Título: Escape (The Piña Colada Song) (2/2)
Personajes: Benny Lafitte, Balthazar, Castiel, Dean Winchester, Sam Winchester.
Fandom: Supernatural
Resumen: Está fuera del Purgatorio, pero Benny no sabe qué hacer con su segunda oportunidad. No contaba con que ayudando a un ángel herido, podría ayudarse a sí mismo.
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Benny se apresuró a la cocina. Dean podría comprar comida chatarra si se descuidaba. El cazador era capaz de sobrevivir a demonios y monstruos, pero lo más probable era que lo matara su propia dieta.
Encontró a Castiel sentado a la mesa, reflexionando en los pecados del mundo, a juzgar por su expresión. Tenía mejor aspecto. No parecía el colmo de la salud, pero ya no se veía como si fuera a desplomarse cuando alguien encendiera un ventilador cerca de él.
- Balthazar está bien – dijo el ángel de la gabardina en cuanto lo vio.
Benny estuvo por preguntar si lo sabía gracias a su mojo, pero comprendió que no era necesario.
- Mi habitación está muy cerca – explicó Castiel, con el mismo tono plano con el que hubiera comentado la pintura de la pared -. Me alegra que se recupere. Ha sido más rápido de lo que esperaba.
- Emmm… ¿escuchaste todo?
- No. Dean me tapó los oídos, y fuimos a su habitación a ver una película.
Los ángeles eran de lo más raro. Ahora a ver con que cara se enfrentaba a Dean para contarle sobre la cama y el yeso de la pared.
- ¿Quieres comer algo?
- Sería agradable. Gracias.
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Benny regresó a su habitación, encontrándola como si no hubiera pasado nada, y a Balthazar sobre la cama intacta, con la ropa puesta. El vampiro tenía una idea de como esa situación tan buena podía ponerse mejor.
Pero en el camino se había encontrado con Dean, y eso le enfrió los ánimos. Su amigo no lo echó de la casa, pero parecía incomodo. Le preguntó que si estaba bien, y Benny respondió con un simple sí, para no decirle que excelente, porque hubiera sido cínico de su parte.
Como sea, Dean le dio unas palmaditas en el hombro, sin añadir más.
- Ven acá – le dijo Balthazar. Su impaciencia hizo sonreír a Benny. Se acercó y lo abrazó, dejándose caer. El ángel tomó el lóbulo de su oreja con los labios, y comenzó a mordisquearlo con delicadeza.
- Sé lo que tienes en mente, dulzura. Pero el casero puede echarnos a la calle.
Balthazar lo soltó de inmediato.
- Ese imbécil tiene que arruinar todo. ¿Qué te dijo exactamente?
- Nada, pero no lo necesita.
- Supongo que no.
El ángel se quedó tendido en silencio, mirando al techo.
- Por cierto – dijo Benny -. Tu hermano ya está mejor.
- Una lástima. Me apuñaló por la espalda, ¿sabes? Y no hablo en sentido figurado.
Hasta ese momento, Benny no les había encontrado nada en común. Sabía que cada ángel tomó un reciente en continentes distintos y por eso no se parecían físicamente. Pero la expresión seria de Balthazar en ese momento, lo hacía muy parecido a Castiel.
El vampiro suspiró y se levantó de la cama.
- ¿A dónde vas?
- Pensé que necesitabas un rato a solas.
Balthazar se encontró sonriendo sin poder evitarlo.
- Ya veo que los Winchester no te han contagiado esa manía de meterse donde no los llaman.
- Si me pusiera a arreglar problemas de familia, empezaría por la mía.
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- ¿Seguro que estás bien?
- Si estuviera mejor, podría volar.
Benny dejó su mochila en el suelo, y le tendió la mano a Dean.
- Solo iré a visitar a Elizabeth. Arreglar algunas cosas. Ya tendrás noticias mías.
Dean se saltó el apretón de manos, para ir directamente por el abrazo.
- Siempre que lo necesites, puedes venir a quedarte.
- Gracias, hermano.
Cuando se separaron, Benny se dio cuenta de que Sam volvía a mostrar toda su hostilidad. Tomen un cachorrito, que un rayo mágico lo haga gigante, y háganlo enojar por algún motivo. El resultado sería el menor de los Winchester en ese momento. Sospechaba que no iba a confirmarle la invitación.
- Te agradezco que cuidaras de Balthazar – dijo Castiel.
Benny miró a otro lado. No le cupo duda de que el ángel pudo haber dicho "que bueno que tuviste sexo con mi hermano, creo que eso lo hizo sentir mejor," pero seguramente Dean le advirtió que no lo hiciera.
- Bueno, adiós, simios de fango. Vámonos, Benny - Balthazar golpeó el suelo con la punta del pie, impaciente.
- ¿Vas a ir con él? – preguntó Castiel. Balthazar no se dignó a responderle, y el ángel de la gabardina volteó interrogante a ver a Benny.
- A mí que me registren. Es la primera noticia que tengo al respecto.
Castiel dudó un momento, con los labios apretados.
- Solo dime que ya te sientes con fuerzas para viajar – le dijo a Balthazar.
Pareció que lo había insultado de manera imperdonable. El ángel rubio se erizó, sus ojos relampaguearon de furia.
- ¡Ahora me vas a decir que te interesa mi salud! ¡No te preocupó tanto cuando metiste ese trozo de metal en mi espalda!
Castiel retrocedió un paso. Balthazar arremetió contra él.
- ¿Cómo pudiste, Castiel? ¡De entre todos nuestros hermanos! ¡Lo hubiera esperado de cualquiera menos de ti!
