Bienvenidos al segundo capítulo de esta historia.

Ningún personaje de Percy Jackson está bajo mi poder.

Eso le pertenece Riordan.


Capítulo 2: The Scientist

Tuve sueños muy raros, llenos de animales de granja. La mayoría de ellos quería matarme; el resto quería comida.

También tuve sueños en donde todo se había ido al diablo. La gente que amaba había sido asesinada y yo me estaba muriendo de a poco.

Ahora recuerdo. Caos me dijo que había una forma de evitar que todo esto sucediese de nuevo. Enviándome de nuevo en el tiempo. Con algunas ventajas a mi favor.

Me levanto despacio de donde estoy recostado. Apreciando cautelosamente lo que hay a mi alrededor. Camas depositadas a determinadas distancias, el olor a remedios, algunos depósitos de néctar y ambrosia. Me doy cuenta de donde me hallo, pues muchas veces en mi juventud, o mejor dicho mi antigua vida, he terminado aquí luego de recibir heridas.

Al lado de mi cama se encuentra ella. Junto toda la fuerza de voluntad para no liberar a Susanoo y cercenar sus miembros uno a uno. Con su cabello rubio y ojos grises, como los de Atenea, pero menos agradables. Luciendo una sonrisa falsa, simulando ser como un ángel bondadoso.

Pero luego recuerdo que Lucifer también fue un ángel, hasta que su codicia lo llevo por mal camino.

Realmente esta niña delante mío debe de agradecerle a Caos que no estoy separando su cabeza de su cuerpo en este mismo instante.

Tras haberme perdido en mi diatriba mental, me doy cuenta que ella ha estado dándome de comer ese insulso pudin. Y dentro de unos segundos va a comenzar a realizar sus estúpidas preguntas.

-Qué va a pasar en el solsticio de verano? - me preguntó al verme con los ojos abiertos.

-Qué? – mascullé, simulando ser un ignorante de lo que sucede.

Miró alrededor, como si temiera que alguien la oyera. En lo cual tiene suerte, porque si no, hubiese simulado que me estaba tratando de asfixiar con una almohada o algo por el estilo. Con tal de sacármela de encima.

-Qué está pasando? Qué es lo que han robado? Sólo tenemos unas semanas! – me preguntaba, como si ella no lo supiese, si su noviecito lo había hecho sucia perra.

-Lo siento, no sé…- murmuré, tratando de parecer lo más perdido posible con tal de que deje de hacer preguntas estúpidas y se largue mientras pueda.

Alguien llamó a la puerta, y la muy idiota me llenó la boca rápidamente de pudin. Haciendo que casi me ahogue, como si no fuese suficiente con mi enfermedad.

Cansado de todo lo que sucedió estas últimas horas, decido recostarme y tratar de dormir un poco más. Acariciando mi pecho, recordando que, aunque los síntomas hayan disminuido, aún me sigo muriendo lentamente.


La siguiente vez que desperté, Chase se había ido. Lo cual era para su propio bien, aunque ella no lo supiese.

Argos, con su aspecto de surfista, estaba de pie en una esquina de la habitación, vigilándome con todos sus ojos. Siempre me pregunté si Hera estaba pensando en alguna clase de fetiche cuando lo dejó aquí.

Cuando por fin recobré la conciencia plenamente, no había nada raro alrededor, salvo que era más bonito de lo normal. Estaba sentado en una tumbona en un espacioso porche, contemplando un prado de verdes colinas. La brisa olía a fresas, que plantaban Katie y sus hermanas, en conjunto con Pollux y Castor. Tenía una manta encima de las piernas y una almohada detrás de la cabeza. Todo aquello estaba muy bien, pero sentía la boca como si un escorpión hubiera anidado en ella. Tenía la lengua seca y estropajosa y me dolían los dientes. Y encima, todavía tenía un ligero gusto metálico por la sangre que había escupido desde mis pulmones.

En la mesa a mi lado había un poco de néctar, en un vaso con sombrillita y unos hielos. No me había acordado que la primera vez tenía la mano tan débil que el vaso casi se me cae cuando por fin conseguí rodearlo con los dedos. Diablos! Realmente lo necesito en este momento.

—Cuidado —dijo una antigua voz familiar, la cual casi hace que empiece a sollozar.

Grover estaba recostado contra la barandilla del porche, con aspecto de no haber dormido en una semana. Debajo del brazo llevaba una caja de zapatos. El cuerno de ese Minotauro de mierda. Por su culpa mi madre ahora se encuentra de vacaciones con Hades y Perséfone.

