Capítulo 2
Mi cuerpo había caído preso del sueño durante una semana completa, mismo tiempo que tardaríamos en llegar al planeta Seimewa, según los cálculos de los científicos.
Resultaba una verdadera lástima que no lográsemos sacar provecho de ningún tipo del planeta, al menos el rey Vegeta ganará unos buenos créditos con ese lugar mientras que el escuadrón de mi padre: comida y parte del dinero.
Esto va a ser muy divertido. En cuanto toquemos tierra se desatara el mismísimo infierno, a lo que una pequeña risa se escapó de mis labios cuando recobre el conocimiento, señal de que habíamos llegado a nuestro destino, aunque aterrizando en lugares diferentes.
La compuerta de la nave comenzó a abrirse y salí de la misma, observando el interior de la aislada casa en la que había caído, asesinando a las personas que hubiera en su interior, puesto que el ki que alguna vez poseyeron, desvaneció por completo; salí de ahí y me eche a caminar sin rumbo alguno por el gigantesco bosque al mismo tiempo que me colocaba el scouter para saber en dónde se encontraban las demás, basándome en su nivel de pelea.
De cierta forma el lugar me recordaba mucho al planeta llamado la Tierra, el cual se encontraba, si mal no me fallaba la memoria, en el cúmulo local y el cual estaba dominado por dos galaxias: Andrómeda y la Vía Láctea. Conocía algunas cosas del espacio por los ancianos y algunos guerreros cuando me acercaba a escondidas para escuchar las charlas de sus conquistas o misiones especiales. Incluso había llegado a pensar que esa tal Tierra era un buen lugar para habitar como también para sacar un buen provecho: los humanos eran unos completos debiluchos e inútiles, fáciles de esclavizar y la única diferencia que teníamos con ellos era que nuestro planeta era diez veces más grande por lo que aumentaba el número de gravedad por lo que tendríamos un mayor fuerza en la Tierra que ellos.
El scouter dejo salir una especie de chillido electrónico, mostrándome poco después la ubicación exacta del escuadrón. Pero en su lugar preferí continuar explorando para ver si podía matar algo para comer. Mi apetito comenzó a aumentar desde que desperté y vaya que nosotros comíamos demasiados. Y estuve a punto de rendirme al no encontrar a ningún habitante de Seimewa, cosa que me había resultado bastante extraño al igual que mi rastreador no detectaba ni una sola señal de ki hasta que encontré una pequeña aldea.
Una sonrisa brotó de mi rostro a la vez que me ponía en posición de ataque.
-Espero que su carne sea de mi agrado —murmure en voz alta y con cierta maldad mientras mostraba los dientes.
Sin embargo detuve mi despegue tras sentir como alguien me tomaba por mi extremidad de simio al mismo tiempo que la apretaba sin piedad, pero sin llegar a romperla, a lo que todas mis energías se vinieron abajo inmediatamente al mismo tiempo que mi cuerpo se iba de bruces contra el suelo. Alce la vista para así encontrarme con los ojos furibundos de mi padre. Su mirada no representaba otra cosa que reprobación e ira.
-Padre…
-¿Eres idiota o qué? No actúes por un estúpido impulso e instinto —me ordenó con su peculiar voz, como cuando Raditz y yo solíamos meternos en problemas grandes.
-Pero tengo…
-No me importa. Muévete.
Soltó mi cola y con una sola y nueva mirada me mandó que lo siguiera al campamento, obedientemente y con la cabeza baja lo hice cuando me empujó bruscamente.
Atacaríamos durante la noche, mencionó durante el camino, además porque aquella noche habría luna llena, tal como lo habían predicho los acianos, a lo que recordé la jinkō tsuki; aunque también me sentí mal ya que no sería necesaria, pero podría demostrárselo en el transcurso de la misión, estaba segura que lo asombraría. Nos esperaban unas largas semanas.
«Maldición, empecé mal —reflexione molesta mientras apretaba los puños—. Si quiero impresionar a mi padre e incluso a su escuadrón, no tengo que cometer errores. Todo debe ser perfecto y preciso».
Esto resultaba embarazoso para alguien como yo, pero es tan inevitable no querer aplastarlos a todos de una buena vez.
¡Estaba hambrienta de conquista! ¡De sangre! ¡De poder!
