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CAPÍTULO
II
«El Templo Mikage»
La edad no le importaba Tomoe, él era joven aún para ser un yōkai de más de 700 años de edad; pero el hecho de que su cuerpo haya recibido una sacudida debido a una mocosa que aparentaba no más de 15 años lo había dejado boquiabierto.
Gracias a dios, eso no era literal.
Y sin embargo, lo peor era que Tomoe no recordaba el haber estado con las Tanuki horas atrás. Su cuerpo estaba bien estimulado por el aroma de aquella pequeña y sencilla humana que se acercaba sin temor. Y es que lo tendría si tan solo supiese lo que estaba provocándole.
Tomoe se mordió la lengua, todos sus sentidos se habían encendido perfectamente ante la esencia natural de la muchachita sin nombre; sus manos por poco (inconscientemente) subieron hacia enfrente con las intenciones de tomarla entre sus brazos y abrazarla fuerte con la finalidad de oler a fondo su cuello y cabellera sin pena, pero se contuvo a tiempo ya que escuchó a la mujer llamada Yukiji hablar.
―No te esfuerces mucho, Nanami ―le acarició la cabeza delicadamente sonriendo―. Recuerda que tu pierna aún no ha sanado por completo.
Los ojos violetas de Tomoe fueron a parar a la pierna derecha de la muchachita; pudo notar que bajo el kimono, había un vendaje que cubría el pie hasta el tobillo.
Ella se rio y negó con la cabeza modesta.
―No se preocupe, Yukiji-san. Ya no me duele.
Mentira. Tomoe pudo ver que la pierna en cuestión le temblaba y cómo ella procuraba a apoyar más la otra pierna sobre el suelo para evitar seguir usando la extremidad vendada. Entonces una chispa de curiosidad lo ató a ese par de mujeres humanas, ¿qué le habría pasado?
Por otro lado, notó un sublime olor a hierbas medicinales en la muchacha, la esencia de ella era suave y delicado, y por eso no le había prestado atención al otro olor que era el de diferentes hierbas. Pero ahora lo notaba.
―¿Y quién es él? ―preguntó Nanami apuntando hacia el pequeño Tomoe. Este abrió la boca como un pez pero nada salió de ella.
―Es un jovencito sin hogar ―dijo Yukiji acomodándose las mangas de su galante kimono colorido―. Hablaré con Mikage-sama para que le deje quedarse esta noche. Claro, si tú quieres.
Tomoe miró a la señorita humana y notó que dentro de sus ojos había una chispa curiosa. No sabía exactamente qué era y eso lo intrigaba.
Asintió mecánicamente y dejó que Yukiji lo acompañase al interior del… templo. Al abrir las puertas, un hombre rubio ayudó a Nanami con un paquete envuelto en telas. Hasta esos momentos, Tomoe había tenido cuidado de no prestarle mucha atención ya que podría parecer sospechoso. Pero al escucharlo diciéndole que le ayudaría con dicho paquete, el zorro convertido en niño no pudo seguir negándose más a verla; estudiándola; todos y cada uno de sus movimientos.
El sujeto rubio le sonrió y Nanami le agradeció su ayuda.
Qué raro, jamás había visto nada parecido.
Un hombre ayudando a una mujer… y ella agradeciendo con una sonrisa ese gesto. Qué curioso. Sí, muy curioso.
Tomoe sabía que los humanos eran débiles, pero al parecer las mujeres humanas lo eran aún más; y por la pierna vendada, él diría que esa chica en particular era muy frágil.
Justo el tipo de mujer que Akura-ou gusta destripar.
El cuerpo de niño se contrajo; y no fue hasta que el rubito le habló a Nanami entre susurros que el muchacho reaccionó.
―¿Y ese quién es, Nanami?
―No lo sé ―dijo cayendo en cuenta de que no le habían preguntado su nombre. Nanami se acercó al pequeño que estaba un poco más atrás de Yukiji-san y le tocó el hombro―. Disculpa, ¿cuál es tu nombre?
El niño torció la boca.
Y era porque Tomoe no estaba acostumbrado a esas preguntas; todos en el Inframundo sabían quién era el gran Yōkai Tomoe, el Kitsune* de fuego azul y el legendario monstruo imparable que podría hacerle frente a la peor bestia inmortal que alguna vez haya pisado la tierra.
