Muchas gracias por su apoyo, espero que esto les guste y sea de su agrado. Lamento la terrible demora, el último año estuve un poco ocupada con la universidad y apenas si pude escribir un par de cosas. Prometo que no dejaré ninguno de mis proyectos inconclusos.

Sin más, disfruten.

Declaimer:

Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.


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Episodio

2

Meteorito

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"Fuiste la más extraña coincidencia.

Encontrarte era como un milagro fatal."

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Fue como si una gran roca caliente golpeara su cuerpo de forma dolorosa. Algo que movía por completo el centro de su propio universo personal. Parecido a la colisión de un par de asteroides o quizás mejor comparado con el ferviente choque de una estrella muerta contra el planeta: podría incluso describirlo como una sacudida potente de la base hasta la punta y quedaría corto todavía con la sensaciones atoradas en su garganta. Se perdió en ese color de ojos tan inusual. Como si se tratase de un pozo sin fondo que lo engullía en un bucle de infinitos sentimientos tan desconocidos como excitantes. Su cabeza se volvió un desastre en cuestión de segundos, y pretendió culpar a la contusión que seguramente se había hecho al caer minutos atrás. Su pecho dolió, como si se estrujara por lo excesivamente pequeño que resultaba para poder contener ese órgano bombeador de sangre. Algo debía andar mal con él, seguro que se había roto alguna parte del cuerpo. Era tan incómodo y desconcertante que se sintió genuinamente irritado. Sus oídos parecían haberse desconectado en medio de su estupor y cuando al fin hubo recuperado un poco de su consciencia escuchó las preocupadas palabras de esa joven que seguía tumbada sobre él, la cual le sostenía las mejillas preguntando aterrada su estado de salud.

—¿E-estás bien?—volvió a cuestionar la muchacha con el rostro pálido como una hoja, sus manos temblaban al aferrarse al perfilado rostro del moreno.

Ni siquiera parecía darse cuenta de la comprometedora posición en la que se encontraban ambos.

Su tacto comenzó a arder.

Sasuke frunció el ceño y chasqueó la lengua con desagrado mientras levantaba una mano para apartar la de ella, se enderezó como pudo con el cuerpo de la chica todavía sobre sus caderas.

—Basta—gruñó molesto y la peliazul se detuvo en su examinación —, ¿Eres estúpida? ¿Cuánto tiempo planeas estar sentada sobre mí? ¡Pesas!—bramó fuera de sus cabales.

—¿Eh? ¡L-lo si-siento!—exclamó abochornada.

Su cara se puso completamente roja y mordió su lengua al hablar. Se apartó bruscamente del morocho y cayó sobre sus asentaderas a un lado del canasto que había usado para quitar las prendas que ahora reposaban abandonadas a su alrededor. Nunca creyó que terminaría cayendo de la caseta al tropezarse con una manguera cuando quitaba la ropa que la casera le había pedido. Mucho menos esperaba que su estrepitosa caída fuera a ser amortiguada por un desconocido que apareció de la nada. Estaba tan apenada que no sabía dónde meter la cara. Deseó tanto que la tierra se la tragara. Su corazón latía desbocado y el sonrojo de sus mejillas amenazaba con hacerle sangrar los poros.

Probablemente se desmayaría si seguía así.

Por otro lado Sasuke se incorporó lo suficiente para quedar sentado. Logró ver a lo lejos el pote de su cerveza que ahora yacía desperdiciado sobre el suelo y su celular se había abierto por la caída. Gruñó al ver la pila del aparato por un lado y el resto de los componentes por otro. Mierda, esperaba que no se hubiera estropeado. Con su situación actual, no podía darse el lujo de echarlo a perder.

—Tsk, esto es un asco—exclamó el Uchiha tratando de ponerse de pie

Un tirón en su muñeca izquierda lo hizo quejarse.

—¿E-estas herido?—inquirió nuevamente la joven sintiendo que el corazón se le salía del pecho.

Después de todo él no había respondido en ningún momento su pregunta.

—No.

—Pero… tu mano…

—Eres increíblemente molesta—Tajó. Su humor estaba hecho un desastre. Hinata se estremeció—, ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¿No te enseñaron a tener cuidado?—usualmente no actuaria de ese modo.

Se quedaría callado, refunfuñando una y mil cosas sobre ella y se marcharía a su departamento sin dirigirle más que una mirada mortífera; pues no estaba en una posición en la que pudiese entrar en un conflicto con alguien desconocido. Pero honestamente no podía simplemente dejarlo estar como un accidente.

Dejando de lado que era una estrella de la música, y dañar su persona podría meter en grandes problemas a esa chica, y a su propia carrera, cualquiera hubiera estado en peligro de muerte si un ser humano le cae, literalmente, del cielo.

—L-lo siento, yo… no… yo no quise… la manguera…—tartamudeó y Sasuke rodó los ojos.

Genial, una mocosa con problemas de habla.

—Como sea, es una molestia de todas maneras—escupió sacudiéndose la tierra de sus ropas. Su muñeca resintió de nuevo el movimiento, lo cual no le agradó demasiado, quizás tenía una pequeña torcedura, aunque no estaría completamente seguro hasta revisarlo bajo una luz clara. No es como si en el pasado no se hubiera lastimado las manos, por lo que creía ser capaz de diagnosticarse sin la necesidad de ir a un médico, pero si la cosa era peor, no tendría más remedio que llamar a Yamato.

Además le marcaría al Hatake apenas se asegurase que su móvil no estaba roto, sino sería otro incordió más el cual tratar con su representante, que seguramente le echaría bronca apenas le comunicase que en las primeras veinticuatro horas desde que había empezado su castigo, ya había roto un par de las "reglas" de Tsunade.

Menuda suerte de mierda.

Chasqueó la lengua y cogió del suelo las piezas del celular y las armó nuevamente. Presionó el botón de encendido y esperó que el hecho de tratarse de un Nokia sirviese como garantía de que no tendría que aguantar un sermón por romperlo.

"Bienvenido"

Bendito sea el bastardo que creó esa línea de móviles.

Suspiró y sintió sus hombros más relajados. Bueno, al menos esa era una preocupación que tachar de la lista. Metió el teléfono dentro del bolsillo de su pantalonera y se inclinó levemente para coger el pote de cerveza casi totalmente vacío.

