Segundo capítulo, ya saben el disclaimer de memoria, así que aquí se los dejo. Saludos!
Confesiones de invierno
Cuando el caos genera decisión
- Bla, bla, bla –Musitó Sirius, arrojando el diario al suelo- No hay nada interesante, ¡ni en las noticias!
- Deberías calmarte un poco –Resonó una voz relajada por toda la habitación donde se encontraban- Tu aburrimiento se hará mayor si no dejas la hiperactividad.
- ¿Aburrimiento? Si yo no estoy aburrido –Negó el pelilargo- Mucho menos hiperactivo.
- ¿Verdad? Si te lanzara un palito irías tras él para devolvérmelo y repetir la ecuación cuantas veces diera mi pobre brazo para ello.
Un chico considerablemente blanco y de ojos de color miel cruzó una puerta y se unió a Sirius. Lo vio de arriba a abajo, después de dejar una montaña de libros sobre un escritorio caoba, para posteriormente recoger "El Profeta", que yacía en el piso, con fotos de lo que parecía ser una carrera de atletismo de gnomos.
- Qué gracioso, Remus. ¿Me río, o lo dejo de tarea? –Protestó Sirius-
- Si lo dejaras de tarea se iría al cajón de los recuerdos, junto a las demás –Dijo el merodeador, señalando la mesa de noche de Sirius, que rebosaba de pergaminos-
- Ejem, creo firmemente que hablábamos de ti, amigo –Murmuró, evasivo- ¡Entonces! ¿Qué es todo eso? –Dirigiéndose al escritorio-
- Lectura ligera. Tú sabes, para las vacaciones.
- Claro... –Sirius levantó una ceja- Dime, ¿dónde está el mapa?
- Yo no lo tengo. Lo dejé en tu cama la última vez que lo usé –Dijo Remus, levantando los hombros-
- ¿Cómo? ¿Estás seguro? –Preguntó el ojos grises, lanzándose sobre su cama y deshaciéndola-
- Totalmente –El licántropo se acercó, a su vez-
- Pero, no, ¡no! –Negó Sirius, que miraba de cabeza bajo la cama, apoyado aún sobre esta- ¡Aquí no está!
- ¿Quieres tranquilizarte? –Remus zapateaba- Quizás lo tomó Peter.
- ¡No! Me lo topé hace rato y no lo traía, sólo hacía sus maletas para ir a una concurrencia familiar –Los ojos de Sirius se movían al son del zapateo de Remus-
- Bueno –Dijo Remus, tomando a Sirius de la túnica e incorporándolo- Entonces, probablemente…
- No lo digas –Interrumpió Sirius, quien se temía lo peor-
- ¿Qué no quieres que diga? –Preguntó con su característica parsimonia-
- No creerás que…
Los ojos del pelilargo se encontraron con la tranquila mirada del licántropo. Sirius se dio cuenta de que ese silencio valía más que mil palabras juntas; ese irremediable momento que asentía fervientemente, que condenaba.
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El tren iba atiborrado de gente. El poco movimiento conferido por la enorme y variada masa de seres trajeados de colores oscuros que iba y venía entre la estación, permitió finalmente que James ingresara al vagón que le correspondía, donde Lily lo esperaba junto al cristal de un compartimiento, expectante.
- ¡Por las barbas de Merlín! –Exclamó el joven, cerrando la puerta del compartimiento, como si su vida dependiera de ello- Qué barbaridad –Respiró profundamente, dejándose caer a un lado de su novia-
- Pobre –Dijo Lily, recostándolo en su hombro- Pero ya está, sellaron tu boleto.
- Ese señor huía de mí, Lily –Suspiró, levantándose del hombro de la chica- Seguro te vio y decidió hacerse el loco para que no pudiera subirme al tren y poder tenerte de compañía.
- Qué cosas dices –Rió la pelirroja-
- ¡En serio! –Sonrió galantemente el merodeador- Es que eres hermosa.
- Lily sonrió ante el cumplido y abrazó a James, dándole un beso dulce. Luego de un momento, se dispuso a acomodarse, para tomar un libro y ponerse a leer.