Aparte de Akura-ou.
¿Quién eres? No estaba familiarizado con esa cuestión, y mucho menos proviniendo de una mujer; quizás él estaba más familiarizado con la pregunta: ¿Qué eres? Aunque dudaba que escucharla de la humana Nanami fuese algo muy agradable.
―Hey, niño. Nanami te preguntó algo.
«Insolente» pensó Tomoe viendo fijamente al humano, éste pasó saliva pesadamente.
―¿Qué es esa mirada, eh? ¿Acaso quieres pelear? ¿Te crees muy hombre?
Por poco Tomoe esboza una sonrisa, qué ridículo, ¿acaso ese humano lo desafiaba?
―Basta ya, Isobe ―le reprendió Nanami―. Discúlpalo, por favor.
Algún día le haría saber a ese humano idiota la suerte que había tenido por Nanami, ya que si ella no hubiese intercedido por él, Tomoe ya lo estuviese asando a la luz de la luna. Como muestra de ello, Tomoe negó con la cabeza.
―Está bien ―dijo―. Me llamo Tomoe.
No importaba si decía su nombre verdadero, después de todo, Tomoe no era un nombre muy inusual dentro de Japón. Isobe lo miró desde abajo con una sonrisa burlona. Tomoe predecía una estupidez venir por parte de ese hombre idiota, y no se equivocó.
―¿En serio ese es tu nombre? ―le preguntó Isobe entre risas―, qué pena; siempre pensé que Tomoe quedaba mejor en una niña.
Curiosamente, en vez de molestarse por su estúpido comentario, Tomoe por un segundo relacionó esas palabras con las primeras que el Rey Akura-ou le dijo poco después de verse, posterior a la masacre que hizo zorro con todo un ejército de yōkais buenos para nada que estaban al servicio del demonio pelirrojo.
»¿En serio este es el temible zorro de fuego? Dime, ¿acaso no estarás sólo alardeando?
»Simplemente me importa un cuerno lo que pienses. ―El Rey Akura-ou rio fuertemente y después lo miró seriamente mientras se alzaba al aire con sus manos al cielo.
»Cualquiera que no le importa mi opinión… debe ser probado. Quiero saber si tu fuerza es tan buena como tu insolente boca ―Y después de una batalla que duró 120 años, Akura-ou y Tomoe se hicieron su primer pacto de sangre dando por sentada su hermandad.
"Un hermano yōkai no podría matar al otro jamás; por ningún método; ni por manos de terceros".
Desde entonces, eran Tomoe y el Rey Akura-ou. Siempre juntos contra todo y todos. Akura-ou le contó mucho de su pasado a Tomoe, y él a su vez también le contó algunas cosas. No todas porque si en algo se destacaba Akura-ou era el de ser un completo avieso e innoble de primera. Por lo que todas esas cosas que más daño le habían hecho a Tomoe a lo largo de su vida (aunque pareciera no tener sentimientos que herir), las guardaba sólo para él.
―Isobe ―gruñó Nanami jalándole el cabello al rubito, Tomoe salió de sus pensamientos y miró a ese par de humanos reñirse―. Deja a Tomoe-kun en paz. ¿No ves que necesita ayuda?
―¿A quién le importa? Este lugar ya está saturado de gente; tendrá que dormir en el suelo como un perro ―se cruzó de brazos después de quitarse la mano de Nanami de encima.
―Mejor dormir en el suelo de una casa que en las calles ―dijo Nanami quitándole el paquete de las manos a Isobe―. Oh no, Yukiji-san se ha ido ya.
―Y todo por culpa de ese mocoso.
Le mandó a Tomoe una mirada furiosa. Una que era un chiste al lado de una sola mueca de Akura-ou. Por lo que cuando Tomoe sonrió burlón por pensar en la comparación, el hombre rubio frunció el ceño ofendido.
―Mocoso… ―gruñó.