Maldita sea, con lo mucho que le gustaba esa marca, y era cara por lo que con su economía actual no podía darse el lujo de comprar más hasta el próximo día de pago, de modo que tenía que ser bastante cuidadoso en aprovechar las que podía conseguir sin dejar de lado sus costos de alimentación.

—Yo…—sintió sus pupilas contraerse.

¿Esa chica seguía ahí?

Vale, no es como si pudiera esfumarse de la nada.

Giró medio cuerpo y la vio acuclillada recogiendo una a una las prendas.

—…

—Lo siento…—susurró dándole la espalda—, y… gracias.

—Tsk. No tiene sentido que me las des, no es que lo hubiera hecho a propósito.

Era más bien una coincidencia, desafortunada, atinó a agregar mentalmente. Su cuerpo había reaccionado por instinto, casi como si en lugar de una persona, se tratara de una pelota o algo parecido. Si, seguro que recordaba los tiempos en los que solía ser parte del equipo de voleibol cuando estaba en la secundaria.

Ella sólo era un balón que receptó.

—¡Aun así…!—exclamó y él respingó, ¿podía elevar tanto la voz sin parecer que gritaba? Vaya control de la fuerza de sus pulmones—, a-aun así… me… salvaste, gracias—calló nuevamente.

Realmente era muy mala para tratar con personas nuevas. Nunca le había visto antes, y dado que tenía acceso a la azotea del edificio, podía deducir que ese chico era el nuevo inquilino que se había mudado ese mismo día más temprano.

Su vecino, por no decir más.

Vaya primera impresión se había llevado. Definitivamente no podía augurar una buena relación entre ambos.

Casi podía apostar que él la estaba odiando.

—Hmmp—volvió a darle la espalda y comenzó a caminar hacia las escaleras de la azotea para ir a su departamento.

No quería estar más tiempo ahí.

Ya había sido demasiada interacción con una persona tan molesta por el resto de la noche.


El sonido de la persiana metálica del local sonó estruendosamente mientras tiraba de la cadena para terminar de cerrar. Se agachó para atorar la aleación y ponerle el candado que llevaba dentro del bolso y una vez se hubo asegurado de que estaba bien puesto se puso de pie bastante satisfecha por haber logrado su labor sin cansarse demasiado. Sobó sus hombros, y destensó el cuello mientras dejaba escapar un gran suspiro. Había sido un día tan ajetreado, pero no menos fructífero. Siempre aprendía cosas nuevas cada día, conocía personas interesantes al tratar con sus clientes y pasaba el tiempo con gente maravillosa que trabajaba con ella. Recordó vagamente el esfuerzo que le había costado llegar hasta donde estaba y las cosas que había ganado y perdido antes de ello. Ciertamente, habían sucedido tantas que si lo dejaba estar podría echarse a llorar por lo nostálgica que se pondría.

Rin sacudió la cabeza, ya era mayor como para ser tan emocional.

—Buen trabajo—se exaltó un poco al escuchar aquella voz tan familiar hablarle desde el costado izquierdo.

Distinguió al dueño de ésta recargado cómodamente contra la puerta de una X-Trail color negro. No llevaba la mascarilla que siempre usaba durante el día, lo cual quería decir que ya no estaba en su modo misterioso, como usualmente ella le llamaba a la apariencia que tenía al usar la máscara quirúrgica. Su rostro despejado, era bastante atractivo y el lunar junto a sus labios, podía ser fatal para cualquier mujer, o al menos eso le encantaba decir para molestarlo.

—Igualmente para ti—respondió sonriendo mientras se acercaba a él.

—¿Te dieron mi recado?

—Sí, Hinata-chan me dijo que vendrías—aseguró acomodándose una crin tras la oreja.

—Gracias por enviarme el móvil, no había modo de salirme para regresar por él—musitó apartándose para abrir la portilla del coche y hacer un gesto con la cabeza para indicarle a la castaña que entrase, ella acató silenciosamente su invitación—, tu chica fue muy diligente—agregó subiéndose al lado del piloto. Encendió el motor apenas se hubo acomodado.

Rin se abrochó el cinturón.

—Es una muchacha maravillosa.

—Ya lo creo.

—¿Y bien?—indagó dejando su bolsa en el puente entre asientos—, ¿Cuál es el plan?

—¿Plan?—giró cuidadosamente el volente para tomar la calle de una vez.

—¿No lo hay?

—Eres tan aguda.

—No es así, usualmente pasas por mi cuando te sientes estresado—exclamó volviendo su mirada hacia la caratula del radio y movió la perilla buscando una estación en específico. Se detuvo una vez dio con la 89.6 FM y sus dedos golpetearon rítmicamente sus rodillas al escuchar Thank you for loving de Bon Jovi—, ¿Aun no puedes solucionar ese problema?

—Es complicado—suspiró desabrochándose la corbata.

—Puedes hacerlo, ten confianza.

—Es fácil decirlo—rodó los ojos.

—Has superado cosas peores—aseguró

La Nohara lo miró fijamente, como si estuvieran pensando en las mismas cosas.

Cosas que eran tanto felices como dolorosas.

—Eso es verdad—esbozó una curva.

—Genial, me alegra que lo entiendas. Adoro esta canción y tu cara larga la estaba arruinando—bromeó suavemente y él rodó los ojos

—Bien—exclamó sacudiendo la cabeza—, ¿Qué tal noche de pizza?—sugirió.

I Want To Know What Love Is, comenzó en todo su esplendor.

—¿Hmm? ¿Pizza? ¿Con un hombre de negocios?—enarcó una ceja élegamente mirándolo de la cintura hacía arriba, dando a entender el significado de su comentario.

Claro, ir en un traje Armani a la pizzería del barrio, era la cosa más casual en estos tiempos.

—¿Voy por unos jeans?—indagó siguiéndole el juego y ella rió.

—Que va, estoy bien con esa combinación—afirmó.

—¿Crees que a él le moleste si llego de improvisto?—inquirió recordando un cierto detalle.

—¿Eh? ¿Crees que lo haría? A él le gustas mucho—respondió—, y más si llevas pizza.