- Ponte cómodo –Le dijo la chica a James- Será un viaje largo.
- Mientras esté contigo, ¿qué más da?
El chico se quitó el abrigo, admirando a su novia. Tal sería su estado, que ignoró el momento en el que un conjunto de pergaminos cayó al suelo. Reaccionó y bajó la mirada, mientras Lily aún estaba concentrada en su lectura. Parpadeó un momento de incredulidad, y recogió el objeto caído.
- Esto es… -Murmuró James, observándolo-
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- ¡No, no, no! –Chilló Sirius- ¡James se llevó el mapa! ¿Cómo es posible eso?
- Ya, calma, Sirius. Se le traspapelaría.
- Pero… Pero, Moony. ¿Sabes lo grave de este asunto? ¿Sabes las consecuencias que esto traerá? ¿Sabes a qué nos condena la ausencia del mapa? –Dijo abriendo más y más sus ojos grises conforme preguntaba, caminando de un lado a otro- ¡Un invierno entero sin merodear! –Haciendo énfasis en la palabra "entero"-
- Sí, sí que lo sé –Dijo Remus- Pero, piénsalo. Hay muy poca gente que se queda en el castillo durante estas vacaciones. ¿A quién le harás travesuras? –Esta pregunta detuvo el andar continuo del merodeador- ¿Será a un ingenuo Hufflepuff que no tiene familia donde pasar el tiempo? ¿O tal vez, un Ravenclaw que ignora tu existencia? Quizás quieras torturar a un Slyterin de primer año que se ha abrazado al espíritu navideño de las venideras festividades, o, dado tu aburrimiento, puedas hacerle una bromita o dos a los pocos que quedamos de tu propia casa.
- ¡Blasfemo! –Profirió el pelilargo, abriendo los ojos de par en par-
- Vamos, Padfoot –Sonrió Remus, acercándose y poniéndole una mano en el hombro- ¿Por qué no mejor te dedicas a hacer lo que haces mejor? Ve a buscar entre alguna de las chicas que queden y escoge una. La afortunada pasará todas las vacaciones junto al apuesto Sirius Black. ¿Qué dices?
- Vaya, ¡qué gracioso te encuentras el día de hoy! –Sirius empujó al licántropo, mientras ambos reían- Suficiente de tu sorna, Moony –Dijo pasándose una mano por el cabello- Pienso en algo que sí haré.
- Ay, no –Suspiró Remus-
- "Ay no", ¿qué? –Levantó una ceja-
- Que cada vez que piensas en algo que harás, conduce al desastre.
- Eso es falso y te lo comprobaré. Tengo una gran idea.
- ¿Y cuál es esa? –Dijo Remus, mientras abría un libro-
- Iré donde James y Lily a buscar el mapa –Cerró el merodeador con una gran sonrisa en los labios-
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- ¿Esto debería verse así? –Preguntó James, al abrir la puerta de un amplio apartamento-
- ¡N-no! –Respondió Lily, después de una pausa prolongada y con la cara teñida de asombro total- ¿¡Qué fue lo que ocurrió en este sitio!? –Exclamó, iracunda, ingresando al lugar-
Un James Potter muy lúcido se pasó una mano por el cabello, desordenándoselo, como era su costumbre, para después dejarla apoyada detrás de su cabeza. Sonreía como siempre, pero con cierto desconcierto y un gesto que implicaba total incomprensión. Se encontraba de pie, aún en el marco de la puerta que recién había abierto, observando a Lily caminar de un lado a otro, hablando y apuntando todos los enormes y notables defectos de lo que era (o alguna vez fue) un espacioso piso en el Londres muggle.
Había de todo en aquel lugar; botellas vacías de alguna bebida escocesa se hacían espacio entre bolsas negras en el piso, que tenía algunos esporádicos pero amplios hoyos por ahí y por allá. El papel tapiz de las paredes estaba, en el mejor de los casos, despegado, por no decir totalmente inexistente, en el peor. Los lienzos colgados en las paredes estaban cuarteados, mientras que los sofás tenían resortes salidos y cojines abiertos que mostraban su delgado algodón. Las ventanas estaban llenas de polvo y los muebles de madera habían sido destrozados por las termitas. En los rincones no se hacían esperar las telarañas, así como se notaban aberturas en forma de óvalos que conducían a lo que parecían madrigueras de ratones.
