Finn jamas se había sentido tan aterrorizado en su vida, y mucho menos por una pesadilla; sabia que estaba soñando porque siempre estaba preparado para eso. Pero esta pesadilla no era del todo "normal", como las que había tenido anteriormente; era mas vivida, tanto así que le costo mucho mas saber que era una pesadilla. Estaba intentando dar con una conclusión razonable sobre esa pesadilla, cosa que no hacia con frecuencia ya que sus sueños no eran de este tipo, pero no daba ningún resultado lógico, tal vez se estaba volviendo loco, esa podría ser una posibilidad, pero todavía no había echo algo estúpido para que confirmara que ya había perdido el juicio.

Su pesadilla comenzaba con el caminando en una pradera, el sol estaba en su punto mas alto, la suave brisa del medio día mecía las pequeñas flores y las aves sonaban alegres. Un paisaje maravilloso, pero repentinamente todo se volvió oscuridad, no veía nada y sentía una presencia monstruosa en el ambiente. Luego una presencia se materializo en frente de sus ojos, optando por una apariencia curiosa: era una especie de coloso, quizá unos cuatro metros mas alto que Finn. Sus ojos eran rojos, estos lo miraban a el con una mirada acusadora y espeluznante. Emanaba un aura siniestra a su alrededor, y era tan intensa que Finn podía jurar que la veía, incluso juraba que podía olerla: olía a sangre, sangre de inocentes.

Finn estaba estático, nunca había sentido tanto pavor. Sentía como sus piernas flaqueaban y como su garganta se secaba. El coloso hablo, y las palabras que soltó con aquella voz gutural es algo que Finn jamas podrá olvidar.

¡Voy a hacer que pruebes el sabor de la sangre, y sientas la emoción de la masacre una vez mas...! ¡No puedes escapar del linaje de los Blooders, Finn!

Y luego, se hizo nuevamente la oscuridad.


Miro su reflejo en el pequeño estanque, sus ojos estaban achicados por el sol y podía apreciarse una ligera cicatriz en su mejilla que había cicatrizado recientemente. Se la había echo luego de que el antiguo espejo del baño se hubiera caído y un fragmento de cristal le hubiera rozado la mejilla. Aunque no fue un corte muy profundo, BMO entro en pánico al ver la poca sangre que emanaba la herida.

Se arrodillo bruscamente, como si hubiera recibido un flechazo en la espalda y sumergió su cara en el estanque. Estaba muy sediento, y no sabia el porque, aunque en lo único que estaba pensando era en beber toda el agua posible, no importa si tenia bacterias ya que le habían dicho que tenia un sistema inmunologico bastante fuerte y que seria muy extraño que le diera una simple gripe o una alergia.

Curiosamente, el agua le sabia bastante bien, era la mejor agua que hubiera probado, aunque puede que se debiera por lo deshidratado que estaba. Todo seguía en completo silencio, había sido así todas las mañanas desde que había llegado, y eso, aunque por insignificante que sonase, le tenia muy preocupado. Siempre había sido una persona que le gustaba estar en silencio, de pocas palabras y de actitud fría, incapaz de confiar en alguien; solo confiaba en su Maestre, era la única persona que le podía sacar una sonrisa de vez en cuando, era como un padre para Finn. Pero el sabia que no había sido así siempre, pensaba que, antes de perder la memoria, había sido enérgico y amigable, no lograba explicar como lo sabia, pero todo había comenzado cuando vio a dos niños jugando a héroes y villanos a las afueras de la Villa, recordaba haber sonreído al ver a aquellos niños. Fue una sonrisa melancólica. De alguna extraña manera, estaba recordando emociones que alguna vez había experimentado, pero aquello no le daba ninguna pista de quien era en realidad, puesto que todavía estaba en duda su verdadera identidad.

—¡Finn! — la voz de la pequeña consola rompió el silencio; sonaba aterrado.

