BAD END NIGHT
Capítulo II - Segundo Acto
Por Panku
Y entonces lo escuché.
—Que se levante el telón.
Parecía una voz aterciopelada, lenta y profunda, que podía pasar por tétrica pero no dejaba de ser un poco... ¿sensual? ¿Y de dónde venía aquella voz? Había sido tan palpable que llegué a creer que alguien lo había dicho justo detrás de mí, pero al voltear no había absolutamentenadie, por lo que finalmente me convencí de que había sido producto de mi imaginación.
En ese momento las personas dejaron de verme y continuaron conversando como si nada hubiera pasado. Era raro.
Tratando de relajarme un poco, tomé asiento en la silla libre más cercana que encontré y agarré una copa que estaba previamente llena de una bebida de color rojo oscuro y fuerte aroma que no pude reconocer. Le dí un trago e inmediatamente me arrepentí de haberlo hecho, porque su sabor era demasiado ácido y no me gustó para nada que raspara mi garganta al tragar. Eso no era vino. Dejé la copa en donde la había encontrado e hice como si nada hubiera pasado. Carraspeé para deshacerme de la sensación en mi garganta y me dediqué a observar a mi alrededor. El salón no era tan grande como había sido mi primera impresión, ya que como mucho cabían al rededor de sesenta u ochenta personas, sin incluir el que las mesas y sillas ocuparan más espacio. En el techo había varios candelabros elegantes repartidos a lo largo de la extensión -sin ser aparatosos o exagerados- bañados en oro, lo cual lograba un aspecto exótico en contraste con el techo y las paredes que estaban tapizados con papel de color vino, parecido al de la bebida de antes. Lo hacía un lugar tenebroso de cierta forma, pero atrayente al mismo tiempo.
Cansada de mirar hacia arriba y en busca de algo que me distrajera, bajé la mirada hasta mis manos y comencé a analizarlas. Mi piel era pálida, y mis dedos estaban ligeramente callosos por las labores que llevaba a cabo en casa, también eran delgados y largos. ¿El anillo de bodas no se resbalaría por unos dedos tan... anoréxicos? ¿Mi futuro esposo no se hartaría de una mujer como yo? ¿Y qué si al final me echan de aquí? ¿Qué haré entonces, sin un lugar al cual ir? Era evidente que mi tío y su esposa no me aceptarían de vuelta... No, esos no eran los pensamientos que necesitaba. Justo por eso no quería quedarme sin nada que hacer o ver, porque divagaría en cosas que no debería. ¿Dónde estaba Jean? Realmente me habría gustado que él me diera un recorrido por el castillo, a la par que me contaba un poco sobre la historia del mismo. Habría sido interesante.
—¿Puedo ayudarte en algo?
Escuché tan de repente atrás mía que incluso dí un respingo. Esa era... la voz que había escuchado antes. Claramente no había sido mi imaginación. Me puse de pie de inmediato y volteé para averiguar a quién pertenecía aquélla voz, pero en cuanto lo hice me topé con unos ojos potentes; eran de color claro, y aunque uno consideraría que eso los hacia bonitos, yo usaría más bien el adjetivo "llamativo", estaban entrecerrados y escudriñándome sin siquiera parpadear. Su dueño tenía el entrecejo fruncido, provocando que aparentara más años de los que probablemente poseía. Era de baja estatura, considerando que yo medía unos buenos ciento setenta centímetros. Su piel era clara, pero no más que la mía. Su cabello era negro, liso, de apariencia fina, y aunque tenía flequillo, de abajo por la parte de la nuca lo tenía al ras. Entonces recorrí rápidamente con la vista el resto de su cuerpo, pues a pesar de que seguramente él estaba haciendo lo mismo conmigo, yo no quería ser tan descortés. Llegué a observar que su vestimenta era extravagante, parecía llevar una especie de uniforme que me recordó al de un soldado de muy alto rango, con la excepción de que tenía detalles en oro y sobre su cabeza descansaba una sencilla, pero no por eso menos imponente, corona. Me encontraba frente a nada más ni nada menos que el rey del castillo.
—Dije que si puedo ayudarte en algo. No puedes actuar como si no me estuvieras escuchando, pues claramente reaccionaste cuando te hablé por primera vez, así que lo diré de nuevo. ¿Puedo ayudarte en algo?— dijo haciendo énfasis en la última oración. Dándome cuenta de que había fallado en no ser descortés al no responder, me apresuré e hice lo mejor que se me ocurrió.
