Elyza Lex no podía creer su mala suerte. Después de tanto tiempo esperando la oportunidad de poder salir de Australia, el pelotón al que pertenecía por fin recibe una misión de entrenamiento en los Estados Unidos solo para llegar al momento exacto del maldito apocalipsis; personas que regresan de la muerte solo para comer a otras personas, lo único que faltaba era que en lugar de estar en California estuvieran en Nueva York para el perfecto cliché de película de terror.
Pero Elyza no es tonta, al contrario, es bastante lista, no habría sobrevivido hasta ese punto de su vida si no lo fuera. Reunió a sus compañeros más confiables y les presentó su plan: tomar lo más que pudieran; armas, comida, medicamentos y largarse de ahí, aún siendo cadetes de Australia la joven estaba segura que los mandarían a las primeras filas para ayudar a controlar el problema, esos serían los primeros en morir y, muchas gracias, Elyza aún tiene incontables ganas de vivir. Tres de sus camaradas decidieron huir con ella esa noche y hasta ahora solo Elyza sigue viva.
Desde entonces ha estado sola, estuvo moviéndose de lugar a lugar, casa en casa, deshaciéndose de la mayor cantidad de acechadores posible hasta que llego a la costa en donde el número de personas, vivas y no vivas, disminuyó considerablemente haciendo que Elyza escogiera un lugar en donde quedarse por un tiempo. Encontró un edificio de apartamentos con unos cuantos acechadores, con los cuales lidió en poco tiempo, era alto, ofreciendo visibilidad, tenía lugar para esconder sus pertenencias, fortificó todas las posibles entradas del primer piso y aflojó la escalera de emergencia contra incendios, la única manera de entrar o salir era trasladándose del techo de esos apartamentos a los consecutivos y bajar por las escaleras de ese.
Elyza no era una persona de pasar mucho tiempo en un solo lugar, después de establecerse tomaba caminatas para asegurar el perímetro y acabar con los acechadores que podrían causar problemas en un futuro, los que se encontraban a distancias más largas no los mataba pues no eran amenaza inmediata.
Dos semanas después, pensando en cambiar su locación de nuevo Elyza se dio cuenta de su error cuando escuchó el ruido de la escalera caer y los gemidos de al menos una docena de acechadores.
Preparó sus dos confiables 9 mm, revisó el cargador para asegurarse que estuviera lleno, 13 balas en cada pistola, quito los seguros y la cargó, también tomo uno de sus bates de béisbol y corrió hacia las escaleras, una vez ahí observó a una muchacha castaña buscando algo con que pelear desesperadamente, sin pensarlo apunto una de las pistolas y disparó cuatro veces deteniendo a los cuatro caminantes más cercanos a la joven.
-¡Oye! ¡Lindura!- gritó Elyza mientras sostenía el bate para que la otra joven lo tomara.
En segundos la castaña lo hizo y Elyza jaló fuertemente del otro extremo levantándola, la australiana no pudo evitar sonreír un poco cuando escuchó el pequeño grito de sorpresa que salió de la boca de la extraña.
Una vez arriba ambas chicas tomaron un segundo para recobrar el aliento cuando finalmente la castaña rompió el silencio.
-Gra-gracias- tartamudeó.
Elyza le regaló la sonrisa más coqueta y contestó. –No podía dejar que se comieran una cara tan linda como la tuya- le dedicó un guiño pero de inmediato se dio cuenta que algo estaba mal –Oye, ¿puedes escucharme?- preguntó sin conseguir respuesta y momentos después la otra joven se desvaneció, Elyza agarrándola antes de que tocara el suelo.
"Hmm, se ha de ver golpeado la cabeza," pensó la rubia levantándola en sus brazos y dirigiéndose hacia adentro del departamento. "Y sí es bastante linda."
Una hora después, cuando Alicia le aseguró que ya no se sentía mareada, la australiana se preparó para el pequeño viaje en busca de la familia de su compañera.
Una vez que Alicia salió de su estupor inicial al ver su pequeño arsenal le dijo que no sabía manejar armas de fuego, Elyza aprovechó el momento para decirle que ella con mucho gusto le enseñaba cuando quisiera pero necesitaba algo para defenderse en ese momento. Fue así que Alicia terminó armada con uno de los bates favoritos de Elyza; madera de roble, resistente, lo había encontrado en un Walmart y lo había adornado con unos cuantos clavos en su punta. No había tenido la oportunidad de estrenarlo pero no le importaba mucho obsequiárselo a la castaña.
-No puedo presentarme a nuestra primera cita sin un regalo, princesa- el comentario solo provocó que Alicia rodara sus ojos por la millonésima vez en ese día, pero sus labios la traicionaron dejando escapar una pequeña sonrisa que Elyza respondió alegremente.
A demás del bate, la joven rubia le entregó dos cuchillos de combate, nunca se puede ser demasiado cauteloso allá afuera.
Mientras tanto Elyza optó por Daisy, su amada escopeta, Fred y George, sus 9 mm y su gran colección de cuchillos; uno en su pierna derecha, dos en su pierna izquierda y uno escondido en su bota de la misma pierna.
Ahora ambas chicas revisan sus provisiones; Alicia le había asegurado que el camino de regreso no duraría más de una hora así que en su mochila sólo puso unas cuantas barras de granola, dos botellas de agua, su kit médico de emergencias y municiones.
Posteriormente de asegurarse que Alicia también estuviera lista, la ex militar la guío al techo para cruzar al otro edificio. Lograron pasar sin problemas y con muchos comentarios sarcásticos de la castaña de cómo "al parecer es mejor morir por una caída de 15 metros, al menos así ya nadie tendría que asegurarse de romperles la cabeza cuando se convirtieran en caminantes". Bajaron con cuidado y observaron su alrededor, la mayoría de los caminantes que la habían seguido se encontraban dispersos por la calle o ya se habían ido a otro lugar.