Kakashi sonrió.

—Vale, entonces vamos.

Hablar con Rin siempre lo relajaba. Ella era su mejor amiga y la persona que siempre le ponía los pies sobre la tierra.

No sabía que sería de él si ella no estuviera ahí.


Abrió la puerta luego de escuchar el sonido electrónico de la cerradura y sonrió de oreja a oreja al ver a la persona parada frente al lumbral. Su despeinado cabello rubio estaba ligeramente húmedo y la sudadera de Strikers hacia juego con esos pantalones de chal negros. Sacó un par de billetes de su cartera en forma de sapo y se lo dio recibiendo a cambio una bolsa grande de plástico que desprendía un agradable olor grasosamente delicioso. El repartidor le devolvió el cambio y tras una breve reverencia se marchó. El de ojos azules cerró nuevamente la entrada y arrastró los pies por el living dirigiéndose hacia la sala de la espaciosa y moderna residencia.

—Llegó el pollo frito—anunció a los otros dos ocupantes del lugar mientras bajaba los tres escalones que daban al salón.

La casa era amplia, de paredes blancas con algunos colores oscuros contrastando en ciertos muros. Los cuadros y fotografías enmarcaban las caratulas de los discos que habían lanzado a lo largo de su carrera y una que otra toma de sus sesiones para material adicional podía verse en marcos grandes. En el centro de la habitación había una gran lámpara fluorescente en forma de espiral y los muebles armonizaban con su estilo simétrico y tonos grisáceos, azulados y blancos. El suelo estaba cubierto por una extensa alfombra añil.

La joven de cabellos rosados reposaba sobre el sillón de dos plazas con las piernas recogidas leyendo cómodamente en su Ipad, tenía el cabello hecho una pequeña coleta que apenas si le rozaba el filo de la quijada. Su pijama roja era bastante grande y la piel de su rostro estaba cubierta por una delgada mascara facial. Por otro lado, el moreno de sonrisa serena se hallaba sentado en frente al elegante piano de cola que había traído consigo tocando notas al azar que creaban un sonido ambiental bastante tranquilo.

—Genial, me moría de hambre—Sakura dejó la tableta de lado y bajó del sofá para sentarse en el suelo y acomodar las piernas bajo la mesita de centro donde el Uzumaki había puesto la bolsa con el alimento. Verificó el pequeño reloj de pulsera que llevaba en su diestra y se quitó la cubierta de la cara cuidadosamente.

Vale, que usualmente era un poco ruda y casi nada femenina. Pero al final de cuentas seguía siendo una chica y aun sí era una baterista tan buena que no se quedaba atrás frente a ningún hombre, eso no significaba que tuviera que tener el cutis de uno.

—Iré por la cerveza-ttebayo—musitó el blondo echándose a caminar hacia la cocina.

—Veo que has cogido las costumbres de nuestro último lugar de conciertos—dijo Sai mientras dejaba a un lado su cuaderno.

—Los coreanos sí que saben de lo que hablan cuando dicen que esto es la mejor combinación, aunque nada le gana al Ramen de Ichiraku—contestó desde el otro cuarto—, sólo disfrútalo-ttebayo.

El morocho se sentó frente a la ojijade en una posición bastante recta y elegante.

—Por cierto, ¿Sasuke-kun llamó de nuevo?—preguntó al bajista mientras éste regresaba de la cocina.

—Ese bastardo no lo ha hecho, después de cortarme la llamada de la nada, no pude contactarlo otra vez—depositó las latas de la efervescente bebida junto a la caja con los trozos de carne blanca empanizada.

Sai cogió un par de piezas al tiempo que abría una lata de cerveza.

—¿Estará bien?—susurró la Haruno y Naruto dejó caer sus asentaderas pesadamente al lado de la joven.

—Créeme Sakura-chan, antes de que le suceda algo a él, le pasa cualquier cosa al resto del mundo—tomó una pierna de pollo—. Sólo hay que darle tiempo a que se acostumbre a estar ahí, seguro que sólo está siendo orgulloso.

—Aun así, debe haber un límite para el carácter de Sasuke—exclamó Sai.

—Ah, sí no fuera tan terco, seguramente Tsunade-sama no le habría castigado de ésta forma.

—No, yo creo que aun así le habría enviado a ese lugar—el rubio sacudió una mano—, la abuela no sólo lo hace por ser mala con él.

—Es indiscutible que Sasuke es nuestra principal imagen como banda, y su perfil no es una cosa que se desconozca en el medio, como están las cosas por culpa de ese incidente, obligarlo a estar alejado es la mejor manera de protegerlo hasta que todo se aclare—el azabache miró a sus compañeros.

—Arg, esto es una porquería—Sakura se despeinó los rosados cabellos frenéticamente—, esa maldita mocosa me las pagará cuando aparezca—gruñó amenazadoramente—, sí que tiene agallas para colgarse del éxito que nos ha costado conseguir.

No había sido nada fácil llegar hasta donde hoy estaban. Fueron días difíciles, dolorosos sin la menor duda. Aun podía recordar las veces que tuvo que curar los dedos de Naruto y Sasuke por las cortadas que les dejaban las cuerdas cuando superaban su límite, Sai incluso tuvo que ir a terapia física por sus tendones de la mano hacia un par de años y ella había pasado un mes con la muñeca dislocada cuando recién estaban comenzando; todos y cada uno de ellos se había atrevido a cruzar el infierno de un mundo tan cruel como el suyo. Para conseguir aquel sueño que habían esbozado juntos una tarde en sus años de adolescencia, para que el corazón de sus canciones fuera escuchado, para que su música pudiese llegar a todo el mundo y ser reconocidos por lo que valían realmente, tuvieron que sacrificar muchísimo, tanto que el caer por culpa de una niña ególatra la sacaba de sus casillas tremendamente.

Mierda, quería romper algo.

—De alguna forma se solucionará Sakura-chan—intentó calmarla el rubio al ver que la muchacha bufaba para sí misma.

—Aunque me lo sigo preguntando—exclamó Sakura un tanto frustrada echándose hacia atrás para recargar su cabeza contra el sillón.

Naruto y Sai le miraron.

—¿Qué cosa exactamente?-ttebayo—pronunció el rubio.

