El escenario estaba ante él, todos le aclamaban y no paraban de gritar su nombre ¡Este debía ser su mejor espectáculo! Ninguna presentación había sido igual de maravillosa que esta, no podía parar de sonreír y mandar besos al público, Aine Kisaragi había regresado. Todo era como miel sobre hojuelas pero esa bella ilusión no parecía ser eterna, cuando Aine intentó entonar una canción más su voz quedo muda, de su boca ya no emitía sonido alguno, peor aún fue que se convirtió en presa de los abucheos de la audiencia que sólo hacían desesperar a mayor medida al peliazul. " ¡Esto no puede estar pasándome!", Aine despertó casi de golpe tras eso.

Ha despertado ya! Comenzaba a preocuparnos.- Escuchó Aine apenas abrió los ojos. Se levantó de poco en poco sosteniendo su cabeza con algo de pesar ¿En dónde estaba? No recordaba bien cómo es que llego a ese lugar. Estaba con su tío y después ese tal Shining… Entonces… Entonces recordó porque huyo como bólido de aquel café. Pero eso no importaba ahora, por lo que entendía estaba en esos momentos en una casa estilo japonés, todo parecía tan tradicional que no se lo podía creer, su mirada dio hasta una señora sentada junto a él, le miraba con cierta comprensión y una cálida sonrisa en rostro, esto no se lo esperaba Aine.- ¿Descanso bien? ¿Aún le duele la cabeza? Puedo mandarle a hacerle un té o algo para que las molestias pasen, señor…

-Eh? Ah! Yo… Yo… ¡Mucho gusto! Y gracias por tomarse tantas molestias, la verdad es que no sé cómo termine aquí y… Tan sólo…

-¿Y su nombre?- Interrumpió con toda amabilidad aquella señora.

-¿Per-Perdón?

-Su nombre, me gustaría saberlo antes de que continúe.

-Ah… Es eso… Yo me llamo… Me llamo…- Esto no era bueno, en absoluto ¿En serio tenía que decirlo? Su propio nombre le daba nauseas, estaba seguro de que si pronunciaba apenas la primera silaba iba a terminar con una migraña horrible, no entendía muy bien porque su nombre le traía tantas complicaciones, su tío le llamaba "Aine", como debía ser pero que otra persona o el mismo lo pronunciara le traía muy malos recuerdos, se le hacía un hoyo inmenso en el estómago.

-Vaya, parece que aún está algo cansado ¿No es así?- La señora que le hacía compañía se encargó de romper un poco con sus pensamientos tan turbios.- No se fuerce demasiado, ya encontrará su tiempo para explicar pero eso sí, le ruego sea pronto porque aquí siempre hay mucho por hacer.

-¿Aquí? ¿Dónde se supone que estamos?

-¿En serio no sabe dónde? Jajajajajaja, pero que visitante tan peculiar tenemos el día de hoy. Tengo el honor de comunicarle que se encuentra en uno de los templos más valiosos de toda la ciudad, usted tuvo el privilegio de accidentarse en la casa de "La deidad de la mala fortuna".

-Oh…. ¿¡Qué?!

Aine no podía comprender que estaba sucediendo, las cosas se estaban dando muy rápido y la señora que le atendía le hizo el favor de explicarle con más detalle de aquel sitio, parecía ser una charla que le agradaba bastante a aquella mujer pues hasta mando a traer bocadillos y té para hacer de la charla más agradable. Aine muy atento escucho la explicación que le daban, no todos los días podías caer en un lugar al azar y que este resultara ser un lugar sacro.

La supuesta "Casa tradicional" en la cual Aine había caído era nada más y nada menos un templo que se encargaba de resguardar a la "Deidad de la mala fortuna", el ex-idol en un principio creyó que se trataría de una estatua o alguna reliquia extraña, que lejos estaba de la verdad. El templo era famoso porque resguardaban a una doncella de carne y hueso, la cual aseguraban era una enviada del cielo para auxiliar a las personas que lo necesitaran, la habilidad de la doncella (según los testigos) era alejar la mala fortuna de las personas y hacer que la prosperidad llegara a sus vidas. La señora que le atendía aseguraba que la deidad era en verdad milagrosa y parecía decirlo con muchísimo orgullo, la mirada se le encendía con tan sólo contar unos cuantos testimonios, como el del anciano que pudo volver a caminar o el niño que pudo superar una enfermedad casi terminal, Aine se mantenía escéptico pero como no deseaba problemas prefirió tan sólo escuchar y ahorrarse los comentarios, no quería romper con la armonía del momento. La señora inclusive le ofreció a Aine una sesión con la deidad si así lo deseaba, después de todo era su invitado cosa que por supuesto Aine no terminaba de entender, había algo que no encajaba del todo.

