II

-Hasta que llegas.

-Lo siento, salí más tarde de clases por una práctica.

Fue a ponerse su uniforme y bajó tan pronto como pudo. Trabajar y estudiar en la universidad a veces no resultaba muy cómodo. Sin importar qué tan complicada haya sido su vida nunca se vio en la necesidad de tener que trabajar incluso cuando pasó tan malos ratos con esa bastarda que para desgracia suya era la "dulce" hermana mayor de su extinta madre.

Naturalmente esto no tenía un fin monetario. En el mundo en el cual se encontraba inmerso, ese mundo caótico que siempre existió pero que nunca tomó en cuenta –porque la incredulidad a veces limita a los mortales a aislarse en su triste realidad de siempre-lo que le resultaba vital a su género no podía ser comprado. La concurrencia en el local era baja, pintaba a que todo el día sería de ese modo y si se tenía que ser honesto algunas veces eso resultaba gratificante.

Técnicamente era Touka quien se encontraba atenta de las únicas 2 mesas ocupadas, Nishio y Kaneki limpiaban los trastos o preparaban lo que sería consumido. Absorto en los tenues destellos de los frágiles objetos que desfilaban por sus manos en donde eran liberados del líquido por las caricias otorgadas, no notó el ingreso de otro comensal hasta que fue perturbado por el mismo. La impetuosa voz del chico rubio pudo haber sido escuchada a kilómetros, fue un saludo muy enérgico incluso cuando hacía un par de horas que estuvieron en la universidad. El interceptado no tuvo el menor reparo en prestar atención a su amigo pues (como ya quedó evidente) era una tarde floja, a tal grado que no fue reprendido de manera enjundiosa por el conejo. Preparó café para ambos y se acomodaron en la barra, charlando. Pudo parecer mera trivialidad, temas sin aparente importancia que caían en lo más básico como asuntos escolares o cualquier cosa relacionada a la vida diaria de ambos incluyendo temas pasados que curiosamente tomaban relevancia al incluir viejos detalles omitidos. Sonrisas, bromas, golpecitos y demás sazonaban tan tranquila charla.

Con el paso de los años varias cosas eran inmutables, y las que no lo eran crecían o disminuían incluso hasta desaparecer; al chico mantequilla le gustaba ver en esos ojos suaves, la calidez y gentileza de su mirar que guardaba siempre algo detrás totalmente invisible incluso para su mismo portador…era tan familiar. No se apagaba su luz y eso era algo que le alegraba, tanto que sus esfuerzos por mantener esa luz en esos ojos grises siempre eran grandes.

-Oye Kaneki, se viene mi cumpleaños ¿qué me darás?

-Debes ser la única persona que conozco que dice ese tipo de cosas…

-Pero soy la mejor persona que dice ese tipo de cosas que puedes tener por amigo ¿y bien?

-Tú y tu "modestia"-contuvo una risita-como sea, eso no se dice ya que es una sorpresa.

-¿Ni siquiera una pista?-puso cara de cachorro triste y lo que obtuvo fue una seria mirada seguida de una sonrisa de satisfacción. No le sacaría palabra alguna. El pelinegro batalló bastante para conseguir el preciado regalo que haría a su amigo. Se estrenaba la película que el futuro cumpleañero tanto anhelaba ver y la premier era el objetivo real pues estaría parte del elenco; como es de esperar las entradas volaron…sin embargo consiguió 2 tras haber estado 2 días enteros en vela intentando sin parar, y lo logró. Además de llevarlo a la premier le consiguió un gorro invernal, parecía simple pero había algo más profundo detrás de ello. La tarde cayó a la par de las hojas con tal rapidez que pudo haber parecido un breve instante. Tras una despedida bastante cálida el humano se fue del lugar quedando solamente el personal del mismo. Kirishima se aproximó al pelinegro para llevarle lo último que debía limpiar, y en silencio se mantuvo a su lado. Como respuesta el chico le dedicó una mirada tranquila mientras trabajaba en lo suyo, sin atreverse a preguntar la razón por la cual era observado. Pero la incomodidad creció y el chico no pudo ignorar mucho la fría mirada de ella, así que preguntó si necesitaba algo y en respuesta la contraria suspiró y se alejó moviendo una mano como seña de que no era nada. Apagó las luces y comenzó a subir a la bodega.