—¿Cómo es que Sasuke puede estar tan seguro de que no se acostó con esa arpía? Quiero decir, le pusieron una droga en la bebida, no es como si hubiera estado en sus cinco sentidos y ellos incluso podrían haber tenido sexo realmente—exclamó bastante irritada por la sola idea de que alguien se aprovechara así de uno de sus mejores amigos.

Después de todo el cuerpo de un hombre era bastante manejable independientemente de su voluntad.

—¿Eh? Bueno…

—Oh, eso… bien, como sabrás los hombres somos bastante conscientes de nuestro propio cuerpo. Seguramente por el somnífero que le pusieron no se levantó su p…

—¡Sai!—gritó el ojiazul para impedir que dijera una de sus usuales oraciones tan fuera de lugar.

Sakura simplemente atinó a lanzarle una pierna de pollo con la cara enrojecida completamente. No era difícil imaginar qué era lo que él había tratado de decir. Pero tampoco era un tema que de buenas a primeras pudiera decir frente a una chica.

Porque si, era una chica, aunque a veces ella misma se olvidara de ello.


Gruñó mientras jalaba lo más que podía la capucha de su jersey para evitar que la dependiente de la caja de aquella pequeña farmacia pudiera reconocerlo. Chasqueó su lengua y entrecerró los ojos mientras miraba algunos productos para el dolor muscular y desinflamatorios. Dio un pequeño zarpazo al estante y dejó caer un par de ellos junto a la venda y un cabestrillo de muñeca que había cogido con anterioridad. Tenía suficiente tiempo dedicándose a la guitarra como para saber cuándo es que su muñeca estaba esguinzada, y para irritación suya, después de un acto tan estúpido como salvar a una completa desconocida, su panorama actual lucía tan oscuro que casi podía reírse de lo irónico. En cualquier caso, mañana tendría que ir con el doctor que se encargaba de sus chequeos anuales para estar más seguros que no era nada de lo que preocuparse. Sin embargo ahora más que nunca, no podía permitir que nadie lo viese, todo se haría más complicado si la presidenta se enteraba que sin siquiera haber pasado un día desde su aislamiento, ya estaba causando problemas.

Menuda mierda.

Dejó caer la canastilla en el mostrador y la joven, que no sería mucho mayor que él, se exaltó en su sitio. Dejó de lado la revista de entretenimiento que leía gracias a que la afluencia de clientes era bastante poca por ser casi las diez de la noche. Tomó uno a uno los productos y leyó su código de barras para hacerle la cuenta. La verdad es que de vez en cuando tenía alguno que otro cliente como él, malhumorado y con movimientos bruscos. Algo bastante problemático si se lo llegaban a preguntar. No obstante, había algo en la figura de aquel joven tan alto que lucía un tanto familiar. Era normal que en aquella área de la ciudad hubiese personas bastante altas para la media japonesa de altura, sin embargo algo en su postura lo delataba distinto a aquellos que usualmente miraba.

¿Quizás era un modelo?

Considerando que mantenía la cabeza ligeramente inclinada para que el gorro de su parca le cubriera la mitad del rostro y fuera realmente difícil obtener una impresión clara, era muy probable que así fuera.

La pregunta era, ¿quién era él?

Trató disimuladamente de descubrirlo mientras colocaba todo en una bolsa de plástico, más el joven de oscuras ropas atinó a evadir cualquier contacto visual.

—Serán 1240¥—pronunció ladeando un poco el rostro.

Demonios, no podía ver nada.

—Tch—farfulló extrayendo la tarjeta que le habían entregado más temprano.

Honestamente detestaba pagar de esa manera, pero no había tenido oportunidad de ir a retirar el efectivo necesario. Ahora podía agregar otra cosa más a su lista de tareas. Además de calcular cuánto le quedaba hasta el siguiente pago.

Carajo. Definitivamente no había nacido para ser un simple empleado.

La chica procesó el pago en la terminal del computador y le devolvió el plástico así como su compra.

—Que tenga una buena noche.

Si claro, como si eso fuera posible a estas alturas.

En verdad, esperaba no volver a toparse con esa mujer tan molesta. No necesitaba que ella se volviera una molestia en su vida. No estaba de humor para soportar el impacto de un meteorito en esa porquería de situación. Ya tenía las manos llenas como para encima estar involucrado con una chica tan estúpida.

Esperaba no volver a verla.


Se dejó caer pesadamente sobre la mullida cama cubierta por un edredón purpura. Los largos mechones de su cabello se le enroscaron en la garganta y su flequillo quedó hacía arriba. Miró fijamente el techo del apartamento, rememorando en su silueta las cosas que habían pasado en la azotea. Sus mejillas estallaron en rojo vivo, como una lata de pintura o un par de tomates pegados a sus pómulos. Hizo una mueca extraña mientras se hacía un ovillo en el lecho y restregó el rostro contra la cobija. Deseando que pudiera desaparecer por completo de la faz de la tierra. Ahora sí que había metido la pata, debió haber sido mucho más cuidadosa. Así tal vez no hubiera causado tantos problemas a su nuevo vecino.

Menuda forma de comenzar una relación de compañeros de pasillo.

Se enderezó y dirigió sus perlas hacia el escritorio que tenía en la pared contigua al dosel de la cama. En él estaba un teclado electrónico conectado a un pequeño amplificador bajo la mesa y a una laptop con la pantalla apagada. Tenía también un diminuto atril con un par de hojas que esbozaban símbolos musicales inacabados. Tachaduras, bolas de papel, métricas y compases adornaban el espacio tan reducido. Suspiró levantándose para colocarse frente al instrumento. Encendió el aparato y una vez se hubo asegurado de que todo estaba en orden, paseó sus dedos por las teclas escuchando atentamente el sonido de cada una. Lo mejor que podía hacer para olvidarse de aquel suceso tan vergonzoso era perderse en los brazos de su musa.

Después de todo, la música era su mejor medicina.

Tarareó la melodía al mismo tiempo que sus dedos bailaban vertiginosamente. Su boca no pudo evitar dibujar una minúscula sonrisa y sus labios se separaron para cantar por lo bajo un par de oraciones al azar. La verdad es que aún no estaba del todo pulida y su voz no era especialmente buena, no obstante era bastante entonada y su garganta vibraba con cada nota. Como si estuviera cómoda con ello.

