NOTHING ELSE MATTERS
Never opened myself this way
Life is ours, we live it our way
All these words I don't just say
And nothing else matters
Capítulo I:
"Todo vuelve a comenzar"
El viaje, aunque largo, fue fácil para Crowley. Si le sorprendió la docilidad de cazador sin memoria no lo dejó traslucir. Le compró ropa de acuerdo con su nuevo estatus social y envió a sus hombres a casa en el todo terreno, tomando un avión a Los Ángeles, en primera clase, con su supuesto cuñado.
El Maybach Zeppelín de Janis aguardaba por ellos en el aeropuerto para llevarles a casa. El conductor era otro de los seres sobrenaturales atrapados por un poderoso hechizo hacía más de dos años.
- La señora estará feliz con su vuelta señorito Elías – manifestó el chófer enseñando una hilera de dientes afiladísimos que no asustaron al rubio.
- Gracias, perdona pero no recuerdo tu nombre
- Sawney señorito, el viejo Sawney Beane a tu servicio
Las mansiones de zona más cara y exclusiva de Beverly Hills discurrían a ambos lados del lujoso vehículo de más de seis metros de largo. El potente motor apenas emitía un ligero ronroneo, provocando que el más joven de sus tres ocupantes cayese en un profundo sueño.
- ¿Cuánto tardará Janis en…?
- No seas impaciente Beane – le riñó su jefe – "el señorito" acaba de aparecer y tiene que participar "voluntariamente" o no conseguiremos nada.
La suntuosa mansión se extendía frente a ellos, réplica del castillo de Chambord con sus ocho torreones, cuatro externos y cuatro internos. A diferencia del original la construcción había sido realizada en piedra arenisca, conservando el color natural de la roca, además la entrada principal era un arco inmenso (que permitía el paso de grandes vehículos en ambos sentidos) frente a la vivienda principal que elevaba sus numerosas y elaboradas chimeneas hacia el cielo de California.
El Demonio bajó del vehículo cuando un empleado vestido ceremonialmente le abrió con igual ceremonia la puerta del Maybach. La mujer que apareció en la entrada de la mansión desentonaba con el lugar tanto como cualquiera de ellos. Vestida con una camiseta de propaganda de una popular marca de chicles y unos vaqueros cortados a media pantorrilla, se colocó las gafas que llevaba a modo de innecesaria cerpa inspeccionando a los recién llegados.
- ¿Es él Fer? – inquirió
- Si Janis
- Es… - la sorpresa de la asombrosa criatura incomodó a Crowley, Dean Winchester solía impresionar a las mujeres y Janis Finch no parecía ser una excepción a la regla – Elías ven, ven que te vea.
Sin siquiera plantearse que hubiese algo anormal en el aspecto o comportamiento de la mujer de mediana edad y escaso metro setenta que abría sus brazos hacia él, el hombre sin memoria se acercó confiado. Y recibió una bofetada que lo sorprendió.
- ¡Eso por desaparecer así hermanito! – La dueña de la casa abrazó al confundido cazador - ¡me tenías tan preocupada!
- Yo, lo siento – la separó sin brusquedad pero con firmeza – no recuerdo nada, no sé quién eres
- Lo sé niño, lo sé – le acarició la cara y Dean se sintió querido – estás enfermo, siempre lo estuviste, desde que eras apenas un bebé. Tu mente te hace creer cosas que no son, imaginas seres y personas que no existen y cuando no tomas tu medicación huyes. Esta vez ha sido peor que otras, creí que no podría encontrarte pero Fer te encontró.
- Gracias – la sinceridad en la voz del cazador casi hizo reír al demonio, Crowley palmeó un hombro del Winchester como respuesta acompañándolo dentro de la mansión.
NCIS-SN NCIS-SN NCIS-SN
McGee aguardó paciente a que Aby y Sam Winchester tuviesen la conversación que se debían desde hacía más de un año. La vez anterior, la chica huyó sin permitir la disculpa del cazador, ahora estaba preparada para cerrar página, y su compañero estaba decidido a formar parte de la nueva.