Bardock se detuvo a mitad de camino a lo que frene en seco mi caminar, mirándolo sin entender, sobre todo cuando comenzó a hablarme con lisura, algo MUY extraño en él:
-Deberías de entrenar más tu punto débil o sino perderás humillantemente a causa de ello.
-Ya lo sé. —Conteste a secas y aun cabizbaja, aunque sonaba más como un reclamo—. Lo siento.
-No es necesario que te disculpes, enana —dijo y palmeó la parte superior de mi cabeza. Levante la vista de inmediato para encontrarme con Bardock, el mismísimo hijo de puta de Bardock, sonriéndome de una manera que nunca había visto antes a lo que lo mire con cierta sospecha… ¿Ebrio? ¿Se había vuelto loco? ¿Drogado, quizá? No, Kekkyu, en que estás pensando. Él enarco una ceja al reparar en mis facciones—. ¿Por qué me miras así?
Me aclare la garganta mientras desviaba a mirada.
-Nada. Me resulta raro que me hables así, sobre todo que sonrías.
-No te acostumbres —dio un suspiro para después agregar— Te diré algo: Yo era igual a ti durante mi infancia, salvaje y con unas enormes ganas de pelear para ser de los mejores, a lo que mi padre siempre se enojaba por ello; lo hacía enojar hasta mandarme a recuperación, como yo con ustedes. Es normal que te sientas así durante tu primera misión; aquellas ansias de asesinar y destruirlo todo cuando se es infante, es lo mejor experiencia de toda la vida. Así que no desaproveches tu potencial con tonterías.
Esas fueron sus palabras por lo que un intenso brillo se hizo presente en mis ojos. Tal parece que si le importamos —a su manera— después de todo… Nah, nosotros le damos igual, Kekkyu, no te hagas ilusiones.
-De acuerdo, creo que si estaba drogado.
-Vuélvelo a decir y volverás a Vegeta-sei.
-Me callo.
Llevó las manos a los bolsillos después de haber encendido su típico cigarrillo y así dirigirse al campamento, donde Selypa me esperaba un tanto enojada por no haber ido directo con ellos, puesto que se había preocupado de qué algo me hubiera pasado; con una sonrisa amarga me disculpe para después sentarnos frente al fuego, escuchando las indicaciones de mi padre.
Con ayuda de Toma hicieron un perímetro considerado, en el cual habían encontrado seis ciudades y un par de aldeas pequeñas y gracias a la energía que nos regalaría nuestra madre luna, sería más fácil acabar con ellas en una sola noche, sobre todo porque contaban conmigo a lo que espere con ansias entrar en acción.
La crueldad corroía por mis adentros desde el día en que había nacido y todos los días entrenaba con Raditz, o con mi madre hasta el amanecer, o hasta que nuestros cuerpos se agotaran por completo, pero podía sentir su efecto tras la recuperación por lo que estaba segura que ningún otro niño con mi nivel de pelea podía crear el jinkō tsuki. Era la única que podía hacerlo, aunque sabía que los adultos con más poder podrían hacerla sin ninguna dificultad, más a nadie le conté de ello.
Demonios, estaba tan emocionada. Sin embargo, notaba una ligera preocupación en los ojos negros de mi padre cuando volteaba a verme, o cuando lo encaraba tan sólo me miraba fríamente y se volvía para mirar al horizonte, pensando, mientras que yo soltaba un suspiro y apoyaba el mentón sobre las rodillas. Esa miraba indicaba que le inquietaba como actuaría en la hora del ataque, cuando me convirtiera en el Ozaru, seguramente eso lo tenía tan nervioso.
Mi desesperación comenzaba a crecer durante el transcurso del tiempo, así que para evitar mi aburrimiento le propuse a Pumbukin una pequeña y amistosa pelea. Él acepto sin ningún problema, pero Toma le pidió que fuera gentil conmigo al tratarse de una niña de cinco años y antes de que mi compañero pronunciara palabra alguna, le propine un fuerte puñetazo en el rostro, moviéndolo un par de metros, acción que había levantado demasiada tierra, opacando el campo de visión de ambos; comencé a reír entre dientes, tomando ello como ventaja. Los demás, a excepción de mi padre, se echaron a reír por cómo él había permitido que una niñita como yo diera el primer golpe. Después de haber desaparecido la tierra y de que yo parara de reír, Pumbukin limpió la sangre de su rostro con el dorso de la mano, mientras me sonreía asombrado para después disponerse a atacar. Debía admitir que fue más rápido que yo, ya que aún no podía controlar el truco de aparecer y reaparecer y fue así que apareció detrás de mí, propinándome un golpe en la espalda y haciéndome caer a una gran velocidad contra el suelo, pero no contó con que podría parar el choque al interponer las manos al mismo tiempo que me impulsaba con ellas mientras hacia una onda de energía para elevarme hacia él, dándole un cabezazo en el estómago, sacándole todo el aire; aunque no le afectó tanto como lo esperaba por lo que me tomó del cabello para golpearme en el rostro un par de veces hasta separarnos.
