¡OMGAH! No puedo creer que les haya gustado tanto el primer capitulo aunque fue algo corto comparados con los demás que están por venir 7u7)r

¡Gracias a todos por sus Reviews, fav y followers! De verdad me animan a mi y a mi mejor amiga a seguir con estos trabajos, ¡Espero que disfruten de este nuevo capitulo y me dejen su respuesta en forma de Reviews! ¡Disfruten!

Declaimer:

Nota: Miraculous Ladybug no me pertenece al igual que sus personajes.


Capítulo 2

Al siguiente día Adrien realmente se arrepintió de haber bebido tanto, principalmente porque era jueves y tenía que ir a trabajar, si no hubiera sido por que Plagg decidió ser un gato abusador y saltar sobre él no se hubiera levantado para nada al oír la alarma, no con la resaca que tenía; sentía como si le hubieran partido la cabeza por la mitad, y la luz le molestaba de sobremanera, lanzando una punzada de dolor hasta la parte de atrás de su cerebro.

Gruñendo, quito al gato de su estómago y se levantó torpemente, yendo dando tropezones hasta el baño para tomar la ducha más rápida de su vida, quejándose por lo bajo de padres y decisiones inconvenientes. Una vez fuera de la ducha, se cepillo los dientes y peino su cabello en tiempo record, para ir seguidamente a ponerse el traje ejecutivo del día, uno azul marino con corbata roja y camisa blanca, luciendo sus típicos zapatos negros de vestir.

"Supongo que gracias por levantarme, Plagg" murmuro masajeándose las sienes latentes, mientras tomaba un vaso de agua y se tragaba dos pastillas para el dolor de cabeza, mirando a su gato de reojo.

Este solo lo observo por un momento desinteresadamente y luego continúo acicalándose en el mesón de la cocina, no importaba cuantas veces le dijera que se bajara este no le hacía caso. Gato al fin. Con un gemido de queja, tomo su maletín que ni se acordaba haber dejado en la sala la noche anterior y se marchó del apartamento, decidido a pasar por StarBucks por un café moca doble súper cargado con crema, porque de lo contrario no creía sobrevivir el día en el trabajo, no con todas las reuniones que tenía planeada en la agenda.

Y efectivamente Adrien no se equivocó, todo el día fue de una reunión a otra, bebiendo cantidades industriales de cafeína y uno que otro Red Bull, pero bueno nadie le había mandado a acostarse en la madrugada bebiendo alcohol así que lo soporto estoicamente con una que otra mueca de dolor; su día estuvo tan ocupado que a la hora del almuerzo solo pudo detenerse en Chipotle y ordenarse dos burritos con todo, mientras literalmente comía por mordisco entre una cosa y la otra, atendiendo entre eso una llamada internacional con un proveedor y otra de las sedes en Estados Unidos.

Para el momento en que el rubio llego a la casa se había olvidado por completo de que ese día había planeado hablar con Marinette sobre lo que posiblemente le esperaba en una futura reunión con Gabriel Agreste. Estaba demasiado explotado y agotado como para siquiera musitar la energía suficiente para manejar al apartamento de la pelinegra, además de que era ya pasadas ocho de la noche, y ella estaría en su casa durmiendo como el mismo quería hacer. Pero si había aprendido algo en toda su vida cuando se trataba de su padre y este quería algo no esperaba mucho para conseguirlo, así que con toda la energía que pudo le mando un mensaje de texto a la chica de ojos cian pidiéndole reunirse al día siguiente que era viernes.

Después de despojarse de su ropa de trabajo y ponerse una camiseta blanca con pantalones de algodón grises con patitas de gato negras; preparo un ramen de pollo y después de comer simplemente se dejó caer como peso muerto sobre su terriblemente grande y cómoda cama tamaño King. En lo que su cabeza toco la almohada estuvo fuera de combate hasta la mañana siguiente, cuando su alarma sonó para ir a trabajar.

"Diablos" mascullo restregándose el rostro notando que ya tenía el inicio de barba de tres días, y con otro gruñido fue a afeitarse, y casi se corta en el proceso por sobresaltarse al escuchar como algo se rompía en la cocina. "¡Plagg!" grito dejando la afeitadora en el lavamanos y corriendo a la cocina donde encontró un envase roto muy caro que le habían regalado unos compañeros de trabajo cuando se mudó a su apartamento nuevo. "Gato malo" lo regaño frunciendo el ceño, aunque el objeto en si era feísimo igual era un regalo y no lo había podido echar a la basura por eso mismo.

Plagg solo miro el objeto roto y luego al rubio, con una clara expresión de orgullo, porque no por primera vez había intentado tirar ese jarrón, pero siempre era atrapado antes de hacer su cometido, sin embargo, esa vez este lo había logrado al fin. Luego con un maullido de suficiencia, el gato negro de ojos verdes se bajó de la encimera y con la cola en alto salió de la cocina caminando con su típica arrogancia.

Luego de recoger el desastre de la cocina, se terminó de arreglar, tomando su maletín y teléfono móvil se dirigió al trabajo no sin antes fulminar al gato con la mirada mientras este parecía reírse de el con sus brillantes ojos verdes desde el sofá de cuero negro.

"No rompas nada más, o finalmente te llevare al veterinario para castrarte" le advirtió el rubio fulminándolo con la mirada de regreso, y aunque muchos dijeran que los animales no entendían, estaba seguro de a ver visto un brillo de ofensa y miedo en su felino rostro. "Estas advertido" lo señalo con el dedo antes de cerrar la puerta y finalmente marcharse al trabajo.

Sentado tras el volante de su auto, este tomo un profundo respiro, esperando que ese día no fuera tan horrible como el anterior. Si tan solo hubiera sabido lo que le esperaba se hubiera preparado mucho mejor.

*x**x*

Marinette se levantó el viernes con los nervios disparados, empezando por que su alarma se quedó sin batería y su teléfono móvil había estado en vibrar, fue una suerte que su vejiga hubiera decidido que necesitaba una ida al escusado de lo contrario hubiera llegado tardísimo; así mismo ese día no auguraba nada bueno. Casi se sentía en segundaria de nuevo, excepto por el hecho de que su madre no estaba ahí para levantarla. Con un grito que estaba segura había levantado a los muertos de ser posible; se aventó de la cama luego de ver la hora al acostarse nuevamente cuando regresaba del baño tropezando con todo en su camino a ducharse y vestirse a millón.

Tomando lo primero que encontró en su gaveta, que fue un vestido que ella misma diseño de corte en A cinco centímetros arriba de la rodilla de manga largas con cuello en U de color durazno, bajo este se puso una medias pantis color piel, y unos botines marrones de poco tacón; su cabello que seguía del mismo largo que en segundaria lo recogió en una trenza de medio lado, y aplico solo un toque de maquillaje para ocultar las ojeras bajo sus ojos, y bálsamo de labio con un poco de tintura para darle color a sus pálidos labios.

Una vez lista, agarro su cartera marrón, y un abrigo blanco inmaculado y con un beso a su gatita, Tikki, salió corriendo del apartamento, y por las escaleras, ya que como era un edificio algo viejo no tenía elevador; al ver la hora en su reloj del móvil chillo espantada, ya que no le daría tiempo de llegar ni en bus ni en el metro, así que con un suspiro decidió tomar un taxi, era lo único que podía salvarla de llegar terriblemente tarde.

