Capitulo 2. Empieza un nuevo y emocionante curso
Zoro corría por un largo pasillo repleto de lujosos muebles y casi empapelado de cuadros antiguos. No sabía quien era su perseguidor, pero tampoco le hacia mucha ilusión saberlo.
-señoriiiito- retumbaba graciosa y cantarina una voz.
Cuando el peliverde empezaba a pensar que ese pasillo no tenia fin, empezó a vislumbrar la puerta. La abrió con rapidez y algo de esperanza por salir de allí.
-señoriiito- volvió a escucharse la voz, cada vez estaba más cerca.
Traspasó el umbral encontrándose en una habitación completamente inmersa en la penumbra. Adelantó un paso no muy seguro de si adentrarse más. De repente, se encendieron alrededor de la habitación algunas antorchas, iluminando minimamente el habitáculo y descubriendo así entre las sombras una extensa mesa llena de mangares y al final un ataúd.
Quiso dar media vuelta, pero su perseguidor ya estaba detrás suya.
-señoriiito -dijo el anciano- es hora de la cena- de repente oyó un chirrido, provenía del ataúd que se estaba abriendo, dejando salir al blanquecino monstruo de ojos amarillos que guardaba dentro.
-Hermes- dijo a su sirviente con una sonrisa lujuriosa- por fin trajiste el plato principal...-se relamió los labios.
El joven volvió a poner su vista en el mayordomo, pero ya era tarde para hacer nada, el anciano manejaba una gran guadaña de plata y cuando se quiso dar cuenta, la sangre que salia de su pecho atravesado le nublo su vista.
-señorito. - lo llamó el anciano con la cara muy cerca de la suya. Evidentemente la reacción del peliverde no podía ser otra que darse tamaño sobresalto y caerse para atrás de la cama.
Con la cabeza en el suelo se cercioró de que lo único que había sufrido era una pesadilla.
El anciano rodeó con la mayor tranquilidad del mundo la cama hasta llegar al recién levantado.
-el desayuno esta listo, señorito- dijo con voz apacible- llevo un rato intentando despertarlo, pero parece que tiene el sueño tan profundo como su padre- dijo con una sonrisa.
-¿que... que hora es?
-las nueve y media
-¿queeee? ¿Estáis locos o que? ¡Si es domingo!
-por eso desayunamos a las nueve, los demás días desayunamos a las ocho.
-¿los sábados también?- dijo asustado.
-si, señorito. Le recomiendo que baje cuanto antes. El señor le lleva esperando para desayunar media hora.- dijo mientras salia de la habitación.
Zoro dejó caer la cabeza al suelo y miró al techo con un suspiro cansado.
-Prefería la pesadilla.
Las puertas de comedor se abrieron dejando pasar al joven del pelo verde que aun tenía los parpado entre cerrados, despeinado, daba grandes bostezos y andaba con gran pesadez. Al entrar lo primero que recibió fue la mirada desaprobatoria de su anfitrión, no sabía muy bien si era por su manera de entrar o porque aun estaba en pijama, aunque lo mas probable es que fuera por ambas cosas.
-buenos días, señorito ¿ha dormido bien?-le preguntó Lesbia con amabilidad.
-buenos días- dijo bostezando- no mucho que digamos- se sentó en su sitio. Miró su desayuno, estaba compuesto por un zumo y un plato con tostadas, huevo fritos y salchichas.
-¿le pasa algo señorito? No le gusta el desayuno.
-no, no es eso, solo... que a mi con un cola-cao me basta
-¡un cola-caooo! ¡claro! ¿cómo no e pensado en ello? Perdón, perdón, perdón.- se reverenciaba pidiendo disculpas.
-no... si no es eso- el lo único que quería es que no lo convirtieran en un niño pijo consentido.
-vaya desconsiderado- habló es señor, que parecía que solo abría su adinerada boca para decir cosas desagradables.
-¿que?- ¿y ahora que quería?- solo pienso que no hace falta que se moleste tanto por un desayuno.
-no, no hace falta, aun así se a levantado temprano para preparártelo. En vez de tantas quejas ¿por qué no se lo agradeces?- el peliverde no supo contrarrestar, le había callado la boca en toda regla.
