Resumen: Angela y Dumbledore cuentan muchas cosas y plantean más interrogantes.
Revelaciones
Tonks, Angela y Lupin viajaron por medio de trasladador hasta el frente de Grimmauld Place. El entrar en aquella casa fría, oscura e inhóspita le produjo escalofríos a la chica con apariencia de mujer, quien decidida a combatir la sensación encendió por medio de su varita las luces del vestíbulo de entrada a la mansión. Aquello evitó que Tonks se tropezase con el paragüero, pero despertó a la señora Black quien empezó a gritar los insultos acostumbrados.
Lupin corrió hacia el cuadro para cerrar las cortinas, pero antes de lograr hacerlo los ojos de la anciana de la pintura se abrieron sorprendidos. Se quedó callada observando a la mujer que se acercaba caminando lentamente a su cuadro, con expresiones de asco y desafío entremezcladas en su rostro.
—¡USTED! ¿QUÉ HACE EN MI CASA? EL TRAIDOR A SU SANGRE DIJO QUE HABÍA MUERTO. ¿CÓMO ES QUE ESTÁ AQUÍ? —le gritó la matrona Black desde su retrato.
—Esta casa hace mucho que dejó de ser su casa. Ahora es la casa de Harry Potter y él me dio permiso de venir a ella. Usted es la culpable directa de la desgracia en que vivió su hijo mayor y la muerte de su hijo menor. Tanto odio y rencor sólo trajo los peores males a su propia sangre…
—NO LE PERMITO… —empezó a gritarle Walburga, furiosa, interrumpiéndola.
—Se equivoca —la interrumpió Angela a su vez, con tono de voz fríamente controlado y lleno de desprecio—. Soy yo quien no le permite seguir atormentando a nadie más con su presencia. — aseveró. Con un movimiento de varita y un hechizo murmurado en voz inaudible el cuadro de la matrona de la familia Black fue desprendido de la pared, reducido a un tamaño menor a un pequeño pergamino y flotó lejos del vestíbulo rumbo al último de los rincones del ático.
Luego de hacer aquello Angela se giró para darse cuenta que Tonks y Lupin la estaban mirando con una mezcla de asombro y desconfianza en sus rostros. Bajó entonces la cabeza y se dejó caer en una silla cercana a la chimenea, que estaba apagada.
—Quiero disculparme con ustedes por mi comportamiento tan extremo con los Dursley y el cuadro de la señora Black. No quisiera ser tan brusca pero me molesta mucho que se le haga daño a alguien de su propia sangre, especialmente cuando son pequeños o no pueden defenderse. Eso hace aflorar lo peor de mi carácter. Lo siento.
—No comprendemos varias cosas y nos gustaría que nos las aclarases.
—Pregunte usted, profesor Lupin. En la medida en que pueda responderle con absoluta sinceridad lo haré. Pero puesto que algunos secretos no me corresponde a mí el revelarlos y no me gusta mentir le indicaré aquellas cuestiones que no pueda responder. ¿Está de acuerdo?
Tonks y Remus la miraban aún con desconfianza en sus rostros.
—Yo sé que para ustedes no es fácil confiar en alguien que acaban de conocer, pero para mí tampoco lo es la desconfianza que ustedes me profesan cuando yo sí los conozco. Por favor, les pido que me tenga un poco de paciencia. Yo sé que usted es muy justo y paciente, profesor.
—Eso es aún un poco confuso para nosotros. —le replicó Tonks, con su inquietud reflejada en su tono de voz.
—Está bien —intervino el hombre castaño con tono y expresión serenos para tranquilizar tanto a ellas dos como a si mismo. No le estaba siendo nada fácil tratar con la chica cuando lucía exactamente igual que su fallecida amiga Angelica y actuaba tan similar a ella en muchas cosas. Tenía que recordarse a si mismo con bastante frecuencia que se trataba de Angela, una jovencita que acababa de conocer—. Vamos con calma. Primero, ¿por qué dijiste en donde los Dursley que no sólo Harry había sido beneficiario de la protección sobre esa casa? —le preguntó. Ayudó a Tonks a sentarse en una cómoda butaca cerca de la chimenea, la cual prendió con su varita, y se sentó él también en otra silla.
—Porque es la verdad. El profesor Dumbledore cuando llevó a Harry con los Dursley les dejó una carta en la que les explicaba que el pequeño se encontraba en peligro de muerte. Pero si ellos lo recibían en su casa y le permitían llegar a considerarla un hogar él se libraría de aquellos que lo perseguían, pues se cerraría la protección mágica que había sido activada por Lily al morir para salvar a su hijo…
—Eso lo sabemos —la interrumpió Tonks—. Pero lo que tú dijiste allá dio a entender…
—Lo que yo afirmé allá es que esa protección no era sólo para Harry. Al aceptarlo allí y sellar la protección también se estaban protegiendo a si mismos y a su hijo. Puesto que la sangre de Lily Potter corre por las venas de Petunia y Dudley Dursley también ellos se verían protegidos. Su casa se volvió "inmarcable" y el Ministerio de Magia siempre estaría controlando que no viviesen magos en la zona.
—Entonces ellos aceptaron tenerle allí sabiendo que… —A Lupin se le ahogaron las palabras en la boca.
—Sabiendo que al darle un techo a aquel niño le daban una protección especial a su hijo que, aunque proviniese de algo que odiaban como lo es la magia, los mantenía al mismo tiempo protegidos y aislados "del grupo de locos" al que pertenecían los padres de esa criatura que habían dejado en su puerta. En esa carta Albus Dumbledore les daba a entender que, por la seguridad del pequeño, permanecerían prácticamente aislados de un mundo que detestaban hasta que el chico alcanzase la edad de ir al colegio.
»Fue entonces cuando decidieron que se quedarían con él, para su propia protección, pero que harían cuanto estuviese a su alcance para arrancar de él cuanto pudiese haber de aquello que ellos consideran una aberración.
—¿Y cómo es que has sabido todo eso si nadie más que Dumbledore o los Dursley vieron aquella carta o vivieron aquellos hechos? —preguntó Remus intrigado.
—Porque mientras ustedes conversaban con Harry en su cuarto yo penetré en la mente de la tía de Harry. Necesitaba saber cómo establecer las protecciones nuevas y, la verdad sea dicha, también tenía curiosidad. Por algunos comentarios de los chicos sabía que él lo pasaba mal en aquella casa.
—Pero estuvimos poco tiempo en la habitación hablando con Harry para que obtuvieses tanta información. Además utilizar la Legilimancia contra un muggle es ilegal. —le dijo Tonks a Angela en tono de asombro y recriminación.
—Yo no he usado la Legilimancia sino una técnica especial para compartir pensamientos y emociones específicos de manera rápida. Es de Magia Antigua, enseñada por los Dunedains, desconocida por vuestro Ministerio y por lo tanto no han legislado sobre ella…
—Pero… —la intentó interrumpir Remus, preocupado porque hasta donde él sabía igual la chica no debía haber sabido cómo hacerlo ni mucho menos aplicar esos conocimientos sin autorización y dudaba que se la hubiesen dado.
—No lo he hecho sólo por satisfacer mi curiosidad. Necesitaba saber qué tanto era su desprecio por la magia para poder establecer la nueva barrera porque, por petición del profesor Dumbledore, lo que cubra esa casa debe proteger a sus habitantes aunque no estén en ella permanentemente. Su rechazo a lo mágico es un escollo a superar.
—¿Y la protección también implicaba el chantaje que les has hecho? —preguntó Tonks que, aunque quería sonar como un regaño, parecía divertida.
—No —aceptó Angela, ocultando con dificultad su nerviosismo—. Pero ya les he dicho que me molesta que hayan maltratado a Harry desde que era pequeño e indefenso. Creo que no ha de ser tan grave para su psicología el que se vean obligados a tratarlo bien un par de meses, aunque sólo sea por un chantaje.
—No estoy totalmente de acuerdo con tu proceder, pero debo reconocer que los Dursley se han ganado eso y mucho más —le confirmó Lupin con una mal disimulada sonrisa—. Ahora me gustaría que me explicases otra cosa. ¿Por qué el cuadro de la mamá de Sirius te habló de esa manera?
—No estoy segura, pero creo que en algún momento mamá vino a esta casa por papá y se conocieron —contestó Angela dubitativa—. Me debe haber confundido con ella pues desde que bajé del Expreso estoy con su apariencia. —completó encogiéndose de hombros.
—Hay otro asunto que quisiera preguntarte. Es sobre… Jessica… —En este punto la novia de Remus intentó levantarse para irse, pero él la retuvo con su mano y una mirada de súplica—. Por favor, Tonks, quédate con nosotros. Necesito tu apoyo mientras hablo con ella de esto.
—Por mí está bien, Remus, pero si en algún momento sienten que es incómodo…
—No te preocupes por eso. Yo he aceptado que seas mi pareja y quiero que estemos juntos siempre para todo. Además esto es… inesperado y difícil para mí. —le confesó con la confianza que había depositado en ella. Las miradas de ambos se quedaron conectadas por algunos minutos, que sin embargo les parecieron horas.
—¿La señorita Tonks conocía a mamá y a tía? Perdón por preguntar, pero quiero saber por donde empezar.
—No que yo recuerde. —le respondió ella mirándola con intranquilidad.
