Viernes, querido viernes!

No saben lo mucho que me alegra que esta historia les haya gustado tanto, muchas gracias por sus lindos comentarios y tomarse el tiempo de leerla ^^

Estoy muy, muy emocionada con este fic, pero es tierno y romántico y tiene un toque de drama... cosa inusual en mí, pero me gustó. Un poco de melosidad no mata a nadie (?)

En fin, acá les dejo el 2º capítulo de esta linda historia. Espero que sea de su agrado ^^

PD: El mundo de Naruto no me pertenece, es obra y gracia de Masashi Kishimoto.

Disfruten.


2- El principio.

Los días habían pasado realmente rápido. Las semanas se esfumaron ante sus ojos. Y de la nada, ya se cumplían cuatro meses que vivía junto con el Hatake.

Todavía estaba un poco sorprendida de cómo había resultado toda aquella situación, y jamás le alcanzarían las palabras ni los actos para agradecerle al peligris todo lo que hacía por ella.

Tenía que admitir que Kakashi era increíblemente amable. No sólo ordenaba la ropa por ella, ¡si no que hasta limpiaba la casa! Pero eso era cuando estaba en el hospital trabajando, claro.

Y aunque en eso hayan tenido una fuerte discusión al respecto, llegaron al acuerdo de que trabajaría hasta los seis meses. Cosa con la que no estaba satisfecha, pero no podía seguir discutiendo con el shinobi… ni con la 5ª Hokage.

Sobre todo con la 5ª Hokage. Que después de enterarse que el Uchiha era el padre de su bebé había salido a buscarlo como un cazador a su presa, y de más está decir que calmarla y sacarle aquella idea de la cabeza tomó mucho, mucho tiempo.

Además de la larga discusión que mantuvo con Naruto aquella madrugada, donde afortunadamente el rubio hiperactivo logró que la rubia mermara su aire asesino.

Pero volviendo a Kakashi, tenía que reconocer que su ex sensei era maravilloso con ella. Había cumplido sus más extraños antojos a horas ridículas y sin chistar.

A demás de quedarse hablando con ella cuando no podía dormir. O el hecho de que siempre le traía alguna flor cuando volvía a casa, pero siempre con una tonta y poco creíble excusa.

Y ella agradecía enormemente todos esos detalles tan, tan… dulces del conocido shinobi que sólo demostraba delante de ella.

Pero lo que más agradecía, lo que más apreciaba, lo que más le gustaba y lo que más la sorprendía y la extrañaba era esa innata habilidad para hacerla sonreír. Para hacerla sentirse bien, querida y protegida.

Y sobre todas las cosas, ya no se sentía triste. Ni siquiera pensaba en Sasuke cuando tocaba su pequeña pancita que todos los meses crecía. Era como si ese bebé que se gestaba dentro de ella, fuera biológicamente de Kakashi.

Se sonrojó notablemente al pensar aquello, y el sonido del agua hervir la sacó de sus cavilaciones.

"¿Q-qué fuera biológicamente de Kakashi?" se preguntó apenada. "P-pero para eso é-él y yo… él y yo tendríamos que…" pensó nerviosa la pelirosa.

Suspiró para calmarse y sirvió el té en las tazas.

¿Por qué hacía tanto calor de repente?

(Porque te imaginaste en esa situación con Kakashi ¡y te encantó!) exclamó como loca su Inner.

Pero eso sólo logró sonrojarla más. ¿¡En qué cabeza cabía que ella… que ella… quería eso con Kakashi!

(En la de todas las mujeres que ven a ese Dios andante…) le contestó babosa su voz interior.

Sacudió su cabeza para callar a esa parte de su mente que a veces decía cosas completamente sin sentido. ¡Ella no era una pervertida!

Aunque… había aceptado leer algunas páginas del Icha Icha con el Hatake en una de sus tantas noches de insomnio.

¡Pero eso no quiere decir que sea una pervertida!

-Ummm… Sakura…- escuchó esa vaga voz llamarla.

Un sustito le recorrió el cuerpo, y el color rojo en sus mejillas era tan caliente que hasta podría quemar.

-K-Kakashi…- musitó mirándolo nerviosa, apoyándose en la mesada de la cocina.

