Parte II

Había cosas que Dean no se explicaba, como el, ahora hecho, de que tenía pechos, y nos precisamente porque fuera transexual. Incluso el haber estado probándose ropa femenina, de manera humillante le hacía sentir como si se travistiera. Pero, hablando en serio.

¿Quién iba a decir que a pesar de ser mujer aún conservaba su fuerza de macho?

-Ya te dije que lo sentía. ¡No es como si en realidad lo hubiera hecho a propósito, Sammy!

La expresión en la linda cara femenina de Dean le decía que "No, no lo hice a propósito ¿Pero a que ha estado bueno?". Sam solo se tapó el ojo morado con una compresa fría que había tenido que comprar en alguna farmacia clandestina, porque el golpe había dolido, y mucho.

Internamente, muy muy muy al fondo contemplaba la idea de echarse a llorar por el porrazo, pero estaba el hecho de que Sam había soportado peores cosas. Así que, tomando ánimos de donde no los tenía, había tenido que tragarse todo ese dolor y darse unas palmaditas mentales en la espalda, y animarse para seguir adelante.

Aunque justo ahora ignoraba a Dean como un crío, aplicándole la ley del hielo.

-¡Sammy!

Él día de ayer ambos habían llegado a un pueblo perdido en la nada porque, luego de partir la noche anterior, ambos estaban jodidamente agotados y hambrientos. Eso, y que Baby también necesitaba darse un buen trago en alguna gasolinera, cortesía de Dean. Lo que su nena quiera, él se lo dará.

El desayuno/almuerzo había sido magistral; en realidad estaban tan desesperados por llenar su estómago que poco o nada prestaron atención a lo que comían, ya que solo se encargaban de engullirla (aunque Sam, como la recatada nena que era, comía con más educación, a criterios de Dean).

El lugar era tan original como otros de los cientos de restaurantes que habían encontrado en algún pueblito desértico en busca de asilo. Las misma ventanas mal limpiadas y los mismo ventiladores colgantes de techo, Dean se preguntaba que tipo de moda era esa. No es que despreciara el hecho de que le hayan servido una buena hamburguesa doble de queso con una ración extra de papas fritas y un buen tarro de cerveza; Pero pensaba que debían haber algo de originalidad en ese sitio aparte de aquella pared llena de botellas coleccionables de Jack Daniel's de hace siglos que Dean contemplaba tan interesadamente desde que llegaron... Era eso o a la camarera que las estaba limpiando desde hace 15 minutos y que la primera vez que había venido allí, le había mandado a freír espárragos.

Sam apostaba a que era lo segundo, es eso o que su amada laptop se jodiera.

-Dean ¿Podrías disimular?

Dean giro la cabeza hasta donde Sam le llamaba; tanto la comisura de sus labios como una de sus mejillas estaban llenas de salsa. Samuel solo torció en gesto en desagrado.

-¿Disimular qué? -habló con la boca llena, y a pesar de que le costó un poco entender, Sam comprendió.

-Tu sabes muy bien qué- quería añadir "so idiota", pero no estaba de ánimos para pelear con su hermano... Hermana... Bueno, con Dean, no podía imaginar que sucedería si se encontrasen con Charlie en esos momentos.

Dean puso ojos en blanco y luego bufo con fastidio, diciendo entre dientes algo que sonó como un "aguafiestas". Pero lo bueno es que a la final Dean no siguió viendo perturbadoramente las piernas de la camarera. Sam se felicito internamente por poner orden en esa relación.

Luego de comer y pagar -y evitar que Dean intentara coquetear con otra chica-, ambos se embarcaron a buscar a Baby y luego salir de ese lugar.

-Hey, ya vengo. Iré al baño- Dijo Sam. Dean solo asintió y siguió su camino hasta el auto.

Cuando llego paso una mano por el techo del Impala con cariño. Poniendo una cara que sólo su Baby se merecía.

-Hola nena... Papá ya llego - musitó, dándole unas palmaditas a la superficie con cariño. Rebusco las llaves en los bolsillos de su chaqueta, y al no encontrarlas, intento en los bolsillos de su pantalón. Fue entrando en pánico cuando no sintió nada en ellos. Miro con ojos abiertos a todos lados como si estas fueran a saltar por arte de magia hacia sus manos, pero obviamente no iba a funcionar para su desgracia-.