—Llegaron a cruzarse una sola vez, que yo sepa, cuando Harry cumplió seis meses de edad. —les aclaró Lupin.
—Bien —Tomando una gran bocanada de aire para calmarse, Angela retomó su apariencia real antes de comenzar su relato—. Mamá se llamaba Angelica y mi tía se llamaba Jennifer. Ellas eran las hijas gemelas de Luthien y Albus Dumbledore. En el mundo de los Dunedains sólo se lleva un nombre, no se usan apellidos. Cuando ellas llegaron a Hogwarts sus padres pensaron que no era conveniente que se supiese que eran hijas del director, por eso utilizaron siempre el apellido White.
»Ellas habían vivido con mi abuela en el mundo de los Dunedains durante muchos años, mientras aquí sólo transcurrían once años, porque el tiempo allí es distinto al tiempo aquí. Mis abuelos habían acordado que ellas estarían con los Dunedains durante su infancia y llegado el momento vendrían a Hogwarts, para lo cual ellos crearon la casa en los terrenos del colegio. La ubicaron en un espacio tiempo paralelo desde donde podrían ir con facilidad con los Dunedains durante las vacaciones. Al salir del colegio ellas decidirían en qué mundo vivir.
»En Hogwarts conocieron y se hicieron muy amigas de Lily Evans y Alice Yaxley, con quienes compartían en la casa de Gryffindor. Allí también conocieron y compartieron con James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y la rata Pettigrew. Durante sus primeros años la relación con los Merodeadores era de… ¿Pequeñas guerras? A las cuatro chicas las desesperaban aquellos cuatro "engreídos quebrantadores de normas".
—¿Cómo es que sabes tú de todo aquello? —le preguntó Lupin sorprendido. Se había dejado llevar por los recuerdos, pero escuchar a aquella jovencita hablar de todo aquello como si lo hubiese vivido lo sacó. Eso no era normal.
—Mamá me dejó muchos recuerdos en un pensadero… Cuando ella salió de esa casa con los Brown, con Jessica y conmigo recién nacidas, estaba muy débil después del ataque. Aquello le provocó una recaída, así que ella decidió dejarme algunos recuerdos adicionales a los que ya habían preparado mi tía y ella para mi prima y para mí. Sabía que ahora ella tampoco sobreviviría.
—¿Por qué salió de allí? —preguntó Tonks.
Remus guardó silencio. Estaba casi seguro de saber la razón pero no dijo nada, necesitaba oírlo.
—Se arriesgó a regresar a este mundo sin haber sanado porque se enteró de lo ocurrido con papá. Quería ir al Ministerio para hablar en su favor. Se puso en contacto con el abuelo para que la ayudase, pero él le dijo que no había nada que hacer por alguien que había traicionado a sus mejores amigos y a un bebé inocente, que sólo el guardián secreto habría podido revelar el paradero a Voldemort.
»Mamá no le había dicho a su padre dónde o con quién estaba, primero por las prisas, luego por la negativa del abuelo de ayudarla con… Sirius —Hubiese deseado llamarlo papá, pero no quería presionar a sus oyentes—. Según él, ella sólo defendía lo indefendible por amor. No quiso decirle nada de su paradero.
»Ella no sabía con certeza lo del cambio de guardián. Siempre había respetado los secretos de papá —se le escapó—. Si él no quería contarle algo ella no lo presionaba. Pero siempre creyó de corazón en su inocencia —Remus bajó la cabeza, apenado y triste—. Sin embargo no tenía pruebas y su propio padre no quiso creerle. Cuando le dijo que en tal caso el traidor habría sido Pettigrew, él le dijo que era imposible, que "Black lo había matado con doce muggles inocentes".
—¿Por qué no me buscó? —preguntó muy triste Remus.
—Mamá estaba destrozada y muy grave. Los Brown viendo que no había nada que hacer intentaron que regresasen a la casa. Allí no sanaba pero no se agravaba… Antes de aceptar regresar intentó contactarlo, profesor Lupin, pero ella no pudo ubicarlo. Ya habían pasado cinco meses desde lo ocurrido con los Potter. Ella no podía acercarse a su ahijado y al hijo de su mejor amiga porque según el abuelo eso podía ponerlos en peligro, no había podido despedirse de los Potter, no podía contactar a papá y hablarle de mí, no le conseguía a usted para explicarle lo de Jessica, se enteró que sus amigos Longbottom estaban en San Mungo. Entró en un estado de melancolía y aislamiento.
»Los Brown lograron convencerla y llevarnos de vuelta a aquella casa pero fue inútil, la diferencia de tiempo y el tratamiento de la abuela ya no la ayudaban. Estaba muy deprimida pero Jessica y yo estábamos allí con ella, indefensas ante dos mundos que no la ayudaban, así que tomó una decisión y volvió a abandonar aquella casa a la semana de haber vuelto allí. Ella no regresó más nunca consciente, los Brown la llevaron allí para entregarle su cuerpo a Luthien cuando ya no pudieron hacer más por ella.
—¿Ellos te contaron eso? —le preguntó casi sin voz Remus.
—Sí, pero fue porque mamá me había dejado una carta para que la abriese al cumplir seis años. Allí ella me explicaba muchas cosas. Lo último me lo contó tía Christine cuando le pregunté, como le había prometido a mamá que lo haría.
—Entiendo lo de la carta, aunque no porqué la tenías que abrir siendo tan niña, pero lo de los pensaderos… —Remus la miraba preocupado. Sus ojos verdes tenían un rato mirando hacia las llamas. Parecía angustiada.
—En los casi seis meses que mamá estuvo con los Brown terminó lo que mi tía y ella habían comenzado a hacer en secreto en la casa durante sus últimos meses de embarazo. Ellas recabaron en unos pensaderos las memorias que tenían de su infancia, su juventud en Hogwarts y de sus años posteriores al colegio, durante la primera guerra. Nos dejaron sus más hermosos recuerdos y mamá, durante los últimos meses después de regresar aquí con los Brown, agregó algunos de advertencia para mí.
—¿Por qué no las dejó con Dumbledore o con tu abuela? —preguntó Tonks.
Su novio frunció el ceño. Conociendo el carácter de Angelica imaginaba la respuesta.
—Mamá estaba dolida con los abuelos porque no ayudaban a papá, así que nos dejó a Jessica y a mí con los Brown. Ellos nos adoptaron y cuidaron de nosotras. Sin embargo siempre nos hablaban de nuestros padres con cariño, nos sembraron el amor por ellos y no permitieron jamás que los llamásemos mamá o papá. Siempre les dijimos tíos por petición de ellos. Cuatro años después los tíos Brown tuvieron un par de niños, Christine y Christopher. Para Jessica y para mí fueron nuestros pequeños hermanos a quienes consentir y con quienes podíamos jugar.
Angela se detuvo a tomar aire y serenarse. Tenía que mantenerse tranquila. Miró a Remus y tomó el valor suficiente para continuar.
—Los tíos trabajaban en el Hospital San Mungo. Siempre que estábamos fuera del hospital nos comportábamos como muggles. Dos años después de nacer los niños, luego de una guardia nocturna de él, fuimos con tía a buscarlo. Saldríamos todos de paseo. Hubo una colisión múltiple de autos en la que nos vimos involucrados. Aquello fue… —Se apretó las manos con fuerza para controlarse y buscar cómo contarles aquello. Los dos adultos lo notaron. Iba Remus a decirle que lo dejasen por ahora cuando la oyeron comenzar de nuevo—. Ellos lograron sacarnos del auto con vida, pero fallecieron en el lugar. Chris & Chris, Jessica y yo fuimos llevados a un hospital muggle, de ahí nos escapamos luego de un par de días.
—¡Que se escaparon del hospital! ¿Por qué? —le preguntó Lupin, quien tenía la cara llena de dolor.
—Yo le había prometido a Jessica que jamás nadie se enteraría de su condición. Ella es una licántropa. Faltaban pocos días para la luna llena. No podíamos permanecer en el hospital muggle los días antes o después, mucho menos esa noche.
—¡Por Merlín! Ella es… Por eso nunca quise tener hijos, no quería transmitirles mi maldición. Jennifer lo sabía, no sé porqué…
—Porque no pudo evitarlo —lo interrumpió Angela defendiendo a su tía, bajando la mirada al darse cuenta que se había dejado llevar por su impulsividad por la expresión de él—. La sangre Dunedain que corría por sus venas no permitió que fuese efectiva la poción anticonceptiva que tomaba. Ella no sabía que eso ocurriría —le explicó recordando la conversación entre su mamá y su tía—. Cuando se enteró que estaba embarazada estaba feliz y desesperada al mismo tiempo. Sin embargo, fue el embarazo lo que le permitió sobrevivir al ataque hasta que Jessica nació.
—No lo entiendo. —dijo Tonks casi sin voz.
—Ellas habían ido a San Mungo, un 24 de octubre de 1981, a verificar sus sospechas —Remus tragó saliva al oír la fecha—. Mamá no cabía de la felicidad pero disimulaba lo más que podía. Su hermana estaba ilusionada y aterrada al mismo tiempo. Cuando salían de allí, con la certeza ambas de su estado, recibieron una lechuza en que les decían que Sirius Black y Remus Lupin habían sido capturados por los mortífagos y los estaban torturando para sacarles información sobre los Potter. Ponía una dirección y les decían que era un amigo infiltrado, que fuesen en silencio y las ayudaría a sacarlos.