Veinte minutos después, una Marinette se bajó del taxi frente al edificio Agreste, prácticamente corriendo a los elevadores, lanzando un 'buenos días' apresurado por sobre su hombro a todos los que se encontraban en el lobby de la empresa; por lo menos, pensó ella, solo estaba tarde por cinco minutos y no más.

"¡Vanessa! ¡Siento llegar tarde pero mi alarma no sonó!" exclamo la joven franco-china atravesando la puerta de la estancia de diseño con las mejillas encendidas, dejando sus pertenencias tiradas en una de las sillas cercanas a la puerta, y seguidamente yendo directo al maniquí donde se encontraba otro proyecto a medio camino que iba a ir en la siguiente colección de primavera de ese año.

"Mari, tranquilízate" dijo divertida la pelirroja de ojos grises, sonriendo a su compañera de trabajo.

Ambas eran las diseñadoras principales para el proyecto de la colección de primavera, por lo que el trabajo se dividía entre las dos para sacar los primeros diseños, una vez que estos eran aprobados por su jefe, en ese caso por Gabriel Agreste, estos eran enviados a producción donde se iba a reproducir para llevar a las tiendas luego del desfile donde se iban a presentar.

Y en unos días sería la última revisión de los trajes originales, solo faltaba la última aprobación con las nuevas mejoras que le habían aplicado a las prendas y todo estaría listo para el show que sería en dos semanas. Y aunque ya lo tenían todo casi por completo listo, uno que otros detalles faltaban por culminar y eso tenía a la pelinegra de los nervios.

Quería todo perfecto.

Ambas jóvenes trabajaron sin reparo por horas, arreglando y colocando detalles en las ultimas prendas que lo necesitaban, con poca pero amena conversación, tanto así que a la chica de ojos azul cian se le olvido por completo la reunión que tenía con el famoso diseñador dueño de la marca para la que trabajaban… eso es, hasta que Vanessa la saco de su 'modo trabajo', como solía llamarlo sus padres.

"Mari, ya son las doce, iré a tomar mi descanso" comento la pelirroja, observando el reloj en la pared, seguidamente reunió sus cosas, mientras hablaba. "Mi novio me espera para almorzar, así que te veré luego" y con una sonrisa emocionada en su bonito rostro la joven de ojos grises se marchó sin darse cuenta de que había dejado a su compañera algo conmocionada.

Lentamente la pelinegra giro su rostro hasta dar con el reloj, viendo que efectivamente eran las doce con cinco de la tarde, y nuevamente la tensión y los nudos de nervios se instalaron en la boca de su estómago. Con dedos temblorosos dejo los utensilios en su lugar y tomo su bolso con la intensión de ir a comprar algo de comer, pero una vez en KFC, se dio cuenta de que estaba demasiado nerviosa para pasar algo por su garganta así que envolvió sus dos quesadillas y las pidió para llevar, devolviéndose por el mismo camino que tomo para la empresa.

En su área de trabajo la chica no pudo hacer otra cosa que caminar de un lado al otro, temblando de pies a cabeza, jugando con sus manos mientras daba rienda suelta a su loca imaginación, donde los escenarios que aparecían eran uno más horrible que el otro; empezando por que los diseños había que rehacerlos por cualquier razón, a despido total. Y para el momento que hubo un toque en la puerta, la chica ya estaba tan paranoica y estresada que salto casi un metro en el aire ante el sonido.

Quien entro en la estancia no fue otra que Nathalie Sancoeur, quien portaba un semblante neutro en su blanco rostro. Con algo de pánico, la más joven giro a ver el reloj casi dándose tortícolis del brusco movimiento, y en efecto el objeto marcaba las doce y media de la tarde, hora de enfrentar el misterio que la había mantenido en vela por casi cuarenta y ocho horas. Con una profunda respiración, tomo sus cosas, y siguió a la asistente privada de su jefe quien la guio al auto, donde el que había sido guardaespaldas de él joven de ojos esmeralda estaba, apodado cariñosamente 'Gorila', y seguidamente los tres se encaminaron a la Mansión Agreste.

Para el momento en que el auto se detuvo dentro de las paredes de la propiedad ya la franco-china estaba sudando frio y temblando de pies a cabeza como una hoja en el viento de otoño; con pasos temblorosos se encontró siguiendo no por primera vez a la mujer mayor por los corredores de aquella casa tan inmensa. Era tal cual ella la recordaba de las contadas veces que tuvo el privilegio de asistir con el rubio por algún proyecto escolar. De mármol, con decoración mayormente en blanco y negro e increíblemente vacía… nada que ver con su pequeño y cálido hogar en la panadería de sus padres.

Al detenerse frente a la puerta, ella tuvo más la impresión de estar frente a la entrada del inframundo que a un simple estudio.

"Está esperando dentro" fue lo único que dijo Nathalie, aunque esta por un segundo pareció querer decir algo, pero a último minuto se contuvo, y tomo su Tablet, dejándole claro que de ahí en más ella no iba a seguir.

Con una tremenda respiración para darse valor, extendió su mano algo sudada y temblorosa sobre el picaporte y con una última plegaria para que todo fuera sobre ruedas en esa reunión, empujo la puerta y cerro a sus espaldas. Y así nada más, se encontró dentro de aquella gran habitación, que se parecía mucho a la de la empresa, dos sillones con una pequeña mesa en frete entre los dos, y más allá dos sillas posicionadas frente a un inmenso escritorio de madera, con multitud de papeles en este; y finalmente, ahí, tras el escritorio en un impresionante sillón de piel orejero de respaldar alto, estaba sentado como el rey de su morada, Gabriel Agreste.

Cabellos rubios pálidos peinados a la perfección, postura recta y firme, y unos ojos azul oscuro que la observaban tras unos lentes de montura negra con indiferencia y algo de frialdad, aunque si lo noto algo diferente, como si estuviera cansado o no hubiera dormido mucho, el hombre seguía siendo igual de intimidante que cuando lo conoció por primera vez, hacia unos años atrás.

"Srta. Dupain" la recibió con una inclinación de cabeza apenas perceptible.

"Sr. Agreste" fue lo único que su boca pudo producir, pero estuvo algo orgullosa de que no le temblara.

"Tome asiento, por favor" Gabriel indico uno de los sillones frente su imponente escritorio, y una vez que la joven estuvo adecuadamente sentada, el continuo. "¿Tiene alguna idea de porque ha sido llamada aquí?" inquirió con su gélida mirada sobre la obviamente incomoda y nerviosa chica.

"No, señor, no la tengo" su respuesta fue concisa y directa, con su jefe no se podía andar por las ramas, el pedía no solo respeto sino además eficiencia en sus empleados.

"Dígame Srta. Dupain… ¿Usted lee la prensa?"

Ante esa pregunta, Marinette parpadeo algo confundida, pensaba que lo que fuera a inquirir tenía relación con la nueva colección o con su desempeño en el trabajo, pero algo tan trivial… sinceramente, no.