-Ummm… ¿estás bien?- le preguntó acercándose a ella. -¿Tenes fiebre?- cuestionó posando su mano en la mejilla femenina.

-N-no… sólo… h-hace calor…- contestó con una torcida sonrisa nerviosa, intentado sonar despreocupada.

-Ummm…- musitó el jounin, acariciando la piel de la muchacha. –Qué bueno.- comentó arqueando su ojito.

Sakura se quedó completamente embelesada por ese gesto tan tierno de su ex maestro, sintiendo un cálido cosquilleo en su interior.

-¡Oii, Kakashi-sensei!- exclamó una voz estrepitosa a cortos pasos de distancia. -¿No iba a venir a ver si ya estaba el té?- preguntó con tono sarcástico cierto rubio, mirando al peligris con picardía.

-Ummm…- musitó el aludido, alejando la mano del hermoso rostro sonrojado de su ex alumna. -¿Está listo el té, Sakura?- le preguntó aburrido, mirándola con tranquilidad.

-Mmm…- musitó la pelirosa, perdida en tan suave mirada.

-¿Sakura-chan? ¿El té?- la voz de Naruto retumbó en sus oídos, despertándola de tan linda ensoñación.

-¡Ah! ¡Sí! Está listo.- dijo la Haruno, dándose vuelta para agarrar la bandeja donde todo estaba preparado.

-No, yo lo hago.- avisó el peligris, tomando rápidamente la bandeja antes que la pelirosa.

-Kakashi, yo puedo hacerlo.- masculló ella algo molesta, ¡estaba embarazada, no era manca!

-Ummm… podrías llevar las masitas…- comentó con tono divertido el Hatake, caminando hacia la sala.

Sakura le dedicó algunas palabras no tan lindas por lo bajo, y luego de tomar la bandejita donde había colocado las masitas recién sacadas del horno, se reunió con los otros dos en la sala.

Al llegar, dejó la bandeja en la mesa y se sentó al lado del peligris, quien exageradamente la ayudó.

-Kakashi, no tengo 100 años como para que me ayudes en cosas tan tontas.- le dijo con cansancio la muchacha.

-Ummm…- musitó el aludido. –Sólo quiero que estén bien, Sakura.- comentó con tranquilidad, posando una de sus manos en la pequeña pancita femenina, mirándola suavemente.

La kunoichi se apenó bastante ante aquellas palabras, pero le sonrió tímidamente a modo de agradecimiento. Kakashi sólo quería cuidarlos. Era tan, tan lindo.

-Es verdad, Sakura-chan.- comentó Naruto con su boca llena de migas. –Kakashi-sensei tuvo extremo cuidado cuando construimos la pieza del bebé, yo diría que exagerado...- comentó el rubio, antes de darle un sorbo a su té.

-… Pero es porque ustedes son muy importantes para él. Así como Hinata y mis mellizos son importantes para mí.- comparó el Uzumaki, devorando otra masita.

Claro que ella sabía cuán cuidadoso y protector era el peligris, ¡si la posición de la ventana en ese bendita habitación la cambió miles de veces!

Sin contar todo el tiempo que le llevó elegir los materiales que él consideraba precisos y sumamente resistentes.

¡Por Kami! ¡Sí cualquier pieza estaba bien! ¡No iba a dejar que su bebé la habitara hasta que tuviera 6 años!

Una suspiró cansado salió de sus labios, antes de probar el tibio té que había preparado.

-Hablando de ella, ¿cómo está Hinata, Naruto?- le preguntó a su mejor amigo.

-Bien, aunque ya no cenamos tanto ramen como antes…- comentó con un dejo de tristeza el rubio, comiendo otra masita.

Sakura rió por lo bajo, ¡Naruto y su ramen! ¡Qué muchacho!

-Tenes que entender Naruto que ella tiene que llevar una dieta equilibrada.- contó tranquilamente.

-¡Lo sé, lo sé!- exclamó el ojiazul. –Sólo quiero que los meses pasen rápido y poder volver a comer tanto ramen como quiera… además de tener a mis dos hijos.- comentó con una zorruna sonrisa.