-¡Me lleva el demo...!

-Oye, ¿Esto es tuyo? - Dean casi se disloca el cuello de lo rápido que volteo, sintió una leve molestia, pero fue dejada de lado cuando vio las llaves guindando entre los dedos de un sujeto calvo, con pintas de motero y sin camisa, el epítome del mal gusto, junto a otros dos sujetos que al parecer intentaban verse malotes al lado del calvo.

¡Ave María Purísima! - ¡Oh joder, si! - chillo entre una mezcla de alivio, emoción y mucho agradecimiento. Internamente Dean odió lo desesperada y chillona que se oía su voz, pero al ser un problema que vinculaba a Baby le valió madres.

-Toma- el sujeto le entregó las llaves - Deberías tener más cuidado, gatita. No es cualquier auto el que tienes allí -

Los otros tipos se rieron como si el comentario del sujeto fuera el mejor chiste del mundo, Dean sonrió por inercia, aceptando las llaves de buena gana, aunque no tanto como las palabras del tipo y mucho menos por los imbéciles que tenia al lado. Sintió un tic nervioso activarse cuando este dijo la palabra "gatita" para referirse a él, Dean Winchester, Cazador de renombre y muy capaz de partirle la madre.

-¡Dean-...na! -escucho decir a la voz de Sam. Cuando miró a su hermano este sonreía nervioso, tal vez por casi joderla al llamarlo "Dean", quería quejarse y decir que ese era su nombre, pero eso seria iniciar otra pelea con el mastodonte que tenia por hermanito -Lo cual era mas notorio con el ahora tamaño de la mayor -

-¿Ocurre algo?- pregunto justo cuando llego a su lado, mirando al sujeto de frente, el cual parecía decepcionado de que Deanna no estuviera sola.

-Tu novia casi pierde las llaves del auto- respondió el motero, ahora un poco más divertido.

- No deberías dejar cosas tan importantes como esas en manos de una mujer, ya sabes como son... - dijo uno de los tipos que tenia mas cara de pervertido, el cual no disimulaba en lo mas mínimo como veía el trasero de la rubia, Sam sintió a Dean apretar los puños y tensar sus músculos. Y lo hizo sudar frío.

-Ah, Deanna es mi hermana... Y no se preocupe. Ella es muy responsable, tal vez solo paso esta vez... Además, es su auto - dijo para aligerar la carga.

-¡Ja! Peor aún - le respondió el sujeto ahora con mas confianza- Tome consejo y créame. A mi criterio ninguna mujer debería manejar, y menos un auto como ese - se río- Yo que usted se lo quitaría... Sin ofender, obviamente -

Pero Dean nunca espero que el sujeto tuviera la osadía de hacer lo que hizo, saco su mano y le dio una sonora nalgada a su respingado trasero.

Dean sólo pudo dejar que su visión se tornara roja al ver a la cara al tipo, algo que siempre había odiado en la vida eran que dudaran de sus habilidades al volante y para rematar el maldito había atrevido a nalguearlo ¿Acaso pensaba que se encontraban en pleno siglo XVIII? Si era así, él se encargaría de traerlo de vuelta a la actualidad.

Así que ni corto ni perezoso, Dean saco su brazo y le lanzo uno de los mejores derechazos que hubieran visto en ese condado, pero con tan mala suerte que este fue a para al rostro de Sammy que se había interpuesto, ya que él sabía como reaccionaria Dean ante la acción del tipejo.

- ¡OH MIERDA, SAMMY! -

Sam solo pudo llevar sus manos a su cara y hacer un esfuerzo titánico por no ponerse a llorar ahí mismo. Dean en verdad se sintió mal por lo que había hecho y el único culpable de esa reacción, era el imbécil que se reía a carcajadas por lo que acababa de suceder.

Así que sin pensarlo dos veces, le mando otro puñetazo olímpico, que esta vez si llego donde debía, casi le rompe la nariz al tipo, con lo que le dejo en claro que no se iba a dejar mangonear, mientras hizo bailar sus llaves en sus dedos que finalizaron en su dedo corazón al aire.