"Eh… estoy al día con las noticias del mundo de la moda, si es a eso a lo que se refiere, señor" respondió frunciendo el ceño, tratando de ver a que iba todo eso, pero hasta ese momento nada tenía sentido.

"Déjeme plantearlo de otra forma… ¿Está al tanto de la vida sentimental de mi hijo?" dijo el con algo de brusquedad, impacientándose ligeramente.

Marinette se congelo por un momento, su mente se puso en blanco por unos minutos, tratando de descifrar que tenía eso que ver con ella. Al no encontrar respuesta alguna, lo primero que se le paso por la cabeza referente a la pregunta realizada fue lo que salió de sus labios.

"Adrien no ha tenido ningún escándalo amoroso del que yo esté enterada" lo dijo con franqueza, y sin rodeos, comenzando a fruncir el ceño cada vez más seguido.

"Pero está al tanto de que ha estado por el pasado año viéndose con varias mujeres distintas" Gabriel no se perdió el casi imperceptible vistazo de dolor que paso por los grandes ojos azul cian de la chica, evidenciando no por primera vez lo que esta sentía por el ciego de su primogénito.

"Si, eso es correcto, pero hasta donde yo sé ninguno ha afectado negativamente a la imagen de la empresa" ahora su tono de voz se había tornado defensivo, después de todo de quien hablaban era de uno de sus mejores amigos, y ella protegía a los suyos.

Gabriel tuvo que contener la media sonrisa socarrona que quería curvar sus labios, la podre no sabía en que se había metido, pero era mejor ir al grano de la situación porque no sabía cuánto tiempo más tenía antes de que el tonto de su hijo llegara a interrumpir la reunión. Debía mover sus piezas con cuidado, pero rapidez para lograr su cometido.

"No, eso es correcto, a pesar de todo Adrien ha tenido en cuenta su imagen y la del nombre de la familia junto con la empresa, mientras cumplía con la tarea que le encomendé" asintió el, ladeando la cabeza ligeramente mientras sus ojos azules la observaban como un ave rapaz observaba a su presa antes de lanzarse a cazar. "Desafortunadamente, el no pudo cumplir con esta en el tiempo establecido"

Marinette se enderezo casi imperceptiblemente en el sillón, mirando con atención y bastante confusión al hombre mayor; su cerebro volaba a toda velocidad por toda la conversación que habían tenido hasta ese momento, pero por más que la analizaba no encontraba el momento en que se perdió en esta, porque claramente no estaba entendiendo algo aquí.

"Pero estoy seguro que tú, mi querida, puedes ayudar a solventar la situación sin problemas" continúo entrelazando sus dedos y apoyando sus codos sobre el escritorio, su vista fija en ella. Viendo su cerebro maquinar todo, pero solo conseguir confusión como respuesta.

"Me… me temo que no lo sigo" dijo con cuidado la chica, sus manos jugaban nerviosamente con el asa de su cartera, claro signo de su agitación.

"Hace aproximadamente un año atrás le di la tarea a Adrien de conseguir una muchacha que él considerara adecuada y apta para convertirse en su esposa" informo con bastante claridad, su vista fija en la expresión de shock e incredulidad en el joven rostro de su mejor diseñadora. Pero él no le dio tiempo a decir nada, continuando. "Si en ese plazo de tiempo acordado él no encontraba a nadie para presentarme, yo me encargaría de asignarle una yo mismo"

"¿Q-Que?" balbuceo la pelinegra totalmente desubicada en toda la conversación, y bastante molesta con la información; nadie debería de prácticamente ordenarle a alguien más que se casara, y mucho menos hacerlo de esa manera.

"Y al parecer, el no logro encontrar a ninguna que pudiera presentarme en el tiempo asignado, por lo que me tome la molestia de buscar a una candidata de mi elección" siguió el impotente hombre, sin darle importancia a sus balbuceos.

"¿Q-Que opina Adrien de e-esto?" farfullo sintiendo sus mejillas volverse coloradas, pero del enojo, como era posible que un padre le hiciera semejante cosa a su propio hijo, ella nunca lo sabría.

"El obviamente accedió al trato cuando se propuso, querida" su tono volvía a ser impaciente, claramente él estaba llegando a la razón por la que la había citado allí.

"No pienso ayudarle a buscar candidatas para su propósito, Sr. Agreste" negó rotundamente la pelinegra, sus ojos azules cian estaban encendido en indignación y ofensa por el rubio. "Me disculpara por la insolencia, pero cuando se trata de la felicidad de alguien que me importa, me temo que no puedo ayudarle, aun mas sabiendo que lo más probable es que Adrien no quiera nada que ver con este supuesto arreglo" ya ella estaba por levantarse y marcharse, incluso si eso significaba ser despedida por reusarse a una orden de su jefe, pero si cedía a el pedido jamás podría ver al rubio a la cara.

Sin embargo, no llego ni a pararse porque las siguientes palabras del hombre mayor la dejaron helada en el sitio.

"No necesito de su ayuda para buscar candidata, Srta. Dupain, porque ya la encontré" le informo, mirándola con un brillo indescifrable en sus ojos azul oscuro, antes de añadir. "Y la tengo sentada justo frente a mi"

*x**x*

Adrien suspiro una vez el último miembro de la reunión salió por la puerta del cuarto de conferencias.

Masajeo su entrecejo tratando de aliviar el incipiente dolor de cabeza que comenzaba a formarse, el estrés de las últimas veinticuatro otras, no, el estrés de aproximadamente un año comenzaba a hacerse visible en él y no lo estaba disfrutando para nada. Con un suspiro, tomo su teléfono móvil para por fin poder chequear sus mensaje y correos electrónicos, ya que desde que puso un pie en la empresa no había tenido tiempo de siquiera tocarlo, yendo de un lado para otro resolviendo algunos problemas.

Estaba bajando en la lista de algunos mensajes sin leer cuando vio que Marinette le había respondido, pero cuando leyó la respuesta se puso tenso al instante, levantándose de su asiento con prisa, salió de allí con rumbo a el piso donde se hacían las confecciones y diseños en el edificio, rezando para que aun estuviera a tiempo de interceptar a la joven pelinegra, sin embargo, cuando iba a mitad de camino, su teléfono móvil vibro indicándole que un nuevo mensaje había llegado.

Y al ver el remitente y lo que decía, detuvo su paso con brusquedad, quedándose congelado por unos minutos mirando a la pantalla del móvil como idiota. Allí, claramente Nathalie le informaba que su padre estaba por iniciar una reunión con Marinette en la mansión Agreste, y que si quería estar presente debía apurarse.

Con eso dio la vuelta y cambio de rumbo, dirigiéndose a la salida a grandes zancadas y con un semblante que dejo a más de uno de los empleados preguntándose a quien despedirían pronto, y quien había sido lo suficientemente imbécil para hacer enfadar al heredero Agreste; cuando estuvo sentado en su auto, no dudo en ir al lugar de la reunión, con los nudillos blancos de la presión que ejercía sobre el volante y los labios presionados en una línea fina. Su progenitor siempre hacia ese tipo de cosas, no sabía por qué le sorprendía a esas alturas sus acciones, pero demonios, no dejaría que manipulara a su amiga para su ganancia… ya podía empezar a darle gracias a Nathalie por avisarle con suficiente tiempo, porque estaba seguro de que su padre había dejado dicho a su asistente personal de avisarle cuando ya estuvieran a mitad de reunión, es algo que era típico de él.

