01
Mensaje
- ¡Te estás quedando atrás, Ger-kun!
Kuniko se desplazó a lo largo del campo de entrenamiento de la División Seis con esa perfecta combinación entre velocidad y estilo que sólo ella sabía manejar. Su cabello negro flameaba al viento en cada uno de los pasos de shunpo que realizaba, avanzando por el sinuoso terreno. Ya estaba llegando casi al final del enorme circuito, destinado para los Shinigamis del sexto escuadrón que quisieran perfeccionar alguna de sus habilidades.
Ese era el caso de Ger. Por más que se esforzara, no podía mantenerle el ritmo a su compañera, pero no estaba sorprendido: cuando decidió mejorar su capacidad para el shunpo, actividad que le resultaba, por lejos, la más difícil, no dudó en pedirle ayuda a Kuniko, que era una especialista en el tema. Nadie en toda la División la igualaba en velocidad, por lo tanto, era la mejor maestra que podría tener. Sin mencionar, claro, que encima eran muy buenos amigos.
Cuando Ger llegó al final del campo de entrenamiento, Kuniko lo recibió sentada, y bebiendo agua de una de sus cantimploras. La bella Shinigami, que no parecía muy agotada, le arrojó otro recipiente con agua a su amigo que, por el contrario, se había quedado sin aliento.
- Bueno, has mejorado un poco, lo que no significa que no sigas siendo un desastre -dijo Kuniko, con una sonrisa, a la cual Ger respondió con una mirada cabizbaja-. ¡Ay, vamos, Ger-kun! El shunpo nunca te fue fácil; no vas a mejorar de un día para el otro.
- Ya van dos meses, Kuni-chan -respondió Ger, decepcionado, tras lo cual se arrojó de cara al suelo.
- Bueno, días, meses, años… En este mundo el tiempo da igual -contestó ella, aunque no sonaba muy convencida de sus palabras.
Ger no levantó su rostro del piso. Estaba agotado de esforzarse pensando en objetivos que parecían cada vez más inalcanzables. Era verdad que nunca le había ido bien en el shunpo, pero tampoco se había esforzado mucho en el tema, hasta hacía un par de meses. Y dedicarle tanto empeño a ultimar sus habilidades y no sentirse satisfecho era demasiado frustrante.
- Niño, te haces demasiado problema. Me parece genial que te pongas metas altas y que trates de alcanzarlas, pero creo que te sobre exiges. Además, tu nivel en shunpo no es tan malo -dijo Kuniko, recibiendo una mirada incrédula de su amigo-. De acuerdo, de acuerdo… sí es malo. Pero eso no significa que seas un inútil. Tienes un nivel excepcional en kidoh, y pocos pueden hacerte frente en el combate mano a mano. Lo que pierdes en shunpo lo ganas en otras disciplinas.
"Nivel excepcional en kidoh… combate mano a mano…", Ger se sabía ese discurso de memoria: era lo que todos le decían para levantarle el ánimo. Sabía que no le mentían, pero igual no lo hacían sentirse mejor. Kuniko siguió hablando de habilidades, capacidades y demás, pero él no le prestó atención. Sentía que había tocado fondo…
… hasta que un fuerte calambre en su espalda lo hizo volver a la superficie.
- ¡¡¡Alcen las velas, y giren todo a estribor!!!
Gaijin acababa de saltar encima de la espalda de Ger, y le estaba tirando de los brazos hacia la derecha, provocándole un dolor inmenso desde el cuello hasta la cintura. Kuniko no pudo evitar soltar una carcajada. Luego de varios segundos de forcejeo, Ger se deshizo de él, tirándolo a un costado.
- ¡¡Gaijin-kun¡¡Te pedí que no volvieras a hacerme eso!! -exclamó, mientras se retorcía por el dolor.
- Ya, ya, que no es mi culpa. Esto te pasa por andar desprevenido. Me la juego a que te habías vuelto a deprimir por alguna tontería.
