CAPITULO 2: LA CAIDA DEL MINISTERIO

Este fic no es sólo mío. Lo escribimos con Neni en épocas de divagación.
(Aviso: En mi país nos saludamos siempre con un beso en la mejilla. Aclaro por si les parece raro)

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CAPITULO 2: LA CAIDA DEL MINISTERIO

Luego del encuentro que habían tenido con los dos mortífagos, los jóvenes miembros de la Orden del Fénix (Lucas, Mariela y Carla), se preparaban para ir a cumplir con sus tareas en el Ministerio.

Era un día soleado. Mientras cada uno estaba ensimismado en sus pensamientos, realizaron el viaje hacia el Ministerio. Cuando llegaron a sus respectivas oficinas en el Departamento de Aurors, se encontraron con una gran pila de papeleo que debían llenar y otra un poco más grande de informes a redactar. Todo transcurría monótonamente, salvo por algunas explicaciones referentes al día anterior que los tres aurors tuvieron que dar, cuando de repente, a punto de finalizar el día, se escuchó un fuertísimo estruendo en la entrada del Ministerio, seguido de gritos y llantos por doquier. Como un rayo, Mariela se dirigió rápidamente al lugar del hecho, no sin contener un grito de asombro cuando vio que más de 20 mortífagos se encontraban allí. Lanzando un encantamiento tras otro, ella y sus compañeros trataron de proteger el Ministerio.

-Desmaius! – Gritaba Javier, mientras peleaba con tres mortífagos a la vez.

Los gritos se escuchaban por todas partes, maldiciones y encantamientos se cruzaban, dejando caer escombros de las paredes y el techo.

De repente, una maldición de las que había echado el joven, rozó la máscara de un mortífago, dejando ver la cara de una joven de cabello largo y marrón, cuya mirada hizo recordar a los ojos de Lord Voldemort. La muchacha seguía luchando, y ascendió rápidamente a la oficina del Ministro Scrimgeour. No podía permitirlo, pensó Mariela para sus adentros, adelantándose al plan que suponía que iba a realizar la joven.

De una patada, entró de lleno a la sala del Ministro, pero siendo muy tarde ya. La mortífaga se encontraba allí, con la varita levantada apuntando al cuerpo inerte con expresión de terror del Ministro.

Cuando volteó, Mariela levantó la varita: no iba a morir sin antes luchar para defender al bien. Pero en ese momento, un brazo agarró su hombro, y todo a su alrededor comenzó a girar, mientras el despacho del Ministro desaparecía rápidamente seguido de un grito de cólera...

Cuando logró recobrar la conciencia, Mariela no sabía dónde se encontraba. Era un pasaje oscuro, con algunos árboles y plantas. De repente, 6 figuras se alzaron frente a sus ojos. Asustada, levantó la varita, pero un brazo la bajó, y saliendo de las sombras, pudo distinguir la cara cansada y lastimada de Javier que la miraba fijamente. Lentamente, de la oscuridad, salieron los rostros de Carla y Lucas, y, para la sorpresa de Mariela, pudo divisar a tres personas que reconoció en seguida: Cristian, por su cara siempre alegre, a Santiago, por sus ojos verdes, y a William, con su sonrisa característica, imposible de confundir. Él era el chico del que había robado su corazón desde hacía ya mucho tiempo.

-Nos atacaron, malditos – Dijo Javier, con voz llena de rencor, mientras ayudaba a Mariela a levantarse. Él tampoco había logrado aparecerse parado.

-Por suerte hemos podido irnos, de otra forma hubiéramos muerto sin remedio. – Dijo Lucas, en forma brusca.

-Y por suerte, sólo quedábamos algunos miembros de la oficina de Aurors y otros de la Orden, si no, hubieran muerto muchos inocentes. – Recordó Carla a los seis oyentes.

-Les recuerdo, que han matado al Ministro de Magia. Tampoco es que me agradara, era un cretino y un entrometido, pero no se le desea la muerte a nadie... y ahora Voldemort tomará el control del Ministerio, y las armas para llegar al poder y a Potter se le facilitarán mucho más… - Dijo Mariela, cada vez más angustiada.