La cafetería de la pequeña ciudad de Indiana estaba semi vacía. Desde el lugar dónde se había sentado con los acompañantes del antiguo fugitivo podía ver cómo Aby gesticulaba furiosa. Sus tres acompañantes también observaban preocupados la discusión que tenía lugar en el parking, sobre todo el tipo estrafalario de ojos azules.
- Éste último año ha sido muy difícil para Aby – murmuró más para sí que para los familiares del Winchester
- Nadie la culpa chico, y Sam menos que nadie – replicó el viejo en el mismo tono ensimismado.
Timothy sonrió aceptando las palabras del chatarrero que creyó muerto y apareció repentinamente para hacerse cargo de un Sam Winchester destrozado por la desaparición de su hermano. Aún podía ver esa desolación en los gestos del altísimo joven, y ya habían pasado dos años.
- Con vuestro historial no resultaría extraño que apareciese de nuevo – murmuró
- Sí, sería muy extraño – fue el tipo al que sólo había visto de pasada el año anterior quien contestó – lo que hizo fue algo distinto, no se trata sólo de un pacto con un demonio.
Su aclaración sobresaltó a sus dos acompañantes, el más joven se puso en pie apoyando ambas manos sobre la mesa y lo interrogó duramente.
- Explícate Castiel, ahora – Exigió autoritariamente, como un eco del ser que estuvo en su interior durante… era incapaz de analizar el tiempo en aquella jaula.
- Dean desintegró su alma para sacarte a ti, y a ti – miró también al viejo que no parecía sorprendido, no tanto como el agente de Washington o Milligan – y para acabar con todo lo sobrenatural en la faz de la tierra.
- Tú estás vivo – acusó Adam
- Ahora soy humano y posiblemente todas las criaturas del purgatorio, cielo e infierno, que estuviesen aquí cuando lo hizo, también lo sean.
Timothy miró fuera de nuevo, si eso era así se estaba interponiendo en el camino de quien lo había perdido todo por salvar el Mundo. Tomó una decisión, ese hombre necesitaba algo de paz y Aby se merecía a un héroe y no a un funcionario friki como él.
Junto al vehículo clásico que destacaba entre los utilitarios del aparcamiento, la investigadora forense abrazó al cazador que ocultó la cabeza en su hombro. A pesar de la distancia, y de la oscuridad creciente del anochecer, los cuatro ocupantes de la mesa junto al ventanal pudieron apreciar que ambos lloraban.
- Ya está bien – el viejo decidió dar por terminada la charla – esos dos tienen que tomar algo de alimento
- Sam no está en condiciones de conducir hasta Los Ángeles – manifestó el de ojos azules pendiente del bienestar de su amigo
- Conduce tú – La hostilidad de Adam empezaba a cansar a Bobby
- Para chico – pidió el millonario chatarrero
- Llevo cuarenta y ocho horas despierto Adam Milligan, hace dos o tres años eso no sería ningún problema, pero este cuerpo está agotado y no estoy dispuesto a poner en peligro ni a Sam ni al coche de Dean – se justificó Castiel
- Pasaremos aquí la noche mañana volveremos a casa – El mayor pidió la cuenta – Tú también Castiel. ¿Vosotros qué haréis McGee?
- Yo si puedo conducir, ya depende de lo que quiera Aby.
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¿Es que nunca iba a sobreponerse? Sam Winchester hizo un violento esfuerzo sobre sí mismo y volvió a cerrar la puerta de sus emociones. Aún temblando separó con dulzura a la muchacha que era capaz de perdonar su cobardía por abandonarla.
- Lo siento – susurró roncamente intentando esbozar una sonrisa
- No lo sientas Sam – La morena retiró el largo flequillo de los ojos de su amigo y borró la lágrima que aún rodaba por su rostro – no quiero perderte otra vez. Somos amigos.
