Las piernas quemaban de tanto correr.

El aire comenzaba a ser difícil de respirar.

Y pese a ello no podían dejar de correr.

Debían continuar.

Le habían hecho esa promesa.

—¡Vamos! —grito ella sin dejar de ver al frente— ¡Ya casi llegamos! ¡Ya casi estamos en casa!

Su voz se encontraba llena de esperanza, jadeante y algo ronca, pero con un tono que tenía meses de no haber escuchado. Sintió sus ojos picar y de inmediato trato de alejar el impulso de sollozar.

Por fin habían salido.

Su plan había iniciado de una manera terrible, pero habían logrado tomar lo que necesitaban de su oficina, y en ese momento sintieron que eran capaz de superar cualquier obstáculo.

Era como estar completos de nuevo.

Ella por fin se detuvo.

Jadeantes y exhaustos miraron las rejas de metal, casi hipnotizados. El aire se encontraba retumbando a su alrededor como los árboles que se mantenían firmes contra el choque del viento. Él la escucho sollozar, y no dudo en rodearla con sus brazos.

—Llegamos…—dijo ella entre lágrimas.

—Si— respondió él con un nudo en la garganta.

Lentamente, aun sujetándose uno al otro caminaron a la reja y casi con miedo ella alargo su mano para tocar el timbre.

El sonido fue tan nostálgico, y por unos momentos él casi rompió en lágrimas, pero aun no era momento. Esperaron unos segundos a que la voz al otro lado respondiera. Sorprendidos en un inicio por que aquella voz…

—Residencia Dawson.

No era otra sino la de su madre.

Los ojos de él se nublaron, pero sus dedos fueron más rápidos que los de su hermana, y de inmediato contesto con voz clara.

—Regresamos.

El silencio se hizo presente y por varios minutos ambos temieron que ella tal vez no los hubiese reconocido y ella se dispuso a volver a hablar.

—Mamá, somos Clear y Dean.

Siguió sin haber respuesta, y Dean estuvo a punto de volver a tocar el botón del intercomunicador, cuando escucho la puerta abrirse. Y vagamente un deja-vú vino a su mente.

Sus padres corriendo desde la entrada, completamente pálidos, llegaron a abrazarlos gritando sus nombres. Clear y él tendrían seis años en aquel entonces. Habían tenido un paseo muy largo fuera de la casa de campo y no habían vuelto hasta muy tarde. Sus padres los habían regañado una vez dentro de la casa….pero en cuanto cruzaron las puertas aquella noche ambos se habían aferrado a su hermana y a él como si sus vidas dependieran de ello.

Justo como ahora.

No proceso cuando había empezado a llorar, ni cuándo se había aferrado a la espalda de su madre, solo la escuchaba susurrar su nombre, así como su padre susurraba el de su hermana.

Hacia un año este tipo de acciones le habrían avergonzado terriblemente ¿llorar? Un recién salido de la academia, un soldado en esencia, reducido en lágrimas. Pero ahora eso no le importaba. Necesitaba saber que esto era real.

Habían regresado a casa.

Esto no era una ilusión.

Que estos eran verdaderamente sus padres abrazándolos, consolándolos y no simples pesadillas que los lastimarían en un parpadeo.

Necesitaban saber que esto era real.

Pasaron varios minutos de esta manera, hasta que ambos padres lograron llevarlos dentro de la casa.

En ningún momento los gemelos se soltaron de ellos.

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Roy no quería separar su vista de Ed.

Desde el momento en que las fuerzas habían abandonado el cuerpo de Edward, Roy no había soltado su agarre ni permitió a nadie más acercarse. Era irracional, y Roy lo sabía, sin embargo, era su único modo de defensa, de otra manera se habría quedado en el burdel sollozando, sujetando a Edward con fuerza y eso ciertamente no evitaría que Ed terminara enfermo por sus ropas empapadas. Así que con la mayor rapidez había pedido a Madame los detalles sobre cómo había encontrado a Ed y agradeciendo la ayuda de ella y Vanessa salió del pub con Edward en brazos.

Después de un viaje en auto bastante borroso y luego de cambiar la bata del rubio sus ropas habituales, ambos se encontraban acurrucados en la cama, siendo la respiración de Ed lo que mayormente llenaba la habitación.