Le gustaba mucho, pero lo suyo no era realmente cantar, ella era feliz si podía transmitir las notas que resonaban en lo más profundo de su pecho aunque no hubiera una persona que fuera a escucharla realmente. No se sentía preparada para eso, si bien los del café habían dicho que estarían encantados de hacerlo. Simplemente todavía no estaba lista. Por alguna razón creía que aún le faltaba mucho camino por recorrer y cada vez que sopesaba el mostrarle a alguien su canción, un miedo inexplicable le atajaba el corazón.

Tal vez era muy cobarde.

Se detuvo en su interpretación y entrecerrando un poco la mirada en una expresión cargada de emociones pululantes dirigió sus perlas el pequeño tocador que había conseguido hacía un par de meses. Vio su reflejo y su curva de labios desapareció.

Honestamente no tenía confianza en sí misma, y probablemente lo echaría todo a perder a la mínima oportunidad. Había sido tan difícil llegar hasta donde estaba, sacrificando cosas que nunca podría recuperar y su camino no tenía ningún punto de retorno. Por lo tanto era vergonzoso que ahora estuviera dando vueltas sobre sus propios pies, temerosa de un futuro que aún era lejano.

No podía dar marcha atrás y sin embargo tampoco era capaz de avanzar.

Menuda situación.

Un sonido agudo la hizo despertar de sus ensoñaciones y rápidamente dirigió sus orbes hacia la pequeña mesita que tenía junto a la cama y en la cual a veces comía. Su celular mostraba una notificación de LINE* y sus ojos brillaron al ver el nombre del identificador, se cernió tan rápido como pudo sobre la madera y cogió el móvil mientras se sentaba sobre sus piernas en una posición seiza* de forma inconsciente.

Tiene 1 mensaje no leído de Hōku.

Rápidamente deslizó su dedo por la pantalla para desbloquear el aparato y levantó un poco más el teléfono para leer las escasas líneas del memorándum.

"Escuché el demo de la melodía, es bastante buena. Pero te equivocaste en el tempo y la secuencia es un poco floja a la mitad."

Sonrió, él siempre era muy duro con sus críticas. Pero siempre acertaba.

"Gracias Hōku-san, lo tendré en cuenta para corregirlo la próxima vez."

Había conocido a Hōku de una manera un tanto extraña cuando aún estaba en la preparatoria. Por aquel entonces ambos usaban la misma sala de práctica en la academia de música a la que secretamente había asistido sin conocimiento de su padre. Sus horarios nunca coincidieron, y probablemente jamás vieron su rostro durante aquel tiempo, pero de alguna forma terminaron encontrándose el uno al otro. Una libreta de notas fue la culpable de sus intercambios. Rió por lo bajo, cómo olvidar aquella apasionada carta de critica que le había dejado su compañero de sala cuando olvidó su cuaderno por accidente con una canción a medio terminar. No obstante, a pesar de que intercambiaron innumerables notas secretas, no fueron capaces de encontrarse siquiera una vez debido a que en su último año, Hōku tuvo que abandonar la escuela. Él nunca dijo una razón exacta y tampoco revelaba nada demasiado personal, lo único que compartían era su amor por la música, y para ella, eso estaba bien. No necesitaba más. No necesitaba saber quién era realmente, su edad o cómo lucía, bastaba y sobraba con estar ahí el uno para el otro como buenos amigos que eran. Probablemente Hōku ni siquiera era su verdadero nombre, aunque tampoco es que ella hubiera sido completamente honesta.

"Deberías intentar agregar notas para la guitarra, sería una buena combinación y cambiar un poco el arreglo del coro, aun así, sigue siendo una buena canción Hibana, espero poder escucharla pronto."

Quizás él era la única persona que alguna vez hubiera escuchado sus letras, aunque recordar esas notas de voz tan malas le hacía avergonzarse un poco.

"No lo había pensado, trataré de hacer los arreglos como dices. Por cierto, hoy escuché la canción de Debbie Gibson que me recomendaste la última vez. ¡Es fantástica!"

Sus gustos musicales también eran parecidos.

"Por supuesto, ¿qué esperabas? Los clásicos siempre van a ser mejores que la música actual."

Rió para sí misma y se dejó caer sobre la pequeña alfombra celeste que tenía bajo la mesa. Elevó el celular y vio la pantalla fijamente.

"Hablando de clásicos, hoy escuché ésta canción de Richard Marx en el trabajo, tenía mucho tiempo que no escuchaba algo de él."

Movió el dedo índice y arrastró un enlace al chat.

"¿Right here waiting?, parece que alguien está demasiado nostálgica."

Giró sobre su costado y dejó escapar un largo suspiro, cualquier atisbo de incomodidad había desaparecido. Casi como por arte de magia. Gracias a Hōku la desazón de su encuentro con el nuevo inquilino se había esfumado en el aire.

Como una especie de remedio misterioso que funcionaba contra todo.

Ah, sentía cómo su fuerza se había renovado.


Abrió los ojos de golpe, y tardó un par de segundos en acostumbrarse a la luz del ambiente. Su mirada borrosa poco a poco se enfocó y cuando logró distinguir las formas de lo que lo rodeaba, se incorporó tan rápido que el aire apenas si pudo entrar a sus pulmones correctamente. Miró en todas direcciones bastante desorientado y su mente comenzó a trabajar a mil por hora para recordar en dónde mierda se encontraba. No obstante el dolor de su muñeca y las maletas apiladas en la puerta del closet trajeron a su memoria los sucesos del día anterior. Chasqueó la lengua y volvió a tumbarse sobre el edredón azul índigo. Demonios, por un momento había olvidado su destino tan asqueroso en ese hoyo de gusanos. Menuda pesadilla viviente. Giró el rostro y vio la bolsa plástica vacía sobre la mesa, una botella a medio tomar, una cartera de analgésicos y desinflamantes le dejaban saber que la medicación lo había dejado totalmente fuera de juego la noche anterior. Levantó la mano izquierda y observó la muñequera ortopédica que se había puesto para inmovilizar su extremidad para que ésta no se viera más afectada luego de aquel desagradable encuentro con esa estúpida chica.