Grover, quien la última vez que lo vi, fue cuando Tartarus estaba ejecutando tanto semidioses como sátiros, ninfas, náyades y dríadas. Grover estaba en la línea directa de la espada del primordial.

Recordando la línea de tiempo anterior, se lo que él está por decir ahora.

-Me has salvado la vida. Y yo… bueno, lo mínimo que podía hacer era… volver a la colina y recoger esto. Pensé que querrías conservarlo- me dijo mientras se movía de manera asustadiza.

Dejó la caja de zapatos en mi regazo con gran reverencia. Lo cual tuve que tratar de no esbozar una sonrisa ante como actuaria si supiese que ahora soy un dios encubierto.

-El Minotauro…- dije, recordando lo que dije la última vez.

-No pronuncies su nombre, Percy…-

-Así es como lo llaman en los mitos griegos, verdad? El Minotauro. Mitad hombre, mitad toro. El hijo de Pasifae.

Grover se removió incómodo en su lugar.

-Has estado inconsciente dos días. Qué recuerdas? - eso depende mi querido amigo cabra, dos días tuyos o míos? Elijo por los de él-

-Dime qué sabes de mi madre. De verdad ella ha…? – sido secuestrada por el padre de mi primo que aún está atrapado en el hotel Lotus en esta línea temporal.

Grover bajó la cabeza. Sabía que él creía que tenía la culpa por lo sucedido, pero si antes no me enojé con él, tampoco lo haré ahora.

Yo volví a contemplar el prado. Había arboledas, un arroyo serpenteante y hectáreas de campos de fresas que se extendían bajo el cielo azul. El valle estaba rodeado de colinas ondulantes, la más alta de las cuales, justo enfrente de nosotros, era la que tenía a mi amada Thalia en la cumbre. Incluso en su forma como un pino era bella a la luz del día. Nunca debió sufrir ese destino, ninguna de ellas.

Pero Caos me dio otra oportunidad, una que no desperdiciaré.

-Lo siento. Soy un fracaso. Soy… soy el peor sátiro del mundo- okey, puede que seas un llorón, un quejoso, que no te guste pelear, pero definitivamente si tienes las pelotas para hacerle frente a un primordial sabiendo que ibas a perder, no eres el peor sátiro del mundo.

Gimió y pateó tan fuerte el suelo que se le salió el pie, bueno, la zapatilla Converse: el interior estaba relleno de plástico con burbujas de aire, salvo el hueco para la pezuña. Lo cual siempre me pareció raro, supuestamente vi hace unos días al Minotauro y el sigue fingiendo poder usar zapatillas.

Oh, Styx! - Rezongo.

Un trueno retumbó en el cielo despejado. Zeus, eras, eres y serás siempre la reina del drama.

Grover seguía sollozando, parecía estar esperando un castigo.

-No ha sido culpa tuya - le dije suavemente para que se tranquilice.

-Sí, sí que lo ha sido. Se suponía que yo tenía que protegerte- oh rayos! Comenzó otra vez con lo sucedido con Thalia.

-Te pidió mi madre que me protegieras? -

-No, pero es mi trabajo. Soy un guardián. Al menos… lo era- y lo seguirá siendo mi amigo cabra.

-No te preocupes, ya te he dicho que no era tu culpa- dije cuando de repente me sentí mareado, la vista se me nubló y mi pecho empezó a dar punzadas ligeras de dolor.

-No te esfuerces más de la cuenta. Toma- dijo mientras me acercaba el vaso con néctar.

Me ayudó a sostener el vaso y me puso la pajita en la boca. Disfrutando el sabor de las galletas de mi madre que hace años no probaba.

Antes de darme cuenta había vaciado el vaso.

-Estaba bueno? - preguntó Grover.

-Sí- fue mi única respuesta.

Suspiró.

-Y cómo te sientes? – preguntó con un tono preocupado.

-Podría arrojar a Bobofit a cien metros de distancia- o descuartizar a Chase pude haber dicho, pero le habría provocado un infarto a Grover.

-Eso está muy bien. Pero no debes arriesgarte a beber más-

-Qué quieres decir? – sabiendo perfectamente su respuesta.

Me retiró el vaso con cuidado, como si fuera a explotar, bueno al menos él, y lo dejó de nuevo en la mesa.

-Vamos. Quirón y el señor D están esperándote- yupi, no sabes cuánto quiero ver al idiota alcohólico.

Pasando los distintos aspectos que ilustraban al Campamente Mestizo, llegamos finalmente a Casa Grande.

Al final del porche había dos hombres sentados a una mesa jugando a las cartas. La perra traidora y asesina que había tratado de matarme con el pudin.

