SEXO Y AMOR
CAPÍTULO 2
Cerró la puerta de su habitacion con fuerza, lo que produjo un estruendo que hizo eco por un par de segundos. Corrió hasta la cama y se lanzó sobre ella sin siquiera quitarse la ropa y los zapatos. Se precipito sobre ella, con la almohada en la cara.
Su cuerpo temblaba involuntariamente, por lo que apenas y pudo sujetar bien la sabana con la que pretendía cubrirse.
Tenia miedo.
Desde el momento en que salió del prostíbulo, se apresuró a subirse al primer taxi que encontró en medio de la calle, sin importarle si era uno de confianza, y no uno que perteneciera a algún posible ladron. Ya había tenido ciertos percanses con la seguridad en las noches. Sobretodo por ser un barrio donde solían frecuentar los mercaderes de droga ilegal.
Pero no le tomo importancia en ese momento. Simplemente quería irse de ahí.
Estaba seguro de que ese tipo, quien lo había forzado, estaba muerto. El golpe que le dio fue tan duro, que sintió la fuerza con la que le rompió la botella en la cabeza. Incluso podria jurar que vió un poco de sangre saliendo de la herida y empapando la negra cabellera.
Estrujó con fuerza desmedida, la suave tela que era el único confort que tenia en su solitario departamento. La noche estaba demasiado oscura como para tomarse un baño o por lo menos ponerse ropa cómoda para dormir.
Estaba siendo ingenuo, después de aquello estaba seguro de que no volvería a conciliar el sueño.
Su corazón no dejaba de palpitar con fuerza, por el miedo, por el riesgo que tuvo al cruzar la calle de afuera, por las imágenes de ese tipo medio moribundo.
Aún si éste trato de abusar de él, no quería imaginar que lo había matado. Eso seria lo peor que pudiera sucerderle. Seguro habría una investigación sobre el caso de: "el joven que fue hallado muerto en un prostíbulo". Y la gente podria decir que lo vieron saliendo correr de ahí. Quizás alguien lo vio cuando salia de esa habitacion y podria declarar en su contra una vez lo encontraran. Y si era verdad que lo había matado, lo llevarian preso de por vida, lo meterian en una inmunda celda con barras de acero. Comeria ratas en vez de su adorado Ramen, y si se portaba mal lo castigarian severamente.
Palideció entonces cuando comprendió que en ese lugar, de seguro habrían violadores y matones de toda clase.
—¡No quiero ir a la carcel! —chilló, sin poder contenerse, se abrazó a la almohada y se hizo un ovillo para dejar de sentir que el mundo se le venia encima.
Pasaron las horas y aún no podía dormir. Y no es como si lo hubiera intentado, su llanto había disminuido considerablemente. Pero no así su preocupación de sentirse un asesino y pagar su condena muy pronto. Tenia que hacer algo, no podía permanecer ahí, llorando pateticamente, y suplicando a cualquier deidad que lo auxiliara de algún modo.
Entonces se le ocurrió una idea. Tenia que salir de la ciudad y esconderse. Las probabilidades de que ese tipo estuviera ahora muerto, eran mas del cincuenta por ciento. Su única opción era tomar su maleta y meter todo lo que tuviera valor e importancia.
Cayó entonces en que, no podia ir con sus padres. Estos serian los primeros en hacerle preguntas sobre su repentina decisión de volver a vivir con ellos, cuando había sido precisamente él, quien les dijo que deseaba independizarse y vivir solo, y por su cuenta. Y no podía mentirle a sus padres. Siempre fue malo mintiendo, y estos se darian cuenta de inmediato. Era muy arriesgado...
Pensó entonces en su amigo de la secundaria. Él podria acogerlo, había escuchado que el también se independizó y que actualmente tenia un departamento. ¡Claro! ¡Tenia que irse a vivir con él!
Al menos hasta que todo el alboroto se terminara ó su amigo se hartara de él, y lo hechara a patadas de su casa. Ya conocía la personalidad de su mejor amigo. Pero, no contaban con su astucia, él también era astuto como un gato...
"Ahora seras mío. Gatito..."
—¡Santo Cielo!— se cubrió la orejas cuando creyó escuchar la voz de ultratumba de ese tipo llamado Sasuke. ¿Ahora iba a molestarlo desde el mas allá? . Se preguntó con lagrimas en los ojos.