Pero, aunque ella era fiel y seguía las órdenes del Agreste mayor, cuando de verdad importaba, cuando lo concernía a él, Adrien Agreste, Nathalie tendía a desviarse un poco de las normas de su empleador, como la vez que intervino en su nombre para que pudiera asistir a clases como cualquier adolecente normal… realmente tenía que buscar la manera de agradecerle a esa mujer, si había alguien que lo merecía, esa era ella, pensó el rubio de ojos verdes, estacionándose sin mucho cuidado dentro de la residencia.

En menos de cinco minutos estaba caminando a grandes zancadas por el pasillo que llevaba a la oficina de Gabriel Agreste, y efectivamente frente a la puerta se encontraba la asistente privada.

"Cuanto tiempo llevan dentro" demando con algo de brusquedad, si su mirada era algo de lo que atenerse, entonces su jefe estaba a punto de recibir una buena bronca, pensó Nathalie con algo de satisfacción; ya era hora de que alguien le parara los pies a aquel hombre.

"Diez, quince minutos como mucho" informo la mujer, chequeando su reloj; le había enviado el mensaje al rubio menor cuando iban en camino a la mansión con la joven chica a sabiendas de que su jefe no pensaba informarle aquello sino hasta que ya fuera muy tarde para revertir la influencia que este ejerciera sobre la chica.

"Gracias, Nathalie" dijo con un tono más amable, antes de entrar sin molestarse en llamar a la puerta.

Sus ojos verde esmeralda inmediatamente tomaron nota de la situación dentro del cuarto, la expresión de shock y palidez del rostro de su amiga, quien se encontraba sentada frente al que era su jefe, tiesa como un poste como si un rayo la hubiera alcanzado y no pudiera moverse; y por otro lado, estaba su padre, con su usual inexpresivo rostro pero que tenía el brillo de satisfacción en sus ojos azules, aunque un débil rastro de sorpresa aún se distinguía en sus duras facciones que solo un ojo experto que hubiera crecido con el hombre podía apreciar.

"Padre" prácticamente escupió la palabra con muchos sentimientos encontrados recorriendo su ser mientras lo fulminándolo con la mirada, antes de detenerse en cuatro zancadas al lado de la joven de cabellos oscuros. "Marinette" murmuro con más suavidad, presenciando con mejor claridad sus dulces facciones reflejar un tumulto de emociones que él no podía ponerle nombre, salvo pánico, esa estaba escrita por todo su rostro. Con más rabia todavía, se giró hacia su progenitor que para ese momento ya había recuperado su habitual inexpresividad.

"¿Qué hiciste?" reclamo con los dientes apretados de furia, y si las miradas mataran, ya el hombre mayor estuviera bajo tierra hacía mucho tiempo. Al no recibir respuesta, volvió a preguntar, esta vez aún más molesto. "¿Qué diablos fue lo que hiciste?"

"Simplemente le informe de los acontecimientos sucedidos hasta ahora, y del papel que jugara de ahora en adelante" le informo calmadamente, sin siquiera inmutarse por el tono de su voz.

"A-Adrien" llamo la suave y algo temblorosa voz de Marinette, sus grandes ojos azules observándolo como si solo ahora se hubiera percatado de su llegada. Su mano había tomado una de las mangas de su abrigo negro, y a través de su toque percibió el temblor de sus dedos.

"Padre unos minutos, ¿Por favor?" dijo tratando de controlar su tono por el simple hecho de no querer asustar más a la obviamente estresada joven, su mirada fija y letal en su progenitor. Ambos sabían que no era una pregunta, era más una demanda.

Con calma y pose Gabriel se levantó de su asiento, grácilmente.

"Claro, por supuesto" asintió, caminando hacia la puerta de salida. "Los dejare a solas para que discutan la situación" y con eso último se marchó cerrando la puerta con suavidad.

Pasaron unos minutos en silencio, el mayormente queriendo asegurarse de oír los pasos de su padre alejándose del estudio, ella porque no sabía que decir luego de aquella revelación que explicaba porque las súbitas citas, que anteriormente él no se había molestado en hacer. Ahora todo tenía sentido, y, sin embargo, nada tenía sentido al mismo tiempo.

Lo siguiente que supo Marinette fue que Adrien paso de estar parado a su lado a arrodillarse frente a ella, sus increíbles ojos verde esmeralda fijos en los suyos azul cian; sus cálidas manos masculinas envolviendo las suyas más pequeñas, mientras este la miraba con seriedad y preocupación.

"Mari" dijo con suavidad, haciendo una pausa antes de continuar. "Primero que nada, quiero aclarar que no estas bajo ninguna obligación de acceder a nada de lo que mi padre haya dicho" le informo apretándole un poco las manos, tratando de darle seguridad. "Yo apoyare cualquier decisión que tomes, sea la que sea"

"¿E-es verdad l-lo que me dijo t-tu padre?" pregunto ella en un hilo de voz, la tartamudez había vuelto con venganza parecía; su expresión tornándose a pura preocupación, mientras ella se mordía el labio inferior algo sobrecogida por la situación en la que súbitamente en encontraba. "S-sobre conseguir e-esposa en u-un año y-y" aquí hizo una pausa para poder tomar aliento. "Y a-ahora c-casarte con la e-elegida por tu p-padre"

Adrien reprimió las ganas de ir a partirle la cara a su progenitor; la joven había regresado a su antigua timidez, donde casi no podía ni formar una oración a su alrededor. Sus pequeñas manos tenían las suyas en un fuerte apretón mientras sus inocentes ojos lo miraban con algo de aprehensión y nervios.

"Si" suspiro desganadamente, apretando los labios con fuerza formando una fina línea. "Eso, en efecto es verdad"

"¿Pero por qué?" exclamo la pelinegra ultrajada por un momento por su amigo, del joven hombre por el cual tenían unos sentimientos unilaterales. Alguien que no se merecía estar en una situación así. "¡Él no puede obligarte a casarte contra tu voluntad! ¡No entiendo nada!" gruño con frustración. "¿Porque está haciendo esto?"

Con un suspiro el rubio se levantó del suelo, caminando hasta posarse viendo fuera de los ventanales del estudio, un sabor amargo llenaba su boca; paso sus manos por sus cabellos dorados, evidenciando la frustración que sentía en ese momento, pero incluso así no pudo permanecer por mucho más tiempo quieto allí, y comenzó a caminar con enérgicas y grandes zancadas por el lugar.

"Es por su salud" mascullo a la final el joven hombre, sintiendo el peso de la responsabilidad posarse sobre sus hombros. "Hace un tiempo que empezó a sentirse mal, pero el muy orgulloso y testarudo hombre no hizo caso y sin previo aviso, un día, colapso aquí en la casa" tomo aire, recordando cómo se había enterado, ya cuando este estaba de regreso del hospital. "Al parecer el doctor le dio un diagnostico no muy esperanzador, y puede que si no se anda con cuidado terminar haciendo un viaje nuevamente al hospital… pero esta vez permanentemente" al decir eso se dejó caer sobre la silla que estaba al lado de la ella, enterrando su rostro en sus manos. "No me ha querido decir con exactitud que tiene, pero sí sé que es grave"

"Oh, Adrien" murmuro la joven, impactada nuevamente por otra noticia en el mismo día. Ahora la apariencia cansada que había percibido al llegar tenía sentido.

