Algo que no puse antes es que espero publicar un capítulo nuevo cada tres o cuatro días (crucemos los dedos) si es que el calor no me derrite las neuronas o la placa del portátil. Sin más preámbulo aquí va el segundo capítulo.


LIOS DE HERMANOS

Segundo Capítulo


Independientemente de donde se alojase uno, vivir a bordo del Hogar Uno resultaba extraño, pero con lo que todo el mundo estaba de acuerdo era en que los barracones de los pilotos habían alcanzado un nivel especial de locura. Luke Skywalker había aprendido a vivir con ello, como evidenciaba el hecho de que en este momento se encontraba estudiando astrofísica tumbado en su catre, serenamente ajeno a los sonidos de la viciosa pelea de almohadas y calcetines que estaba teniendo lugar justo en el pasillo de al lado. Cuando un calcetín llegaba volando por la puerta se limitaba a coger el ofensivo artículo de vestir, ver si pertenecía a Hobbie, Wes, Wedge o Tycho dependiendo del olor, y a depositarlo en su pila correspondiente, todo ello sin levantar la vista del libro de texto en su datapad. Mientras que sus compañeros de escuadrón preferían pasar su tiempo libre desahogándose de la manera más bulliciosa posible, Luke había pasado los tres últimos años intentando ponerse al día en su educación universitaria o con el entrenamiento Jedi. Por consiguiente había logrado aprender a ignorar incluso las interrupciones más bizarras. Los calcetines voladores ni siquiera se acercaban a su límite, no después del incidente con el nido de serpientes de cristal en Yavín 4 y los tangas robados.

Pudo oír una serie de gritos y de abundantes palabrotas justo antes de que Wedge entrara en la cabina de Luke esquivando una descarga de almohadas. —Malditos idiotas—, murmuró, sacándose un calcetín a rayas púrpura de un oído. —Tienes un mensaje, Luke.

Luke se giró en el catre y cogió el datapad.

— Más vale que no sea sobre el informe diario—, anunció, dejando su bolígrafo bajo la almohada y mirando el datapad.

—Si lo es, voy a necesitar permiso para matar a Janson—, gruñó Wedge.

—Permiso denegado—, dejo Luke, esperando a que se encendiese el dispositivo. No se trataba un datapad de última generación, precisamente. —Yo voy primero en la lista. Por cierto, llevas un calcetín colgando del hombro.

Wedge frunció el entrecejo y torció la cabeza para quitarse el mencionado calcetín. —Malditos sean los de la cocina, no me llega a la cabeza por qué demonios siguen dándole a éstos idiotas postre triple, ¡ey! ¡Este calcetín es mío!

—Tengo una pila de los tuyos justo ahí.

Wedge empezó a maldecir a lo bestia y empezó a llenarse los bolsillos del traje con los calcetines de su pila, y luego, tras deliberarlo un momento, añadió también los de las otras pilas. —¡Van a aprender a no saquearme el cajón de los calcetines! —. Hizo bolas con unos cuantos y salió corriendo de la habitación. Mientras el datapad cobraba vida se podían oír ruidos de pies y golpes de varios y misceláneos proyectiles de tela alejándose por el pasillo.

Luke introdujo su contraseña actual, recibiendo un mensaje en la pantalla. Línea de Comunicaciones Familiares, afirmaba el logo decorativo. Manteniendo a nuestros heroicos luchadores por la libertad conectados con sus seres queridos.

Apareció una voz grabada. —Hola, Comandante Skywalker—, dijo la voz alegremente. —Ha recibido un mensaje por medio de la Línea de Comunicaciones Familiares, un servicio de la Rama de Inteligencia de la Alianza, designada para proveer un canal seguro para que los fugitivos del Imperio puedan conectarse con seguridad con sus seres queridos en casa.

Luke miró el mensaje de la pantalla con desconcierto. Por supuesto que sabía de la existencia de la Línea de Comunicaciones Familiares, varios pilotos de su escuadrón la utilizaban para recibir mensajes con regularidad. Pero esos eran los pilotos que todavía tenían familia fuera de la Alianza. Cosa que no se aplicaba a Skywalker.

Una horrible premonición le atenazó en las entrañas. Pero no, se rió, por supuesto que el mensaje no podría ser de él

El texto del mensaje empezó a aparecer en la pantalla.

Querido Hijo,

¿Cómo te encuentras? Confío que te encuentres entero, quiero decir, en buena salud.

