Después de bastante tiempo continuo con la historia. Podéis matarme, esto debería haber subido meses antes. Si os digo por qué he tardado tanto en subirlo os vais a reír de mí xD, estoy segura.

El capítulos 1 estaba escrito desde Junio, lo tenía en mi libreta de matemáticas, pero lo perdí, lo encontré, lo volví a perder, lo encontré en mi libreta de filosofía (ni Dios sabe cómo llegó ahí) y aproveché para pasarlo a world. El capítulo 3... estará muy pronto disponible, está casi todo escrito, sólo me falta terminarlo y subirlo.

Quería agradecer a HsTs y a Skacore, muchas gracias por vuestros comentarios _! Me alegro de que la historia os parezca interesante.

Espero que os esté gustanto la historia, aunque sea un poquito :)


El Exorcista


Capítulo 1: Camino a ninguna parte.

17:53/Tormenta./Tienda de recuerdos, aeropuerto de Los Ángeles.

Aunque el avión privado ya los estaba esperando, ahí estaban ellos: en la tienda de recuerdos. Si las circunstancias fueran distintas, Near se habría negado a entrar a ese tipo de tiendas. Después de todo, allí solo vendían recuerdos para gente que visitara Los Ángeles y él ya vivía ahí, ¿no?. Pero esta vez todo era diferente, sería la última vez que vería ese aeropuerto y Los Ángeles, quería llevarse aunque fuera uno de esos recuerdos. Y eso estaba haciendo, buscar el recuerdo perfecto para llevarse. Él era el único al que parecía costarle decidirse por uno.

Matt había encontrado un peluche en forma de oso, con una camiseta que ponía "I love Los Ángeles"… Tan típico de él.

Matsuda parecía interesarse por la artesanía, no paraba de mirar jarrones y platos con motivos decorativos pero altamente ridículos. Después de mirarlos por un buen rato se decidió por un plato de color rojo con flores blancas en el centro. Alguien tendría que ocuparse de dejarle claro que no tenía permitido colocar ese plato en la nueva casa. Buscó a su hermano con la mirada, no estaba allí. Entonces él se encargaría de decirle lo feo que era ese plato. Y así fue, Matsuda pareció ofenderse, pero ahora ya no peligraría el estilo de su nueva casa.

Mello tampoco se decidía, miraba los distintos tipos de chocolate que se encontraban en aquella estantería. Chocolate blanco, negro, con nueces… ¡Había tanto para elegir que lo estaba frustrando!

Light no se molestó en entrar a la peculiar tienda. Near supuso que nada de lo que había allí podría interesarle, y parecía entretenido con su iPhone.

Solo quedaba él. No conseguía encontrar nada que le interesara, pero realmente quería llevarse algo.

-Llévate esto – Near se sorprendió. Matsuda había encontrado el recuerdo perfecto. Un llavero, un simple llavero, pero muy especial al mismo tiempo. Estaba decidido, se llevaría eso.


La cola para pagar era eterna, parecía que no acabaría nunca.

-Si no nos atienden en los próximos 5 min., ¡me voy sin pagar! - Era la primera vez que Near estaba de acuerdo con Matt en algo.

-No puedes hacer eso. Ya queda menos, solo ten un poco de paciencia. - Matsuda intentaba tranquilizar la situación.

Y así trascurrieron unos 5 minutos, calculó Near. La cola se había reducido a unas 3 personas. Tras unos dos minutos aproximadamente, era su turno.

-Aquí tiene. Que tenga un buen viaje. - La dependiente le dio su bolsa sonriente. Near salió de la tienda y se acercó a su hermano.

-¿Qué es lo que has comprado? - Le preguntó. Increíble... Ni siquiera había levantado la mirada.

-Un llavero, para la nueva casa...

-¿Un llavero? - Cogió la bolsa y miró en su interior. En efecto, un llavero que ponía "Los Ángeles".

-¿No te gusta?

-Sí, sí que me gusta. No esperaba que compraras un llavero pero supongo que como recuerdo está bien.

Matsuda salió en ese momento, llevaba su bolsa y una gran sonrisa. Todo por un plato feo.

-Matsuda... ¡¿El plato? - le acusó Near señalando las bolsas.

-¿Plato?

-Sí, ese plato que tenías en la tienda.

-El plato, como usted lo llama, es artesanía tradicional que solo puede encontrarse en esta tienda - se denfendió Matsuda-. Debería empezar a interesarse un poco más por el arte.

