Dislcaimer: No, no me pertenece ni Bella, ni Alice, ni Rosalie, ni Emmett :(, ni Jasper, ni Carlisle (¬¬"), ni Esme, ni Charlie, ni Renenesme, ni Reneé... Y con mucho dolor... Ni Edward. Yo solo me entretengo fantaseando y entreteniéndolas :D


Summary: Bella ha quedado huérfana y sola. Cree que si vida continuara de la manera más tonta, pero descubre que hay muchos secretos que valen para mantenerse con vida. Esme, quien acaba de llegar a Forks la acoge como su hija. Ahora, un chica de pueblo se enfrentara a chicos de ciudad, chicos como Edward Cullen y Max Dei; en ella recae conocer el amor, descubrir la verdadera muerte de su madre, saber que relación tiene Esme con su abuela... Y todo aquello en apenas dos años, por que, Bella tiene los días contados. Y en dos años, sabe que ocupará un lugar más en la lista de los "no vivos".


Capítulo 1: Empleo de un funeral.


El viento de aquella tarde removió los cabellos de la joven, no se sorprendió en absoluto, apenas podía creer lo que pasaba. Su abuela había muerto. Su única familia. Ella estaba completamente sola.

Sola. Aunque la iglesia, a la que llevaba el sendero que caminaba estuviera abarrotada de gente. Sola, aunque sus amigos estuvieran esperándola para apoyarla, y sola porque ella así lo quería.
Con sus hinchados ojos contemplo la entrada llena de las blancas flores que cada invitado había aportado. Siguió caminando con las manos unidas sobre su regazo hasta el otro lado de la iglesia.
Ignoró la multitud que ante ella giraba, procedió con una sonrisa de despedida a cada uno y entonces pudo llegar al monumental ataúd.

Esa caja tan elegante, con bordes labrados en plata, con fina gamuza negra cubriéndole, y una elegante tapa abierta. Dio solo unos cuantos pasos más para quedar a merced del sufrimiento. Para observar el inerte cuerpo de su abuela. Y ocurrió lo más irónico de su vida.

Marie –Le saludó con una sonrisa a la anciana de blancos cabellos, cara arrugada y profundos ojos cerrados.

Le dolió saber que ya no volvería a contemplar aquellos ojos verdes de su abuela, esos que según le habían contado su madre heredó, y que, al igual que ahora, la muerte los poseía.

Jamás volvería a ver ese esmeraldino color nunca más. Se lamentó en ello, pero no borró la sonrisa de su rostro.

Quería creer muchas cosas, sobre todo quería creer que su abuela estaría ahí para verla. Tenía el consuelo de que no faltaría mucho para el encuentro que su madre, su abuela, y ella tendrían.

– ¿Estás segura de que quieres ir? –Le repitió por quinta vez Carlisle a su esposa.

Aunque las ruedas del auto chirriaban en el pavimento por la prisa que llevaban, aún podían girar, de eso estaban seguros.

–Fue como mi madre, Carlisle –Le recordó en todo solemne–. Tengo que... –Se interrumpió, sintiéndose culpable con las palabras–, Quiero ir.

Poco a poco la ciudad desapareció y dio paso a la carretera de nuevo. Esme bajó el cristal de su ventana, e inspiró profundamente el aire que a su cara llegaba.
Sus cabellos caramelo se movieron en el viento y cerró los ojos obteniendo un recuerdo.



"No me sueltes nana. No lo hagas." Pedía la niña montada en su nueva bicicleta. Era un regalo de su padre, un regalo de disculpa por el enorme moretón que llevaba en su pierna derecha.

"No lo haré mi niña, jamás" Le confió Marie sosteniendo el asiento con firmeza, aunque a su edad le costaba un poco correr, hacía el esfuerzo por mantenerse, sobre todo por mantener la bella sonrisa de la niña en su rostro.

"¡ESME!" Una grave voz sonó a unos cuantos metros del campo por donde jugaban. Una voz que provocó un escalofrío en la frágil piel de la niña y una terrible pena en Marie. "¿Qué haces aquí?"
Involuntariamente Esme tembló y bajo de su bicicleta, casi por inercia tomó lugar atrás de Marie.