La pelirosa negó divertidamente con la cabeza. Estaba segura de que el muy idiota celebraría el nacimiento de sus hijos con una fiesta de ramen en la mansión Hyuga.

Eso si es que no intentaba alimentarlos con ramen también…

-Ummm… Naruto, ¿podrías quedarte con Sakura mientras me baño?- aquella voz vaga preguntar la sacó de sus cavilaciones.

-¡Claro, Kakashi-sensei!- contestó enérgico el rubio hiperactivo. –Sólo si Sakura-chan me sirve un poco más de este rico té.- comentó con una gran sonrisa.

La aludida suspiró con cansancio. No por la obvia condición de su mejor amigo, sino por la absurda petición del peligris.

Está bien que estaba embarazada y que él quería cuidarla, cuidarlos, ¡pero no estaba postrada en una cama sin poder hacer nada!

Miró a su ex maestro con una mirada poco contenta, pero el ojo negro del Hatake le decía que lo entendiera… o al menos eso creyó ella.

Suspiró con resignación y tomó la taza del Uzumaki para caminar a la cocina y servirle un poco más del caliente líquido.

Mientras escuchaba como Kakashi caminaba tranquilamente hasta el baño y se metía en el.

Apenas saliera de ahí y el rubio se hubiera ido, iban a tener una larga y seria charla.

-Ne, ne, Sakura-chan…- la llamó Naruto una vez que volvió a la sala.

-¿Qué pasa?- le preguntó ella curiosa, tomando un sorbo de su tasa.

El rubio calló por unos instantes. Mirando una y otra vez por donde el peligris se había ido, haciendo unos divertidos gestos con su cara.

-¿Ya le viste la cara a Kakashi-sensei?- le susurró el muchacho, con sus ojos celestes brillando ilusionados.

La kunoichi rió por lo bajo, sobre todo por la ingenua expresión de su mejor amigo.

-No. Ya sabes cómo es Kakashi con eso.- le contestó con una divertida sonrisa.

El Uzumaki, por otra parte, bajo la cabeza con desilusión. ¡Él quería saber cómo era el misterioso rostro de su sensei! ¡Quería saber que horrenda cicatriz, o que pequeños labios, o qué grandes dientes, o lo que sea se escondía detrás de esa máscara!

Pero un melodioso sonido llenó sus oídos, un sonido que hacía mucho no escuchaba.

Levantó lentamente su cabeza, encontrándose con su mejor amiga riendo con una hermosa sonrisa en su brillante rostro.

Sus ojos celestes se abrieron ligeramente sorprendidos. Había pensado que jamás podría volver a ver aquella imagen.

Y ahora, la tenía delante de sus ojos.

Sonrió contento mientras veía a la pelirosa taparse la boca para que su risa no fuera tan estrepitosa.

-Sakura-chan…- la llamó suavemente, cosa rara en él.

La Haruno por fin pudo calmar su risa, y miró con una sonrisa a su mejor amigo para que prosiguiera.

-Estás feliz con Kakashi-sensei, ¿verdad?- le preguntó con tranquilidad el rubio, mirándola a los ojos.

Sakura parpadeó un par de veces, ¿tan obvia era?

Jugó con sus dedos un poco nerviosa, y aunque pensó en negarlo, si hasta Naruto se daba cuenta de lo bien que estaba con el peligris… ¿por qué mentir?

-Mmm…- musitó un poco sonrojada. –Sí…- contestó tímidamente.

El rubio Uzumaki le regaló una gran sonrisa.

-¡Me alegro mucho, Sakura-chan!- le dijo contento.

-Gracias, Naruto…- las dio ella con algo de vergüenza.

El muchacho simplemente sonrió, y se rascó la nuca como siempre hacía.

La pelirosa suspiró aliviada, por alguna razón admitir abiertamente que estaba feliz con el Hatake le sacaba un gran peso de encima… pero también la apenaba de sobre manera.

Era tan extraña aquella sensación… tal vez porque no quería que sus amigos pensaran que estaba mal, y ahora que el rubio Uzumaki lo sabía estaba segura que él lo dejaría en claro.