Gruñí mientras creaba una nueva bola de energía…
-¡Ya fue suficiente! —Bramó Bardock tras lanzar una onda de energía en nuestra dirección, pero hábilmente lo esquivamos—. Ustedes dos están causando mucho alboroto. ¿Acaso quieren que nos encuentren esos insectos y les avisen a los demás de nuestra llegada? Déjense de estupideces y esperen. No falta mucho para que salga la luna llena; además están gastando energía, si quieren perder el tiempo lárguense de nuevo a Vegeta-sei.
-Lo siento, papá.
-Lo siento, Bardock.
Pumbukin y yo nos sentamos de golpe y él me dio un leve porrazo en la cabeza a lo que yo me eche a reír.
-Nada mal para una niña de cinco años. Sin duda, serás una gran guerrera en el futuro, aunque debes perfeccionar algunas cosas.
-Gracias, Pumbukin. Tú tampoco peleas nada mal.
Entonces la hermosa luz blanca comenzó a notarse en aquel lienzo azul rey por lo que cada grupo rápidamente se dirigió a su posición como lo había indicado Bardock en el mapa que había aparecido en el scouter al mismo tiempo que daba órdenes con aquella voz fría. Pero antes Selypa y yo habíamos creado un pequeño plan que muy fácilmente se tragarían los habitantes de la aldea que nos había tocado al igual que nos resultaba algo entretenido: me haría pasar por una niña que había escapado de los saiyajin tras haber sido su esclava, a pesar de ser una de ellos, pero al saber su verdadero propósito, escapo de ahí. Sabía actuar muy bien desde siempre, más cuando quería conseguir comida que le daban a los guerreros. Actuando conseguía todo lo que quería y ellos me creerían todo, además de que aun contaba con los raspones de la pelea con Pumbukin y eso le daría más credibilidad a mi actuación; así que nos abstendríamos de mirar la luna por unos cuantos minutos, aunque me pedía ser rápida para no hacer enojar a Bardock.
Tome una gran bocanada de aire al mismo tiempo que me quitaba la armadura, causando descoseduras en el spandex en al área de los costados y corrí hacia la aldea, pidiendo amparo con voz llena de temor.
Los habitantes de Seimewa repararon en mí, pero al ver el atuendo y la cola de mono que se encontraba sujeta a mi cintura, intentaron atacarme por lo que tuve que guardarme aquellas inmensas ganas de pelear para así poder explicar la supuesta verdad con falsas lágrimas en mis ojos negros. Les suplique que me ayudaran, que me salvaran de mis captores, mismos que me perseguían para asesinarme por escapar. Fue tan fácil convencerlos: me llevaron al fuego, al mismo tiempo que me daban una manta y me ofrecían algo de comida, pidiéndome que les explicara con más detalle mi "escape", pero… Lo siento, no podía soportarlo más, si pasa un minuto más, iba a… No pude contener un par de risillas, las cuales fueron convirtiéndose en carcajadas bajo un toque sádico. Los aldeanos no entendían mi repentino comportamiento, aunque algunos empezaron a entender la trampa.
Me detuve y mire la luna extasiada, sintiendo esa gran fuerza apoderándose de mi cuerpo.
Todo el mundo comenzó a correr y gritar al ver que había lanzado una pequeña, pero mortal bola de energía al rostro de uno de los aldeanos cuando comenzó a exclamar que todo ello era una treta para asesinarlos y que había más de nosotros. De nuevo comencé a reír cuando de repente esas risas se transformaron en gruñidos de animal y mi cuerpo adoptó la enorme forma del gran Ozaru.
Otro simio enorme apareció con la armadura parecida a la de Selypa, quien rugía de euforia al igual que yo.
¡Mierda! Esto era demasiado genial y no lo comparaba con nada. Aún no creía que estaba haciendo esto.