Tomó toda la ropa que le seria útil. Era un viaje repentino, así que solo se llevaría una maleta y algunas joyas de valor que su madre le habia regalado en su cumpleaños. Casi llora cuando se entero de que el brazalete y el collar estaban hechos para una mujer. Pero le parecieron tan lindos a su madre, que no pudo mas que aceptar el regalo. Ahora que tenia lista la maleta, podía tomar el primer vuelo a Japón. Su país natal.
—Voy a extrañar esta pocilga—vió por ultima vez el departamento rentado en el que había vivido por casi tres años —Adios.
Y cerró la puerta.
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Mientras tanto, en otro lugar, una ambulancia llegaba, para estacionarse frente al hospital mas próximo con el que los paramedicos se encontraron. Primero se abrieron las puertas de par en par y salieron dos hombres uniformados, posteriormente una camilla con ruedas sobre la que estaba una persona inconciente.
—¿Que sucedió?— otro hombre, con gabacha blanca, preguntó a los dos hombres. Sus miradas serias, mientras corrian por el pasillo que los llevaría a la sala de operación.
—Golpe en la cabeza. Posible derrame.
Respondió el mas alto, quien sujetaba la bolsa de suero que le suministraban al joven.
—Llamen al Dr. Darnley. Que prepare todo para una sutura en el cráneo. Localicen a sus familiares, que ellos se encargen de notificar a la policia.
Uno de los hombres asintió y se marchó en medio del camino.
Primero llamaría a la familia del chico. Su identificación seguramente estaba entre sus pertenencias. Llegó pronto a la camioneta en donde estaba una bolsa negra con las pertenencias del joven que había sido herido. La chaqueta estaba ensangrentada y mojada. Empezó a hurgar en los bolsillos y solo encontró un celular y una libreta con varios números escritos en ella, seguramente eran de su familia y amigos.
También encontró una fotografía, donde estaba el herido posando con una mujer morena. Se parecían bastante.
Encontró algo irregular entre las pertenencias, una bolsa pequeña con una sustancia extraña.
—¿Sera droga?— se preguntó a si mismo. Ese chico no tenia la apariencia de alguien que se droga. Talvez estaba empezando. Debía guardarla en un lugar seguro para que la policia se encargara después.
Por ahora se comunicaria con los familiares.
Revisó visualmente la enorme cantidad de números que había en la libreta. Prácticamente estaba atiborrado de contactos.
Habían muchos numeros. No sabia exactamente a quien llamar. Entonces vio dos números apartados en el reverso de la tapa. Resaltados en la superficie. Dos nombres a un costado de cada número.
Itachi.
Sasuke.
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Naruto viajó con la mente llena de pensamientos. Tenia una nudo en el estomago que no lo dejaba en paz. Eso de huir de la ciudad para no asumir su responsabilidad por el cargo de asesinato, lo hacia sentir mal. Pero no iba a ir a la carcel. ¡No señor! Además... aquel tipo tenia la culpa, tenia que convencerse a si mismo, él fue quien se le abalanzó y lo sadomizó como si fuera una mujerzuela.
—Quizas me confundió con una...— susurró para si, pero negando de inmediato. ¡El era Naruto Uzumaki! ¡El varón mas sexy de la ciudad! ¡Fue una canallada que ese perverso tipo lo manoceara sin vergüenza alguna y que tratara de violarlo!
" Me llamo Sasuke, lindura"
Se sonrojó intensamente. Y después se llenó de una profunda ira.
Escuchar de nuevo esa voz lo hizo estremecer de una forma extraña. Como si muy en el fondo se encontrara arrepentido por lo que hizo. Negó con la cabeza. Dejaría las culpas para otro momento. Tenia que pensar bien las cosas. Empezaria su vida de nuevo en japon, visitaria a sus padres. Buscarla empleo y ¡zaz! se acabo.
Solo tenia que dejar que el tiempo siguiera su curso.
Vio por la ventanilla del avión, parpadeando lentamente, para luego cerrar los ojos.