—¿Por qué no nos contactaron? —preguntó Remus.
—Según lo hablado esa mañana antes de irse al hospital ellas dedujeron que ustedes estaban de misión, lo que le daba validez a que los hubiesen capturado. Intentaron avisarle al abuelo, pero no lograron comunicarse con él. Pensaron que debía estar con los Potter y desistieron para no poner en peligro a sus amigos, se fueron hasta allí solas habiéndole enviado la nota recibida y otra al auror Alastor Moody. Por supuesto ustedes no estaban allí pero si un nutrido grupo de mortífagos. Aquello fue… —Pasaron varios minutos sin que Angela pudiese articular palabra, su rostro estaba bañado en lágrimas.
—¿Ella te dejó ese recuerdo? No continúes Angela, te hace daño. Perdona, no debí preguntar —Remus se había arrodillado frente a ella y le secaba las lágrimas con su pañuelo—. Vamos a la cocina a tomar un té y descansemos. Hablaremos otro día si te parece bien.
—No, por favor —le pidió la chica haciendo un esfuerzo evidente por calmarse. Tenía la voz quebrada por el llanto—. Debo terminar hoy. Es difícil pero debo hacerlo por ellas, por Jessica y por usted.
—Vamos a la cocina. Prepararemos té o chocolate y seguiremos, ¿quieres? —le aconsejó Tonks en un tono dulce.
—El chocolate cura todas las penas, según dice Jessica… Se los agradezco a ambos, sé que para ustedes también es difícil.
Sentados en la mesa de la cocina frente a tres tazas humeantes de chocolate retomaron la conversación.
—El ataque al que las sometieron fue muy duro. Cuando el señor Moody llegó con el abuelo y otros miembros de La Orden del Fénix ellas ya estaban muy mal. Las llevaron al Hospital San Mungo, donde las atendieron de inmediato los Brown que se habían hecho amigos de mi tía en la escuela de medimagia. Pero no podían hacer mucho por ellas. Sin embargo, cuando el abuelo dijo que se las llevaba para que su esposa Luthien y los Dunedains lo ayudasen, ellos fueron con ellas.
»Fue tía Christine quien mientras las atendía se dio cuenta que, a pesar de ser más graves las heridas infligidas a mi tía Jennifer, ella parecía encontrarse mejor. Con unos exámenes que le hizo antes de salir de San Mungo, y lo que mi tía le confesó como su amiga, pudo saber que al ser el bebe en camino en parte licántropo ella lograba reponerse más que su hermana. Pero como temía mi tía Christine, al nacer Jessica la ayuda que le había proporcionado a su madre mientras estuvo en su vientre cesó y mi tía falleció.
Pasaron casi diez minutos en silencio. Los adultos estaban asimilando todo aquello, la chica buscaba mantenerse serena. Le había prometido a Jessica que se abriría con ellos tanto como fuese necesario para acercarlos pero le estaba costando bastante. Habían sido muchos años callando con la mayoría de los que la rodeaban.
—Angela, hace rato me dijiste que cuando murieron tus tíos Brown huyeron del hospital muggle. Entiendo que quisieras proteger el secreto de Jessica, pero… ¿Quién los auxilió mientras ella se transformaba? ¿Por qué no se quedaron los cuatro con quien las ayudó? —preguntó Remus preocupado.
Angela lo miró, bajó el rostro hacia la taza de chocolate y empezó a removerlo con la cucharilla. Suspiró. Se los diría.
—Aquella luna llena nadie nos ayudó. Lo pasamos los cuatro solos en el bosquecillo que queda hacia la zona norte, al salir de la ciudad.
—¿Qué? Pero… ¿Cómo es posible eso? —preguntó Remus confundido.
—Les voy a contar algo que nadie sabe… Por favor no me vayan a interrumpir, es… complicado.
Tonks y Remus se miraron intrigados y preocupados. Al mirar de nuevo a la chica la vieron observándolos, esperando una respuesta. Asintieron.
—Mis tíos sabían que era imposible separarme de Jessica. Ni siquiera lo lograban cuando ella estaba transformada. Yo siempre lograba escabullirme y estar cerca de ella. Mientras yo le hablaba la pequeña licántropa siempre permanecía tranquila. Parecía que la sangre Dunedain lograba que ella no perdiese totalmente su humanidad durante las transformaciones. También las hacían menos dolorosas de lo esperado.
»Pero ellos no sabían si eso era totalmente seguro. Cansados de intentar separarnos durante esas fechas por las buenas intentaron mantenerme dormida con poción para dormir sin soñar, pero no importaba la cantidad que me diesen no funcionaba… Fue entonces cuando nos llevaron al hospital y nos hicieron una serie de exámenes.
»A Jessica y a mí nos habían afectado con el ataque aunque de distintas maneras. Ella siempre tendrá una especie de debilidad física. Cuando se encuentre como humana no puede hacer grandes esfuerzos pues su metabolismo no lo permite. A mí ningún calmante ni sedante del mundo muggle o mágico puede ayudarme, mi sistema nervioso no responde.
»Fue por todo esto que no viendo otra alternativa me enseñaron animagia. La única forma en que una pequeña rebelde de seis años acompañase a una pequeña licántropa sin que ninguna saliese lastimada.
—¿¡QUÉ!? —gritaron Tonks y Lupin al mismo tiempo.
—En realidad durante los seis meses que mamá estuvo con los Brown utilizó sus dones de Dunedain para transmitirme el cómo hacerlo. Ella quería que llegado el momento yo acompañase a Jessica como papá había acompañado al profesor Lupin. Mis tíos sólo me cuidaban y ayudaban para que lo lograse, pues desde que cumplí cuatro años había empezado a intentarlo cuando me acercaba a Jessica durante sus transformaciones. Ellos se asustaron mucho y lograron convencerme para que esperase mientras me explicaban y controlaban. No les fue fácil. Siempre he tenido un carácter… difícil.
—Entonces cuando huyeron… —Remus no pudo terminar pues no lograba asimilarlo.
—Por la condición de Jessica como licántropa fue que huimos del hospital con los niños. No podíamos dejarlos allí… Desde que escapamos yo la acompañé siempre como animaga en la luna llena. Ella desde aquel día reconoce a Chris & Chris como si fuesen sus crías aún estando transformada, para nosotras ellos más que nuestros hermanitos pasaron a ser nuestros hijos y cachorritos.
—¿Qué pasó después de esa luna llena? ¿Dónde estuvieron hasta llegar con los Dunedains? —preguntó Remus preocupado por lo que implicaba lo que ella había dicho.
Angela empezó de nuevo a jugar con la cucharilla con el ceño fruncido. Sus ojos ahora parecían dos témpanos de hielo. Había tensión y enfado en su expresión.
—Una semana después de estar vagando por Londres, buscando cómo sobrevivir, las autoridades muggles nos consiguieron y nos llevaron a un orfanato. Allí logramos permanecer sin que nadie se enterase de su condición hasta que… hubo un incidente. Teníamos nueve años, Chris & Chris cinco. Una vez más huimos, estábamos lastimadas y muy asustadas. Fuimos a la que había sido nuestra casa de la infancia, la casa de nuestros tíos. Allí nos consiguieron Dotty y Wykers.
—¿Lastimadas? —preguntó Remus.
—… —Angela se limitó a denegar.
—¿Quiénes son Dotty y Wykers? —preguntó Tonks para destensarla un poco.
—Ellos habían sido los elfos que mamá y tía habían liberado de sus dueños en la primera guerra. Las habían acompañado un tiempo hasta que las atacaron. Desde entonces no las habían visto pero sabían que estaban embarazadas y que el profesor Dumbledore había logrado ponerlas a salvo con ayuda de la familia Brown. Habían sido llevados a Hogwarts por el profesor después del ataque a ellas. Cuando se enteraron de lo ocurrido a los Brown empezaron a buscarnos. Al encontrarnos nos ayudaron a llegar al Expreso de Hogwarts y activar el sello de protección.
—¿Cómo y por qué activaron ese sello? —preguntó Remus que no olvidaba lo que la chica se había negado a responder.
—En mi sangre y la de Jessica corre sangre Dunedain. Nosotras activamos el sello asustadas por lo que habíamos vivido. No queríamos volver a ningún orfanato. La habíamos pasado mal. No queríamos ningún adulto cerca, tampoco aceptábamos bajo ningún concepto que los niños fuesen separados de nosotras.
—¿Qué les pasó allí, Angela? —insistió Remus.
—Les tomó un par de meses a Dotty y a Wykers convencernos de ponernos en contacto con el profesor Dumbledore, además de la insistencia de Fawkes —Angela evadió la pregunta. Aquello aún no estaba lista para hablarlo con nadie—. Eso no fue fácil, algunas de las cosas que le escribíamos eran borradas por el sello de la casa. —la cara de Angela mostró una sonrisa triste, sus ojos verdes parecían los de un felino lastimado.
»El pobre abuelo en un principio no entendía casi nada. Sólo sabía que un par de chiquillas se ponían en contacto con él por medio de su fénix. No podíamos decirle mucho pero él logró deducir bastante. Aunque el sello lo habíamos activado mal por falta de conocimiento y ni siquiera un Dunedain podía atravesarlo desde este mundo o el otro, él logró con su carácter y maneras acercarse a nosotras y que confiásemos de nuevo en alguien.
