Disclaimer:

Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen. Son obra de Masashi Kishimoto.

Sin embargo, ésta historia es de mi autoría por lo que queda prohibido el plagio o distribución sin mi consentimiento.


II

La primera noche juntos


El abrazo duró más de lo que Sakura hubiese imaginado en sus más locos sueños. Sintió como cada hueco de su ser se llenaba con la mera presencia del pelinegro. Sin embargo, necesitaba ver su rostro, asegurarse que era a él a quien abrazaba y no se confundía por culpa de la nostalgia. Sin soltarlo se alejó un poco de su cuerpo, sintiendo como él deslizaba su mano hasta su cintura. Dirigió su mirada hacia arriba esperando encontrar la de él.

–No llamaste –le reprochó cuando dio con sus ojos, comenzando a limpiar sus lágrimas con el dorso de su propia mano sin delicadeza alguna, mas con cierta vergüenza por culpa de su deplorable apariencia como consecuencia de tan sorpresivo encuentro.

–Lo siento –fue lo único que dijo. Dirigió su mirada hacia el lago y reforzó el agarre sobre su cuerpo, queriendo decir algo que con palabras se le dificultaba.

Sakura no estaba segura sobre cómo reaccionar. Él había dicho "lo siento", y eso le había dejado indefensa. Internamente se sentía inmensamente feliz. Lo conocía lo suficiente para saber que eso era una muestra de que ella le importaba. Un mar de emociones, pensamientos y preguntas surgieron dentro de ella. Al final optó por externar la duda que le parecía más apropiada y por la que, de momento, se sentía más interesada.

–¿Tienes dónde quedarte? –inquirió Sakura aún sin separarse del todo del cuerpo del moreno, dejándose envolver por su aroma, sintiendo como su agarre se relajaba sólo un poco.

–Tenía pensado ir a la casa de huéspedes cerca de la torre del Hokage –contestó regresando su inexpresivo rostro hacia ella.

–¿Te… –comenzó a decir la pelirrosa con un nuevo sonrojo y un evidente nerviosismo– ¿te… –volvió a apoyar su mejilla sobre el pecho del Uchiha– ¿te gustaría, tal vez, quedarte en mi apartamento? –soltó la pregunta con un poco más de confianza al haber huido de su mirada, por lo que no pudo atestiguar la sonrisa de medio lado, producto de la satisfacción, que le había dedicado él ante semejante invitación–, eso te ahorraría el costo del hospedaje y tal vez te sentirías en más confianza con alguien conocido –añadió apresuradamente al no recibir respuesta por parte del azabache.

–Seguro –fue su escueta respuesta sin desaparecer el gesto de su rostro, regresando la mirada hacia el horizonte.

Permanecieron un momento más así. Sakura aspiraba lo más sutilmente posible la varonil fragancia que desprendía el Uchiha. Sasuke, por su parte, divagaba en sus pensamientos. En verdad no estaba del todo seguro sobre qué haría después. Tenía una idea de qué quería lograr, pero no podía decir lo mismo sobre los medios para alcanzarlo. Decidió dejar de pensar sólo por esa noche.

La Haruno lo soltó y se apartó de él, extrañando al instante la sensación de protección y seguridad, así como la calidez de su cuerpo. Comenzó a caminar lentamente esperando que le siguiera, aún sin animarse por completo a verlo e intentando ocultar el rubor de su rostro. Al percibir su aroma y su calidez nuevamente cerca, a unos cuántos centímetros por detrás de ella, se sintió con un poco más de confianza, por lo que dirigió su mirada hacia el rostro del Uchiha sintiéndose más segura. En esta ocasión pudo ver con claridad la sonrisa que él le dedicó. Se forzó a no apartar la mirada, y le sonrió ampliamente de vuelta, siendo incapaz de ocultar la felicidad que le embriagaba.

Como un tácito acuerdo, caminaron en silencio hasta el apartamento de la pelirrosa, donde ella podría hacerle el sinfín de preguntas que habían atormentado su mente desde su partida hasta ese mismo momento.

–Es por aquí –indicó Sakura al cabo de quince minutos, para comenzar a subir las escaleras de un edificio hasta el tercer piso. Avanzaron a lo largo del pasillo hasta detenerse frente a la puerta con el número 302. Sacó torpemente las llaves de su bolso, introduciendo la correcta en el cerrojo para poder cederle el paso al pelinegro. Al prender la luz, la sala de estar se iluminó, dejando ver un poco más allá del fondo del comedor. Se deshicieron del calzado y avanzaron unos cuántos pasos.