"Te hice una maldita pregunta y quiero una respuesta" Despotricó aquel hombre echando su pertinente aliento de alcohol a la cara de Marie.

"Estábamos jugando" Contestó la señora, tratando de no dar lugar al temblor que amenazaba en sus piernas.

"Es mi hija, ¡Maldita sea!" Le gritó a Marie "No es mi culpa que tu hija haya preferido irse con su padre" "Esme, ¡Ven para acá!"

La niña no se movió de lugar, únicamente apretó con más fuerza la larga falda de su nana.

"¡Que vengas para acá te digo!"Avanzó hasta su lado y la tomó del brazo, la niña no se quiso mover por lo que fue provocado un moretón en su delicado brazo. Se quejó del dolor.

"No la lastimes, David" Le dijo la señora preocupada.

"Es mi hija y haré lo que quiera con ella" Amenazó tomándola con más fuerza y echándosela encima como si fuera un costal de papas.

"Papi no" Pidió con una asustada voz la niña.

Esme sabía lo que pasaría a continuación; entrarían a la enorme casa en la que vivía con su padre, entonces él la golpearía hasta ver en aquellos ojos caramelo el mismo dolor que años atrás vio en los ojos de su esposa, cuando en la labor de parto murió.

Después caería devastado por lo que había hecho y la pequeña Esme podría escabullirse hasta su habitación, asegurándose de poner cada cerrojo y cerrando los ojos fuertemente por olvidar lo sucedido, tal como Marie le había indicado una sola vez, de ese modo sufría menos.

David se encerró en su despachó, se sentó sobre su sillón, recargó las manos sobre su escritorio y su cabeza sobre ellas. Y ahí estaba por delante de él, la amplia foto de la madre de Esme, la vio hasta que... ni el mismo fue consciente del grado de dolor de saber que su vida se perdía, que su alma le había abandonado tiempo ya con la mujer que amaba y que ningún grado de raciocinio habitaba en él le hacía inconsciente de todas sus acciones.

Marie llegó a la mañana siguiente, cumpliendo con su deber de cuidar a Esme desde la mañana hasta la noche, claro solo entre semana, ya que los fines de semanas Esme tenía que estar en su cuarto o algo parecido a la noche anterior se repetiría.

La pequeña bailoteó de un lado a otro al ver a Marie, quien trató de ocultar la tristeza y desesperación en sus ojos al ver el amoratado cuerpo de la dulce niña.

«Esto tiene que acabar» Pensó desesperada.

¿Pero qué podía hacer ella que no hubiera hecho ya? Ya había hablado directamente con David sobre el modo de tratar a su hija, de modo discreto le había dado tranquilizantes... También había alertado a las autoridades, y con ellos solo obtuvo ser otra víctima de la fuerte mano de David.

Marie suspiró cuando vio caer la tarde tras el enorme ventanal de la habitación de Esme, la niña yacía en sus manos totalmente quieta, con el único movimiento de su prolongada respiración y algunos murmullos atropellados en su garganta. Era la hora de irse, y dejarla sola.

Camino hasta el despacho de David con la mente trabajando en un consejo "sutil" que salvara a Esme de una próxima situación. Tocó la puerta con los nudillos dubitativos, esperó un sonido que jamás llegó y entró. De seguro se había quedado totalmente embriagado sobre su escritorio.

Pero lo que Marie encontró no fue nada parecido. La enorme foto que formaba la pieza central de aquella habitación se encontraba justo delante del escritorio, David permanecía totalmente inerte sobre la foto, no había cristal roto o sangre pero el frasquito de pastillas vacío sobre su mano y los papeles a un lado declaraban algo que tal vez no era necesario comprobar.

Con la mente el blanco Marie comprobó que el pulso de David era nulo; los fármacos habían hecho ya su función. David se había suicidado. El folder tamaño oficio a un lado parecía destinado con todos los propósitos a ella. Y no solo lo decía el enorme titulo de «MARIE», la agudeza de los sentidos de Marie estaba hecha añicos. Marie no tardó mucho en llamar a la ambulancia, llegó la policía y luego un abogado.