-lo siento- se disculpó con la chica.
-no, no hace falta señorito- estaba algo nerviosa por la situación, quería irse del comedor, el ambiente estaba caldeado- si quiere algo más estaré en la cocina- informó mientras se iba.
Se quedaron los dos solos.
-espero que mañana no me hagas perder el tiempo- dijo dando un sorbo de café.
-no se preocupe "señor".- remarcó con sarcasmo, pero el moreno hizo con si fuera el ruido de la lluvia. Empezó a comer, estaba riquísimo pero aún así, no comió tranquilo.
-¿porque el señor es así con el señorito, Hermes?-preguntó la chica mientras lavaban los platos.
-es un asunto difícil Lesbia.-suspiró.- Kotaro, el padre del señorito, y el señor eran muy buenos amigos, a pesar de que siempre estuviesen peleando, pero las circunstancias de la vida más de una vez hacen torcer los caminos.
-¿y por eso arremete contra el señorito?
-no creo que lo haga premeditadamente ni que se lo haya propuesto, creo que es mas bien algo que el señor no puede controlar. Después de todo el señorito es la viva imagen de su padre, en aspecto,-especificó.- porque por lo poco que he visto del señorito son como agua y aceite. Kotaro era mucho más atrevido y menos silencioso.- recordó con una sonrisa.
-y aun así fue amigo del señor...- dijo en voz alta para si.-¿como se conocieron el padre del señorito y el señor?
-bueno, en principio eran compañeros de clase,-empezó a divagar.-recuerdo que en ese tiempo todo el mundo se acercaba a Kotaro, cuando llegó aquí fue la gran novedad, porque poca gente entraba en Tori Shikku*, es decir, poca gente sin dar los abonos necesarios; pero él consiguió la beca a base de estudiar, eso era una de sus característica, que era muy persistente cuando se proponía algo, si no posiblemente nunca se hubiera casado con su esposa. El caso es, que al no ser de buena familia, llamaba la atención entre los demás. Recuerdo muy bien la primera vez que Kotaro vino a cenar a esta casa, sus brillantes ojos esmeralda se agrandaban de la sorpresa y curioseaba todo, pero a la vez era muy inteligente y culto, demostrando a más de uno que consiguió la beca con el sudor de su frente.
-vaya... realmente era increíble.
-increíble fue la cena- dijo echando un pequeña carcajada- todo el mundo lo observaba-prosiguió- a la vez que alardeaban de sus grandezas. Al terminar, uno de los invitados le hizo la siguiente pregunta, "Roronoa ¿que te a parecido esta humilde cena? Seguro que en tu pueblo nunca habéis visto ni una mesa así de grande". Pero Kotaro lo miró a los ojos absolutamente inexpresivo, pero natural, como si no se diera cuenta de la malicia de aquel señor, "lo único que me parece es que podríais cocinar menos, porque con lo que habéis dejado en la mesa se alimentan doce familias africanas durante dos meses". Los comensales se quedaron, nunca mejor dicho, con la boca abierta. Esa noche se ganó el desprecio de muchos y la admiración de otros, en especial el padre del señor quien lo invitó más veces a cenar- dijo con una sonrisa- fue un joven encantador, y bondadoso, nadie le deseaba la muerte, y quien lo hiciera estaba loco, seguro.
-¿cómo...cómo murió?
El anciano suspiró
-en un accidente de coche, se hubiera salvado, pero debido a las dificultades de comunicación, no llegaron a tiempo.- se frotó los ojos por debajo de las lentes y suspiró pesadamente- el funeral fue realmente triste, el señor no pudo acudir por estar atendiendo asuntos en el extranjero. Aún recuerdo al señorito Zoro en el funeral, pegado a la pierna de su madre, llorando, llamando a su padre. Seguramente a esa edad no sabia ni lo que era nacer o morir, pero sabia que no volvería a ver a su padre... bueno-dijo con más animo.- hay que ponerse a trabajo- se giró para ver a la chica que lloraba a moco tendido.
-que historia mas triste- lloraba desconsoladamente- pobrecitoo...