Por lo explicado por aquella mujer, el lugar era muy importante, era visitado constantemente por diversos grupos de personas y para poder tener contacto con la deidad se seguían una serie de reglas muy rigurosas: La deidad iba a estar siempre detrás de una cortinilla transparente a una distancia de tres metros a la persona que viene a verla, la deidad estaba siempre sobre una plataforma para evitar cualquier tipo de contacto, la persona tenía máximo 5 minutos para poder explicar a la deidad y pedir su favor, de ser necesario la deidad podría otorgar un talismán protector, pero nada más y este sería dado por los sirvientes que se encuentran presentes para salvaguardar a la deidad… ¡Un sinfín de reglas! Prácticamente nadie podía acercarse a la deidad y si le traían ofrendas estas serían checadas antes de ser entregadas a la deidad. Es aquí cuando Aine se preguntó "Si hay tantas limitaciones ¿Por qué me permiten seguir aquí?", estaba dentro del templo, era prácticamente un intruso y le permitían hasta tomar el té. Concluyo que lo mejor sería irse de allí, no quería toparse con alguna sorpresa incomoda.

Al final de tan "fantástica" charla la señora le permitió descansar como era debido a Aine, le indico que pudiera dormitar cuanto quisiera y que cuando se sintiera mejor se podría retirar. El chico no planeaba permanecer mucho tiempo allí, descansaría sólo un poco más aprovechando que la habitación en donde estaba era de verdad encantadora, justo en frente tenía un par de puertas corredizas que llevaban hasta el jardín cosa muy fantástica porque podía escuchar el sonido de la naturaleza, hacía mucho que no escuchaba el viento rozar con las hojas de los árboles, las aves trinando, algunas cigarras haciendo su escándalo y lo mejor era poder sentir y olfatear parte de la brisa que traspasaba las puertas, era lo que necesitaba un momento de paz antes de continuar. El ambiente le envolvió en los brazos de Morfeo y se fue al país de los sueños para descansar no sólo el cuerpo, también el espíritu que tan caído tenía.

Al cabo de unos minutos una curiosa figura comenzó a pasearse por las afueras de aquella habitación, recorría el singular el singular pasillo una y otra vez, no se atrevía a entrar, aquella figura estaba muy inquieta, sólo en un impulso de valentía se atrevió a ingresar a la habitación, siendo muy cuidadosa con las puertas para que estas no hicieran ruido alguno, camino casi en puntillas para acercarse a Aine que estaba muy perdido en sus sueños. Aquella figura vestía con un kimono ligero que tenía bordado las flores de temporada, sus largos cabellos blancos cubrían parte de su rostro y por ende tenía que retirar algunos cabellos con las manos en ocasiones, aquella señorita traía en manos un cuaderno ¿Para qué? Sólo ella lo sabría. Se inclinó para poder ver mejor el rostro de su peculiar visitante, lo miró con una peculiar curiosidad, cada rasgo de ese rostro, cada gesto que hacia al dormir los apreciaba casi con admiración y tal vez esas miradas en ocasiones acosadoras fueron las culpables de que Aine abriera sus ojos y se llevara otra sorpresa, primero una señora y ahora una niña ¿Qué seguía?

Con mucho cuidado Aine se levantó para poder quedar sentado en su mismo lugar y sobo su nuca con algo de incomodidad.

-Hola… Parece que me quede dormido otra vez.- La chica sosteniendo su cuaderno entre manos no le despego ni por un segundo la mirada, hasta podría decirse que sus ojos se abrieron aún más, estaba impresionada y eso a Aine no le parecía agradable del todo.- ¿Sucede algo? Tal vez sea hora de que me vaya ¿no?- Pero la chica seguía sin decir palabra alguna, sólo lo miraba. Aine intentaba no cruzar tanto la mirada con ella, esperaba ese silencio incomodo pronto llegara a su fin y que le corrieran a patadas o algo "Al menos la señora hablaba", pensó en algún momento. – Espera, tu eres la chica del jardín.- Sentencio el joven cuando le presto mejor atención a aquella niña, esos enormes ojos azules los reconoció, sin duda era ella, se sintió como un tonto pues llegó a imaginarse que esa chica era algún tipo de ilusión pero ¡Era real! Estaba allí ante él. –Seguro tu fuiste la que me ayudo, muchas gracias, no espere fueran tan hospitalarios, espero no haberte traído muchos problemas ¿La señora que estaba aquí hace unos minutos era tu madre?- Y la Chica continuaba muda, esto sí que era raro.