Corrió hacia la casa del árbol, escalo hacia la ventana de la cocina y entro por esta de forma impecable y rápida. Encontró a BMO con una expresión de pavor en su diminuta pantalla. La consola señalo una parte del tronco donde alguien había tallado lo siguiente: 52.0190998,-9.5181357,576. Finn estudio aquellos números, reconociéndolos uno por uno para ver si hallaba el patrón. Todavía no lograba entender porque BMO se había asustado tanto, pero la consola era bastante sensible y esto apareció de la nada, pero el miedo es un poco exagerado para reaccionar a algo como esto.

—¿Porque te asusta, BMO?, son solo coordenadas... —hubiera seguido su explicación si la pequeña consola no lo hubiese interrumpido con algo que explicaba todo el pavor en su rostro.

—Es que vi al que había tallado los números , y cuando se percato de mi escapo por la ventana. — dijo señalando la ruta de salida que había utilizado el desconocido.

—¿Le viste el rostro? — pregunto ya un alertado Finn. Era la primera vez que algo le preocupaba de verdad, aunque ya lo de las aves pasaba en un segundo plano comparado con lo que recientemente acababa de pasar.

—No, estaba encapuchado y era muy rápido, apenas si pude verlo. —

—Bueno, sea quien sea, quiere que vaya a este sitio. — paso los dedos por cada numero, desde el primero al ultimo. No sabia con exactitud donde era la ubicación exacta, pero si sabia que era al oeste; puede que a unos tres o cuatro kilómetros de su posición. Se preguntaba cuanto tiempo tomo para que aquellas personas se percataran de su llegada, luego recordó al Hombre Mágico, era probable que el les halla alertado de su llegada, pero no estaba seguro, lo poco que recordaba del Hombre Mágico es que era un ser misterioso y retorcido, que jugaba con la mente de las personas poniéndole desafíos solo para, al final, darles una lección de vida.

Minutos después, Finn ya se hallaba caminando dirección oeste, con su espada descansando diagonalmente en su espalda y un par de dagas ocultas en sus tobillos y antebrazos por si encontraba algún peligro. Después de que BMO insistiera rotundamente en acompañarlo, Finn lo convenció en quedarse y, por si ocurría algo, disparara una bengala, la cual Finn no dejaría pasar y vería aun si estuviera a ocho kilómetros de la Casa del Árbol. No quería involucrar a la pequeña consola y que saliera herido por si ocurría lo peor, sabia que tenia que hacer esto solo, ya que tenia la fuerte sensación de que esto desvelaría muchas cosas.

Su espada pesaba mas de lo habitual, creía que se iba a liberar de su prisión de cuero y tela. Era una espada que abarcaba un misterio, Finn ya lo sabia desde que la tenia en sus manos, desde que había asesinado a ese hombre. Era de un color rojo oscuro, su Maestre se pregunto una vez que como era posible que esa espada fuera completamente de ese color cuando, normalmente, si se tiñe una espada, su aspecto queda como si alguien le hubiera vomitado encima, según su Maestre. Recordó haberla llevado ante Bill, el herrero de la Villa. Le dijo que era una espada muy peculiar; era de acero, un acero muy fino con una punta que hacia sangrar tu dedo si la tocabas con el, también había mencionado que, para ser una espada grande, su peso era idéntico al de un sable. En resumen, esa espada podría atravesar una montaña entera y seguir en funcionamiento, había explicado Bill al entregársela. Pero eso no lo hacia una espada misteriosa, sino la sensación que te da al tocarla; te da un escalofrió, al principio Finn la sientes fría y pesada. Una vez su Maestre la sostuvo y sintió algo que, según el, le heló la sangre.

Atravesó un bosque hasta llegar a un pequeño claro. Si su memoria no le fallaba (la cual no la hacia por lo general), ya había llegado a su destino; como había predicho solo habían sido unos cuatro kilómetros a caminata. Todavía no se escuchaba el cantar de las aves, el único sonido que lo acompañaba era el de la brisa. Todo esto resultaba bastante enigmático: habían invadido su casa solo para dejarle unas coordenadas y cuando llega al lugar especifico para saber el porque, no hay nadie esperándolo, o al menos eso era lo que pensaba hasta que escucho el sonido del viento cortarse.

Todo sucedió muy rápido, hace un momento se encontraba confundido al notar de que no había nadie, y al otro se encontraba en posición de estocada, amenazando con cortarle el cuello a su oponente con su propia arma.

