Disclaimer:Vocaloid no me pertenece.
Rule of Rose.
Marzo, 1930.
i. The Little princess.
Capitulo uno: La chica desafortunada.
— ¿Qué es esto?
Las palabras salieron de los labios de Gumi en un susurro inquietante. No entendía la razón por la cual ese niño le pediría que le leyese un libro que estaba en blanco. El autobús se detuvo en ese momento, Gumi observo como el niño escapaba de su vista en ese instante, corriendo por un sendero que llevaba a quien sabe dónde.
No pudo evitar seguirlo.
— ¡Espera!
El grito salió de sus labios de forma inconsciente, no sabía porque, pero la necesidad de ir detrás de aquel niño se apodero de su cuerpo. Bajo del autobús, mirando aun no convencida aquel camino oscuro rodeado de árboles que se perdía entre las ramas. La silueta del niño se perdió en la oscuridad, el autobús cerró sus puertas a espaldas de Gumi y, sin tener más alternativa, camino con lentitud a través de aquel lugar decadente. Miro hacia los lados, pero no había nada a la vista, simplemente se encontraba en algún lugar de las montañas, sin saber dónde estaba o hacia qué lugar debería de ir.
Gumi centro su vista en el viejo libro degastado que le había dado el niño antes de huir, había algo escrito en la portada:
«The Little Princess »
Entonces, ella comenzó a pasar las páginas de aquel libro una vez más, en esta ocasión, una historia apareció:
«Hubo una vez una preciosa y pequeña niñita, su amiga, la Princesa de la Rosa Roja, siempre estaba a su lado. Cuando un día su mami y su papi murieron de repente, la princesa también desapareció, dejando a la niña toda sola. La pobre niña sola se dirigió a una extraña casa.»
Cerro el libro, no había nada más escrito en el. Aquella historia la hizo sentir confusa, no entendía, ¿quién le leería eso a un niño? ¿qué niño le gustaría que le leyesen aquello?
Oh, pobre Gumi, de repente, otra vez era una chica desafortunada que quedo totalmente sola.
Y así, es como comienza su historia.
Un cuento misterioso y horrible.
Sin embargo, la joven Gumi, no tenía más opción que rendirse ante el inquietante aprieto.
Oh, que chica más desafortunada.
Gumi camino hacia un letrero que se encontraba cerca de aquel camino oscuro, en este solo había una frase escrita:
"Parada de autobús: Orfanato Jardín de Rosas."
Sin tener ningún lugar más al cual ir, Gumi se adentró en la oscuridad que le esperaba en aquel camino.
Mientras la chica se acercaba a la señal, oyó un ladrido.
Le resulto extrañamente familiar, y sintió ganas de acercarse.
Gumi camino hasta que se encontró con dos caminos separados, en medio de estos, había un letrero, en este indicaba que si seguía por la izquierda, llegaría hasta el orfanato, sin embargo, faltaba la mitad del letrero que indicaba hacia donde llegaba el camino derecho. Pero por alguna razón, Gumi sintió que lo primero que debía de hacer era ir a por la derecha, unos ladridos que provenían de aquella parte del camino se le hacían extrañamente familiares, necesitaba ir y comprobar que era lo que ocurría con ello.
Camino, y camino, y camino, y camino. Recorrió aquel camino hasta que se encontró con un sucio granero abandonado. Este parecía estar en ruinas, como si en cualquier momento fuese a desmoronarse sobre cualquiera que decidiese entrar en él.
Se escuchaban ladridos débiles provenientes dentro de aquel granero, casi parecían sollozos desgarradores de algún cachorro que se encontraba solo en aquel oscuro lugar. Gumi se acercó a la puerta del granero, olvidándose por completo de lo poco seguro que este parecía. En la puerta había un candado grande y viejo, sin embargo, este no estaba cerrado; cuando entro, el lugar estaba prácticamente vacío. No había ningún cachorro moribundo.
Gumi se adentró aun así en aquel granero, intento buscar si el cachorro se había escondido en alguna esquina, sin embargo no había nada. Nada vivo al menos.