- Sí – esta vez sí consiguió sonreír aunque con un poco de tristeza – estaremos en contacto
McGee saludó cohibido al cazador y éste respondió al saludo también algo cortado. Los empleados de la agencia gubernamental se marcharon como ya lo había hecho Valley con su nueva familia. Iba siendo hora de volver a casa.
No sabía por qué había alimentado la absurda esperanza de que esa vez ocurriría algo distinto. Que alguien, en algún lugar del Universo, haría justicia y le devolvería a su hermano. No había sido así. Tenía que asumir que no volvería.
- Nos vamos a quedar en el hotel esta noche, Sam – Adam le palmeó el hombro conduciéndole con el resto de su familia. El Winchester más alto no podía evitar el cruce de emociones entre la tristeza por uno, la alegría por los vivos, la culpabilidad – volveremos por la mañana, ninguno está en condiciones de conducir tantas horas y no querrás dejar aquí el Impala
- No, por supuesto.
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El Viejo caserón colonial convertido en base de operaciones del NCIS en Los Ángeles no impresionaba al fornido y competente Dick Valley, de hecho, lo único allí dentro que sí le impresionaba era la Directora de Operaciones. Obedeció a la leve inclinación de cabeza de la pequeña dama como si toda su vida hubiese servido en el ejército.
A Valley le gustaba su nuevo trabajo, y que Henrietta Lange no tuviese la más mínima queja de él era fundamental para pasar de estar a prueba y formar parte del grupo de Operaciones Especiales. Tomó asiento como un colegial empollón y obediente a la mínima indicación de la sorprendida mujer.
- Richard, no es necesario que me haga la pelota, lo que valoraré al final será su competencia, no lo olvide – le reprendió algo confundida, Hetty Lange se tenía por una conocedora del carácter de las personas y había aceptado a regañadientes la recomendación de León Vance, sólo por el informe de apenas dos líneas adosado al expediente y firmado por el Agente Gibbs
- Sí señora – respondió automáticamente el antiguo agente del FBI, maldiciéndose interiormente por sonar tan complaciente
- Llámame Hetty, como todos
- Sí señora… digo sí, Hetty, se… - Richard se revolvió inquieto en el sillón y tragó saliva
- ¿Puedo conocer el motivo de su ansiedad señor Valley?
- Usted – los ojos gris-acaramelados del duro agente se abrieron de par en par al darse cuenta de que había respondido automáticamente sin pretenderlo, trató de rectificar – no quise decir, quería decir…
- Sé lo que quería decir – sonrió enigmáticamente la directora - ¿Sabe por qué accedí a ponerle a prueba señor Valley?
- Lo sé señora, digo, Hetty – ¡qué porras! Era pésimo haciendo la pelota y lo sabía, sonrió previendo que sería su último día allí – prácticamente la ha obligado el Director Vance
- No hubiese bastado con eso señor Valley, pero un colega escribió una carta de recomendación diciendo que usted era noble, leal y testarudo, y que podía confiar en su competencia.
- No se lo he demostrado – resopló el agente poniéndose en lo peor
- Oh, sí, sí que lo ha hecho señor Valley, realmente es tal como me decían así que he autorizado su unión al grupo de operaciones, bajo la supervisión de la agente Blye y bajo las órdenes del agente Callen – tuvo que sonreír ante la sorpresa del nuevo integrante del equipo.
- ¿Puedo saber quién escribió la carta de recomendación?
- El agente Gibbs
- Siempre pensé que era un hombre parco en palabras, no me lo imagino escribiendo una carta de recomendación – sonrió Valley incorporándose
- Y lo es, lo único que ponía en la carta es letra por letra lo que le he dicho – La pequeña directora entregó su nueva identificación a Richard Valley que la tomó con evidente emoción – esto parece importante para usted
- Lo es – esta vez sí pudo morderse la lengua, llevaba poco más de un año en el lado correcto de la ley y sólo la influencia del Director Vance y la complicidad de Fornell le habían permitido volver a actuar como agente en lugar de ir a prisión – no la defraudaré señ… Hetty, lo prometo.
