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CAPÍTULO PRIMERO:

Entrando en el Verano

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La luz de la mañana entraba a raudales por la ventana, algo sucia, de la habitación de Kogoro Mouri. Éste se giró en sueños y no le prestó la mayor atención, pero abajo, en el suelo, Conan ya estaba desvelado. Malditas persianas, con el sueño tan ligero que tenía ya podían arreglarlas... Se desperezó con mucha calma, estirando los brazos primero hacia arriba y después hacia adelante (no tenía ganas de levantarse); apartó las sábanas del futón y buscó, sin éxito, sus zapatillas. Oh¿por qué estaba tan lejos el baño? (Apenas unos metros.) Salió de la habitación arrastrando los pies y rascándose el cogote, demostrando que realmente no era un animal diurno.

La voz de Ran llegó desde la cocina justo en el preciso instante en el que se echaba a la cara el primer chorro de agua fría de la mañana: Que se diera prisa, que no llegaba... Ya, ya lo sabía, pero desde hacía un tiempo le era cada vez más difícil ponerse en pie cada día. Suspirando, cerró el grifo y alzó la vista hacia el espejo, desde donde un chaval de unos catorce años, no muy alto ni muy guapo, con grandes gafas pasadas de moda y pelo revuelto, le devolvió la mirada.

Era como estar viviendo una pesadilla...

- ¡Buenos días, Conan! - le saludó la joven efusivamente. Ella era más madrugadora que él y estaba, además de más espabilada, vestida ya para ir a la universidad. El chaval se sentó a la mesa sin un ápice de ganas y ante todo, evitando el contacto visual. Ran suponía que era cosa de la edad que se hubiera vuelto tan distante, pero... ¿quién podría vivir bajo el mismo techo que su ex-novia durante tres larguísimos años? Claro, eso él no podía decírselo: había dejado a Shinichi, no a Conan.

Mientras buscaba sin ganas, abrió la boca para hablar por primera vez en el día:

- ¿Hay café...? - murmuró desafinadamente, para acto seguido llevarse la mano a la boca, espantado. ¿Qué era aquello? Oh, no, no podía ser... Ran también lo había notado y se dio la vuelta, cafetera en mano, visiblemente divertida.

- Conan¿qué fue eso? - preguntó, muy entretenida. Él se tapó la cara con ambas manos, negando con la cabeza al mismo tiempo, abochornado.

- ¡Anda, repítelo! - pidió, y ante la negativa, se rió - No me lo puedo creer... ¿Ya te está cambiando la voz¡Eres todo un hombrecito!

Shinichi tampoco podía - ni quería - creerlo: después de haber tenido que repetir la escuela primaria, jugado con niños diez años menores que él y fingido ser otra persona... ¡ahora estaba pasando la pubertad por segunda vez!

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¡Al fin la hora de salir de la escuela! Era increíble, no habían dado ni las tres de la tarde, y Conan estaba ya un poquito... no, bastante nervioso, y no era para menos: por un lado estaba Ayumi, que no había parado de reírse por lo bajo mientras le tocaba recitar la lección, y como la tenía sentada detrás en clase había estado escuchándola toda la mañana; por otro lado estaba Ai, a la que no le dirigía la palabra porque cada vez que lo hacía ponía caras raras y le apartaba la mirada - Conan sospechaba que se estaba partiendo de risa ella también -; y por otro, Genta y Mitsuhiko, que se debatían entre carcajearse sonoramente cada vez que a éste le salía un gallo o mostrarse ofendidísimos porque las chicas le estaban prestando más atención de lo habitual... En definitiva, un día redondo. Conan estaba de un humor de perros.

Aprovechando un momento en el que los chicos estaban distraídos, Haibara hizo un considerable esfuerzo por hablarle con normalidad - aunque se le torcían las comisuras - y se acercó a susurrarle:

- Vamos, Kudo, no puedes estar callado lo que te queda de adolescencia... ¿Piensas seguir así mucho rato?

