Capitulo 2: la rutina de mi infierno.

Como cada mañana el sol se colaba por las ventanas anunciando el inicio de un nuevo día escolar.

Misaki se levantaba de la cama lleno de energía. Corría hacia el baño y llenaba la tina con agua caliente ya que el día esta frio.

Fue a su cuarto y controlo que todo estuviera listo para que al salir del baño solo debiera alistarse y tal vez lograría evitar el desayuno.

Cerró el caño y se metió en la tina.

Su cuerpo se relajaba y olvidaba todas sus preocupaciones.

Estuvo unos 20 minutos hasta que salió.

Corrió a su dormitorio y se alisto con su uniforme. Era un pantalón negreo de vestir, zapatos negros, camisa blanca, corbata roja y un saco negro con detalles rojos. Se arreglo muy prolijo el uniforme y se peino. Tomo su mochila y bajo corriendo las escaleras.

-Si no desayunas antes de irte te sentirás mal- dijo su madre desde la cocina.

Misaki entro a la cocina y fue hasta la heladera.

-Tomare un jugo bagio nada más, sabes que el desayuno me hace mal- dijo Misaki.

Esa era la escusa que usaba para evadir la comida más importante del día.

-Lo sé, pero tampoco es bueno llevar el estomago vacio- dijo La madre que volteo a ver a su hijo con ternura.

"Los padre a veces solo fingen ingenuidad para que los adolescentes decidan tomar la iniciativa de remendar el error, y están a la espera de ayudarnos cuando más lo necesitamos"

Misaki le regalo una sonrisa y salió corriendo con el jugo en mano.

Las sirvientas entraron al cuarto de Shinobu como cada mañana.

Una de las sirvientas acomodaba el desayuno del joven sobre su escritorio, otra alistaba la ropa y los útiles del joven y otra habría las cortinas del cuarto para luego despertar el joven.

Sakura, la sirvienta encargada de traer el desayuno, solía llevarse la basura del dormitorio. Ella sabía muy bien que de esa bolsa emanaba el olor a comida que su niño se negaba a comer y por más que quisiera ayudarle el siempre la trataba con arrogancia. Algo triste se llevo la bolsa.

"Los adolescentes se niegan a escuchar, tienen miedo del error. Solo escuchan a sus parares porque solo allí encuentran a alguien que comprenden sus torpe pensar".

Shinobu abrió los ojos cuando los rayos del sol alumbraron su rostro.

Se desperezo mientras las sirvientas abandonaban el dormitorio.

Se paró de la cama y camino hacia el escritorio. Solo tono un jugo de naranja y el resto lo desecho como hacía habitualmente con todas las comidas.

Tomo el uniforme y se lo coloco.

Tomo un libro y lo leyó un rato para hacer tiempo. Siempre fingía haber estado comiendo.

Salió del dormitorio. Saludo a todas las sirvientas.

Salió de la casa y se subió a un lujoso auto que lo llevaría a su instituto.

La alarma del reloj comenzó a sonar produciendo un fuerte dolor de cabeza al joven Kisa.

El joven saco las manos de entre las sabanas y de un manotazo apago el despertador.

Se levanto de la cama algo agotado. Era natural ese estado con el si había estado tomando hasta altas horas de la noche, aun con resaca aprendió a sobrevivir y llevar un vida "normal".

Camino hacia el baño y tomo una ducha rápida.

Se puso el uniforme que siempre dejaba en el perchero la noche anterior. Siempre tan desarreglado. La corbata mal puesta, la camisa por fuera con las mangas arremangadas y el saco abierto.

El era un rebelde con una imagen que provocaba a más de uno deseos lujuriosos.

Fue hasta la cocina y solo se preparo un té de hierbas para no descomponerse.

Salió del departamento y fue a la parada de colectivos.

Siempre dejaba pasar el primero y tomaba el segundo. Mientras esperaba solía fumar uno o dos cigarrillos.

Como cada mañana Hiroki se levantaba con el cálido toque de la mano de su madre.

La madre sabia de los rasguños en los brazos de su hijo pero siempre deducía que eran por peleas con otros adolecentes y las heridas no eran tan grandes como para intervenir.

"A veces los padres somos tan despreocupado por pequeñeces sin saber que en realidad el verdadero problema se esconde bajo las sabanas".

-Alístate y baja que te estaré esperando para desayunar- dijo la madre antes de salir de la habitación.

Hiroki se levanto de la cama y tomo un rápido baño.

Antes de ponerse el uniforme limpio y vendo las heridas.

Se vistió y bajo a desayunar con su madre.

Un charla trivial de madre e hijo, hablaron de estudio, amigos y amores.

Levanto su mochila y salió de su casa para empezar un nuevo día.

Las puertas del instituto "Sagrado corazón" esperaban abiertas a los alumnos.

Nuestros cuatros estudiantes se encontraban en la entrada ignorándose unos a otros.

Misaki y Hiroki eran muy buenos amigos desde el primer día de clases.

-Buenos días Hiroki- decía u alegre Misaki.

-Buenos días Misaki- dijo Hiroki con una leve sonrisa.

Los alumnos comenzaron a amontonarse en su entorno.

-Ya llego la estrella- dijo Hiroki quien tomo la mano de su amigo y lo tiro al interior de la escuela.

Un lujoso auto se estaciono frente a la escuela y de el bajo el pequeño Shinobu.

Como todas las mañanas se armaba un circo a su alrededor.

El caminaba ignorando a sus millones de pretendientes y se encontraba con un amigo Ritsu.

-Hola Shinobu pare que otra vez estas armando un alboroto- dijo Ritsu con un tono alegre.