- ¿Esta perra quien se creé? ¡VUELVE AQUÍ ZORRA! -

Dijo el imbécil calvo, que acompañado por los otros dos tipejos, intento agarrar del cabello a una desprevenida Dean que revisaba el ojo de Sam, pero el menor reacciono y le terminó de romper la nariz al imbécil, mientras Dean le cubría la espalda y le daba una paliza al que tenia mas cara de enfermo sexual que además intento tocarla.

El otro que tenia intenciones de meterse en la pelea, al ver como el mas grande caía en el pavimento llorando como un bebé por su nariz rota gracias al mastodonte de Sam y a su otro amigo en las mismas condiciones, pero lamentándose por unas costillas rotas y sus bolas hechas añicos, hizo lo mas sensato... Salir corriendo.

- Espero que con esto aprendas un par de cosas -

Siseo peligrosamente la rubia, con una mirada peligrosa y sonrisa amenazante.

- Primero, no tocar a una chica sin su consentimiento -

Se acerco lentamente al calvo chillón, aun sosteniendo su nariz de la que brotaba sangre, intentaba alejarse, cual bebé asustado.

- Segundo, nunca subestimar lo que una chica puede hacer al volante -

Se puso frente a él, que había logrado arrodillarse en el pavimento, intentando aclarar su visión tras los lagrimosos ojos asustadizos.

- Tercero y ultimo... Que esa chica, te puede patear las pelotas hasta rompértelas -

El calvo no entendió esto hasta que vio, casi en cámara lenta, como Dean levantaba su pierna y le soltaba una patada digna de un gol a mitad de cancha en la Champions Leage en la entrepierna, se escucharon huevos quebrados.

Sam jamás sacaría ese sonido de su cabeza, hasta sintió un poco de lástima por el sujeto... Solo un poco. Dean ciertamente era mas terrorífico como chica.

El hijo de puta cayo desmayado, junto al otro sujeto que lloraba también por sus testículos, Dean se volteo para evaluar el ojo de su hermano, al que definitivamente le regalaría un buen plato de comida de conejo cuando tuviera la oportunidad; Pero no imaginaron lo que estaba sucediendo a sus espaldas.

Mas de la mitad de las personas que se encontraban en el bar estaban afuera, hasta la sexy mesera que Dean se había pasado acosando con la mirada.

Se encontraban allí, apreciando el espectáculo de como le daban la paliza de su vida a Stanley y sus matones -Como al parecer se llamaba el Calvo imbécil, información brindada por algunos borrachos que hablaban demasiado fuerte-

- ¡Waou! Definitivamente me alegraron la noche... -

Dijo la chica secándose las manos en su delantal mientras apreciaba la lamentable escena y sacaba fotografías con su celular.

- Si quieren pueden pasar, por un poco de hielo para el ojo del grandote -

Miro el ojo Sam, el cual ya estaba tomando una tonalidad purpura

- Y un par de cervezas gratis, se las han ganado con creces -

Se mofo la chica mientras tomaba fotografías con su celular a los heridos.

- No tienen idea de cuantas veces quise darle una paliza, ese imbécil y sus dos amigotes estaban molestándome desde hace una semana con sus asquerosidades y mi jefe no quería echarlos "Porque son sus mejores clientes" pero con esa patada que le diste a Stanley en el paquete y como sonaron sus pelotas, lo tengo todo grabado... ¡Ya tengo nuevo ringtone para mis mensajes! Por cierto soy Cindy -

Dijo la mesera sexy, tendiéndole la mano a los Winchester y de paso escaneando con la mirada a Dean y al parecer le gusto lo que vio, por la sonrisa hambrienta que le brindo.

-Ahora cobraba sentido el porque fue rechazado de forma tan tajante la primera vez- "él" solo volteo a ver a Sammy con un gesto presuntuoso y el menor supo que esa noche tendría que dormir en el Impala... Otra vez.

Después de dos días de viaje y Sam aun aplicándole la ley del hielo a Dean, al fin llegaron al búnker, hogar, dulce hogar.

Sam seguía algo molesto con su hermano respecto a su ojo morado, dejado en el olvido para irse tras Cindy y al fin saciar su deseo sexual por la camarera, lo cual teniendo en cuenta su situación actual, se podría decir que era su primer encuentro homosexual y Dean no se disgusto en lo mas mínimo.