―Cállate ya ―lo interrumpió Nanami ajena a lo que había pasado entre esos dos, ya que estaba concentrada en encontrar con la mirada a la dama. La cual halló ya bastante alejada debido a la oscuridad y a la poca luz proveniente de algunas antorchas encendidas―. Sígueme, Tomoe-kun. Yukiji-san ya se ha adelantado con Mikage-sama ―le tocó el hombro y le sonrió―, y no te preocupes, si alguien puede convencerlo de dejarte quedar es ella; estarás bien.
«No me preocupo» pensó Tomoe quitándose la mano de Nanami de encima con un movimiento de pies que indicaba el inicio de su marcha; y echándole una última mirada a Isobe pensó en que el muy idiota estaba buscándolo, nada más unos cuantos insultos más y lo hubiese encontrado. Pero por el momento Isobe no era su problema. «Mejor preocúpate por ti misma, mujer humana» y le sonrió a la chica que al parecer no entendió su mensaje de no me gusta que me toces y descaradamente le había tomado de la mano para guiarlo hacia adentro.
―Ya puedes irte, Isobe, desde aquí nos adelantamos.
―¡Hey, no puedes hacer eso! ¡El mocoso es un niño y no puede estar donde están todas ustedes! ¡Míralo, todo sucio! ¡Va a apestar todo el lugar! ¡Y los kimonos de Mikage-sama, los ensuciará! ¡Déjalo en los establos!
Tomoe se mordió los labios conteniendo las ganas de quemarlo a fuego lento ahí mismo donde estaba. Definitivamente ese idiota debería dar gracias a la mujer humana, de no ser por ella, ya lo habría convertido en un… a ver, ¿qué animal dijo que dormía en el suelo? ¿Un perro? No, demasiado para ese idiota, incluso los perros entendían su lugar en este mundo; ¿Un gato? No, le haría un favor, era raro que las mujeres tuviesen cierta debilidad por lo gatos, y ver a la mujer humana abrazando a ese imbécil aun con forma de gato sería un tormento; ¿y qué tal una rata?
Perfecto.
Sería sólo cuestión de tiempo antes de que Tomoe convirtiese a ese insolente en una repugnante, maloliente y vulgar rata; entonces dejaría que los humanos lo matasen por lo asqueroso que sería. Nada más encontraría la oportunidad, y adiós,insolente hombre.
―No lo haré ―dijo Nanami en voz alta―, no es como si quisiera aprovecharse de nosotras.
Qué curioso. Tomoe por poco se echó a reír, de hecho, eso era justamente lo que quería hacer. Aprovecharse un poco de su situación actual.
―¡Por Dios santo, Nanami!
―¡Basta ya! ¿Acaso estás ciego? No es un hombre, es un niño, así que deja de molestarlo. ―Y para darle una pequeña lección al rubito, Tomoe dejó que la mujer humana se aferrase más a su mano y lo guiase por debajo del porche, escuchaba el corazón del humano descolocarse y acelerarse como si estuviese a punto de sufrir un colapso; sintió ganas de girarse hacia el hombre y enseñarle su dedo corazón como muestra de su triunfo, pero se contuvo, debía mantener la fachada de ser un niño. Un niño que necesitaba… que lo protegieran.
Por el momento se quedaría ahí, cuando se aburriese se iría; después de todo esto era para mantener su mente alejada del Rey Akura-ou y de todo lo que este conllevaba.
La humana lo jalaba por su mano izquierda, y para evitar sentir escalofríos por esa cercanía tan molesta, Tomoe se concentró en su mano derecha para ver con más detalle la marca implantada en ella; su palma extendida le mostró la huella de la pata de un zorro, atravesada por la cicatriz diagonal debido a la cortada que se había hecho al sellar un segundo pacto de sangre con el Rey Akura-ou.
Pensó que quizá fue demasiado lejos con tal de conseguir unos meses de paz. Un pacto de sangre no era un juego, ni para ellos dos. Pero ahora ya no tenía remedio, era cuestión de esperar y no dejarse encontrar por nadie que sirviese al Rey. Tomoe sabía que afuera había una infinidad de insectos que el Rey podía usar para su beneficio.
Y también que el Rey no era estúpido y a todo (todos) les encontraba un buen uso.