-Ese amigo tuyo realmente te estima-sonrió para sus adentros y subió, dejando a un híbrido muy confundido. No fue malo lo que escuchó pero no entendió la razón por la cual le dijo eso, se quedó pensando en ello y terminó sonriendo; Hide era alguien muy importante en su vida, no lograba imaginar cómo hubiera sido todo si no lo hubiera tenido cerca.

Salió de la cafetería y se apresuró al caminar pues quiso ir por un libro para agrandar su colección personal, iría a su librería predilecta antes de ir a casa. Esta vez quiso algo más lúgubre por lo que apenas llegó a la librería comenzó a buscar algún título prometedor, y tan atento estuvo en la labor que tropezó y cayó apenas poniendo las manos. El despistado cayó presa de un pie sobresaliente que no logró ver, y el dueño del mismo acudió en su ayuda.

-De verdad perdona-le ayudó a levantarse.

-Descuida, también fue culpa mía por no ver en dónde camino-aceptó la ayuda y se incorporó, y fue cuando miró a esa persona. Era alguien de su misma estatura, llevaba un enorme gorro cubriendo todo el pelo además de un cubrebocas que sólo dejó a la vista los ojos.

-¿Estás bien?-su voz era suave como si se tratara apenas de un puberto cuya voz sufre la metamorfosis entre la puerilidad y la adolescencia.

-Sí, no fue gran cosa-sonrió amablemente para tranquilizarlo.

-Uhm…-en un intento de enmendar su error se le ocurrió algo-veo que andas buscando libros-trató de no sonar tan torpe-bueno eso parece demasiado obvio, ¿qué más harías aquí? Je je… Oh, esos que llevas son de misterio… ¿buscas algo en concreto?

-Hem, bueno eso es verdad-rodó la vista conteniendo una risa-de hecho busco algo más siniestro.

-En ese caso inicia por algo relativamente sencillo si no estás acostumbrado al género. Podrías intentar con algunos escritos de H.P. Lovecraft, tengo experiencia en esos géneros.

-Lo conozco mas nunca he leído algo de él, quizás es hora de intentarlo.

Anduvieron vagando por la tienda y cada uno tomó 2 libros, por supuesto que el chico del parche se llevó las recomendaciones de su improvisado acompañante. No hizo comentario alguno sobre su peculiar aspecto pues era irrelevante y le resultó agradable su inusual compañía jamás solicitada. Cuando preguntó por su nombre al momento de despedirse sólo recibió una negativa de forma gentil tras la cual el apelado huyó. Sin más el joven se dirigió a su casa y para cerrar la noche comenzó a leer hasta quedarse dormido. El día siguiente era sábado, el día del cumpleaños de su tan apreciado amigo. Se levantó temprano para alistar todo sin el menor contratiempo, ya había pedido permiso de faltar al trabajo y no tuvo mayor problema. Quedó de ver a Hide en el puente a la 1 de la tarde y procuró llegar un poco antes.

Era un día en el cual el astro rey no pudo sonreír a los temblorosos paseantes, tornándose todo monocromático en una ciudad tan fría, sin embargo un destello motivó a alguien. A lo lejos se veía correr un entusiasta chico de pelo dorado en dirección a quien le esperaba; recibió una felicitación adornada con una pequeña bolsa bien decorada la cual ansiaba abrir pero decidió esperar un poco, primero quería disfrutar del día con él. Su familia ya le había festejado la noche anterior para que pudiera vagar sin preocupaciones.

Realmente no hubo plan, fueron al primer lugar que se les puso en frente: una pizzería. Kaneki no se sentía bien al oler ese asqueroso aroma fétido que para cualquier persona resultaba exquisito, el olor de la pizza recién preparada en horno de piedra, un aroma rústico que invitaba a viajar la imaginación hacia el viejo continente, pero para él era nauseabundo. Por ser el cumpleaños de su amigo tuvo que actuar mejor que nunca, fingiendo un apetito que en realidad eran náuseas, mascando sin saborear esa rebanada, escupiéndola en el vaso que contenía apenas una cuarta parte de soda para evitar malas escenas de huidas al baño. Terminó su tortura y el festejado insistió en ir a patinar…sí, eso era mejor, un poco de actividad para desviar la mente del asco anterior. Pero ninguno era bueno patinando (por no decir que eran pésimos en ello) y era eso lo que parecía hacerlo interesante. Alquilaron los patines y con torpes pasos se dirigieron a la pista de hielo, realmente su andar era como el de un ciervo recién nacido al cual a cada paso parecerían rompérsele las frágiles patas. El albo piso que ante ellos se imponía no tuvo piedad: un solo paso y Hide cayó apenas sostenido por quien le acompañaba…y así emprendió un paseíto torpe, sujetos férreamente a la pequeña pared de contención rogando por no caer. Varias veces le preguntó al cumpleañero a qué se debía esa idea de patinar, y siempre recibió la misma respuesta "es emocionante", sólo eso.