El folder no contenía una extensa carta con palabras significativas o algo parecido, si a lo mucho había algo para Marie era lo que los abogados habían entendido en el testamento de David; toda propiedad de él era ahora de Marie, incluyendo la tutoría completa de Esme.



El mismo viento que antes le había traído el recuerdo a Esme cambió de temperatura gradualmente, haciendo que la áspera temperatura del aire golpeara la nariz de Esme trayéndola a la realidad.

Ahora iba a un funeral. Al de su nana, a la que ya no había vuelto a ver desde el día de su boda... Eso trajo a su mente lo que había estado esquivando, lo que había preferido mantener en duda, pero ahora era un hecho.

Debía hacerlo, de nuevo tuvo que corregirse mentalmente, quería hacerlo. Cuando Marie fue como su madre jamás la vio como una obligación, Esme quería hacer esto en verdad.

– ¿Recuerdas lo que te pedí? –La delgada voz de Esme resonó en el auto, ya había habido demasiado silencio como para continuar la conversación, pero Carlisle podía saber a qué se refería.

Él mismo no había abandonado las palabras que Esme le había dicho ya tiempo antes, las repetía tratando de comprenderlas, apoyarlas y sobre todo, llevarlas a cabo.

–Lo recuerdo bien –Contestó Carlisle meditando lo que diría a continuación; sabía que debía de ser cuidadoso con las palabras que diría a Esme–.Podemos con lo que queremos.

Eso solo hizo que la mirada de Esme se perdiera aún más y que su mente se llenará de tantas contradicciones que prefirió abandonar la realidad hasta que el pavimento se hubo acabado y una enorme blanca estructura se hallaba justo por el lugar en el que el carro se detenía.

Habían llegado.

–Tú abuela fue una gran persona –La señora de blancos cabellos, y rostro anciano le quería animar a la joven con ojos perdidos al frente, o perdidos en la nada.

¿Qué era lo que sentía realmente? ¿Miedo? ¿Y de ser así, por qué? ¿Por qué su abuela estaba muerta, porque ella estaría sola, o porque probablemente no lo estaría durante tanto tiempo?

«Todo había terminado» La única frase coherente que habitaba en las adoloridas neuronas de la joven.

Ya no le quedaba nada más, mucho menos esperanza o ilusión y eso dolía más que cualquier cosa. Es que no tenía ni una sola esperanza de seguir adelante, de poder decir "Capítulo olvidado y que venga el siguiente" No para ella.

El padre salió por la amplia puerta a un costado con el rostro repentinamente cansado, de esta forma ocultaba sus lágrimas y fingía que solo sería una misa más. No lo era, era la misa de la muerte de su mejor amiga. Marie había sido la mejor amiga de todos. Una persona así no se merecía la muerte ni en un millón de años.

De todos modos la vida no era justa, y el padre esperaba en verdad que la muerte fuera diferente. Esperaba ahora más que nunca creer que en aquel señor majestuoso y asegurarle "la gloria" a Marie; porque era eso lo único que ella merecía, si no es que más.

Un profundo sonido de las fuertes campanas inundó los oídos de cada persona en la gran habitación. Con respeto cada uno tomó asiento a excepción de Bella, ella todavía se encontraba aturdida con el pacifico e inmóvil rostro de su abuela.

«Ella siempre había sido tan fuerte» Se dijo a sí misma.

El segundo toqué de las grandes campanas llegó y entendió que debía de sentarse ya. Camino con una exagerada lentitud hasta la amplia banca de madera de enfrente. Se sentó sintiéndose de pronto muy liviana y observó al padre con el rostro roto, entonces sonrío y el padre hizo lo mismo.


"¡No puede decir esto!" La joven exasperó sin querer ocultarlo, había esperado más de dos horas afuera del cuarto de su abuela con los nervios hechos añicos para que su única esperanza se viera desvanecida con un plural de palabras.

