Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Beyblade, esta sólo es una historia de fanáticos para fanáticos.

Advertencia: Este capitulo contiene Lime (insinuación de sexo)

Etnia

By Arden.Due

Capitulo 2

En los días siguientes al ataque de los humanos, la aldea de los nahuales nekojin comenzó poco a poco a ser evacuada. Voltaire ofreció a Xiang el inmediato resguardo de su gente en las tierras altas, donde su clan residía, y en donde tendrían seguridad y oportunidad de asentarse.

Rei había estado coordinando los grupos que partían hacia el norte, ocupándose de custodiar, junto a algunos nekojins, la travesía de su pueblo hasta los límites de su tierra. Ahí, siempre estaba aguardándole el joven escolta que había visitado su aldea con Voltaire y su desagradable nieto la primera vez: Tala. El chico era tan extraño como lo intenso de su cabello rojizo tenía una mirada fría y siempre parecía estar estudiándole, como si memorizara cada movimiento y acción que realizaba durante los minutos en que se encontraban, para después desaparecer con el resto de su gente para continuar la vigilancia de ese peregrinaje.

Lo más bizarro sin embargo, no era la actitud del aquel aguerrido joven, sino el hecho de que no estuviera junto a Voltaire, quien desde el ataque había decidido quedarse en la tierra de Xiang. De hecho, se había levantado un campamento para el señor de los nahuales de fuego y los pocos de ellos que le acompañaban. Rei sabía que no era normal la estadía de aquel hombre, pero no la discutía porque su presencia ahí significaba que en su lugar, su nieto debía quedarse en las tierras altas.

Exhausto por el último viaje de refugiados, Rei decidió no pensar más en nada que no fuera tomar un baño y dormir todo lo que fuese posible. Encaminó sus pasos al recinto que compartía con su padre, luego de dejar órdenes a los guardias para las rondas nocturnas, y comenzó a deshacer la coleta que sostenía su cabello, así le sería más fácil llegar directo a lavarse sin perder tiempo.

-¡Ah, ahí estás Rei…! - la anciana voz de Zigi le llamó, haciéndole volver un poco sus pasos. El pelinegro mostró una tenue sonrisa y saludó al Mayor con un movimiento de cabeza.

-Que tal Zigi, creí que estabas en sesión con mi padre – murmuró el joven, ofreciendo su brazo al otro que asentía con la cabeza y apoyado en él, comenzaba a guiar un nuevo camino.

-Hacia allá me dirijo Rei, pero tu presencia es necesaria también, por ello he venido a buscarte- contestó, haciendo notar en su voz que no había espacio para una negativa del jovencito, aunque sabía bien, que Rei no lo intentaría; era sumamente responsable en lo que se refería a su deber como hijo del patriarca.

No tardaron mucho en llegar al salón en donde lo aguardaba su padre y los dos Mayores restantes que aun permanecían en la aldea, pues otra dupla ya se encontraba en el nuevo asentamiento en las tierras altas. Zigi se soltó se su brazo y se dirigió a sus compañeros, mientras Rei saludaba a su padre y trataba de amortiguar los escalofríos que comenzaban a erizar su piel; algo muy dentro de él intentaba advertirle que algo importante estaba por ocurrir, por supuesto, las agudas miradas de Los Mayores y ese gesto de compasión y remordimiento que portaban, también le estaban enviado señales.

-Rei –llamó Xiang a su heredero, indicándole tomar asiento justo frente a él. El pelinegro intentó decir algo, el semblante mortificado de su padre le preocupó, sin embargo, el de cabellos pardos elevó una mano para solicitar su silencio y así poder continuar. A regañadientes el jovencito accedió, mordiendo su labio inferior mientras se sentaba.

