Hola a todas!
Aquí está la continuación de mi versión del nacimiento de Harry, que quiero dedicar a mi querida beta, Eis Black. ¡Sabes que te quiero un montón, muchas gracias por todo! n.n
También a Breyito-Black-Lupin, por dejar siempre review. ¡Niña, tú nunca fallas! :)
Espero que os guste.
Adrienne Lupin.
DISCLAIMER: NINGÚN PERSONAJE, ESCENARIO O MOTE ME PERTENECE. TODO PERTENECE A LA MEJOR ESCRITORA DEL MUNDO, JOANNE KATHLEEN ROWLING.
Advertencias: Slash y yaoi, es decir, relación chico - chico. Sin lemmon. Si crees que no te gustará, abstente.
31 DE JULIO DE 1980: ha nacido un héroe, parte 2
- Vamos, Lily, ánimos. - la ayudaba Remus como podía, al lado de su cama del hospital, destrozándose una mano entre la suya - Debes dilatar un poco más, dentro de poco volverá tu amiga.
- Para ti es fácil de ¡Aaah! - gritó la pelirroja, con la cara perlada de sudor, mientras otra contracción la recorría - decirlo. ¡Nunca has sufrido esto, no sabes lo que es!
- No, esto no. - la mirada del licántropo se ensombreció - Sino mucho más, y una vez al mes. Así que no te quejes, que lo tuyo es voluntario.
- ¡Aaah! - le volvió a apretar la mano Lily, respirando trabajosamente - Perdona, Remus. No pensaba en... eso.
- Claro, Lils. - el de ojos dorados le sonrió - No pasa nada. Aguanta un poco más, solo un poco. Ya falta poco para que Harry salga, dentro de poco lo tendrás en tus brazos.
- Perdone, Señor Lupin. - la medimaga amiga de Lily entró a la habitación - Hay dos hombres en el pasillo, que dicen ser el padre y el padrino. ¿Dejo entrar al padre?
- ¡Ese Potter, por fin se digna a venir! - exclamó Lily, levantando ligeramente la cabeza del cojín - Déjalo pasar, Lorena. Te juro que cuando lo vea, lo ¡Aaah! - Lily gritó cuando otra contracción la recorrió - lo mato. ¡Te lo juro!
Remus solamente sonrió cuando oyó el juramento de su amiga, y simplemente asintió en dirección a la medimaga, que abrió la puerta un poco, haciendo un gesto con la mano. Inmediatamente, la puerta se abrió completamente, dejando pasar a un pálido y sudoroso James. Remus se retiró un poco, para dejarle sitio al futuro padre al lado de la cama.
- Lily, Lily, mi amor. Lo siento por tardar tanto. - el animago le cogió la mano a su esposa - ¿Estás bien?
- Uy, sí, estoy perfect ¡Aaah! - la pelirroja se paró un momento para recuperar la respiración, y luego siguió - mente. ¿Cómo se te ocurre preguntar eso, no me ves?
- Perdone, Señor Lupin. - la medimaga le habló a Remus, interrumpiendo las amenazas de muerte de Lily - Le tengo que pedir que salga de la habitación, el máximo de visitantes durante el parto es uno. Ya le avisaremos después.
El licántropo asintió, y salió por la puerta abierta con una sonrisa en los labios, oyendo como su amiga volvía a amenazar de muerte a su esposo, jurando por el gran Merlín que lo mataría en cuando saliera de esa.
- Tampoco es tan mala idea, Moony. - Sirius, que le había estado esperando fuera de la habitación, se retiró de la pared donde se había apoyado, y le pasó un brazo por los hombros mientras la puerta se cerraba detrás suyo - Entonces, solo nos queda hacer que lo de Lily parezca un accidente. Yo me quedaré a Harry, como padrino suyo que soy, y lo criaremos como si fuera nuestro hijo.
- Sirius, ¿puedes sentarte, por favor? - preguntó por enésima vez Remus al nervioso futuro padrino, que al paso que daba vueltas desgastaría pronto el suelo del hospital.