—¿Qué tiene que hacer Remus para liberar a Jessica? —preguntó Tonks, que se había dado cuenta que Angela no respondería a la pregunta de su novio. Tal vez la otra chica les dijese más.
—Él debe ir a la casa conmigo y desear que ella salga con él. Sacarla de allí de la mano. —le contestó Angela.
—¿Cuándo podemos ir? —le preguntó Remus que entendió que era mejor no insistirle en ese momento. No quiso presionarla más al notar en sus ojos la forma en que la había afectado lo que les había contado, preocupado porque intentaba simular estar bien.
—En cuanto acondicione este lugar como le prometí al abuelo. Además debo ir a la casa de los tíos Brown para acondicionarla como el nuevo Cuartel de La Orden del Fénix. Allí debo ir con aquél de ustedes que se vaya a convertir en el guardián para hacer el encantamiento "Fidelius".
—Hagamos lo de la protección de esta casa para que no venga Snape y descansemos. Lo demás tendrá que esperar a mañana. Tú estás agotada y nosotros también. —le sugirió Tonks.
—Pero, yo puedo…
—Nada, vamos todos a descansar. —la interrumpió Lupin con una voz serena pero autoritaria que no dejaba lugar a dudas.
—Está bien. Os obedeceré. —respondió Angela con expresión de niña regañada. En realidad estaba agotada y deprimida pero no quería mostrarse débil.
La chica se ubicó en el centro geométrico de la casa y realizó extraños movimientos con su varita. Todo el cuartel se vio de pronto iluminado con una luz blanquecina con visos de colores, luego retornó a la oscuridad previa.
Cuando Tonks y Lupin pudieron ver de nuevo se dieron cuenta que Angela se veía muy pálida. La llevaron a una de las habitaciones donde la acostaron en la cama. La chica se quedó dormida casi de inmediato.
Tonks y Lupin fueron a la habitación en que él se había quedado cuando había compartido aquella casa con Sirius.
—Vamos a descansar, Remus, mañana será otro día. Intenta no pensar demasiado en todo lo que hemos hablado hoy. Deja que tu mente lo asimile. —le decía Tonks con cariño mientras llegaban allí, tomándole de la mano.
—Quédate conmigo. No puedo solo, es demasiado. —le pidió Lupin cansado y triste.
—Lo sé.
Se quedaron los dos dormidos, abrazados. El cansancio y la tristeza ganándole la partida a las preocupaciones.
Tonks, Angela y Lupin se acababan de ir. Él se había ido a su cuarto. Se sentía agotado por todo lo ocurrido en los últimos días, asombrado y preocupado al mismo tiempo por lo vivido en las últimas horas. Se recostó en su cama boca arriba.
Cuando Harry estaba pensando en lo que les había dicho la chica en el tren, empezando a hacerse preguntas sobre lo que aún no había podido contarles por la falta de tiempo, apareció ante él un pequeño fénix. El ave tomó con sus patas el sobre y el paquete que le había entregado Angela, los cuales él había dejado sobre el escritorio, y los puso a su lado en la cama. Volando luego fue a posarse junto a la jaula de Hedwig.
El fénix era más pequeño que Fawkes, de plumas rojas, pico y garras dorados, con una pequeña mancha plateada en las plumas de la cabeza. Emitía pequeñas notas dulces y parecía estar comunicándose con Hedwig, la cual parecía agradada por su compañía. Esto extrañó a su dueño, que sabía de su carácter arisco con otros animales.
Tomó el sobre y al abrirlo consiguió dos pergaminos y una llave.
Harry:
Estoy casi segura que me será imposible explicarte muchas cosas importantes sin que nuestros acompañantes de viaje y tus tíos se enteren.
Espero por lo menos haberte explicado que desde hoy este pequeño fénix te acompañará. Es una hembra, está esperando a que le des un nombre. Por medio de ella podrás comunicarte sin que nadie de La Orden del Fénix, los muggles o los magos se enteren. Ni siquiera los del grupo G.E.M.A. podrían interceptar los mensajes que nuestros fénix porten. Solamente los del E.D.H., Fawkes y entre los fénix del E.D.H. podrán llegar a saber dichos mensajes.
La llave abre la cajita que te he entregado junto al sobre. En ella conseguirás una especie de manilla de puerta con forma de fénix. Si la ubicas en una pared de tu habitación se formará una puerta que sólo los del E.D.H. podrán ver y utilizar, aunque para ello tendrán que tener tu consentimiento. Inicialmente sólo sabremos cómo usarlas Hermione, Ron, tú y yo, para que podamos hablar sobre los horcruxes. Luego tú decidirás quien más puede estar al tanto y podrás avisarle por medio de tu fénix. Actívala en cuanto puedas.
Mañana en la noche iré allí de nuevo para aclararte tantas dudas como pueda. Tengo primero que visitar a los otros chicos para entregarles sus paquetes y sus fénix. Cuídate mucho. No confíes en nadie de quien desconfíen Hedwig y tu fénix.
En el pergamino adjunto irán apareciendo los nombres de los miembros del E.D.H. y los de los fénix de los doce básicos, el núcleo central de tu grupo, a medida que cada uno de vosotros los vayáis nombrando.
Angela
En el otro pergamino decía:
Ejército de Dumbledore y Harry (E.D.H.)
Nombre -Fénix
Harry Potter -
Hermione Granger -
Ronald Weasley -
Ginevra Weasley -
Angela White - Orión
Jessica White - Moony
Luna Lovegood -
Neville Longbottom -
Fred Weasley -
George Weasley -
Christine Brown - Zeus
Christopher Brown - Gaya
- Fawkes
Harry se quedó de una pieza. No podía creer y mucho menos entender lo que sus ojos le mostraban. Se sobresaltó sentado en la cama al observar como se agregaba un nombre de fénix al listado. Al lado del nombre de Hermione acababa de aparecer "Galileo".
Confuso miró a su fénix y al hacerlo sintió que le recordaba con sus dulces cantos la presencia de su madre. Era un sentimiento de afecto más que un recuerdo y decidió llamarla como ella, "Lily". En cuanto la llamó así, la pequeña fénix voló hasta posarse en su hombro y le rozó la mejilla con su cabecita, como si quisiese hacerle entender que le gustaba su nombre. Al volver a mirar Harry el pergamino vio que junto a su nombre aparecía el de su fénix, Lily.
En ese momento apareció en la barandilla de la silla del escritorio un fénix de plumas rojo castaño con una especie de corbatín de color turquesa, pico y garras doradas. Era un poquito más grande que su fénix, pero más pequeño que Fawkes.
Traía una nota en su pico que dejó sobre el chico y regresó a la silla. La nota estaba escrita con la letra pulcra de su mejor amiga.
Harry:
Hola. Un par de chiquillos muy pícaros ha pasado por mi casa hace unos minutos. Dicen que son los primos de Angela.
Me han dejado un paquete y este fénix. Dijeron que Angela se reúne mañana a las nueve de la noche con nosotros en tu cuarto, que me contactase contigo en cuanto pudiese, dicho lo cual se han ido de aquí por medio de un trasladador sin darme oportunidad ni siquiera de respirar. Son un torbellino.
A mi fénix lo he llamado Galileo.
Todo esto es muy extraño, Harry. Quisiera que Ron, tú y yo nos veamos antes de la reunión con ella. Nos vemos mañana a las ocho de la noche en tu habitación.
Avísame si estás de acuerdo.
Hermione
Harry estaba aturdido y agotado.
Iba a levantarse para ir al escritorio a tomar pergamino y pluma para responderle cuando vio que el pergamino con los nombres de los miembros del E.D.H. y los de los fénix empezó a brillar llenándose de nombres. Junto a Ron aparecía el nombre "Maya", al lado de Ginny aparecía "Ares", al de Fred lo acompañaba "Hera" y al de George "Rea". Tan sólo unos minutos después aparecía "Febo" junto al nombre de Luna y "Atenea" con Neville.
Tomó un pergamino y le respondió a su mejor amiga.
Hermione:
Estoy totalmente de acuerdo en que nos veamos mañana a las ocho de la noche. Esto es una locura. Tengo un pergamino con doce nombres de personas y otros doce de fénix, titulado el "Ejército de Dumbledore y Harry". Me lo ha dejado Angela y los nombres han ido apareciendo allí.
No sé de qué se trata todo esto, pero en la carta que ella me ha dejado ha nombrado los… Tú sabes, nuestro secreto. Me parece que esto es muy peligroso. Sin embargo hay algo en ella que me hace confiar, estoy confundido. Pondré la manilla pensando sólo en ti y en Ron inicialmente. Tenemos que hablar a solas.
Mi fénix se llama Lily. Le avisaré a Ron con ella sobre nuestra reunión.
Harry
Le dio la nota en un sobre a Galileo y luego tomó otro trozo de pergamino y le escribió a su amigo pelirrojo.
Ron:
Amigo, Hermione y yo hemos pensado que es mejor que nos reunamos nosotros tres a solas mañana a las ocho de la noche, antes de vernos con Angela.
Yo activaré la puerta sólo para ustedes dos inicialmente. Necesitamos hablar de muchas cosas. Por favor no le comentes de esto a nadie aún. Esa chica se me hace extraña. Creo que podemos confiar en ella y al mismo tiempo me genera muchas incógnitas.
Harry
Lo envió con Lily y luego le escribió una nota al profesor Lupin.
