/ Muchísimas gracias a quienes gastaron un poquito de su tiempo para leer y también para comentar y animaros a que sigáis haciéndolo en esta segunda parte /

Los trozos de una existencia

Segunda Parte.

Hannah entró en el despacho de Booth mientras miraba su móvil intentando recuperar la última llamada que había recibido. Ni siquiera levantó la cabeza mientras caminaba derecha hacia el cuarto porque estaba completamente concentrada en el aparato.

Había pasado por el despacho del agente para decirle que no podrían cenar juntos, y aunque los mensajes se habían convertido en su principal medio de comunicación, quería, por esta vez y ya que pasaba cerca de allí, hablar con él y besarle mientras le decepcionaba una vez más.

Porque llevaba muy poco tiempo viviendo en casa de Booth, pero ya tenía la sensación de que a él no le gustaba demasiado que se fuera a horas intempestivas o que ni siquiera regresara por causa del trabajo. Se veían muchísimo menos de lo que esperaba cuando volvió a Washington, y eso tampoco le gustaba por mucho que adorara su trabajo.

Por eso se sobresaltó cuando casi se dio de bruces con un hombre que ya estaba dentro del despacho. Por su juventud parecía un becario, y aunque en realidad no le importaba mucho, su sempiterna curiosidad podía siempre con ella.
-Hola -dijo con una sonrisa-. Busco al agente Booth.
-Yo también -dijo él-. Tú debes ser Hannah. Yo soy el doctor Sweets, del FBI.
-Encantada -dijo estrechándole la mano-. Esperaba encontrar a Seeley aquí. ¿Sabes si vendrá pronto?
-Bueno, yo he quedado con él hace un rato por teléfono. Me dijo que se dirigía hacia aquí.
-Tengo muy poco tiempo...-contestó mirando su móvil de nuevo-. Me esperan en el Capitolio.
-Booth nos ha dicho que eres periodista. Y muy buena, debo añadir.
-¿Sí? -Hannah no se mostró sorprendida aunque hubiera querido hacerlo. Mucha gente le decía que había leído esto o aquello, o que la había visto en la tele, así que no la impresionaba en absoluto que la reconocieran.
-He leído varios de tus reportajes, y debo decirte que me pareces muy buena. Booth ha escogido muy bien, aunque otras veces haya tenido menos suerte.

Las últimas palabras de Sweets captaron la atención de Hannah.
-Supongo que alguien como Seeley habrá tenido muchas otras veces...
-No creas -dijo Sweets sin darle excesiva importancia-, aunque el hecho de que haya elegido acertadamente esta vez demuestra que ha superado el último bache. Sobre todo considerando quién fue...

Hannah se moría de la curiosidad. Otra vez. Siempre. Al fin y al cabo, se dijo, vivo de la información que tienen otros…
-Claro...-dijo sin dar a entender que no tenía ni idea de que le hablaba.
-Porque además creo que todos estáis llevando la curiosa situación de una manera muy sensata y razonable...perdona, creo que debí decirte que me dedico a la psicología.
-No, no hace falta que lo digas...Ciertamente yo… Bueno, Seeley y yo...
-Y es que no es fácil seguir trabajando con alguien de quien estuviste enamorado, y tampoco que esa persona acepte a tu nueva pareja como ha ocurrido en este caso. Pero vosotros parecéis llevaros fenomenal, y francamente estoy admirado porque no confiaba en absoluto que Booth lo superara tan fácilmente.

Ella estaba confundida. No le pasaba nunca profesionalmente hablando, pero ahora estaba perdida totalmente. Intentó ordenar todos los datos que Sweets le estaba dando: amor, trabajo, nueva pareja...abrió ligeramente la boca cuando todas las piezas encajaron en su cabeza.
-No sé por qué estoy aquí hablando de esto contigo, pero ya que hemos comenzado, sigamos. ¿De quién estuvo enamorado Seeley y con quién sigue trabajando? -preguntó.
-Brennan. ¿No te lo había dicho?

Hannah sabía encajar los golpes perfectamente, y este era uno muy fuerte para ella. Así que sus sospechas cobraban forma...

Llevaba mucho tiempo pensando que esos dos tenían algo más que una relación de compañeros. Actitudes, miradas, incluso la advertencia implícita de Brennan de que no debía hacer daño a su compañero ni irse a vivir con él si no pensaba que fuera definitivo... Por eso cuando se conocieron en Afganistán parecía tan triste, tan desencantado, tan deseoso de encontrar a alguien, y ella se había dejado llevar por la ternura de aquel atractivo soldado.

Ahora le quedaba muy claro que, fuera lo que fuese lo que hubiera pasado entre la doctora Brennan y el agente Booth, había tenido lugar justo antes de que él volviera al Ejército.

Sweets también comprendió que había metido la pata...
-Creí que lo sabías, quizá he tenido poco tacto al hablar de ello...
-No -Hannah le quitó importancia con un gesto-, es que no sabía que te referías a ella. Perdona, debo irme. No puedo esperar a Seeley. Le enviaré un mensaje...

Y acto seguido se dispuso a salir del despacho. Pero antes se volvió.
-Ah, y encantada de conocerte, doctor Sweets. Ha sido... -iba a decir "revelador" pero se contuvo-...un placer.
-Lo mismo digo, Hannah.

Hannah llamó al ascensor aparentemente distraída. Su cabeza de repente se convirtió en una lavadora llena de prendas que daban vueltas: no llegaba a la rueda de prensa, debía posponer una cita con un senador, tenía que escribir la entradilla del reportaje del día siguiente, Brennan y su novio habían estado enamorados… Decididamente no disponía de tiempo ni de ganas para enfrentarse a aquello. Tenía que trabajar.

Después pensaría cómo se tomaba lo que acababa de descubrir…