Pero también sentía pena porque… porque su ex maestro la hacía feliz. Aquel hombre que siempre vio como un vago, pero también como aun gran shinobi, que más de una vez le sacó canas verdes, ahora le hacía tan bien.

Y sobre todo, gracias a él olvidó poco a poco ese dolor y esa tristeza que invadían su alma por culpa de cierto Uchiha vengador.

Y todavía no entendía el por qué de aquello. ¿Por qué Kakashi? Era un gran misterio que esperaba saber y entender algún día.

Suspiró nuevamente, dejando esos pensamientos para otro momento, y vio a su mejor amigo seguir devorando y tomando como si nunca hubiera probado lo que ella cocinaba.

-Sakura-chan… de verdad esto está muy rico.- comentó el rubio, comiendo una masita más.

-Me alegro que te guste, Naruto…- le dijo ella con diversión.

El muchacho asintió positivamente con la cabeza, disfrutando del caliente té que ella le había servido.

Los ojos verdes de la pelirosa se desviaron de su querido amigo y miró el reloj de la sala, que marcaba las 16:30hs ¡Hacía más de medio día que Naruto estaba en su casa!

-Naruto, creo que es mejor que te vayas. Hinata debe estar preocupada.- comentó la Haruno.

-¡Neee, Sakura-chan!- negó el aludido. –Le prometí a Kakashi-sensei que me iba a quedar hasta que volviera, y eso voy a hacer.- sentenció con seguridad.

La kunoichi suspiró cansada, se había olvidado el pequeño detalle de que su mejor amigo era más terco que ella y la Hokage juntas.

-Hace desde las 7:00hs de la mañana que estás acá.- le dijo con obviedad.

-¿Y?- preguntó sin entender el chico. –Hinata sabe dónde estoy, así que no debe estar preocupada.- contó con tranquilidad.

-Debe estarlo. ¡Está embarazada, por Kami!- exclamó algo irritada la pelirosa.

-Sakura-chan, no voy a irme.- dijo con determinación el rubio aspirante a Hokage.

La muchacha entrecerró sus ojos.

-Te vas.- masculló entre dientes.

-¿Por qué tenes tantas ganas de que me vaya?- preguntó confuso Naruto. -¿Es porque queres estar a solas con Kakashi-sensei?- cuestionó con picardía.

Las mejillas de Sakura ardieron levemente, ¡ese cabeza hueca pensaba cualquier disparate!

-¡Claro que no!- exclamó 'molesta'

-¿Segura?- preguntó sarcástico el muchacho.

-¡Segura!- contestó la pelirosa.

-¿Entonces por qué estás colorada, Sakura-chan?- preguntó burlón el rubio, sonriendo zorrunamente.

-¡Porque estoy enojada!- dijo con 'obviedad' la aludida. -¡Te vas!- sentenció irritada.

Y antes de que el rubio pudiera rechistar lo tomó del brazo y lo arrastró hasta sacarlo fuera de su casa.

-¡Y no pienses nada absurdo, idiota!- le gritó antes de cerrarle la puerta en la cara, realmente apenada, pero fingió estar verdaderamente enojada.

Inspiró y exhaló para calmarse, ¡Naruto sí que sabía decir estupideces!

(¿Estupideces?) Preguntó su Inner. (¡Pero si te encanta estar a solas con Kakashi!) Exclamó con obviedad.

Su pobre rostro ardió un poco más.

"P-pero n-no es a-algo que é-él tenga que saber" dijo en su interior con vergüenza.

Y su Inner no acotó nada más. Tal vez porque sabía cómo se sentía y era un paso enorme para ella aceptar que, efectivamente, le gustaba estar a solas con el exasperante peligris.

Dejó caer su cabeza con pesadez, ¿por qué le gustaba estar con Kakashi sin que nadie más los molestara?

¿¡Por qué se sentía tan condenadamente bien con él! ¿¡Por qué él!

Su mente era un torbellino de pensamientos que no lograba comprender, y eso la frustraba bastante. Además de su nublado corazón que tampoco era muy claro con respecto al Hatake.

'¿Por qué?' era la gran, enorme, inmensa, descomunal pregunta que ocupaba su cabeza. Y por lo que veía, iba a estar ahí mucho tiempo sin ser contestada.