La quietud del cuarto y la calidez a su lado eran suficientes para tentar a Roy a dejarse llevar por el cansancio, pero una parte de él se revelaba a hacerlo...la idea que todo esto fuera en realidad un sueño y el que fuera a despertar el día de mañana completamente solo en la cama… era simplemente aterrador.

Así que no hizo más que pasear sus ojos por el rostro de Ed, apreciado cada pequeño detalle cómo si fuera la primera vez que lo veía tan cerca. Se sentía al menos así. Había tantas diferencias en su rostro, sus pómulos se encontraban más marcados de lo que los recordaba, las bolsas bajo sus ojos eran bastante notables en contraste con la palidez tan inusual en Ed.…no era el tono ligeramente bronceado que recordaba del rubio y dicho tono solo parecía hacer más notable el color inusual de su cabello que sin duda ahora estaba más largo, casi llegándole a la cintura.

Era extraño. Era como si una capa de fragilidad cubriera el cuerpo del rubio y por más que Roy intentaba buscar el fin de ella para quitársela, -porque Edward era fuerza, era una tormenta feroz e imparable, llena de energía para cambiar todo a su alrededor- está parecía fundirse en el cuerpo del rubio y alejándose de su alcance.

Roy acercó su mano al filo de las sabanas que cubrían a Ed y con suavidad fue descubriendo sus brazos. Ambos igualmente pálidos, y posiblemente más delgados, pero aún se veía fuerza en el músculo, así como algunas cicatrices en ambos brazos...

Era el mismo caso con las piernas y Roy no quería, no podía permitirse caer en la duda o en el ansía, "todo tiene una explicación" insistía tratando de deshacerse del temor "Edward siempre dijo que no le importaría tener metal por el resto de su vida".

Y sin embargo, en él faltaban dos miembros de metal.

La colorida variedad de cicatrices y moretones cubriendo el cuerpo de Ed eran una muestra de su encierro, pero su brazo y pierna eran los que más inquietaban a Roy.

En su mente buscaba razones y motivos, pero no tenía la suficiente información –o energía- para hacer una teoría plausible, lo cual solo aumentaba su ansiedad.

—¿Qué fue lo que te hicieron Edward? —preguntó en un susurro dejando sus dejos juguetear con los mechones rubios.

No hubo respuesta y realmente no esperaba alguna.

Así que Roy trato de disfrutar la quietud de la habitación, con el ligero chispeo en la ventana por la lluvia y la respiración tranquila de Ed. Sabía que esta quietud no sería eterna, mañana tendría que pensar que procedimientos llevar para anunciar que Edward Elric había sido recuperado después de estar más de ocho meses como "desaparecido en acción" sin tener que revelar más información sobre porque el "Alquimista de Acero" ya no llevaba consigo ningún automail como pierna y brazo.

Los únicos miembros de su equipo que sabían que Edward había vuelto eran Hawkeye y Fuery, ya que ellos se habían encargado de pasar la llamada de Madam a la oficina, asi que en realidad de ser posible alargaría el tiempo para anunciar la aparición de Ed. Estaba seguro que Hawkeye podría manejar la oficina por si sola el día de mañana, no habría ojos curiosos que buscaran por Roy en la oficina, pues todos estaban al tanto de la desaparición del prodigioso alquimista y ya estaban al tanto de que él se estaba encargando de liderar algunos de los escuadrones junto con Breda y Havoc.

Sabía que Maes no estaba muy de acuerdo con su decisión, pero en este asunto su mejor amigo realmente no tenía palabra alguna que pudiera hacerle cambiar de opinión. Tal vez si él hubiese visto la mirada aterrada de Ed habría sido más flexible. Roy sabía que Hawkeyes lo había sido porque había escuchado el tono ansioso de Vanessa al otro lado de la línea.

—No servirá de nada que pases en vela la noche—le había dicho la teniente casi antes de terminar la llamada– mañana trata de recaudar la mayor información que puedas de Edward...y asegúrate de que este bien.