Gruñó, realmente nada bueno le estaba sucediendo últimamente.

Se volvió a levantar y buscó el móvil que le habían dado sus agentes. Verificó el tiempo y no le sorprendió darse cuenta que eran un cuarto para las seis. Usualmente era la hora a la que se despertaba para comenzar su rutina diaria. Aunque honestamente no tenía muchas ganas de moverse, lo cierto es que a pesar de todo, él no podía aflojar el paso. Aun si estaba en una reverenda caverna, y aun si estaba desterrado como un prisionero, no podía darse el lujo de saltarse sus responsabilidades como un malcriado incompetente. Al menos no si quería alcanzar a ese tipo lo antes posible. Había prometido superarlo, no iba a echar todo por la borda simplemente por estar enojado.

Bufó y cuidando no hacer movimientos bruscos con su mano herida, se sacó la sudadera, dejando ver un bien tonificado abdomen producto de su entrenamiento matutino a través de los años, y el cual, no omitiría aun si se encontraba en un lugar desconocido. Jaló su propio peso hacia arriba y caminó un par de pasos hasta la puerta de su guardarropa, rebuscó dentro sus prendas deportivas, una vez las hubo encontrado se apresuró en cambiarse.

A las seis en punto ya se encontraba cerrando la puerta del departamento. Se calzó bien los tenis y comprobó el cintillo para mantener su celular en el compartimento de su rompe vientos. Casi como toda su guardarropa, la capucha de su chamarra era lo suficientemente amplia como para ocultar su rostro, así que asegurándose de que estaba perfectamente cubierto encendió la lista de reproducción de su móvil y caminó firme hacia las escaleras para bajar hacia la salida del edificio. No conocía muchos sitios por ese barrio, incluso la farmacia del día anterior la había tenido que buscar con una aplicación del teléfono. Sin embargo, no podía depender siempre del aparato y tenía que acostumbrarse al entorno en el que estaría viviendo, muy a su pesar, por tres meses enteros.

No estaba de más hacer un poco de reconocimiento.

Observó las calles contiguas al complejo y no le sorprendió mucho ver unas cuantas personas ya levantadas, muchas de ellas se trataban de hombres cuyos trabajos les exigían abandonar sus hogares en pleno amanecer. Con los colores purpuras y rosados del alba comenzó a caminar para calentar los músculos de sus piernas. Distinguió a un muchacho, de unos catorce o quince años repartiendo el periódico de puerta en puerta y un camión de cargas pequeñas iluminó su silueta al pasar por enfrente de su nuevo domicilio. El ritmo era torpe, y probablemente resultaba bastante desconocido, pero ese era el nuevo ambiente al que debía acostumbrarse hasta que pudiera regresar a donde realmente pertenecía.

—"Igual no es como que me vaya a quedar para siempre"—pensó mientras comenzaba a trotar calle abajo para emprenderse a investigar aquel vecindario tan poco familiar.

Después de todo, sólo había ido ahí un par de veces durante el instituto, la única que había crecido en se lugar era Sakura y la verdad no le interesaba acostumbrarse demasiado a un sitio que incluso ella había dejado atrás.

No necesitaba apegarse a nada.


Cerró la llave de la regadera y recargó la frente contra el cancel de la ducha. Gracias al cielo había podido levantarse con su alarma sin ningún problema y es que ésta vez, gracias al consejo de Hōku, había podido hacer las correcciones de su canción un poco más rápido. Sin embargo, de algún modo, no se sentía muy animada ese día. Probablemente porque no era capaz de olvidar el rostro molesto de su nuevo vecino. No se había llevado la mejor de las impresiones sobre ella, aunque tampoco es que lo hubiera hecho a propósito.

Vale, quizás fue imprudente al no tener mucho cuidado por donde pisaba, pero no era para tanto.

Quizás él había sobreactuado.

Honestamente no quería volver a toparse con él, de alguna forma le daba miedo, mas no podía dejar de pensar que debía agradecer correctamente su ayuda. Al fin de cuentas, ese chico la había salvado de una aparatosa caída.

Apretó la mano con la que tenía cogida la llave y luego levantó el humedecido rostro enmarcado por su larga melena recién lavada.

Tenía una pequeña idea.

—Vale, intentaré hacer eso—susurró con las mejillas levemente sonrojadas por el vapor de la ducha.

Deslizó el biombo y estiró la mano para coger su toalla y cubrirse el cuerpo antes de salir del baño.

Miró brevemente el reloj en su pared al salir del baño y asintió para sí misma. Bien, aún era bastante temprano, si se apresuraba quizás lo encontraría en casa cuando terminara.

Después de todo no quería deberle nada.

Se pasó una mano por los largos mechones azulados que le caían por sobre el hombro derecho y se acomodó las crines tras la oreja. Acarició con su mano derecha la tira de su overol estilo shorts de mezclilla oscura que hacia juego con una blusa blanca de manga ¾ y zapatillas converse clásicas. Sus piernas eran largas, finas y blancas, por lo que rozaba sus rodillas una con la otra por los nervios que la comían viva.

Ocho minutos, llevaba ocho minutos parada frente a la puerta contigua a la suya y aún no se atrevía a tocar el timbre.

¿Y si terminaba siendo aún más odiada? ¿Y si le gritaba? ¿Y si no estaba?

Apretó con su extremidad izquierda la caja transparente en la cual había colocado unos cuantos platillos recién hechos. Una comida que intentaba esbozar sus más sinceras disculpas por todas las molestias causadas la noche pasada. Sin embargo, no había sido capaz de entregarla a su destinatario por culpa de las punzadas de nervios que atosigaban su cuerpo.

Se mordió el labio y un sudor frio recorrió su espina cuando retrajo por quincuagésima vez seguida la mano con la que pretendía hacer el llamado.

¡Por todos los dioses, era tan difícil!

—¿Qué crees que haces?—cuestionaron a su costado y ella no pudo ocultar el respingar de su cuerpo. Su rostro palideció y viró la cara tan rápido como le fue posible para ver el objetivo de sus intenciones parado en el pasillo notablemente agitado por lo que supuso, era una rutina de ejercicio matutino.

Perla contra ónix.

