Después de la batalla final, el castillo de Hogwarts había sido completamente destruido, Voldemort y sus secuaces hicieron un gran trabajo en ese sentido. Por ello, McGonagall relevando a Dumbledore después de su muerte, promulgó un llamado a todos los magos posibles para poder reconstruir la escuela. Seria muy sencillo decir que la famosa estructura ahora es idéntica a la anterior pero eso seria un mito innegable; los riscos del acantilado donde estaba sitiado Hogwarts se habían desprendido considerablemente y estuvieron varias semanas estudiando la manera de construirla teniendo en cuenta la nueva forma del terreno. Dicho estudio pronto dio sus frutos y pudieron restablecer el castillo entre todos, incluidos los alumnos; los planos ya no eran los mismos que antaño pero al menos volvía a estar en pie para el estudiante y seguir aprendiendo los misterios de la magia. La reconstrucción no fue nada fácil, tardaron meses en conseguir que el castillo volviera a ser no solo un monumento arquitectónico y único sino también recuperar el titulo de mejor escuela de magia.
- ¡Aqua Volatem! -exclamó Hermione agitando su varita en dirección al recipiente que contenía agua. Ésta se convulsionó y empezó a emerger del objeto hasta adoptar la forma de una bola. Mantuvo la varita y su cuerpo en tensión, concentrada en lo que hacia.
- Bien, señorita Granger -la felicitó McGonagall de pie junto a su mesa en la clase- ahora compacte la bola hasta que no quede ningún hilo de agua fuera de ella-. Hermione obedeció, realizó un leve giro de muñeca imperceptible al ojo humano y poco a poco perfeccionó la bola como bien le había dicho su profesora.
- Ya está -susurró la joven para no desconcentrarse.
- Muy bien -sonrió satisfecha- sensacional como siempre, señorita Granger. Tus habilidades no hacen mas que mejorar-.
- Gracias -asintió ella al tiempo que con mucha suavidad devolvía el agua al recipiente sin salpicar ni una gota fuera de él, perdiéndose el efecto del hechizo y tomó asiento. Ginny estaba a su lado como compañera de pupitre y le sonrió cuando estuvo a su lado.
- Lo has hecho muy bien -susurró la pelirroja.
- No era difícil -le dijo de la misma manera restándole importancia.
- Acuérdense que el examen de los EXTASIS es dentro de tres semanas -las interrumpió la voz de McGonagall- estudiad mucho. Eso es todo.
- Vamos -la animó Ginny. Hermione recogió sus cosas y salió acompañada de su amiga con una sonrisa, caminaron por el pasillo que daba al exterior mientras hablaban sobre el examen cuando alguien pasó por su lado y echó sus carpetas al suelo.
- ¡Uy!, perdona, Granger. No te había visto - se burló la voz desdeñosa de Pansy Parkinson.
- Qué cortés por tu parte disculparte, Parkinson - dijo la pequeña Weasley con voz ácida ante lo que había hecho.
- Déjala, Ginny - la tranquilizó Hermione incorporándose con las carpetas en mano- ¿tienes algún problema, Pansy?
- ¿Pansy? ¿desde cuándo me llamas por mi nombre, Granger? -jugó con un mechón de su pelo mirándola con atención y burla.
- ¿No es tu nombre? -inquirió señalándola- de acuerdo, ¿cómo quieres que te llame entonces?
- No te burles de mi
- No me estoy burlando de ti, al contrario, creo que deberías revisar tus modales. Podrías salir malparada, ¿sabes?
- Mira… -se acercó a ella, amenazante- cuidadito con lo que dices, a mi nadie me dice como comportarme ni como hablar y menos contigo, sangre sucia-. Ginny se enfureció y le propinó un empujón a la chica Slytherin con energía.
- ¡No te atrevas a decirle eso, serpiente! -escupió con veneno en los labios.
- ¡Ahora veras, pequeñaja!
- ¡Como le toques un pelo a mi hermana, te las veras conmigo! -la voz de Ron resonó por todo el pasillo y el ruido de sus pisadas era evidente. Apartó a un lado a Ginny y encaró a Pansy con una furiosa mirada.
- ¿Ah, si? ¿y qué me vas a hacer, comadreja? ¿estrangularme? adelante, lo estoy esperando
- ¿Cómo has llamado a mi novio, Pansy? -interrogó con voz fría Hermione.