-Ese es el señor D, el director del campamento. Sé cortés. La chica es Annabeth Chase; sólo es campista, pero lleva más tiempo aquí que ningún otro. Y ya conoces a Quirón.

-Señor Brunner! – exclamé, fingiendo sorpresa.

Quirón se volvió y me sonrió. Sus ojos tenían el brillo travieso que tanto extrañaba.

-Ah, Percy, qué bien. Ya somos cuatro para el pinacle- dijo felizmente a lo cual me ofreció una silla a la derecha de Dionisio, que me miró con los ojos inyectados en sangre y soltó un resoplido. Idiota.

-Bueno, supongo que tendré que decirlo: bienvenido al Campamento Mestizo. Ya está. Ahora no esperes que me alegre de verte- yo no, realmente esperaba que el viaje te hubiese atomizado de alguna manera, pero supongo que fueron meras ilusiones mías.

-Vaya, gracias- cabrón que no puede recordar un nombre, aunque le paguen.

-Annabeth cuidó de ti mientras estabas enfermo, Percy. Annabeth, querida, por qué no vas a ver si está lista la litera de Percy? De momento lo pondremos en la cabaña once- genial, voy a tener que evitar asfixiar con una almohada a Castellán en la noche también.

-Claro, Quirón -contestó.

Echó un vistazo al cuerno de minotauro y me miró a los ojos. Y dijo:

-Cuando duermes babeas- realmente es una puta acosadora desde chica, me provoca escalofríos con solo pensar en que otras cosas a estado espiándome.

Y salió corriendo hacia el campo.

-Bueno, trabaja aquí, señor Brunner? – digo manteniendo arriba la máscara de niño perdido.

-No soy el señor Brunner. Me temo que no era más que un seudónimo. Puedes llamarme Quirón- dijo regalándome una sonrisa paternal.

-Vale. Y el señor D…? La D significa algo? – digo recordando lo que pasó la última vez.

Dionisio dejó de barajar los naipes y me miró como si yo acabara de decir una grosería.

—Jovencito, los nombres son poderosos. No se va por ahí usándolos sin motivo- pfff…, como si no lo supiese a esta altura.

-Lo siento- trato de sonar acongojado.

-Debo decir, Percy, que me alegro de verte sano y salvo. Hacía mucho tiempo que no hacía una visita a domicilio a un campista potencial. Detestaba la idea de haber perdido el tiempo- interrumpió Quirón.

-Visita a domicilio? -

-Mi año en la academia Yancy, para instruirte. Obviamente tenemos sátiros en la mayoría de las escuelas, para estar alerta, pero Grover me avisó en cuanto te conoció. Presentía que en ti había algo especial, así que decidí subir al norte. Convencí al otro profesor de latín de que… bueno, de que pidiera una baja- vaya forma sutil de decir que le engañaste con un viaje de ida a Roma.

-Fue a Yancy sólo para enseñarme a mí? - pregunté.

Quirón asintió.

-Francamente, al principio no estaba muy seguro de ti. Nos pusimos en contacto con tu madre, le hicimos saber que estábamos vigilándote por si te mostrabas preparado para el Campamento Mestizo. Pero todavía te quedaba mucho por aprender. No obstante, has llegado aquí vivo, y ésa es siempre la primera prueba a superar- claro, porque nunca les dice que para llegar aquí tienen que ser perseguidos que un monstruo.

-Grover, vas a jugar o no? – preguntó el borrachín.

-Sí, señor! -

-Supongo que sabes jugar al pinacle- me preguntó mientras me miraba con recelo.

-Sí, se jugar- respondí esta vez, pues le haré comerse su actitud de principito.

-Sí, se jugar señor- puntualizó él.

-Señor —repetí solo para no ofender su enorme orgullo.

-Bueno, junto con la lucha de gladiadores y Pac-man, es uno de los mejores pasatiempos inventados por los humanos. Todos los jóvenes civilizados deberían saber jugarlo- comenzó a desvariar.

-Por favor, qué es este lugar? Qué estoy haciendo aquí? Señor Brun… Quirón, por qué fue a la academia Yancy sólo para enseñarme? – continué con mi papel de ignorante.

Dionisio resopló y dijo:

-Yo hice la misma pregunta- ni siquiera te pregunté borracho inmundo, en serio, por qué Tia te otorgó su lugar en el consejo?

El director del campamento repartía. Grover se estremecía cada vez que recibía una carta.

-Percy, es que tu madre no te contó nada? – preguntó el entrenador de héroes.

-Me dijo que le daba miedo enviarme aquí, aunque mi padre quería que lo hiciera. Dijo que en cuanto estuviera aquí, probablemente no podría marcharme. Quería tenerme cerca- expliqué recordando a mi madre cuando estuvimos ese día en la playa de Montauk.