En el momento en el que Lily observó a uno de estos roedores pasar y quedarse de pie, mirando incrédulo hacia la puerta, sabía que había tenido suficiente.
- Ya basta –Dijo la pelirroja- Toma tus cosas y vamos.
- ¿A dónde? –Preguntó James, aún observando la destrozada estructura-
- A buscar un teléfono público, claro. El nuestro tiene roto el cable –Mostrándole un trozo de plástico- Mordidas de ratones.
- ¡Malvados ratones! –Inquirió James, en falso asombro-
- Calla, Potter, si no quieres realmente quedarte aquí todas las vacaciones.
- Esa es una amenaza muy cruel –Dijo James, tomando el equipaje-
- Después de bajar hacia la calle, los jóvenes caminaron una larga cuesta, en subida, y finalmente llegaron a un teléfono público. Una señora gorda estaba utilizándolo, así que debían esperar que ella acabara de hacer su llamada.
- ¿Tienes monedas? –Le preguntó Lily a James-
- ¿Cómo voy a tener monedas que se usen aquí? –Preguntó el castaño, levantando una ceja-
- Yo sólo tengo el dinero que juntamos, el que cambié por uno que sí se puede emplear en este lugar. Pero… -Sacando un fajo de puros billetes-
- No hay monedas. Definitivamente no es nuestro día –Suspiró el merodeador-
- Bueno, espera aquí. Iré a cambiar un billete en aquella tienda –Dijo Lily, señalando un comercio que estaba cerca de allí-
- ¿Vas a dejarme solo en este lugar? –Se acercó a la chica- ¿Y con ella? –Dijo mirando a la señora en la cabina telefónica, en son de broma-
- Claro, a ver si despierta tu inquietud o creatividad –Dijo Lily, siguiéndole a la broma-
- Tragedias tenían que ocurrir para que Lilian Evans bromeara junto conmigo –Sonrió James, emocionado, dramáticamente-
- ¿Tragedia? ¿Crees que esto es una tragedia? Espera a ver lo que ocurrirá si no llamamos pronto a mis padres.
- Es cierto, dependemos de la caridad de los señores Evans para sobrevivir –Continuando con su dramatismo, poniendo cara de aflicción-
- Sólo espérame aquí –Suspiró Lily-
- ¡Señor, sí, señor!
Lily rió ante los comentarios de James, para finalmente encaminarse a una tienda en la calle donde se encontraban. Entró al lugar, con pasos cortos y rápidos.
- Hola –Saludó, en busca de alguien- ¿Hola? –Repitió después de ver inefectivo su primer intento- ¿Hay alguien aquí? –Los ojos verdes de Lily se dieron una pasada rápida por la tienda- Nada –Suspiró-
Justo cuando iba a disponerse a salir, alguien se atravesó en su camino, saliendo de un montón de cajas que se encontraban junto a la puerta.
- ¡Hola querida! –Dijo el personaje recién aparecido- Discúlpame, no te escuché entrar, debo colocar una campanilla sobre la puerta, para saber cuando alguien viene.
- Oh, no se preocupe –Sonrió dulcemente Lily- Sólo me preguntaba…
- ¡Claro que sí! –Interrumpió- Por supuesto, ven conmigo linda, ven.
- ¿Ah, qué?
Lily miró a la encargada de la tienda, una señora de baja estatura y regordeta de aspecto dulce, algo atolondrado, también. Sus pequeños ojitos azules contrastaban con sus sonrosadas mejillas y un moño apretado recogía el blanco cabello, mientras un vestido de algodón floreado, que era a su vez cubierto por un abrigo, se hacía presente en su figura. En un instante, la señora se acercó a Lily y la tomó suavemente por un brazo, halándola de nuevo hasta el interior del comercio.