La llamada con Alphonse no había sido larga en realidad. Sabía que el muchacho había regresado a investigar nuevas pistas sobre rumores que estaban circulando por la zona, pues las desapariciones habían empezado meses antes de la desaparición de Edward, pero ahora estas mismas desapariciones habían ocurrido en Terraria, donde había sido la última llamada entre ambos hermanos.

Roy se había limitado a decirle que regresara a Central, que los Hughes lo estarían esperando para que se quedara alli y el se encargaría de reunirlo con Ed. El viaje de Terraria a Central duraba al menos dos días y medio, siendo que era una ciudad en el norte, por el clima tan poco constante podría ser que las ventiscas pararan las líneas de trenes y llegará a tardar más.

Por el estado de Edward, Roy no sabía si pedir que tardará más o llegará en tiempo.

Solo para egoístamente tener más tiempo a Ed a su lado.

Roy volvió a tomar el filo de la sabanas y las coloco encima de ambos. Tomo unos instantes para volver a ver la cara inexpresiva de Ed antes de girarse y apagar las luces.

Esa noche Roy soñó con un sol desolador y tormentas de arena que no dejaban ver a la gente que gritaba al ser consumida por las llamas...

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Ed despertó por los murmullos a su lado.

En un inicio tardó en reaccionar, porque esta cama se sentía familiar, así como el techo y su color. Luego recordó que la "habitación" nunca tendría una lámpara de mesa a su lado, ni un armario y mucho menos cuadros colgando en las paredes.

Los murmullos empezaron a subir el volumen.

Ed se giró y se encontró directamente con la cara de Roy distorsionada por la angustia, con el ceño fruncido, su mandíbula apretada y sus manos estrujando las sabanas. Normalmente Ed se habría apresurado a llamarle por su nombre, tratando de sacudirlo un poco para que saliera del sueño pero en ese momento se sentía…fuera de si mismo. Como si estuviera viendo a Roy a través de una ventana, sin ser capaz de moverse o básicamente sentir nada.

"Debo despertarlo" se repetía "está sufriendo, debo despertarlo"

Lo primero que logró reaccionar fue su voz:

—Roy…Roy, despierta.

El volumen no fue suficiente para despertar al moreno, quien comenzó a quejarse entre dientes.

"Levántate y muévelo"

Era estúpido, esta situación era absurda, su amante estaba a su lado posiblemente sufriendo de algún terror nocturno y Ed sin embargo no era capaz de hacer reaccionar su cuerpo para acercarse, despertarlo y asegurarle que todo estaba bien. Las líneas de comunicación entre su cuerpo y mente estaban desconectadas, aunque podía sentir perfectamente la frialdad de su piel y la incesante picazón de buscar por calor.

—No... ¡no! - Roy comenzó a decir entre murmullos, con la frente cubierta en sudor y su cuerpo aún más tenso que antes.

Ed trato de incorporarse en la cama, con movimientos torpes y lentos, como si estuviera bajo la influencia de alguna droga, después de varias respiraciones e intentos fallidos Edward logro sujetar a Roy por los hombros y tratando de sacarlo del sueño comenzó a llamarle. Trato de ajustar aún más su agarre en los hombros de Roy, pues sabía por experiencia que este despertaría de manera agresiva -la mayoría de veces así era- y si no quería terminar fuera de la cama era mejor tomar sus precauciones

—Vamos, despierta –continuó llamando Ed –todo es un sueño, no es real, Roy.

Roy comenzó a balbucear entre dientes, como si estuviera en dolor, con la piel posiblemente más pálida de lo que normalmente sería su tono. Ed no recordaba antes haber tenido tantos problemas para sacar al peli negro de sus pesadillas, ¿o tal vez siempre había sido así? Tal vez había sido el tiempo juntos que había hecho más fácil el despertarlo...

Repentinamente el cuerpo de Roy se tensó y pese al agarre del rubio, este término por ser derribado por Roy, revirtiendo sus posiciones. Ed sintió cómo el agarre de sus hombros pasó hacia su cuello, con fuerza, mucha fuerza, dejándolo lentamente sin aire. Edward trato de empujara Roy fuera de si, pero su fuerza no era suficiente y la visión comenzaba a empeñarse.