Aine ya no tenía nada que hacer allí, se puso de pie y la chica le siguió.- Debo irme ya, tengo cosas por hacer…- Aunque esos planes no eran más que falacias, no sabía que haría ahora que huyo de su tío y que Shining lo andaba buscando, no quería regresar a ese sombrío mundo de idols, no quería sufrir otra vez. Sobó un poco su frente al sentir dolor extraño, todo producto de su estrés pasado, definitivamente no iba a recordar, lo menos posible era lo mejor, así se evitaba molestias. Al ver de nuevo a la chica se sorprendió cuando le mostraba una hoja del cuaderno y un lápiz, en una esquina estaba escrito de manera pequeña pero clara:

"¿Podría darme su autógrafo? Amo su voz"

Eso fue un golpe muy bajo para Aine, ver para creer, una fan lo reconoció. –L-Lo siento mucho, yo ya no… Ya no soy más un idol, eso es cosa del pasado.- La chica retiro unos segundos el cuaderno para escribirle:

"Pero hasta hace poco diste un concierto ¿Por qué ya no eres idol? ¿Qué pasara con Quartet Night?"

Y al leerlo Aine se quedó muy confundido ¿Qué era Quartet Night? Le sonaba de alguna forma, en su mente flotaba ese nombre, estaba seguro de que lo escucho en alguna parte…

-Shining…- Murmuro para sí mismo, él había mencionado algo de un tal STARISH y Quartet Night, no tenía la más mínima idea pero seguro esa chica lo estaba confundiendo con alguien más.- Lo siento, yo no soy la persona que imaginas, parece que me estas confundiendo.- La chica no conforme negó con la cabeza y saco de su cuaderno lo que parecía ser un pedazo de papel, algo maltratado, con dobleces y hasta rasgaduras, se lo dio a Aine y le señalo a un peliazul. Aine tomo el papel y sus ojos casi se desorbitan, no sólo con el parecido con aquel chico en la foto, allí estaba él... La chica lo tomo de la manga y tiro de ella para que viera en su cuaderno lo que escribió:

"Tú eres Mikaze Ai de Quartet Night, en persona te ves un poco diferente ¿Podrías darme tu autógrafo?"

Aine negó bruscamente y soltó la foto, dejándose caer sobre el futón, sostenía su cabeza con dolor, esto no podía estar pasándole ¿Acaso él...? ¿Él seguía en el medio? A pesar de todo él seguía con lo de idol ¿Por qué? ¿Por qué Reiji tenía que aparecer?

La chica preocupada se inclinó para tomarlo del hombro, ella no estaba ni enterada de que estaba ante Aine Kisaragi, el idol perdido, ella tenía la vaga idea de que se trataba de Ai.

-Por favor, déjame sólo… No quiero saber nada… Quiero que me dejen tranquilo, ya no quiero más… Ya no puedo… - Y Aine soltó el llanto, era demasiado para él ¿Qué había hecho él para merecer tal castigo? ¿No le podían dejar tranquilo? ¿Qué tenía que hacer para desparecer de una buena vez?

Su rostro lleno de lágrimas fue tomado entre las manos de la chica y esta lo acerco lentamente a ella, el tiempo parecía correr más lento ahora y en un abrir y cerrar de ojos la chica lo había besado en la frente. Concluido el acto ella tomo la fotografía que tirada estaba para volverla a guardar dentro del cuaderno y con una sonrisa salió de aquella habitación. Aine se quedó en shock unos segundos, intentando analizar lo que había sucedido, sus lágrimas no dejaban de salir pero su rostro parecía no querer llorar más. Cuando más tranquilo estuvo soltó un enorme suspiro y bajo el rostro por mera inercia, había un papel doblado ante él y no se había dado cuenta ¿Habría sido ella? lo desdoblo con mucho cuidado y leyó el pequeño escrito más de una vez, una porque su mente aún seguía alborotada y dos porque le parecía hasta cómico lo que había allí escrito, no sabía si tomárselo en serio o sólo ignorarlo.- Lo que necesito es que me dejen tranquilo…- Se dijo a si mismo mientras guardaba aquel papel en el bolsillo de su pantalón.

"Cuando no tengas alternativa tan sólo repite lo que escuchaste de mí y menciona que fue Himeko quien lo dijo, ella es la deidad de la mala fortuna y te seguirá hasta el final para librarte de tus lamentos. Señor Ai, yo tal vez no sea la mejor fan que usted pueda tener pero me gustaría ayudarle, quiero escuchar siempre su voz junto con Reiji, Camus y Ranmaru, ustedes completan mi vida. Por favor déjeme ayudarle, el destino nos unió…"

Aine salió de la habitación en busca de la señora que le atendió, iba a despedirse de una buena vez.

Ese no era su día, pero una parte de él quería reír, quería de verdad soltarse a reír pues la chica nada tonta dejo una nota final en la pequeña carta que le dejo:

"PD: Si va a ignorarme y tomarme como una loca al menos déjeme su autógrafo, no le cuesta nada, es el precio por caer en mi jardín"

¿Quién era ese Ai? Daba miedo que se pareciera tanto a él y era mucha casualidad que saliera junto a Reiji en una fotografía.

-Quartet Night, parece que no pierdes el tiempo Shining…- ¿Qué debía hacer después de irse? Tal vez debía conseguir personalmente un autógrafo de Ai para esa chica…