- Disculpe, yo…
- ¡No te preocupes, linda! –Interrumpió nuevamente la encargada- Sé exactamente qué buscas. Ropa para una ocasión especial. Leo en tus ojos que estás profundamente enamorada –Perdido el aliento en esa última exhalación-
- Eh… -Enrojeció Lily, preguntándose si realmente se notaba tanto- La verdad es que me preguntaba si tenía algo de cambio para…
- ¿Para tu talla? ¡Seguro! Ven, te mostraré los nuevos modelos que han venido directamente de París, te sentarán muy, pero muy bien, querida.
Mientras a Lily le mostraban en contra de su voluntad toda una sarta de blusas de seda, faldas con ribetes de encaje, pañoletas cosidas a mano y mantones de manila, James comenzaba a impacientarse. No sólo lo ponía nervioso encontrarse solo en un lugar que conocía poco, sino las miradas furtivas y ciertamente coquetas que la señora dentro de la cabina le dedicaba entre bla, bla, bla y risas que viajaban al otro lado de la línea telefónica. Cuando notó con seria experticia que la conversación acabaría dentro de poco, decidió fingir demencia y tomar el equipaje, para dirigirse a paso raudo hacia la tienda donde se encontraba Lily.
Suspiró hondamente al entrar, apoyado de la puerta, con los baúles a un lado. Cuando levantó la vista, se encontró con la presencia de la pequeña y regordeta señora, que esperaba frente a una cortina, cruzada de brazos.
- Disculpe –Dijo acercándose sonriente-
- ¿Mmm? –Volteó la señora- ¡Oh, pero si es un apuesto joven!
- ¿Apuesto joven? –Murmuró Lily, dentro del probador- ¡James! –Asomó la cabeza por la cortina-
- ¿Lily? –Parpadeó James, viéndola- ¿Qué haces ahí?
- Pues, verás…
- Está probándose lo último de la temporada, querido. ¿Eres su novio?
- Sí, así es –Asintió James, algo confundido-
- Ah, de romances –Suspiró la señora, con una mano al pecho y los pequeños ojos elevados- Verás lo linda que queda tu novia con esto.
- No necesita nada más para ser linda, señora –Interrumpió, con su siempre presente sonrisa- Así como está es perfecta.
- ¡Qué ternura! Muchacha, has conseguido a uno entre pocos –Puntualizó la encargada- Ahora, ¿acabaste de vestirte?
- Sí, pues… ah… sí.
- ¡Pues sal! ¿Qué estás esperando? Nos tienes con el alma en un hilo.
- Sí, estamos que nos morimos –Rió James ante la ternura y exagerativa forma de ser de la señora-
Lily se ruborizó. Se vio de arriba a abajo y pensó si realmente era necesario que saliese. Finalmente se resignó y cumplió con la petición realizada.
Al hacerlo, James quedó boquiabierto, mientras la señora juntaba sus manos y sonreía. Lily los vio a ambos, para posteriormente ofrecerle a James una tímida pero certera sonrisa. Llevaba un corsé blanco que hacía que su pequeña cintura se viera aún más definida, el cual tenía una serie de ligeros detalles bordados, que mostraban un motivo floral. Una falda larga, también blanca, con tela satinada cayendo a cortes, se hacía paso entre las piernas de la pelirroja.
- ¿Y qué te parece? –Le preguntó la señora a James- ¿A que está precioso?
- Un hermoso vestido para una hermosa chica –Afirmó James-
- Gracias –Sonrió Lily, volteando a verse-
- El blanco te favorece, resalta con tus ojos y tu cabello, linda –Se acercó la encargada para acomodarle algo en la parte de atrás del vestido- ¡El día de su boda te verás simplemente espléndida! –Clamó de romántica emoción-
- ¿Nuestra… bo…da? –Abrió de par en par los ojos Lily-
Casualmente, eso fue lo que pensó James al mirarla salir del vestidor. Verla enteramente vestida de blanco, engalanada de tanta gracia, con su tímida sonrisa y el rubor en sus mejillas, haciendo juego con sus pecas y su cabello, lo hizo pensar en cómo se vería el día en el que se casaran. Se dio cuenta de que esa idea estaba ya totalmente anclada en sus planes, y que solamente la negativa, la calcinante posibilidad de la negativa de la pelirroja ante su propuesta, podría hacerlo desistir.