Remus:
Buenas noches. Disculpe que le escriba tan pronto. Sé que acaba de dejarme donde mis tíos pero usted me pidió que le escribiese si me sentía preocupado por algo y lo estoy. ¿Podríamos vernos mañana?
Disculpe la premura de la carta pero estoy inquieto.
Harry
No sabía cuando la terminó de escribir si enviarla o no, pero el profesor Lupin era actualmente el único sobreviviente de los amigos de su padre y siempre se había comportado con él como un amigo. Antes de subir al Expreso en Hogwarts y que los encerrasen con aquella extraña chica, él le había pedido que lo llamase Remus y se mantuviese en contacto permanente con él, aunque fuese por tonterías. Había percibido en la forma en que miraba a la chica nueva lo mismo que él sentía, confusión. Decidido envió la nota con Hedwig.
Muy agotado abrió la cajita con la llave junto al sobre. Leyó la nota con instrucciones que traía y colocó la manilla en forma de fénix en la pared opuesta a su cama. Mientras lo hacía pensó en Hermione y en Ron. Observó como se iluminaba la pared y la manilla parecía quedar adherida a una puerta dorada de unos dos metros de alto y un metro de ancho aproximadamente. Tenía forma de arco en la parte superior y en lo que vendría siendo el marco aparecían una serie de caracteres extraños.
La "puerta" había quedado al lado de la ventana que miraba hacia la calle. Al intentar tocar la manilla para girarla observó asombrado que la figura del fénix parecía emitir una pequeña nota y la puerta se abría hacia adentro de la habitación. Al hacerlo aparecía tanto la habitación de Ron en la mitad izquierda como la de Hermione en la de la derecha.
Ron estaba solo en su cuarto y tenía la misma expresión de asombro que Harry estaba seguro que su cara mostraba, mientras que Hermione estaba hablando con sus padres y les miraba en forma disimulada. A Harry le dio la impresión que los padres de su amiga no se daban cuenta de nada. Una vez pasada la impresión inicial el pelirrojo pasó a la habitación de su amigo y esperaron a que los padres de la castaña salieran de su cuarto para que ella también se les uniese.
Hermione, siendo la más responsable, les dijo que ya habían probado que la puerta era eficaz pero que mejor hablaban al día siguiente. Se verían a las siete de la noche y no a las ocho, pues tenían demasiadas cosas de que hablar. Les enseñó un hechizo para insonorizar y sellar las habitaciones para que no se llevasen ninguna sorpresa al día siguiente, aunque Harry no podría usarlo por ser menor de edad para evitar problemas con el Ministerio, luego ella y Ron regresaron a sus cuartos.
Para los tres había sido un día agotador. Apenas tocar la almohada se quedaron profundamente dormidos.
Chris & Chris llegaron junto a Jessica después de hacer su primer encargo oficial como miembros del E.D.H. No cabían de la emoción. Habían podido hablar directamente con cada uno de los otros integrantes, exceptuando a su ídolo Harry Potter. Hasta el momento eran los únicos que habían podido hacerlo como miembros de ese grupo.
Jessica les escuchaba su "gran aventura" con una sonrisa maternal mientras les daba de tomar chocolate caliente y espeso. Luego los llevó hasta sus cuartos y los obligó a cambiarse y meterse en las camas. Le tomó casi una hora lograr que se durmiesen.
Pero ella no podía dormir, aunque ya estaba en pijama y también había tomado chocolate, así que fue hasta su cuarto y se sentó en la cama con su espalda apoyada en la pared. Estaba muy preocupada. Sabía que Angela le hablaría a su padre de ella. Se lo había prometido y ella nunca rompía sus promesas. Eso la tenía preocupada y feliz al mismo tiempo.
Su prima había sido muy sincera con ella. La primera reacción de su padre al saber de ella había sido de absoluto desconcierto y, porque no aceptarlo, tenía un terrible miedo de que la rechazase. En ese caso preferiría mil veces quedar encerrada en esa casa para siempre. No soportaría que él la rechazase.
Con estos pensamientos se quedó dormida tarde. Tuvo pesadillas hasta la madrugada del día siguiente. En ellas veía a un licántropo adulto dándole la espalda a una pequeña licántropa, que luego era atacada sin piedad por hombres enmascarados.
Se levantó sudando frío, fue hasta el baño a lavarse la cara y volvió a recostarse. En ese momento llegaron junto a ella Moony y Orión, que con sus dulces cánticos la ayudaron a conciliar un sueño profundo y sereno por unas horas, pero volvió a levantarse mucho antes del amanecer.
En Grimmauld Place una joven se levantaba un poco antes de las dos de la madrugada y desaparecía vestida con un traje cómodo deportivo. Iba a su entrenamiento diario con los Dunedains. A ella no le estaba permitido descansar. Debía perfeccionar sus habilidades si quería convertirse en la instructora de sus amigos. Era la única forma que habían aceptado los del G.E.M.A. que fuese ella y no ellos quien los entrenara.
Había decidido mucho tiempo atrás protegerlos y ayudarlos, por lo que se esforzaba al máximo. Sus profesores eran buenos, de hecho eran los mejores, pero sus métodos eran extenuantes anímicamente y ella les había tomado mucho cariño a aquellos chicos en esos años. No quería que ellos tuviesen que aprender como ella lo había hecho.
Ese era su mayor reto, lograr entrenarlos a tiempo sin lastimarlos más de lo necesario. Pues si no cumplía con las metas que sus maestros le habían puesto pasarían a estar bajo entrenamiento directo con ellos y ella había logrado sacar a Jessica de aquello. No había soportado verla tan mal y le había prometido que nunca más ni ella ni los otros pasarían por aquello. Cumpliría su promesa, siempre lo hacía.
El señor Elrond era muy estricto con ella. Había logrado ocultarle muchas cosas, su Occlumancia era muy buena y sus barreras mentales y emocionales estaban casi a punto, pero estaba muy agotada y dejó traslucir preocupación por Jessica. Aquello se tradujo en que prolongasen el entrenamiento hasta casi la hora del amanecer y que tuviese que volver en tres días para entrenamiento con él, además del que ya tenía con la señora Galadriel.
Cuando regresó a Grimmauld se encontró con un Remus Lupin observándola con el ceño fruncido y una mirada que reflejaba inquietud y desconfianza a partes iguales.
—Vine a ver si necesitabas algo y no te encontré. ¿Puedes decirme a dónde fuiste a estas horas? —le preguntó Remus.
—Lo siento. No lograba dormir bien. Estaba preocupada por Jessica y los niños. Es mi primera noche lejos de ellos y fui a darles un vistazo. Debí dejar una nota por lo menos, perdón. —le respondió Angela rogando que él no llevase allí mucho tiempo y la mentira fuese creíble. Sus ojos eran de un gris claro asustado en ese momento.
—¿Ellos están bien? —le preguntó Remus quien la veía muy pálida y desencajada. No estaba seguro, pero creía que aquello que le decía la chica no era del todo cierto.
—Sí. Jessica está un poquito nerviosa, pero nada que una canción no pueda calmar.
—¿Una canción?
—¡Huy! Por favor, no vaya a delatarme con ella luego. Es una que nos cantaba un amigo en el or… Un amigo nos la cantaba cuando teníamos pesadillas.
—¿Por qué no quieres nombrar el orfanato? ¿Qué fue lo que ocurrió allí?
—… —Sentía que estaba a punto de estallar. Algunas lágrimas asomaron a sus ojos. Apenas si lograba contenerlas.
—Quiero saber qué te tiene tan mal. Parece que estuvieses a punto de caer en cama enferma. Se nota que nos ocultas cosas. ¿Por qué no te sinceras y dejas que te ayudemos?
—Por favor, necesito tiempo —le pidió en voz baja—. Les he dicho más inclusive de lo que debía. Tendré problemas si sigo. Por favor, hoy no más, aún tengo mucho que hacer.
—¿Con quién tendrás problemas? ¿Por qué dices que nos has dicho demasiado? Te ves muy mal. No te ves en condiciones de hacer ni esfuerzo físico ni magia.
En este punto de la conversación las piernas de Angela ya casi no la sostenían. El entrenamiento había sido muy duro y el encontrar a Lupin allí esperándola la había puesto muy nerviosa. La forma en que la estaba interrogando después de todo lo que le había contado… todo lo que había revivido para él y para Tonks. Fue demasiado para su autocontrol y cayó sobre sus rodillas llorando sin poderse contener.
Cuando Lupin la vio así corrió hacia ella para ayudarla a incorporarse, pero parecía que las piernas de ella no podían sostenerla, la tomó entonces en sus brazos y la llevó hasta la cama. Remus llamó a Tonks y le pidió que le trajese alguna poción para tranquilizarla, o al menos un té que la hiciese entrar en calor, y algunos ungüentos para curarla. Tenía lastimaduras en los brazos y las piernas que no había notado antes por las penumbras de la habitación. Parecían superficiales pero recientes.
Angela no respondía a ninguna de sus preguntas. Se había descuidado demasiado durante el entrenamiento. Con todo lo que había revivido antes de ir con el señor Elrond estaba dispersa. En su último año nunca regresaba así para no preocupar ni a Jessica ni a los niños, pero no se percató de los pequeños cortes hasta que el profesor le lastimó uno al levantarla y llevarla a la cama. Su gemido era el que lo había alertado de ello.