-venga, si quieres ayudarle, esfuérzate lo mas posible en tu trabajo.
-siiiii- se puso en marcha como un cohete dejado una bella estela de lagrimas tras de si.
El anciano rió.
-parece un cometa.
Zoro, llevado por su orientación, y tras un gran rato deambulando para ir a su cuarto, llegó a la la biblioteca de la casa. Se quedó con la boca abierta al ver tamaña habitación, aún mas grande que el baño, con una cúpula ojival. Las paredes eran cubiertas por estanterías desbordadas de libros y no suficiente con eso también había un numero de enormes estanterías, seis en total, en el centro de la habitación, rodeadas por cuatro extensas mesas de madera, con algunas de pocas sillas.
-pe-pero... si la biblioteca del pueblo eran cuatro estanterías mal contadas, o al menos eso me dijeron, porque yo nunca la visité.
-¿señorito?- era Lesbia que asomaba su cabeza por la puerta- ¿que hace aquí?
-pues... me he perdido y... ¿estas llorando?
-ee... esto yo... es que estaba viendo un culebrón...
-venga mujer, perores cosas pasan en la vida- quería animarla, pero no entendiendo muy bien como, hizo el efecto contrario- ah, lo siento yo no quería...
-no, no ha sido usted, es que estoy hoy muy sensible...- dijo sacando un pañuelo y secándose las lagrimas.
El joven la miró un poco culpable.
-el desayuno estaba muy bueno...- la sirvienta le miró no entendiendo a que venia eso ahora- siento lo de antes.
-¡noooo!- exclamo acercándose rápidamente al chico que casi se caía hacia atrás del sobresalto- no tiene que preocuparse por eso señorito, es más, puede recriminarme lo que sea, para eso es usted el que paga jajajajajajaja.
-va-vale- tartamudeo.
-bueno, y ahora salgamos de aquí, al señor no el gusta que entren en esta habitación.-decía mientras lo sacaba de aquel enorme cuarto.
-¿porque?
-no lo sé, supongo que serán manías suyas. Bueno, venga conmigo, le llevare a su cuarto.
-gracias- siguió a la chica, dieron un paseo largo ¿hasta que punto se había perdido?- ¿en que trabaja... él?
-¿se refiera al señor? pues lleva un cadena de hoteles y una agencia de viajes. Es increíble, más de uno se hubiera desentendido y a vivir la vida, pero el se preocupa mucho.
-porque es un soberbio y se cree que es el único que hace las cosas a derechas- la chica, aun sonriendo, le resbaló una gota de sudor por la frente.
-bueno, ahí tiene su habitación, yo aun tengo cosas que hacer pero si acaso hablamos mas tarde.- y se fue como un cohete, otra vez.
-señorito- lo despertó el anciano con la cara muy cerca.
-¡ahh!- como el día anterior, volvió a caerse para atrás- Hermes- dijo medio dormido y mirando al techo- ¿te importaría no despertarme así?
-de acuerdo, señorito. Pero dese prisa, le recuerdo que hoy es su primer día de clase.
-ah.. si.- decía con desgana mientras se incorporaba.
-póngase el uniforme y baje a desayunar. Hoy tendrá que salir antes para presentarse a su tutor.
-vale.
El desayuno, al igual que la cena del domingo, fue silenciosa y tensa. Aunque le hizo gracia que Lesbia le prepara un cola-cao, turbo, que se supone que no tenia grumos, y se supone, porque tenia los mismos grumos que el cola-cao normal. También le había preparado la mochila, no sabia muy bien si pesaba por los libro o por la cantidad que comida que el había preparado para el recreo.
Cuando salieron de la casa había una fresca brisa de septiembre mañanera, vamos, que hacia frío. Hermes les abrió la puerta del coche, entrando primero el mayor que se sentó al lado de la ventana, seguido de el joven que se echó en el otro extremo.
-siéntate bien, la gente va a pensar que voy con un arbusto.- el comentario hizo que el joven lo viera malhumorado y se echara mas todavía.
-así pensaran que no vas con nadie.- el mayor suspiró malhumorado, siendo imitado segundos después por el peliverde.