Después de unos momentos de admirar a su bienamada, James se pasó una mano por el cabello, y suspiró.
- Deberías llevártelo –Dijo con suavidad-
- ¿Tú crees? –Lily seguía observando su reflejo, no sentía que la que la miraba de vuelta fuera ella misma-
- Claro –Sonrió el joven- Te va de maravillas.
- Mmm… -La pelirroja volteó a ver a su novio- Bueno, hecho.
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- ¿En verdad planeas hacer esto? –Masculló Remus, sentado en su cama-
- ¡Claro! ¿Cuándo has visto que me arrepienta de una de mis fantásticas ideas? –Respondió Sirius con una sonrisa clásica, quien elevaba cosas en el aire que iban a parar a un baúl-
- Bueno…
- Nunca, Moony, nunca –Miró con severidad al licántropo, quien ya se había preparado para enumerar una serie de situaciones- Por cierto, ¿qué haces sentado ahí?
- Es mi cama, creo que aún tengo ese derecho –Repuso Remus, levantando una ceja-
- Ah, que no, hombre –Sirius entornó los ojos- Me refiero a que deberías estar haciendo tu equipaje.
- ¿Y exactamente para qué?
- ¿Cómo que para qué? Para ir a buscar el mapa donde James y Lily, ¿o ya lo olvidabas? –Azuzó el merodeador, abriendo ampliamente los ojos-
- ¿Qué? –Preguntó el licántropo, incrédulo- ¿Qué parte de tu ingenioso plan me perdí? ¿Dónde señalaba que yo iría contigo?
- ¡Moony! ¿Vas a dejarme completamente solo y a mis expensas en un mundo prácticamente desconocido en el cual valerme por mí mismo me costaría más que repetir trece veces los siete años de colegio? –Lanzó un muy inspirado Sirius, buscando la vena sensible de su amigo-
- ¿Por qué trece veces? –Levantó una ceja-
- Ah, pues, no sé –Sirius comenzó a rememorar- Aunque también implicaría repetir trece veces todos los mejores tiempos para merodear.
- Y trece veces todas las chicas con las que has salido –Inquirió Remus- No has de olvidar eso, Padfoot.
- Oh, sí, sí –Sonrió el pelilargo- Definitivamente. Bueno, pero en lo que estábamos –Se aclaró la garganta, saliendo de sus recuerdos- No puedes dejarme ir solo de ese modo…
- Ah… -Suspiró Remus- Está bien, está bien. Iré.
- Sabía que no me defraudarías.
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- ¿Destrozado? –La voz de la señora Evans sonaba perturbada, al otro lado de la línea telefónica-
- Sí, como no tienes idea –Dijo Lily, menos desconcertada por oír a su madre- De este modo, se nos esfumaron las vacaciones.
Lily ocupaba por fin la tan ansiada cabina telefónica y se reconfortaba en la lejana pero palpable presencia de la señora Evans. Mientras hablaba con su madre, luchaba con James, quien quería quitarle el auricular, para poder escuchar la conversación.
- No, no, de ninguna manera –Negó fervientemente la señora Evans- Tu padre y yo iremos a buscarlos, manténganse en el apartamento, que saldremos para allá.
- Mamá –Dijo Lily mientras le daba un golpe con el codo a James- ¿Qué parte de "destrozado" no te quedó clara?
- Ouch –Se quejó James- ¡Me maltratan, señora Evans! –Profirió de falso dolor-
- ¿Ah? ¿Qué fue eso, Lily? –Dijo su madre, aún desconcertada-
- Nada, mamá, nada –Lily fulminó a James con la mirada, mientras este reía-
- Bueno, en tal caso –Reanudó la señora Evans- Ve con Grace, la vecina, ¿te acuerdas de ella?
- ¿Grace? –Lily hizo memoria- ¿La chica alta que siempre andaba jugando a vestir a sus muñecas y hacerlas modelar?
- Sí, ella, ella –Lily pudo palpar una sonrisa en la voz de su madre- Sigue viviendo ahí, he hablado con su madre hace poco.
