N/T: gracias por seguir esta historia! Aquí tenéis dos capítulos más, disfrutad y feliz viernes!


Los cristales tintados hacían que las calles fueran casi imposibles de ver. También era algo sin sentido el querer esconder quién había dentro del vehículo cuando estaba siendo escoltada por infinita cantidad de oficiales de policía en moto, pensó Regina. Por no mencionar la cola de coches negros que flanqueaban su coche por delante y por detrás. Todo el mundo sabía que la presidenta de los Estados Unidos se abría camino, protegida por un cristal que estaba hecho a prueba de balas. Era ridículo, pensó, lo mucho que este país estaba dispuesto a gastar por mantener con vida a una única persona. Dicho eso, no es que quisiera ser asesinada así que supuso que tendría que acostumbrarse a ello.

''Les he dicho que Robin también es un tema vetado,'' continuó Zelena, sacando a Regina de sus pensamientos. ''No necesitamos que la gente empiece a indagar sobre tu matrimonio. La entrevistadora sonaba enfadada cuando hablé con ella.''

''Bueno, se supone que es la mejor, ¿no? Seguro que sabrá cómo arreglárselas para hablar sobre los temas acordados,'' dijo Regina.

''Si no lo hace, será la última entrevista que haga,'' gruñó Zelena. ''Veamos, cuando habléis sobre tu infancia y la conexión de tu padre con la política asegúrate de mencionar su relación con Obama. Queremos que te asocien con su presidencia cuanto más sea posible, y estos primeros meses van a ser difíciles al tener que rehacer toda la legislación que Trump forzó.''

''Lo sé, lo sé,'' suspiró Regina. ''¿Cuánto va a durar la entrevista?''

''Treinta minutos,'' respondió Zelena. ''Es en directo, acuérdate.''

''¿Y después de eso qué compromiso tengo?''

''Una cena con Robin en un romántico restaurante,'' dijo Zelena. ''Queríamos hacer algo público para que vean que los dos estáis celebrando tu nuevo puesto y que estáis trabajando como un equipo desde ya.''

Regina suspiró. ''¿Y el público de verdad se lo va a creer?''

''Sí,'' respondió Zelena. ''Porque soy la mejor haciendo mi trabajo y a pesar de lo que yo piense sobre ese estúpido hombre, hay que reconocer que tiene cierto talento para actuar como si los dos estuvierais muy enamorados.''

Regina soltó una carcajada seca. ''Bueno, al menos sirve para algo.''

''No estarías en la Casa Blanca si no fuera por él,'' dijo Zelena. ''Veamos, esta entrevista probablemente vaya a centrarse bastante en tus años de universidad. Me gustaría que dieras más importancia al tiempo que pasaste en Harvard que en Yale, porque necesitamos llamar la atención de los hombres de negocios y asegurarles de que, mientras tu campaña entera se centraba en darle oportunidades a cada americano, sus ansiosas manos capitalistas seguirán llenándose de dinero.''

''Supongo que puedo encontrar una forma más elocuente de decir eso, por supuesto,'' dijo Regina. ''Por cierto, esta entrevistadora, ¿es esa que predijo mi victoria en Texas?''

''Por Dios no,'' dijo Zelena. ''La despidieron después de eso. Quiero decir, ¿quién en su sano juicio puede creerse que un estado como Texas, que siempre ha tenido mayoría roja, podría votar a la primera mujer presidenta?''

''Eso me ha dolido,'' dijo Regina con cara de póquer.

Zelena ignoró el sarcasmo. ''No, ésta mujer es la que la sustituyó. Emma Swan. En realidad es una excelente corresponsal política, por lo cual es normal que estuviera tan enfadada cuando me llamó esta mañana sobre la limitación de preguntas. La escogimos porque es increíblemente popular y es muy buena entrevistadora. Estás en buenas manos, y no es lo suficientemente estúpida como para sobrepasar los límites que le he dictado. Tú ya has visto su programa muchas veces.''