Según la rubia

- Fue altamente educativo y prácticamente había perdido la virginidad... Por tercera vez -

-Si, ninguno de los Winchester olvida el asunto de la restauración de la virtud de parte de Vesta, mucho menos Dean a Suzzy Lee y sus "clases de español"-

Sam prefería no pensar mucho en ello y mejor seguía ayudando a su hermano, que por muy contento que lo haya dejado Cindy, aún quería a su pene de vuelta y con mas ganas después de lo que sucedería.

Sammy se la había pasado toda la tarde junto a Dean investigando en cuanto rincón olvidado del búnker, todo iba "bien", teniendo en cuenta la cantidad de libros y archivos en los que se la habían pasado hurgando toda la mañana, entre el polvo y aun no encontraban una pista sobre la situación de Dean, quien digamos estaba algo irritable.

Desde que despertó, se encontraba un poco pálida y ojerosa, además de andar metida en un saco con capucha, junto con un pequeño short rojo que ahora hacia parte de si pijama, dejando de lado a su amada bata gris, iba y venia a la cocina, primero con café, luego con una caja de donas extra grande que habían que habían comprado para dos días, pero se adueño de ellas y en una sentada la rubia se las devoro todas, sin dejarle siquiera el olor al pobre Alce. Siguió así toda la mañana, hasta que llego el punto en que estallo.

- Sam, podrías no respirar tan fuerte, no me dejas concentrar - soltó enojada la rubia mientras dejaba el libro de hechizos que estaba leyendo sobre la mesa, Sam despego la vista del archivo que se encontraba leyendo para ver a su hermano con una ceja levantada.

- Dude, estoy respirando normalmente -

- ¡Pues no lo hagas mas! ¡ES IRRITANTE! - Gritó exasperada la Winchester, Sam se sintió definitivamente intimidado... Y por un momento cruzo una idea o mas bien una conclusión que sonaba un poco machista, si se ponía en contexto, pero era necesaria hacer una pregunta.

- Dean ¿Estas en tus días? -

En otro momento el comentario hubiera sonado como una broma inocente y tonta, pero la mayor se puso roja hasta la raíz del cabello ante el comentario de su hermano.

- ¡CLARO QUE NO, SAMANTHA! NO SOY NINGUNA CHI...- Dean calló abruptamente, siendo Sam testigo de como se ponía terriblemente pálida y llevaba sus manos a su vientre.

- ¡Ah! -

La rubia se sentó de nuevo en su silla, aun con las manos en su ingle, para luego volver a ponerse de pie, pero de nuevo se volvió a sentar, su rostro empezó a mostrar un gesto que se iba volviendo cada vez mas doloroso.

- ¡Puta madre! ¡AH SAM! ¡ME ESTOY DESGARRANDO POR DENTRO! -

El menor corrió a auxiliar a su hermana ante su grito, pero Dean no dejo que la tocara y se fue por sus propio medios al baño, mientras Sam no sabia a donde meterse, porque intentaba llamar a radio ángel y Cass no aparecía por ningún lado.

Solo pasaron un par de segundos cuando Dean volvió a abrir la puerta del baño terriblemente blanco, como una hoja de papel y sus labios casi transparentes.

- Dean ¿Que sucede? -

- ¡SAM, ME ESTOY DESANGRANDO! -

Decir que el pánico se apodero de la Winchi-cueva fue poco, Dean gritaba por alguna cosa que le ayudara a detener el sangrado, Sam se dejo contagiar de aquello, tanto así que había sacado todas las toallas de la gaveta donde se guardaban regularmente, las gasas y algodones del botiquín de primeros auxilios no se le hicieron suficientes. Pero justo cuando se encontraba en el pasillo, se dio cuenta de algo, sintiéndose sinceramente, muy pendejo.

Dejo las toallas otra vez en su sitio y volvió lo mas tranquilo que pudo, toco la puerta del baño donde se escuchaba solo silencio.

- Dean... ¿Te encuentras bien? -

- Si, creo que si... Ya el dolor... Disminuyo un poco...-

- Tal parece que... Lo que tienes no es tan... ¿Urgente? - La tensión se sentía en el aire, la mayor abrió la puerta, con las mejillas sonrojadas y con los ojos acuosos.