"Lo siento tanto, Isabella, pero debemos de respetar lo que dice y si ella no quiere más..." La voz madura del hombre se quebró, ¿Qué si ella no quería más? ¿Simplemente esperarían su muerte sentados? ¿Cómo podía él estar diciendo aquello?

Bella inundó el sollozo en su garganta, debía de tener alguna esperanza. Después de lo que su doctor le acaba de decir la pasada tarde del martes, no podía esperar lo mismo para su abuela.

"No puedo decirle nada, si ella espera eso, no quiero que lo haga sufriendo por mi" Le confesó la joven sintiéndose totalmente culpable, su abuela se iría a la tumba sin saber el secreto de su vida. Aún así sería un precio que ella pagaría porque su abuela no sufriera más.

"Es tu decisión"

Haren, no pudo sentirse más orgulloso de Bella, la había visto crecer desde pequeña y ahora esta niña profesaba una madurez y amor que le hacían admirarla.

"Así es, y ya la he tomado" Asintió para sí misma.

"¿Haren, Bella? ¿Qué se secretean? Los quiero aquí conmigo" La voz procedía del cuarto entre abierto a las espaldas de ellos.

Haren se sobresaltó un poco, luego gentilmente se volvió hacia Bella para que ella entrara primero. Pareció que los dos se hubieran puesto en común acuerdo cuando entraron con una sonrisa a la pieza.

Marie los observó con las arrugas en sus ojos, y estas se intensificaron cuando ella misma se sonrío al verlos así.

"Prométanme que cuando estén en mi funeral llevaran la misma sonrisa" Pidió como si se hablara de un tema cotidiano, como si les estuviera decidiendo «no se olviden de pasar por la ropa a la tintorería».

A Bella por supuesto que no le gusto escuchar las palabras, aún sobre eso sonrío a hacia su abuela antes de acariciar la clara melena.

"Lo prometemos" Dijeron ambos, segundos antes de arrepentirse sobre la promesa probablemente más imposible de toda su vida.



Haren observó a Isabella con ojos ausentes en el mismo recuerdo, cuando se percató de como ella sonreía, entendió que también él debía de hacerlo. De nuevo se sintió orgulloso y comenzó la misa. Él era el padre probablemente más privilegiado por darle la última misa a una persona tan valiosa como Marie.

De improviso las grandes puertas de la iglesia se volvieron a abrir, al mismo tiempo que la última campana resonaba en cada ladrillo de la construcción. Las palomas volaron como si supieran que era lo que seguía y se ausentaron de aquella misa.

Todos ahí se giraron hacia los recién llegados, sorprendiéndose al instante.

Algunas señoras recordaron haberlo hablado el domingo pasado, a la hora del juego entre algunos otros chismes. Algunos señores oyeron hablar de ellos a sus esposas y algunos jóvenes simplemente les habían advertido de no ser irrespetuosos. Esme había llegado.

Así es, Esme, la jovencita que había estado en la boca de todos por fin había llegado. Claro, ahora ya no era esa joven "promiscua" y malcriada por toda la herencia de su padre, que vivía con Marie en aquella época. Ahora era toda una señora. Había sustituido los pequeños shorts con lo que conquistó a la mayoría de los esposos ahí presentes por una larga falda de fina tela, también había cambiado su inconfundible divertida sonrisa de coqueteo que hacía añicos la bilis en el estómago de las muchas señoras ahí presentes, por un rostro lleno de pésame y desaliento.

Pero lo que definitivamente hizo que en la misa se levantara un completo susurro de chismes fue el señor que la acompañaba. Rubio, ojos azules con facciones varoniles pero finas y perfiladas, además aquel porte derretía a cualquier mujer... ¿Quién era él? ¿Por qué le tomaba de la mano a Esme? ¿Su esposo? ¿O tal vez una aventura? De nuevo el bullicio se hizo presente.

–Silencio, por favor –Pidió un irritado Haren.