―Tomoe-kun…
Entonces no habría otro modo, debía aniquilar a cualquier esencia maligna (aparte de la suya) que se acercase a este pueblo; mantenerse oculto y no dejarse ver tan fácil por nadie que pudiese venderlo al Rey.
―Tomoe-kun…
¿Y qué pasaba si alguien lo descubría? Sencillo, ya fuese humano o yōkai, lo que debía hacer era cerrarle la boca.
―¡Tomoe-kun!
¡Oh, pero qué escandalosa!
―¿Qué quieres?
―Te pregunté si ya habías comido algo ―dijo la humana sin dejar su mano.
Pudo haber contestado que no, hacerse el muerto de hambre y caer desmayado sobre los pies de la humana para conmoverla y darle más drama a su papel de niño desahuciado, pero lo descubrirían fácil; su piel estaba en perfectas condiciones y su cuerpo no era el de un niño que hubiese pasado hambre. Mejor no dejar huecos en su historia.
―Hace poco… creo ―dijo cohibido.
Nanami miró al pequeño, su mirada sobre el suelo le hizo querer abrazarlo, fuerte contra su pecho. Ella sabía lo que era tener hambre y no poder conseguir nada por las buenas. Le sonrió lo más comprensiva que pudo y le enseñó el paquete que tenía en su mano izquierda.
―¿Ves esto? Es un poco de sasamochi* que me lo obsequió Yukiji-san por mi buen trabajo ―dijo feliz y muy animada―, vamos a la cocina por un poco de té y comámoslo juntos.
Sin pedirle opinión, Nanami lo arrastró consigo por otros pasillos y lo guio hasta una cocina. Llenó un pocillo de agua e intentó encender el fuego, pero por el frío que había a esas horas no pudo conseguirlo, lo intentó por mucho, pero finalmente se levantó un poco molesta y fue a buscar todo lo demás como por ejemplo, las hojas de menta y los vasos para servir. Todo con la estricta mirada de Tomoe sobre ella.
El paquete estaba sobre una mesa y él estaba sentado en el suelo viendo a la mujer yendo y viniendo.
Entonces miró la madera bajo el pocillo. Alzó una de sus manos y dirigió un poco de su fuego hacia la madera húmeda, le costó un poco ya que la humana no dejaba de verlo de vez en cuando y su concentración se rompía. Pero cuando ella se acercó a la madera y empezó de nuevo a intentar encenderlo, Tomoe encontró el momento adecuado e hizo encender una pequeña llama que pronto fue cubriendo todo la madera necesaria.
―¡Sí! ―murmuró la mujer feliz y agotada. Se levantó tambaleándose y se apoyó contra la mesa―. No te preocupes, Tomoe-kun, vas a estar bien sólo espera un poco más.
Tomoe-kun… no le gustaba cómo sonaba.
Tomoe-sama, sí, mucho mejor; eso era otra cosa, porque así era como mejor podrían llamarlo los seres inferiores. Las Tanuki habían captado bien eso, pero lamentablemente no podría dárselo a entender a la humana hasta que encontrase un mejor momento.
Después de ganar el juego contra Akura-ou.
Así que con un hueco en el estómago, Tomoe asintió a sus palabras y dejó que la humana lo cubriese con la manta que había estado encima de ella todo el tiempo. Se sentó a su lado y lo atrajo hacia ella. Tomoe la miró extrañado.
¿Qué diablos…?
―Así no tendremos tanto frío mientras se prepara el agua ―se explicó, sin dejar de sonreír. Los ojos cafés eran brillantes, soñadores y amenos; cálidos.
Convenciéndose de que no estaba sintiendo nada especial, Tomoe se apegó más al cuerpo de la humana con las intenciones de poner sentir la suave piel bajo la yukata que llevaba.
―Mujer, dime tu nombre.
Tomoe recordaba cual era el nombre de esa mujer, pero quería que ella se presentara como era debido; después de todo, él le había dicho su nombre mientras que ella no le había dicho el suyo primero como era lo adecuado. Pero era humana y al parecer, una sirvienta, así que no debía esperar mucha educación por parte de ella.
―Nanami, ese es mi nombre ―parecía que había querido decir algo más adjunto a su nombre, pero se contuvo. Bien, por el momento sólo eso necesitaba saber―. ¿De dónde vienes, Tomoe-kun?