- Bueno, está bien –Asintió Lily con algo de pesar y James al acecho en otro intento de quitarle la bocina- Iremos y esperaremos allá.
- Correcto, le informaré a tu padre. Saldremos dentro de unos minutos, seguramente. Llamaremos al llegar –Dijo la señora Evans en tono tranquilizador-
Al colgar el teléfono, Lily le dio otro golpe a James, quien se quejó y volvió a reír. La pelirroja le informó del plan de su madre y el joven asintió tranquilamente, cargando el equipaje de nuevo y haciéndose camino hacia los edificios, siempre a su lado y con su risueña expresión. La pelirroja pensó que no se cansaría nunca de ver esa sonrisa que le iluminaba tanto el rostro.
Llegaron finalmente a la puerta del departamento de la mencionada vecina. James suspiró y dejó los baúles en el piso de nuevo. Lily tocó el timbre.
- ¿Estás cansado? –Le preguntó al joven, mientras esperaba respuesta a su llamado-
- Es sólo que cada vez valoro más la presencia de la magia en mi vida –Dijo en un tono discreto, apoyándose de una pared y sonriéndole a Lily- Se levitaría esto todo el camino, y ¡juazz! Listo.
- Te entiendo –Sonrió la pelirroja de vuelta- ¿Será que no escuchó? –Acercando su mano para tocar el timbre de nuevo-
- ¡Voy, voy! –Bramó una potente voz femenina desde el interior-
- Ahí está –Dijo Lily en un suspiro, tratando de encontrar familiaridad en la voz escuchada-
Un momento después se abrió la puerta, dejando al descubierto a una joven sumamente alta y delgadísima, de notable belleza. Lily y James parpadearon al verla, detallando la imponente presencia y energía que emanaba de su figura. Su modo de vestir era sumamente estrafalario; una blusa simple, de manga larga, blanca y de algodón se debatía entre una faja de franjas coloridas bien apretada en su cintura y faldas suaves que llegaban hasta sus pies. En una de sus muñecas pudieron notar una consistente cantidad de pulseras de diversos metales, que emitían múltiples sonidos al choque entre ellas o al movimiento de la mano de la joven, cuyos largos dedos se encontraban desnudos, a excepción de la pintura que llevaba en sus muy bien cuidadas uñas. El cabello era largo, de un color sumamente peculiar, muy desordenado sobre los hombros. Una mirada intensa, de maquillaje profundo y limpio, se dirigía como un rayo sobre los jóvenes. Tenía tantas cosas que llamaban la atención que no se sabía por dónde empezar a mirarla.
- ¿¡Lily Evans!? –Chilló la joven con una voz tan energética como todo en ella-
- Sí, así es –Sonrió con timidez, algo intimidada por la chica- ¿Eres Grace, cierto?
- Pero claro que sí –Asintió sonriendo, con una mano en la perfectamente delimitada cadera- ¿Quién más?
- No lo sé… -Dudó- Por un momento creí que me había equivocado.
- ¡Mmm! –Abrió los ojos de par en par- ¿Tan diferente me veo?
- A decir verdad, sí –La sonrisa tímida de Lily se afincaba- Has cambiado mucho.
- Y eso dicen por ahí –Grace posó la brillante mirada en James- ¿Y tú?
- Yo, Potter –Extendió una mano- James.
- ¡El novio! –Dijo alegre, estrechando su mano- Mi madre me ha contado todas las buenas nuevas que le ha contado a su vez la tuya –Guiñándole un ojo a Lily- Es un placer conocerte.
- Igual aquí –Sonrió James-
- Bueno, pero pasen adelante –Grace se apartó de la puerta- Siéntanse en casa.
Después de agradecer, los chicos ingresaron al departamento. Era un "poco" diferente al piso de Lily, admitieron ambos en sus pensamientos. Se notaba de sobra la desmesurada cantidad de buen gusto en todos los rincones, también la tendencia a la vanguardia se respiraba en el aire de aquel lugar. Grace se acercó a los amplios ventanales que colindaban con una pequeña terraza y corrió las cortinas para que hubiera más claridad en el sitio. Lily se acercó y la ayudó en su tarea. Al acabar, los pocos rayos de sol del frío invierno de Gran Bretaña ingresaron para adueñarse de la estructura y bailar sus débiles danzas entre los figurines de cristal que adornaban las mesas de madera fina, y parecieron internarse también en el enjambre que suponía el cabello de la anfitriona. Cuando el sol dio de lleno en los finos cabellos de la joven, Lily no pudo detener un impulso que la llevó a acercar su mano y tocar las puntas de estos. No los recordaba así. Grace sonrió, estaba acostumbrada a que su cabello causara conmoción entre las personas, por su natural peculiaridad.