Miro todo una última vez, percatándose que cerca de una de las vigas que sostenía el techo del granero, había un collar viejo y sucio. Gumi se acercó y lo tomo, en aquel collar había un nombre.
—Qrow…
Sin embargo, había algo mas con ese collar; un papelito en el que citaba: "Tarjeta de embarque."
En aquel papel también había el dibujo de un pez.
Gumi no entendía porque, pero sintió que era necesario guardar aquellos objetos en la pequeña bolsa que llevaba con ella.
En ese momento unas risas se escuchó fuera del granero, eran las risas de unos niños.
Cuando salió, ¡estaba ahí! ¡él niño del autobús!
Gumi corrió detrás de él, a través de aquel camino que parecía envolverse en la oscuridad. Él niño corría con rapidez y el vestido que Gumi usaba en ese momento le impedía moverse lo suficientemente rápido como para alcanzarle. El niño tomo el camino que dirigía al orfanato, este subía por la colina y parecía ser tragado por la luz de la luna que brillaba en esplendor.
Gumi corrió, corrió, corrió, corrió y corrió; tanto que sus pies se cansaron, pero al final, logro llegar a la puerta delantera de lo que supuso seria el orfanato.
Siguió al niño por la carretera,
A una vieja y enorme mansión.
Por alguna razón, este lugar le resultaba familiar a la chica desafortunada.
Gumi se acercó al gran portón de entrada que protegía al orfanato, sin embargo, mientras más se acercaba, logro percatarse de dos cosas:
Primero, la puerta estaba cerrada y era completamente imposible forzar la entrada o siquiera saltar dicha verja.
Segundo, había dos chicas. Oh, pero no eran chicas peculiares, por supuesto que no. Una de ellas era más alta que la otra, sin embargo, no eran chicas como cualquier otra, no. Estas tenían bolsas de papel con dos agujeros que simulaba los ojos sobre sus cabezas, en sus manos había tablones de madera con los cuales golpeaban un saco abultado que se encontraba en el suelo.
El saco emitía gemidos de dolor, y desde la puerta que daba entrada a la mansión, se encontraba aquel niño. Lo observaba todo como si esto fuese nada, y entonces cerro la gran puerta de madera y las chicas siguieron golpeando a lo que fuese que hubiera en aquel saco.
Unos niños con bolsas en la cabeza están golpeando algo con un palo.
La chica desafortunada sintió miedo y se alejó de la puerta.
Gumi retrocedió dos pasos mientras sus manos se apretaban en puños que clavaban sus uñas en su piel, su cuerpo temblaba de temor y sus dientes mordían su labio inferior tratando de no hacer ruido. Se alejó de aquella veja, corrió a su izquierda, tratando de encontrar alguna otra entrada que le permitiese adentrarse en aquella mansión para buscar a aquel niño que no lograba escapar de su mente.
Camino y camino hasta que se encontró con un camino vallado, prácticamente había logrado rodear el orfanato y consiguió llegar a una entrada trasera para colarse.
Sin embargo, junto a aquella puerta de madera había un letrero con una pequeña entrada por debajo, este citaba: "No se permite la entrada sin pase."
Gumi no lograba entender, ¿a qué se refería con ello? No tenía sentido.
Sin embargo, recordó aquel extraño boleto con el pez dibujado en él, no estaba segura, pero creyó que quizá era aquello lo que debía de entregar en esa puerta.
Saco la tarjeta de embarque con el dibujo del pez de su bolso, lo metió dentro de aquella pequeña entrada debajo del letrero y casi en ese mismo instante, la puerta de madera que le daba la posibilidad de adentrarse en la mansión se abrió ante ella.
Escucho los pasos de alguien corriendo en aquel mismo momento.
Gumi se sintió insegura por unos momentos, no sabía si estaba bien el adentrarse en aquel sitio. Sin embargo, algo en su cabeza parecía indicarle que todas sus respuestas serian halladas si enraba a aquel lugar. Gumi inhalo y exhalo aire, dándose valor a sí misma para entrar de una vez.