Estaba en un callejón sin salida. No podía explicarles y sabía que no podía evadir las preguntas. Agotada por tantas emociones y el entrenamiento perdió el conocimiento mientras Tonks y Lupin la curaban. Ella siguió sollozando aún en ese estado.
Sólo cuando ellos vieron que entraba en un sueño más profundo y sosegado la dejaron para que descansase.
—Remus, ¿qué le ha pasado?, ¿por qué está así? Anoche después que nos contó todo aquello no se veía bien, pero el estado en el que se encuentra ahora… Y esas heridas que tiene… —le preguntaba Tonks con la preocupación notándose en su rostro adormilado aún.
—No lo sé, no me ha querido contar. Aproximadamente a las cuatro y media de la madrugada me levanté. Había estado soñando con mis días del colegio. Todo los que nos contó anoche… Vine a su cuarto para ver que estuviese bien y no la encontré aquí. La busqué por toda la casa. Poco antes de las seis volví a entrar en su cuarto antes de ir a despertarte y coincidió que en ese momento estaba apareciendo aquí en estas condiciones. Le he preguntado muchas veces dónde estaba y no ha querido responderme. Me ha evadido diciendo que había ido a ver a Jessica y los niños, pero algo no me cuadraba y al insistir se le ha escapado que si nos decía algo más se metería en problemas, que ya había dicho demasiado.
—¿En problemas? ¿Con quién?
—Eso no ha querido respondérmelo, pero creo que tiene que ver con los del grupo G.E.M.A.
—¿Estás diciendo que ellos la tienen así?
—Eso creo, pero habrá que esperar a que se despierte para poder hablar con ella y averiguar. Porque de ser cierto no me parece que sean de confianza quienes llevan a una joven como ella a ese estado.
—Estoy de acuerdo contigo, pero me parece que te preocupa algo más.
—Ella no quiere decir lo que les pasó en el orfanato. Cuando le pregunté sobre eso fue que estalló en llanto. Me había comentado que tienen pesadillas. Me preocupa cómo puede estar Jessica.
—Quieres ir a verla y sacarla de allí para protegerla de ellos.
—Si son ciertas nuestras sospechas los cuatro necesitarán ayuda.
—Esperemos a que se levante y hablaremos con ella. Por ahora tenemos que hablar de muchas cosas. Esta noche hay reunión de La Orden del Fénix.
Al llegar la hora del desayuno la señora Dursley llamó suavemente a la puerta de su sobrino. Por primera vez desde que aquél chico llegó a su casa no le iba a gritar ni insultar, sólo iba a decirle que bajase a comer. No oyó respuesta.
Al abrir la puerta y mirarlo allí en aquella cama, por primera vez en su vida lo detalló mientras él dormía. Se veía pálido y ojeroso. Se parecía mucho al chico que había llegado a casa de sus padres muchos años atrás de la mano con su hermana, pero aquél despedía vitalidad por cada poro de su cuerpo, el que tenía enfrente parecía enfermo.
Por lo que le había dicho aquella extraña mujer el día anterior, antes que llegase su esposo, había visto morir a sus padres, a un compañero del colegio, al amigo de sus padres y al anciano director. Eran demasiados golpes a tan corta edad.
Ella nunca le había hecho la vida fácil. Le recordaba con su sola presencia aquel mundo que ella aborrecía. Ver sus ojos era ver a su hermana. Pero la mujer tenía razón en algo, no era su culpa. Con todo lo que habían hecho Vernon y ella para alejarlo de aquello lo único que habían hecho era hacerle la vida miserable y alejarlo de ellos.
Aún resonaban en su cabeza las palabras dichas por aquel anciano un año atrás. En el momento no había querido entender lo que les había dicho, era absurdo, o por lo menos eso había querido pensar. Pero lo ocurrido con su hijo durante ese año le había abierto los ojos.
Al que ella había criado lleno de mimos y regalos se lo habían llevado los policías por haber agredido a un chico menor, diciéndole que se había convertido en un delincuente y que debían buscarle ayuda o los problemas llegarían a mayores. En cambio aquel chico que tenía enfrente, al que sólo malas palabras y malos tratos le habían dado, era llevado a su casa por personas muy mal vestidas, sí, pero que le pedían que lo dejase tranquilo para no empeorar los problemas que ya tenía que afrontar.
Al ver que su sobrino empezaba a moverse en la cama salió de sus pensamientos, le dijo al chico en la voz más neutral posible que bajase a desayunar y salió rápidamente de aquél cuarto hacia la cocina.
Harry casi se cae de la cama de la impresión de ver allí a su tía diciéndole, sin gritos, que bajase a desayunar. A él siempre o le gritaban o le ignoraban pero jamás pensó que llegaría a vivir el día en que se dirigiesen a él de aquella manera.
Se bajó de la cama y fue al baño a lavarse la cara con agua fría. Creía que así despertaría de aquel sueño, pero no lo era aunque se le parecía mucho. Después de asearse se vistió y bajó al comedor.
Allí estaban sus tíos y su primo. Iba a servir el desayuno cuando su tía le dijo que se sentase, que ella lo haría. Se sentó mudo de la impresión, mientras observó de reojo a sus otros acompañantes quienes tenían la cara roja pero no le dirigieron ni siquiera una mirada.
Luego de desayunar su primo y su tío se levantaron rápidamente y se fueron, casi se podría decir que huyendo de allí. En cambio su tía estaba allí sentada frente a él, mirándolo. Por lo visto los otros dos le aplicarían la ley del hielo, pero su tía lo tenía desconcertado.
—Por favor, recoge la mesa y lava los platos —le ordenó con la misma voz neutral que había usado antes para despertarlo—. En cuanto acabes sube a tu habitación y quédate allí.
—Sí, tía. —le logró contestar. Estaba casi mudo de la impresión. No sólo no había hostilidad en sus palabras, sino que en su mirada había… ¿tristeza?
Cuando Angela despertó en aquella cama, extraña para ella, le tomó un par de minutos ubicarse en donde estaba. Pero cuando lo logró también recordó lo ocurrido al amanecer de aquél día y se sintió morir. No sabía qué decirles a Lupin y a Tonks.
Tenía mucho que hacer pero él tenía razón, estaba agotada. Si no tomaba un pequeño descanso y un desayuno no podría hacer nada, así que desaparecer de allí con la excusa de ir a hacer sus tareas no era una opción.
Resignada se levantó y fue al baño a asearse. Luego se vistió con ropa muggle casual y fresca, aunque la camisa era manga larga. Quería que se le viesen lo menos posible las pequeñas lastimaduras que Tonks y Lupin le habían curado. Bajó hacia la cocina y allí los consiguió, pero no estaban solos.
Varios miembros de La Orden del Fénix estaban dando una vuelta por allí para informarse sobre la reunión que habría esa noche. Los del grupo G.E.M.A. estaban desayunando, pues habían llegado poco antes, siendo observados por Tonks y Lupin con caras de pocos amigos y estos les miraban con expresión de no entender el porqué.
—Buenos días. —saludó Angela de la manera más tranquila y natural posible.
—Buenos días, Angela. Te levantas tarde jovencita. —le respondió Arwen con voz dulce y alegre, sin embargo Lupin gruñó de inmediato.
—Es que anoche tuve algunas pesadillas y como no podía dormir fui a ver a los chicos. Los niños estaban bien pero Jessica también estaba desvelada y me quedé con ella un rato. Regresé casi al amanecer, por eso me estoy levantando tan tarde.
—¿Y cuando conversaban tuvieron alguna discusión con algún felino? Porque llegaste llena de lastimaduras y extremadamente agotada. —preguntó Lupin con voz seca y áspera.
Los miembros del G.E.M.A. lo observaron y se miraron entre ellos, empezando a comprender.
—Yo dejé a Jessica dormida más o menos una hora después que llegue allí, pero yo aún no tenía sueño y… salí a caminar. Fui a visitar un cementerio y… Lo siento profesor Lupin, pero no detallé en las plantas con espinas del lugar. Estaba… ida en mis recuerdos.
Había sido cierto en parte. Fue al cementerio antes de ir al entrenamiento y fue la peor idea. Aquello fue el detonante para una de sus peores noches.
—Te dijimos que te acompañaríamos allí después de ir a casa de los Brown. No debiste ir sola. —le recordó Faramir con un tono de voz suave y serena.
—Lo siento, fue la pesadilla. Cuando dejé la casa llegue allí casi sin saber cómo.
—Después de desayunar iremos contigo a la casa de los Brown para establecer las bases de las protecciones. Mañana, después que La Orden del Fénix defina quién será el guardián, iremos contigo para sellar la casa y hacer el encantamiento. —le indicó Aragorn.
Ya estaban terminando de desayunar cuando Lupin abrió la boca para decirle algo a la chica, pero el brillo de una pluma de Fawkes enfrente de Angela le hizo callar. La chica abrió la nota y se puso pálida de repente. Sus ojos brillaban en azul oscuro, fríos como témpanos.
—Ese par de terremotos irresponsables se han ido sin avisarle. ¿Cómo han podido? La han dejado muy preocupada.
—¿De qué hablas? —le preguntaron a un tiempo Tonks y Lupin, mientras Eowyn, Arwen, Faramir y Aragorn se ponían en pie.
—Ese par de niños alocados que tengo bajo mi cuidado. Se han ido de la casa sin dejarle siquiera una nota a Jessica. —les respondió Angela poniéndose de pie.