- Encantada te lo repito, co-ma-dre-ja -dijo despacio para que se le oyera bien cada sílaba, con malicia. Ron alzó la mano para propinarle una cachetada sin importarle que fuera una chica y justo cuando su palma se cernía sobre ella, una fría mano sujetó su muñeca con fuerza deteniendo su avance.
- ¿Pero qué diantres…? -alzó la vista para encontrarse con unos fríos y transparentes ojos grises y el rostro conocido y familiar de un Slytherin.
- Apartate de ella -dijo el recién llegado con voz firme y segura y lo echó para atrás unos metros.
- No necesitaba que vinieras -le espetó Pansy a su compañero.
- Permíteme que lo dude -replicó el chico de ojos grises y luego clavó su mirada en los chicos de Griffindor- no os metáis donde no os llaman.
- Empezó Parkinson tirándole las cosas a Hermione. Maldita Slytherin maleducada… -masculló la pelirroja apretando la mandíbula.
- Repite eso y te dejo sin lengua, enana
- Aún estoy aquí, Parkinson -murmuró Ron conteniendo su mal genio.
- Eres un cobarde, Ronald Weasley, pero mira tú por donde, has encontrado a alguien de tu talla con la sangre sucia. Te doy la enhorabuena-.
A esas alturas, la ira carcomía a Hermione por todas las palabras de aquella chica. No estaba acostumbrada a sacar su mal genio pero ahora mismo estaba que echaba chispas. Sin pensar siquiera, algo impropio de ella, aferró con mano tenaz el brazo de Pansy y con la otra hizo ademán de enganchar su nuca.
- ¡Serás….! -comenzó diciendo la agredida pero su compañero fue mas rápido y sus fríos dedos fueron a parar a los antebrazos de Hermione como si fueran garras y la arrastró lejos de Pansy hacia el exterior.
- ¡Eh, tú, suéltala! -exclamó Ron corriendo hacia Hermione para liberarla de él.
- ¡Expelliarmus! -dijo el chico sacando su varita al tiempo que pronunciaba el hechizo y el joven Weasley salía despedido unos metros atrás.
- ¡Ron! -exclamó Ginny asustada.
- ¡Suéltame! -exigió Hermione. El agarre era fuerte, seguro que tendría un hematoma al día siguiente. Él le dirigió una fría mirada.
- No estás en condición de exigir.
- Te expulsarán por esto.
- Te recuerdo que has empezado tú -replicó con sorna. Entonces algo puntiagudo se pegó a su mejilla que irradiaba calor, un calor amenazante y poco agradable, que le hizo detener su avance.
- Suéltala -susurró una voz profunda por su flanco derecho- y no te haré daño-. El chico se viró muy lentamente a su derecha para saber quién era el autor de esa voz y se encontró con la seria mirada de Harry Potter apuntándolo con su varita sin ningún atisbo de duda.
- Harry Potter -lo llamó con una sonrisa nada amistosa- qué gusto verte por aquí.
- Para mi no, Christian -lo cortó con firmeza- te estás pasando de la raya.
- ¿Y ella no?
- ¿Acaso es un pecado defenderse de personas como tú o Pansy? -sonrió con fingida burla- creo que tienes un mal concepto de la justicia.
- Estás muy equivocado, Potter.
- No voy a volver a repetirtelo, Christian. Apartate de Hermione ya -ordenó dando una serie de pasos a su alrededor que su contrincante imitaba alejando a la chica de su vista.
- Harry, ten cuidado -imploró la castaña. Se alegraba muchísimo de verlo pero eso no quería decir que estaba literalmente a salvo. Detrás de Harry, Pansy extrajo su propia varita para atacarlo y sorprenderlo pero Ginny fue mas rápida, interceptando su movimiento.
- ¡Desmaius!-. Pansy recibió el impacto del hechizo: su mente se desconectó y su cabeza dio vueltas, provocando que tropezara con sus propios pies y cayera de rodillas, aturdida. Solo fue un segundo el que Harry desvió su atención hacia lo que ocurría tras suya y Christian aprovechó para lanzar su hechizo.
- ¡Everte Statum!
- ¡Harry, cuidado! -le avisó su amiga. Demasiado tarde, el hechizo propulsó el cuerpo de Harry hacia atrás con violencia pillándolo con la guardia baja. Ron sacudió la cabeza despejándose después de recibir el ataque de Christian, se apresuró a ayudar a su amigo con su magia.
- ¡Glacius!
- ¡Inmobilus! -su voz interrumpió con brusquedad la de Ron y el joven sintió que su cuerpo se contraía y se tensaba como una estatua. Christian lo había inmovilizado estratégicamente, había sido mucho mas veloz.