-Lo típico. Así es como los matan. Jovencito, vas a apostar o no? – interrumpió el dios del vino

Aposte con tal de que mantenga su cloaca cerrada. Quizás no sea un traidor como Chase, pero tampoco debe tentar mi paciencia.

-Me temo que hay demasiado que contar. Diría que nuestra película de orientación habitual no será suficiente- repuso Quirón.

-Película de orientación? – pregunté, quizás esta vez sí vea esa película.

-Olvídalo. Bueno, Percy, sabes que tu amigo Grover es un sátiro y también sabes que has matado al Minotauro. Y ésa no es una gesta menor, muchacho. Lo que puede que no sepas es que grandes poderes actúan en tu vida. Los dioses, las fuerzas que tú llamas dioses griegos, están vivitos y coleando.

Aja, por favor dime algo nuevo.

De repente me acordé de lo que iba a pasar y volteé mis ojos en exasperación.

-Ah, matrimonio real! Mano! Mano! - Y rio mientras se apuntaba los puntos.

-Señor D, si no se la va a comer, ¿puedo quedarme su lata de Coca-Cola light? – preguntó Grover tímidamente.

-Eh? Ah, vale- Grover dio un buen mordisco a la lata vacía de aluminio y la masticó lastimeramente.

-Espere. Me está diciendo que existe los dioses?

-Si. Me refiero a seres extraordinarios que controlan las fuerzas de la naturaleza y los comportamientos humanos: los dioses inmortales del Olimpo. Es una cuestión menor.

-Menor? -

-Sí, bastante. Los dioses de los que hablábamos en la clase de latín-

- Athena, Poseidón, Artemisa, Hestia…Se refiere a ésos? – dije esta vez cambiando a mi padre y algunas de mis esposas, lo siento Dite.

Y allí estaba otra vez: un trueno lejano en un día sin nubes. En serio Zeus, deja de ser tan paranoico.

-Jovencito, yo de ti me plantearía en serio dejar de decir esos nombres tan a la ligera- metió la cuchara Dionisio.

-Pero yo no creo en los dioses- respondí manteniendo la fachada.

-Pues más te vale que empieces a creer. Antes de que alguno te calcine- inténtalo y tendrás dos piernas menos borracho incompetente.

-P… por favor, señor. Acaba de perder a su madre. Aún sigue conmocionado- intentó cooperar conmigo el chico cabra.

-Menuda suerte la mía. Ya es bastante malo estar confinado en este triste empleo, para encima tener que trabajar con chicos que ni siquiera creen! – se quejó el dios.

Hizo un ademán con la mano y apareció una copa en la mesa. La copa se llenó sola de vino tinto. Idiota, pensé.

-Señor D, sus restricciones- le recordó Quirón. El señor D miró el vino y fingió sorpresa.

-Madre mía. Es la costumbre! Perdón! - volvió a mover la mano, y la copa de vino se convirtió en una lata fresca de Coca-Cola light.

Suspiró resignado, abrió la lata y volvió a centrarse en sus cartas. Quirón me guiñó un ojo.

-El señor D ofendió a su padre hace algún tiempo, se encaprichó con una ninfa del bosque que había sido declarada de acceso prohibido.

-Una ninfa del bosque- repetí en un tono semi burlón.

-Sí. A Padre le encanta castigarme. La primera vez, prohibición. Horrible! Pasé diez años absolutamente espantosos! La segunda vez… bueno, la chica era una preciosidad, y no pude resistirme. La segunda vez me envió aquí. A la colina Mestiza. Un campamento de verano para mocosos como tú. "Será mejor influencia. Trabajarás con jóvenes en lugar de despedazarlos", me dijo- comenzó a lloriquear.

- Quizás si hubiese obedecido a su rey, no estaría estancado aquí con mocosos como yo, o no? – dije, esperando a ver cuál era su reacción.

Me miró directamente a los ojos, intentando repetir lo que me hizo la primera vez, excepto que esta vez puse una barrera mental con una fracción de mi poder divino. En la cual choco estrepitosamente.

- Quieres comprobar mi poder, niño? - preguntó frunciendo el ceño.

-Haz lo que quieras, pero a quien sea mi padre no le gustará nada- le dije desafiante.

El fuego se atenuó un poco y él volvió a la partida.

-Me parece que he ganado- dijo.

-Un momento, señor D. El juego es para mí- dijo Quirón mostrando una escalera.