"Para su paz mental mi padre quiere verme sentar cabeza y por lo menos tener asegurada la sucesión y consecuente nombre de la familia Agreste y la empresa" suspiro el rubio, descubriendo su rostro, y mirando fijamente a la nada, sintiendo como su corazón dio un doloroso apretón al pensar en perder a su padre.

Por más que el hombre lo hubiera ignorado desde que su madre muriera, y lo hiciera pasar por un infierno con todas sus decisiones, aun lo amaba, era su única familia, la única que le quedaba viva.

"Y la única forma de lograr eso es casándome" con eso la miro con un nuevo fuego en sus ojos verdes esmeralda. "Pero eso no quiere decir que marche a su orden y llamada"

"¿Qué quieres decir con eso?" interrogo confusa, arrugando su entrecejo.

"¿Él quiere que me case? Bien lo hare, pero será bajo mis reglas y no las de el" gruño girando la silla que estaba usando para enfrentarla, al mismo tiempo que movía la de la chica para que ambos estuvieran sentados frente a frente, tomándola por sorpresa. "Primero que nada, quiero reiterar que no estas obligada a nada, Marinette, y que puedes salir caminando de esta casa sin temor a ser despedida, de eso me asegurare yo, ¿Bien?" una vez que la vio asentir con los ojos abiertos como platos, continúo tomando una profunda respiración. "Imagino que te dijo que tú eres su elegida, ¿No es así?"

Ante esto Marinette no pudo evitar sonrojarse de pies a cabeza, mordiendo su labio en acto reflejo; no pensaba que fueran a tocar ese tema tan pronto, pero suponía que no podía atrasarse por más tiempo.

"Si, el… erm… lo menciono poco antes de que tu entraras" susurro quedito, bajando la mirada algo avergonzada y apenada por la intensidad de su mirada sobre ella.

"Bien" asintió el, tomando sus manos una vez más con bastante suavidad, no quería asustarla y que huyera, después de todo la joven seguía siendo su amiga, y no quería alienar eso. Aunque muy bien con lo que iba a proponerle podría acabar con ello. "Marinette, en el caso de que por la bondad de tu corazón decidas aceptar entrar en este embrollo de familia, quiero que sepas que no será con los términos de mi senil padre" ante su inquisitiva mirada azulada, él sonrió ligeramente. "Él quiere un matrimonio de cara al público, que solo sirva para producir un heredero y mantener un frente positivo de cara a la prensa" al ver la expresión de sorpresa y rechazo en su bonito rostro le confirmo que ella pensaba lo mismo que el sobre ese tipo de acuerdo. "Su visión es que una vez haya uno o más herederos, el matrimonio se disuelva calladamente, y la mujer se vaya por su cuenta dejando a los niños a nuestro cargo"

"¡Eso es horrible!" exclamo Marinette sin poder contenerse, realmente horrorizada e indignada por lo que el rubio estaba describiendo. "No imagino a ninguna mujer decente dejando a sus hijos así nada más, y marcharse sin siquiera mirar atrás" negó repetidamente con la cabeza. "Yo jamás podría hacerlo"

Adrien sonrió ante lo dicho por la azabache, sintiendo su corazón latir de emoción y esperanza de que la proposición si aceptada, fuera a tener éxito; aun había esperanza. Pero primero tenía que saber si ella estaba dispuesta a ceder.

"Desafortunadamente, hay muchas mujeres en las altas esferas que por una suma de dinero y algo de fama lo harían, eso y mucho más" dijo con disgusto en su voz, sus ojos verdes esmeralda tenían un brillo de furia en ellos, que ella claramente noto. "Lo que me lleva a lo que espero de esta proposición si llegas a aceptar" eso capto su atención, ya que sus bonitos ojos se abrieron como sauces.

"¿Q-que sería eso?" pregunto con algo de duda y timidez, cuestionándose si realmente quería saber más de aquel embrollo; pero su traicionero corazón latía apresurado en su pecho, cantando con esperanza de que de alguna manera sus plegarias fueran contestadas.

"No deseo una unión vacía y clínica" informo con convicción en su voz y expresión, sus verdes ojos fijos en los azules cian de la joven mujer, tomando cada mueca y emoción que cruzaba su bonito rostro en consideración. "Quiero un matrimonio en regla, Marinette… quiero todo lo que implica estar casado, las peleas y discusiones, los momentos felices y llenos de emociones; quiero llegar a casa, no a una vacía y fría, sino a una llena de calidez y armonía" hizo una pausa para tomar aire, nunca le había revelado a nadie lo que deseaba si alguna vez encontraba a la persona indicada, pero si quería que eso funcionara tenía que ser totalmente honesto con ella. "Quiero todo el paquete entero, no solo un contrato de nombre… supongo que lo que trato de decir es, que quiero que esto sea real, no una farsa que nos veamos obligados a presentar al mundo"

Marinette contuvo su respiración ante las palabras del hombre frente a sí; con cada silaba que escapaba de aquellos labios sensuales, la hechizaba un poco más, y por un momento tuvo que preguntarse si estaba teniendo un sueño, porque obviamente eso no podía estarle pasando a ella. Pero la calidez de sus manos sobre las suyas le recordó que aquello, en verdad sí que estaba sucediendo.

"Si aceptas, no será una mentira fabricada por mi padre… será real y en toda regla" tomo una honda respiración para poder continuar, los nervios le recorrían entero, pero quería que ella supiera a lo que se atenía si decidía aceptar, por más escasa que fuera la posibilidad. Él no iba a engañarla. "Pondré todo de mi parte para hacerte feliz, para ser un buen esposo, porque en lo que a mi concierne, en el momento que firme el acta de matrimonio, no habrá vuelta a tras" la seriedad y la convicción de su rostro pareció llegar hasta ella, que lo miraba con una expresión de sorpresa con las mejillas sonrosadas y labios rosados entreabiertos. "Estaremos tan casados como todas las demás personas" finalizo con su discurso.

Marinette no sabía que decir ante todo aquello que él le había dicho, solo pudo quedarse observándolo con la boca abierta como un pez fuera del agua y con la mente en blanco; realmente Adrien Agreste, su crush, el hombre por el que tenía sentimientos le estaba diciendo, pidiendo, que, si aceptaba aquella locura de trato, ellos se casarían en serio. Su sueño de la segundaria se estaba haciendo realidad, solo que con un giro inesperado.

Cuando ella se había imaginado que ellos terminarían juntos, ciertamente no pensó que fuera a causa de algo que su padre le hubiera impuesto al rubio.

"P-pero Adrien" susurro la pelinegra, mirándolo con algo de tristeza. "¿Es esto realmente lo que quieres? ¿Es algo que deseas hacer?"