Elyza saco uno de sus cuchillos y le señaló a Alicia que no hiciera ruido, lentamente avanzaron evitando que los infectados las vieran, con cuidado la rubia se acerco a uno y de manera sigilosa atravesó el cuchillo en cien del caminante. Su compañera boqueó con sorpresa ganándose una mirada penetrante de la australiana, quien la llevó hacía un callejón para poder hablar.
-¿¡Qué estás haciendo!?- exclamó Alicia en un susurro.
-Mira lindura, deje la mayor parte de mis pertenencias en el apartamento y cuando regrese por ellas no quiero lidiar con una horda de acechadores- le explicó tranquilamente- es mejor hacerlo ahora que están separados, más fácil- desvió su mirada de los ojos de su compañera para revisar que ningún muerto viviente las haya seguido- podrías ayudarme, la que mate más bastardos recibe un beso de la otra- sonrió de lado y azul encontró verde de nuevo, pero la castaña no la veía con molestia como cada vez que le coqueteaba, sino con miedo.
-Yo- No se…- Alicia bajo su mirada avergonzada, ¿cómo sobreviviría a un mundo así sin ser capaz de defenderse?
Unos dedos en su barbilla le hicieron levantar su cabeza, Elyza la miraba seria pero gentilmente, como si en verdad la entendiera.
-Escucha Alicia,- comenzó con voz suave –no te voy a obligar a hacer algo que no quieras, pero necesito que entiendas que en algún momento tendrás que hacerlo, tal vez para salvarte o para salvar a alguien importante para ti- alejó su mano de la otra chica y dijo con firmeza –lo vivos se han ido Alicia y los muertos tienen hambre-
El ambiente entre las dos jóvenes cambió, se volvió pesado, lleno de emociones que no sabían nombrar, Elyza dio un par de pasos hacia atrás poniendo algo de distancia entre ellas, por un momento sintió una conexión extraña con la castaña quien simplemente tragó saliva, asintió con la cabeza y humedeció sus labios con su lengua, esto provocando que la mirada de su acompañante se posara en ellos. Alicia es atractiva, la australiana lo supo desde que la vio, con su cabello largo del color de los troncos de los árboles, ese cabello que le gustaría saber si se sentía tan suave a como se veía—
Elyza parpadeó un par de veces para alejar esos pensamientos de su cabeza, por el momento tenía una misión y esa misión era llevar a la protagonista de dichos pensamientos con su familia sana y salva, no era momento para fantasear, de todos modos una vez cumplida su misión probablemente no la volvería a ver. "Elyza Lex, controla tus hormonas no eres un mocoso de 15 años, a demás no sabes si le gustas las mujeres."
Pasado el momento ambas jóvenes se pusieron en marcha de nuevo sin comentar nada de lo que había sucedido, Elyza acabó con todos los caminantes cercanos y le dio la iniciativa a Alicia para que la guiara a donde está el barco de su familia.
Después de cuarenta y cinco minutos la tensión dio paso a un silencio cómodo que Elyza intentaba romper de vez en cuando con alguna frase cursi o chiste tonto esperando hacer reír a la californiana, podía decir con orgullo que lo había logrado varias veces.
-¿Por qué me ayudaste?- esta vez rompió el silencio Alicia.
-Ya te lo dije, eres muy bonita como para morir- respondió Elyza sacando un cigarro de su mochila y poniéndolo en sus labios.
-Pudiste dejarme después de matar a los caminantes- le refutó observando con desaprobación como la rubia exhalaba un poco de humo- no tenías que darme atención médica y todo esto- señaló al bate.
-Oh, bueno- inhaló de nuevo y sonrió rascándose la parte de atrás del cuello- puede que haya sido culpa mía que te lastimarás en primer lugar- esto paró en seco a Alicia.
-¿Qué?-
-No puedes culparme completamente- comenzó a excusarse sosteniendo el cigarrillo entre sus dedos- aflojé la escalera para que nadie pudiera subir y robas mis cosas- lo llevo a su boca de nuevo, inhalado con nerviosismo- hizo lo que tuve que hacer para sobrevivir-
Alicia la miró en silencio unos momentos, procesando sus palabras y al final levantó sus hombros con resignación.
-Supongo que tienes razón- cedió.
Elyza soltó el humo en un suspiro profundo, agradecida de que la castaña no le guardara rencor y con eso siguieron caminando en paz.
Paz que les duro hasta llegar a la costa, en la distancia una gran nube de humo se distinguía lo cual hizo que Alicia corriera para ver que era, al llegar soltó un grito desesperado al observar el yate de Víctor en llamas, cambiantes ardiendo caían al agua y no había ninguna señal de su familia.
-¡Alicia!- Elyza le siguió el paso –Alicia, ¡espera!- la detuvo de entrar en el océano.
-¡Déjame!- la australiana la rodeo de la cintura mientras la joven pataleaba y le lanzaba puñetazos- ¡Puede que aún estén ahí! –se soltó a llorar –¡Necesitan mi ayuda Elyza!-
Dicha muchacha no cedió y la tomó con más fuerza –Alicia, mira- señaló a la arena en donde había un mensaje con rocas y ramas.
N O R T E T Í A N
Alicia se desplomó en los brazos de Elyza.
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Escribir a Elyza es tan divertido, espero les guste.
Gracias por sus favoritos y follows!
Elizabeth Wolf