Por su parte el anciano conductor se aguantaba la risa al ver a ese dúo. Pasaron el resto del viaje en apacible silencio.
-señorito, hemos llegado- le informó el conductor, pero es señorito se había quedado frito.
-por el amor de dios- se quejó el mayor, este se levantó de su sitio para poner medio cuerpo en la parte delantera del coche y tocar el claxon. El peliverde dio un repullo.
-¿que pasa?- dijo medio dormido y desorientado.
-ya hemos llegado señorito.
-ah vale, gracias- se bajó del coche- hasta luego- y cerró la puerta tras de si.
Hermes volvió a arrancar e coche camino al trabajo de su señor.
-¿de que te ríe, Hermes?
-de nada, señor, de nada- intentó parecer serio.
Tori Shikku, un instituto de prestigio donde asisten a dar clase los jóvenes nacidos en el seno de buena familia; a los ojos de Zoro, un instituto más, solo que mas grande y mas pijo.
Tenia que encontrar la sala de profesores, cosa que se estaba convirtiendo en toda una proeza, porque no la encontraba, tampoco encontró a nadie pero... escuchó voces un poco a lo lejos y decidió seguirlas, le llevaron hasta una clase que sobre su puerta un letrero señalaba "3ª aula de música".
-¿tercera? Si nosotros solo tocábamos la flauta-. Tomó el picaporte y lo giró pero al abrir la puerta...
-¡IRAIMASE!*- se escucharon una voces darle la bienvenida a la vez que una luz le cegaba y se levantaba una brisa que transportaba pétalos de rosa. El peliverde se dio tal sobresalto que cerró la puerta de golpe.
-están locos- dijo intentando recuperar la respiración del susto- estos ricos están locos. Se recompuso y decidió seguir su camino hacia la sala de profesores como si no hubiera visto nada.
Iba a paso acelerado, queriéndose alejar lo más posible de lo recién acontecido y difícil de entender, hasta que tuvo que parar tras doblar la esquina debido a que se estrelló con alguien y la fuerza gravitatoria de la Tierra lo llevó al suelo.
-ay ¿porque todo a mi?
-eso digo yo- dijo el otro chico, Zoro lo miró, tenía el pelo rubio cenizo, parecía canoso, y los ojos azules, rasgados, dándole una apariencia zorruna. Al igual que él, estaba tirado en el suelo.
-lo siento, no miraba por donde iba.
-no pasa nada ¿eres nuevo? No me suena tu cara.
-si, lo soy- dijo levantándose y ayudando a su compañero recoger todos los libros que llevaba y que habían caído al suelo- ahora mismo buscaba la sala de profesores para presentarme a mi tutor.
-en ese caso ven conmigo, iba para allá.
-gracias, tu nombre es..
-me llamo Gin Ichimaru*.
-yo Zoro Roronoa, encantado
-igualmente- dijo con una sonrisa, aunque el peliverde se dio cuenta de que era muy risueño. Llegaron a la sala se profesores.
-holaaaa- saludo alegremente el canoso, quizás demasiado alegre.
-¡Gin!- lo revivió un profesor igual de alegre.-gracias por traerme los libros- Tenía cara de no haber roto un plato en su vida, el pelo castaño y unos ojos marrones guarecidos tras una gafas de montura negra.- ¿que tal el verano?
-muy bien profesor Aizen* ¿Y usted?
-bien, bien ¿Has estudiado?
-...
-mira que te lo dije ¿porque me haces esto?- dijo revolviéndole el pelo con la mano cariñosamente.
-¿en que extraño mundo he entrado?-pensó Zoro con una mueca.
-me esta despeinando.- se quejó Gin.
-como si te mataras para tenerlo bien ¿ quien es tu amigo?
-el es...
-Zoro Roronoa- dijo la profesora que entraba en la sala. Era una mujer muy guapa, morena y bastante alta- encantada, soy Nico Robin, tu tutora- le ofreció la mano, él se la dio.
-igualmente.
-ven, siéntate- le ofreció una silla en frente de su mesa.
Tras eso, la profesora, tranquila, serena y sonriente, le hizo una serie de preguntas dándole la sensación de que estaba en un control de la policía.
