Título – El Hilo Rojo de los Sueños
Autores – Tanuki-801 y DANHK
Advertencias – Yaoi y escenas explícitas en futuros capítulos.
Este fanfic es un una colaboración entre la grandiosa Tanuki-801 y yo. Esperamos sus comentarios, críticas y sugerencias. Gracias por leer.
Capítulo Dos
La jornada escolar pasó tan ordinaria como siempre entre clases, tareas y trabajos. Al llegar el fin de semana, uno de sus profesores le informó a la clase que una vez que mejorara el clima, debían comenzar a hacer prácticas de campo con equipos semi profesionales y, en el caso de alumnos como Makoto, quien se quería especializar en la enseñanza de natación, sería con un equipo que se preparaba para competencias internacionales. Makoto se sentía emocionado pues moría de ganas por volver a una piscina, puesto que desde que había iniciado la universidad había dejado de practicar por falta de tiempo y las clases de natación que le eran obligatorias ayudaban a mantener el ritmo pero no era lo mismo.
Pasaron un par de semanas y finalmente el clima mejoró. El inicio de las prácticas de campo de Makoto, había llegado y aunque, feliz, también se encontraba sumamente confundido pues sus sueños recurrentes con Haruka se habían multiplicado y ahora soñaba con él casi cada noche. Ahora ya no sólo conocía el exacto tono de azul que tenía en la mirada, sino que también le eran familiares el sabor y textura de sus labios (ya lo había besado más de una vez en sueños). Makoto estaba seguro de que si esa persona realmente existía jamás la encontraría o, de hacerlo, jamás haría cosas tan disparatadas como las que ocurrían en sus sueños.
El tutor de Makoto, quien le estaba esperando en el centro acuático donde haría las prácticas, lo llevó a una oficina para explicarle el trabajo que debería desempeñar y, acto seguido, lo llevó a los vestidores y le asignó un casillero. El entrenamiento empezaba en 15 min, así que Makoto se preparó con la ropa deportiva y salió a la piscina olímpica donde practicaba el equipo. El entrenador lo fue presentando con cada uno de los talentosos muchachos, Makoto se esforzaba en aprender los nombres de cada uno de ellos, al llegar con el último chico, se percató de que había alguien ya en el agua, un joven atlético y entonces el entrenador gritó:
–¡Eh, Nanase! ¡Sal del agua que aún no empezamos!
Al oír eso Makoto se quedó helado, nunca había escuchado ese apellido, Nanase, igual que la persona en sus sueños, pero eso no podía ser real. Makoto intentaba tranquilizarse pensando que todo era una rara coincidencia, mientras que el joven salía del agua. Entonces, como si la coincidencia del nombre no fuera suficiente, Makoto notó que se le tensaban todos los músculos del cuerpo pues el joven que emergió del agua cristalina era el protagonista de sus sueños: un joven atlético de pelo negro y ojos como zafiros caminaba hacia él en la vida real. Antes de poder reaccionar, Makoto escuchó:
–Hola soy Nanase…
–Haruka. Sí, lo sé –interrumpió Makoto, pero nadie se sorprendió que supiera el nombre del nadador más rápido de estilo libre del equipo.
Después de un leve apretón de manos, Haruka regresó con el resto del equipo. Eran demasiadas coincidencias para un solo día. Makoto pasó el resto del día intentando hacer su trabajo, ignorando la distracción que le generaba la presencia de aquel joven de ojos azules. Makoto no creía en el hilo rojo, pero le inquietaba la exactitud con la que sus sueños le habían advertido la existencia de aquel joven, además de que, bueno, era un chico; aunque eso daba igual si de verdad era su alma gemela.
Al observar a Haru más detenidamente se dio cuenta de que era sumamente callado y que prácticamente su único tema de conversación con sus compañeros era la natación. Comparado con el de sus sueños, el real era más antipático, pero eso no evitaba que sus compañeros bromearan con él. El único rasgo que permanecía era su sonrisa, tan pura y hermosa en la realidad como en los sueños. Sólo eso bastó para que Makoto quisiera saber más sobre esa persona, además, si había algo especial debía descubrirlo, pero ¿cómo? No es que Makoto no tuviera mucha experiencia… es que, no tenía ninguna. Ni siquiera con chicas. Así que Makoto pensó que lo mejor que podría hacer era hablar con su amigo Nagisa, después de todo el sí que tenía experiencia con chicos, bueno, tenía novio, ¿no?
Makoto salió del centro acuático caminando con pesadez. Sacó su celular de la bolsa para llamar a Nagisa mientras se dirigía a la estación de tren. Probablemente no iría a la fiesta de la universidad de éste. Estaba exhausto; había estado corriendo todo el día, trayendo y llevando materiales, revisando y tomando parte en algunas de las rutinas de entrenamiento del equipo de natación, además de la parte teórica que su tutor le había obligado a tomar durante los descansos de los atletas.