Volvió a su mesa con la identificación de agente Junior, quizás otro con su trayectoria en el FBI se hubiese sentido infravalorado, pero había cometido muchas estupideces, como intentar salvar al mundo de monstruos mitológicos y cosas así, ahora debía volver a hacer su trabajo y en el FBI no sólo no lo readmitirían sino que incluso podía acabar encerrado.
Callen le felicitó sinceramente. Aunque no podía evitar sentir bastante desconfianza hacia el nuevo. Adivinaba en su actitud que ocultaba mucho sobre sí mismo tras la educación y amabilidad de que hacía gala. La desconfianza era mutua, Valley parecía capaz de adivinar cosas sobre él que ni siquiera su mejor amigo, Sam Hanna, sabía. Al menos no era como el idiota de Deeks, no iba de simpático, ni de ligón.
Sam no estaba conforme con la evaluación de Hetty, le parecía que la veterana directora se había precipitado. Pero se calló sus opiniones, había sido soldado, sabía cumplir órdenes. Comprobaría si el nuevo también las sabía aceptar. Marty y Kensi lo recibieron con mucha más efusividad.
- ¡Genial Dick! – el policía palmeó con fuerza la espalda de su "oficialmente" nuevo compañero – ya no soy el novato, tenemos nuevo chico de los recados
- No le hagas caso Dick – su supervisora estrechó su mano contenta – me alegra que superaras el periodo de prueba, eres uno de los mejores agentes que he conocido, no sé porqué te has conformado con ser agente Junior
- Yo tampoco – Hanna no pudo evitar mostrar su sospecha
- Sólo quiero empezar de nuevo y hacerlo bien – contestó Valley
- Eso no es suficiente Richard – los dos hombres quedaron frente a frente, el californiano era un par de centímetros más bajo que su nuevo compañero, aún así intentó intimidarlo – se que ocultas algo
- ¿tú no? – no esperaba incorporarse tan fácilmente pero tampoco esperaba una hostilidad tan abierta, el ex agente del FBI intentó deshacer la tensión – es algo personal, te aseguro que no influirá en mi trabajo
- Te estaré vigilando – Hanna sonrió quitando hielo a sus palabras – es cierto que eres bueno
El castaño sonrió aliviado y aceptó la advertencia de su superior como una bienvenida. Tomó asiento en el escritorio que le asignaron cuando llegó, no era el mejor puesto pero lo había ido acondicionando a su gusto y la vieja y destartalada mesa, convenientemente restaurada por él mismo era la envidia de la Directora.
Nell (la joven analista de inteligencia) discutía con Eric en el piso superior. Le caía bien, aunque no era algo raro, si le había caído bien hasta un sospechoso de asesinato múltiple. Subió a poner paz, en ayuda del rubio operador, que llevaba todas las de perder.
- ¡Venga Nell! ¡No había nada pendiente! – el joven extendió le mano – por favor, ¿en serio no tienes curiosidad?
- A mí no me va la crónica rosa – criticó la muchacha amenazándole con el mando a distancia – y tú tienes miles de cosas que hacer para ponerte a ver un programa sobre las grandes fortunas de Los Ángeles
- Son cinco minutos, he grabado la parte que me interesa – se enfurruñó el muchacho – dame el mando
- No
- Venga chicos, Nell, anda, dale el mando – intervino Richard disimulando la risa
- ¡Enhorabuena Dick! – la chica lo abrazó dejándole un poco sorprendido – Hetty me lo ha dicho, ya eres oficialmente de los nuestros
- Gracias – Erick le estrechó la mano feliz por la noticia y aprovechó el acercamiento para apoderarse del mando a distancia que la chica no quería darle.
- ¡Quédatelo marujón! – le sacó la lengua
El rubio se sopló las uñas y simuló abrillantarlas en la camisa floreada, conectando el monitor en el que salía el Castillo de Chambord, Richard se acercó a la pantalla, no era el famoso castillo francés, éste era de otro color y los vehículos tenían acceso por la entrada principal.