- No, no puedo, Remus. ¿Y si ha pasado algo malo? ¡Tardan mucho! - el animago se pasó la mano por el pelo, más pálido que la luna llena.
- No, no hace mucho, Padfoot. Apenas hace algo más de media hora que he salido de la habitación. Venga, ven aquí. - sonriente le señaló el asiento de su lado, donde el animago a regañadientes se sentó, apoyándose en el hombro de su pareja.
Veinte minutos y un viaje a la cafetería después, la puerta de la habitación se volvió a abrir, dejando paso a una sonriente y cansada Lorena.
- El niño ya ha nacido. - les informó - Un futuro mago sano y hermoso.
Sirius y Remus se levantaron, mudos de repente, y entraron sigilosamente a la habitación cogidos de la mano. La camilla había sido retirada, y ahora Lily estaba tumbada en la cama, con Harry entre sus brazos y James sentado a su lado y abrazándola por detrás. Los últimos rayos de sol del día entraban por la ventana, arrancándole a Lily destellos rojizos del pelo pelirrojo, y Remus casi no se atrevía a hablar, por miedo a estropear el mágico momento. Pero por supuesto Sirius tuvo que hablar y romper la bonita estampa.
- Vaya, vaya, vaya. ¡Pero si estás hecho todo un mini-Prongs, Harry!
- Calla, Padfoot. ¡No ves que está durmiendo? - James le dio un pequeño golpe en el hombro a su mejor amigo mientras se levantaba, y luego cogió a su hijo en brazos. Los dos hombres siguieron mirando embobados al bebé, mientras Remus se acercaba a Lily.
- ¿Cómo estás, Lils? - le preguntó el licántropo a su mejor amiga mientras le daba un beso en la mejilla.
- Cansada, pero mejor que nunca. - le dijo ella sinceramente, con una sonrisa de oreja a oreja. Todos los dolores de una hora antes parecían haber quedado olvidados - ¿Y tú qué? ¿Cómo te ha ido aguantar a Sirius todo este rato? James me ha dicho que era el que estaba más nervioso de los dos, ¡y eso que solo es el padrino!
- Fatal. - confesó Remus, riendo por lo bajo - Creo que, de tanto andar, ha desgastado el suelo del hospital... ¡Si nos llega una factura ya sabré por qué es! - mas risas se producieron por parte de los dos ex-prefectos.
- Míralos, Rem. - Lily se puso seria y señaló a los dos animagos, que se habían separado un poco de la cama - Dentro de poco tendremos que pedir una fregona para el suelo...
- Pues sí, seguramente... - Remus alzó un poco más la voz, lo suficiente para que los otros lo oyeran - ¿Sirius, quieres un babero?
Ante esa pregunta los cuatro rieron, hasta que Sirius golpeó con cuidado a su mejor amigo en el hombro.
- Yo que tú no me reiría tanto, papá. - bromeó el de ojos grises - Que tú necesitarías uno el doble de grande...
- James, déjale a Sirius coger a Harry. - le ordenó Lily a su esposo, para calmar un poco la discusión - Que se le notan las ganas de cogerlo...
- Gracias, pelirroja. - le agradeció sonriendo Sirius a la nueva madre, mientras cogía cuidadosamente al bebé entre sus brazos - Míralo, que guapo. ¿Quién es el ahijado más guapo del mundo? ¡Sí, tú, bonito! Suerte que te pareces a tu madre, Harry, porque del feo de Prongs nada bueno podías sacar... Mira, eres igual de guapo que tu tío. - Sirius le sonrió a Remus, que se había acercado a ellos - ¿Debería preocuparme por eso, Moony? - el aludido simplemente calló y esbozó una sonrisa enigmática.
- Eso, eso, rubito. - James se acercó y le pasó un brazo por los hombros al licántropo, callando sus protestas sobre el color de pelo - Si no supiera que eres maricón perdido, me preocuparía por mi esposa.
