Muchas gracias por los comentarios. Me alegra que la propuesta haya sido bien recibida.

Por cómo vengo pensando que será el desarrollo de la historia –ya la tengo planificada, a fin de cuentas, he visto el musical, la película y leído el libro varias veces-, tanto éste capítulo como el quinto serán los más complicados de escribir. Así que pido paciencia.

MyobiXHitachiin: Sí, decidí estructurar de esa forma todo el relato. Nick y Judy son espectadores de la obra, y al menos yo siempre interpreté que uno de los aspectos más importantes de éste musical era precisamente su público, porque es quien inclusive se vuelve cómplice del antagonista principal –el Fantasma–. A medida que avance, los deseos negados, las fantasías se desnudarán a causa de la música y las letras sugerentes. Por ello es necesario para mí describir todo lo que ellos están viendo ¡Espero que te siga interesando la propuesta!

Un último comentario: Las letras son principalmente de la versión española, aunque alterno con la mexicana, dado que me gusta el estilo de ambas. La española me parece más poética, mientras que la mexicana más fiel. Sin más, aquí el primer capítulo.

Capítulo 1: Música en la noche

Una sonrisa ancha estaba dibujada en el rostro de Judy: "Piensa en mí", el aria que Christine había dado en reemplazo de La Carlotta la había conmovido profundamente. Aunque tenía curiosidad porque apareciera ya ese misterioso maestro del que había hablado tan tímidamente. El argumento que tenía en el programa era bastante escueto: una aspirante a cantante ha estado recibiendo clases de quien cree es el Ángel de Música enviado por su difunto padre, pero resulta ser en realidad el Fantasma de la Ópera, quien ha estado aterrorizándolos durante años, y vive en el último sótano de la ópera. Todo se complicará cuando aparezca el Vizconde Raoul de Chagny, un amor de la infancia de Christine, lo que desatará los celos y la ira del Fantasma, que en realidad está enamorado de la cantante. Bien, hasta ahí era lo que sabía. Aunque no terminaba de entender hasta el momento el por qué hubo tantos detractores, si lo que ha visto hasta ahora le encantó. Incluso Nick está encantado, pensó con diversión y orgullo, podría molestarlo en algún momento con esto. Christine le caía muy bien, en cierta forma se sentía identificada con ella: una coneja que había roto los esquemas y contra todo pronóstico había triunfado. No podía evitar sonreír a causa de esto.

La orquesta hizo que volviera a prestar atención al escenario, saliendo de sus pensamientos. El decorado había cambiado: parecía una capilla improvisada, donde Christine encendía una vela junto a la vieja foto de un conejo, sonriendo con tristeza. El ligero sonido de una voz pareció sacar a la actriz de sus pensamientos, y tanto Judy como Nick movieron sus orejas, prestando atención. La Voz era poderosamente masculina, solemne y protectora, pero sumamente cálida. Transmitía tranquilidad a quien la escuchara, con un efecto casi hipnótico.

Bravo…bravo…bravísimo…

La amiga que había hecho que Christine se animara a cantar, la hija de Madame Giry, una coneja de pelaje claro, entró cantando, llamando a su amiga, con tono infantil. La Voz murmuró suavemente su nombre antes de desaparecer. La señorita Giry encontró a la conejita y se sentó junto a ella, haciendo que ella sonriera ampliamente. Mediante su canto, sumamente orgullosa de su amiga, le preguntaba cómo le había escondido su don, y quería que revelara quién era su grandioso tutor.

Meg…-dijo Christine, en tono confiencial- cuando tu madre me trajo aquí, cuando bajo aquí sola…a encender una vela por mi padre… podía escuchar una voz en mis sueños…en su lecho de muerte, prometió que un ángel me cuidaría…el ángel de música.

Christine –dijo Meg, asombrada por el relato de su amiga- ¿en serio crees… que el espíritu de tu padre es tu guía?

¿Quién más, Meg? –preguntó su amiga, con un convencimiento en su mirada, sonriendo- ¿Quién?

Padre me habló de ese ángel,

A quién soñé descubrir…

Que ahora está aquí en éste instante…

Puedo yo sentir.

Mientras Meg escuchaba continuar su canto a su amiga, negaba con la cabeza, mostrando preocupación por su amiga, así que intervino, tomándola del brazo.

Christine, son sueños, mentiras

No tengas ésa actitud

Christine yo sé que deliras,
¡Ésta no eres tú!

Christine no parecía compartir lo que decía Meg, porque cantaba alabanzas hacia el ángel con su dulce voz. Mientras caminaban lentamente, ambas unieron sus voces.