Todos volvieron a la realidad, este lugar era el menos indicado para lo que hacían. Cerraron sus bocas y no volvieron a emitir sonido alguno. Esme pareció impasible ante el ambiente y continuó caminando hasta la banca de adelante que en un momento le pareció la mejor opción.

Haren comenzó la misa sin atisbo de interés en Esme. Él tenía apenas quince años en aquel pueblito, no podía saber toda la historia sobre la señora de cabellos mieles que acaba de entrar. Todo estuvo tranquilo, Haren terminó satisfecho y pudo asegurar que el alma de Marie descansaría en paz.

Isabella estuvo más ausente en otras cosas, la historia de su abuela ya había terminado y ahora ella tendría que saber cómo seguir la suya antes de que se le acabara el tiempo. Ella no podía fijarse en disfrutar de un futuro, ya que a ella solo le quedaba disfrutar el ahora. La mayoría del público de atrás se levantó sabiendo que ya de nada servía hablar con Bella.

Esme en cambio permaneció en su lugar hasta que todas las bancas estuvieron vacías, Carlisle permaneció sereno concediéndole su espacio mientras que Haren observó con duda como Esme se levantaba dirigida hacia Bella. Aún así Haren tuvo que salir de ahí, ya que una de sus ayudantes le habló por la puerta de atrás. Debía de apresurarse para llegar a tiempo al entierro.

Bella observó con dolor como de nuevo el ataúd de su abuela era llevado por el pasillo.

– ¿Bella? –Pronunció con total extrañeza Esme.

Levantó la mirada lista para repetir "Gracias por sus palabras, sé que estaré bien" pero no conocía a quien le hablaba. Más esto no generó algún interés. Permaneció callada esperando las palabras de pésame para que ella pudiera decir su línea y la señora se fuera libre de remordimiento o algún tonto compromiso.

«Tonto compromiso, eso es lo que todos sienten aquí» pensó.

–Soy Esme –Le dijo tratando de presentarse, era extraño que esperara que Bella supiera algo por su nombre–. Conocí a tu abuela...

«Y ahí empieza el discurso...»Pensó Bella de forma desganada.

"Y estoy lista para hacerme cargo de ti" No, Esme no podía decir eso así como así. Tenía que darle tiempo a la muchacha, tenía que hacerla reflexionar y hacer que ella quisiera irse.

–Solo quiero que sepas que estaré cerca –Le trató de reconfortar con un ligero apretón en el hombro y una sonrisa de apoyo–. ¿Te llevo a algún lugar? –Le ofreció.

Bella pareció sorprendida, ¿Cómo una extraña le decía eso?

–Estoy esperando a Haren, él ya viene...

–Oh –Esme asintió, tal vez sería difícil convencerla de algo–, ¿Tu novio?

Bella se sorprendió por lo que decía, incluso quiso reír de lo que Esme pensaba.

–No, no, él es... el mejor amigo de mi abuela, supongo que ahora estoy más a cargo de él que de cualquier otra persona... –Comentó, tratando de explicarse al mismo tiempo de donde tanta confianza.

Pero lo disfrutó, era la primera vez que hablaba tanto desde que su abuela murió.

–Ah ya entiendo, solo que... – ¿Y ahora que seguía? Pensó que lo mejor sería hablar con este Haren que Bella le comentaba, él tal vez sabría algo que lo que Marie había dejado dicho.

Bella apenas y prestaba atención a Esme, estaba más pendiente de como Haren se subía en la camioneta con el ataúd de su abuela y esta se iba sin ella.

–Esto.. yo.. –Camino hasta salir de la iglesia pero era demasiado tarde, la camioneta la había dejado.

Esme observó por detrás todo.

–Haren debe de estar muy agotado, estoy segura que a él le duele más que a mí... –Dijo Bella lamentándose.

–Yo te puedo llevar –Ofreció Esme mirando hacia Carlisle para que él se levantara–, mi esposo y yo justo ahora íbamos al entierro...
– ¿Entonces conoció bien a mi abuela? –Preguntó Bella con extrañeza, solo la gente que la abuela Marie le había pedido iba al entierro, solo la gente más allegada a ella, ¿Cómo era que no se acordaba de haber invitado a un tal Esme?