-Pues lamento interrumpir sus fantasías de ganadores, pero creo yo he ganado el juego- digo mostrando mis cartas, con tal de molestar al obeso dios.

Dionisio tan solo se levantó, y Grover lo imitó.

-Estoy cansado- Creo que voy a echarme una siestecita antes de la fiesta de esta noche. Pero primero, Grover, tendremos que hablar otra vez de tus fallos- comentó el dios.

La cara de Grover se perló de sudor.

-S-sí, señor-

El señor D se volvió hacia mí.

-Cabaña once, Percy Jackson. Y ojo con tus modales- seguro gordinflón.

Se metió en la casa, seguido de un tristísimo Grover.

-Estará bien Grover? -le pregunté a Quirón, que asintió, aunque parecía algo preocupado.

-El bueno de Dionisio no está loco de verdad. Es sólo que detesta su trabajo. Lo han… bueno, castigado, supongo que dirías tú, y no soporta tener que esperar un siglo más para que le permitan volver al Olimpo- me explicó por segunda vez.

-El monte Olimpo. Me está diciendo que realmente hay un palacio allí arriba? – pregunté poniendo cara de asombrado, creo que a esta altura, Caos debería haberme hecho dios del teatro también.

-Veamos, está el monte Olimpo en Grecia. Y está el hogar de los dioses, el punto de convergencia de sus poderes, que de hecho antes estaba en el monte Olimpo. Se le sigue llamando monte Olimpo por respeto a las tradiciones, pero el palacio se mueve, Percy, como los dioses-

-Quiere decir que los dioses griegos están aquí? En… Estados Unidos? – fingí estar impresionado ante esta revelación.

-Desde luego. Los dioses se mueven con el corazón de Occidente-

-O sea, quieres decirme que, avanzando en el tiempo, los dioses se iban moviendo a los puntos más influyentes de la civilización? – pregunté esta vez, haciendo que Quirón abra sus ojos enormemente ante mi cuestión.

-Exacto Percy! En todas las naciones predominantes en los últimos tres mil años puedes verlos en cuadros, en estatuas, en los edificios más importantes. Y sí, Percy, por supuesto que están ahora en tus Estados Unidos. Mira vuestro símbolo, el águila de Zeus. Mira la estatua de Prometeo en el Rockefeller Center, las fachadas griegas de los edificios de tu gobierno en Washington. Te reto a que encuentres una ciudad estadounidense en la que los Olímpicos no estén vistosamente representados en múltiples lugares. Guste o no guste (y créeme, te aseguro que tampoco demasiada gente apreciaba a Roma), Estados Unidos es ahora el corazón de la llama, el gran poder de Occidente. Así que el Olimpo está aquí. Y por tanto también nosotros- explicó mientras movía sus brazos en un trance.

-Entonces al final, solo somos una gota más en el mar de la historia? – le pregunto, descolocándolo ante mi enfoque de pensamiento.

-Bueno, ésa es la pregunta que todos queremos que nos respondan, verdad? Pero ahora deberíamos buscarte una litera en la cabaña once. Tienes nuevos amigos que conocer, mañana podremos seguir con más lecciones. Además, esta noche vamos a preparar junto a la hoguera bocadillos de galleta, chocolate y malvaviscos, y a mí me pierde el chocolate.

Y entonces se levantó de su silla de ruedas, liberándose así de su farsa de paralítico con mezcla de cafetera andante.

-Qué alivio! Llevaba tanto tiempo ahí dentro que se me habían dormido las pezuñas. Bueno, venga, Percy Jackson. Vamos a conocer a los demás campistas- dijo por segunda vez en mi vida, solo para que mi cara forme una sonrisa esperanzadora, sabiendo que voy a volver a verla de nuevo, aunque sea una bienvenida no tan agradable, pero esta vez me encargaré de que sea mucho mejor.

Caminando al lado de Quirón, volvía a mirar con un aire de nostalgia al campamento. La última vez que había venido por aquí, fue una imagen muy deprimente, la falta de gente, los ánimos por el suelo y la constante paranoia no ayudaban mucho en esos tiempos.

Me volví para mirar la casa. Sé que el oráculo me estaba observando, tan solo desearía que fuese Rach en lugar de esa vieja momia la que me estuviese mirando.

Paseamos por los campos donde los campistas recogían fresas. Quirón me contó que el campamento producía una buena cosecha que exportaba a los restaurantes neoyorquinos y al monte Olimpo.

-Cubre nuestros gastos. Y las fresas casi no dan trabajo- aclaró el centauro.


-Quirón, si los dioses y el Olimpo y todo eso es real…- comencé a repetir una vez más la línea temporal para evitar molestias.

