En lugar de eso, tenía los ojos abiertos de par en par y la boca torcida en un gesto de enfado. Quistis se apartó bruscamente de los guardias y dio un paso adelante.
¡Seifer…!
Seifer miró la espalda de Edea, odio puro parpadeando en sus ojos verdes. Agarró Hiperión con fuerzas renovadas y se levantó con lentitud, gesticulando de dolor.
Edea empezó a reírse de ellos, la espantosa carcajada resonaba en el aire, llenándoles la cabeza con un abrumador sentimiento de miedo y terror. Quistis estaba inclinada cubriéndose los oídos, pero unos soldados galbadianos le tiraron de los brazos hacia atrás para esposarla.
Quistis jadeó y al final consiguió gritar su nombre.
-¡Seifer!
Él miró hacia ella y su odio se deshizo en algo más. No sabría decir qué. Sostuvieron la mirada mientras a ella se la llevaban a la fuerza. Quistis, en lugar de despreciarle como ella pensó que haría, y en vez de amenazarle gritando, las palabras no le salieron y simplemente le rogó. Le rogó con la mirada.
Sálvanos.
Seifer parpadeó y de repente su expresión se volvió neutral. Alzó la palma de su mano y el cuerpo de Squall empezó a brillar. Inmediatamente, Edea se giró y lo golpeó.
-¡Imbécil! –gritó– ¿Qué estás haciendo? ¡Idiota, muchacho idiota!
-Lo quiero vivo –le contestó con un gruñido– ¡Lo quiero vivo para poder torturarlo yo mismo!
El gruñido de Edea se convirtió en una sonrisa sádica.
-Muy bien, mi Caballero. Haz lo que te plazca con él. Averigua cuál es el verdadero propósito de los SeeDs. Tortúralos a todos.
Seifer volvió para mirar a Quistis, quien ahora estaba horrorizada ante la conversación.
-Sí, Edea.
"Pero no lo hizo. No nos torturó a ninguno. Encontramos a Squall desmayado en la prisión, pero un Mumba se había encargado de cuidarle. ¿Por qué iba Seifer a dejar a un Mumba, de entre todas las criaturas, con Squall si de verdad lo quería muerto? Y conseguimos escapar relativamente fácil. Dudo que Seifer dejara eso también al azar si de verdad hubiese estado en nuestra contra.
Quistis le echó un vistazo a Cid y supo que él tenía razón. Seifer no era un traidor. Suspiró y cerró los ojos.
-Sí, Quistis –Cid asintió con la cabeza mientras veía cómo la comprensión surtía efecto.
-¿Por qué no nos lo dijo, Director?
-Si lo hubierais sabido os habríais contenido con él. La Bruja seguramente se habría dado cuenta de ello. Por eso, y porque no podía arriesgar que ninguno de vosotros descubriera su tapadera. Zell ya reveló bastante en la estación emisora de Timber, desgraciadamente. Por suerte, Seifer tiene un asombroso don para amoldar las cosas en su beneficio.
"Eso es quedarse corto", pensó Quistis.
-¡Pero todos le odiábamos! ¡Los estudiantes de Balam aún le odian! ¡Medio mundo sigue creyendo que es un traidor!
-Entonces debemos defenderle, ¿no crees? –respondió Cid con una pequeña sonrisa.
Quistis permaneció en silencio.
-En el momento adecuado, sus opiniones sobre él cambiarán –le aseguró Cid–, Todos están aún recuperándose del impacto de la Segunda Guerra de la Bruja, Quistis. Ya lo estoy pasando mal convenciendo a los Jardines de Trabia y Galbadia de que Edea ya no es una amenaza. El Presidente Loire está haciendo todo lo posible por su parte. Sin embargo, debemos mantenernos inactivos por el momento. Confío en ti, Shu, y Squall para mantener la situación bajo control. Cuando los estudiantes vean a Seifer deambulando por el Jardín, seguro que empezarán a extenderse rumores.
Quistis tragó saliva y asintió.
-Sí, Director.
-Quiero hablar contigo de algo más –Cid abrió una agenda y buscó entre las páginas–. Ya que has sido ascendida para instruir a los estudiantes en sus cursos de preparación SeeD, ¿también has aceptado asistir a la Dra. Kadowaki con las evaluaciones mentales?
Quistis asintió.
Cid sonrió.
-No confío en nadie más para hacer un trabajo más perfecto.
-La Dra. Kadowaki tiene que psicoanalizarme primero a mí –puntualizó Quistis–. Todos hemos pasado por… mmm… mucho.
-Por supuesto –respondió Cid–. Pero hay un estudiante en especial con el que me gustaría que trabajaras. Creo que todo irá mucho más fluido que si la Dra. Kadowaki tratara de encargarse de él ella misma.
Inmediatamente, a Quistis se le hizo un nudo el estómago y la invadió un terror absoluto.
"No digas quien pienso que vas a decir"
-Me gustaría que analizaras a Seifer Almasy.
"Mierda. Joder. No. Cualquiera menos él. Ese tío no tiene arreglo.
-Discúlpeme, Director –respondió con voz calmada y firme–, pero después de todo por lo que ha pasado Seifer, ¿No sería mejor que lo haga la Dra. Kadowaki?
-No creo que Seifer responda con ella, para ser honestos –respondió Cid con aire despreocupado–. Él necesita hablar con alguien que estuviera allí. Necesita relacionarse con alguien más que también pasara por la misma situación que él.
-Con el debido respeto, señor, estábamos en lados opuestos de la situación. "Ha intentado atravesarme el cuerpo con un sable-espada", pensó Quistis resentida. "Lo he golpeado con hechizos Electro+ e Hielo+. Sí, seguro. Estará encantado de hablar conmigo. Especialmente desde que éramos nosotros quienes le atacábamos a él. Al menos él fingía.
-No digas tonterías. Estabais en el mismo lado, Quistis; sólo que no te has dado cuenta hasta ahora.
Quistis se contuvo de poner los ojos en blanco.
-No te preocupes –rió Cid–. Considéralo un reto.
"Dame a Artemisa", Quistis apretó los dientes. "Dame a Gryphus. Pero no me des a Seifer. Al menos conseguí matar a los otros dos.
-Una vez finalizada tu propia evaluación con la Dra. Kadowaki, sitúate, relájate un poco, y después puedes evaluar a Seifer –dijo Cid a la vez que anotaba algo en una página de la agenda–. ¿Supongo que tu visita con la Dra. Kadowaki tomará un par de semanas?
-Probablemente –admitió Quistis–. Puede que más, puede que menos.
"Depende de lo mal que esté de la cabeza con todo esto".
-Te doy un mes –asintió Cid –. Así, Seifer será capaz de asentarse también. Necesita tiempo para adaptarse, seguro. Después, sin embargo, tienes que informarme cada semana sobre su condición. Si tienes tiempo para evaluar a otros estudiantes entre visita y visita, eres libre de hacerlo. Y no olvides revisarte con la doctora de vez en cuando.
Quistis volvió a asentir.
-Sí, señor.
Cid asintió.
-Muy bien, Quistis. Tengo fe en ti. Ahora, asegúrate de descansar. Te lo has ganado.
Quistis asintió y se giró para dejar la habitación, preguntándose si al final no había mordido más de lo que podía tragar.