Realmente le hacía falta volver a su rutina. Los meses de frío lo habían hecho acostumbrarse a un ritmo de vida sosegado y hasta un poco flojo. Sin embargo, se sentía emocionado. Adoraba el agua. Desde que había aprendido a nadar en su pequeño pueblo natal, se había enamorado de la sensación de libertad y serenidad que le proporcionaba el dejar que su cuerpo flotara mientras contemplaba el cielo y las nubes a su alrededor.
El teléfono sonó dos veces antes de que su amigo lo cogiera.
–Dime que estás arreglado y en camino a la facultad.
–Nagisa, yo…
–Sé que hoy comenzaban tus prácticas de campo, pero será la cuarta fiesta que te pierdes en el último mes. No puedes seguirte aislando así, ¡necesitas salir y disfrutar de tu juventud! –le reprochó.
–Lo siento. De verdad no creo lograrlo. Nagisa, hoy…
–Hoy fue un gran día. ¿Qué te parece si paso por ti? Puedes estar al menos un rato, no tienes que quedarte toda la fiesta. Además, ¿cómo vas a conocer a tu joven tritón si nunca sales?
Makoto sintió cómo se le tensaban los músculos con la simple mención del chico de sus visiones.
–Gracias, Nagisa. Pero prefiero ir a casa a tomar un baño caliente y a dormir. Respecto a lo otro… Tenemos que hablar…
Makoto imaginó claramente a Nagisa inflando los carrillos y haciendo un mohín al otro lado del teléfono.
–Rei y tú son muy aburridos, ¿sabes? –exclamó con fingido enojo–. Pero, ¿qué se le va a hacer? ¿Estás bien, Mako-chan? ¿Tuviste otro de esos sueños?
–No, bueno, sí, pero no son de los sueños de lo que quería hablar contigo. –Makoto carraspeó. No sabía exactamente cómo abordar el tema, así que prefirió soltar la noticia tal cual era–. Es real. Haruka Nanase es real.
–¡¿Qué?!
Durante años Haruka Nanase había sido una constante en su vida onírica. Sus padres sabían de él, sus hermanos sabían de él, Rei sabía de él y por obvias razones su confidente y mejor amigo lo sabía todo de él. Haruka había pasado de ser una fuente de preocupación, a un chiste local, hasta volverse una parte de sí mismo. Se había vuelto tan parte de Makoto que cada que conocía a alguien nuevo podía escuchar en su cabeza la introducción perfecta: "Hola, soy Makoto Tachibana. Voy en tercer año de universidad. Me encanta la natación. Y, cada noche desde que tengo seis, sueño con un misterioso chico de cabello negro y ojos azules. Encantado de conocerte."
–Haruka Nanase es tan real como tú o yo. Aunque ya no estoy tan seguro de qué tan real es la realidad en la que existo –se quejó con sorna–. ¿Recuerdas cuando te comenté que había oído sobre una tal Haruka, estrella del equipo de natación con el que voy a estar trabajando?
–Sí. Dijiste que era la mejor nadadora de estilo libre del equipo. No me digas que…
Makoto sonrío de lado. Haruka, un nombre muy común de chica y uno bastante raro de chico. Por supuesto, esto únicamente podía pasarle a él.
–Haruka resultó no ser una chica. Y resultó apellidarse Nanase y tener el cabello negro y los ojos azules.
Makoto escuchó cómo Nagisa contenía la respiración.
–Y, ¿qué vas a hacer al respecto, Mako-chan? –dijo por fin.
–No lo sé –admitió–. Voy a estar trabajando con el equipo por el resto del año, más me valdría tomar la oportunidad, tratar de hablarle y de conocerle o algo así.
Nagisa se rió por lo bajo del otro lado de la línea. Makoto no tenía ni idea de porqué el destino estaba jugando así con su vida, pero definitivamente no se pensaba quedar con los brazos cruzados.
–¿Cómo es en persona?
–Casi idéntico a como se los he descrito todo este tiempo… –se quedó pensativo unos instantes–. Excepto por sus ojos. Brillan más y reflejan más sentimientos en el de carne y hueso.
–No sabía que eras tan romántico, Mako-chan.
–¡Déjame en paz! –se quejó, tomándose el tono juguetón de Nagisa más en serio de lo que debería–. Ya viene el tren. Voy a colgar.
–¡Quiero reportes detallados de ustedes! –alcanzó a gritar Nagisa antes de que cortara la conversación.
"Haruka Nanase, ¿cómo eres en persona?"