- ¡Ron! -exclamaron Ginny y Hermione al mismo tiempo. Harry se incorporó de un salto y encaró a Christian con la determinación en su mirada.
- No deberías haber hecho eso, Christian -le advirtió.
- ¿Quieres salir propulsado hacia atrás, Potter? ¿o prefieres ser una estatua como tu amigo?
- Intente-le provoca.
- ¡Expelliarmus!
- ¡Protego! -exclamó con rapidez. Su hechizo fue mas potente y seguro que el de Christian y el hechizo Expelliarmus rebotó contra su emisor, arrebatándole la varita. Harry la cogió con sumo gusto y lo miró con aire triunfante. Christian apretó la mandíbula, sabiendo que había sido derrotado.
- Esto ha sido en el pozo, Potter.
- ¿Qué es lo que ocurre aquí? -intervino la voz autoritaria y potente de la directora McGonagall. El agarre que sufría Hermione se aflojó de repente y ella aprovechó para arrastrarse fuera de su alcance. Los demás fueron conscientes de que muchos de los alumnos se habían reunido a ver la disputa. McGonagall observó el panorama con expresión muy seria: una Pansy aturdida murmurando cosas inteligibles, Ron Weasley inmovilizado, Christian agarrando a Hermione, su alumna favorita y Harry Potter con dos varitas en la mano.
- McGonagall, no es lo que usted está pensando -se atrevió a decir Ginny, la mas cercana a ella, para luego señalar a Pansy - empezó ella todo esto.
- Todo el mundo a mi despacho, ¡ya! -ordenó claramente enfadada. Deshizo los hechizos que mantenían a Pansy aturdida y a Ron inmovilizado y se encaminó con elegancia a su despacho con los seis detrás de ella. Ron se apresuró a ir junto a Hermione para preguntarle si estaba bien, si le dolía mucho el brazo y ella le tranquilizó con un beso en la mejilla. Fueron guiados por un sinfín de pasillos hasta el ala este del castillo donde se ubicaba el despacho de McGonagall, se detuvieron en una entrada sin puente ni camino y entonces del borde se deslizó una pasarela que, conforme avanzaba, se convertía en escalones formando una escalera giratoria que ascendía hacia una puerta de madera con finos hilos de oro entrelazados en el marco. Ésta se abrió en cuanto la directora puso el pie en el suelo y todos desaparecieron tras la puerta.
El despacho de McGonagall era muy distinto al despacho que tuvo Dumbledore. La estancia era mas iluminada, mas viva, mas sencilla y atractiva a la vista. Las paredes estaban llenos de cuadros, unos vivientes y otros no, inscripciones en latín, serpientes de oro se deslizaban alrededor de las delgadas columnas que enmarcaban una ventana que daba al exterior hacia el Bosque Prohibido, donde un halcón dormitaba sujeto a una vara de madera en forma de "T" especialmente para él y el escritorio de la directora era amplio, hecho con una madera especial que solo los buenos magos saben donde adquirirlo en el mercado: una pila de libros y una lámpara se ubicaban en las esquinas, un cuaderno semejante a una agenda-consulta ocupaba el centro con el pequeño recipiente y su pluma. McGonagall se sentó en la silla de cuero detrás de su escritorio, los demás se quedaron de pie dado el escaso número de sillas.
- Bien -comenzó diciendo- ya podéis empezar diciéndome que fue lo que paso ahí fuera.
- ¡Fue Pansy! -saltó Ginny como un resorte.
- ¡Cállate, Weasley! -Replico la chica, ofendida.
- ¡Tiraste las carpetas de Hermione!, ahora no te atrevas a negarlo -la miró con dureza.
- ¡Silencio! -las reprendió la directora, elevando la voz y obligando a que las chicas enmudecieran a regañadientes. Centró su atención entonces en Hermione y preguntó suavemente- ¿es eso cierto, Hermione?
- Si, directora McGonagall -respondió la castaña.
- ¡Mentirosa!
- ¡Señorita Parkinson, guarde sus modales! -la miró con seriedad.
- Es que no es cierto.
- ¡Mientes! -contradijo la pelirroja defendiendo a su amiga- y además se lo puede demostrar porque sus papeles no están ordenados. Se desperdigaron por el suelo y Hermione los recogió al azar.
- Entonces la señorita Parkinson tiró al suelo las carpetas de Hermione al suelo y vosotras discutisteis. Pero ¿qué papel tienen el señor Potter, el señor Weasley y el señor Evans en este asunto?