''El Show de Swan, ¿verdad?'' preguntó Regina. No tenía mucho tiempo para ver la televisión pero había seguido los diferentes programas de debate político durante las elecciones. La mujer, si no recordaba mal, tenía unos penetrantes ojos verdes que se clavaban en el entrevistado cada vez que ella notaba su punto débil. De todas formas, Regina había estado toda su vida perfeccionando su fachada como política. Era impenetrable.


Emma y Ruby dieron un último repaso a la lista de preguntas diez minutos antes de que la nueva presidenta llegase a los estudios de grabación. No eran de las mejores, pero dadas las restrictivas normas, era lo mejor que se les había ocurrido a las dos.

''Muy bien, necesito ir a maquillaje,'' dijo Emma, pasándole la página a Ruby para que imprimiera las preguntas en las tarjetas de 'El Show de Swan'. ''Por favor avísame cuando llegue. Me gustaría tener unos minutos a solas con ella antes de que entremos en directo.''

''¿Acaso es eso posible?'' preguntó Ruby.

''No tengo ni idea,'' admitió Emma. ''Nunca había entrevistado a un presidente. Nunca he querido llegar hasta ese punto. Pero si consigues contactar con su publicista, estoy segura de que podrás poner en práctica tus encantos.''

Ruby rió y asintió. Las dos mujeres fueron hacia el pasillo pero cada una para un lado diferente. Ruby se dio prisa para llegar a la puerta trasera, por donde la presidenta entraría, dejando las preguntas a cargo de producción. Y Emma siguió hacia la sala de maquillaje y se dejó caer en su silla de siempre.

''¿Estás nerviosa?'' preguntó su estilista, una joven llamada Tina Bell, que a desgana de Emma, pasaba demasiado tiempo con ella.

''No te creas,'' contestó Emma, cogiendo un periódico y escondiéndose detrás de sus páginas, rezando para que la chica pillara la indirecta.

''Yo estaría muy nerviosa si fuera a entrevistar a la presidenta,'' continuó Tina mientras peinaba el rubio pelo de Emma. ''Quiero decir, ¿qué vas a preguntarle?''

''Preguntas,'' dijo Emma. ''Aunque no unas muy interesantes,'' añadió malhumorada.

''Le preguntaría sobre el vestido que llevó a su inauguración. Oh, y sobre ese vestido azul que se puso la noche de las elecciones. ¿Te acuerdas?''

Emma no era muy femenina, pero tuvo que admitir que podía acordarse fácilmente del momento en que la nueva elegida Presidenta de los Estados Unidos subía al escenario para dar el discurso de la victoria. No estaba segura de si había sido porque Regina Mills era la primera mujer como presidenta, si porque su victoria significaba que el malvado hombre que había estado al mando del país durante los últimos cuatro años había sido sacado del poder, o por el propio vestido que había llevado esa noche.

''La moda nunca ha sido mi fuerte,'' dijo Emma, mirando por encima del periódico y encontrándose con la mirada de Tina en el espejo.

La joven rubia rió mientras empezaba a hacerle a Emma un complicado recogido en lo alto de la cabeza. Al menos se había callado, concentrándose y preparando a la mujer para lo que sería la entrevista de televisión más vista de toda la historia de Estados Unidos. Emma estaba sentada pacientemente, medio leyendo el periódico y medio pensando en la mujer que pronto iba a conocer. Ella había sido demócrata durante toda su vida y había alabado la campaña de Regina desde el primer día. Y ahora, después de años admirando el trabajo de esa mujer, no sólo iba a conocer a la primera Presidenta de los Estados Unidos, sino que también iba a entrevistarla en directo por televisión. Normalmente Emma no se ponía nerviosa, pero cuando la realidad cayó sobre ella, sintió que su corazón latía un poco más rápido.


Una marea de gente le abría paso al coche presidencial y al resto de coches que le acompañaban hacia el parking trasero de los estudios de televisión. Regina se preguntó cuánto tiempo faltaría hasta que los paparazzis se cansaran de hacer fotos del Mercedes. Esperaba que pronto. Giraron hacia una pequeña puerta y Graham apareció al otro lado de su ventana. ¿Acaso este hombre nunca dormía? Se preguntó Regina para sí misma. La sacaron del coche con rapidez y hacia el edificio, con Zelena pisándole los talones y gente varia siguiéndola detrás. Fueron escoltados hacia un gran camerino donde la propia estilista de Regina ya estaba esperándola. Ya iba bien vestida, pero al ser una entrevista en directo, sabía que el pelo y el maquillaje se lo iban a volver a hacer hasta que estuviera perfecta.