—Y-yo no...
Tartamudee. Algo que era poco usual en mí pues a pesar de mantenerme a la raya en casa de tío Kenny, nunca me mostré más sumisa de lo habitual o... Fuera como fuera, eso fue lo que menos necesitaba en ese momento. Debí planear qué diría antes de abrir la boca.
—T-tu no... — repitió haciéndome burla. –Preferiría que trataras de responder a mi pregunta sin trabarte, gracias.— Acto seguido se cruzó de brazos, sólo para resaltar que estaba exasperándose por mi incompetencia. Al parecer su humor se me contagió pues me enfadé al obtener una respuesta tan grosera de su parte.
—...— Y guardé silencio. No iba a permitir que nadie me pisoteara nunca más en mi vida, sin importar quién fuera. Incluso un rey.
Mi mudez provocó que él frunciera más -si es que era posible- el ceño, intimidándome un poco, pero no lo suficiente para hacerme hablar. Entonces le respondí comenzando a verlo de la misma forma en la que él me veía. De repente sentí una especie de rivalidad con aquél hombre, que no conocía de nada.
—¿Quién eres y qué haces aquí?— Dijo atacándome, logrando que repentinamente me sintiera como una intrusa.
Estaba a punto de responderle cuando Jean apareció de quién-sabe-dónde y se dirigió hacia el supuesto rey, agachándose a su lado y susurrándole algo al oído inentendible para mí. El hombre relajó la mirada y suspiró.
—Qué fastidio.
El hombre frente mío chasqueó con la lengua y se marchó en compañía de Jean sin decir ni una palabra o siquiera voltear a verme, así que decidí sentarme de nuevo y buscar algo que hacer en lo que pensaba si irme a llorar a casa con tío Kenny y Amelia o quedarme ahí mismo a ver qué pasaba. Vaya dilema.
—Oye, bonita— Escuché apenas me hube sentado, miré hacia un lado mío y descubrí que era un hombre joven, quizá no mayor que yo, con la cabeza rapada y cara graciosa que me miraba divertido. —¿Quieres jugar un rato?
—Connie, no puedes preguntar eso así como así. Primero debes de preguntar su nombre, mira: ¿cómo te llamas?— preguntó a mi izquierda una chica pelirroja, con el pelo amarrado en una coleta. Aparentemente, ella y el otro chico eran amigos.
—Mikasa Ackerman.— respondí secamente.
—Mikasa Ackerman, ¿quieres jugar un rato?
—¡Connie!— reprimió la chica al supuesto "Connie". Yo en realidad no entendía de qué estaban hablando.
—¿Qué?— preguntó haciéndose el tonto. —Ya le preguntaste su nombre, y respondió, ¿qué más quieres, Sasha?— me irritó que hablaran de mí como si no estuviera presente, o escuchándolos siquiera.
—Eres un caso perdido.— "Sasha" negó con la cabeza, como si se lamentara algo, a lo mejor la existencia del chico. Seguido me miró y sonrió amistosamente. —Como sea, Mikasa, pareces ser alguien agradable. ¿Quieres ser mi amiga? Serías un estupendo remplazo de ese.— E hizo una seña en dirección a Connie, quien no dudó en demostrar lo ofendido que se sintió por el comentario de la chica.
—¡Oye! ¡¿Quieres pelear?!
—¡Cuando quieras!
Estaban armando un escándalo, y francamente no me gustaban los escándalos, o estar relacionada con ellos. Las personas a nuestro alrededor comenzaban a mirarnos y a cuchichear. No los culpé, pues Connie y Sasha se habían parado y habían comenzado a hacer gestos como si fueran a pegarse uno a otro en cualquier momento, sin llegar a hacerlo en realidad. Daban un poco de gracia, ciertamente.
—Ejem... — Exclamé para llamar su atención, y al ver que lo conseguí, continúe: —Les agradecería si tuvieran su pelea en silencio, o en otra parte lejos de aquí. Y si no les molesta, creo que iré a buscar al "rey". Tenemos algo de que hablar.— Y acto seguido abandoné mi asiento, pero me vi detenida por las manos de Connie y Sasha, quienes me sujetaron de cada brazo para que no me fuera. —¿Qué pasa con ustedes?