Ya sal a la luz, la espera es larga

Cuéntanos tu historia…

Christine cambió el tono con el que cantaba, su voz se caía ligeramente, temblaban sus labios, expresando miedo. Judy comprendió que la coneja, pese a su fe, temía a lo desconocido. Nick no emitía comentario alguno, mientras seguía la acción. Ella lo miró de reojo, intentando adivinar qué era lo que el zorro estaba pensando.

La acción ahora se desarrollaba en el camerino de la cantante. Parecía descansar del acoso que estaba sufriendo al haberse convertido en una estrella de la noche a la mañana. Ella caminó hasta una silla, donde encontró una rosa con una cinta negra envuelta: sabía quién se la había dejado. Judy recordó el asedio de los periodistas cuando había dado aquella fatídica entrevista, donde creyó que perdería a Nick. Recordar eso le hizo sentir un nudo en su garganta, haciendo que mirara a su amigo de reojo. El zorro parecía adivinar qué era lo que estaba pasando por la cabeza de su compañera, así que sólo se limitó a murmurar con una sonrisa cálida.

Conejos, son tan sentimentales.

Zorro astuto –le contestó ella, aliviada en cierta forma.

. El escenario estaba dispuesto de ésta forma: una puerta asomaba en la parte trasera, quien abriera se encontraría de cara al público. A poco más de un metro, había un espejo grande, de cuerpo completo. La silla se encontraba al centro. Christine volteó y dijo que estaba indispuesta.

¿Aún para un amigo de tu infancia? –dijo una voz brillante, asomándose el guapo conejo.

¡Raoul! –exclamó Christine, corriendo a abrazarlo.

Ambos cantaron recordando su infancia, las meriendas, al padre de Christine tocando el violín, las historias oscuras del Norte…y el ángel de música, aquella vieja historia.

Padre ha muerto, Raoul- dijo Christine, mientras el conejo, ahora arrodillado ante ella y tomando sus patitas agachaba la cabeza-, él dijo que cuando estuviera en el cielo, ¡el ángel de música se aparecería ante mí, y lo ha hecho!

¡Sin duda que sí! –exclamó Raoul- Esto hay que celebrarlo. Te invito a cenar, no tardaremos mucho.

No, Raoul. El ángel es muy estricto –dijo ella, con pesar y temor.

Dos minutos, iré a buscar mi sombrero –respondió él, ignorándola y saliendo por la puerta con una sonrisa enorme.

Las cosas han cambiado, Raoul…-murmuró ella.

Nick tocó el hombro de Judy, quien estaba absorta viendo el escenario, mientras la música cambiaba su tono, al ritmo de unos tambores que sonaban discretos, pero creaba una atmósfera muy inquietante.

Así es como tú consigues que salgamos a cenar –dijo, sonriendo.

Ella volteó a verlo con un gesto rápido, abriendo sus bellos ojos como platos, la había tomado por sorpresa. Como única respuesta, recibió un golpe suave en el hombro, volviendo a ver qué sucedía en el escenario, ligeramente ruborizada. El zorro se limitó a sonreír: adoraba molestar a su amiga.

La iluminación había caído, hasta ser apenas perceptible, pero lo suficientemente clara para que se pudiera ver la expresión de terror en la cara de la actriz. Ella estuvo a punto de salir corriendo por la puerta, pero la Voz, que había cambiado su calidez, sonaba ahora como un trueno, acompañado por un piano que acentuaba el inicio de cada oración con un golpe en las notas graves.

¡Ah, que insolente es el muchacho!,

¡Tú éxito cree suyo!

¡Ah!, que ignorante mamarracho,

¡Juega con mi triunfo!

Christine tenía las orejas caídas, sabiendo que había hecho enfadar a su maestro. Adoptando una posición sumisa, un tímido y suplicante canto salió de su garganta.

Ángel perdona, habla, escucho

Heme a tu lado

Ángel perdóname, fui débil

Entra por fin, maestro

La voz contestó, ésta vez había calmado el tono, dulcificándolo para calmar a su asustada pupila. Nick percibió esto a la perfección: una técnica manipuladora. Él la había usado en más de una ocasión, aunque rara vez se ponía iracundo como sonaba ahora el Ángel.

Niña tu habrás de encontrarme

Porque de sombras yo soy…

Mira tu rostro al espejo

¡Ahí muy dentro estoy!