-Sí? -

-Significa que también es real el inframundo? – disparé, viendo como sus facciones se ensombrecían.

-Así es. Hay un lugar al que los espíritus van tras la muerte. Pero por ahora… hasta que sepamos más, te recomendaría que te olvidaras de ello- replicó, dándome a entender que no quería hablar más del tema, a lo cual se lo brindo, pues me estoy agotando de repetir todo de nuevo.

-Vamos, Percy. Visitaremos el bosque-

A medida que nos acercamos, reparé en la enorme vastedad del bosque. Mientras me contaba sobre cómo no había que ir más allá del límite y otras cosas más, a las cuales me negué a escuchar por segunda vez en mi vida. Si la primera había sido aburrida, esta habría matado directamente a Kronos.

Al final me enseñó las "cabañas" pertenecientes a los hijos de los olímpicos.

El número 9, la cabina de Hefestos, liderada por Charlie y luego por Leo; la 4, cabina de Deméter y dirigida por Katie; la 7, bañada en puro oro, era la de mi cuñado, Apolo.

En el centro de la zona estaba Hestia, junto a la hoguera, moviendo suavemente las brasas con su vara. Deteniéndome, debato entre acércame a ella e interactuar.

Luego de lo que parecía una década, decido acercarme a ella, dejando a Quirón abandonado. Lentamente me aproximo a Tia, solo para que mi mente empiece a jugarme una mala pasada.

-Percy! Volviste, mira quién te ha estado esperando toda la tarde- Tia aparecía por la entrada de su templo con una beba en sus brazos, y me daba un beso en los labios cuando la abrazaba a mi cuerpo.

-Hola Tia, hoy estás más hermosa que ayer mi amor. Y quién es esta pequeña intrusa que intenta tirar de mi pelo? – digo juguetonamente a la beba en mis brazos.

-Reah, no seas tan brusca con tu padre, o no te contará un cuento esta noche- le reprochaba Hestia a mi pequeña hija de cuatro meses.

-Así estamos en esas, no Reah? Y yo que traía un lindo peluche para ti a cambio de un beso- le decía a mi bebé mientras le mostraba el juguete con forma de burrito, a lo cual, cuando divisó, empezó a mover sus manitas para abrazarlo.

Hago caso omiso a los recuerdos y sigo avanzando hacia la hoguera, hasta llegar a ella. Haciendo que ella gire su cabeza y me mire curiosamente con sus hermosos ojos rojos como llamas danzantes. A lo cual respondo con una sonrisa, de esas que a ella tanto le gustaban.

-Ho-hola…- me dijo mientras agachaba su cabeza sonrojándose, lo cual me causó una suave risita.

-Hola! Mi nombre es Percy, y soy nuevo aquí- le digo sonriendo, solo para que su rubor empeore.

-Bienvenido Percy, espero que disfrutes el campamento- dijo con su suave vocecita, lo cual me hacía querer abrazarla.

-Gracias! Oye…quieres enseñarme el campamento? Digo si no es tanta molestia para ti- le pregunto con la esperanza de que acepte.

-Po-por qué quieres que te acompañe? Acaso Quirón no está haciendo eso? – me cuestionó.

-Sí, bueno, verás, te vi aquí tan sola que algo dentro de mí dijo que te pregunte y no te deje acá abandonada. Así que, que dices? – le digo, rogando a que se crea mi mentira piadosa.

-Umh…está bien, espero no ser una molestia- dijo en un susurro mientras empezaba a levantarse, solo para que yo alce sorpresivamente y la coloque sobre mis hombros, con sus piernas a los costados de mi cuello, y sus manitos en mi pelo.

-Genial! Ahora disfruta de una vista aérea mientras me muestras el lugar! – exclamo felizmente, solo para ser recibido por un atónito centauro por lo sucedido hace unos instantes.


-Y esa es la cabina número 5, perteneciente a los hijos de Ares- me explicaba diligentemente Tia.

Dentro vi un montón de chicos y chicas con cara de malos, echándose pulsos y peleándose mientras sonaba música rock a todo trapo.

Quien más ruido hacía era una chica de unos catorce años. Llevaba una camiseta talla XXL del Campamento Mestizo bajo una chaqueta de camuflaje. Ella era mi Clar, mi linda y fuerte esposa.

Me miró fijamente, y antes de que ella pudiese lanzar su carcajada malévola como la última vez, le sonreí tal como hice con Hestia. Solo para ganarme un ligero rubor en sus mejillas y desviar su mirada a otro lado.

-No se aburre? – pregunto repentinamente a Quirón.

-A qué te refieres Percy? – me preguntó curiosamente Hestia.