- Sam... Tengo... Tengo la regla -

El tema de la regla para los Winchester no era desconocido, total habían convivido bajo el mismo techo con mujeres, lo suficiente para saber a lo que se enfrentaban; Pero una cosa era saber de que se trataba y otra muy diferente era vivirlo en carne propia.

- Necesitas... ¿Tampones?... Dean, espera aquí, toma una ducha y relájate un poco ¿Esta bien? Iré a buscar lo que necesitas - Dijo Sam, Dean simplemente respondió con un simple si algo lastimero.

Así pues el menor de los Winchester salió como alma que lleva el diablo al primer autoservicio que encontró.

Y allí frente al gran escaparate de productos para la higiene femenina se encontraba Samuel William Winchester, en la encrucijada mas grande de su vida ¿Que le serviría a Dean? Habían tantos productos, desde tampones de todos los tamaños y colores, ni que decir de las toallas intimas, con alas, sin alas, rapigel, natural, algodón, plus, ultrainvisibles, de noche, de día y casi entra en pánico.

Así que decidió llevar todos los que podía, era lo mas sensato, Dean debía encontrar cual sería el mas cómodo para él, volvió tan rápido como pudo con los productos, medicamentos para el dolor y té de manzanilla y chocolate, mucho chocolate que le había recomendado una adorable abuelita que lo vio correr por toda la tienda y dedujo a lo que estaba enfrentando el alce.

Dean estuvo mucho tiempo dentro del baño, pero al final salio de allí, pálida, un poco ojerosa y con cara de pocos amigos.

Sam pensó que con aquello se había solucionado un poco el problema, pero Dean se encontraba al borde del colapso, tenía cólicos, no pequeños y esporádicos, sino unos lo suficientemente fuertes como para querer asesinar a cualquiera que osara preguntarle si se encontraba bien y los medicamentos ayudaban mas bien poco.

Así que tuvieron que detener la búsqueda de cual fue el causante del cambio de sexo de Dean Winchester para pasar a investigar sobre la menstruación, mas exactamente los cólicos.

- Para empezar, a "disminuir" el problema debes entender tu anatomía y la razón de lo que le pasa a tu cuerpo, Dean -

Respondió Sam mientras el buen internet le brindaba alguna respuesta. Dean estaba asustado y muy irritado, se sintió otra vez como un adolescente... Una muy irritada y enojada adolescente.

- Los cólicos que sufres son provocados por las contracciones que genera tu útero para expulsar el endometrio durante el periodo -

- ¿El endo-qué? -

- Pues una capa que cubre el útero y que va proliferando durante el mes. Cuando llega la menstruación, se degenera una parte y es expulsada por el cuello del útero hasta el exterior junto con la hemorragia. Sí, eso es tu regla... Dude, esto es demasiado, incluso para nosotros, jamas de los jamases me imagine dándole la charla de ser mujer a mi hermano -

- ¡Cállate, tu no tienes que enfrentarte a este dolor del maldito infierno! - refunfuñó la mayor, Sammy solo rodó sus ojos y siguió leyendo.

- Por otro lado, antes y durante la regla, el organismo produce unas sustancias llamadas prostaglandinas -

- No se porque esa palabra me recuerda al Tetris - soltó sin mas Dean.

- Dude, deja de interrumpir, son las encargadas de desencadenar las contracciones en el útero. Si tu cuerpo fabrica más prostaglandinas, tendrás más dolor durante el periodo y por lo visto el tuyo es un sobreproductor -

- ¿Y cuanto duraría mas o menos esto, Sammy? -

- De tres a cuatro días -

- ...-

- ¿Dean estas bien? -

- ¡HIJO DE PUTA! -


Y así después de casi dos años Dean vuelve a hacer de las suyas por aquí, lo se quieren asesinarme por los retrasos, pero créanme esta vez no fue culpa mía, la chica con la que escribo este fic perdió contacto conmigo y pues tuve que apañarmelas sola con esta historia, solo espero que sea de su agrado y pido sinceras disculpas por la tardanza.

¿Para el siguiente capitulo que piensan que Dean tenga que enfrentar ahora que es toda una señorita? Por favor dejen sus comentarios y una estrellita :3

¡Nos leemos luego, bitches!