- Esa gente tiene dinero – murmuró al ver el Maybach Zeppelín 6.2 de color negro azulado
- Ya te digo, dicen que es la mayor fortuna del país – respondió el chico
- Vaya par de marujones, Janis Finch es copropietaria de varias potentes productoras y distribuidoras de cine a nivel internacional, dicen que todo lo que toca se vuelve rentable – Nell olvidó su enfado y se acercó, la cámara con teleobjetivo enfocaba a una mujer que lo mismo podía tener veinte-muchos que cuarenta y pocos años, de cabello corto y despeinado – es ella, es la primera vez que consiguen una imagen no preparada.
Ni Dick ni Erick dijeron nada cuando la chica se colocó al lado de ambos hombres sin ocultar su curiosidad. Richard se quedó de piedra al ver al hombre de mediana edad que bajaba del lujoso vehículo, hubiese jurado que había visto al tipo antes hasta que del otro lado bajó alguien que llevaba muerto dos años. Pálido e impresionado pidió a su compañero que volviese a pasar la grabación.
"La noticia de la semana, puede que de la década ha sido la reunión de la multimillonaria excéntrica Janis Finch con su desaparecido hermano Elías.
Todos ustedes conocen la historia: el hermano menor de la señora Finch, aquejado desde niño de esquizofrenia paranoide, desapareció del centro dónde estaba internado hace unos años y desde entonces lo ha buscado por todo el país.
Hace unos días, uno de nuestros fotógrafos freelance, tomó estas imágenes. Después de una larga y ardua negociación, se nos ha autorizado a emitirlas"
- Joder, qué bueno está el hermano loco – murmuró Nell, entonces se dio cuenta de la palidez de Richard – Dick, ¿te ocurre algo?
El fornido agente carraspeó intentando hablar, negó con la cabeza y sacó su móvil del bolsillo marcando automáticamente el número de Bobby Singer. Saltó el buzón de voz "llámame sin que Sam esté presente, es importante" consiguió decir roncamente.
- ¿Puedes poner eso otra vez Erick? – dijo arrodillándose frente al monitor, los demás habían subido y miraban la escena sin entender nada – por favor
Una vez más se repitieron las imágenes, el hombre del traje negro (Richard estaba totalmente convencido de que se trataba de Crowley) bajaba del coche y ayudaba a bajar al "hermano loco" de Janis Finch.
- ¿Puedes congelar la imagen cuando enfoca al hermano? – el operador obedeció tan sorprendido como el resto por la forma en que parecía afectar a Valley – No puede ser… Esto… No puede ser.
La sintonía de la serie de televisión del "Doctor Who" sonó en su bolsillo, era Bobby devolviéndole la llamada.
- Que ocurre Richard
- No dejes que Sam vea el canal – tapó el micrófono para preguntar al chico de la camisa a flores amarillas y azules – no dejes que vea las noticias, está en todos los canales
- ¿Qué no vea qué? – inquirió su amigo preocupado
- Tenemos que asegurarnos primero, esto podría acabar de hundirlo – gimió aturdido Dick
- ¡Habla de una condenada vez, chico! ¿Qué ocurre? – Bobby estaba perdiendo la paciencia
- Estaré ahí en media hora amigo, esto… mejor te lo digo en persona – cortó la comunicación – Señ.. Hetty, necesito que me permita ausentarme unas horas, las recuperaré, es…
- Vaya Valley, Vance me puso al corriente.
- Erick ¿podrías darme una copia de eso?
Sin decir una palabra el joven sacó el pendrive y se lo entregó. Con él firmemente sujeto en la mano fue a reunirse con el antiguo chatarrero. No sabía si era algo bueno, o terrible, si se trataba o no de quién pensaba o de un demonio disfrazado. En todo caso algo había cambiado. Fuese o no fuese Dean Winchester el hombre del video, la paz que había reinado en los dos últimos años en lo tocante al mundo sobrenatural había llegado a su fin.
Los monstruos volvían a caminar por la Tierra.
Continuará...