Ger se quedó sentado en el suelo, mirando hacia abajo, y sin responder nada. Su silencio era todo lo que Gaijin necesitaba escuchar para comprobar sus sospechas.
- Bueno, cambia esa cara; sea lo que sea lo que te pasa, estoy seguro de que estás exagerando. Por lo pronto, vine a buscarlos. El deber llama.
- ¡Es verdad, la reunión con el Subcapitán Killua! -exclamó Kuniko, levantándose- Ger-kun, lo siento, pero tendremos que seguir otro día. Había olvidado que Gaijin y yo teníamos una misión. ¿Por qué no te quedas entrenando un poco más?
- Nada de eso –interrumpió Gaijin-. Nos llaman a los tres.
Al escuchar esas últimas palabras, Ger levantó la mirada, algo sorprendido. Killua nunca lo había convocado para ninguna misión; desde su llegada a la División 6, todas sus tareas habían sido dentro del Seireitei. Pero no le dio muchas más vueltas al asunto: sus compañeros lo apuraron a levantarse, y emprendieron la vuelta al cuartel.
- ¡Adelante!
Kuniko y Gaijin ingresaron de una manera bastante efusiva, mientras que Ger entró con bastante timidez. Era la primera vez que visitaba el despacho de Killua: no era demasiado grande, pero era muy agradable. Las paredes y los muebles estaban decorados con motivos artísticos que, seguramente, habían sido producto de la creatividad del Subcapitán.
Luego de que Killua se sacara de encima a los dos Shinigamis que lo tironeaban del uniforme, y los convenciera de que se sentaran junto a Ger, se ubicó en su escritorio y procedió a hablar.
- Hoy se van a cumplir cuatro semanas desde que empezaron a suceder unos eventos bastante llamativos, no muy lejos del Seireitei. Durante muchas de las últimas 27 noches, fueron asesinadas muchas almas de diversos distritos del Oeste del Rukongai. Llamativamente, cada vez que el Gotei 13 enviaba Oficiales a investigar, los asesinatos cesaban. Pero una vez que los Shinigami regresaban al Seireitei, las muertes se reanudaban, siempre en los mismos distritos. Nuestros superiores no entendían qué significaba esto, hasta que llegaron a una curiosa conclusión.
El Subcapitán extendió un mapa sobre el escritorio, con diferentes distritos marcados. Los tres Shinigamis convocados miraron el mapa durante algunos segundos, algo confundidos.
- ¡Un momento! –exclamó Kuniko, y con su mano derecha trazó un recorrido siguiendo los diferentes distritos marcados en el mapa. Si se unían los puntos, se podía formar una línea horizontal, con una pequeña raya superior y dos diagonales inferiores, abiertas como si fueran dos patas.
- ¿Seis? –dijo Ger.
- Efectivamente –respondió Killua-, los distritos donde ocurrieron los asesinatos, vistos en el mapa, forman la insignia de la División Seis. Nos tomó bastante tiempo llegar a esta conclusión, y hace unos días la confirmamos, pues la última vez que se hizo una investigación en el lugar, a cargo de Shinigamis de la División Diez, se encontraron flores de camelia en los lugares de las muertes. Y como ustedes sabrán, la camelia es la flor de nuestra División.
- Ya nos tomaron por idiotas; falta que nos manden una invitación por carta –comentó Gaijin, entre risas, algo que a Killua no le causó mucha gracia.
- La cuestión es –continuó el Subcapitán- que nos han relegado la investigación a nosotros. Es más que evidente que esto es obra de alguien que tiene algún problema con nuestra División, así que nos toca resolver este asunto. Por eso los convoqué.
- ¿Crees que nosotros podremos resolverlo? –preguntó Kuniko, algo consternada.
- Lo único que sé es que, quien sea esté detrás de esto, es peligroso, y está buscando pelea. Y tú y Gaijin son dos de los mejores Oficiales con los que cuenta nuestra División. Pero también es cierto que, probablemente, haya más de un enemigo involucrado, sino no se explicaría que estas muertes ocurran todas las noches en tantos distritos, simultáneamente. Por eso, no quiero que entren en combate. Quiero que vayan a observar, a rastrear, a identificar a nuestro desafiante. Podríamos estar lidiando con un pez gordo.