-Ni lo digas, ellos me cansan- dijo Shinobu quien comenzó a caminar al interior de la escuela.

Mientras tanto venia llegando el joven Kisa, al parecer el colectivo llego rápido y decidió entrar. Algo cansado por todo el movimiento de anoche decidió saltarse las clases y dormir por ahí.

La primera hora para el 9° B era la de lengua y literatura, la cual era impartida por el reconocido profesor Miyagi Yo.

Como siempre todos se concentraban en su clase.

El hombre mientras dejaba alguna actividad solía contemplar al joven Shinobu. En sus años de enseñanza jamás imagino que se encontraría con alguien así, ese chico tan misterioso ocultaba algo y eso le preocupaba.

Shinobu era de las personas que odiaban recibir tanta atención, pero si se trataba de su profe sexy se podía hacer una excepción. Lo que él no sabía era que Miyagi lo veía con otros ojos.

En el 2° de polimodal A comenzaba la clase de ingles con el profesor Kyo Ijuuin.

El profesor a pesar de ser muy bueno enseñando los alumnos siempre reprobaban y es que en toda la clase se la pasaban babeándose por él.

Pero en ese curso había cinco chicos que eran la excepción. Misaki era uno de esos, el tomaba clases particulares con su profesor ya que era muy malo con el ingles. Pero lo que no sabía era que secretamente su profesor lo deseaba.

El día escolar de estos alumnos era igual que el tuyo o el mío.

Lleno de charlas triviales, risas y problemas de adolescentes.

Abandonaron el instituto después de la última hora con la noticia de que mañana abría revisión médica.

Misaki entro a su casa algo cansado.

-Mama ya llegue- dijo Misaki mientras entraba en la cocina.

Sobre la mesa había una nota.

La tomo para leerla.

"Hijo he tenido que ir al supermercado. Regresare lo más pronto posible.

Te quiere mama".

Misaki dejo la nota sobre la mesa y salió corriendo a su dormitorio.

Coloco su mochila sobre la cama.

Se quito el saco, la corbata y la camisa.

Se puso una remera negra y corrió al baño.

Se arrodillo frente al inodoro y se metió los dedos en la garganta.

Comenzó a vomitar como tantas veces lo hizo.

Sentía tanto placer al saber que ese acido liquido acariciaba su lengua y sus labios.

Se sentía bien al creer que hacia algo por él.

El tan solo creía que estaba haciendo bien las cosas, no temía porque no sabía lo que hacía.

Una par de lágrimas cayeron por sus ojos. No sentía culpa pero tampoco sentía orgullo.

Estaba perdido entre palabras a medias, el no comprenda que se estaba matando.

Shinobu entro a su pieza.

Abrió un el ropero y busco entre sus suéteres una caja negra.

Busco la llave que colgaba en una cadena de su cuello y abrió la caja.

Había millones de pastillas. El las tomaba para no descompensarse.

Era un adicto a las palabras ajenas.

Olvido lo que era vivir para uno y sin darse cuenta comenzó a vivir para otros.

Perdió la autoestima y se dejo hacer a la medida.

Se volvió el cuerpo de portada que todos quieren ser, le dio fuerza a aquella ficción de la belleza perfecta y oculto bajo su cama los métodos para llegar a la cima.

Se perdió en su propia soledad.

Solo quedo su cuerpo como el esclavo de la farsa más grande.

Kisa llego a su casa solo para cambiarse.

Unos jeans gastados, una camisa azul rey y unas zapatillas blancas.

La noche lo llamaba como todos los días.

Entraba a un bar de mala muerte aunque podría entrar a un de mas clase.

Pero él quería esconder su rostro aunque no era consciente de eso.

Las adicciones anulan nuestro autocontrol pero nuestra conciencia sigue viendo el pozo en el que caemos.

Es el cuerpo el que mueve el corazón.

Esa fría actitud es solo el disfraz para no dejarse caer en la locura.

Si cedía tan solo un poco caería en una fuerte depresión.

Esto era tan solo una obra de teatro sin fin. El tiempo en su corazón se detuvo y su mente se desconecto del corazón.

Aun con lágrimas en los ojos atravesó esas puertas y se ahogo en su propia desgracia.

Hiroki estaba en casa de su amigo Saske.

Se conocieron en una librería de casualidad y así comenzaron unos sangrientos encuentros.

El necesitaba sentir ese desgarrador dolor para borrar las marcas del pecado.

Se dejaba hacer por el otro.

Jugaba con su frágil piel haciendo arañazos que dejaban correr un hilo de sangre.

Esa mancha rojo escarlata solo cubría la verdad al fluir por su piel.

El sabía que cuando la cristalina agua besaba su piel le revelaba su crimen.

El no podía detener su dolor y no quería que otros cargaran con su peso.

Su terquedad lo llevo a jugar con la muerte.

El era una buena persona pero su inocencia lo llevaba hasta el mismo infierno.

El quería satisfacer sus temores con aquel dolor que nublaba los sentidos. Quería perder la razón y dejar de creer en el bien y el mal.

Una fina lluvia abrazo la ciudad.

El cielo lloraba al ver aquello viles actos producto del imperfecto ser humano.

En este mundo de bien y mal nada es lo que ves.

Las apariencias engañan de muchas formas.

Nosotros jugamos a orillas del infierno. Perdemos la razón por causa de nuestra ingenuidad.

Un adolescente es un ser frágil e ingenuo, fácil de engañar. El jamás podrá ver con los ojos de Dios, jamás vera como la sociedad se hunde y como él se aferra a esa enferma locura.

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