Estaba exhausto, las fuertes emociones por las que tuvo que pasar lo tenían agotado, sin fuerzas, y ya que se quedo toda la noche pensando en como escapar del problema tenia que dormir aunque sea un poco para recargar energia, lo necesitaba.
Se acomodó en el respaldo del asiento, suspirando agobiado.
Muy pronto estaría en casa.
Hace tantos años que no veía a sus padres. Los hechaba de menos. Sobretodo a su madre, quien pudo haberle gritado toda la vida, y sobre protegido sin cesar. Pero era su madre y la extrañaba. De igual modo a su padre, ese hombre amable que siempre le daba consejos que si funcionaban. Río, al mismo tiempo que bostezaba.
Se arrepintio de haberlos dejado solos. Pero ahora tenia otra oportunidad para pasar tiempo con ellos. Porque muy el fondo, sabia que ellos no estarían algún día.
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Cuando Naruto bajó del avión, tuvo un mal presentimiento. Su cuerpo evidenciaba nerviosismo. No sabia con certeza porque de pronto los latidos de su corazón empezaban a acelerarse.
Se dirigió rápido al lugar donde se debía recoger el equipaje.
Hizo cola por unos minutos, ya que las demás personas que fueron con él, en el avión, se vieron amontonadas para también recoger sus pertenencias.
Naruto no quería esperar, tenia la urgencia de irse de ahí lo antes posible. Cuando pasaron ya unos cuantos minutos, la cola fue disminuyendo y ya varias personas se habían ido.
Apenas vio como un hombre, de complexión gruesa y gesto serio le de tenía de un brazo.
—¿Que?— preguntó, desconcertado. Quiso soltarse del agarre, pero la fuerza con la que le sujetaba era tanta que empezaba a dolerle.
—Tendra que acompañarme.
—¿Pero que hice? !Suelteme! ¡yo no hice nada!—Forcejeo, utilizando ambas manos para alejar las manos del robusto hombre. Éste no lo solto por mas pataletas que hiciera el menor.
Las personas que estaban a su alrededor, se habían detenido para observar la escena. Todos preguntandose, que había hecho el chico rubio.
Naruto se vio arrastrado a otra dirección. Su mente seguía tratando de asimilar la situación. Sentía como si lo fuesen a meter a la carcel o llevarlo a un lugar de donde era improbable que saliera.
—¡Suelteme! ¡Yo no hice nada!—grito, esta vez pataleando y jalando sus manos que eran presas por los brazos fuertes.
—Quedas arrestado por homicidio.
Naruto abrió los ojos desmesuradamente. Los latidos de su corazon más su respiración parecieron detenerse. Sus manos fueron fuertemente jaladas por el policia y de pronto unas frías y metálicas esposas le rodearon las muñecas.
Entonces todo pareció distorcionarse. Las voces sonaban lejanas, su cuerpo se sintió ajeno. No había reparado en que, no había podido verle el rostro al oficial. Su rostro... !No podía ver!
Se sintió débil. Todo su entorno desapareció, dejando todo en completo mutismo. El silencio Naruto escuchara el sonido agitado de su respiración. Las manos que seguían apresandole seguían allí.
—Escuché que te gusta la fuerza bruta.
Esa voz le hizo levantar la cabeza, ahora siendo capaz de ver el rostro pálido del oficial. El pelo negro adornando el contorno. Se estremecio. El negro de sus pupilas clavadas en sus ojos le devolvió la imagen de alguien asustado, su propio reflejo. Una sonrisa burlona se formó en la cara del moreno.
—Por cierto—susurró en el oído del rubio, estremeciendolo— Me llamo Sasuke...
Su cuerpo se convulsionó. Sus ojos se abrieron de par en par, su respiración se volvió inestable. Volteo a ver a todos lados, e intento levantarse.
—¿Se siente bien, joven?
Volteo el rostro, cuando escucho la voz de mujer. Una cara desconocida que le veía con asombro, pero sobretodo preocupación. Al ver a su alrededor, la anciana mujer que le veía, el entorno de la que estaba rodeado, no le quedo mas duda.
Había tenido una pesadilla.
—No... no es nada. No se preocupe.—Sonrio forzadamente. Sentandose de nuevo en el asiento, viendo por el rabillo del ojo como la anciana asentia y sonreia al mismo tiempo. Giró su rostro para ver de nuevo por la ventanilla. La tonalidad naranja del cielo le confirmo que ya iba a amanecer. El solo brillaba en todo su esplendor.