Incluso adentro de aquel sitio todo seguía siendo muy oscuro, camino con pasos tentados intentando evitar chocar con algo. Al acercarse a una puerta, noto que en la pared había un gran dibujo con palabras mal escritas sobre él.
"La leyenda del perro callejero."
El perro callejero nos da caramelos.
Y al lado de estas dos simples frases había un dibujo de un perro grande con filosos dientes que devoraba dulces sin parar.
— ¿Qué es esto?
Las palabras salieron en un murmullo de los labios de Gumi. Ella se encontraba confundida, no sabía que era lo que pasaba, tenía miedo y quería irse, pero por alguna razón también sentía que debía quedarse aquí.
Era todo tan confuso.
Se acercó a la puerta que había a un lado, esta se encontraba cerrada.
Siguió caminando por donde creía que lograría llegar a la entrada principal, en el camino se encontró con grandes jaulas apiladas.
—¿Había animales aquí?
Pregunto para ella misma, sin embargo se olvidó rápidamente de eso y continuo su camino.
Al final, logro llegar a la puerta delantera, sin embargo ya no se encontraban aquellas extrañas chicas que habían golpeado al saco.
Pero el saco seguía ahí.
Este comenzó a moverse, con dificultad. Adentrándose con lentitud en la mansión.
Gumi se acercó dubitativa a la entrada, cerca de esta había manchas de sangre fresca. Sintió las arcadas crecer en su boca y con mucho esfuerzo, cubriéndose con una de sus manos para evitar vomitar, logro llegar al fin a la puerta principal de entrada al orfanato.
Y era tan jodidamente irónico, como si fuese una maldita broma.
En aquella puerta había un sucio pedazo de papel que decía: Entrada por aquí.
Casi sintió ganas de reír.
Sin embargo termino abriendo la puerta y se adentró en el pasillo.
Dentro de aquella mansión todo era casi igual de oscuro que el exterior, Gumi tuvo que entrecerrar sus ojos unos momentos mientras se acostumbraba a la nueva oscuridad. Miro hacia todos lados con temor y desconfianza, sin saber que hacer o a donde dirigirse. Escucho un fuerte golpe a su espalda, la puerta había sido cerrada. Intento abrirla, pero nada funcionaba. No podía escapar ahora de aquel lugar.
¿Por qué mierda se había adentrado a aquel sitio?
Era tan idiota.
Escucho unas risas llenas de burla que provenían de algún lugar.
Sin ninguna otra opción, Gumi se adentró en la mansión. Rápidamente sus ojos captaron a una niño que corrió rápidamente escaleras arriba, como si la invitara a seguirle. ¿Qué estaba pasando aquí?
La chica desafortunada sentía la frialdad de muchas miradas.
Pero estaba completamente sola.
Gumi corrió escaleras arriba, tratando de alcanzar al niño que se alejaba cada vez más, este termino adentrándose en una habitación y cerrando la puerta detrás de él antes de que ella pudiese siquiera alcanzarlo.
Nuevamente se escucharon risas que se burlaban de ella.
Se adentró en aquella habitación por la cual el niño había escapado, sin embargo su sorpresa fue grande al saber que la puerta no enviaba a ninguna habitación, sino a un pasillo diferente. En este pasillo al final había una gran ventana y dos puertas, una frente a la otra. Abrió la puerta de la derecha, pero no había nada ni nadie en él, entonces decidió ir a por el de la izquierda.
Aquella habitación era una sala mugrienta.
En medio de esta había una gran viga que sostenía el techo, y, amarrado a esta viga, había un muñeco sucio y feo.
Notas del autor.
Han pasado dos años desde que publique el prólogo de esta historia, y hoy, 28 de diciembre de 2016, en el día de los inocentes, yo, Selt, he logrado terminar este cap.
EN TU CARA FERSI, LO LOGRE.
Ahora, espero que les haya gustado, juro que intentare actualizarlo lo más pronto posible xD
Bueno, nos leemos.