- Oí a esta serp... -se controló a duras penas por la mirada de la directora- a Pansy amenazar a mi hermana y fui a defenderla. Se metió conmigo y me insultó.
- ¡Le dijo comadreja a mi hermano!
- ¡Y tu hermano me quiso agredir después! -contraatacó con astucia.
- ¿La iba a golpear, señor Weasley? -inquirió la bruja.
- Si... -murmuró- me enfurecia que fuera tan cínica y tan mezquina, de hecho si Christian no me hubiera detenido ahora tendría la mejilla roja.
- Asi que ahí apareció usted, señor Evans
- Si, directora -comentó el joven sin expresión.
- Después Hermione me agredió -soltó Pansy acordándose. La directora observó sorprendida a su alumna favorita.
- ¿Es cierto?
- No es del todo cierto... -comenzó la joven.
- Como te atrevas a desmentirlo, sangre...
- ¡Como le diga eso a la señorita Granger delante de mi presencia, señorita Parkinson, le prometo que no respondo de mis actos! -su voz se elevó varios tonos mientras la miraba con dureza- no tolero los insultos ni las palabras malsonantes en esta escuela, ¿entendido?-. La joven Slytherin apretó la mandíbula en señal de obediencia, reprimiendo una contestación.
- La agarré del brazo cuando insultó a Ron -retomó la explicación cuando se hubo calmado en cierta manera el ambiente- pero no llegué muy lejos porque Christian me sujetó con violencia por los antebrazos y me arrastró lejos del pasillo hacia fuera. Ron intentó protegerme pero sacó su varita y utilizó el hechizo Expelliarmus contra él.
- Y entonces llegó Harry -dijo Ron ayudando a Hermione.
- Pansy quiso pillarlo desprevenido pero la dejé aturdida con un hechizo -aportó Ginny.
- No tenéis pruebas -masculló Pansy.
- Si que las tengo... -se levantó la manga de su tunica y mostró las marcas de los dedos de Christian en su piel. A una prudente distancia del grupo, Harry tensó su expresión y el verde de sus ojos se oscureció. La expresión de McGonagall era de autentica severidad.
- Agresion, maltrato, insultos... -enumeró- diganme, ¿creen que ésta es una actitud adecuada en chicos de vuestra edad? resulta sorprendente a la vez que alarmante todo esto, sobre todo por usted señorita Parkinson.
- Pero, directora, yo...
- Señorita Parkinson, limpiará la biblioteca de la escuela junto al señor Evans -extrajo la pluma del recipiente y empezó a escribir- nada de magia, durante un mes y se le retirará a los dos sus varitas durante ese tiempo.
- ¡Eso no es justo! -exclamó incrédula.
- Creo que no está en condiciones de pedir injusticia. Señor Weasley, usted ayudará a Hagrid en el cuidado de los animales durante una semana.
- Si, directora -murmuró. Ese castigo dependeria de los distintos tipos de animales que había por la zona.
- En cuanto a usted, señorita Granger, ya hablaremos en privado -la miró a los ojos cuando le dirigió la palabra.
- Claro
- Señorita Weasley, también hablaré con usted en privado. Y señor Potter... no le he oído mencionar nada en todo este interrogatorio.
- No ha habido nada que objetar, directora McGonagall -murmuró el joven.
- ¿Nada?
- Yo no estuve cuando todo empezó, simplemente vi como Christian trataba a Hermione y fue suficiente para intervenir.
- Ya veo... usted puede retirarse si lo desea.
Christian y Pansy permanecieron un rato mas en el despacho de McGonagall mientras que los demás la abandonaban.
- Si lo que merecía este castigo-mas masculló Ginny aliviado que antes.
- Sin duda alguna -comentó su hermano de acuerdo.
- Dejemos el tema, chicos, la cena empezará dentro de una hora.
- ¿Estás bien, Hermione? -se preocupó Ron buscando su mano.
- Si, no te preocupes -esbozó una pequeña sonrisa. Vio por encima del hombro a Harry detrás de ellos con las manos en los bolsillos de la túnica. Éste alzó la mirada al percatarse de que lo observaba y sus miradas se conectaron al instante. Fue como si todo el ambiente alrededor de ellos dos estuviera colmado de paz y quietud, sin problemas, sin malos pensamientos, solo una incalculable complicidad entre ambos. Ella sonrió. Él le devolvió la sonrisa. Y todo volvió a su sitio...