Sentándose en la silla, Regina cerró los ojos y dejó que Belle trabajara con el maquillaje, mientras escuchaba a Zelena hablar sobre la inminente entrevista. Bueno, Regina solo la oía de fondo. Después de todo, la entrevista sólo iba sobre su vida así que difícilmente tenía que prepararse mucho sobre ello.

Un golpe en la puerta interrumpió a Zelena del resumen que le estaba haciendo a Regina sobre qué tenía que decir si le preguntaban dónde le gustaría ir de vacaciones. La pelirroja publicista se acercó a la puerta y la abrió muy poco, lo justo para ver quién se atrevía a molestarles.

''Hola, ¿es usted Zelena West?''

''Sí, ¿y usted es?''

''Ruby Lucas, soy la asistenta de Emma Swan. Me preguntaba si sería posible que Emma se reuniera con la presidenta antes de entrar en directo, lo justo para que se conozcan un poco antes de que las cámaras se enciendan.''

Zelena miró su reloj y luego miró por detrás de su hombro. Hizo contacto visual con Regina en el espejo, pidiendo su permiso silenciosamente. A Regina le gustaba eso de Zelena; a pesar de que era responsabilidad de la británica conseguir que su figura estuviera bien representada, siempre tenía en cuenta la propia opinión de Regina. La morena encogió los hombros y asintió dando el visto bueno.

''Estaremos listas en diez minutos,'' dijo Zelena, volviéndose hacia Ruby. ''Por favor, informe a la señorita Swan de que se dirija aquí, ya que nuestro equipo de seguridad aún está acordonando el edificio y la presidenta no va a moverse a otro sitio que no sea el plató minutos antes de empezar la grabación.''

Ruby asintió y desapareció. Zelena se volvió hacia la mujer, la cual había hecho que su vida girara en torno a ella durante estos últimos tres años, y siguió con sus tareas. Regina cerró los ojos de nuevo mientras Belle se encargaba de peinarla.


''Te verá en,'' dijo Ruby mirando su teléfono, ''ocho minutos.''

''Mierda,'' dijo Emma, mientras se limpiaba las migas de pan de sus labios y dejaba el bocadillo que estaba comiéndose para coger sus apuntes. ''¿La has visto?''

''La coronilla y su reflejo,'' asintió Ruby. ''Es incluso más guapa en persona.''

''¿El espejo cuenta como si la hubieras visto en persona?'' preguntó Emma mientras escaneaba las preguntas definitivas una última vez. ''Y se supone que debes hacer que no me ponga más nerviosa, ¿recuerdas?''

''Pensaba que tú nunca te ponías nerviosa,'' bromeó Ruby.

Emma entrecerró los ojos. ''Es la maldita Presidenta de los Estados Unidos. Por una vez tengo derecho a ponerme nerviosa, ¿vale?''

Ruby levantó las manos a modo de defensa. ''Bueno, pues pongámonos nerviosas y demos un paseo. Están en ese camerino tan moderno que nunca usamos, al fondo del Estudio A. Tengo la sensación de que no deberíamos de llegar tarde al encuentro con la presidenta.''

''Probablemente no,'' afirmó Emma. ''Emm, ¿qué tal mi maquillaje?''

''Tienes mayonesa en el labio pero tu maquillaje está perfecto,'' respondió Ruby, dándole un pañuelo a Emma para que se limpiara la evidencia de su apresurada cena. ''¿Por qué siempre tienes que comer después de que te hayan maquillado?''

Emma se encogió de hombros. ''Tenía hambre,'' dijo, levantándose y sacudiendo las migas del vestido que su estilista le había dado. Si a Emma le interesaba un pepino lo que iba a llevar puesto la presidenta, su propia elección de vestuario le interesaba aún menos. Pero Tina le había dicho que le quedaba bien y Ruby también había afirmado que el vestido le favorecía.