El hombre rubio suspiro un poco antes de responder. La siempre dulce Marinette pensando primero en los demás antes que ella misma, esa era una cualidad que admiraba mucho de ella, aunque en ese momento no sabía si era conveniente o no.

"De una u otra manera, creo que yo hubiera acabo casándome en el futuro" asintió lentamente. "Es algo que siempre he deseado, lo que no estaba en mis planes era hacerlo tan pronto, pero eso no se puede arreglar" se encogió de hombros algo despreocupadamente.

"Y-Yo" ella trago antes de continuar, mirando sus manos entrelazadas. "¿T-te molestaría si tomo un tiempo para pensarlo?" pregunto tímidamente, mirándolo por debajo de sus oscuras pestañas, su voz apenas un hilo.

"El simple hecho de que me pidas tiempo para considerarlo ya es más de lo que yo pudiera pedir, Marinette" dijo Adrien sonriéndole ligeramente, entendiendo que todo aquello era demasiado para ella procesar en unos minutos. "Toma el tiempo que necesites, y si a la final si no quieres nada que ver con esto, no tienes que preocuparte porque no se tomara ninguna represaría contra ti… no importa que diga mi padre" le aseguro, apretando sus manos transmitiéndole seguridad. "Eres mi amiga y alguien a quien aprecio mucho, y sobre todo tu felicidad importa mucho para mi"

"Gracias, Adrien" dijo algo más calmada, pero con los sentimientos y pensamientos revolucionados al mismo tiempo. Sentía que si no salía de allí perdería los estribos, riendo como desquiciada. "Mejor me retiro… por favor dile a tu padre que no regresare al trabajo hoy… no creo que pueda concentrarme con… bueno esto entre manos" sus dedos jugaron nerviosamente con su cartera, finalmente levantándose del sillón con piernas igual de temblorosas que cuando llego a ese lugar.

"¿Quieres que te lleve a tu casa?" inquirió el joven hombre caminando con ella hasta la salida, dando gracias de que ni Nathalie ni su padre estuvieran por los alrededores cuando salieron.

"No, no… yo creo que una caminada al aire libre me hará bien" negó sonriendo con tanta calma como pudo, pero estaba segura de que la mueca no engaño a nadie. "En todo caso, pasare por la panadería de mis padres a saludar… hasta pronto" y con eso se dio la vuelta y se marchó, no fue sino hasta unas cuadras lejos de ese lugar que todo lo pasado realmente le hizo impacto. "¡Oh, Dios! ¡Oh, Jesús, María y José!"

Con dedos de mantequilla rebusco en su cartera hasta dar con su teléfono móvil, y sin más marco el número de su mejor amiga. Desgraciadamente, este le salió directo a correo de voz; soltando una maldición en voz alta, sus temblorosas manos buscaron a la siguiente persona en su lista que podría darle consejo y ayudarla a tranquilizarse.

Contuvo la respiración con el aparato pegado a su oreja, escuchando los tonos hasta que, finalmente tuvo suerte.

"Dupain-Cheng" comento una voz femenina, algo distraída.

"¡Chloe!" prácticamente grito la pelinegra, caminando en círculos en el parque frente a su antigua segundaria, mordiendo sus labios sin compasión de los nervios.

"¿Marinette que te pasa? ¡Casi me dejas sorda!" se quejó la rubia al otro lado de la línea.

"Chloe, ¡Oh dios mío!" la de ojos cian no sabía qué hacer, por lo que termino balbuceando en medio de su tartamudeo lo que había pasado hacia unos minutos. Y hubiera seguido así por un rato más si no fuera porque la rubia la interrumpió con algo de rudeza.

"Sera mejor que te calles, y tomes un taxi a mi casa ya mismo" le informo con impaciencia, porque estaba segura que de entre toda la sarta de tonterías que la pelinegra había dicho, las palabras que más había entendido eran, 'Adrien', 'Gabriel' y 'Casamiento' y aquello ciertamente había picado su curiosidad.

"Si, eso hare. Claro" la joven diseñadora siguió diciendo tonterías apreciadas, hasta que su amiga se hartó nuevamente.

"¡Ahora mismo Marientte!" grito exasperada para consiguientemente corta la comunicación sin siquiera un adiós, pero de nuevo esa era Chloe Bourgeois.

Y en menos de veinte minutos, Marinette se estaba bajando frente a uno de los más modernos y caros complejos de edificios en una zona cara de Paris. Paso por recepción sin problemas porque no era la primera vez que iba a visitar a la rubia, y ya los empleados la reconocían. Y en lo que menos se dio cuenta, estaba sentada en el lujoso apartamento de Chloe, sosteniendo una taza de té caliente de Rosa de Jamaica y contándole a su amiga todo desde el principio de la reunión.

"¿Así que lo que me estás diciendo es que Adrien Agreste, el hombre de tus sueños prácticamente te pidió matrimonio ¿Y tú pediste tiempo para pensarlo un poco?" pregunto con incredulidad la joven de largos cabellos rubios, mirando a la otra muchacha con ojos azul cobalto entornados y los brazos cruzados en su pecho. "Marinette Dupain-Cheng… ¿Eres estúpida o te la das?" le reclamo fulminándola con la mirada.

"¿Qué? ¿Es que no escuchaste lo que acabo de decirte?" exclamo algo molesta la pelinegra, dejando la taza sobre la mesita de cristal que estaba segura costaba más que su renta al mes. "¡Su padre prácticamente lo está forzando a casarse contra su voluntad!" levantándose con brusquedad comenzó a pasearse por la gran sala, frente a la irritada rubia.

"Lo que escuche es que Adrikins está más que dispuesto casarse contigo, y quiero decir realmente hacerlo funcionar" aquí hizo una pausa y entrecerró los ojos cobalto hacia la otra chica. "¿Sabes lo escasos que son ese tipo de matrimonios en la alta sociedad?" la rubia suspiro masajeando sus sienes con algo de cansancio.

"Si, bueno-" comenzó a decir la pelinegra, pero fue rudamente interrumpida por su amiga.

"No" negó exasperada, fulminándola nuevamente no por primera vez. "Se te ha presentado la oportunidad perfecta para darle a Adrien lo que realmente necesita, un hogar lleno de calidez y amor" le dijo seriamente, cualquier burla o broma que hubiera estado en sus bellas facciones estaba absenta en ese momento. "De tener a alguien que realmente le importe el como persona, y de hacer que el tonto ese se enamore perdidamente de ti ¿Y prácticamente la desperdiciaste?" reclamo, furibunda, señalándola con su dedo de manicura perfecta. "Eso, es de idiotas"

Puesto de esa forma, pensó Marinette, si era un movimiento estúpido de su parte; pero en el momento le había parecido lo más sensato y aceptable de hacer, después de todo no podía tomar una decisión tan grande con peso en su futuro y el de otra persona sin antes considerarlo con la cabeza fría y racional. Especialmente porque ambos podrían arrepentirse luego.

Con un suspiro cansado la franco-china se dejó caer nuevamente en el sofá, observando a la que antes había sido su rival y enemiga, y ahora era una de sus mejores amigas y principal accionista de que ella se quedara con el rubio de ojos verde esmeralda.