Balthazar golpeó el pecho de Castiel con los puños, y el ángel de la gabardina ni siquiera metió las manos.
- ¡Oye! – dijo Dean, dispuesto a intervenir. Benny lo sujetó del brazo.
- ¡Maldita sea! ¡Dime algo! – Balthazar siguió golpeando a su hermano, quien aguantaba inmóvil. Exasperado, el ángel rubio tomó a Castiel de los hombros y lo sacudió -. ¡Habla!
Por fin Castiel dijo, con voz estrangulada.
- Lo siento. No tienes idea de cuanto lo siento.
Balthazar le dio una bofetada que retumbó en el bunker y con la que casi lo tiró.
- ¡No es lo que quiero escuchar! – rugió. Tomó las solapas de la gabardina de Castiel, y volvió a sacudirlo con desesperación.
- ¡Basta ya! – dijo Sam. Dean forcejeó para soltarse del agarre de Benny.
Fue Castiel quien les pidió esperar, con un gesto de la mano. Balthazar retorcía la tela en sus puños, y de repente, comenzó a sollozar.
- ¿Qué quieres que te diga? – preguntó suavemente Castiel.
- Tus razones. Que te sentías solo y desesperado – dijo Balthazar entre lágrimas -. Que no confiaste en mí para que te ayudara, porque viste lo cobarde y egoísta que soy.
Castiel lo abrazó sin dudar.
- No creo que seas cobarde.
- Egoísta entonces – Balthazar hundió la cara en el hombro de su hermano.
- Creo que no sabías que otra cosa hacer. Lo mismo me pasó. Creí tomar la mejor decisión.
- Eres un imbécil.
Castiel asintió.
- Tienes razón.
Balthazar rió entre lágrimas.
- Aun no te perdono – dijo, separándose de Castiel, mientras se limpiaba los ojos con los puños -. Tenías toda la intención de matarme, y lo hubieras conseguido de no ser por mis precauciones.
- Yo tampoco puedo perdonarme.
Balthazar leyó su desolación, la manera en que le temblaron las manos y la miseria en sus ojos.
- Castiel, prométeme que no lo harás.
- ¿De qué hablas? – preguntó Dean, luego miró al ángel de la gabardina -. ¿Cas? ¿Qué quiere decir?
Castiel miró al suelo. Sus hombros se hundieron.
- Tengo miedo – confesó -. Después de todo lo que hice… el daño que he causado… Tengo miedo de matarme yo mismo.
Hasta Benny se quedó helado. Un ángel no debería tener esas intenciones. No digamos que iba contra todo lo sagrado. Iba contra la creación misma. Algún cataclismo debió desatarse en cuanto lo dijo en voz alta.
Balthazar aferró a su hermano de los hombros.
- No. No voy a permitirlo. Esta vez no voy a dejarte solo.
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El plan no era este. Solo se trataba de hacerle una visita corta a Elizabeth, para asegurarse de que estaba bien. No contaba quedarse tanto tiempo.
Pero ella parecía encantada de tenerlo ahí, e insistió en que se quedara unos días más. Después no encontró un buen momento para irse. Siempre había cosas que hacer, y de que hablar.
Podría acostumbrarse. Pero había prometido echarle la mano a Dean en todo lo que pudiera.
- Ja – dijo su bisnieta -. El tipo cree que nada más por el acento vamos a pensar que es de la realeza. ¿Qué le pasa?
- ¿Quién? – preguntó Benny, mientras freía más hamburguesas.
- Un idiota que me manda a decirte que le envíes tu mejor tiro a su paladar refinado – bufó ella -. Deberías ir a ver si se atreve a decírtelo a la cara.
Benny se asomó. En una de las mesas de la cafetería estaba Balthazar, mirando sus alrededores con condescendencia.
- Así que aquí te escondes – le dijo el ángel en cuanto se acercó -. ¿Cómo está la familia?
- Hola a ti también – Benny echó un vistazo tras de si -. Mejor de lo que esperaba. ¿Y la tuya?
- Cassie se ha conseguido un auto espantoso, y ahora escucha música rara. Lo deje con su mascota para ver si él puede hacerlo entrar en razón.
Benny asintió, comprensivo.
- ¿Es cierto que por aquí alguien prepara un café decente? – preguntó el ángel como si dudara que por esos rumbos conocieran siquiera el agua caliente.
- Espera a probarlo.
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Cuando Benny terminó su turno, encontró a Balthazar en la puerta, impaciente.
- Me toca invitar esta vez.
- Si se trata de corresponder, yo tendría que colarme en tu habitación sin avisar.
El ángel levantó dos dedos de la mano derecha, y lo acercó a la cara del vampiro. Por un momento, Benny pensó que le iba a tocar la nariz diciendo "¡bop!", pero los puso en su frente.
Benny parpadeó, y lo siguiente que supo fue que hacía mucho frío, y estaban rodeados de bosque.
- ¿Qué diablos?
- Es Canadá – respondió Balthazar, e indicó una cabaña solitaria a unos metros de distancia -. Un complejo vacacional. Tienen cabañas esparcidas por toda la zona. Esa de ahí es nuestra.
- Pensé que eras más de hoteles de lujo y playas.
Balthazar asintió.
- Sí. Pero estas son muy cómodas. Tengo ganas de hacer pedazos los muebles, y tirar la construcción abajo sin que vengan a molestarnos. Y no estoy hablando en sentido figurado.
Benny aprobó su plan. Lo atrajo de la cintura para besarlo.
- ¿Y después? – preguntó contra sus labios.
- Tal vez tomaremos un poco más de ese café que preparas.
FIN.