-bien, ya están listos tus datos ¿me puedes decir a que bachillerato quieres acceder?
-pues al de este instituto- se sintió tonto al contestar un pregunta tan evidente.
-no me refería a eso- dijo echando un pequeña risilla- me refiero a lo que vas a escoger:ciencias o letras.
-pues no se que decir le porque no me gusta ninguna.-pensó quedándose callado.
-¿no sabes aún que vas hacer?
-prefiero letras- más bien odiaba las matemáticas y todo lo que se le pareciera, y los curso anteriores los pasó con la calculadora de contrabando.
-ah, entonces nos veremos- dijo el profesor Aizen con una sonrisa amable- espero que seas buen estudiante de latín.
- si profesor- se fue levantando pensando que buena la había hecho porque lo de estudiar un lengua muerta no le hacía ninguna gracia.
-tu clase es 1º A – le informó la morena- y este es tu horario- le dio un papel donde llevaba apuntadas las clases y las horas correspondientes.-ahora informaró a los profesores de to color de pelo, no te preocupes, y para lo que necesites ayuda puedes pedírmela.
-vale, muchas gracias.
-una última cosa, los piercings no están permitido en este centro, puede ponértelos si quieres a la hora del recreo, pero en clase deberás quitártelos.
-de acuerdo- dijo mientras se quitaba los tres pendientes dorados que adornaban su oreja izquierda.
-Gin, acompáñale a su clase, que esto es muy grande.
-Por supuesto.
El peliverde siguió al alegre chico de pelo cano. Se estaba mareando un poco, no estaba acostumbrado a edificios grandes, y estaba harto de tener la sensación de andar siempre por el mismo pasillo y no llegar a ningún lugar.
-bueno, hemos llegado, yo me voy a 1º B que esta al final del pasillo.
-vale, gracias, hasta luego.
-¡bye, bye!-se despidió alegre.
Entró en la clase y cerró la puerta. Observándola, descubrió que era un aula como otra cualquiera, los asientos estaban vacíos, sin ninguna marca de que le pertenecieran a alguien, por lo que se tomó la libertad de de escoger su pupitre, ultima fila al lado de la ventana y se quedó observando como los primeros rayos de la mañana empezaba a asomar y ya podía escuchar algunos cantos de pájaro, aun así, la luna aun no se iba.
Oyó como unos pasos se acercaban rápidamente, por lo que dejó su estudio sobre el paisaje para atender ese agitado ruido ruido. La puerta se abrió dando un portazo considerable, seguidamente un chico de pelo negro se tiró en plancha en el suelo dejando a Zoro con los ojos como platos.
El dicho chico, sin darle cuartel al peliverde, se levantó con energía como si el suelo estuviera hecho de de velcro y no de mármol.
-¡GANEEEEE! ¡LLEGUE EL PRIMERO!-grito victoriosamente. Tras proclamar a los cuatro vientos su victoria deparó en Zoro- ¿eh? ¿Tu quien eres?
El peliverde pensó si contestarle o no moverse para ver si le confundía con el entorno.
-s-soy nuevo ¿estas bien? Te has comido es suelo
-¡nuevo! bienvenido compañero juajuaja- dijo con alegría a la vez que la daba fuertes palmadas en la espalda.- yo me llamo Luffy ¿y tu?
-Zoro.
-jajajajaja, que nombre mas gracioso- reía a carcajada limpia confirmando las sospechas del peliverde de que en ese colegio la gente iba partiendose la caja por la vida.
-Luffy...- se oyó una voz cansada y desesperada- porque nos tienes que hacer pegarnos estas carreras- decía un chico apoyándose en la puerta de cansancio, con la respiración agitada y la lengua fuera. Tenia el pelo negro y rizado recogido en una coleta, ojos de bicho y una nariz muy larga.
-venga Usopp, no se as moña. Tu también Chopper- señaló al chico tirado en el suelo, colapsado por el cansancio. Zoro no lo veía bien, solo veía que tenia el pelo marrón y que era bastante bajito- ¡mirad! es un nuevo compañero y se llama Zoro ¿verdad que tiene un nombre gracioso?- el moreno no deparó en la mirada de mosqueo que le echó el peliverde, pero Usopp si, le dio toda la pinta de que era un maleante, pero sabía que poca gente entraba allí sin conseguir una beca, y el chico no tenía pinta de que le gustase estudiar. Primera conclusión: hijo de mafiosos. Segunda conclusión: ¡peligro!
