Otro capítulo corto. Qué asco. (Es que no me gustan xDU)
Ya avanzamos en la trama, ya averiguaremos un poquito más sobre el misterioso dueño de la fábrica de salmiakki... y ya tengo ganas de empezar con los Billetes Dorados u_u
Bueno...
No reclamo ningún derecho sobre "Charlie y la fábrica de chocolate".
Axis Powers Hetalia no es mío, pertenece a Hidekaz Himaruya.
¡Dentro fic!
Como cada noche, tras terminarse su diminuto tazón de helmipuuro, Tino fue a visitar a sus abuelos.
Aquél era el momento preferido del día para los ancianos, aquello por lo que esperaban durante el día en los pocos momentos en los que no dormitaban. Cada vez que oían la puerta abrirse y la alegre voz de su nieto decir "Hyvää yötä (Buenas noches), isoisä (abuelo) Ukko e isoäiti (abuela) Akka, isoisä Tapio e isoäiti Mielikki, moi~", parecía operarse un cambio muy radical en ellos: sus mejillas, pálidas durante el día, se llenaban de color; sus labios, arrugados y resecos, esbozaban amplias sonrisas sin esfuerzo; y sus ojos, normalmente apáticos y sin brillo, resplandecían con enorme gozo y alegría al ver al pequeño Tino, el orgullo de sus vidas. Los cuatro parecían olvidar en aquel instante su cansancio y el dolor de sus cuerpos para sentarse en la cama y, con voces juveniles y vibrantes, entretenían a su nieto con diversas historias. A veces, los señores Väinämöinen se acercaban al marco de la puerta y los miraban; así, la familia entera conseguía olvidar durante unos instantes la pobreza en la que vivían.
Pero, aquel día, Tino había sido totalmente incapaz de dejar de pensar en la fábrica de salmiakki, por lo que, al entrar en el cuarto de sus abuelos, se sentó en su cama y les preguntó:
–¿Es verdad que la Fábrica de Salmiakki Oxenstierna es la más grande del mundo?
Al oír eso, el abuelo Ukko estuvo al borde de un infarto.
–¿Que si es verdad? –casi gritó, coreado por los demás– ¡Jumala (Por Dios), por supuesto que es verdad! ¡La Fábrica Oxenstierna es mil veces más grande que cualquier otra! ¿Es que acaso lo dudabas?
–¿Y es verdad también que el señor Oxenstierna es el fabricante de dulces más ingenioso del mundo?
–Mi querido Tino... –empezó el abuelo Ukko, acercándose más al niño con una sonrisa en sus labios–, el señor Oxenstierna es el MEJOR fabricante del mundo, el más inteligente, el más creativo, el más... ¡Madre mía, creía que todos lo sabían!
–Pero, isoisä, yo sabía que era muy famoso y muy ingenioso...
–¿Ingenioso? –exclamó el anciano– ¡Es más que eso! ¡Es... voi luoja (Ay, Dios mío)... no sé cómo decirlo... es un mago! ¡Es, indiscutiblemente, el mejor en su profesión, el más...! –se llevó una mano al corazón– Jumala, creo que me va a dar algo...
–Vamos, vamos, no te pases, querido –se rió la abuela Akka, atrayendo al pequeño Tino hacia sí–. No le hagas caso, cielo –le susurró a éste, divertida–, tú y yo sabemos muy bien que tu abuelo es bastante cuentista, a pesar de sus años.
–¡No soy un cuentista! –replicó el aludido, ofendido, sentándose con la espalda muy recta– ¡Era que me parecía muy extraño que nuestro pojanpoika (nieto) no supiera nada de la Fábrica Oxenstierna!
–Ukko, lo único que le dijiste de la Fábrica Oxenstierna fue que habías trabajado en ella –replicó el abuelo Tapio, mirándolo con severidad.
El abuelo Ukko se sorprendió lo indecible.
–¿Es eso cierto? –preguntó, incrédulo, mirando con asombro al resto de los ocupantes de aquella amplia cama. Tino sonrió, algo apenado.
–Es cierto, isoisä –respondió, encogiéndose sobre sí mismo– Me lo dijiste una noche, pero luego te quedaste dormido...
–¡Me encantan las fresas! –intervino la abuela Mielikki, sonriendo como una niña, haciendo que el silencio se impusiera momentáneamente en aquel cuartito. Todos se la quedaron mirando, extrañados y comprensivos, para después dirigir nuevamente su atención a Tino.
–O sea, ¿que no te hablé de la fábrica? –Tino negó con la cabeza, y el abuelo Ukko se llevó las manos a la cabeza, escandalizado– ¡Voi luoja, qué vergüenza de isoisä tienes!
–¿Me vas a hablar de ella? –se emocionó el pequeño, sonriente, y el abuelo Ukko le pasó un brazo por el otro.
–Por supuesto que sí –sonrió éste, y empezó su historia.