—Nosotros iremos al Callejón Diagon a buscarlos. —le indicó Eowyn tomando de la mano a Faramir.
—Nosotros iremos a la casa Brown, pueden haber ido allí. —le siguió Arwen con la mano de Aragorn entre la suya.
—Yo voy a la tienda de caramelos cercana a la estación de Londres y luego a casa de Harry. Tenían mucha curiosidad de conocerlo. Son muy capaces de presentarse allí. —les comentó Angela.
—¿Y cómo iban a presentarse allá? Hay mucha protección. No pueden llegar allí así nada más. —le refutó Tonks.
—¡Ja! Tú no conoces aún a ese par. No habrá barrera mágica, aurores o protecciones que les impida ir a presentársele a Harry Potter. Él es su ídolo. Son capaces de armar una… ufff… Mejor me doy prisa.
Todos los integrantes de La Orden del Fénix la miraban en este punto como si se hubiesen equivocado de persona. Les parecía estar viendo y escuchando a la señora Molly Weasley, la cual la miraba sorprendida.
Cuando Harry subió a su cuarto, al abrir la puerta y entrar, se sobresaltó. Sacó la varita con la agilidad de quien espera problemas. Allí frente a él se encontró a una niña y un niño casi iguales. Debían tener cerca de once años, el pelo era castaño oscuro, ojos marrones y grandes, piel blanca. Tenían una picardía en la mirada y la sonrisa que le parecía estar viendo a los gemelos Weasley cuando estaban a punto de hacer una travesura.
—Hola. —saludaron a coro el par de chiquillos.
—Ho…la. —les respondió Harry titubeando y aún con la varita en alto.
En ese momento Lily se acercó a los niños. Se ubicó en el hombro del niño y le comenzó a picotear la oreja en forma amistosa, riéndose éste.
—Ya déjalo pequeñita. Te han llamado "Lily", ¿verdad? Es un nombre muy lindo. Supongo que estarás orgullosa.
—Claro que lo está. ¿No ves lo contenta que luce?
—¿Quiénes son ustedes? —les preguntó Harry, aunque empezaba a sospechar de quiénes se trataba.
—Yo soy Christine Brown y él es mi hermano Christopher Brown, Chris & Chris. Y tú eres Harry Potter. —le respondió con voz segura la niña.
—Fuiste al único del E.D.H. a quien no le entregamos su paquete y su fénix, por eso vinimos a presentarnos. —agregó el niño.
—Te hemos traído unos caramelos de Honeydukes pero no le digas a Angela, no queremos que empiece ya con las regañinas. —siguió la niña.
—También te hemos traído unas cositas de Zonko…
—… porque Sortilegios Weasley está cerrado…
—… Los del Ministerio los están molestando…
—… por lo de los polvos peruanos…
—… Pero estamos seguros que pronto saldrán del problema…
—… y te podremos traer algunas cosas de allí también…
—… Sólo tienes que decirnos qué te gustaría y te lo traeremos…
—… Además obviamente de estas orejas extensibles…
—… Esas logramos comprarlas el año pasado…
—… sin que las guardianas se enterasen…
—… Te las dejaremos y luego nosotros buscamos otras…
—… De seguro a ti te harán más falta…
—… ¿Podemos conocer a tu familia?
En este punto Harry ya había bajado su varita hacía rato. Miraba al par de pequeños que tenía enfrente con las cejas levantadas y una sonrisa en los labios. Recordaba lo que le había escrito Hermione de ellos pero el tenerlos allí en frente era como tener una versión reducida de los gemelos Weasley, sólo que uno de ellos era una niña. Aquello era divertido.
—No creo. A mis tíos no les gusta que me visiten.
—¿Quieres ir al Callejón Diagon…
—… y comerte con nosotros unos helados?
—Yo no creo que…
—Así que están aquí, par de terremotos —los regañó Angela, que acababa de aparecer en la habitación, mientras los sujetaba por las orejas—. Le han dado un susto de muerte a Jessica. ¿Cuántas veces les he dicho que avisen dónde y con quiénes están? ¿No podían avisarme con Gaya o Zeus lo que pretendían hacer? Harry, disculpa que éstos te hayan venido a molestar.
—¡Oye! No hemos venido a molestarlo…
—… Lo vinimos a conocer…
—… Le trajimos algunas cosas…
—… y lo estábamos invitando a comer helados…
—… ¿Qué hay de malo en eso?
—No me molestaban, Angela. Pero ella tiene razón en que debieron avisarles, niños. No deben salir sin avisar. Y ahora que lo pienso, ¿cómo es que siendo menores de edad se aparecen? —preguntó desconcertado.
—No lo hacen. Usan a los fénix para moverse, en lugar de pedirles que me avisen y yo trasladarlos —le contestó Angela, mirando a los niños con expresión de regaño—. Orión, por favor avísale a Jessica que estos dos están bien y conmigo. —Un pequeño fénix de plumaje entre azul y plateado apareció y desapareció del lugar.
—Tú también eres menor de edad. ¿Cómo es que puedes aparecerte?
—He sido declarada por el Ministerio de Magia una "menor emancipada". Mi abuelo me había adelantado algo del papeleo previendo que se presentase una situación como la que ahora tenemos. Claro que según ellos sólo me he movido un par de veces. Generalmente utilizó algunos hechizos especiales que no pueden ser detectados por ellos, así me evito tantas explicaciones. Fawkes, por favor llévales esta nota a Tonks y Lupin para avisarles que he encontrado a este par. Cuando me llegó la alerta de Jessica salí disparada del cuartel y apenas alcancé a decirles que estaban desaparecidos.
Cinco minutos después desaparecía Fawkes de allí con la nota atada a sus patas. Al poco reaparecía Orión con una nota de Jessica, donde agradecía el aviso y decía que ella les avisaría a Eowyn, Arwen, Faramir y Aragorn.
—Mi guardiana favorita, te ves un poquito pálida. ¿Quieres un chocolatín? —le preguntó el niño a Angela con la expresión más inocente que conseguía poner.
—Una rana de chocolate te sentaría bien y te endulzaría la cara. —completó la niña con la misma carita y una sonrisa dulce.
—Ni se crean que me van a comprar con chocolates. —les contestó Angela con el ceño fruncido y tono de regaño.
Harry pudo notar que los niños tenían razón. Se veía pálida y ojerosa.
—Los niños me estaban convidando a un helado y, aunque no podemos ir hasta el Callejón Diagon, podríamos ir al parque que queda cerca. Seguro que podemos conseguir un helado por allí, o por lo menos dar una caminata. ¿No crees? —le preguntó Harry a Angela. Intentaba ayudar a los niños a salir del apuro pues le habían simpatizado—. Creo que a todos nos haría bien salir a estirar las piernas un poco.
—¿O sea que además los quieres premiar? —le preguntó la chica con expresión de disgusto.
Ella también creía que a los niños les hacía falta salir a estirar las piernas un poco. Estaba segura que después de la emoción de haber repartido los paquetes y los fénix había sido imposible para ellos quedarse quietos en la casa con Jessica, pero ella no se sentía en condiciones para una caminata.
—Lo siento, no quise desautorizarte con ellos. —le respondió Harry serio.
—No, yo lo siento —replicó de inmediato Angela apenada—. Tienes razón, una caminata estaría bien. Pero no podemos simplemente salir de aquí todos. A tus tíos y vecinos les podría dar algo si nos ven aparecer de la nada. ¿Te parece si les avisas a tus amigos para que nos acompañen? Podríamos conseguirnos en casa de la señora Figg y venir a buscarte. Tal vez mañana en la tarde. Así les aviso a los de La Orden del Fénix y no se preocupan demás.
—Sí, me parece buena idea. Podrían venir Tonks y Lupin también.
—Les preguntaré. Voy para allá. Después dejaré a este par con Jessica y sus respectivos castigos. Adiós Harry.
—Adiós Harry, disfruta lo que te trajimos. —se despidió la niña con una dulce sonrisa.
—Adiós Harry, nos vemos mañana. —se despidió el niño con un guiño.
—Eso será sólo si cumplen con su castigo. Tocad este cromo, nos vamos. —los sacó Angela de allí, dejando a Harry solo con la mesa del escritorio abarrotada de caramelos y bromas, y la extraña sensación de haber visto a una madre en aquella chica que era dos años menor a él. Aquello era muy extraño.
Luego de organizar las cosas del baúl, sacando las túnicas que ya no le quedaban y organizando sus libros, bajó a almorzar ante el llamado de su tía. Cuando subió se sentó a leer el pergamino que le había dejado la chica el día anterior en un sobre. Estaba escrito con la letra de su querido y fallecido director.
Angela:
Comprendo tu preocupación por lo que, al igual que Harry, sospechas que ocurre en el colegio. Están parcialmente en lo cierto, pero las cosas no siempre son lo que parecen. Aunque en algunas ocasiones pueda llegar a equivocarme, puesto que soy humano, no creo que la vida de un anciano tenga más valor que la de alguien joven que está comenzando a vivir, alguien que puede ser llevado de nuevo al camino si se le da la oportunidad.
Sé que no estás de acuerdo conmigo en este punto, ya me lo has escrito, pero te pido por la confianza que me has tenido hasta ahora que te mantengas tranquila aunque atenta a los chicos. Yo tampoco quiero que salgan lastimados.