Los guerreros de la aldea intentaron atacarnos, sin embargo les ganábamos por tamaño y poder mientras enormes bolas de energías salían de nuestras bocas, acabando con la vida de todo ser vivo al igual que con las edificaciones, mientras tomaba los cuerpos y comenzaba a aplastarlos hasta hacerlos estallar, o simplemente nos los tragábamos. Sin embargo, Selypa tuvo que detenerme en cierto momento, puesto que comencé a gruñirle para después intentar atacarla como si me sintiera amenazada con su presencia. Por un momento quise dejarle en claro que era mi comida, mi botín; mi territorio.
Eso era lo que le preocupaba a mi padre, que intentara lastimar a sus compañeros por perder la cordura tras transformarme, dejando que mis instintos primitivos me ganaran.
Había sido demasiado fácil para ser verdad, la aldea estaba completamente destruida y ya me había alimentado lo suficiente al igual que mi salvajismo se había estabilizado gracias al golpe que Selypa que me había dado en el estómago.
Sugerí que nos marcháramos a una de las ciudades más grandes, pero ella me miró algo inquieta.
-¿Estás segura de poder hacerlo?
-Sí.
-¿Crees que no volverás a atacarme?
Asentí firmemente, agregando que no permitiría que volviese a pasar. Así que nos dirigimos a otra ciudad que se encontraba a seis kilómetros de aquel pequeño pueblo y durante el trayecto pude ver a los demás destruyendo el resto de villas para después aproximarse al siguiente.
Las cosas parecían mostrar que acabaríamos con más ciudades de las que se habían planeado.
Cuando llegamos a nuestro siguiente objetivo parecía ser la más grande de todas a lo que mi padre fue a ayudarnos en cuanto terminó de aniquilar el pueblo que le había correspondido, pero para nuestra mala suerte la luna se estaba ocultando por lo que nuestra fuerza y nuestros cuerpos se estaba volviendo normales.
«Es hora de usarlo», pensé de inmediato, corriendo el riesgo de quedarme débil por un largo rato.
Al ver los rostros de felicidad de los guerreros, creyendo que había llegado su oportunidad para vencernos, yo hice lo mismo, mientras creaba la jinkō tsuki, misma que sería más efectiva ya que aun continuaba en la forma del Ozaru: una esfera roja comenzó a hacerse más y más grande en la palma de mi mano, llamando la atención de todos los espectadores, pero sobre todo de Bardock.
-¿Qué demonios estás haciendo, Kekkyu? —Me pregunto, aproximándose a mi dirección—. El rey nos ordeno que dejáramos intacto el planeta. Detente ahora mismo.
Pero me limite a sonreír a la vez que lanzaba la enorme bola al cielo, produciendo un rugido de victoria al cerrar el puño, haciendo reaccionar la esfera con una fuerte explosión. No importaba si había gastado energía en ella, la recuperaría al regresar a la forma del Ozaru; y en efecto, así fue.
De una facción furiosa, pude notar como el rostro de Bardock paso a una sonrisa de victoria al igual que de asombro por parte de Selypa y los demás saiyajin.
-Démonos prisa —exclame—, solo tenemos una hora antes de que la luna artificial se extinga.
Y fue así que acabamos sin problema alguno con aquella metrópolis al igual que obtuvimos, o al menos yo, demasiada comida. Aunque terminamos antes de la hora por lo que tuve que destruir la luna artificial, ya que después de un tiempo resultaba incomodo estar en forma de aquel enorme simio sobre todo por la movilidad, pero de eso se encargo Toma a lo que todos regresamos a la normalidad.
Selypa me lanzó la armadura que había dejado en el primer pueblo.
-Maldición eso fue increíble —dijo emocionada—. Por favor, Kekkyu, enséñame a hacer eso.
Pero ignore sus palabras cuando mi padre pasó la mano por mis cabellos para después irse con los hombres, sin embargo tras hacer eso no había ninguna emoción en su rostro convirtiendo aquel gesto en un acto frustrantemente vacío.
Se los juro, por un momento creí estar segura que el jinkō tsuki lo había llenado de orgullo; ver le gran progreso que genere a pesar de mi corta edad.
«De nuevo te estás haciendo ilusiones, niña. Ya basta, céntrate en la misión».
-Vamos, Kekkyu —continúo insistiendo Selypa mientras jalaba levemente mi brazo desde el suelo, como una niña pequeña; me eche a reír—. Dime, ¿cómo lo hiciste?