La conexión entre sus ojos era rara, pero de alguna forma no resultaba molesta. Él la miró inflexible, con cierta dureza. Naturalmente no quería volver a verla y el toparse con ella frente a su propia casa, no para nada algo que esperara. La Hyuuga por su parte tembló un poco y desvió sus orbes hacia el suelo.

—Y-yo q-quería dis-disculparme y… y a-agradecerte nuevamente—exclamó con dificultad.

Ahí estaba otra vez esa lengua enredada.

Sasuke estrechó la mirada y no pudo evitar notar la caja que la peliazul cargaba.

—Ya lo habías hecho, no tiene caso que lo hagas otra vez—escupió acercándose a su propia puerta, Hinata se apartó instintivamente y él levantó la protección del cerrojo electrónico para ingresar rápidamente la contraseña.

—No… no fue suficiente… para mí—luchó por hablar sin tartamudear como una tonta.

Ya había sido ridiculizada lo suficiente como para encima estarle mostrando más ese lado poco refinado de su persona.

El Uchiha se detuvo a medio girar del pomo.

¿Qué?

Viró sobre la punta de sus pies un cuarto de distancia y aun con su rostro parcialmente tapado por la capucha de su chamarra, Sasuke tenía una buena vista de la cara de aquella mujer tan molesta. Mejillas rojas como un par de tomates y ojos que reflejaban el suplicio que estaba sufriendo al hablarle, le conferían una mueca tan extrañamente atrayente, como si por alguna razón quisiera molestarla a propósito sólo para verla en aprietos con una expresión desesperada.

Mierda.

—Eso no me importa, no necesito tus disculpas ni tu agradecimiento, ya te lo dije, no es algo que hubiera hecho a propósito, simplemente estaba en el lugar equivocado para suerte tuya—gruñó regresando su atención a la madera de la portezuela.

¿Qué demonios estaba pensando?

Ella era una completa desconocida, una torpe e imprudente mujer.

¿Seguía bajo los efectos del medicamento?

—Pero…

—Tch…—apretó su agarre al pomo y empujó con fuerza para cortar la conversación de tajo al dar un paso dentro de su casa.

Unos tenaces dedos se aferraron a su brazo izquierdo.

Ahí estaba otra vez esa sensación rara en su pecho.

No obstante un dolor agudo opacó el pinchazo al corazón y el moreno no fue capaz de disimular el bramido ahogado que salió de sus labios por ser tocado en la zona afectada luego de su desafortunado encuentro. Hinata abrió los ojos de par a par y Sasuke la fulminó con la mirada.

—Tú estás…

—¡Quieres soltarme de una vez!—exigió irritado sacudiéndose la extremidad ajena, la capucha se resbaló hacia atrás. Hinata retrocedió instintivamente y su espalda chocó contra algo duro. Sasuke estampó su mano sana en la pared y notó cuan pequeña era la figura de la muchacha al acorralarla entre su cuerpo y el muro. Inclinó su rostro hacia ella y la joven contuvo su respiración—, de verdad vas a arrepentirte por ser tan entrometida—gruñó clavando sus orbes en los de ella.

Era como ser observada por una serpiente a punto de morder.

A pesar de su expresión fría, pudo notar lo atractivas que eran las facciones del chico. Cosa que no había podido notar correctamente la noche anterior por lo oscuro de la azotea. Pero no era momento de perderse en ello. Había algo mucho más importante que había pasado por alto.

—Tu mano…

Mierda, tenía que ser más consciente de sus acciones.

—No tiene nada que ver contigo—escupió alejándose.

Genial, lo que menos necesitaba era la preocupación de esa chica. No podía permitir estar más expuesto que eso.

No al menos si no quería ser descubierto por esa mujer.

—Eso… no es…—su expresión se mostró ansiosa—, verdad.

—¿Huh?

—¡Eso no es verdad!—exclamó temblorosa y con la sangre acumulándose en sus mofletes.

Sasuke alzó las cejas.

—¿Qué estás…?

—Por favor, ven conmigo un segundo—aunque hubiera sonado como una petición desesperada, en realidad fue más como un mandato.

Simplemente el guitarrista no pudo negarse.

—Está esguinzada—anunció un mujer de cabellos rojos mientras se acomodaba los lentes al tiempo que revisaba la muñeca del morocho, confirmando así el diagnostico que él mismo se había hecho.

Se enderezó en la silla y cruzó una pierna sobre la otra al tiempo que se recargaba contra el respaldo de la poltrona. Su nombre era Seidou Karin, y era una estudiante de medicina que se alojaba en el apartamento 207 del edificio. Usualmente tenía clases a mediodía por lo cual aún estaba en ropas de dormir cuando atendió el insistente llamado de la ojiperla.

—¿Cuánto tiempo tardará en recuperarse Karin-san?—cuestionó con las manos entrelazadas sobre su pecho.

—Hmm, dado que al parecer tuvo la precaución de hacerse primeros auxilios de forma correcta, debería bastar con dos semanas a lo mucho—se sobó el cuello. A espaldas de la pelirroja podían apreciarse un montón de libros regados por toda la habitación, seguramente debido a que estaba estudiando antes de irse a dormir—, lo que me sorprende es que lo hiciste bastante bien, no debe ser la primera vez que te sucede algo así—exclamó fijando sus ojos rubí en el joven que se había mantenido en silencio durante todo el alboroto que había causado la Hyuuga.

Estaba realmente curiosa por saber quién era ese chico, pues no lo había visto antes y el que Hinata apareciera de la nada con él le intrigaba aún más. Si tan sólo no tuviera puesta esa maldita capucha. Al menos podía decir que tenía un buen cuerpo, con lo poco que había podido distinguir gracias a esa ropa deportiva, era capaz de afirmar que sus músculos eran bastante firmes.

Sasuke se había vuelto a poner el gorro de la chamarra antes de que la otra mujer apareciera por la puerta. No podía dejar que alguien más viera su rostro, ya que aparentemente no había sido reconocido por la muchacha de ojos perla. Lo cual a decir verdad, lo tenía un poco ofuscado. Pues no esperaba que ella estuviera más concentrada en su herida que en darse cuenta que tenía enfrente al líder de una de las bandas internacionales más famosas del momento.