Nuestra última conversación tuvo desafortunadamente un final abrupto, y tenemos mucho que discutir acerca de tu futuro. Recientemente has cometido un error de juicio muy grave, debido al hecho de haber sido engañado por mi antiguo maestro. Ven a mí, hijo mío, y juntos sanaremos estas horribles heridas en nuestra familia.

Espero con ganas tu respuesta.

Sinceramente,

Tu Padre Preocupado

P.D. Por favor, dale a la Princesa mis más profundos saludos.

Luke se quedó mirando el mensaje fijamente unos tres minutos, sin apenas acordarse de parpadear. Olvidó por completo su libro de astrofísica y ni siquiera pestañeó cuando tres calcetines chocaron contra su cabeza en rápida sucesión. Recibir una carta de Darth Vader por medio de la Línea de Comunicaciónes Familiares definitivamente contaba como lo más bizarro que nunca jamás había ocurrido en los barracones de los pilotos. Ninguna cantidad de serpientes y/o tangas podría superarlo.

De verdad deseaba poder mostrarle esto a alguien. Pero no era una opción. Responder, pos supuesto, tampoco era una opción, sin importar lo mucho que Vader estuviera esperando una respuesta. Lo cual solo dejaba a Luke una salida. Leyó el mensaje una vez más, solo para asegurarse de que realmente decía lo que pensaba que decía y que no se trataba de una alucinación provocada por los efluvios de los calcetines de Hobbie, para luego borrar dicho mensaje, meter el datapad en el triturador de basura y volver con su tarea de astrofísica.


Unas semanas después…


Durante un tiempo Luke estuvo medio temiendo que algún técnico emprendedor y extremadamente aburrido descubriera los restos del datapad destrozado y lo pusiera en marcha otra vez y de algún modo recuperara el incriminatorio mensaje de Vader, pero después de tres semanas sin incidentes empezó a sentirse completamente normal. O al menos tan normal como pueda ser posible al ser miembro del Escuadrón Pícaro.

—Mensaje para usted, señor—, anunció Hobbie, marchando hacia la estación de Luke en el hangar. Luke, al escuchar un sospechoso sonido de clicks, giró el asiento para ver a Pícaro Cuatro balanceándose precariamente en un par de zapatos con tacones de cuatro pulgadas de piel de lagarto.

—Hobbie, estoy empezando a pensar que te gusta perder apuestas con Lyra Litesi—, dijo Luke, quitándole el datapad.

—Ey, son cosas del sabacc. Es decir, éste no es el peor par que me ha obligado a ponerme.

—Sí—, intervino Wes Janson desde su consola en el otro lado de la oficina, —definitivamente mejor que las botas, ¿no, señor?

Luke se volvió hacia su consola estremeciéndose violentamente al recordar el horrible momento de ver a Hobbie por el hangar envuelto en botas de piel que le llegaban hasta la cintura.

—Silencio, Janson, y pásame esos malditos informes a limpio—, ordenó, eligiendo ignorar a Pícaro Cuatro, que se largó con más confidencia de la que cualquier hombre llevando tacones altos tendría derecho a exhibir.

—Estoy trabajando en ellos, señor—, dijo Wes con expresión herida.

—Sí—, murmuró Luke, encendiendo el datapad, —llevas trabajando en ellos desde el mes pasado…

Línea de Comunicaciones Familiares, proclamaba el mensaje de la pantalla.

Luke apenas logró conseguir la suficiente presencia de ánimo para silenciar el dispositivo antes de que la voz grabada empezara su recital. Wes miró de reojo mientras tecleaba con más fuerza de la estrictamente necesaria.

— ¿Algo interesante? —, preguntó con curiosidad.

—No—, dijo Luke entre dientes, metiendo el datapad en un bolsillo. Lo que debería haber hecho es borrar la memoria del dispositivo y arrojarlo al triturador de basuras más cercano en cuanto pudiera…pero su lado mórbido le impelía a averiguar que decía el mensaje en esta ocasión. No lo puso en marcha hasta que se encerró en su cabina.

Querido Hijo,

No has respondido aun a mi último mensaje. Debo reiterar que es un asunto de la más alta importancia para tu bienestar. Futuras generaciones de nuestra familia están en juego. No puedo permitir que continúes cometiendo errores.