Sasuke se detuvo detrás de la sala, con la mirada fija en la barra más allá de la mesa y las sillas. Levantó una ceja con evidente curiosidad. Sakura, quien en ningún momento le quitó los ojos de encima, notó el gesto del pelinegro, por lo que dirigió su mirada hasta dónde él la tenía. El par de copas con restos de vino aún permanecían dónde las habían dejado antes de salir hacia el bar. Se permitió dejar el silencio unos segundos más, preguntándose si Sasuke tal vez sentía celos, optó por descartar el pensamiento y se limitó a decir:

–Ino estuvo aquí y decidimos tomar un poco antes de salir –dicho esto, avanzó en el mismo instante hasta la barra para quitar la evidencia y dejarla en la tarja–. ¿Te apetece un poco de té… o vino tal vez? –ofreció desde la cocina, asomándose por encima de la barra.

–Vino está bien –contestó él desde la sala de estar mientras se deshacía de su capa, arrojándola sobre un sillón al lado del sofá para tres personas donde optó por sentarse. Su vista se dirigió ahora a la mesa de té, donde se encontraba la foto del equipo siete, cuando apenas eran unos genin. La vio con un poco más de detenimiento. La posición del marco decía mucho. Seguramente ella la estaba viendo ese mismo día, se preguntó si eso sería una rutina y se culpó por cualquier clase de sufrimiento que la pelirrosa pudo haber padecido. Fue en ese momento que él mismo se reprochó por la falta de contacto en los últimos cuatro años. Nunca le dedicó una carta y, sin embargo, él recibía noticias de ella gracias a Kakashi y a Naruto, mas él nunca fue capaz de contestar, esperando con cierta negación que Sakura rehiciera su vida. Pero no fue así. Se permitió ser egocéntrico y decidió que era gracias a él que ella aún no cambiaba su estado civil a casada. Dio por sentado su soltería por el simple hecho de que en ese momento se encontrase en su vivienda puesto que no la creía una mujer infiel ni irresponsable como para admitir a un hombre –sobre todo uno con el que compartía un pasado– a tales horas de la noche. Si a eso sumaba las reacciones de la joven, que eran una evidencia clara sobre el sentimiento que ella albergaba desde su infancia, tendría como resultado la esperanza y la paciencia de la chica para que él volviese para cumplir la promesa profesada en su despedida, sin importar qué clase de interpretación haya hecho ella sobre la misma.

Desde luego que de niños no la merecía, pensó. Y, para ser honestos, ella tampoco a él. Él no le dedicaba ni un minuto de sus pensamientos, concentrado sólo en entrenar, ser mejor y cumplir sus frívolos y malévolos objetivos, mientras que ella era sólo una chiquilla superficial y empalagosa, preocupada sólo por sí misma y por estar con él, sin interés real por su persona, sin habilidades, destrezas o fortalezas que pudiesen distinguirla como ninja… pero el tiempo pasó, y eso cambió. Él se encontró con su imagen y su voz más de lo que le gustaría admitir durante su viaje de redención, en el que se detenía debajo de cualquier árbol de cerezos para tomar las mejores siestas. Fue entonces que entendió el sentimiento. Dejó que éste madurara hasta no tener escapatoria. Dejó que los cuatro años transcurrieran, y cuando sintió que su alma se encontraba en paz y tranquilidad, decidió que era tiempo de regresar, con la esperanza de que ella siguiera ahí, a sabiendas que definitivamente seguía sin merecerle. Si la kunoichi había re-hecho su vida, entonces le dejaría y respetaría su decisión sin interferirse, de lo contrario, haría lo posible por permanecer a su lado. Ella, por su parte, se había convertido en una shinobi reconocida tanto por sus destrezas en el campo de batalla como por sus habilidades médicas, y, hasta donde sabía y por lo que había notado, lucía menos interesada por su apariencia que antes. Ahora ella merecía a alguien mejor que él.