-Luffy – le salio la voz temblorosa- no te metas con su nombre.
-si no me meto, Zoro se parece a zorro, y zorro me hace pensar en el Zorro ¿a que tiene gracia? Ademas, mira su pelo parece un arbusto.
-y tu un cuervo no te jode- se quejó haciendo que el miedoso retrocediera.
-vale, perdona- dijo haciendo un puchero.-¿me perdonas?
-¿que? S-si.. te perdono.-cada vez entendía menos ese mundo.
-¡YA SABIA YO QUE ERA BUENA GENTE!- gritaba mientras le daba palmadas en la espalda.
-¡deja de darme en la espalda!
-a que no te gusta, lo siento ¡Eh! Usopp ¿que haces todavía en la puerta?
-yo... es que tengo que cuidar de Chopper que parece que le ha dado un soponcio.
-si Chopper está aquí- dijo señalando al chico que ya estaba formando un corro con ellos dos. Usopp abrió tanto los ojos de la sorpresa que casi se le salieron de las órbitas. Por su parte el pequeño que nunca se enteraba de nada se presentó al nuevo chico.
-hola, soy Chopper.
-"hola, soy Chopper"- imitó Luffy con su voz de pito.
-¡no te rías de mi!
-es que eres una risa jajajajajaja
Zoro se fijo mas en el chico, como ya había visto era castaño y bastante bajito, pero lo mas característico de el puede que fuera sus ojos, grandes y oscuro como los de un animal.
-hola, yo soy Zoro.
-encantado-se reverencio.
-igualmente.
-¡Usopp! ven ya de una vez- dijo el moreno tirando del brazo del narizotas.
-no, espera Luffy yo...
-hola, soy Usopp- dijo imitando la voz de su amigo y moviéndole los labios.
-hola..- dijo con miles de gotitas.
-¡NO ME MATEEEES!-grito lloriqueando poniéndose en brazos de Luffy.
-¿pero que demonios haces Usopp?
-¡Luffy! estas mal de la cabeza o que ¿no ves su pintas? ¿su pelo? ¡Tiene toda la pinta de macarra!
-perdona, pero este es el mi color de pelo.
-¡si, claro! ¿me has visto cara de chiste?
-pues un poco si que la tienes.
-jajajajajajajaja que tío mas gracioso- carcajeó Luffy agarrándose el estomago, por lo que dejo de sostener a Usopp.
-¡ah! ¡Luffy! ¿es que no me tienes ningún cariño?
-claro que si Usopp, yo te quiero mucho como la trucha al trucho.
-¡si tanto nos quieres dejanos tranquilas!- se escuchó una voz quejarse acercándose por el pasillo.
-estas preciosa cuando te enfadas Nami-swan- se oyó otra voz con empalago.
-¡que me dejes!
Entraron en la habitación tres personas. Dos eran chicas, por lo que el peliverde pudo comprobar que el uniforme femenino era igual que el de los chicos excepto que por que las chicas tenían una falda que recordaba a la escocesa, de fondo azul oscuro y cuadrados rojos; una tenia el pelo corto y naranja, y la otra llevaba una larga melena azul en una coleta. El otro chico era rubio, llevaba el pelo de forma que le tapara completamente el ojo izquierdo, y tenía un ceja rizada bastante graciosa.
-buenos días- dijo la chica del pelo azul.
-¡buenos días Vivi! mira el chico nuevo tiene el pelo tan raro como tu jajajaj.
-¡eh! ¡imbécil! no llames rara a mi querida Vivi, ademas de rarezas no eres el más indicado para hablar.
-yo soy normal.
-vaya pelo- dijo la pelirroja al nuevo chico- ¿no es teñido?
-no -dijo de mala gana, ya estaba acostumbrado a las risas sobre su pelo, no por ello le dejaban de molestar.