"¿Cómo sé que esto es lo correcto?" pregunto desesperada por una respuesta que la ayudara a tomar una decisión de ese terrible embrollo en el que estaba metida. "¿Cómo sé que, si acepto, no terminara en un desastre de proporciones épicas y con nuestra amistad arruinada?"

"No lo sabes" fue todo lo que dijo su amiga, algo más calmada. "Solo tienes dos opciones en este punto, Marinette"

La nombrada miro con detenimiento a Chloe, esperando por el resto de lo que esta le quería decir.

"Uno, le dices que sí y le das una oportunidad, sabiendo que tienes un chance de que ustedes sean felices y el uno para el otro, o en el peor de los casos terminen separándose por que no funciono" aquí pauso notando la mueca de dolor que cruzo por el rostro de su amiga, antes de proseguir. "O dos, le dices que no y te quedas observando cómo se casa con otra mujer que seguramente solo lo quiera por su dinero y posición y te lamentas el resto de tu vida sabiendo que esa podrías haber sido tu si hubieras tomado un salto a lo desconocido y ahórrate la miseria a ti y a Adrien" termino diciendo la de ojos cobalto con suma seriedad.

No era su intención torturar a la azabache, pero tenía que abrir los ojos a la realidad, porque el tiempo pasaba corriendo y no esperaba por nadie.

"Tengo miedo de herirlo y salir herida" susurro la chica, enterrando su rostro en uno de los cojines, sintiendo sus ojos anegarse de lágrimas.

"Eso es algo que no podemos predecir o evitar Marinette, pero te diré algo" espero hasta que la joven la miro para seguir. "Si aceptas, y llegado el caso necesitas alejarte por un tiempo de todo, simplemente un lugar donde esconderte por un tiempo, o algo tan simple como hablar con alguien, yo me asegurare de prestar mi ayuda" sonrió de medio lado ante la mirada de agradecimiento que la franco-china le dedico. "No estarás sola en esto, no importa lo que los demás diga"

"Gracias Chloe" murmuro realmente agradecida de tenerla como amiga. Y con eso, la azabache tomo una decisión que posiblemente podría cambiar su futuro para bien o para mal. Solo el tiempo lo diría.

*x**x*

Marinette respiro temblorosamente parada frente al edifico en donde cierto rubio de ojos verdes esmeralda vivía, mordiendo su suave labio inferior y retorciendo la tira de su cartera por los nervios; ella lo había llamado y preguntado si podía ir a su casa para hablar de aquel asunto y este amablemente había aceptado y dado indicaciones para llegar. Ella con anterioridad había ido, pero para aquel entonces era de noche, y no recordaba muy bien el lugar, ya que Alya era la que había conducido.

Así que allí estaba ella, un domingo en la tarde, dos días después de recibir aquella bomba de noticia frente a la vivienda del joven rubio para decidir el futuro de los dos… aunque primero tendría que aclarar algunas cosas para su paz mental.

"Okay, tu puedes hacerlo, Marinette" murmuro por lo bajo para darse ánimos antes de adentrarse en el impresionante edificio, donde luego de unas palabras con el recepcionista, y subsecuente confirmación de que si, Adrien Agreste la esperaba; este la guio al elevador y marco por ella. "Mantén la calma, todo saldrá bien, no te paniquees" siguió balbuceando hasta que estuvo frente a la puerta correspondiente, observando el digito en esta, la numero trece de un piso ocho.

Y con más valor del que se creía capaz, levanto la mano y llamó al timbre.

A última hora sus nervios salieron de control y justo cuando estaba por darse la vuelta y huir como la cobarde que era, porque como había tenido el valor de ir presumiblemente hablar con el hombre que la traía loca como que si fuera un paseo por el parque; ella claramente estaba demente, fue que se abrió la puerta y se quedó congelada en el sitio viendo al hombre en cuestión.

Ahí parado, estaba Adrien Agreste, con una camiseta verde oscuros adherida a su atractivo y bien formado cuerpo, detallando sus anchos hombros y estrechas caderas, sin contar con aquellos bíceps para matar… definitivamente el ejercitaba, si tenía alguna duda ya estaba extinta. Del resto portaba unos vaqueros azul oscuro e iba descalzo con el cabello rubio algo húmedo rozando sus hombros y cuello.

Ella definitivamente había muerto he ido al cielo, pensó la franco-china sintiendo un rápido sonrojo subir por sus mejillas.

"¿Marinette?" inquirió con una ligera sonrisa en sus labios a la estática muchacha, ligeramente extrañado por su actitud, pero sin comprender por qué. "¿Esta bien?"

"Si, si" asintió velozmente, totalmente sonrojada y apenada por haber sido cachada mirándolo con descaro.

"Bueno, pasa por favor" indico el rubio, bastante divertido, pero tratando de que no se le notara mucho; la guio a la sala, donde un sofá de cuero negro estaba, junto con dos sillas del mismo modelo, una mesa de madera rustica y justo frente a estos un televisor de pantalla plana grande con un montón de consolas de video juegos. "¿Quisieras algo de tomar?"

"Hmmm… ¿Tienes te? ¡Ah! Pero si no tienes, agua está bien" se apresuró a decir, acomodándose en el sofá, no queriendo imponer.

"No, está bien, siempre tengo un poco para cuando Chloe viene de visita" le dijo el joven hombre, yendo a la cocina y preparando la tetera con el té de Rosa de Jamaica.

Mientras este se hacía, Adrien no pudo evitar pensar en la chica que estaba sentada en su sala, en su apartamento; al abrir la puerta y ver a Marinette tuvo que contenerse de abrazarla con fuerza, y no porque fuera a posiblemente aceptar ser su prometida y consecuentemente futura esposa. Es que ella simplemente era demasiado adorable, ese día iba vestida con una blusa de botones blanca, una falda de corten en A azul oscuro que le llegaba un poco más allá de la mitad de los muslos, con un cárdigan color mostaza cubriéndola; de zapatos solo unas toreritas negras sin tacón.

Su cabello por otro lado estaba suelto de cualquier restricción, cayendo por sus delicados hombros con una cinta en su cabello como diadema haciendo juego con su cárdigan. Si su actitud era un indicio de lo que podría ser su futuro con la joven azabache, entonces no tenía nada que temer, porque obviamente se sentía atraído por ella; aunque en un principio no hubiera querido aceptarlo.

Cuando regresaba a la sala con una bandeja donde llevaba una taza de té y una de café, casi lo tira al suelo al verla con su gato negro, Plagg, sobre su regazo mientras esta lo acariciaba tranquilamente sin que el desgraciado la arañara o hiciera una de sus gracias, como siempre pasaba cada vez que Nino o Chloe estaba de visita.

"¿Qué hiciste?" pregunto incrédulo, mirando la interacción con ojos como platos.

"¿Hm?" murmuro distraída acariciando el pelaje sedoso del gato, sonriendo por lo bajo al sentirlo ronronear. "Tienes un gatito muy bonito, parece bastante cariñoso" comento de pasada.