- Piénsalo bien, James, quizá sí que tienes de qué preocuparte. - le respondió Lily desde la cama, mientras se incorporaba un poco y reía por lo bajo - Recuerda que cuando tú y Sirius os vais por ahí a tomar algo, yo siempre me quedo sola con Remus...
Ante esa ingeniosa contestación de la pelirroja los dos animagos empezaron a reír, y pronto se les unieron Lily y Remus. Pero de repente Sirius paró, asustado por otro ruido fuerte: era Harry, que se había despertado por el ruido, y lloraba entre sus brazos. Todo el mundo calló, y el animago buscó con su mirada la de Lily, asustado, y enseguida le entregó a su hijo. Luego, regresó al lado de Remus, le sonrió, i le dio la mano.
- Tranquilo, Harry, tranquilo... - le susurró ella al pequeño, mientras lo mecía en sus brazos - No pasa nada, bonito, tranquilo... - cinco minutos después, Lily consiguió que Harry se durmiera, y les habló a los dos animagos - Y vosotros dos, dejad ya de torturar a Remus. No os ha hecho nada.
- Déjalo, Lils. - le respondió el licántropo a su mejor amiga, sonriendo - Ya estoy más que acostumbrado...
- No le hagas caso a tu esposa, Prongs. - le ordenó Sirius a su amigo del alma, sin dejar de mirar a Remus - Si Moony le gusta que lo torturen... - se acercó más a su pareja y le habló bajito, pero lo suficientemente alto para que todos lo oyeran - Sobretodo los jueves. ¿No es así, lobito?
- ¡Sirius! - ante el último comentario de su pareja, el licántropo se puso rojo y se separó de él, enfadado - ¿Cómo se te ocurre decir eso? ¿Y qué...
Justo en ese momento unos golpes sonaron en la puerta, oportunamente parando la bronca de Remus hacia Sirius. James, dudando y mirando de reojo a sus dos amigos, fue a abrir. En el umbral había un joven rubio y flaco, quizá un par de años mayor que ellos, con una cámara colgada del cuello.
- Buenas tardes. ¿Es usted el Señor Potter? - le preguntó a James. Cuando este asintió, el desconocido dio un paso adelante, le dio la mano y se presentó - Soy Jack Creevey, el fotógrafo oficial del Hospital mágico San Mungo. Mi trabajo es, como agradecimiento por haber confiado en nosotros, ofrecerles a los futuros padres dos fotografías gratuitas del bebé.
- Ehm... sí, claro. Por supuesto. - dijo James, sorprendido por la oferta. Luego, cerró la puerta detrás del hombre y se encaminó hacia la cama. De reojo vio como Padfoot le susurraba algo a Moony, seguramente pidiéndole perdón, y después los dos sonrieron. Sirius le pasó el brazo por detrás a Remus, y éste apoyó la cabeza en su hombro.
- A ver, señor. - le dijo el fotógrafo, Jack, a James, que se había sentado al lado de Lily en la cama, y la abrazaba por detrás. - La cabeza un poco más alta. Así, perfecto. Y la señora... ¿puede acercar un poco el niño al papá? Que lo puedan coger los dos... ¡Perfecto! - Jack sonrió - Y ahora... ¡Digan Merlín!
Cuando el fotógrafo ya hubo disparado, y la cámara estuvo abajada, James se inclinó y le dio un corto beso a Lily.
- Te amo, Lily. - susurró él contra sus labios una vez se hubieron separado un poco.
- Yo también te amo, James. - le contestó ella, sonriendo, perdida en sus ojos color avellana. De lo que ninguno de los dos se dio cuenta en aquél momento era que Jack estaba disparando otra foto. Y sería aquella foto, con sus padres sonrientes y enamorados, y él recién nacido en los brazos de su madre, una de las que Harry recibiría en el álbum que, años después, le regalaría Hagrid en su primer curso en Hogwarts.