-oye tu, no le hables así a Nami- dijo el rubio.
-si no he dicho nada.
-no es lo que le digas, es como se lo dices
-ah, entonces según, si a ti te digo lo capullo que eres con un corte de manga y una reverencia esta bien ¿no?
-ja, que vulgar ¿de que pocilga has salido?
-de la que hay en la cama de tu madre.
El rubio se dirigió hacia el, mientras que Zoro se levantó para enfrentarlo.
-¿pasa algo, chicos?- todos se giraron hacia la voz, era la tutora.
-¡Robin-sensei-chuan!- exclamó el rubio con corazoncitos- ¿pasó el verano triste sin mi?
-es difícil olvidarte Sanji. Parece que ya vas conociendo a tus compañeros- dijo esto ultimo dirigiéndose al peliverde.
-si.
-eso esta bien, no sé como imparten clase en tu antigua escuela, pero tengo entendido que los institutos públicos el nivel es inferior y puede que no entiendas algunas cosas, te vendrá bien tener compañeros, aunque claro está que también me tienes a mi que para algo soy tu profesora.
-si, gracias.
-no hay de que. Bueno, iros sentando, la campana sonara dentro de poco.- todos le hicieron caso a su tutora.
-que bien, nuestra tutora este año es Robin-sensei-chuan- decía meneándose de un lado a otro el rubio emo, a lo que el peliverde pensó "este tío es subnormal profundo".
-ey, Zoro- lo llamó Luffy, único que se había atrevido a sentarse cerca de él- no le hagas mucho caso a Sanji, el es así, pero también es buena gente.
-vale.
-y si necesitas apuntes no te preocupes, te dejo los míos.
-pero si es mejor no tener apuntes que fiarse de los tuyos, Luffy- dijo el narizotas.
-eso no es verdad.- hinchó los mofletes.
-si que lo es.
-que no.
-que si.
-¡callaros ya!- les regañó la pelirroja.
-joe, Nami, que cabreo llevas encima.- analizó el moreno.
-es la adaptación al nuevo curso -empezó a explicar la peliazul excusando a su amiga- siempre es duro y...
-vamos, que tiene la regla- le cortó el peliverde.
-¿y tu que coño sabes?- se volvió con cara de ira la pelirroja
-jajajajaja este tío es una risa.
-¡callate!- el moreno se cayó como una monja- y tu vuelves a decir otro borderio y solo Dios sabe lo que te puede pasar ¿capichi?
-¿capi qué?
-grrrrrrrrrrrr
-Zoro, mejor déjala, cuando se pone así pasan cosas malas- le advirtió Usopp.
-¿tu no me tenias miedo?
-más miedo da Nami- hubo una carcajada general, incluida la profesora que estaba arreglando unos papeles con el oído puesto, y menos Nami y Sanji que no les gusto el comentario.
Analizando la situación, a los ojos de Zoro parecían buena gente, y buenos compañeros, con sus pros y sus contras como todo el mundo.
-bueno, no esta tan mal como había imaginado.
Continuará...
Notas Finales:
Tori Shikku- significa Pájaro elegante. Bueno, como creo que ya habéis deducido es el instituto donde Zoro se pasará estudiando dos años. A veces me arrepiento de no haberle puesto Grand Line pero ¡oye! ¡así también es un poco diferente!
Iraimase- significa bienvenido, creo recordar... creo que la gente que ha visto host club habrá vislumbrado la escena perfectamente xDD no lo pude evitar, me dije a mi misma "tengo que poner esta escena en una fic" y lo hice.
Gin Ichimaru- bien, primer personaje no perteneciente a one piece, su autoria corresponde al creador de Bleach, Tite Cubo. Por mi parte digo que me encanta este personaje, ya no me acuerdo porque lo intercalé en esta historia, pero creo que gracias a eso tubo más vida.
Sosuke Aizen(profesor Aizen)-segundo personaje de Bleach, para lo que conocéis la seria ya sabréis que buena pareja hace con Gin xD así que no creo que su aparición merezca mas explicaciones xDDD. Excepto por un capitulo (ya lo veréis si seguís leyendo), Gin y Aizen son los únicos intercalados de otra serie.