Christine volteó a ver el gran espejo, donde ahora se reflejaba una figura sumida en la oscuridad, donde lo que resaltaba era una preciosa máscara blanca con forma de conejo. Nick podía apreciarlo mejor en la oscuridad que Judy, por lo que sentía una ligera inquietud. Eso no es un conejo, pensó. Ella retomó su canto, presa de la sorpresa y con un súbito ataque de devoción religiosa, pidiendo que él entrara y la llevara hacia su gloria. El tono altivo de la orquesta había cambiado por el sonido de unas flautas, y el reconocible sonido envolvente del órgano. Creaba una atmósfera perfecta. El Ángel usaba su mejor arma: su voz

Yo soy tu ángel de música

Ven a mí, ángel de música.

El sonido de la puerta intentando abrirse distrajo a los espectadores durante un segundo, al mismo tiempo que se escuchaba la voz de Raoul demandando saber con desesperación de quién era esa voz.

El Ángel seguía murmurando su canto, mientras Christine se acercaba hasta el espejo, absorta. Finalmente, desapareció a través de él, en el momento en que Raoul conseguía entrar. El escenario se puso negro.

Judy sintió temor por Christine. Inconscientemente tomó la pata de Nick, apretándola con fuerza. Él se sobresaltó. Ahora había sido él quien fue tomado por sorpresa. Su amiga estaba metiéndose demasiado en la historia…pero tenía que reconocer que él también.

Esto pasó en pocos momentos, pues una tenue luz iluminaba a Christine, quien con ciertas dudas se acercaba hacia la figura, la cual había extendido su pata derecha. Ella decidió hacer un salto de fe, y la tomó. En ése instante, ambos oficiales se volvieron a sobresaltar: aquella melodía del órgano los asaltó nuevamente, la que ya habían escuchado cuando la gran araña se elevó. Estoy comenzando a odiar ese órgano, pensó Nick. Ésta vez, podían asociarla a la figura que estaba frente a ellos, quien con delicadeza llevaba a Christine de la mano, aunque ahora era ligeramente diferente. Podían identificar a otros instrumentos interviniendo. Ella cantó, se la veía temerosa:

Durmiendo me cantó, en sueños fue

Mi nombre pronunció, yo lo escuché

Y sí soñando estoy, y veo por fin…

¡Fantasma de la Ópera aquí estás, dentro de mí!

El Fantasma había hecho su triunfal aparición. La máscara de conejo blanca, parecía de porcelana, resaltaba sobre el elegante conjunto negro con el cual estaba ataviado. Lo cierto es que no podían ver qué animal era el que estaba bajo el manto, aunque era ligeramente más alto que la conejita. Era el turno del Fantasma de cantar, la voz que habían escuchado ahora podía tener lo más parecido a un rostro.

¡Los dos extraño dueto hemos de hacer,

Y sobre ti tendré, mayor poder!

Aun cuando tu mirada huya de mí,

¡Fantasma de la Ópera soy yo, dentro de ti!

Las voces de ambos cantantes, alumna y maestro, se entrelazaban creando una ligera disonancia, a causa de la notable diferencia de tono de cada uno. Judy comenzaba a entender la relación que se había gestado entre ambos personajes: una de dominación. El Fantasma era quien dominaba a Christine, él parecía ser el hervor en su sangre que la impulsaba a superarse, eternamente atada a él. Eso le causó una ligera decepción. Sí, la canción, la puesta en escena de El Fantasma descendiendo junto con Christine a su reino era magnética, pero darse cuenta de que la conejita no era tan autosuficiente como parecía en principio le causó una ligera tristeza. Durante un momento se abstrajo de la acción del escenario, dejándose llevar por la música y las voces, pensaba en su compañero quien seguía muy atento toda la acción. Ella tampoco era autosuficiente respecto a él, y la única vez en que no estuvieron viéndose durante un par de días –un viaje apresurado a Bunny Burrows hizo que Judy olvidara su cargador-, provocó que lo extrañara horrores. Al llegar, tenía varios mensajes de Nick. Puntualmente, cada noche, le había deseado las buenas noches, por ello estuvo feliz y ofendido al verla, dado que no le había devuelto ninguno de los mensajes, pero también la había extrañado, aunque no lo admitiera abiertamente. En cierta forma, podía decir que entendía a Christine.

El dueto alcanzó su clímax, El Fantasma instaba a la coneja a que cantara para él, ya en su guarida. Una nota aguda salió de la garganta de Christine, quien parecía poseída por un espíritu superior a todo lo que había visto, haciendo el deleite para su "ángel". Ante cada orden, ella elevaba su canto una nota más, hasta que con soltura y un elegante movimiento, la figura ataviada de negro hizo voltear a Christine directo hacia la audiencia, mientras gritaba una última orden.

¡Canta para mí!

