6. Diode
Mamoru y Haruka caminaban entre una multitud en el centro de la ciudad, intentando localizar a Igawa que había ido a una tienda a comprar unos elementos electrónicos para reparar los lentes del samurai que, de forma inesperada, habían terminado destrozados, e Igawa no tenía unos de repuesto que funcionasen en el momento. Así, Igawa, Mamoru y Haruka habían tenido que ir de emergencia a comprar un dispositivo que le hacía falta a los lentes en el centro de la ciudad, donde Igawa se había perdido de la vista de Haruka, la corta estatura de la quinceañera no le permitía encontrarlo entre la multitud, y llevando a Mamoru del brazo, el samurai no era de ninguna ayuda puesto que no podía ver nada.
-¿Ya lo encontraste?
-No alcanzo a verlo.
-¿Qué? -La bulla de la multitud, sumada con un reciente enfrentamiento lleno de intensos disparos no le permitían al samurai escuchar bien a Haruka. -¿Haruka? -El samurai se inclinó hasta la altura del rostro de ella para poder escucharla.
-No lo veo, Mamoru-san, no lo veo. -La joven miraba de lado a lado tratando de encontrar los lentes, las trenzas o la ropa ancha de Igawa entre la multitud.
-No entiendo porqué teníamos que salir a comprar esto ahora, y ¿qué necesidad había de que nos bajáramos de la camioneta, Haruka? -La joven apretó la boca con molestia, pero entendió el comportamiento quejumbroso del samurai al atribuirlo al cansancio de la pelea.
-Lo siento, tienes razón, mejor volvemos a la camioneta y esperamos a Igawa. -El samurai seguía inclinado al lado de Haruka y la joven sentía su aliento en su mejilla derecha, la rubia movió su rostro un poco hacia esa dirección. -Lo siento, quería salir un rato, pero es mucho más importante que descanses. -Haruka vio sonreír ligeramente al samurai antes de sentir un peso sobre su hombro izquierdo que la empujó contra él, una mujer había golpeado con su cuerpo a Haruka mientras pasaba, causando que los labios de la joven aterrizaran en los labios del samurai que la había sostenido por los hombros para que no se cayera. Fue por unos breves dos segundos, pero Haruka sintió los labios cálidos del samurai contra los suyos e inmediatamente sintió su rostro enrojecerse y su cuerpo paralizarse, Mamoru había reaccionado rápidamente y había echado la cabeza hacia atrás. Haruka levantó la mirada y se encontró con el rostro ligeramente avergonzado del samurai, y soltándose de sus brazos salió corriendo sonrojada, a Mamoru le tomó unos segundos procesar la situación.
-¡Hey, Haruka, ¿A dónde vas?¿Cómo se supone que regrese a la camioneta así?! ¡Haruka! -El samurai se tomó la frente con molestia y acomodándose los lentes inservibles suspiró.
7. Polish
Mamoru entró a su cuarto desde el patio vistiendo una camisilla y con la espada en la mano, se secó el sudor de la frente con un brazo y miró hacia un lado a Haruka que guardaba algunas de sus camisas en el clóset, luego puso la espada sobre el escritorio y buscó algunos elementos en una gaveta para afilarla. Cuando puso todo en en el escritorio y estaba por sentarse vio a la joven que se ponía a su lado.
-Mamoru-san...
-¿Qué?
-¿No podrías enseñarme a pulir la espada?
-¿Para qué?
-Para saber... -Mamoru torció la boca y haciendo un gesto con la mano le indicó a Haruka que se sentara, la joven sonrió y obedeció.