Bien, no es como si ella tuviera la obligación de reconocerlo para empezar. En realidad podría decirse que aquello era bastante conveniente si lo pensaba fríamente.

Mas su orgullo parecía estar un poco golpeado por ello al final.

—Hmmp.

—Tsk, no eres de muchas palabras, ¿eh?—gruñó cruzándose de brazos. El Uchiha atinó a ponerse de pie, no estaba dispuesto a seguir arriesgándose a que descubrieran quién era realmente.

Bueno, por lo menos ya se podía ahorrar la ida con el médico.

—Lo siento Karin-san, gracias por revisarlo—exclamó la Hyuuga haciendo una profunda reverencia.

—Ah, está bien me sirve de práctica, aunque no sea un paciente que me gustaría tratar de nuevo—sacudió una mano—. Gracias por el desayuno—apuntó con un movimiento de cabeza el molde que antes había estado cargando la muchacha y el cual ahora fungía como pago por la inesperada consulta.

—Espero que sea suficiente.

—Es mucho mejor que la comida instantánea del Combini—aseguró rascándose la nuca al tiempo que se ponía de pie para acompañarlos hacia la puerta.

—Gracias de nuevo, te veo después Karin-san—se despidió atravesando la entrada tras el pelinegro que siguió derecho sin dignarse a voltear.

La Seidou sacudió la cabeza a modo de contestación y lanzando un bostezo al aire cerró la puerta.

Hinata apresuró sus pasos por todo el pasillo hasta darle alcance al chico y casi choca contra su espalda cuando éste se detuvo a media escalera rumbo al tercer piso.

—Sólo quiero aclarar una cosa—exclamó sin girarse todavía—. Más vale que no intentes "compensarme" de alguna manera, como ya te dije, no te salve a propósito, por lo cual tampoco es necesario que te hagas responsable de nada—viró lentamente sobre la parte redonda de sus pies—, es más que suficiente si no volvemos a vernos otra…

Calló súbitamente.

¿Qué estaba haciendo esa chica?

Enarcó una ceja al verla cubrirse exageradamente el rostro con sus antebrazos.

—…

—¿Qué mierda estás haciendo?—gruñó frunciendo el ceño y ella respingó.

—L-lo siento… yo… lo lamento, en serio—exclamó contra sus brazos.

No podía ver su rostro, y eso de alguna forma lo irritó aún más.

—¡Si vas a disculparte, hazlo de frente maldita sea!—masculló agarrándola del brazo izquierdo para romper su postura.

Sus pupilas se contrajeron.

Pequeñas lágrimas cristalinas corrían por las sonrosadas mejillas de la muchacha frente a él. Hinata intentaba apartarlas con las palmas de sus manos, pues sabía de sobra que no tenía caso estar llorando por algo como eso. Más no podía detenerse. Era muy duro darse cuenta que por sus actos imprudentes, había terminado hiriendo a una persona totalmente ajena.

El guitarrista estaba pasmado. No sabía cómo actuar con esa clase de situaciones. Es decir, era un músico por toda la santa mierda del mundo, no estaba acostumbrado a ese tipo de llanto femenino. No podía manejarlo igual a como el de las fans enloquecidas mientras hacían su presentación en un escenario, pues no era ni remotamente algo parecido.

Carajo, estaba volviéndose loco.

—Lo siento—sollozó hipando un poco.

Que patética se sentía.

—Debes estar bromeando…—murmuró con un leve tic en la ceja derecha.

Pero qué situación más desesperante.

—Lo… siento…

¿Qué demonios pasaba con esa mujer?

—¡Deja de llorar!—exclamó soltándola.

Si a esas iban, él tenía más derecho a hacerlo que ella. Pero ni de broma se iba a poner a llorar como un estúpido mocoso.

—¡Lo siento!—se mordió la lengua y el Uchiha atinó a despeinarse acaloradamente mientras se llevaba una mano a la cintura.

—¿Por qué demonios estás llorando? ¿A caso estás loca? ¿Tus ojos están mal?—rebuznó—. No es como si nos conociéramos ni nada parecido.

Mira que llorar por un desconocido. Ella era todo un caso.

—Yo… no lo entiendo tampoco—se volvió a limpiar el rostro y la zona bajo sus quinqués lucía enrojecida por el inesperado llanto.

—Arg, está bien—rebuznó.

—¿Huh?

—Dos semanas—pronunció, sabiendo que aquello resultaría muy arriesgado, pero no podía ocurrírsele algo mejor—. Haz los deberes por mí durante dos semanas, tu amiga dijo que tardaría en recuperarme aproximadamente ese tiempo—indicó—. Supongo que eres consciente de que acabo de mudarme, y no estoy realmente familiarizado con éste lugar—trató de evitar hacer una expresión despectiva lo mejor que pudo—. Puedes hacer la limpieza y esas cosas por mí—no podía ni imaginarse la reacción de Tsunade si ésta se enteraba de que él mismo estaba abriendo una posibilidad de ser descubierto—, si lo haces, estaremos a mano por todo.

Al menos, podía tomar algo de provecho en esa situación tan engorrosa.

Hinata lo miró fijamente, sopesando sus palabras y aunque abrió la boca, ni un solo monosílabo salió de sus labios. Apretó la quijada y la sangre pareció estar a punto de salpicarle de los pómulos, se inclinó en una reverencia de 90 grados y los largos mechones le revolotearon por el cuello y la espalda.

—¡Da-daré lo mejor! ¡Po-por favor cuida de mí!—vociferó.

Ah, seguramente estaba firmando un contrato con el Diablo, pero eso le importaba un carajo.


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"

Hasta ahora, he estado buscando demasiado, he estado esperando demasiado

-Waiting for a girl like you

Foringer."

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.-*+*-.

Continuará

'-+*+-´

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Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews, Follows, y Favs.

Espero que les guste esta historia.

Lamento los errores, trataré de corregirlos más adelante.

1*Line es una aplicación de mensajería bastante utilizada en Asia, similar a Messenger o Whatsapp.

2* Seiza (正坐? lit. "correcto sentar") es un término japonés que describe la forma tradicional de sentarse de rodillas.

Sin más por aclarar.

Akari se despide.

Yanne!