Sugiero que nos encontremos en Nar Shadaa el próximo martes a las tres en punto en la Cantina Estrella del Angel. Iré solo y desarmado. Si quisieras hablar conmigo antes siempre puedes dejarte caer por el puesto avanzado Imperial más cercano.

Sinceramente,

Tu Padre

P.D. Estaría muy agradecido si también trajeras a la Princesa contigo.

Luke, más que un poco cabreado, eligió destrozar el ofensivo dispositivo a base de martillazos con la base de su blaster antes de tirar los restos a la basura. Dado que la mutilación física había resultado ser inefectiva, aparentemente Vader había decidido hacer uso de spam para convertirlo al Reverso Tenebroso.

De camino al comedor Luke decidió que prefería la mutilación.

Ya era tarde según el horario de la nave y el comedor estaba casi vacío, a excepción de unos pocos técnicos echando una partida de sabacc…y una pequeña morena con el ceño fruncido apuñalando la comida con su tenedor. Luke sonrió y llevó su bandeja al asiento justo enfrente de ella.

— ¿Mal día en la oficina?

Leia levantó la vista y sonrió ligeramente.

—Podría decirse que sí—. Su mirada se deslizó hacia el datapad situado al lado de su bandeja, volviendo a fruncir el ceño. —Algún idiota ha pensado que sería gracioso enviarme esto —. Le arrojó el datapad a su lado de la mesa.

Casi se le cayó de las manos al ver el logo Línea de Comunicaciones Familiares.

— ¿Q-qué?

—Supuestamente es de mi padre—, gruñó. —Léelo.

Querida Leia,

Debe ser una gran sorpresa para ti tener noticias mías, dado que he estado ausente de tu vida todo este tiempo. De hecho, me siento como si me lo hubiera perdido todo. Me doy cuenta de que te he causado un gran pesar desde la destrucción de Alderaan, pero tengo la esperanza de que con una honesta discusión llegarás a entender que siempre he tenido las mejores intenciones respecto a ti.

Tenemos un asunto de gran urgencia que discutir. Por favor reúnete conmigo en Nar Shadaa el próximo martes a las tres en punto en la Cantina Estrella del Angel.

Sinceramente,

Tu Padre

P.D. Sería conveniente que trajeras al Comandante Skywalker, ya que también le concierne.

Luke miró fijamente la pantalla y luego a Leia. Todavía tenía el ceño fruncido.

—Increíble, ¿no? El valor de ese capullo. Maldita sea, cuando averigüe quien es la escoria-hijo-de-Hutt que ha hecho esto, le voy a arrancar sus, sus malditos…— La voz se le disolvió en ruidos incomprensibles llenos de rabia mientras gesticulaba salvajemente hasta, finalmente, chafar una zanahoria hasta dejarla hecha papilla.

Luke se sintió increíblemente aliviado. ¡Debía tratarse todo de una broma! O quizá, poniéndose serios, era un cazador de recompensas intentando atraparlos, un cazador de recompensas ciertamente muy torpe, pero no se trataba de algo descabellado. Además, quienquiera que hubiera escrito a Leia ciertamente no era Darth Vader, lo que significaba que sus mensajes tampoco provenían del Señor del Sith.

—No te preocupes—, dijo él. —Yo también he recibido un par de mensajes así. Un montón de tonterías. Mira, me desharé de este y luego pararé un momento en Comunicaciones para advertirles que si nos llegan más mensajes por medio de la Línea pueden limitarse a borrarlos.

Ella apoyó la barbilla en la mano con una sonrisa cansada, dejando caer el tenedor.

—Oh, Luke. ¿Qué haría yo sin ti? —. Se inclinó y lo besó en la mejilla.


Nar Shadda, Martes, Tres en punto, Cantina Estrella del Angel…


Vader miró la hora furtivamente. Las tres y cinco, y todavía no había señales de Luke o Leia. Furtivamente se inclinó un poco más hacia la sombra de su cabina, y furtivamente escaneó otra vez las mentes del puñado de clientes del bar para ver si alguno de ellos pudiera ser alguno de sus obstinados hijos con un disfraz. El reconocimiento no resultó más prometedor que el anterior: un Jawa, una criatura con plumas y tentáculos, un par de cada vez más borrachos Wookies y un Ithoriano con pulgas. Los Wookies le habían parecido sospechosos y los había observado furtivamente con detalle, hasta que se dio cuenta de que debido a las respectivas alturas de sus retoños harían falta los dos en el mismo disfraz para conseguir semejante resultado.