–¿Sasuke? –le llamó Sakura con un semblante de preocupación. Se encontraba ligeramente inclinada hacia él, sosteniendo una pequeña charola redonda hecha de corcho con las copas vacías y la botella. Dejó la bandeja sobre la mesa de té con cuidado, atenta a la enigmática mirada de él. El pelinegro negó suavemente con la cabeza como señal de que nada pasaba. La pelirrosa siguió con la mirada dudosa. Tomó uno por uno los objetos de la bandeja y los colocó sobre la mesa– ¿Seguro que estás bien? –insistió aún sin despegar los ojos de él, levantando el pedazo de corcho hasta abrazarlo contra su propio pecho. Vio como el pelinegro soltaba un pesado suspiro, como si estuviese a punto de confesar un crimen. Se acuclilló a su lado y tuvo el atrevimiento de tomar su mano entre las suyas, sobre el regazo de él, frotándola con delicadeza en un intento de inyectar la confianza que sabía él necesitaba para que soltase lo que tuviese que soltar. Agradeció que no retirara la mano y sintió como el cuerpo del moreno se relajó solo un poco.

Sasuke nunca había sido bueno con las palabras, no sabía pedir las cosas con tacto, no sabía cómo expresar emociones. En cambio, vivió actuando impulsivamente para demostrar cada una de ellas: odio, tristeza, frustración, todas emociones negativas. Apenas conocía el perdón y el lidiar con sentimientos positivos se volvía un calvario. Volvió a suspirar pesadamente. No le dedicó una mirada, sino que se enfocó en el agarre sobre su regazo. No sabía cómo empezar a hablar. Pudo notar cómo ella retiraba una de sus manos, que luego sintió detrás de su nuca en una suave caricia. Sakura afirmó el agarre sin lastimarle y, cuando Sasuke reaccionó, ella ya había posado sus labios sobre los de él. Atónito, vio su sonrojado rostro unido al suyo, los ojos de ella cerrados con suavidad, en cambio, él no era capaz de hacer lo mismo con los propios por culpa de la sorpresa. La kunoichi se despegó lentamente al tiempo que dejaba que los párpados se levantasen, la mirada fija en la expresión de su acompañante. Su sonrojo se incrementó al ver el rostro impresionado de él, pensando tal vez que aquello había sido demasiado osado de su parte. No supo que más hacer, le dedicó una suave sonrisa y bajó la mirada hacia las copas de vino. Retiró la mano que tenía sobre el cuello del pelinegro y la regresó a su lugar anterior, sobre el regazo del chico, no muy segura de lo que había hecho.

El corazón de la pelirrosa se detuvo cuando sintió cómo él soltaba aquel agarre, y comenzó a latir desbocadamente un segundo después cuando él posó su mano en la parte baja de su cabeza y la atraía hacia él, uniendo nuevamente sus labios de un modo un tanto más brusco e impulsivo. Ante tal iniciativa, Sakura, aún en cuclillas, atinó a rodear su cuello para profundizar el aún tímido beso.

Se separaron al cabo de un rato, para luego unir sus frentes. La mirada intensa y cargada de emociones por parte de ambos no se hizo esperar. Sakura no pudo evitar sonreír abiertamente, cualquier intento por ocultar la felicidad que en aquel momento sentía era inútil. Sasuke tenía un aire de orgullo, satisfacción y tranquilidad en una apenas visible sonrisa.

No necesitaron palabras. No necesitaron una declaración o una confesión de amor. Ella sabía que no era su estilo y no quería presionarlo, le bastaba saber que él estaba ahí, abrazándole y mirándole como si su vida dependiese de ello. Tal vez en un futuro se armaría de valor para aclarar en qué clase de situación se encontraban, pero definitivamente, se dijo, eso no sería ese día. No arruinaría el momento con algo que carecía de importancia en ese instante.

La pelirrosa se levantó bajo la atenta mirada de él y sirvió vino en las dos copas, le ofreció una y luego se sentó junto a él en el sofá, subiendo ambas piernas al mismo en una pose más bien infantil. Dio un sorbo de su propia copa. La sonrisa nunca abandonó su rostro. Sus pensamientos tomaban distintas direcciones y se permitió ver a Sasuke, quien aparentemente seguía sin quitarle los ojos de encima. Decidió comenzar alguna conversación trivial.

–Sasuke –le llamó con cierto nerviosismo–, ¿cómo… cómo estuvo tu viaje? –preguntó tranquilizándose a sí misma con genuina curiosidad.

