Disclaimer: Amour Sucre no me pertenece. Es propiedad de Chinomiko y Beemov.
Advertencias: SPOILER de CdM en la Universidad/Paso del tiempo/Cosas sad –creo-/Poco dialogo.
Nota de la autora:
Finalmente, aquí traigo otro OS de Cdm.
No me ha costado nada escribirlo, pero simplemente tenía la legendaria flojera del escritor.
Por fin, viene mi ruta, la primera y la única, mi bello Lysandro.
Y, debo decir, estoy satisfecha. Lloré y esta largo pero estoy satisfecha.
¡Y aquí viene una frase del maravilloso GGM! Mi ídolo en la literatura.
Lean y lloren –otra vez-.
Nos leemos abajo.
Recomendación musical: "Bitter Sweet Symphony"- The Verve
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"—Esta muy triste—contestó Úrsula—porque cree que te vas a morir
—Dígale—sonrió el coronel—que uno no se muere cuando debe, sino cuando puede"
-Gabriel García Márquez (Cien años de Soledad)
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Razón
Lysandro siempre fue una persona bastante racional.
Un día, su padre le mostró como unos horribles animales pequeños habían empezado invadir una planta de tomates. Pese al esfuerzo de su padre y sus insecticidas, al final tuvo que arrancar la planta de raíz para evitar que infectara la demás cosecha.
Tuvo que sacrificar una pequeña parte, pero valió la pena al final.
Y no pudo evitar, compararlo ahora mismo con lo que sucedía en su vida.
Sucrette lo había consolado, lo había abrazado y había permitido que llorara en su hombro todo lo que tenía que llorar cuando su padre murió. De forma tan previsible, pero no menos dolorosa.
En el entierro, en días oscuros y días tristes, ella le brindó de su apoyo.
Y era justo por eso, que la separación se hizo más dolorosa. Porque ella tenía que irse.
Lysandro siempre fue una persona bastante racional.
Y solo era cuestión de pensarlo unos minutos, para saber que esa separación, al final se haría permanente. Que no podrían verse siempre. Que ahora estaban dando saltos diferentes en sus vidas. Que la distancia haría mella en sus corazones.
Y, de hecho, así fue. Pero se aferró a ella, como sí eso pudiera disminuir el dolor de no tenerla cerca.
Lysandro siempre fue una persona bastante racional.
Por eso, la última vez que se vieron, decidieron…eso mismo. Que sería la última vez que se verían.
Ella le dio un último regalo. Una foto enmarcada, envuelta en papel de regalo.
Lysandro casi se ríe por la crueldad y a la vez, la bondad de aquella chica, por obsequiarle una foto suya. Como sí quisiera que su recuerdo le quemara por siempre a flor de piel.
No hubo lágrimas, ni llanto, ni palabras emotivas. Solo miradas. Miradas que lo decían todo.
Lysandro se inclinó sobre ella, le dio un dulce beso en los labios y luego hizo lo mismo con el dorso de su mano.
—…Adiós, mi amada.
Tal vez la destruyó con aquella frase. Tal vez no. Lysandro solo obtuvo una sonrisa y una caricia en la mejilla.
…
Solo unos meses después, Lysandro sopesaría la muerte de su madre con igual amargura que la de su padre.
Viviría vagando en una nube infinita, donde nada existe y nada es. Porque, de hecho, no sabría cuál sería el siguiente paso.
¿Cómo avanzar después de perder a la mitad de los que te amaban?
…
Lysandro llegaría a la granja –casi-abandonada de sus padres, para reunirse con Leigh y Rosa y decidir qué harían con ella. Buscar quien la administraría o sí la venderían por completo.
Pero se tomó la molestia de llegar un poco antes de lo acordado.
La pequeña y modesta finca, estaría en silencio. Llena de polvo, con olor a viejo, ordenada y con memorias lejanas.
Recorrería cada habitación a pasos lentos, evocando los recuerdos de su niñez y de su vida en ellas. Pero no sentiría más que una amarga nostalgia que le escocería la garganta y le apretara el corazón.
Al final, se sentaría en la habitación matrimonial de sus padres, viendo sus cosas guardadas en cajas y bolsas, porque, de hecho, ya no tenían a quien servir.
Y solo entonces, cuando se encontrará en su propia soledad, Lysandro pensaría en ella.
En cuanto anhelaba que estuviera con él en esos momentos.
Así que sacaría el cuadro envuelto, que no se había atrevido a abrir, para evitar caer en la tentación de ir a buscarla como un loco de amor.
Desgarraría de forma lenta el papel y, en efecto, encontraría una foto enmarcada, pero no de Sucrette.
De sus padres. Abrazados, jóvenes y felices. Una foto en blanco y negro, de ambos posando frente a la granja.
—Rosa, le diría más tarde, que Sucrette encontraría esa foto olvidada por todos y le pediría a Josiane que se regalara para algo especial—
Y, junto la foto, una pequeña nota escrita en papel de libreta y con la preciosa curva de las letras de Sucrette.
"No permitas que me vaya. Pero tampoco me retengas doliendo
La vida lo quiso así y es mi turno de salvarte" (*)
Luego, su firma y nada más.
…
Lysandro dejaría que la locura lo poseyera por un instante. Se recostaría en la cama, las lágrimas correrían y empezaría a reír a carcajadas.
Lysandro siempre fue una persona bastante racional…
Y conforme pasara el tiempo entre un llanto extraño, se daría cuenta de que lo más racional era tirarse de un puente.
Pero ver esa fotografía, leer esas palabras…fue suficiente para que decidiera soltar.
Dejarlo ir.
A todos.
…
Todos se sorprendieron de verlo retomar la granja de su padre. No era para menos. Nunca le gustó el campo en particular, pero ahora parecía que se le iba la vida en cuidarlo y protegerlo.
Atesorarlo con locura y dedicándole todo su alma y su ser.
La granja prosperaría más que nunca, tendría trabajadores a su cargo, y las noches solas en la granja lo harían sentir todo menos… solo.
Pensaría mucho en sus padres, pero con una nostalgia amorosa.
Y casi ya no pensaría en Sucrette. Y cuando lo hiciera, su recuerdo ya no dolería.
...
Años después, invitaría a cenar a Sarah, la chica que lo ayudaba a cultivar flores y rosas en su jardín y con quién compartía una complicidad que crecía con el tiempo.
Ella aceptaría, sonrojada, nerviosa pero feliz, al igual que él. Torpes y alegres.
En su despacho, su ayudante la pasaría una llamada de Rosalya, quién le hablaría con el mismo entusiasmo que siempre.
—…No te preocupes. Iré pronto, lo prometo…
—Eso espero—diría ella— ¡Ah, por cierto! ¡A que no sabes quién regresó a la ciudad!
Lysandro sonreiría de nuevo. Y de pronto, la idea de ir a visitar a su hermano, le sonaría aún más atractiva.
Notas finales:
(*) Frase de la maravillosa autora Estefania Mitre. Escuchen/lean sus poemas, enserio, esa mujer sabe lo que hace.
Me encantó este capítulo. Le encuentro más sentimiento a la perdida de Lysandro y simplemente me llegó al alma toda su historia.
¡Qué si Chino no le da una vida feliz a este personaje, la quemo, la quemo!
¡Gracias a las personitas que comentaron! ¡El próximo OS esta entre Armin o Kentin!
Nos leemos pronto.
Atte. Ari