-El Ministerio ha caído. – sentenció Javier, y luego de quedarse pensativo un momento agregó – Al menos vinieron a ayudarnos Santiago, Cristian y William, luego de haber estado mucho tiempo realizando misiones en el exterior… -dijo esto último con un dejo de reproche. – Llegaron hoy a la mañana.

-¿Y recién ahora me lo dices? – Dijo Mariela, aún sumida en sus pensamientos.

-Disculpen que los haya desaparecido tan bruscamente. – se disculpó Lucas. – Es que quería que todos estuvieran bien...

-¿Y dónde estamos? –preguntó Carla, mirando a su alrededor.

-Un viejo pasaje de mi antiguo barrio. Fue lo primero que se me ocurrió…

-De cualquier manera, ahora han tomado el Ministerio, y de nada nos servirá estar aquí. Lo mejor es que vayamos a Grimmauld Place. Es el único lugar cerca que tenemos para descansar y organizarnos para vernos con otros miembros de la Orden. – Por primera vez, había hablado William, con voz autoritaria y decidida. Mariela no pudo contener una sonrisa al volver a oír su voz.

-Sí, es mejor que vayamos, aquí sólo contaremos minutos antes de que nos encuentren. – Dijo Santiago, con voz extrañamente alegre. Aunque no lo dijera, le encantaba estar de vuelta.

-De acuerdo, tómense de las manos y desaparezcamos. – Aludió Mariela tomando una mano de Carla y otra de Javier, para luego de un chasquido, sentir como todo daba vueltas, y llegar a suelo familiar: La antigua casa de los Black.

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Melina miraba a Voldemort con satisfacción.

-Logramos terminar con él, señor. Ahora el Ministerio es nuestro.

Voldemort dio vuelta lentamente su cabeza, y miró a Melina. Sus ojos rojos brillaban de furia.

-¿Lo logramos? ¿LO LOGRAMOS, VENTRE? – dijo y se acercó cada vez más a ella con actitud amenazante. Melina bajó la sonrisa y ahora lo miraba temerosa – Los aurors escaparon… ¡Escaparon!

Melina lo miró titubeante.

-Pero... señor, el Ministerio es nuestro…

-¡NO ES SUFICIENTE, VENTRE! ¡ME SORPRENDE DE TI! – dijo cada vez más furioso, ya había sacado su varita y apuntaba con ella a Melina. Ella estaba temblando, pero no bajó la mirada.

-Le prometo... ¡Le juro! ¡Le juro señor, acabaré yo misma con todos ellos! – dijo Melina rápidamente. Se paró en seco y sus ojos se llenaron de odio – Acabaré yo misma con Mariela. Es algo que debe acabarse lo más pronto posible. Debe acabarse ¡YA!

-Así es, Ventre – dijo Voldemort sin bajar la varita, pero mirando hacia otro mortífago que jugueteaba con un pequeño objeto que daba vueltas. Voldemort se distrajo pensando que lo había robado del Ministerio, pero volvió en sí cuando Melina resopló - ¿Qué hay ahora, Ventre?

-Señor, déjeme encargarme… Déjemelo todo a mí…Déjemela a mí… Es mía – dijo Melina sin titubear mirando fijamente hacia Voldemort. Recordar el momento en que Mariela salía del pasillo y le apuntaba con su varita le hacía sentir un odio inmenso… Cómo se atrevía esa sangre sucia a apuntarle con su varita…Para su suerte, otro hombre había salido de la nada para llevársela lejos…Melina estaba segura de que si la muchacha se hubiera quedado dos segundos más, no estaría contando la historia.

-Tranquila, Ventre…No le hables así al Señor Tenebroso…Exige respeto – dijo Maglio mirándola fijamente. En sus ojos se escondía un sentimiento más complejo que sólo reproche, pero Melina lo miró con desprecio y se volvió para seguir observando a Voldemort.

-Quédate afuera, Maglio. Estos asuntos no te conciernen.

-BASTA –aulló Voldemort – Se hará lo siguiente, pero necesito que todos sigan al pie de la letra con el plan. Esos aurores rebeldes pueden arruinarlo todo…Todo lo que he hecho hasta ahora para poder llegar a Potter.

Los ojos de Melina brillaron de admiración. Durante la siguiente hora, no hizo más que mirar y escuchar los planes su Señor Tenebroso.