-¿Tú fuiste la que hizo esa enorme esfera brillante? —Pregunto Toma con gran asombro a lo que yo asentí con firmeza y orgullo de mí misma—. Mierda, posee una gran energía a pesar de tu edad. ¿Cómo la aprendiste?
-Bueno… —baje la cabeza mientras mis mejillas se encendían levemente y hacia un círculo con la punta del pie. Se sentía tan genial tener la atención de todos los adultos, exceptuando a mi padre, obviamente, por la técnica que había utilizado—. Una vez mi madre me contó que necesitamos de la luna para poder transformarnos, ya que la luz de la luna es un reflejo de la del sol, pero cuando se proyecta en la luna, contiene ondas Blutz, mismas que exceden de los diecisietes millones de zenos durante la luna llena; nuestros ojos absorben esas onda, nuestras colas reaccionan y todo eso que ya saben. Me encontraba fascinada hasta que mencionó que sólo disponíamos de unas cuantas horas, así que pensé en crear algo parecido a la luna con su misma intensidad para podernos convertir en el Ozaru; comencé por reunir todas mi energía en la palma de la mano como si fuera hacer una onda de ki hasta aumentar su tamaño para después arrojarla al cielo. Al principio me quedaba inconsciente ante todo el poder que absorbía, pero en cuanto desarrollaba más poder, más podía controlarla. Y fue así que pude sentirlo, como la bestia comenzaba a surgir en mí hasta que me convertí completamente, lo único malo era que a veces me sentía muy débil después. Tarde dos años en perfeccionarla, las primeras veces resultaba todo un desastre.
-Me gustaría intentarlo.
-No es momento para gastar energía —sentencio Bardock con toda la autoridad del mundo a la vez que cruzaba los brazos sobre el pecho—. Descansaremos por ahora. Actuaremos por la noche nuevamente, los ancianos dijeron que serían tres noches de luna llena. El rey solo nos dio un mes para terminar con este lugar, pero con la técnica de Kekkyu acabaremos más rápido y mayor será nuestra paga. Ahora, terminamos con más de quince ciudad en una sola noche y parte de la madrugada, más de lo que pude imaginar —guardó silencio por un momento y después sonrió fríamente—. Buen trabajo, mocosa. Ahora ven acá.
Obedientemente camine hacia él y de la nada sacó una venda, misma que poseía una cuantas manchas rojas, moradas y celestes. No comprendí en lo absoluto que estaba pasando hasta que apoyó ese trozo de tela en mi brazo después de ponerle un extraño líquido celeste y frotarlo contra el mismo así como otras partes de mi cuerpo.
-¿Por qué…?
-Resultaste herida durante las peleas —me interrumpió, ahora pasando la venda por mi rostro—. Gine me matara si te encuentra un solo rasguño y lo último que quiero es que ella este molesta conmigo.
Deje escapar una risa limpia y burlona, pero el rostro de Bardock continuaba reservado y siguió limpiando mis raspones y heridas en silencio.
Y tenía razón, como había mencionado antes, mi madre nos adoraba y siempre que nos metíamos en problemas y llegábamos con mi padre, ella pensaba que era su culpa y le daba una paliza del infierno, cuales yo adoraba apreciar. Resultaba muy gracioso ver el pavor que le solía tener cuando Gine se enfurecía a pesar de su aspecto inocente.
Al terminar, me amarró la venda de manchas rojas alrededor de la cabeza.
-Esto representa la valentía del saiyajin, el no tener miedo a sus heridas o a la muerte; mostrando que cada día puede ser más y más fuerte.
No cabía duda que mi padre estaba verdaderamente orgulloso de mí.
-Sin embargo, Kekkyu, debes controlar ese instinto animal que posees, tu nivel de pelea aun no es suficiente para poder participar en enfrentamientos de verdad.
Me quede en silencio mientras apretaba los dientes, oprimiendo la mirada llena de desencanto y enojo como también las ganas de romperle la cara; en su lugar, decidí aislarme del campamento, ocultándome entre los árboles.
-Maldición, yo no quiero controlarlo. Las emociones son tan fascinantes de sentí, sé que a veces no es bueno perder el juicio durante un enfrentamiento, terminaría ganando el rival, pero… Arg —golpee el árbol causando un pequeño hoyo en él—. Hare que el anciano se trague sus palabras.