–Sakura –llamó él, con un tono que dejaba en claro que tenía otro tema en mente. Le taladró con la mirada, esperando que ella leyese sus intenciones–, esto que hay entre nosotros… –comenzó. Hizo una pausa para escoger con cuidado lo siguiente a decir, puesto que no le apetecía tener que repetir algo que le costaba tanto expresar. No fue consciente del momento en que la pelirrosa dejó de respirar– quisiera… empezar de cero –dijo al fin, sin embargo, volvió a buscar entre su vocabulario más palabras para agregar, al notar la mirada de confusión y esperanza de Sakura, que había vuelto a respirar– Yo… –calló cuando sintió las yemas de los dedos de Sakura sobre sus labios, ella ligeramente inclinada hacia él.

–Sasuke –dijo ella sonriendo con ternura–, te esperé, y haré lo que sea que me pidas si eso te hace feliz –agregó a sabiendas que él había cambiado y que sus deseos al fin serían para poder retomar la vida que siempre mereció y que se había negado a aceptar. Ya después pondrían algún título a la relación que compartían, si es que era necesario.

Él sólo sonrió ligeramente y asintió agradecido. Sakura retomó la pregunta inicial sobre su viaje, relajándose en el acto. El pelinegro le había explicado con detalle cada evento relevante durante sus años de ausencia, incluyendo sus furtivos viajes a la aldea cuando sabía que existía algún peligro.

Con interés, él preguntó sobre la vida de la joven médico, llevándose una grata sorpresa cuando le contó sobre el hospital para niños huérfanos. Nuevamente se permitió ser egocentrista y se dejó conmover ante la idea de cómo ella seguía pensando en él y en los pobres infantes que podrían seguir un camino similar al suyo, uno errado, de no contar con el debido apoyo. En cierto modo, él fue su inspiración. No dejó pasar desapercibida la madurez que reflejaba cada palabra que salía de sus labios y cada facción de su rostro, en especial esa mirada tan hipnótica que poseía.

Conforme la noche avanzaba, la mesita de té iba juntando cada vez más botellas de vino, logrando con ello un ambiente más animado y relajado entre el par de ninjas. Pequeñas muestras de confianza y afecto iban expresándose entre ambos. Ella tomaba su antebrazo de vez en vez, dando un suave apretón. Él colocaba su mano sobre una de las rodillas desnudas de la pelirrosa, ascendiendo poco a poco sin siquiera darse cuenta, pero con el pudor suficiente para detenerse un poco más arriba de medio muslo. No se percató de que había levantado la falda de su acompañante. A Sakura, sin embargo, eso no le importaba. Nunca había visto a Sasuke de ese modo, tan abierto y con tanta paz. Sentía cómo la espera había valido la pena.

Sin darse cuenta, unos tenues rayos de sol iban colándose por la ventana.

–Cielos, ¿qué hora es? –preguntó Sakura sorprendida, cubriendo su boca con una de sus manos, intentando reprimir un bostezo. Si bien la pregunta había sido más para sí misma, el azabache contestó.

–La hora de ir a la cama pasó hace mucho –la ojijade se sonrojó ante semejantes palabras, entendiendo un segundo significado que, a decir verdad, no había sido intención del ojinegro.

–Deberíamos dormir –dijo ella sin más, levantándose lentamente al tiempo que depositaba la copa en la mesa, cuidando a su vez de no ser azotada por un mareo por culpa del alcohol. Se dirigió hacia su habitación y cerró poniendo el pestillo mientras se deshacía de su maquillaje y cambiaba su vestimenta por un cómodo y diminuto pijama.

Sasuke, por su parte, permaneció sentado en el sofá, girando la copa por el tallo, atento al movimiento del vino dentro del cáliz. Suspiró y depositó el objeto de su atención sobre la mesita y se puso lentamente de pie para después comenzar a desvestirse. A pesar de contar con únicamente un brazo, su destreza seguía siendo envidiable, incluso para una tarea tan mundana como aquella. Una vez se deshizo de las prendas de la parte superior, comenzó a desabrochar su pantalón, justo en ese momento escuchó como la puerta de la habitación por la que había entrado la pelirrosa se abría nuevamente. Tomó nota de cada detalle de la apariencia de su acompañante, recorriendo su cuerpo de abajo hacia arriba. Sus piernas torneadas estaban completamente expuestas, un pequeño short azul holgado cubría hasta unos centímetros por debajo de sus glúteos, al subir un poco más la mirada pudo ver una blusa de tirantes, de igual modo era ligeramente holgada, del mismo color de los pantaloncillos que escondía el pecho de la chica. La tela era tan delgada, que pudo ver con claridad cómo los pezones se marcaban a través de ella. Se preguntó si habría escogido el atuendo deliberadamente. Siguió subiendo la vista. Recordó su tacto sobre la clavícula y el cuello de la kunoichi, un poco más arriba se encontraban sus labios abiertos, un par de mejillas sonrojadas –tal vez por el alcohol, la situación o ambos–, y finalmente, una mirada tímida pero decidida. Su cabello aún lucía lacio, con la división por un lado. Se veía realmente hermosa, se dijo para sus adentros, con la esperanza de ser capaz de decirlo en voz alta en algún futuro. No quería ser un bastardo, no con ella después de la historia que compartían.