-Lo primero que tienes que hacer es... ¡¿qué haces?! -Haruka había tomado al azar uno de los recipientes solo para alterar al samurai, y se echó a reír, casi haciéndole perder la paciencia. Mamoru se puso detrás de Haruka y tomando las manos delicadas de la joven entre sus manos gruesas, le mostró la manera correcta de afilar la espada. Haruka apretó la boca, comprendiendo que la cercanía repentina del cuerpo del samurai al de ella era la manera típica que éste había encontrado para hacerla quedarse quieta cuando intentaba molestarlo. La joven se dejó guiar mientras sentía como sus mejillas se ponían calientes estúpidamente, y se arrepintió de su intento de molestarlo al sentirse nerviosa ante la visión de los brazos musculosos y descubiertos del samurai a ambos lados de su cuerpo, Mamoru tenía su rostro justo al lado del de Haruka, y le daba instrucciones precisas sobre el proceso, ella solo observaba las gotas de sudor sobre el rostro de él, el cabello que se le pegaba a la frente, y la cicatriz ligeramente enrojecida por el calor. -Hey...¿estás atendiendo? -Haruka asintió en silencio y volvió su mirada a la espada, y a las manos de Mamoru que agarraban las suyas con firmeza. El hombre comprendió que se había pasado un poco hasta conseguir que Haruka se sintiera demasiado nerviosa, y quiso soltarle las manos y quitarse de encima de ella, pero al intentarlo, sintió los dedos de Haruka que buscaban entrelazarse con los suyos y no lo dejaron ir; el samurai miró a la joven, que tenía la boca apretada y miraba hacia abajo y sintió un escalofrío que recorría su espalda. Mamoru acercó lentamente su rostro hacia el de ella, solo para comprobar si realmente había leído bien la situación, y tragó en seco cuando vio a Haruka alzar el rostro y moverlo torpemente al encuentro del suyo, el samurai quiso detenerse cuando sintió el aliento de la joven en sus labios, pero mientras observaba por sus lentes a Haruka cerrando los ojos, recibió el impulso que le faltaba para finalmente decidirse a besarla. Incapaz de utilizar las manos para acercar el rostro de Haruka hacia él, Mamoru se lanzó casi que violentamente contra sus labios y cerró los ojos cuando sintió por primera vez con su boca la forma exacta de los pequeños labios que había observado en varias ocasiones. No parecía una locura que estuviese besando a su futura esposa ahora que tenía 17 años, y realmente no se había forzado a hacerlo, sino que había reprimido las ganas, que habían surgido en él de forma inesperada y demasiado natural, al menos desde hace un año. Mamoru podía sentir con su rostro que la cara de la joven estaba realmente caliente y la besó por un minuto más hasta que la sintió que perdía la respiración, luego apartó la cara de ella, la vio abrir los ojos mientras los párpados parecían pesarle y respiraba por la boca, el samurai se liberó de sus manos y salió del cuarto, Haruka no lo vio más en ese día.
8. Growing up
Mientras corrían huyendo de un grupo de agresores enviados por Turus, Haruka y Mamoru buscaban la ruta más segura y libre de personas posible. El samurai se impacientaba al tener que disminuir su ritmo para no dejar atrás a Haruka, y gruñendo molesto, la tomó por la cintura y la levantó del suelo, cargándola con su brazo izquierdo, iba a empezar a correr nuevamente cuando sintió los pataleos de la adolescente.
-¡Bájame Mamoru-san, bájame!
-¿qué, qué pasa? -Haruka trataba con todas sus fuerzas de liberarse del brazo del samurai.
-¡Deja de cargarme de esa manera, no soy una niña! -Mamoru se burló y pese a los golpes de Haruka y a sus intentos de patearlo, no la bajó.
-Tienes catorce años...
-¡Ya te dije que no soy una niña, bájame, Mamoru-san! -El samurai suspiró y la soltó, poniéndola de vuelta al suelo con delicadeza, Haruka respiraba con molestia y Mamoru podía distinguir su rostro enfurecido a través de los lentes. El samurai se acercó a ella y con ayuda de sus dos brazos la levantó del suelo y la cargó en la forma como los esposos cargan a sus esposas en la noche de bodas, la adolescente no pudo musitar palabra mientras sentía su rostro sonrojarse.
-Te cargaré así entonces. -Dijo el samurai sonriendo de forma maléfica, y reanudó el escape.
9. Realization
El verano de los 16 años de Haruka, cuando de alguna manera habían conseguido un descanso de los terroristas y se encontraban en la playa, Mamoru comprendió que Haruka era su tipo perfecto de mujer cuando, sentado en la arena, sus ojos no se fueron detrás de la figura despampanante de Juliet y ni siquiera se concentraron en el cuerpo curvilíneo de Haruka mientras se quitaba la ropa para quedar en vestido de baño, sino en la sonrisa en el rostro de ella, y sus oídos se embelesaron con el sonido de la risa tierna saliendo de su boca.
10. Dizzy
Una semana después que los acontecimientos con los guerreros de Galboa, Trump, hubiesen terminado, Igawa todavía hacía guardia desde la camioneta y siendo tarde en la noche, Haruka había salido de su cuarto a buscar un vaso de agua. La adolescente se rascó los ojos y encendió la luz de la cocina, abrió la nevera y estaba sirviendo el agua cuando vio pasar una sombra por la entrada de la cocina, casi dio un grito por el sonido de pies que se arrastraban, pero lo ahogó cuando se dio cuenta que era Mamoru. Haruka arrugó el rostro cuando vio a un Mamoru sin lentes que estaba apoyado en el marco de la entrada a la cocina y cuyo labio inferior sangraba.
-¿Mamoru-san? -Haruka vio al samurai pasarse una mano por la frente secándose un sudor que ella no entendía de dónde provenía.
-¿No deberías estar durmiendo? Mañana tienes clases. -La voz de Mamoru se escuchaba ahogada y opaca, al contrario de su voz habitual gruesa y clara, la adolescente cerró la nevera y se acercó a su guardaespaldas.
-¿Estás bien?¿Por qué no estás usando los lentes? -Los ojos de Mamoru parecieron perderse un momento mientras seguía apoyado y su labio sangraba.