-Hide…no sé si lo has notado pero la mayoría de los que se agarran como nosotros son niños-murmuró con cierta sorna, sintiendo algo de pena.

-Somos niños también, universitarios pero niños a fin de cuentas, además no hay nada de malo en querer patinar sin tener la más remota idea de cómo se hace-miró a un instructor-hagamos lo que él y quizás lo logremos-comenzó a imitar los mismos movimientos en un intento de lograr estabilidad ignorando las peticiones del contrario quien temía se diera un duro golpe. Para su sorpresa lo iba logrando, o eso pareció. Una niña salvaje se le atravesó cual bólido haciendo que perdiera equilibrio, un pequeño desliz y se vio volando siendo su espalda la zona que azotó primeramente emitiéndose un ruido seco. Su amigo se sobresaltó y patinó hacia él lo más pronto posible, olvidando el hecho de que era igual o peor en ello, simplemente fue hacia él como pudo.

-Hide, ¡Hide! ¿Te has lastimado mucho?-preguntó apenas llegó a su lado y se arrodilló.

-No, qué va. No soy tan frágil…es cosita de nada-se quedó sentado y sonrió con suficiencia-pero…vaya vaya, esto es una sorpresa.

-¿Qué cosa?

-Viniste patinando siendo que apestas realmente, creo que tu preocupación por mi te ha motivado-exclamó emocionado y lanzó una carcajada-deberías de ver tu cara.

-Tonto, realmente me preocupaste y sales con esto-lo reprendió sintiendo un sutil enrojecimiento en las mejillas y ayudó al chico a ponerse en pie. Fue buena observación pero no importaba mucho para él-veo que estás intacto, ya casi se nos termina el tiempo.

Salieron de allí. Realmente el golpe le dolió pero lo que conllevó valió la pena, nadie le borraría esa sonrisa del rostro. Llegó la hora de ir a la ansiada premier. El rubio miró con cierta tristeza el evento y se quejó un poco de no poder estar allí, y de la nada un par de boletos aparecieron frente a su faz. La sorpresa fue tal que casi se marea ¿de verdad su amigo las había conseguido? Lanzó un gimoteo de emoción y lo abrazó con fuerza al borde del estrangulamiento a causa del júbilo, ni siquiera perdió tiempo en mayores palabras, tomó su boleto y corrió sintiéndose privilegiado al poder pasar. Detrás de él iba su amigo un tanto contrariado por esa gigante emoción, pero le alegraba de sobremanera.

El evento fue algo estrafalario e iban un poco desentonados con la gala, pero dio lo mismo fijarse en tal detalle. Los artistas desfilaron, la película fue estrenada y a cada momento el chico parecía explotar logrando contenerse al morderse las manos, realmente le pareció épico. La noche arribó y con ello el término de un buen día. De nuevo en el puente se quedaron sentados para poder hablar de lo acontecido. Varias veces Hide se empeñó en alabar la hazaña del híbrido al "patinar a la velocidad de la luz para acudir en su ayuda" provocando que el contrario se sonrojase y lo reprimiera de un modo tan flojo que era más como una queja, una súplica enternecedora para que parara de decir eso. Pudo haberse lastimado y seguía con bromas, pero así era él. La charla se prolongó y al ser ya tarde Kaneki mostró cierta preocupación por el hecho de que el festejado se fuera así a su casa, y aprovechándose de eso el confianzudo le pidió posada en su casa dado que su departamento estaba más cerca. Sin mucho por oponer accedió y se dirigieron al lugar. La caminata fue en silencio, un silencio que lejos de ser incómodo parecía inundarse por los destellos propios de la agitada vida nocturna y los murmullos lejanos que se convirtieron en zumbidos, susurros irreales.

Al ingresar se quitaron los zapatos y el rubio se lanzó a la cama emitiendo un sonoro bostezo.

-¿Cansado?

-Un poco, fue un día movido ¿qué hay de ti?

-Lo normal-preparó café y le llevó una taza hasta la cama-¿no vas a abrir tu regalo?