-Al hecho de ser un entrenador de héroes. Héroes que con el tiempo se desharán en historias, mientras usted continua aquí, viéndolos pasar uno a uno- digo tratando de dilucidar alguna respuesta del centauro.

Quirón pareció volverse de nuevo duro de oído. Por segunda vez en la misma línea del tiempo!

-Ah, mira. Annabeth nos espera- dijo mientras indicaba a Chase que se encontraba viendo un libro llamado "Arquitectura de la Antigua Grecia".

Si, con el tiempo Atenea me enseñó a leer, superando mi problema de dislexia, e incluso me enseño varios idiomas, como el francés o el alemán.

Cuando llegamos junto a ella, me repasó con mirada crítica, como si siguiera pensando en que babeaba cuando estaba durmiendo.

-Annabeth, tengo clase de arco para profesores a mediodía. Te encargas tú de Percy? – dijo Quirón

-Sí, señor- respondió con su petulante voz.

-Cabaña once. Estás en tu casa- me indicaba la cabina de Hermes, la cual parecía más a un centro de ayuda de la Cruz Roja que una cabaña.

Quirón no entró. La puerta era demasiado baja para él. Pero cuando los campistas lo vieron, todos se pusieron en pie y saludaron respetuosamente con una reverencia.

-Bueno, así pues…. Buena suerte, Percy. Te veo a la hora de la cena- y con eso se marchó al galope hacia el campo de tiro.

Me quedé en el umbral, mirando a los chicos. Los cuales me miraban curiosamente ya que llevaba a una niña en mis hombros.

-Y bien? Vamos- urgió la perra estúpida.

Avanzando con confianza, entre a la cabaña, esta vez sin tropezarme y sin dudar.

Annabeth anunció:

-Percy Jackson, te presento a la cabaña once-

-Normal o por determinar? - preguntó quién me pareció que era Connor Stoll.

-Por determinar- respondí yo esta vez, sin dejar tiempo a que la rubia hable.

Todo el mundo se quejó.

En una actitud de alta autoestima, Castellan se acercó.

-Bueno, campistas. Para eso estamos aquí. Bienvenido, Percy, puedes quedarte con ese hueco en el suelo, a ese lado- me indicaba mientras su cara llevaba una sonrisa desagradable para mi gusto.

-Éste es Luke. Es tu consejero por el momento- dijo Chase, con lo que esta vez pude confirmar que era un rubor en su cara.

-Muy bien, gracias por la información señorita- digo, tratando de sonar lo más amable posible, haciendo caso omiso ante la repentina sensación metálica en mi boca.

-Vamos. Te enseñaré la cancha de voleibol- intentó sacarme de aquí la rubia, a lo que esta vez aceptaré gustoso, con tal de no verle más la cara al idiota poseído y sacar de esta pocilga a Tia.

-Vamos- fue mi única respuesta, girando sobre mi eje y saliendo de la cabina.

-Jackson, tienes que esforzarte más- dijo Annabeth cuando nos separamos unos metros.

-A qué te refieres? – juro que estoy siendo lo más paciente posible con esta niña, pero si me cabrea una vez más la apuñalo aquí mismo.

Puso los ojos en blanco y murmuró entre dientes:

-Cómo pude creer que eras el elegido? Y quién es esa niña? - preguntó señalando a Hestia, a quien sentí tensarse ante la brusca sentencia.

-Una linda amiga mía…creí que ya la conocías? O era mentira eso de que has estado aquí mucho tiempo? – cuestionó en pleno conocimiento que he tocado los botones necesarios para molestarla.

-No hables así! - me increpó.

-Y por qué demonios tengo que meterme en la cabaña once? Por qué están todos tan apiñados? Está lleno de literas vacías en los otros sitios- señalé las primeras cabinas, y Chase palideció.

-No se elige la cabaña, Percy. Depende de quiénes son tus padres. O… tu progenitor - se me quedó mirando, como si fuese un idiota.

-Mi madre es Sally Jackson, y mi padre es un dios, obviamente, por si no te has dado cuenta- dije socarronamente, escuchando una suave risita por encima de mi cabeza.

-Cómo puedes decir eso? Lo conoces? – la ironía del tiempo, parece que los roles de preguntas se dieron vuelta.

-No, claro que no- le digo como si fuese lo más obvio del mundo

-Entonces cómo puedes decir…? – preguntó perdida.

-Eso es para mí saber, y para que tú nunca lo averigües- respondo secamente, para diversión de mi amiguita del piso de arriba.

Entonces una voz hosca exclamó:

-Pero bueno! -Un novato! – escuché la voz de Clar a mis espaldas.