Sakura, al salir, no pudo apartar la vista de los pectorales del poseedor del Sharingan, hasta que se percató de su mano sobre los botones de su pantalón, intentando deshacerse de él. Se preguntó qué tan difícil sería realizar todas esas tareas cotidianas con un solo brazo. Regresó la mirada hasta posarla sobre el rostro imperturbable del pelinegro, intentando con todas sus fuerzas dirigir el pensamiento a algo más inocente y menos perverso.

Al notar que habían estado demasiado tiempo sin moverse ni un milímetro, Sasuke se golpeó mentalmente, y continuó desabrochando los pantalones para después bajar la prenda por sus piernas, hasta quedar únicamente en bóxer. Recogió sus prendas y las dobló lo mejor que pudo, poniéndolas sobre el sofá de una pieza, sobre la capa. Acto seguido, se dejó caer acostado sobre el sofá en el que estuvo conversando toda la noche con la pelirrosa. Cubrió sus ojos con su antebrazo, dejando escapar un suspiro. Unos segundos después sintió el frío tacto de la mano de la Haruno sobre su muñeca. Abrió los ojos de golpe y le vio. Ella le dedicaba una tierna sonrisa mientras lo jalaba para que se pusiese en pie.

–Pensé que tal vez podríamos compartir la cama, es grande y seguro que más cómoda que el sofá –dijo con nerviosismo, completamente sonrojada, sin apartar la mirada de sus ojos. Sasuke asintió con gesto relajado, dejándose guiar hasta el tan ansiado lecho. Si bien la situación se prestaba para un encuentro más pasional, ambos se encontraban sumamente exhaustos. En su mente, Sasuke sabía que le debía un momento mágico a la pelirrosa para el primer encuentro sexual por compartir. No era romántico, pero había sido un imbécil toda su vida, y quería al menos dedicarle esa experiencia como debe ser.

Al entrar a la habitación, vio que la cama ya estaba preparada. La luz estaba prendida y las cortinas en las ventanas impedían cualquier paso de la luz exterior, permitiéndoles dormir tanto como necesitasen. Agradeció internamente por ello. Sakura soltó su muñeca apenas entraron y fue por otra almohada a su armario. Al darse la vuelta, vio a Sasuke levantar las cobijas por una de las orillas de la cama para colarse debajo de ellas. Le vio acostarse con los brazos extendidos con un gran espacio libre bajo su brazo derecho, tenía una expresión de completa satisfacción, como si la última vez que hubiese estado en una cama similar hubiese sido mucho tiempo atrás. Rogó porque su lecho jamás hubiese sido compartido. Alejó ese pensamiento y optó por dejar su atención en lo que acontecía justo en ese instante. Sonrió con ternura y se encaminó hacia dónde él estaba. Puso la almohada en su lugar y con cierto nerviosismo se atrevió a acostarse sobre su brazo. Con timidez, posó la mano en su pecho, atenta a la respiración y a los latidos del corazón del chico. El pecho subía y bajaba con tranquilidad. Sintió cómo el brazo de él le rodeaba por los hombros, para luego bajar lentamente hasta detenerse sobre su cintura, causándole una sensación placentera. Ella, por su parte deslizó su mano por sus costillas y le apretó en un abrazo, esperando acercarse más a él, y así, lograron caer en el mundo de los sueños.


NA: Hey, aquí les traigo un nuevo capítulo, espero les guste :D, ¿se imaginaban que así sería la primera noche juntos luego del regreso del Uchiha? ;-) Posiblemente no, jaja. Muchas gracias por sus mensajes, me motivan a seguir escribiendo :-)

Intentaré que las publicaciones sean semanales para poder darme tiempo suficiente para escribir, aunque posiblemente relea y haga algunos cambios a los capítulos que ya habían sido publicados, como me acaba de pasar. No me parecen cambios significativos, sin embargo no está de más avisarles :-)

-Jazmadi

Actualizado.