-Es verdad-se incorporó y tomó la bolsa apresurándose a abrirla. Al ver el contenido calló de súbito y lo sostuvo. De verdad era eso….recordó algo de hace varios años atrás…

-Hide… ¡Hide! ¿Dónde estás?

Aquél que era buscado no quería ser encontrado, sólo pudo abrazarse a sí mismo y sollozar. Quien lo buscaba no parecía querer desistir. Estando bajo esos juegos de madera trató secar las muestras de su debilidad. No pasó mucho tiempo para que otra presencia lo sacara de su mundo. Se sobresaltó y al verse así de descubierto cruzó los brazos.

-¿Qué quieres?

-No creo que sea bueno que te escondas así y aquí, hace frío

-No importa, no tengo frío.

-Hey…-suspiró al ver lo reacio que estaba-oye…fue muy feo todo eso pero no es para que te pongas así.

-¿Tú que sabes? Eso era especial y ahora ya no lo tengo….mamá se enojará-se puso de pie secándose las lágrimas y se echó a correr rumbo a su casa, dejando a su amigo bastante consternado. ¿Era así de importante un gorro? Llamó a casa del niño y fue su padre quien respondió. La charla resultó fructífera: descubrió la causa del pesar y se sintió mal, realmente triste y peor aún por no haberle sido útil… y algo se le ocurrió. A la mañana siguiente alistó lo necesario y se encaminó al riachuelo en busca de la causa de los males de su amigo, y no tuvo éxito alguno. Frustrado, mojado y con frío decidió hacer algo para compensarlo. Tras una ida veloz a una pequeña boutique visitó a escondidas al niño rubio, colándose por el jardín trasero que no contaba en ese entonces con elrejado ni nada que fuera un obstáculo, se movía cual ninja, espinándose de paso con algunos rosales y tal ruido asustó al niño que allí vivía saliendo a ver de inmediato; al notar quién era corrió por la puerta trasera y lo llevó a su habitación.

-¿Qué rayos haces? Estás mojado y te lastimaste.

-Bueno…quise disculparme porque ayer me porté un poco tonto, fui insensible contigo-bajó la vista-no entendía el por qué te pusiste así, pero ya comprendí.

-¿Eh?-arqueó una ceja totalmente absorto. El niño pelinegro aún para su corta edad poseía una facilidad de palabra propia de alguien mayor, todo a causa de ser ávido lector. Como fuera siguió sin saber a qué se refería con exactitud, esta vez su agudeza y percepción estaban por los suelos.

-Quise ir por tu gorro al riachuelo donde esos tipos lo echaron, pero la corriente se lo debió llevar muy lejos así que te traje este-sacó una bolsa y se la dio-no es el mismo que te dio tu abuela, pero se parece y…pensé que quizás ayudaría.

De la bolsa sacó un lindo gorro azul cielo con grecas grises y negras, era tibio y suave. Realmente no era el mismo pero se parecía…y pensó en ello: su amigo se fue a mojar al río con tal de buscar el gorro a saber por cuántas horas y al no tener éxito le compró uno nuevo seguramente con la miseria de dinero que le daba su tía la loca ¿todo eso lo hizo por él? Observó los ojos grises fijos a la alfombra, el niño temblaba por traer la ropa húmeda y con semejante frío…algo en su pecho pareció crecer, sólo pudo lanzarse a abrazarlo.

-Eres un tonto, más tonto que yo. No es el mismo de la abuela pero está bonito, es más: este gorro es muy muy especial, lo usaré hasta que ya no me entre en la cabeza. Gracias Ken, gracias gracias-estrechó el abrazo y trató de no soltar otras vergonzosas lágrimas.

-No agradezcas, veo que te gusta. Me alegra-lo abrazó también, calmando los temblores con la calidez del cuerpo contrario, cerró los ojos…

-Oye Kaneki ¿no quieres tomar un baño? Te enfermarás..

-¡Ah!

-Te has quedado mudo.

-Perdona, recordaba lo de esa vez. En serio que eres marica…hacer tanto por eso.

-Para ti no fue cosa menor-se cruzó de brazos.

-Uy, ya te pusiste serio-se puso el gorro-Waa, me queda perfecto, y es muy parecido al que me diste esa vez, ahora usaré este siempre hasta que se deshaga todo.

-exageras-suspiró para luego sonreírle-aunque me alegra que te guste.