–Así es –Asintió Esme llevándola por los hombros hasta afuera de la iglesia.

Bella se sorprendió con los buenos modales de Carlisle, ya que él abrió la puerta de ella, la de Esme y aparte dio una inmensa vuelta para irse a la suya. Indicó la dirección y Carlisle manejo sin cuestionar.

–Entonces Bella, ¿Te quedarás con algún familiar? –Preguntó Carlisle después de haber un largo rato de silencio.

–No tengo a nadie aparte de mi abuela...

Esme estuvo a segundos de preguntar "¿Y tu madre?" pero ella ya sabía la respuesta. Reneé había muerto. La vida de Bella no era para nada felicidad. Más no parecía una mala chica.

–Que lastima –Lamentó Carlisle–, pero has de conocer a alguien, tu abuela no te dejaría sola –Bella frunció el ceño, ¿A donde quería llegar este señor?

–Aún no he pensado en mi futuro, no es algo que planeé, y estoy demasiado confusa para cuestionar a mi abuela, sé que hizo lo que mejor pudo con cada cosa para resolverse mi vida en pocos segundos pero aún así trataré de ver como lo puedo llevar yo... –Incluso Bella se sorprendió de su respuesta.

¿Acaso había aparecido ya? ¿Había aparecido ya lo que antes le habían dicho que jamás aparecería pese a que ya hacía su mayoría de edad? Madurez, eso parecía.

Carlisle guardó silencio; la chica que viajaba atrás de su carro se ganó cierto respeto. Observó a Esme quien negó con la cabeza deliberadamente. Ella quería llevarse las cosas más tranquilas.

–Aquí es –Señalo Bella al ver el panteón al que llegaban.

Carlisle estacionó y después todos se bajaron. Caminaron hasta el lugar que se fue previsto y terminaron asistiendo al entierro como era debido. Solo estaban ahí las mejores amigas de la abuela Marie y algunos parientes demasiado lejanos para ella. Solo que no eran ninguna oportunidad para Bella, ellos tenían la misma edad de la abuela Marie y Bella no quería repetir ninguna historia.

El funeral terminó y todos se abrazaron con dolor. Bella se abrazó a sí misma, Esme trató de acercarse pero...

– ¡Esme! Niña mía, hace mucho tiempo que no te veo, ¿Sabría Marie que vendrías? –La voz de la amiga más vieja de la abuela Marie sobresaltó a Esme por detrás pero cuando volteó se lanzo a los brazos de la anciana.

– ¡Tía Jane! –Saludó con profunda alegría.

Bella se sorprendió, ¿Cómo conocía Esme a tía Jane? Si ni ella misma la había podido conocer bien...

– ¡Oh pero si Bella también ha crecido tanto! –Se dirigió a Bella con una sonrisa en su falsa dentadura.

Luego de convivir con todos el ambiente pareció más tranquilo. Y es que la abuela Marie había sabido a quien invitar. No a la falsa gente que llora durante todo el funeral, si no a la que sabe el dolor que tienen pero se esfuerza por sonreír y hacer bromas para de verdad apoyar a la abuela Marie.

A mitad de todo Haren se acercó a Bella.

–Discúlpame por dejarte es solo que ando con la cabeza en todo y... –Sus grises cejas se volvieron pesadas sobre sus ojos y se disculpó sinceramente.

Bella negó rápidamente.

–No se preocupe, además ya estoy mejor, solo que... –Dudó si se estaba aprovechando del pobre señor–, ¿Puede llevarme a casa?

Haren asintió, la llevó hacia su camioneta, y luego hasta su casa. Bella estaba tan agotada que lo primero que hizo al llegar fue dormirse. Haren se aseguró que no hubiera ningún peligro y salió de la casa.


¡Gracias, gracias por la paciencia!

franii.p, sorbel cullen y Victoria Masen Cullen por agregar a Ultimo Latido alerts!

Ahora subire todos los capitulos que recompensan el tiempo que estuve perdida :)

~Besos