-Clarisse. Por qué no te largas a pulir la lanza o algo así? – respondió la rubia, a lo cual quise golpearla inmediatamente por hablarle así.

-Fijo, señorita Princesa. Para atravesarte con ella el viernes por la noche- respondió con confianza Clar, queriendo besarla donde estaba parada.

-Erre es korakas! - replicó Annabeth, a lo cual respondí con un golpe a su nuca, mientras señalaba a Tia, haciéndole creer que era una simple niña pequeña.

-Los vamos a pulverizar —respondió Clarisse, pero le tembló un párpado. Quizá no estaba segura de poder cumplir su amenaza.

Se volvió hacia mí.

-Quién es este alfeñique? – wow querida, me hieres, viaje para verte y así me recibes.

-Percy Jackson. Ésta es Clarisse, hija de Ares- nos presentó Chase.

-El dios de la guerra- repliqué llanamente.

-Algún problema? - Clarisse replicó con desdén.

-No. Es solo que pensé que eras una amazona. Tu sabes, esas hermosas pero mortales mujeres al mando de la reina de los cielos- digo esta vez, dándole nuevamente una sonrisa que a todas mis esposas les encantaba.

Clarisse se sonrojó. Bingo! Me encanta su carita roja de vergüenza y su balbuceo incoherente. Je!

-Ay! – exclamó al sentir que Tia tira de mi pelo ante lo sucedido, nunca creí que empezase a actuar bajo el poder del monstruo de los celos tan temprano.

-Lo siento, te hice doler Percy? – me preguntó con una dulce voz que prometía doler si respondía incorrectamente.

Una mirada que conozco demasiado bien, y aún me sigue dando miedo, sin importar si soy un adulto en el cuerpo de un adolescente que ha viajado en el tiempo.

-N-no! Para nada! – trato de sonar lo más convincente posible, liberando así mi pelo de su férreo control.

-Nada mal, novato. Me gustas. Creo que nos llevaremos bien! – me dice Clar, sonriendo con arrogancia, extendiendo su mano.

-Realmente lo espero- respondo gratamente, tomando su mano, para voltearla y besarle el dorso, logrando que se sonroje una vez más.

-Quieres que te muestre el campamento? – Clarisse me preguntó con un tono un tanto suave, en el cual tuve que reprimir una sonrisa.

-Si no es problema para ti, me parece bien. Contigo y mi linda compañera del piso de arriba, van a ser más que suficiente para mostrarme el campamento. Tan solo espero que los demás no se enojen por acapararme a tales bellezas- digo con honesta felicidad, haciendo que tanto Clar como Tia sonrían por los halagos.

-Apuesto a que Quirón no te mostro el lago- dicen ambas chicas unísonamente.

-Hay un lago? Dónde? Pueden llevarme allí? – les pregunto rápidamente.

-Vamos Percy, te llevaré allí- dijo tomándome la mano izquierda, mientras Tia se aferró un poco más fuerte en su posición, pero se calmó en el momento en que puse mi mano derecha en su pie descalzo, dándole un suave masaje para que se tranquilice.

Mientras nos alejábamos, pude apreciar la mandíbula desencajada de Chase, a quien abandonamos en el camino. Haciéndome soltar una risa, a la cual luego se me unieron mis dos antiguas / futuras parejas.


Luego de haber recorrido todo el camino hasta la playa, haber platicado un rato más, ver a las náyades y ser advertido que no hable tanto con ellas. Decidimos descansar un rato sentados en la arena, disfrutando del sol y la brisa del mar.

Bajando a Tia de mis hombros, a lo cual ella respondió con un suave gemido de frustración. La deposite delante mío, haciendo que su espalda repose sobre mi pecho, mientras yo jugaba distraídamente con su pelo.

Momentos como este, hace que valga la pena el trato que Caos me dio. Había recuperado a dos de mis esposas, y para colmo, había logrado deshacerme de la perra loca.

El dolor de mi pecho había disminuido tras tanta distracción, como siempre pasaba, cada vez que pasaba tiempo con ellas.

Enfocándome una vez más en el presente, me di cuenta que Clarisse me miraba fijamente.

-Qué? Qué estás pensando? – imaginándome su posible respuesta.

-Estoy pensando que te quiero en mi equipo para capturar la bandera- dijo con una linda sonrisa en su rostro.

Tan solo atiné a devolverle la sonrisa. Esta vez, capturar la bandera, iba a ser mucho más divertido.


Finalizó aquí el capítulo número 2. Espero que les haya gustado.

Dejenme sus opiniones y críticas para así poder mejorar.

Hasta la próxima!