Volvió a comprobar la hora furtivamente. Las tres y siete. Se estaba sintiendo cada vez más inclinado a ponerse hosco, furtivamente por supuesto. No resultaba fácil para un Señor del Sith y dirigente galáctico de su estatura ir de incógnito. Por otro lado, su disfraz era tan brillante que se felicitó a sí mismo, teniendo en cuenta la cantidad de rasgos distintivos que había tenido ocultar.

No es que se sintiera feliz de estar embutido en la guisa de un Tusken obeso. Pero tampoco es que tuviera un amplio abanico de posibilidades. Además, se trataba de un disfraz que sin ninguna duda atraería la atención de Luke.

Las tres y diez. Sin señales de sus retoños. Quizá habían entendido que se refería a las tres hora local en lugar del Tiempo Estándar Galáctico. Alegrándose al darse cuenta, Vader cambió su crono para que mostrara la hora local.

Las cinco y doce.

Vader ya estaba empezando a ponerse seriamente de mal humor cuando una sombra cayó sobre su mesa. Levantó la vista furtivamente para ver al camarero Toydariano cerniéndose sobre él, con los puños en la cadera y frunciendo su arrugado hocico.

—Tú pedir algo, ¿o no?. Tú aquí sentado ya una hora. Cabinas solo clientes que pagan.

—Voy a reunirme con alguien—, susurró Vader muy, muy furtivamente. No estaba ni siquiera seguro de confiar en el vocalizador del mercado negro que se suponía estaba camuflando su característico ruido de respiración y el tono de su voz, así que estaba intentando hablar lo más bajo posible. El inconveniente de semejante precaución es que susurrando no intimidaría ni a un Jawa, y mucho menos a un camarero de Nar Shadaa.

—No importar—, contestó el Toydariano petulantemente. —O pagas o te echo—. Señaló con el pulgar en dirección a la salida. —Ocupas espacio.

Si tuviera cejas, Vader las hubiera alzado hacia el puñado de otros clientes esparcidos por el bar, llenando tal vez una décima parte de los asientos disponibles de la habitación, pero no tenía cejas e incluso si las tuviera no es como si el Toydariano pudiera verlas.

— No hay mucho negocio—, dijo en su lugar.

Lo cual era una mala observación. Las cejas del Toydariano se ciñeron hasta formar un nudo y el hocico se le arrugó incluso con más mal humor.

— O pagas o te vas—, gruñó.

La respuesta apropiada de Vader en esta situación sería el estrangulamiento. Tristemente, semejante conducta no sería muy furtiva, podría incluso animar al resto de la clientela a huir temiendo por sus vidas. Suponiendo que Luke o Leia estuvieran acercándose al establecimiento, la visión de semejante éxodo asustado podría no convencerlos para entrar. La sutileza primaba en este momento.

—No necesito adquirir nada—, dijo Vader moviendo un dedo.

—Sí que necesitas—, objetó el Toydariano con los brazos cruzados.

—He dicho que no necesito adquirir nada—, dijo Vader, esta vez moviendo toda la mano.

—¡Sí que necesitas!¿Qué, piensas tú una especie de Jedi moviendo mano de esa manera? —, vociferó el terco alienígena. Puso los dedos hacia el aire. —¡Soy Toydariano! ¡Trucos mentales no funcionan conmigo! ¡Solo dinero!

Vader estaba peligrosamente a punto de enfadarse. Nada de estrangulamientos, nada de trucos mentales, ¿qué demonios se suponía que debía hacer un buen Sith en esta situación? Estaba claro que solo había un modo de convencer al obstinado camarero para que le dejara quedarse, pagar. Se hubiera negado por principios, pero había aquí en juego principios más importantes, así que con un suspiro furtivo metió la mano en el bolsillo de la voluminosa túnica Tusken en busca de su…su…

…Su chip de crédito, que no estaba en su bolsillo. Rebuscó con más energía y probó el otro bolsillo, y luego volvió a buscar en el primero, pero el chip de crédito permanecía obstinadamente ausente. ¿Dónde estaba? Tenía que estar ahí, recordaba claramente haberlo puesto en su bolsillo derecho antes de prepararse para bajar al planeta…

Maldición.

El chip de crédito ciertamente estaba en el bolsillo derecho…de sus otras ropas.

Vader miró (muy, muy furtivamente) al enfadado camarero. —Esto…¿aceptan pagarés?