–Los Oxenstierna eran una familia de origen sueco que, desde hace muchos años, se dedicaban a vender dulces y caramelos; pero no fue hasta hace cincuenta años, cuando se vinieron a Finlandia, cuando pasaron de vender los dulces de otros a producir los suyos propios –el abuelo Ukko sonrió ampliamente, como un niño con una bolsa de caramelos, y no pareció darse cuenta de la presencia de los demás hasta que la tos del abuelo Tapio lo sacó de su ensoñación–. Huy, perdóname, Tino... ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Recuerdo cuando llegaron aquí. En sus comienzos, dirigían una pequeña confitería... ésa que ahora conoces como Chocolates Zwingli... y yo trabajé para ellos, fui su primer empleado –su alegría era tanta y tan contagiosa que hasta la abuela Mielikki, sorda como una tapia, sonrió y palmoteó, encantada–. El señor Oxenstierna era un hombre atento y encantador, aunque algo reservado, al que le encantaba experimentar con los dulces; y, aunque sus primeros intentos no salieron bien (como por ejemplo, aquel desastroso caramelo de fresa relleno de salmiakki, o sus pastelitos de salmiakki rellenos de zumo de limón), él jamás se rindió hasta que, finalmente, produjo su primer dulce, el salmiakki relleno de chocolate.
.–Con eso, revolucionó completamente el mercado de salmiakki, aunque fue su hijo, Oskar Oxenstierna, quien llegó a lo más alto en materia de dulces, no sólo de salmiakki. Él fue el creador del chicle de salmiakki que podías hinchar e hinchar hasta conseguir llenar tu habitación de globos que jamás estallaban, del helado de salmiakki que no se derretía nunca, de los globos de caramelo... Tan rápido progresó que, en sólo tres años, consiguió tener una fábrica propia y vender su propia línea de dulces. Y, una vez se impuso como marca independiente, avanzó todavía más en sus progresos. Tenías que habernos visto en la fábrica. ¡Menudo lío se montaba cada vez que el señor Oxenstierna venía con un nuevo dulce de salmiakki o cambiaba algún ingrediente!- el brillo de ensoñación volvió a sus ojos- Pero trabajábamos muy bien, y el señor Oxenstierna era muy generoso además de brillante, por lo que todo nos iba muy bien.
.–Por desgracia, los demás fabricantes de dulces se pusieron muy celosos de las creaciones del señor Oxenstierna, tanto que hasta enviaron espías a trabajar a la fábrica para así poder averiguar cómo fabricar cada dulce. Estos espías, haciéndose pasar por inofensivos obreros, consiguieron ganarse la confianza del pobre señor Oxenstierna y consiguieron echar mano hasta de las recetas más secretas.
Tino, que, hasta aquel momento, había estado escuchando a su abuelo con las mejillas rojas de la excitación, aprovechó la pausa que tomó el anciano para coger aire para manifestar su descontento.
–¡Eso es jugar sucio! –protestó el niño, cruzándose de brazos, enfadadísimo, aunque luego agregó con voz tímida–...y, al final, ¿consiguieron divulgar los secretos?
–Eso parece –asintió, lánguido, el abuelo Ukko–, porque, al poco tiempo, Empresas Bonnefoy produjo un tipo de helado de rosas que jamás se derretía; luego, la Factoría Vanderhoeven creó un chicle con el que podías hacer globos que duraban días; y, no mucho después, Chocolates Beilschmidt hizo los Super Awesome's Globos de Caramelo que podías hinchar para luego reventarlos y comerlos.
.–El señor Oxenstierna, por aquellas alturas, estaba tan desesperado por culpa de los espías que cerró la fábrica y, junto con su pequeño hijo, desapareció del mapa. Durante varios años, la Fábrica Oxenstierna no produjo ni un mísero salmiakki, y la gente estuvo muy apenada, lamentándose del amargo destino de aquel hombre tan bueno e ingenioso. Pero, un día, la gente notó que empezaba a salir humo de las chimeneas y se emocionó. Lo recuerdo muy bien. Se oían cosas como "¡Ha vuelto! ¡El señor Oxenstierna ha vuelto!", "¡Qué alegría!", "¡Volverá a producir salmiakki y caramelos!" y estaban todos muy emocionados, yendo en tropel a la fábrica esperando ver al señor Oxenstierna frente a las puertas, dándoles la bienvenida. Pero no había nadie.
.–La gente, intrigada, se preguntaba cómo era posible que la fábrica estuviera cerrada pero que se estuviera produciendo salmiakki, pero acabó rindiéndose y dejándolo ir, y así estuvo funcionando la fábrica en los últimos diez años. Debo decir que ahora, cada vez que crea algo nuevo, ya nadie puede copiárselo. Es estupendo, ¿verdad?
Tino estaba que no cabía en sí de excitación y medio saltaba sobre la cama, energético y ansioso de más historias.
–¿Y no se sabe nada más de él? ¿Quiénes trabajan allí? ¿Hizo algo cuando desapareció? –lo bombardeó a preguntas, evidentemente emocionado, y el abuelo Ukko, sonriendo, se dispuso a contar más cuando, sin avisar, la señora Väinämöinen entró en el cuarto y rodeó a su hijo con sus delgados brazos.
–Lo siento, cariño, pero es tarde, has de ir a dormir.
–Pero äiti (mamá)–protestó–, yo quiero oír las historias de los abuelos...
–Ya las oirás mañana...
–Eso es –sonrió el abuelo Ukko, acariciando la cabeza de su nieto–. Te contaré el resto mañana.
*se estampa la cabeza contra la pared* Me odio, me odio, me odio...
Reviews, por favor. Necesito las críticas para mejorar y no perder la fe en mí misma... creo que me voy a dormir... ¡pero enviádmelos, por favor!
¡Hasta otra!