—No puedes ir a verlo.— dijo Sasha. Su mirada había cambiado por completo, volviéndose una severa.
—¿Por qué no puedo?— pregunté molesta. ¿Por qué tuve la mala suerte de toparme con aquél par?
—Simplemente no puedes.— Le apoyó entonces Connie, su mirada no muy distinta de la de Sasha. —Está prohibido molestarlo cuando está tratando sus... asuntos.
Y entonces decreté que esa sería una noche muy, muy larga.
Y no me equivoqué.
...
EREN
Iba de camino a la tienda de Armin justo cuando me encontré con Mikasa. Estaba parada en medio de la calle, y viendo un pequeño pedazo de papel, aunque desde donde me encontraba no podía ver qué estaba escrito en él. De repente y sin previo aviso, la escuché decir:
–No– estaba hablando sola, cosa que me pareció inusual en ella. —Si quiero hacerlo... ¡tengo que hacerlo sola! ¡No puedo depender de todos todo el tiempo!– Y entonces acercó su mano a la bufanda que le dí hace ya tiempo atrás. No pude evitar sentir curiosidad por todo ese rato, así que decidí averiguar qué sucedía con ella.
Después de haberme contado todo, y de haberme despedido de ella, pude seguir con mi trayecto a la tienda de Armin. Me sentía feliz por Mikasa. Finalmente, después de todo este tiempo, Kenny Ackerman, aquél hombre tan despiadado -al que el pueblo temía y odiaba por igual-, le había dado permiso para salir, sin segundas intenciones... O al menos eso fue lo que mi amiga de la infancia me dio a entender. Pero bueno, mientras no fuera un engaño, todo estaría bien.
Ya podía ver a lo lejos la tienda de mi rubio amigo, por lo que en cuanto estuve lo suficientemente cerca como para que me escuchara, hablé.
—¡Oye, Armin! ¡Adivina qué!
—¡Hola, Eren! ¿Qué pasa? ¿Por qué ese repentino buen humor? ¿No estabas enojado porque las hogazas de pan subieron de precio esta temporada?— preguntó apenas terminó de despachar a un cliente.
—¡Eso ya no importa! Siempre puedes hacerme un descuento, ¿no es así, amigo de la infancia?— concluí con una cómplice sonrisa. Armin usualmente me ayudaba en ese aspecto, pues yo también solía ayudarle en la tienda.
Él suspiró.
—Claro que puedo, Eren, pero sabes que el abuelo nos descubrirá si no somos cautelosos, así que por favor no abuses.
—Sí, sí. Ya sé.— dije dándole poco peso a las palabras de Armin. A veces se preocupaba demasiado. —¡Como sea! ¿Ya adivinaste?— pregunté impaciente. ¿Pero por qué estaba tan ansioso?
—Déjame pensar... ¿Tiene que ver con Mikasa?
—¡Vaya! ¿Cómo lo supiste?
—Un presentimiento. ¿Y qué pasó con ella? Son buenas noticias, supongo. De otra forma no me explico tu felicidad.
—Son más que buenas noticias. Resulta que... ¡Ese bastardo de su tío finalmente le dio libertad!
—¡¿Qué?! ¡Wow! ¡Asombroso! ¡Qué bien por Mikasa!— Exclamó llamando la atención de unos cuantos al rededor, pero es que era muy curioso que Kenny Ackerman, "el Destripador", diera permisos a nuestra amiga, así que en realidad no importaba mucho llamar la atención.
—¿Verdad que sí? ¡Ya no tendrá que salir a escondidas o sufrir maltratos de parte de nadie!— dije sin poder contener mi emoción. Ahora podríamos pasar mucho más tiempo juntos, los tres, como siempre habíamos querido.
—Bueno... De eso no estoy tan seguro, Eren. Según lo que me dijiste, sólo le dio permiso para salir, pero eso no garantiza que ya no sea agredida de ninguna forma.
—Tienes razón... ¡Ah! Ahora que lo pienso, ella estaba actuando raro, diciendo algo como actuar por su cuenta sin depender de los demás. Me pregunto qué habrá querido decir.
—Ah... ¿Estás seguro de que no es una mentira? Eso de que tiene libertad ahora.— Preguntó desconfiado, dudando por lo que acababa de decir.
—¡Claro que no! Me la encontré afuera y ella misma me lo dijo.