Me has dicho que en cuanto te sea posible me ayudarías, es por ello que me atrevo a pedirte que en caso de yo faltar y que consigas romper el sello regresando a este mundo hagas lo siguiente:
1. Quiero que seas tú quien entrene a Harry y sus amigos como has estado haciendo con Jessica. Sé que no es necesario que yo te lo pida, que ya habías tomado esa decisión, pero en algunos momentos podría llegar a ser muy duro para ti. Sin embargo por tus cartas he podido percibir que tienes la fortaleza suficiente para lograrlo. El entrenamiento de los Dunedains es fuerte pero les hará falta si las cosas siguen su curso actual.
2. Cuando el profesor Snape por sus obligaciones no pueda prepararle la poción matalobos al profesor Lupin me gustaría que le hicieses llegar la tuya, la que me has dicho que preparas con Jessica. La muestra que me enviaste con Fawkes ha sido calificada de brillante, aunque respetando tus deseos no he revelado su origen.
3. Me gustaría que con la ayuda de Harry convenciesen al profesor Lupin de mudarse a Grimmauld Place. Ese ser que alguna vez le hizo el peor de los daños se ha unido a Voldemort, es un mortífago y un demente.
Le he dicho a Remus que ya no continúe con el espionaje en el grupo de licántropos y se ponga a salvo, pero él está empeñado en poder convencer a algunos para que no se unan a las filas de Voldemort. Me parece además que está huyendo del cuartel para no enfrentar su situación afectiva con Tonks.
No entiendo cómo siendo tan joven has sido tan perceptiva para darte cuenta de ello, pero tienes mucha razón en tus apreciaciones. Aunque no sé si un anciano como yo pueda hacer algo para ayudar a mi amigo Remus para que deje de considerar su problema como un obstáculo.
4. Sé que el profesor Snape no es de tu agrado, pero te pido que si él llegase a tener que hacer algo grave, que le he pedido, me prometas dos cosas:
La primera es que lo ayudarás en la medida de tus posibilidades para que no sea asesinado ni por los mortífagos ni por los miembros de La Orden del Fénix o aurores, aunque todos desconfíen de él, incluso tú. Yo sigo confiando en él. Tú sabes mis razones. Sé que no le crees pero hazlo por mi hija y por mí.
Lo segundo que quiero que hagas es sellar el cuartel para él. No quiero que los miembros de La Orden del Fénix se sientan en peligro. Yo sé que él no los atacará, pero ellos no estarán tranquilos allí si no le bloqueas.
5. En cuanto al ofrecimiento que me han hecho de la casa de tus padres adoptivos los Brown, como nuevo cuartel en caso de no poderse usar el primero, estoy totalmente de acuerdo y se los agradezco mucho a los cuatro.
En caso de presentarse esa situación han de ser los miembros de La Orden del Fénix quienes decidan quién habrá de ser el nuevo guardián. Preferiría que fuese alguien de la antigua orden, tal vez el propio Lupin, pero eso deberán decidirlo ellos.
6. Te agradezco que te hayas sincerado conmigo en cuanto a que sabes de los horcruxes. Te creo cuando me dices que no fue tu intención el enterarte de algo tan grave y sé que has sido muy cuidadosa siempre alrededor de todo lo que concierne a Harry, pero te pido que no les digas ni a Jessica ni a los niños nada al respecto.
Sé que no te gusta guardar secretos con ellos, que hasta ahora no les has dicho por respeto a Harry y a mí. Te pido que continúe siendo así. Al igual que una vez te pedí que no revelases lo de la profecía a nadie, ahora te pido lo mismo en lo referente a los horcruxes.
Sólo Harry ha de tener la potestad de decidir a quién y cuándo habrá de revelar estos asuntos, pues como bien dices los dos son de extrema gravedad y sólo a él le atañen.
En cuanto a llevar a Harry a buscar uno de los horcruxes, es una decisión difícil. Lo quiero mucho y no quisiera ponerlo en peligro a menos que sea necesario, pero te prometo pensarlo. Tal vez después que obtenga el recuerdo del profesor Slughorn y verifiquemos nuestras sospechas se lo proponga.
Si llego a partir de este mundo sin que hayamos destruido todos los horcruxes sé que intentarás ayudarlo, pero deja que sea él quien te lo pida.
7. Me ha gustado mucho que hayas conseguido a los pequeños fénix y también la idea que tienes de comunicarte con los chicos por medio de ellos, pero no estoy conforme con que se los ocultes a tus maestros. Aunque entiendo que necesites un poquito de espacio propio con jóvenes de tu edad.
En caso de que mi partida de este mundo se precipite, no dejes que Harry y sus amigos abandonen Hogwarts. Usa tus recursos para darles la posibilidad de actuar desde allí. Deberás tener cuidado para que nadie se entere de la misión de Harry a menos que él lo revele, pero ayúdalo para que pueda actuar desde Hogwarts. Es necesario que él vuelva al colegio. Allí podrán obtener información sobre los fundadores que le será necesaria.
Además, con tu forma de trasladarte podrán movilizarse con menos peligros y llevar a cabo la misión con mayores posibilidades de éxito.
Espero no haberte inquietado. No quiero que lo tomes como una despedida. Simplemente estoy dejando todas las cosas organizadas para, dado el momento, poder partir de este mundo a la próxima aventura con tranquilidad.
Dale un abrazo a Jessica y no regañen tanto a los niños, sois demasiado jóvenes para ser tan estrictas con ellos. Los quiero mucho y hubiese querido poder hablar con vosotras personalmente alguna vez. Supongo que el destino no ha querido que sea así por alguna razón. Cuídense mucho.
Albus Dumbledore
Leer esta carta le tomó gran parte de la tarde, pues releía cada punto varias veces mientras recordaba varias cosas que había conversado o vivido con el anciano director, su mentor. Al terminar de hacerlo quedó muy pensativo. Allí se decían demasiadas cosas. El profesor Dumbledore se había despedido de su nieta aunque dijese lo contrario. Aquello era una despedida en toda regla.
Aquella chica había tenido una vida extraña y dura al igual que él, sin embargo en aquella carta postrera le exigían aún más. Le pedían silencio con secretos graves que hasta ese momento él no podía asimilar que ella supiese. También que los entrenase, una chica menor en edad pero entrenada por los Dunedains. "Pero… ¿Por qué ella y no los del grupo ese G.E.M.A.? ¿Quiénes son ellos?". Pero lo que le parecía el colmo era que Dumbledore casi le exigía a la chica que protegiese a Snape. "¡Que proteja a ese asesino!", pensó con disgusto. Todo aquello le parecía muy extraño.
A media mañana llegaron al #12 Grimmauld Place una joven de quince años acompañada de dos niños que pronto cumplirían once años. La joven venía con cara de pocos amigos mientras los pequeños intentaban contener la risa. Se habían salido con la suya y además tenían invitación a paseo para el día siguiente.
Después de presentárselos a todos los de La Orden del Fénix y que recibiesen el regaño pertinente de los miembros del G.E.M.A. se sentaron a almorzar. Los niños no se atrevían a levantar la mirada de su plato. Habían visto extraña a Angela. No sólo no estaba disgustada con ellos, aunque quisiese aparentarlo, sino que parecía más bien triste. Sus ojos apenas llegar al cuartel se habían tornado de nuevo en un verde felino que sólo auguraba depresión y pesadillas. Ellos no sabían qué le ocurría pero se miraban eventualmente, preocupados.
—Quisiera proponerte que fueses a la casa con la señorita Tonks y el señor Lupin a buscar a Jessica. —le dijo Arwen después de comer, porque también lo había notado.
—Lo mejor es dejar que la Orden del Fénix se reúna antes de poner las protecciones en casa de los Brown. —intervino Eowyn al ver que la chica miraba extrañada a su cuñada.
—Así haremos un solo viaje y no despertaremos sospechas entre los vecinos. —las apoyó Faramir de inmediato.
—Mientras tanto nosotros cuatro iremos tanto al Londres muggle como al mágico para ubicar algunas cosas que necesitamos. —afirmó Aragorn con tono tranquilo, observándola atentamente.
Si Angela hubiese estado atenta le hubiese extrañado todo aquello, como si les extrañó a Tonks y a Lupin, pero ella estaba demasiado sumida en sus propios recuerdos.
—Si ellos quieren ir yo estoy de acuerdo. —aceptó Angela con tono conforme y expresión distraída.
Los cuatro Dunedains suspiraron levemente ante la aceptación tranquila y sin protestas ni preguntas de la chica, algo totalmente anormal en ella. Pero Aragorn, Eowyn y Faramir se contuvieron de preguntarle o decirle nada, por la leve negativa con su cabeza de Arwen cuando la miraron de reojo para consultarle si debían hacerlo o no.
—Claro, vamos. —aceptó de inmediato el licántropo por los dos. Él sí había notado el breve y rápido intercambio entre los cuatro. "Están preocupados, así que su comportamiento ante su cambio de planes no es normal en ella", pensó inquieto.
Aragorn les dio un trasladador que los dejaría justo frente a la casa. Sólo un Dunedain podía hacer uno hacia un sitio tan protegido como Hogwarts.
Angela no lo intentó, fingiendo necesitar controlar a los niños. Quería evitar dar explicaciones a los de La Orden del Fénix sobre sus capacidades mágicas siendo menor de edad y a los del G.E.M.A. sobre su debilidad en esos momentos.
