Ninguno de los personajes me pertenece. Esto quiere decir que no soy J.K.R.

¡Hola! Muchas gracias a los que se tomaron el tiempo de comentar el capítulo anterior. Sé que pueden tener algunas dudas al principio pero estoy segura que estas se irán aclarando a medida de que vayan avanzando con la historia.

Saluditos

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Capítulo 2: Lupin, Snape y Scorpius

Dumbledore y ella estaban parados justo enfrente de una casa en un aislado pueblo de Londres. La casa no era muy grande pero tenía un inmenso jardín poblado de flores. No era como había esperado, una casa más entre las otras, si no, más bien, resaltaba por sobre las demás que eran imponentes. ¿Cómo podrían ocultarse en ese lugar si llamaba tanto la atención?

—¿Entramos?—preguntó el anciano.

—¿Es seguro?

Dumbledore suspiró.

—Desafortunadamente, no puedo decirle que sí. Ningún sitio es seguro ni lo será hasta que todos los Mortífagos sean erradicados.

Hermione abrió los ojos asombrada.

—No se refiere a matarlos, ¿Verdad?

—No, señorita Granger. Solamente me refiero a sacarlos de la sociedad porque representan un verdadero peligro. Ahora, entremos antes de que sea más tarde.

Dumbledore comenzó a caminar hacia la puerta y, sin más, la abrió. ¿Esta era la gran seguridad que tenían? Esperaba que no puesto que sabía que Dumbledore jamás dejaría un aspecto de tal importancia tan mal hecho.

—Sólo nosotros dos, Draco y los dos magos que se quedarán con ustedes. De vez en cuando vendré a visitarlos y dentro de un tiempo volverán a mudarse.

Ingresaron al interior de la casa en silencio. El interior estaba en completa penumbra, por eso se sobresaltó cuando todas las luces se prendieron de repente dejando ver, no sólo una pequeña sala que parecía ser muy cómoda sino también a una silueta de un hombre que no tardó en reconocer.

—¿Profesor Lupin?—preguntó ella asombrada y enseguida se fue a abrazarlo.

El hombre rió divertido por la efusiva actitud de Hermione pero no dudó en devolverle el abrazo. Ella se sentía realmente feliz de poder estar junto a alguien que conocía y se llevaba bien.

—Buenos días, Hermione—la saludó él—¿Cómo has estado?

—Muy bien, profesor, ¿Y usted?

—Bien—respondió haciendo una mueca.

Dumbledore rió al ver y predecir la causa de esa mueca.

—¿Dónde se encuentra Severus?—le preguntó el anciano al hombre.

—¿El profesor Snape se quedará también con nosotros?—preguntó asombrada Hermione.

—¿Tiene algún problema con eso, señorita Granger?—escuchó que decía Snape apareciendo desde una de las puertas del fondo de la sala.

Hermione negó con la cabeza repetidas veces. Sintió la mano de Dumbledore apoyándose en su hombro para intentar tranquilizarla. Lo miró y el anciano le giñó el ojo con complicidad. Pero ella no comprendió lo que quería decirle con aquello.

—Severus, ¿Podríamos hablar a solas? Remus, ¿Llevarías a Hermione a que se instale en su habitación?

Remus sonrió y le hizo una seña a Hermione para que la siguiera. Ella así lo hizo dejando a los otros dos hombres solos. Atravesaron la sala hasta toparse con un diminuto pasillo que tenia una puerta a su izquierda y a la derecha unas escaleras que llevaban al segundo piso.

—Allí está la cocina—indicó Lupin señalando la puerta—Y todas las habitaciones, que tiene baño propio, se encuentran en el segundo piso. Tenemos una para cada uno. La tuya se encuentra justo al lado del la del joven Malfoy y están intercomunicadas por una puerta.

Subieron las escaleras a medida de que él le explicaba aquello. Cuando llegaron a la cima se encontraron de nuevo con un pasillo y en él, cuatro puertas que correspondían a cada una de las habitaciones. Dos en cada una de las paredes.

—La primera de la derecha es la tuya y la siguiente es la de Draco. Ahora sigue dormido. No le dijimos que vendrías porque queríamos comprobar si al verte logra recordar algo.

Hermione tragó saliva y asintió temblorosamente. Remus lo notó. Se acercó a ella y la abrazó.

—No te preocupes, todo saldrá bien—le dijo—¿Quieres entrar a la habitación y dormir algo más? Se te nota cansada. Cualquier cosa puedes pedirle alguna poción al profesor Snape.

—No, muchas gracias. Quiero… hablar con el profesor Dumbledore primero antes de que se marche, luego regresaré a acomodarme en la habitación.

—Claro, bajemos.

Ambos volvieron a bajar por las escaleras y entraron a la sala. Dumbledore todavía conversaba con Snape pero cuando ingresaron se quedaron en silencio inmediatamente.

—Pensé que iría a dormir, señorita Granger—indicó el anciano sonriendo.

—Quiero… hablar con usted antes.

El anciano asintió con la cabeza ya sabiendo lo que quería decirle ella.

—Hermione–dijo acercándosele y mirándola con esos penetrantes ojos azules—Él estará bien. Te lo prometo. Yo mismo me encargaré de su seguridad y no me perdonaré jamás si algo malo llega a sucederle.

Los ojos de Hermione se volvieron a empañar a pesar de que se había prometido no llorar.

—Además, la señora Weasley prometió hacer todo lo posible para ocultarle la verdad a Ron y a Harry… claro que, si desea mi consejo, lo mejor sería contarles.

Hermione negó con la cabeza.

—No me perdonarían jamás.

Dumbledore suspiró y miró a los otros dos hombres que observan intrigados aquella escena sin entender nada. Incluso Severus Snape tenía curiosidad, se lo notaba en su mirada. Pero ninguno de los dos dijo nada sobre ello. Volvió a mirar a Hermione a los ojos.

—No subestime el cariño que le tienen. Ellos lograrán comprenderlo… Además,—agregó con una pequeña sonrisa—Scorpius es demasiado encantador como para resistírsele.

Hermione asintió con la cabeza suavemente. Se acercó al anciano y, tomándolo desprevenido, lo abrazó. Dumbledore rió conmovido por aquel acto pero enseguida le devolvió el abrazo. Cuando se separaron él la miró con cariño.

—Vaya a dormir, señorita Granger. Adiós.

—Gracias, profesor. Adiós.

Sin mirar a los otros dos magos que estaba allí, Hermione se apresuró a salir de la sala y subir las escaleras hasta el cuarto el que sería su cuarto por un tiempo. Esta vez sí dedicó algo de tiempo a observarlo. No era muy grande pero tenía todo lo necesario para ella. Su baúl ya se encontraba a los pies de la cama y encima de éste había un sobre. Ella se acercó y lo tomó con curiosidad.

En la parte de adelante estaban escritas estas palabras:

Un pequeño recuerdo

Era la prolija caligrafía de Dumbledore. Abrió el sobre y sonrió al ver la fotografía del interior. Sí, era un pequeño recuerdo de lo que había dejado pero que aún estaba esperando a que ella regresara.