Las dos mujeres caminaban entre los pasillos de los platós. Todo el mundo que pasaba cerca de Emma le deseaba buena suerte. Sonreía y apreciaba el gesto pero con cada segundo que pasaba sus nervios aumentaban. No solía ser una persona nerviosa. Por supuesto que su trabajo consistía en hacer entrevistas en directo con políticos de la alta esfera día sí día también, pero disfrutaba de su trabajo y sabía que era buena haciéndolo. Gran parte del tiempo, eran los políticos los que estaban en el punto de mira, no ella. Pero esta entrevista era diferente. Esta emisión de treinta minutos impulsaría o acabaría con su carrera.

Había tenido el honor de ser elegida para llevar a cabo la entrevista. Tan pronto como su jefe le informó de que se habían puesto en contacto con ellos, no dudó en aprovechar la oportunidad. Había estado ansiosa durante toda la semana, sin acabárselo de creer, hasta que finalmente, después de años de duro trabajo, por fin se la reconocía por su talento como entrevistadora política. Pero ahora, con los segundos pasando y apunto de llegar a la hora de la emisión, se dio cuenta de la gran responsabilidad que tenía encima. No sólo eso, sino que gracias a la publicista de la nueva presidenta, ni siquiera iba a ser una entrevista política. Iba a ser una conversación digna de Ellen o Oprah o incluso otro show. El Show de Swan no se basaba en descubrir más sobre la infancia de los políticos. Se centraba en los hechos actuales y en los apresurados problemas políticos. Una especie de enfado se mezcló con sus nervios al recordar la larga lista de temas que no se podían mencionar.

''¿Emma?''

La voz de su jefe la llamó por detrás y la rubia se giró, Ruby también paró la marcha.

''Hola August. ¿Está todo listo en plató?''

''Todo listo,'' contestó el jefe de la cadena, August Booth.

Los dos se conocían desde hacía años y había sido August quién le había ofrecido a Emma su propio programa después de que su predecesora acabara con su propia reputación ante la ridícula predicción de los votos en Texas. Emma admiraba el trabajo de August como director de la cadena mucho antes de que diera el salto de detrás de las cámaras hacia los escalones de la dirección.

''Nos hemos asegurado un par de minutos con la presidenta antes de la grabación así que tengo un poco de prisa,'' dijo Emma. ''¿Necesitas algo?''

''Acabo de revisar tus tarjetas,'' dijo August. ''Unas preguntas un tanto vacías, sinceramente.''

Emma se enfureció. ''No he tenido elección. Esta publicista es una corta rollos y no voy a sacrificar mi carrera por querer llevarle la contraria. Tú mismo viste la lista de preguntas que eran aceptables. Estoy haciendo todo lo que puedo con lo poco que me han dado.''

''Ni siquiera tienes nada que mencione a su marido. La gente quiere saber cómo será tener un Primer Caballero.''

''Lo sé, lo sé,'' dijo Emma. ''Aparentemente él también es un tema taboo. Sólo Dios sabe por qué no quieren que hablemos de él cuando estos últimos dos años ha estado a su lado en cada conferencia. Este sería un buen momento para demostrar lo buen marido que es y cómo va a gestionar sus funciones dentro de la presidencia.''

''¿Crees que puedes darle la vuelta a la conversación y hablar sobre él?'' preguntó August.

''¿Quieres que me pongan en la lista negra de los corresponsales políticos? Si la cago, la cadena saldrá perdiendo tanto como yo.''

''Bueno, ¿y si lo menciona ella primero? Si ella lo deja caer, le preguntarás algo sobre el Primer Caballero?''

Emma suspiró. ''Por supuesto, August. Pero si soy aniquilada por esa tal Zelena West, Henry y yo nos mudamos a tu casa. ¿Trato hecho?''

''Trato hecho,'' rió August. ''¿Cómo está Henry? ¿Verá el programa de esta noche?''

''Dice que le avergüenza,'' dijo Emma. ''Ningún chico quinceañero quiere ver a su madre en la televisión. No, creo que ha quedado con sus amigos para ir al cine. Lo que sea con tal de esquivar la política porque aparentemente es, y cito textualmente, 'endemoniadamente aburrida'.''