—Roy- R-oy –a penas lograba su voz salir en lamentables jadeos.

Y cuando Ed creyó que estaba a punto de caer en la inconsciencia a falta de oxígeno el agarre de su cuello desapareció, junto con un jadeo de alguien que parecía estar al otro lado de un túnel. Edward siguió jadeando buscando recuperar el aire robado, sujetando su pecho y sintiendo como su garganta ardía en llamas...mientras que el resto de su cuerpo comenzaba a sudar en frío.

¿Acaso lo había atrapado?

¿No había logrado salir de su encierro?

¿Había regresado?

—Ed...

Sus ojos subieron para centrarse en los oscuros iris de Roy, esperando algún cambio, esa señal que en cualquier momento le revelaría que todo esto era falso, otra más de sus horribles jugarretas, ofreciéndole un rayo de esperanza antes de sumergirlo nuevamente en la oscuridad.

—Edward, respira conmigo, necesito que te tranquilices –Roy le pidió con un susurro al oído y Ed se notó en los brazos de él, aún jadeante y temblando— lo siento...en verdad lo siento, estaba completamente fuera de mi- tú sabes que yo jamás te lastimaría, por favor, amor, tranquilízate.

Ed trato de seguir sus palabras y tratar de tranquilizar su respiración, regresando el agarre de Roy, rodeándole con sus brazos. Sosteniéndose de él, en una súplica silenciosa de que esto fuera real -por favor que esto sea verdadero, no una ilusión, no una réplica más, no podría aguantar otra mentira, no de esta manera- tratando de encontrar todo lo que pudiera recordar del verdadero Roy. Comenzando por observar la habitación, con aquellos detalles que no pudieran encajar...pero todo parecía normal. Un desorden típico en la habitación, con los mismos cuadros de Roy y Hughes en sus uniformes de la academia, de una foto de Elysia en brazos de Roy y aquella dónde estaban él y Roy alzando sus vasos en el bar, sonrientes y algo demaciado sonrojados.

—...asi es, trata de mantener el aire dentro unos segundos y luego suéltalo con lentitud –seguía Roy dándole instrucciones y con el poco control que iba recuperando, Ed seguía sus palabras, tomando aire, notando la colonia picante y el ligero olor a ceniza que siempre parecían seguir a Roy...y lentamente dejó salir el aire.

Su cuerpo se relajó por completo en ese momento, dejando su plan para escapar y pelear al segundo en que cualquier cosa delatara el engaño, alguna palabra, un movimiento. Sinceramente las líneas entre la realidad y la ilusión se habían desdibujado desde hacía tantos meses que yo estaba seguro en que confiar, en que creer. No era como si pudiera fiarse de sus sentidos cuando por si mismo su cuerpo...ya no le pertenecía.

—Eso es amor, sigue así–suspiró Roy entrelazando sus manos y Ed no pudo evitar estremecerse ante el contraste de la frialdad de su cuerpo y la calidez de Roy. Ed sospechaba que de no ser por la adrenalina aún corriendo por su sistema, se había dejado llevar por el cansancio y habría regresado a dormir con el calor que le proporcionaba Roy.

Esto era real entonces...¿verdad?

Ed empujo suavemente a Roy, quedando ambos viéndose mutuamente. Roy lentamente tomó su mejilla, con la mirada bajando a lo que el suponía era su cuello, y frunciendo el ceño con preocupación.

—Ed... yo-

—No te disculpes otra vez, sabes que yo he respondido de maneras peores cuando tú me despiertas.

Francamente Ed estaba tan sorprendido por sus palabras como lo parecía Roy con sus ojos realmente abiertos, no había planeado responder pero eso no hacía menos verdaderas sus palabras. Edward bajo la mirada y dijo en voz baja:

—¿Realmente estoy de vuelta?

La calidez de dos brazos rodeándolo volvió a tomarlo, con su cabeza oculta en el cuello de Roy y la ligera respiración de este en su cabeza fue suficiente respuesta como para hacer que su garganta se cerrara y el picor de las lagrimas llegara. Y por lo contrajosa que la respiración de Roy se escuchaba, Ed supuso que no fue el único en romperse.

—Bienvenido de vuelta, mi Sol.

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