—¿Pero y si huyó de nuevo? Ya no es una niña, ¿sabes? Quién sabe lo que ese infeliz podría llegar a hacerle si la descubre...— Y bajó la mirada al suelo. ¿Qué estaba insinuando?
—Armin, no lo creo. Ella no me mentiría a mí.
—Si no huyó y no te estaba mintiendo para nada, ¿cuál es la posible razón por la que dijo eso?— Mencionó mientras se sentaba en un banco de por ahí, y yo me uní a él para llegar a una conclusión. Ambos nos quedamos un corto rato pensando en lo que podría estar tramando, pero algo nos interrumpió repentinamente.
—¡Jajaja! ¡Sí! ¡Esa niña mordió el anzuelo por completo!— esa era la voz de Kenny, la cual se había escuchado antes de que pudiera decir lo que pensaba acerca de la situación. ¿Qué demonios decía ese viejo? Armin y yo, al percatarnos de quién estaba hablando, nos acercamos un poco más a las puertas del bar de donde provenía la maltrecha voz del hombre. De seguro se había embriagado y ahora estaba soltando cosas que probablemente no debería de decir.
—Pero, ¿qué dices? Ya estás senil. Deberías quedarte en casa a que te cuide tu linda esposa, Kenny. Esa tal Amelia.— Esa había sido otra voz, un poco más aguda y suave que la de Kenny; seguramente algún "amigo" suyo.
—¡Hubieras estado ahí para ver su mirada de esperanza! Era tan buena y graciosa que jamás la olvidaré. ¡JAJAJA! ¡Ahora mismo debe estar abrumada, perdida y sin saber qué hacer! Aunque, bueno. Realmente no tiene que planear hacer nada. Su destino, a partir de ahora, ha sido totalmente definido. Como si fuera un protagonista de cualquier cuento, el guión ya ha sido escrito, y hay que seguirlo al pie de la letra.— Sorprendentemente, a pesar de que lo ebrio se le escuchaba en la voz, eso sonaba realmente serio. Mucho más si de la que estaba hablando era Mikasa.
—¡Eren! ¿Qué es lo que dice? ¿Mikasa... dónde está?— Susurró Armin a un lado mío. Tenía las cejas un poco curvadas hacia arriba, la preocupación era palpable tanto en su voz como en su mirada. En cuanto a mí, no podía entender ni una sola palabra de lo que estaba escupiendo Kenny Más bien, me negaba a entenderlo. ¡¿Qué es lo que estaba pasando con Mikasa?!
—¿Eh? Explícate, viejo. No te entiendo.
—La mandé a ese castillo. jeje.
—¡¿Ah?! ¡Imposible! ¡Eres horrible! ¿Cómo se te ocurre...? ¿Qué tal si le pasa algo? Entonces habrás perdido a tu esclava.
—¿En serio no comprendes la situación? Llevo queriendo deshacerme de ella desde que comenzó a ser una carga. Si no dejaba que se marchara era porque hacerla sufrir era satisfactorio. Ah, me encantaría ver su reacción al descubrir que no hay nada ahí para ella.— Detesté el desagradable tono de felicidad que había en su amarga voz. Diciendo algo tan cínico como eso... Mikasa... ¿Dónde estás?
—Bueno, ha sido tu elección, pero aún así, ¿cómo estás tan seguro de que ella podrá entrar al castillo sin problemas?
—Dime tú, ¿quién, en su sano juicio, no aceptaría una ofrenda tan deliciosa como ella?— Ante esto último, Armin me había sujetado fuerte del brazo, apretando la tela de mi suéter mientras temblaba un poco. Esa situación se estaba poniendo fea... pero necesitaba averiguar la ubicación de nuestra amiga. Debíamos aguantar un poco más... Sólo un poco...
...
MIKASA
—...Y entonces el sujeto dijo "No sabía que eran saladas".— Concluyó Connie su relato, Sasha y él rompiendo inmediatamente después en carcajadas ruidosas y sin sentido. Y es que esa historia no tenía ni una pizca de lógica, al menos no para mí.
—¡Vaya! Siempre me río con eso. Nunca falla.— Exclamó Sasha apenas tuvo el suficiente aire en sus pulmones como para ser capaz de hablar. Seguro le daba risa porque era una especie de "chiste entre amigos", justo como "Kenny el Destripador" lo era para Eren, Armin y yo, y tal vez al ser un chiste entre amigos, no tenía sentido para mí. Porque yo no era su amiga.