-Ummm… ¿Sakura?- escuchó aquella aburrida voz llamarla desde atrás.

Giró suavemente encontrándose con… la… increíble imagen de Kakashi sin su remera, con su máscara obviamente, y secándose su húmedo cabello…

(¡Por Kami! ¡Qué hombre!) gritó como loca su voz interior, deshaciéndose en babas por ese perfecto torso.

Así como ella se quedó embelesada con esa postal que merecía ser admirada una y otra, una y otra, una y otra, y miles de veces… sólo por ella, claro.

-¿Sakura?- volvió a llamarla el shinobi.

-¿Mmm…?- musitó la pelirosa, despertando de tan lindo hechizo.

-¿Y Naruto?- preguntó el peligris, buscando al rubio con la mirada.

-Lo eché… le dije que Hinata debía estar preocupada, que era mejor que se fuera…- contestó todavía algo atontada la muchacha.

-Ummm…- musitó el Hatake sin importarle demasiado, sin dejar de secar su cabellera.

-¡Ah!- exclamó Sakura dándose cuenta. -¿Queres que lo haga yo?- le preguntó con algo de timidez.

El jounin la miró sin entender a qué se refería.

-Tu cabello… ¿queres que lo seque yo? Debes estar cansado…- comentó la pelirosa suavemente.

-Ummm…- musitó Kakashi simplemente, admirando lo hermosa que era Sakura, aún más con aquella pequeña pancita de 4 meses y algunos días.

Asintió con la cabeza y ambos se sentaron en el sillón de la sala. Le dio la toalla a su ex alumna y dejó que ella secara su húmeda cabeza.

Podía dejar que ella lo mimara de vez en cuando, ¿no?

El tacto de la pelirosa era gentil y suave, aunque sólo estuviera secando su cabello podía sentirlo. Todo en ella era fino y tranquilo, a menos por ahora.

Pero lo que más le gustaba era el hecho de poder tenerla tan cerca. De poder sentir su intoxicante fragancia a frutas. Y de tener su dulce atención por algunos cortos minutos.

Esos 4 meses que ella vivía con él, fueron los mejores de su vida. Cada segundo que pasaba con ella eran los mejores de su vida. Y le rogaba al cielo que ella jamás se arrepintiera de estar con él.

Cierto es que las primeras semanas fueron difíciles. Sakura no dejaba de llorar por las noches en aquellas pesadillas que tenía, pero él siempre estuvo para tranquilizarla y darle calor.

En aquel entonces había pensado que ella nunca podría olvidar a Sasuke. Que cada día su dolor y su angustia crecerían sin control y él no podría hacer nada para que ella fuera feliz.

Pero para su sorpresa, no fue así.

Las pesadillas fueron desapareciendo noche tras noche, hasta que ella pudo dormir completamente tranquila sin llorar.

El brillo de sus preciosos ojos verdes había vuelto, así como también sus grandes sonrisas y su personalidad explosiva ante cualquier cosa que la molestara, sobre todo con Naruto.

Y siempre que hablaba del bebé que crecía dentro de su vientre decía 'nuestro hijo' Como si él… como si él verdaderamente fuera el padre del bebé.

Todo eso lo hacía inmensamente feliz. Más de lo que alguna vez había imaginado. Y volvía a rogarle al cielo que ella no se arrepintiera… que ella no lo dejara.

Porque aunque sabía que las posibilidades de que Sakura le correspondieran eran casi inexistentes, él se conformaba con que ella lo dejara estar a su lado y ser el padre de ese bebé.

Quería a esa criatura tanto como la quería a ella. Y francamente siempre tuvo la ilusión de ser padre algún día, y Sakura le dio la oportunidad.

Y también le rogaba al cielo, que ella… alguna vez… lo amara. Aunque sabía que aquello era pedir demasiado e ilusionarse innecesariamente, quería que ella le correspondiera.

Porque aunque estaba feliz con la vida que tenía en este momento, sabía que muy en el fondo él quería más. Quería que ella fuera su mujer y tener más hijos con su pelirosa…

… Pero como decía, tal vez eso era pedir demasiado.