Se sintió mortificado. Claramente estaba arrepentido por lo que hizo. Su subconciente lo estaba obligando, de alguna forma, a no huir como un cobarde. Tenia una excusa, si. Pero esperaba que a la larga ese sentimiento de culpabilidad, no se volviera en su contra.
A todos los pasajero con destino a japon, se les comunica que el avión esta a minutos de aterrizar. Favor de abrocharse sus cinturones de seguridad. Gracias.
Se humedecio los labios que los sentía resecos. Todavía quedaria el amargo recuerdo del día anterior.
Cuando el avión hubo aterrizado, inmediatamente se aseguró de no notar nada extraño en el entorno. Lo curioso fue que, se le hizo extraño ver a personas asiáticas, ya que se había acostumbrado a las personas con rasgos americanos. La palidez de la gente, los negros y pequeños ojos le confirmaron que estaba en japon. Lejos de ese mundo desconocido, del cual había escapado.
Cuando recogió su equipaje, salió de los establecimientos del aeropuerto. Ocasionalmente preguntaba donde quedaba esa o aquella dirección. Primero, porque ya había pasado tres años. Y bien pudieron cambiar varias cosas. Segundo, porque se daba cuenta de que japon estaba un poco mas modernizada. La moda de hoy consistía en grupos de banda pop y k-pop. Y eso hacia que los japoneses adquirieran ciertas manías americanas.
Tomó un taxi que se ofreció a llevarlo por dolares. No estuvo seguro si alguien aceptaria dinero de otro país, pero lo sorprendente fue que no fue así. Al primer hombre que preguntó, amablemente agarro su maleta y la puso en el maletero. Naruto se dijo que talvez lo confundio con un extranjero. Y no era algo por lo que debía sorprenderse. Ya que su rubio cabello y ojos azules le daban la apariencia europea, de la que muchos japoneses se maravillaban.
Primero le entrego la dirección en donde vivían sus padres. Todo el camino fue silencio. Naruto se mantuvo pensando. Que es lo que diría cuando llegara de improvisto a la casa de ellos. Le preguntarian muchas cosas, pero sobretodo le llenarian de besos y abrazos. Ya conocía lo emocionales que podrían ser sus padres. De ellos había heredado su facilidad de poder expresarse y entender a las personas. Por ello hizo muchos amigos en el pasado, a los que dejó para cumplir su sueño de conocer otros lugares y poder independizarse. Todavía recordaba el golpe que recibió en la cara cuando su amigo se enteró de que iba a irse de viaje. Fue lamentable para todos los que lo conocían, ya que su amigo solía tener una forma poco sana de acercarse a las personas. Por eso le ofreció su amistad, cuando lo vio solo en un rincón de la clase, garabateando una hoja de papel. Le dio la impresión de que al principio lo ignoro, luego le arrojo el papel en la cara y desde ese momento han tenido discusiones sobre lo mucho que le costo hacerse amigo de ese chico frio y carente de emociones. Pero el tiempo pasó y pudo atravesar esa capa de odio y desconfianza.
La ciudad estaba siendo remodelada. Habían mas edificios que casas, y todo ellos tenían mínimo cinco pisos. De vez en cuando veía convertibles, en los que estaban jóvenes, probablemente de su edad. Una rubia lo había visto, e hizo un ademan de saludo con la mano, para llamar su atención y que viera lo que haría a continuación.
Por un segundo, Naruto pensó que moriria desangrado cuando la rubia mujer se levanto de su asiento y se alzó la blusa, evidenciando el escote de su brasier, mas lo sinuoso de sus curvas. Se sonrojo y un hilo de baba salió de la comisura de sus labios. Entonces escucho risas amortiguados a través del vidrio, siendo espectador de como el convertible paraba de golpe y daba la vuelta hacia otra dirección.
"Me ah visto irresistible. Si, eso es" pensó él, jactandose de su buen parecido. Obviamente la chica le había coqueteado.