-Me duelen los ojos, vete a dormir.
-Vine a tomar agua. -Respondió Haruka entre molesta y preocupada.
-Ah, entonces hazlo y vete a dormir. -Mamoru se dio vuelta sin despegarse todavía del marco y la adolescente observó mientras sus pies parecían enredarse en su salida, por lo que se decidió a ir tras de él. Haruka tomó a Mamoru por las muñecas y puso sus manos sobre sus pequeños hombros, el samurai sudaba frío.
-Camina con cuidado, yo te llevo a tu cuarto. -El samurai quiso inmediatamente quitar sus manos, pero Haruka se lo impidió. -Si tienes mareo no sé qué haces caminando por la casa. -Agregó la pequeña clarividente mientras Mamoru caminaba apoyada en ella. Después de llevarlo casi a rastras, y de obligarlo a entrar a su cuarto, el samurai se sentó en su cama y Haruka dudó por un momento si entrar o no a la habitación. -Estás sudando frío, Mamoru-san, ¿qué tienes?¿Se te bajó la presión?¿Quieres que te traiga algo? -Mamoru se cubría la cara con las manos sin responder, Haruka dio unos pasos y entró a la habitación de Mamoru, encendió la luz y se acercó a él. -¿Qué tienes Mamoru-san?
-Nada, vete a dormir y déjame en paz. -Mamoru le hablaba Haruka desde detrás de sus manos.
-Te traeré algo para que tomes.
-No quiero nada, tengo ganas de vomitar.
-Ah, es eso...te traeré algo para que se te quite el mareo y las naúseas.
-Que no...-Haruka ya había salido del cuarto cuando Mamoru intentó detenerla, el samurai suspiró con molestia, y aunque no podía pensar muy claramente se sentía como un inútil de que Haruka estuviese cuidando de él. El samurai había despertado en esa condición después de una pesadilla, pero no iba a admitir tal cosa, podía incluso sentir el sabor de la sangre en su boca, pero ni siquiera se iba a preocupar en limpiarse, sentía que los oídos le zumbaban como si hubiese oído armas dispararse durante horas. Unos minutos después, se sentía un poco mejor, y Haruka entró a su habitación con lo que parecía una toma de alguna hierba de olor desagradable.
-Te dije que no quería nada. -Haruka torció la boca.
-Tómate esto, te hará sentir mejor.
-Eres como una abuela. -Haruka quiso tirarle la toma caliente en la cara, pero la voz todavía apagada de Mamoru no la dejó. El samurai quiso coger la taza pero Haruka se lo impidió cuando vio sus manos temblar y puso a un lado la toma.
-Déjala que se enfríe. -La joven salió un momento y volvió con un algodón mojado, Mamoru seguía en su estado lamentable y sus ojos obviamente mareados. La adolescente vaciló antes de sentarse en la cama al lado de Mamoru.
-¿Qué...?¿Qué quieres? -Con toda la valentía que pudo juntar, y sabiendo muy bien que ya había perdido todo el control sobre su respiración y el color de sus mejillas, Haruka tomó el rostro del samurai con una mano y con la otra le limpió la sangre de la boca. -Oye...
-Cierra la boca. -En la mente de la pequeña rubia estaba todavía demasiado fresca la confesión de Mamoru de que aceptaba casarse con ella, y estaba realmente molesta de tener que justo en ese momento comportarse como su esposa. El samurai dejó de quejarse pero siguió frunciendo el ceño, el nerviosismo de Haruka crecía a cada minuto hasta tener ganas de salir corriendo a su cuarto de la vergüenza; la adolescente respiró profundo y tomó la taza sin soltar el rostro de Mamoru. -Está caliente.
-Oh, no, estás loca si crees que- Las quejas del samurai se detuvieron cuando Haruka le puso la taza con la toma de olor desagradable en la boca, y la retiró después que se cercioró que hubo tomado un trago. -Haruka... -La voz del samurai empezaba a llenarse de molestia.
-Mamoru-san, la gente enferma debe quedarse quieta y mejorarse, tómate la medicina, por favor. -Haruka bajó el rostro mientras hablaba y aún sostenía la barba de Mamoru, estaba realmente nerviosa y se sentía cansada de la repentina rebeldía de su guardaespaldas; el samurai renunció a resistirse más y asintió, un poco movido con el ruego tímido de la adolescente. Mamoru, habiendo recuperado algo de su color después de tomarse la medicina, se acostó a dormir bajo las órdenes de Haruka, y la joven se fue hasta su cuarto y cerró la puerta para luego regresar en puntillas y sentarse en el pasillo a un lado de la puerta del cuarto de él. El samurai suspiró sabiendo perfectamente que ella estaba allí, pero no se molestó en mandarla a dormir, al rato empezó a sentir que el mareo lo abandonaba y que el sueño volvía a él. Haruka se fue a dormir cuando lo escuchó roncar.