Near miró el plato, sentía la necesitdad de responder sarcásticamente a su comentario sobre el arte y la artesanía tradicional. Y lo hubiera hecho, si en ese momento no hubieran aparecido Matt y Mello con dos bolsas cada uno.

-La capacidad máxima para el equipaje de mano es de 8kg. Lo sabías, ¿verdad? - Increíble. Ni siquiera había levantado la mirada... otra vez.

-Nada, nada. No hay de qué preocuparse, las bolsas no son tan pesadas como parecen. - Matt sonrió. No sabía exactamente el peso de la bosa, pero dentro no habían más de 8kg, de eso estaba seguro.

-Si me permite la pregunta... ¿El oso no era lo único que había comprado? - Matsuda y su curiosidad. Él debía ser la única persona a la que le importaría algo como eso.

- Lo era... - Matt estaba completamente seguro de una cosa: en esa tienda hacían bien su trabajo. Él solo pensaba comprar aquel oso de peluche, hasta que en la cola una dependienta empezó amablemente a comentarle las ofertas, la nueva mercancía, sugerirle los mejores productos de la tienda... E incluso intentó vender una mascarilla facial con sabor a vete-tú-a-saber-qué, siempre con esa contagiosa sonrisa en la cara. Cuando aquella mujer sacó la cuenta del total a pagar y le entregó las bolsas, ella era la única que sonreía. Eso lo llevo a pensar que esa mujer sería capaz de hacer que cualquier persona gastara más de 20 $ en su tienda. De hecho, debía ser una experta. – Esa mujer es un demonio, un auténtico demonio de las ventas. Ella debe ser, no… Ella ES la vendedora estrella de esa tienda, engatusando a los hombres desde tiempos inmemorables, haciéndoles caer en su trampa para así conseguir que gasten todo su dinero en productos ridículos.

- Algo me hace pensar que sólo lo ha intentado contigo. – Mello suspiró, aquella mujer no era ninguna vendedora estrella, mucho menos un demonio de las ventas, Matt siempre había sido un comprador compulsivo, y se negaba a aceptarlo.

- Interesante forma de describirlo, señorito Craft. Comparar el acto de la compra con seres mitológicos ha sido brillante. – Todos se rieron. Posiblemente, el pobre Matsuda lo hubiera dicho en serio, pero nadie pudo tomarlo de esa forma, no viniendo de él.

La conversación transcurrió durante algunos minutos más. Near había dejado de escuchar y se había perdido en sus pensamientos. No podía evitar sentirse nervioso, impaciente, en unas horas llegaría a un lugar totalmente desconocido para él, tendría una casa nueva –de la cual no había visto ninguna imagen-, colegio nuevo, amigos nuevos, todo sería nuevo para él. Una vez en el avión habría llegado un punto en el que no habría vuelta atrás. Subir en el avión supondría el final de la vida a la que estaba acostumbrado y tanto amaba, y el comienzo de una nueva, ese hecho lo inquietaba.

Los pensamientos de Near se vieron interrumpidos por una mujer que había llegado para indicarles el camino hacia el avión que deberían tomar. Miró el reloj, hora de partir. Todos se levantaron y siguieron a la encargada. Near miró a toda esa gente haciendo cola para entrar a sus aviones correspondientes, horas y horas de cola, sonrió, él nunca tendría que pasar por eso, era una de las grandes ventajas de tener tu propio avión.

El camino hacia el avión era largo, mucho más de lo que lo aparentaba, pero no había nada que hacer, no había forma de acortar el camino. Una vez que habían llegado, todos procedieron a entrar, Near se paró en ese momento, miró hacia detrás, pensó en Sim, en sus otros amigos, en esos días llenos de felicidad en su antigua escuela, en la casa del árbol –la cual había estado en el mismo lugar desde que él llegó al mundo-, pensó en muchas cosas. Infinitos eran los recuerdos que tenía de esa ciudad. En ese momento, un recuerdo específico se le vino a la cabeza, eran su hermano y él, el día de navidad, acompañados de Elle, un amigo de la infancia. No pudo evitar sonrojarse, al igual que preguntarse qué sería de él. Ciertamente, tenía ganas de volver a verlo, de hecho, él había sido su gran amor.

-Disculpe, no quiero interrumpirle, pero todos le estamos esperando. – Matsuda se le acercó. Era hora de irse.

- Ya voy. –Near volvió a mirar hacia atrás. En ese momento, solo una palabra se le vino a la cabeza, una palabra simple, de cinco letras: adiós.