―De muy lejos.
―¿Y… has caminado mucho?
―Sí. ―Era evidente, ¿no? Si le había dicho que había llegado de muy lejos era porque había caminado bastante.
Nanami suspiró, este niño era muy frío en su tacto, sentía cómo si hablase con un hombre prepotente o un niño demasiado consentido. ¿De dónde había llegado? Por su aspecto podía deducir que no era un niño cualquiera, no tenía rastro de haber sido manchado con algún tipo de suciedad ajena al lodo. Cómo un pequeño príncipe perdido.
―Mujer… ―y ese tono de voz, jamás había escuchado a un niño llamarla mujer―. Mujer… ―ahí estaba otra vez―. Mujer, el agua.
De un sobresalto, Nanami se apresuró a sacar el pocillo del fuego. Dio un pequeño grito haciendo que Tomoe rodara los ojos, pues se quemó la mano por no usar un trapo para eso, pero gracias al cielo, el agua no se cayó. Lo dejó en el piso (la mesa estaba hecha de madera y tenía prohibido poner cosas calientes ahí) y fue atender su quemadura.
Tomoe tomó la manta y con un movimiento de su mano, encendió aún más el nivel del fuego para calentar el sitio, dejó el trapo sobre la mesa a un lado del paquete.
No iría afuera, seguramente la mujer debía estar afuera llorando. Si algo odiaba era tener que ver a las mujeres llorar, no lo soportaba. Le daba la sensación de querer hacer algo para remediar eso, y por ende las mataba para quitarse esa sensación del pecho. Sin embargo a esa mujer humana quería conservarla, al menos hasta que pudiese tomarla como él mismo (el Yōkai Tomoe), y después desecharla como a cualquier Tanuki que ya no le interesase.
Así que en vez de salir y asegurarse de que estuviese bien, se propuso a hacer el té; molió magistralmente las hojas, las combinó con el agua y después de abrir delicadamente el paquete, sirvió el sasamochi en un plato. Aparte del sasamochi había otro pequeño paquete igualmente envuelto, pero hizo caso omiso de él.
Nanami no regresó hasta que Tomoe se sentó dispuesto a dejar de esperarla; no gustaba del té frío y sasamochi parecía llamarlo sensualmente.
—¡Oh, has preparado el té! —dijo de pronto al verlo sentado enfrente de la mesa, con la tetera humeante y el sasamochi descubierto.
—Sí, ¿vas a comer?
Tomoe por poco suspiró, realmente quería comer solo; no le gustaba tener compañía a la hora de alimentarse. Pero debía mantener la fachada y necesitaba convencer a esa mujer de que él la necesitaba si deseaba tenerla cerca. Por otro lado, de ese modo no llamará tanto la atención y eso hará que Akura-ou no lo encuentre tan fácilmente.
—Sí —dijo sonriente, tomó asiento a su lado y juntó sus manos—. ¡Qué aproveche!
El yōkai la miró mientras comía gustosa el mochi y es que para Tomoe no era nada especial, él comía cosas mucho mejores como diversos platillos hechos con carne y vegetales. Esto era algo que sólo podría comer en una pocilga.
Pero ella, Nanami lo comía con tanta degustación que con eso invitó a Tomoe a ser parte de la humilde cena.
Tomó un mochi y se lo llevó a la boca.
«No está mal» pensó acabándoselo. Bien, al menos Tomoe había pasado su primera noche perfectamente oculto en ese templo.
—Fin de Capítulo—
Definiciones:
11.- Kitsune: Zorro en japonés.
12.- Sasamochi: O Mochi (餅, ''Mochi'') Es un pastel de arroz japonés hecho de mochigome*, un pequeño grano japonés de arroz glutinoso.
Bien aquí está el segundo capítulo de mi primer fic en ese fandom.
Sinceramente no sé si manejo bien la personalidad de Tomoe pero hago lo mejor que puedo, si algo creen que no concuerda son libres de decírmelo en sus comentarios.
¡Gracias a todas las que me apoyaron en el primer capítulo con sus reviews!
¡Hasta el próximo!
JA NE! :)