El incomodo silencio reinaba el ambiente, solo el sonido de sus respiraciones acompañaba el lugar, su oponente encapuchado ni se inmuto, era como si estuviera acostumbrado a este tipo de cosas. Finn hundió mas la hoja del sable en señal de que su oponente levantaba lentamente la mano, Finn comprendió que iba a mostrar su verdadera identidad, así que dejo de hundir la hoja, pero sin apartar su posición por si el desconocido intentaba algo como ultimo recurso. El encapuchado dio un paso atrás, Finn dio uno hacia adelante por si intentaba algo, volvió a dar un paso atrás y Finn comprendió lo que quería hacer: quería llegar a la sombra, por una razón que Finn desconocía, pero tampoco le interesaba demasiado, solo quería saber quien era.

Llegaron hasta la sombra de un árbol, el desconocido comenzó a quitar su capucha sin prisa, como si tuviera todo el tiempo a su mano, pero Finn no era muy paciente y hundió mas la hoja del sable en la arteria; estaba seguro que le hizo una pequeña herida. El encapuchado soltó una pequeña risa, algo que a Finn le hizo dudar sobre su sexo hasta que se quito la capucha completamente. Era una mujer, el cabello lo tenia recogido y su piel era pálida, demasiado pálida, y Finn supo que era un vampiro, por las marcas en su cuello y la razón de la cual quería que se alejara del sol.

—Eres tu... En verdad eres tu, Finn. — pronuncio aquellas palabras con naturalidad. Finn dejo caer el sable, mirando fijamente a la chica, pero no de la sorpresa, sino porque, al momento de decir su nombre, se sintió mareado y cansado, y antes de perder el conocimiento, supo que la vampiresa le había clavado un dardo tranquilizante en el antebrazo.


Despertó somnoliento, se incorporo con algo de torpeza, ese sedante lo había noqueado de inmediato. Lo ultimo que recordaba era que la vampiresa lo había noqueado en aquel claro. Se preguntaba porque el suelo estaba tan frió, como si estuviera parado sobre hielo. El sitio donde se encontraba era frió, tanto así que deseaba tener algo para abrigarse. El mareo fue pasando y su cerebro comenzó a trabajar de manera normal, fue entonces cuando se dio cuenta de que toda la habitación era de hielo, eso explicaba porque hacia tanto frió. Encontró sus botas y sus armas puesta en una mesa, que también era hielo. ¿Donde estoy?, era lo único que cruzaba por su cabeza. Tenia que volver a la casa, BMO de seguro esta caminando de un lado para otro, preguntándose cuando llegara.

Por reacción, lanzo una de sus navajas cerca de la puerta, si hubiera ido siete centímetros mas a la derecha, eso le hubiera dolido a la vampiresa, pero no la mataría; según los libros de Criaturas Místicas, los vampiros pueden regenerar rápidamente todas las zonas de su cuerpo que resultaron heridas, pero este sistema de regeneración deja de funcionar al ser una herida mortal (como por ejemplo ser atravesado por una estaca de madera o tener contacto con la luz solar). La vampiresa seguía con una expresión indiferente, si se había sorprendido o asustado, no había nada que lo demostrase.

—¿Ya terminaste? — pregunto la vampiresa caminando hacia el. — Todos quieren verte.

—¿Todos? — estaba confundido, todavía no se había recuperado del todo. Una enorme sed lo invadió al ver el rostro de la vampiresa y, como si fuera cuestión de azar, pronuncio un nombre, no sabia si lo había dicho en voz alta o solo lo había pensado, pero eso no le importaba. —... Marceline.

La vampiresa quedo estática al escuchar su nombre, en su rostro se notaba la sorpresa y la felicidad que estaba experimentando. Había deseado que este momento sucediese desde que supo la noticia de su desaparición. Corrió a abrazarlo, Finn sintió como las lagrimas de felicidad de la vampiresa caían sobre su hombro, sin duda el también estaba feliz, feliz de haber recordado todo los momentos que había pasado con Marceline Abadeer, la Reina Vampiro.