- Disculpe, Subcapitán… -interrumpió Ger-. No termino de comprender qué tengo que ver yo con esto. Usted lo ha dicho; Gaijin y Kuniko tienen muchísima experiencia… y yo, en los dos años que llevo como miembro de la División, aún no he sido enviado a ninguna misión fuera del Seireitei. No es que quiera renegar de mi deber, pero… tratándose de algo tan arriesgado… ¿no se supone que estaría entorpeciéndole el camino a mis compañeros?
- La verdad, Ger, es que, por el contrario, tú eres la pieza clave en esta misión.
Ger miró a Gaijin y Kuniko, algo confundido, mientras Killua se dispuso a marcar con un cuchillo un punto en el mapa. Dentro del símbolo de la División Seis que representaban los distritos marcados, había un distrito vacío, en el cual, aparentemente, nadie había sido asesinado, y que estaba ubicado estratégicamente entre las dos líneas diagonales, debajo de la línea horizontal.
- Reconoces este distrito ¿verdad? –preguntó el Subcapitán. De golpe, Ger sintió que se le revolvía el estómago.
- Hokutan… el tercer distrito del Oeste- respondió.
- Efectivamente. Una zona repleta de montes, en la que no habitan almas en comunidades, sólo algunos ermitaños. Es lógico que sea el único lugar donde no hubiera asesinatos, pues realmente no hay muchas almas a quienes matar. Y si queremos descubrir al culpable, es el único lugar en el cual pueden esconderse. Pero la verdad es que, probablemente, el enemigo esté adelantándose a nuestro pensamiento. Estarán esperando que enviemos a nuestros Shinigamis a Hokutan. Por eso, necesitamos de alguien que conozca ese distrito como nadie, y que sepa exactamente dónde esconderse para evitar ser descubiertos –Killua se levantó de su silla, y dio la vuelta alrededor del escritorio, para pararse junto a los otros Shinigamis-. El único miembro de nuestra División que se ha criado en Hokutan eres tú, Ger.
Técnicamente, Killua estaba exagerando: Ger sólo había vivido dos años en Hokutan. Sin embargo, era cierto que conocía los secretos de todos y cada uno de los montes que lo conformaban, y aún habiendo pasado mucho tiempo desde la última vez que pisara ese distrito, los recordaba perfectamente.
- Bueno, amigo –dijo Gaijin, poniendo una mano sobre el hombro de Ger-, parece que nos llevarás de excursión.
Al caer la noche, varias figuras vestidas de negro se desplazaron sigilosamente por entre los árboles del Monte Koifushi. Avanzaron a paso veloz, hasta detenerse delante de un hombre que los esperaba apoyado contra el tronco de un gigantesco roble. Al igual que el resto de las figuras, también estaba vestido de negro, con la diferencia de que los demás llevaban máscaras –también negras- en sus rostros. Además, su traje era sutilmente distinto al de los otros, y en su espalda llevaba una espada.
- ¿Están todos situados? –preguntó.
- Sí, señor –respondió una de las figuras.
- Todavía no hay rastro de él ¿verdad?
- No, señor. No hemos detectado Shinigamis en ninguno de los distritos, incluído Hokutan.
- Está bien, ya vendrán. Los últimos Shinigamis encontraron las camelias, y no son ningunos idiotas. Los próximos que envíen, serán de la División Seis...
El hombre se adelantó, hasta acercarse a las figuras de negro. De pronto, sacó su espada de la funda, y la clavó en el suelo, sobresaltando a uno de sus súbditos.
- … y estoy seguro de que él estará con ellos –agregó-. Pero por ahora, seguiremos con lo de siempre. Doy la orden de ejecución de hoy. Procedan.
- Sí, señor, Ben-dono –contestaron todas las figuras, y luego se dispersaron rápidamente, sumergiéndose en la oscuridad.
Próximo capítulo:
Sombras
