Gilbert Beilschmidt, era la persona más awesome, que podría existir en el mundo, o al menos eso era lo que pensaba el mismo, después de todo el era el gran reino de Prusia, momentáneamente puesto en congelación geopolítica, pero que resurgiría como siempre lo había hecho
Después de todo el era, el mejor y siempre se lo estaba recordando al señorito, siempre le estaba diciendo a Austria lo magnifico y awesome, que el gran Gilbert podía llegar hacer
Pero en esos momentos ni toda su maravillosa awesomidad, le fueron suficiente para asimilar lo que acaba de ver, era imposible, era imposible al cubo, mejor dicho, era mas imposible, que América admitiendo sus problemas de telemercadeo, a un mas imposible que Suecia admitiendo que Finlandia no era su esposa, era tan imposible como que Rusia un día decidiera hacerse pacifista y no meterse en los asuntos ajenos
Debía estar ebrio, eso era, esa era la respuesta, si el alcohol lo hacia ver cosas, pero generalmente eran elefantes rosas y unicornios morados, que casualmente sabían los resultados de la liga alemana de fútbol soccer profesional
Lo medito por un microsegundo, pero no había bebido mucho en el transcurso de la tarde, generalmente llegaba a casa del señorito solo con dos botellas de ron encima, nada mas, desde aquella vez que Austria lo había corrido por llegar hasta las botas, como se ponía el ingles, había aprendido su lección
Y hablando del ingles, que hacia el maldito infeliz, profanando suelo, que claramente era propiedad prusiana, tenia unas enormes ganas de salir y mostrarle de cerca sus botas prusianas, pero algo lo detuvo, quizás la sonrisa de Roderich, que los dos parecieran resentir la despedida, que "su austriaco" se despidiera de una manera simplemente doncellesca, era demasiado
Y justo cuando su awesome persona, pensó en lo que le diría a ese par, el sonido de un auto pasando cerca de el lo regreso a la realidad
Una cosa era que alguien profanara su propiedad, y otra muy distinta era que ese alguien quisiera convertir a Prusia en tapete para minicooper, quería gritar quería hacer algo para sacar su furia contenida, por que diablos no estaba en guerra con alguien necesitaba golpear o lastimar a alguien, pero ¿A quien?
- Amigo me regalas una moneda – exclamo una voz detrás de el
A la mañana siguiente, el periódico belga relataba el extraño hecho de un pobre vagabundo que había terminado castrado colgando de un árbol, semi inconciente, rezando el padre nuestro