—¡Lo sé, ¿verdad?! ¡JAJAJAJA!— Connie claramente no podía dejar de reír, al tiempo que se sujetaba su estómago con su mano derecha, mientras que con la izquierda daba unos cuantos golpes en la mesa frente nosotros. —Tengo otro más que tampoco falla nunca...— Dijo finalmente tranquilizándose y preparándose para comenzar otro "chiste".
¿Cuánto tiempo iba a durar esa tortura?
Estaba lista para soltar un gruñido de exasperación, cuando de entre todas las personas pude reconocer a Jean, el mayordomo de antes. Yo me paré de mi asiento inmediatamente, interrumpiendo a Connie.
—¿A dónde vas, Mikasa?— Preguntó Sasha ligeramente sorprendida por mi repentino movimiento.
—Sí. ¿A dónde vas?— Le siguió Connie. —Todavía no termino de...
—Lo siento, tengo que...— Estaba por darles una excusa, pero por poco perdía de vista a Jean. Tenía que alcanzarlo, y él tenía unas respuestas que darme. —Adiós.— Dije sin más, apresurando el paso para llegar hasta el chico de uniforme.
Apenas por el rabillo del ojo pude ver cómo los chicos se encogían de hombros, restándole importancia a mi ausencia. Menos mal. No quería traer a esos dos pegados a mí toda la noche. Eso facilitaba las cosas.
No le quitaba el ojo de encima al muchacho que me abrió la puerta hace unas horas, cuando choqué con alguien. Oh, no. Más gente.
—¡OUUUCH!— Escuché cuando sentí que pisé algo. Miré hacia abajo y... era un pie.
—¡Lo siento!— Dije enseguida de retirar mi propio pie. ¿Por qué esa torpeza no podía haberla dejado atrás, en casa de Kenny? Tenía que hacer algo o nunca resolvería el misterio de... ¿Qué misterio habia que resolver?
—¡No hay remedio! ¡Habrá que amputar!— Era una mujer, la misma que habia gritado de dolor, la misma que había aplastado con mi torpeza. Tenía anteojos y no tenía aspectos tan finos, pero era una mujer al fin y al cabo.
—No creo que haya necesidad de hacerlo... ¿O sí, Hanji?— Ahora era un hombre el que interfería. Era rubio y alto, ojos azules.
—Jajaja. No, sólo bromeaba.— Ahora la mujer sonreía. —Erwin, ¿dónde habías estado?
Si cambié al par anterior por este, no es mucho mejor. Tch.
—De verdad lo siento mucho, pero tengo que irme.
—¿Por qué tanta prisa, jovencita?— Preguntó Erwin. Ciertamente ese no era su asunto, sino mío, pero no podía ser tan grosera. Al parecer desde que ese enano me habló no puedo dejar de sentir una especie de... rabia.
Suspiré.
—No puedo contarles.
—¿Por qué no?— Insistió Hanji.
—Hanji, déjala. Está bien. Si no puede, no puede.— Volvió a interferir el sujeto. Al parecer éste era más consciente, y eso me agradó.
—Bueno... Adiós.
¿Dónde se había metido Jean? Fue lo primero que vino a mi mente cuando el rubio y la de gafas se alejaron, hablando por su cuenta. Cuando volví a encontrar a Jean, estaba justo frente a mí.
—Hola.— Dijo con simplicidad. —¿Qué tal tu velada?— Preguntó cortésmente. Definitivamente prefería estar con él que con todas las anteriores personas que me había topado. Hice un gesto y el parpadeó. —¿Hay algo... que te molesta?
—¿Podemos hablar? En privado, en otro lado, lejos de aquí.
—Por supuesto.— Respondió y nos alejamos por el pasillo por el que había ingresado a ese salón momentos antes, perdiéndonos ambos en la oscuridad del castillo.
Fin del capítulo. ¿Continuará?
¡FUUU! Finalmente el segundo capítulo, después de tanto tiempo c':
¿Qué les pareció? Quizás es un poco corto, pero es que quería ya darles algo. Y no hay mucho que decir u-u Sólo que... a lo mejor la historia se extiende a cinco capítulos, es decir, tres caps más.
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Panku~
Publicado el 14 de Enero del 2017.