Ruby y August rieron al unísono. Teniendo en cuenta que su madre había seguido la elección y la políticas americanas durante dos años, no era de extrañar que Henry estuviera harto de escuchar hablar sobre ello.

''Emma, tenemos que irnos o llegaremos tarde,'' dijo Ruby.

''Cierto. Te veo dentro de nada, August.''

''Estaré detrás de la cámara 2,'' prometió August. ''Y no destroces tu carrera por mi, pero si ves una salida, ya sabes qué hacer.''

Emma asintió y siguió a Ruby por el pasillo hacia el camerino donde esperaba la presidenta de los Estados Unidos. Incluso si no lo hubiera sabido, la presencia de dos guardaespaldas a cada lado de la puerta lo hacían evidente. Cuando llegaron a la puerta, Ruby miró a Emma para ver si estaba lista. La rubia soltó una bocanada de aire y asintió, irguiéndose mientras los nudillos de Ruby golpeaban la madera.

''Llega tarde,'' dijo Zelena mientras abría la puerta. ''¿Supongo que es usted Emma Swan?''

''Sí, mis disculpas señorita West, justo acababa de concretar unos detalles de última hora con el director de la cadena.''

''Entre,'' dijo Zelena, echándose para atrás. ''¿Confío en que todo esté listo?''

''Está todo listo,'' afirmó Emma mientras entraba en la sala y echaba un vistazo alrededor.

Regina, que había estado sentada leyendo unos informes del despacho sobre los acuerdos militares con Oriente Medio, levantó la vista rápidamente. Apartó los papeles y se puso de pie, extendiendo su mano hacia la rubia que acababa de entrar.

''Emma Swan, un placer conocerla,'' dijo, recibiendo un apretón de manos firme pero ligeramente sudoroso. Regina ya estaba acostumbrada. Conocer a la presidenta hacía que la gente se pusiera nerviosa.

''Es un honor conocerla, presidenta,'' dijo Emma. ''Tengo muchas ganas de hacer la entrevista y estoy agradecida de que su equipo me haya escogido a mí para llevarla a cabo.''

Los años de experiencia eran la única razón por la cual Emma aún era capaz de funcionar como un ser humano normal. Había conocido a cantidad de políticos, sí. Había conocido a mujeres bellas, por supuesto. Pero cuando los ojos de Regina Mills se encontraron con los suyos, juraría que su cerebro había sufrido un cortocircuito. Emma había estado siguiendo la carrera de la demócrata años antes de que lanzara su campaña para la presidencia. Había admirado su trabajo, su política, y después, la propia campaña electoral. Y ahora, en su propio puesto de trabajo, estaba conociendo a la mujer que había hecho historia en América.

''Bueno, estábamos gratamente impresionados con sus programas anteriores y la reputación de su show,'' dijo Regina, ajena al cúmulo de emociones que se juntaban dentro de la cabeza de la otra mujer. ''Por favor pase y tome asiento. Pongámonos más cómodas antes de que las cámaras se enciendan y el mundo entero nos vea.''

Emma hizo lo que le pedía, con los pies que se le iban solos y sentándose en la silla que le había indicado. Cruzó las piernas y puso sus temblorosas manos encima de éstas. Regina le sonrió suavemente.

''Presiento que esta va a ser una gran noche para ambas,'' dijo la presidenta. ''¿Está de acuerdo con los temas de discusión?''

''Oh sí,'' dijo Emma. Ruby, detrás de ella, puso los ojos en blanco.

''Estupendo, bueno creo que entonces será una fantástica entrevista. Una combinación de sus habilidades como presentadora y el hecho de que no he hablado mucho sobre mi vida privada debe de dar contenido suficiente, ¿no cree?''

''Para un programa de entrevistas normal y corriente, pues sí.''

Si Emma hubiera sido un dibujo animado, se habría tapado la boca con la mano. Por el momento, se conformó con abrir los ojos de par en par mientras registraba en su cabeza las palabras que acababa de pronunciar.

Un par de cejas perfectas se elevaron. ''¿Perdone?''