"Eres algo increíble, Mari" declaro dejando la bandeja en la mesita frente a ellos, todavía observando al gato con sorpresa. "Plagg es un gato gruño y de mal humor que siempre trata de hacerme la vida imposible"

Para probar su punto, intento acariciarlo, pero el muy insolente lo manoteo con la pata, mientras se restregaba contra el estómago de la joven chica, mirándolo fijamente como si se estuviera burlando de él y por todo lo que él sabía, muy bien podría estar haciéndolo. Adrien no pudo evitar fruncir el ceño, totalmente negando que estuviera un poquito celoso de su propia mascota por las atenciones dadas.

"Oh, bueno debe ser porque yo también tengo un gato" comento ella sonriéndole brillantemente al rubio, casi dejándolo sin aliento por lo bonita que la encontró. "Se llama Tikki, y tiene un año de edad, la adopte cuando era muy pequeña y es naranja de pelaje"

"Si, bueno, su nombre es Plagg, y es un adicto al Camembert" informo el rubio, aun sorprendido por el asunto.

Luego de tener una charla sin importancia amena de su fin de semana y las aventuras de sus mascotas, ganando Adrien cuando menciono las veces que había tenido que cambiar la tapicería de alguno de sus muebles porque el gato sin vergüenza los utilizaba como poste para afilar sus garras; finalmente llegaron a un silencio donde ambos sabían que debían discutir el asunto que la había llevado ahí en primer lugar.

"Adrien-"

"Marinette-"

Ambos iniciaron al mismo tiempo, y se sonrojaron mirando a otro lado, antes de que el rubio tomara una profunda respiración y se armara de valor; se llevó una mano al cuello en un signo de nerviosismo, antes de aventurarse a hablar.

"Marinette, quiero decir que aun puedes decir que no si has decidido aceptar, aun estas a tiempo de echarte atrás" dijo muy serio mirándola a los ojos, verde esmeralda contra azul cian. "No tiene ninguna obligación de acceder a nada"

"Yo solo…" ella mordió su labio inferior, desviando la mirada al gato en su regazo, acariciando sus orejitas como distracción. Pero tenía que seguir, no podía quedarse callada y con dudas. "Creo que sería buena idea aceptar la proposición, si aún sigue en pie por supuesto" murmuro con la cara colorada, y evitando por completo su mirada.

Adrien contuvo la respiración por un momento, ante la noticia; no creyendo su buena fortuna, de que alguien como Marinette quisiera unirse a él en una ceremonia sagrada como lo era la institución del matrimonio, pero ese pensamiento dio partida a otro más oscuro.

"Mari… ¿Mi padre influencio de alguna manera tu decisión?" pregunto con el ceño fruncido, si era así su progenitor y él tendría unas cuantas palabras no muy afectivas que decirse.

"No, él no tuvo influencia cuando tomé mi decisión, ciertamente no estaba pensando en nada de lo que me hubiera dicho cuando decidí aceptar" negó aun sin mirarlo, pero su voz sonó firme y sincera.

"Entonces… si no es mucho pedir… ¿Podrías decirme porque has aceptado?" el necesitaba saber sus razones, de lo contrario no creía poder continuar con el siguiente paso.

"Yo…" Marinette suspiro, finalmente alzando la mirada para observarlo con algo parecido a la tristeza pintada en sus dulces facciones. "¿De verdad quieres atarte a alguien como yo, Adrien?" pregunto en vez de responder, tenía que ganar tiempo para poder formular una respuesta adecuada. Pero su curiosidad también le había ganado.

"¿Alguien como tú? ¿A qué te refieres?" su ceño inmediatamente se frunció, no le gusta nada de lo que ella estaba insinuando con esa frase.

"Bueno yo no soy exactamente una belleza, soy bastante olvidadiza, torpe y suelo tropezar con todo, no hay ninguna gracia en mí, ni provengo de una familia de clase alta, ciertamente… no tengo mucho que dar más que a mí misma, y sinceramente eso no es mucho que digamos" murmuro por lo bajo pero lo suficientemente alto para que el la escuchara, y si hubiera mirado en ese momento la cara del rubio, hubiera visto su expresión de incredulidad.

"Marinette no todo eso es cierto, tu eres una excelente persona, das todo de ti en tus proyectos y a las personas que te rodean, y sinceramente eres una de las más atractivas mujeres que conozco. Y si realmente aceptas casarte conmigo, seré un hombre muy afortunado por tenerte a mi lado" le dijo con brusquedad y sin tacto, tomando su mano en la suya. "Quien diga lo contrario esta demente"

"¿L-lo dices en serio?" ella mordió su labio y lo miro con timidez, internamente feliz de que el realmente pensara tan alto de ella, y no pudo evitar pensar que realmente ellos si tenían futuro.

"Muy enserio" asintió el, sonriéndole con calidez y total honestidad. "¿Pero por qué querrías tu unirte a alguien como yo?" ahora era su turno de preguntar.

"Eres una de las personas más amables que conozco, uno de mis mejores amigos y no solo eso, genuinamente te importan las personas y no los miras como menos solo porque tienes más dinero que ellos, además siempre he considerado que tienes un corazón de oro, no dudas en ayudar a quien lo necesita sin importar si lo merece o no"

'Y tienes una sonrisa para morir, más que siempre te he admirado desde lejos y mis sentimientos por ti no han desaparecido, aunque han pasado años desde la segundaria; y no puedo evitar querer estar a tu lado por siempre' pero ella no podía decirle aquello sin arruinar su amistad con él, así que dijo lo siguiente mejor que se le pudo ocurrir.

"Con todo eso y más, realmente creo que no sería tan mal si lo intentamos" con una sonrisa que salía desde su corazón, Marinette apretó la mano que él rubio aun tenia entre la suya. "Si logramos que esto funciones, quizás ambos podremos encontrar un poco de felicidad, ¿No lo crees?" inquirió tímidamente, con el corazón martilleándole en el pecho a una velocidad demoniaca, pero ya no podía echarse atrás.

Sonriendo ampliamente y con sinceridad por primera vez desde hacía casi ya un año, Adrien sintió que por fin sus plegarias habían sido respondidas, y podía ver un futuro donde hubiera una posibilidad de ser feliz, genuinamente feliz. En un impulso loco y con su corazón latiendo rápidamente en su caja torácica, el hombre joven se inclinó sobre la forma más pequeña de la chica, juntando sus frentes, mirando fijamente sus ojos azul cian con los suyos verde esmeralda; ambos sonrojados y con sus respiraciones entremezcladas, en el silencio de su departamento.

Solo estaban ellos dos en ese momento, y nadie más, solo ellos y su posible futuro. Y el no pudo evitar reír entre dientes ante su buena fortuna.

"Si, creo que podremos encontrar la felicidad, juntos" susurro mirando a la mujer que a partir de ese momento seria su prometida y futura esposa.

Y diablos si no podía esperar para que ese día llegara.

Continuara...


¡Bueno aquí se acaba el segundo capitulo Miraculers! Espero les haya gustado y alcanzado sus expectativas... también vemos que nuestro amado Adrien y la adorada Marinette están entrando en mares peligroso, ¿Que creen que pasara...?

Los dejare con la duda (Muajaja?) y a la espera del próximo episodio 7u7)r Nos vemos dentro de poco c:

Próxima actualización: 02/03/2017

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¡Únanse, las esperamos!