Después de unos momentos, ya entablada una buena conversación, el murmullo de unas llaves ingresando a la cerradura del apartamento se hizo paso entre las risas y las voces de los tres jóvenes.
Una chica delgada y de facciones finas ingresó al departamento. Menos llamativa que la primera, con cabellos muy lisos, azabaches, que llegaban hasta su barbilla y un par de ojos rígidamente ámbar que brillaban entre el juego de luces y sombras que había en el lugar. Se despojó de un bolso negro amplio que colgaba a un lado de su frágil apariencia física y dejó el sonoro llavero sobre un mueble. Lamentablemente no pudo deshacerse del espectro del cansancio que llevaba sobre los hombros. Se quitó también un par de zapatos blancos y negros, que combinaban con su suéter de angora y su pantalón ancho de los mismos colores, respectivamente. Sin notar la presencia de los visitantes, hundida en sus pensamientos, cruzó la sala y sin saludar pasó a la cocina.
- Mi compañera de apartamento, Cassandra –Aclaró Grace- Es así, taciturna, sin mencionar que está muy metida en su trabajo de periodista. Es una vida dura, esa.
- Claro, es comprensible –Dijo Lily, tomando un sorbo de té de una taza-
- Es la editora de una revista y aparte escribe una columna para un diario muy imponente de la ciudad –Grace sonaba orgullosa- Toda una intelectual.
- Se llevaría bien con Remus –Adelantó James- Amante de los libros y la cultura en general –Dijo después, explicándose-
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- Esto es una locura –Murmuró Remus, cubierto por un ancho abrigo negro- Nunca debí dejarme persuadir por ti, Padfoot.
- ¡Oh vamos!
Sirius sonrió confiado y miró a su alrededor. Cientos de seres de todos los tamaños, formas y tipos descendían del tren, junto con ellos. Habían logrado llegar sanos y salvos, o por lo menos en ese estado permanecían hasta el momento.
- Es por allá –Señaló Remus, viendo un croquis que había tomado en las ventanillas de información-
- ¿Seguro? –Sirius aún miraba a su alrededor-
Remus no vaciló y tomó a Sirius por un brazo, halándolo con todo y equipaje. Finalmente se hicieron paso entre el barullo de gente y alcanzaron a ver los primeros indicios de las calles londinenses.
Sirius Black se encontró cara a cara con el maravilloso ritmo que arrastraba a los habitantes de la ciudad como si se tratara de compases de música. En toda localidad mágica era un chico de mundo, se conocía uno a uno todos los rincones y secretos que estos pudieran guardar, pero esto era sin duda diferente. A pesar de todo, no le importaba. Observó decidido el trozo de pergamino en sus manos y leyó la dirección un par de veces. Remus lo miraba por detrás de la calma de sus ojos, analíticos y lejanos, como siempre habían sido. Notaba reminiscencias del inocente chico que solía ser Sirius, en su inconstante presencia, en ciertos sitios de su temperamento, ciertamente difícil de llevar. Sonrió un momento, notando que el ojos grises no podía estar más perdido de lo que estaba, pero que a pesar de eso seguía firme en su decisión de avanzar. Entonces le quitó con suavidad el pergamino y leyó la temblorosa caligrafía de Lily.
- No hay tiempo que perder –Le dijo Remus, ya embarcado en la empresa- Busquemos a nuestros amigos.
Sirius sonrió, asintiendo. Tomó sus cosas y miró hacia delante. Pronto sabría que su seguridad era la que hacía parecer que las calles frías y nevadas de la ciudad se juntaban en una composición de concreto que los invitaba a recorrerla.
