Como lo prometí, aquí está el segundo capítulo.
Los personajes de Harry Potter no me pertenecen.
Capítulo dos
Rompiendo la rutina
Como cada día, Harry llegó al ministerio y se dirigió a su oficina, ahí pasó un par de horas hasta que fue tiempo de salir a comer. Tomó su abrigo y decidió que saldría por la puerta delantera, iría a comer a uno de los restaurantes que se encontraba en los alrededores del ministerio, frente a un parque. Había días que le gustaba ver a los niños jugar mientras se imaginaba como sería su hijo.
Entró a uno de sus restaurantes preferidos.
–Buenas tarde, Señor Potter.
–Buenas tardes.– saludó cordialmente.
–¿La misma mesa de siempre?– preguntó el camarero pues Harry siempre pedía una mesa que se encontraba en la parte abierta del restaurante.
Harry asintió y lo dirigieron a aquella mesa que le encantaba. Estaba prácticamente a la orilla del parque y podía ver a los niños pasar correr constantemente enfrente de él. Aquellas pequeñas risas resultaban algo terapéutico para Harry, no sabía por qué, pero escuchar aquellos sonidos lo relajaba más que cualquier otra cosa.
–¿Qué gusta ordenar?– preguntó un mesero.
–Lo de siempre, por favor.– respondió amablemente Harry.
Se preguntaba cómo su vida se había convertido en algo tan rutinario. Desde que Draco se había ido no hacia otra cosa que buscarlo y trabajar. Toda su vida era igual cada día, que diferencia a cundo estaba con Draco, cuando cada día era algo nuevo y emocionante para ellos. Nuevamente los fantasmas de sus errores comenzaron a torturarlo hasta que llego el mesero con su orden.
Comió tranquilamente permitiéndose escapar de sus propios pensamientos. Como siempre, al final sólo se quedaba sentado disfrutando de una copa de vino mientras se perdía en aquel angelical sonido. Por escasos minutos se permitía imaginar que Draco estaba con él, que su hijo corría en el parque y los saludaba a lo lejos. Se permitía imaginar una vida que había perdido y que cada día añoraba con todo su corazón pudiera experimentar.
Nuevamente sus pensamientos fueron interrumpidos, pero está vez por una pequeña pelota que había caído en su mesa.
–Lo siento.– dijo un niño llegando corriendo hasta la mesa de Harry.
–No hay problema.– contestó al niño con una gran sonrisa en su rostro –supongo que esto es tuyo.– tomando la pelota.
–Sí, señor.
–Es muy hermosa.– le comento al niño al observar la pequeña bola plateada.
–Gracias.– respondió alegremente el niño por el cumplido. –Mi padre me la regaló.
Harry despego su vista de la pelota y se quedo observando al niño. Era hermoso. Su piel era extremadamente blanca, la cual resaltaba aun más debido a su cabello intensamente negro, el cual era completamente lacio y un poco largo. Sus enormes ojos grises hacían un contraste perfecto con su cabello y piel.
–¿Quieres ver un truco?– preguntó Harry al niño, quien asintió con la cabeza.
Harry tomó la pelota en una de sus manos y paso la otra sobre la pelota haciéndola desaparecer.
–Eso no es difícil.– se quejó el niño abandonando la cara de ilusión que tenía y mostrando un poco de reproche en su comentario. –Yo puedo hacer eso.
–¿En verdad?– preguntó Harry curioso.
–Claro, eso es muy fácil. Padre me enseñó desde muy pequeño.
–¿Entonces no eres muggle?– se aventuró a preguntar Harry.
–Claro que no soy muggle.– respondió el pequeño con un poco de enojo. –Mis papis son magos.
–Bueno, en ese caso lamento no poder mostrarte un verdadero truco,– apareciendo la pelota nuevamente y entregándosela al niño. –pero hay muchos muggles alrededor.
–Claro. Papi siempre me ha dicho que no muestre mis poderes con los muggles.
–Y tiene mucha razón.
–Hasta luego, señor.– inclinando un poco su cabeza en señal de despedida.
–Hasta luego.
Harry observó como el niño corrió hacia los árboles y se perdía en ellos. ¡Demonios! Como deseaba poder ver a su hijo un día de estos.
Pagó la cuenta y nuevamente se dirigió al ministerio. Una parte más de su rutina.
–Hola, Harry.– saludó Ron entrando a la oficina.
–Hola, Ron.
–¿Cómo está todo?
–Como siempre.– contestó con un poco de ironía.
–¿Sabes?, tu rutina te va a terminar matando. Deberías hacer algo nuevo.
–No me apetece hacer nada nuevo, Ron. No hasta que encuentre a Draco.
–Harry, llevas casi cinco años buscándolo. Sé que va a sonar cruel, pero no volverás a verlo hasta que él decida volver.
–¿Y si nunca vuelve?
–Eso es a lo que me refiero. Si nunca vuelve ¿qué más a hacer? ¿Pasarte el resto de tu vida haciendo los mismo cada día hasta que te mueras?
–Así parece.– dijo tajantemente cerrando ese tema.
–Bien, si quieres morirte como un robot.– dijo en un susurro irónico que Harry alcanzo a escuchar pero prefirió ignorar. –Te traigo los reportes.– extendiéndole un par de carpetas.
–Gracias, Ron.– tomando las carpetas, pero dejándolas inmediatamente sobre el escritorio.
–¿Sabes?… creo que hoy me iré temprano.
–¿Y a qué se debe el milagro?
–Digamos que un pequeño… cambio en la rutina.
Tomó su abrigo y se dirigió a la chimenea.
–Adiós.– se despidió Harry desde la chimenea.
–Adiós, amigo.
Gracias por leer. Espero sus comentarios.
Hasta el próximo capítulo.