De pronto fue atacado por sensaciones extrañas. Primero se sintió nervioso porque ya casi faltaba solo unas cuantas cuadras para llegar. Medito entonces en que diría primero. Un saludo, un abrazo. Una regañada de parte de Kushina. Un fuerte abrazo de su padre. Una broma de su parte. Y una breve explicación de su repentina visita. Si, eso haría. O mejor dicho, eso es lo que pasaría.
Varios recuerdos lo golpearon al verse de nuevo frente a la casa de dos pisos. Con un árbol cuyas ramas se salian de la parte trasera, seguramente del jardin. Las mismas ventanas en rombos, las macetas llenas de Flores que solía cuidar su madre. Sus ojos se humedecieron cuando vio mas detalladamente el sitio de donde muchas veces solían pararse sus padres para despedirse de él cuando tuvo que ir a la escuela, la secundaria, la preparatoria y finalmente, a Estados Unidos.
Tragando saliva, se apresuro a ir para tocar la puerta y darles una sorpresa. Levanto su brazo para tocar la puerta, pero ésta se abrió sin siquiera haberla rozado. Espero a que se abriera completamente para ver si se trataba de su papá o su mamá.
La sonrisa que estuvo por formarse, se estanco inevitablemente. Sus ojos se llenaron de confusión, cuando una persona desconocida lo escudriñó con la mirada.
—¿Si? ¿Puedo ayudarte?
Naruto se abstuvo de preguntar quien era y que hacia en la casa de sus padres, en cambio pregunto por ellos.
— ¡Oh! ¿Te refieres a los señores Namikaze? — preguntó el hombre mayor, queriendo confirmar sus sospechas. Naruto asintió — Justamente acaban de salir. Seguro llegarán en una o media hora. ¿Puedo saber quien los busca?
Naruto sonrió.
— Soy su hijo. Me llamo...
—¿¡Naruto!? ¿¡Eres Naruto!?— interrumpió al menor. Su voz había sonado perpleja. Tenia la cara anonadada, su boca estaba a punto de formar una sonrisa.
—Em... si. Lo conozco?— preguntó el rubio, sintiendose ajeno al comportamiento del hombre que estaba seguro tenia la misma edad que sus padres. —¿Usted es...?
—Oh, perdona. Es que, la emoción.—se excuso el hombre, arrepentido por dejarse llevar. Se aclaro la garganta.—Soy amigo de tus padres. Mi nombre es Nagato.
—¿Acaso me conoce, señor Nagato?—cuestiono al pelirrojo, quien ya hacia ademan de dejarlo pasar.
—Por supuesto. A parte de las fotografias y grabaciones que me mostró tu madre. También tuvimos conversaciones sobre ti. Tus padres se podrán muy felices.
—Oh, ya veo.—entendio Naruto.—Y usted de que conoce a mis padres?—pregunto, luego de que entrara a la vivienda. Había un olor extraño que provenia de algún lugar.
Nagato le insto a que tomara asiento en uno de los sillones de la sala. Naruto obedecio al instante.
—Es muy largo de contar—empezó la conversación. Tomó una revista que estaba sobre la mesita de vidrio, a un costado habia una jarra con jugo de fresa—Aunque, primero quisiera saber porque no les dijiste a tus padres que llegabas hoy.
Le extendió el vaso al menor, quien lo sostuvo, agradecido.
—Queria que fuera una sorpresa —mintio, tomando un sorbo del vaso.— Por cierto, ¿como están mis padres?
Nagato se entretuvo con la cucharilla de plata que le sirvió para agregar azúcar a su jugo.
—¿Mas azúcar? —ofrecio al blondo, quien negó con la mano. Nagato termino de girar el liquido, después tomó un sorbo manteniendo los ojos cerrados. —Mmm, delicioso.
Naruto se aclaro la garganta.
—Oh, disculpa. Tu pregunta, cierto. —entendio la indirecta de Naruto, quien sonrió nervioso. Sentía el ambiente algo tenso.— Primero debo disculparme.
—¿Que? ¿porque?— Naruto preguntó, desconcertado. Dejó de lado su bebida.
—No soy amigos de tus padres—dijo después de darle otro sorbo a su jugo. Ahora Nagato tenia sus ojos fijamente clavados en la revista que habia tomado antes. Sonrio—Soy tu tío.
—¿!Que!?
CONTINUARA.
Gracias por leer.
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Nos leemos.