-Y cómo no, si está calientito-fue a recostarse a su lado-Gracias Ken…es mejor que el de la abuela.

Se formó otro silencio que pareció durar una eternidad. En el vaivén del tiempo que corría sin perdón alguno su claro mirar se encontró con la suavidad de esos ojos que le gustaban tanto. Él…Ken era alguien a quien deseaba cuidar incluso si este se negaba a ello con la sutileza que le caracterizaba, deseaba estar siempre a su lado sin importarle lo que sucediera mañana o el año que seguía. Cobijó la fría mano ajena con la propia provocando un ligero sobresalto por parte del dueño de la mano sostenida.

-¿Sucede algo?

-No…sólo tengo sueño.

-Duerme entonces ¿ya le avisaste a tus padres que andas acá?

-Sí…ya sabían desde antes. Les dije que me quedaría contigo.

-Tú…tan confianzudo como siempre-sonrió con resignación y se dispuso a ir al sofá para dejarle la cama.

-No te vayas, cabemos bien los dos ¿me concederías eso? Así como cuando éramos niños.

No pudo negarse, aún era su cumpleaños y le costaba mucho el ignorar su petición. Incluso cuando Hide era quien siempre lo cuidaba y estaba al pendiente de él de vez en cuando parecía requerir de atenciones que sólo buscaba de él y de nadie más, así que se recostó a su lado y se cobijó pidiéndole que durmiera y que no lo pateara. Él era como su hermano, la familia humana que le quedaba así que velaría por él de modo en que el contrario hizo con él en su infancia. El aún cumpleañero sonrió ampliamente de forma juguetona y cerró los ojos, relajándose de inmediato…le tranquilizaba tanto. El tenerlo cerca, sentirlo vivo, viendo esa amabilidad que era tan propia de su buen amigo. Sin preocuparle nada lo abrazó como si fuera un peluche, tomando por sorpresa al contrario.

-¿Hide?

-¿No te quitarás el parche?

-Eso…bueno, es que…

-No es como si tuvieras algo malo ¿o sí? Además no importa…-lo estrujó más y le quitó el parche.

-¡Oye! Eso…-se puso algo inquieto pues temía que su ojo mostrara su naturaleza, pero no tenía hambre así que en teoría no debía haber problema. Si se mostraba más reacio causaría sospechas innecesarias por lo que terminó resignándose a no replicar ni un poco más, no quiso perturbar esa calma. Dejó que la calidez embargara su cuerpo y con ello el sopor previo al sueño, y así fue. Tan pronto cayó ante el sueño, a diferencia del otro quien al verlo dormido con mayor tranquilidad lo apreció al tenerlo así de cerca, cada borde, cada rasgo que se sabía de memoria, y pasó delicadamente los dedos por la suave mejilla de quien entre sus brazos descansaba, y dando estas atenciones fue como cayó también.

A la mañana siguiente despertó, viéndose acurrucado en el pecho de Hide quien dormía plácidamente como si no hubiese un mañana. No quiso perturbarlo por lo que trató de levantarse con cuidado, mas fue en vano. Una mano lo jaló de vuelta y fue seguida de otro brazo. Sólo escuchó murmullos absurdos sobre gatos y conejos….estaba soñando y de seguro pensaba que se trataba de otro peluche. Casi se ponía a reír pero logró evitarlo y finalmente se separó de él y se metió a la ducha. Al salir contempló un desayuno modesto que olía mal. Desayunaron (o al menos eso intentó) y acompañó al chico hasta la estación del bus en donde lo dejó marcharse, y dentro del vehículo el rubio sonrió con satisfacción mientras una agradable calma le invadía.

Domingo apacible que aprovechó para leer sus nuevas adquisiciones recomendadas por el chico extraño de la otra noche.

Mientras en la cafetería ingresó un molesto comensal cuyo objetivo no era satisfacer el estómago.

-¿No vino a trabajar Kaneki?

-No, hoy es su día de descanso y ayer pidió permiso ¿lo necesitabas?-inquirió una chica nueva.

-sí, pero no es urgente. Vendré mañana…ah, dile a Yoshimura que vine y necesito verlo también en privado.

Y se retiró algo frustrado, sólo tenía que esperar un día más. Camino a su hogar miró corriendo a un muchacho con gorro y algo bajito para él, parecía preocupado y desesperado en huir…los jóvenes de ahora y sus prisas estresantes, realmente no le dio mucha importancia y retomó su camino. Mañana sería otro día.