Conan la miró de reojo, dudando, hasta que al final carraspeó y se atrevió a hablar, esperando que no le saliese la voz rara de nuevo. Pero ahí estaba, y para colmo, Haibara apenas podía contenerse la risa.

- Bueno, ya vale¿no? - resopló un poco molesto, mirando por el rabillo del ojo a los niños, y susurrando le dijo a Haibara: - A vosotros os parece todo muy gracioso, pero me acabo de meter en un buen lío...

- ¿A qué te refieres?

Él bufó; - ¿No te lo imaginas? Ran no es tonta, y ya verás cuando esto se estabilice... Además, cada vez me acerco más a mis dieciséis... Aquí se va a armar una gorda.

Haibara enmudeció, sabiendo lo que quería decir: en cuanto Ran escuchase la voz de Shinichi en boca de Conan, la reconocería inmediatamente. Aquella vez no iba a colar lo del parentesco, y tampoco podían esperar que no la recordase, porque al fin y al cabo seguía hablando regularmente con él por teléfono... En otras palabras, que con el chico pareciéndose cada vez más a Shinichi y a punto de recuperar su voz adulta, se había iniciado la contrarreloj hasta el momento en el que su secreto fuera descubierto, y de alguna manera a ambos se les había pasado por alto que aquello podía pasar. ¿En qué estaban pensando? Tendría que ponerse las pilas con lo del antídoto inmediatamente. Tal vez si encontrase alguna manera de impedir la liberación del Citocromo C... O tal vez...

Sin que Haibara se diera cuenta, ensimismada como estaba, llegaron al punto en que normalmente se dividían para ir cada uno a su casa. Sólo reaccionó cuando el chico giró sobre sus talones para meterse por una calle perpendicular.

- Me tengo que ir - dijo Conan mirando su reloj - ¡Chicos, nos vemos! - gritó, desafinando bastante. Ayumi, Genta y Mitsuhiko volvieron a reír y le dijeron adiós, y él se marchó un poco avergonzado. ¡Vaya día! Y lo que le quedaba... Se dirigió a la agencia a paso rápido, pues tenía hambre, y al llegar encontró a Ran esperando al pie de las escaleras.

- Hola - carraspeó - ¿Qué haces aquí abajo?

- ¡Esperar por ti! - respondió la joven, tomándole de la mano y tirando de él; - Vamos, papá estará harto. ¿No te acordabas de que hoy comíamos fuera? - comenzó a andar con su mano fuertemente apretada en la suya. El primer impulso que tuvo Conan fue soltarse, avergonzado, pero lo reprimió a tiempo. Ran no se daba cuenta de que a esas edades ya no se podían hacer esas cosas... Entonces notó que la estaba mirando fijamente y se sonrojó. La chica se dio cuenta y le devolvió la mirada, sonriente, dándole un apretoncito en la mano y guiándole hacia el restaurante. No preguntó el porqué del rubor; como bien decía él, no era tonta. Sabía más de lo que él podía suponer y, por supuesto, no se lo iba a contar. Un secreto hace que una mujer sea mujer¿verdad?

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CONTINUARÁ

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N. de la A: Este capítulo es muy cortito porque en principio iba pegado al prólogo... También es bastante sinsustancia, pero bueno. Tengo que aclarar que en el capítulo anterior Conan y cía. tienen unos once años y en este ya catorce, así que Ran tendrá... veinticuatro. ¡Y no sé a qué Universidad va, pero las carreras pueden durar todo eso perfectamente! (Ah, muérdanme, ya me volví bastante loca buscando sobre pubertad masculina, escolarización en Japón y proteínas que activen la apoptosis sólo para escribir tres páginas, así que no me vengan con sermones.)

Perdón por el continuo OOCness de los personajes y por el argumento totalmente anodino. P ¡Nos vemos! R&R

PD: El título tan idiota es porque en un capítulo del manga Shinichi se queja de que debería estar en el verano de la vida y en cambio vuelve a la primavera. No se me ocurrió nada mejor.