La agudísima nota, prohibida para muchas cantantes, inundó el escenario junto con la música del órgano que, triunfal, acompañó a la coneja. Cuando éste dejo de sonar, la cantante se llevó las patas a su pecho, no creyendo posible lo que había hecho. El Fantasma continuó su ataque, tocando el órgano mientras cantaba el por qué la había traído a su reino de oscuridad, donde su papel era servir de inspiración a su música, la única soprano que podía acompañarla. La actriz se notaba tensa, tal vez habiendo salido de aquella enajenación de la que hizo gala hacía unos momentos. El Fantasma, por supuesto, notó esto. La orquesta cambió el tono de la melodía, por una más arrulladora, su tono se volvió suave, seductor, protector. Judy durante un momento, cerró los ojos, dejándose arrastrar. Nick la observó en silencio, intrigado y a la vez fascinado con su amiga. Ella ya había sucumbido, mientras a él se le estaba haciendo difícil no hacerlo, pero quería mantener la atención en el escenario.

Noche, me abres… tantas sensaciones

Nos traerás…extrañas tentaciones

Aunque no lo entiendes,

¿Ya ves? No te defiendes…

La letra se le estaba antojando sumamente sugerente a Nick. Además, un ligero calor en las mejillas comenzó a asomarse: estaba consciente, con el escenario ahora más iluminado, que el cantante no era un conejo, aunque no podía identificarlo. Podía ser de cualquier especie, y el Fantasma estaba claramente intentando seducir a Christine. Cualquiera puede estar bajo la máscara, pensó, y luego sacudió la cabeza, intentando deshacerse de esos pensamientos.

El canto del Fantasma parecía haber calmado a Christine, quien comenzaba a dejarse llevar, sintiéndose fascinada.

Noche eterna, éste es el momento

Cambias, sientes, sabes que no miento.

¡Ya no has de mirar a la luz del día vulgar!

No recuerdes más…la fría claridad.

La noche…nueva música te da.

Judy seguía con los ojos cerrados, sintiendo cada compás y cada palabra de esa bella canción penetrar en su ser. Se imaginaba la escena, una coneja siendo rodeada por detrás por los brazos de aquella misteriosa figura. Su corazón se aceleró cuando notó que había reemplazado a la actriz de Christine por ella misma.

A tus sueños oscuros déjate rendir
Y ahora olvida el pasado por favor
Vela ya hay libertad y sin dolor
Vive
aquí es tuviday es mejor

Mis sueños oscuros, pensó. La secuencia en su mente se desarrollaba a medida que avanzaba la canción. Podía sentir el tierno abrazo, moviéndose suavemente al compás de la melodía. Su yo imaginario abrió los ojos para pasar su patas por el rostro de aquél con quién estaba…

Te acaricia… tú la estás oyendo
Eres frágil… te va poseyendo
Notas sonarán que en tu fantasía están
No rechaces ya tú… no la oscuridad
La noche nueva música te da

Nick- murmuró.

Abrió los ojos de golpe, con sus mejillas ardiendo como brasas. Miró nerviosamente a su compañero para confirmar que él había escuchado lo que ella había dicho…pero en lugar de eso, él estaba con los ojos cerrados, como ella había estado hacía unos segundos, embelesado en la música y con una ligera sonrisa en su rostro.

En tu mente hay oculto un mundo de esplendor
Ve y olvida el pasado por favor

Qué más quisiera, se dijo para sus adentros la conejita.

¡Ve al lugar que en los sueños yo te abrí!
Y me pertenecerás a mí…

Judy pensó que qué estaría imaginando Nick. ¿Acaso?...

Flota, duerme… dulce es el veneno

Nick se imaginaba a sí mismo ataviado como el Fantasma, sin aquella ridícula máscara de conejo, rodeando lentamente el cuello de Judy, recorriendo su cuerpo, acariciándola como a la más hermosa y delicada de las criaturas.

Abre tu alma… no le pongas freno
¡Deja entrar por fin tu secreto en mi jardín!
Y la magia de mimúsicase oirá
¡La magia que la música nos da!

El zorro abrió los ojos mientras veía como el Fantasma cargaba a Christine hasta dejarla en el bote por el que habían entrado a su guarida, tapándola luego con su capa negra. Él se puso a la cabeza, mientras cantaba la última estrofa, manteniendo la nota aguda en la última palabra.

Mi canción por ti será verdad…

Música en la noche suena ya.

La mirada de ambos amigos se encontró de pronto, sintiendo que el corazón de ambos se iba a desbocar en cualquier momento. Nick sentía perderse en los hermosos ojos violetas de Judy, mientras que ella se acercaba lentamente a él, cautivada.