-No creo que exista una manera sencilla de decirte esto…así que sólo lo diré… - continuó, elevando los ojos para fijarlos en los de su hijo, reconociendo en ellos la curiosidad y preocupación que sus palabras provocaban en el pelinegro. Xiang tomó aire, nunca creyó que le sería tan difícil sostener la mirada del pelinegro, cuando estuviera a punto de cambiar el curso de su vida para siempre. Mas tenía que hacerse.

-Accedí a cederte como beta para el nieto de Voltaire-

Silencio. Todo lo que existió por los siguientes minutos fue el silencio. Un silencio pesado, un silencio incómodo, un silencio impasible, helado y ensordecedor. Un silencio incrédulo e indigno, que lentamente comenzaba a transformarse en entrecortados y arrítmicos respiros, primeros reflejos de la incomprensión que tal sentencia había provocado en un boquiabierto joven de largos cabellos azabache.

-¿Q-Qué? –

-Fue decidido por el consejo –intervino Zigi, aunque los ambarinos ojos de Rei permanecían clavados en su padre, quien incapaz de seguir enfrentándole, se levantó de su asiento dándole la espalda -Necesitábamos asegurar la protección de los Nahuales de fuego y la supervivencia de nuestra gente en sus tierras…

-¡…y me vendieron! – interrumpió Rei, conteniendo en su voz no sólo molestia e indignación, sino también repudio y rechazo. Sus felinos ojos viraron a Los Mayores destellando peligrosos, mostrando en el gesto de su boca sus amenazantes colmillos. Había comprendido en sólo segundos la presencia de Voltaire y las asquerosas acciones de su nieto.

-Consideramos lo mejor para nuestra gente – replicó otro de los mayores, molesto por lo que decía el pelinegro.

-¿Consideraron acaso lo que era mejor para mí? ¿Cómo iba a afectarme?—

-Esta tarea sólo la podrías haber realizado tu Rei y no teníamos tiempo para buscar soluciones – explicó nuevamente Zigi con voz mesurada, contrastando ampliamente con el volumen que poco a poco el pelinegro comenzaba a elevar. Rei clavó sus ojos en el Mayor, la frialdad en su –normalmente cálida- mirada, sorprendió al anciano, pero más le impactaba ver como el dolor y frustración comenzaba a carcomer el brillo de sus doradas pupilas.

-¿Es esa tu excusa Zigi? ¿Creerme indispensable te daba derecho a ofrecerme a ese infeliz? – Espetó levantándose de su asiento altivo y desafiante, sintiendo el asco recorrer sus entrañas, el dolor romper su corazón y la decepción lastimar su alma. ¿Cómo había permitido su padre semejante vejación? Se sentía traicionado, vilmente burlado y manipulado cual cría estúpida. No conformes con decidir su futuro junto a un completo y arrogante desconocido, lo habían hecho en la humillante forma de la figura obediente y sumisa.

¡Él jamás sería dócil ni manso con ese desgraciado!

-Rei…- llamó finalmente su padre- Juraste ser el protector de nuestra gente cuando Driger te llamó como guardián y esta difícil tarea ahora requiere que cumplas ese juramento… hijo, eres la persona más fuerte que conozco, sé que serás capaz de sobrevivirla.

La voz de Xiang era suave y firme, perfecta mascarada del angustioso y profundo punzar que su pecho sentía. Entendía el tremendo daño que causaba a su hijo, pero ambos sabían que sin importar qué, su primordial preocupación debía ser siempre el bienestar de su pueblo. Esta alianza era la única manera no sólo de salvar a los nekojins, sino también que Rei mismo sobreviviría. Esa idea sola, valía el resentimiento con que su hijo le miraba.

-No tenías el derecho padre… ¡no tenías el derecho de decidirlo sin advertirme siquiera! ¡De decidir mi vida como si yo fuera una despreciable posesión de la que es fácil desprenderse, sólo porque te era cómodamente conveniente!

-¡Suficiente! – Replicó autoritario el patriarca- Tienes un deber que cumplir con tu gente y lo harás. Partirás mañana al sol y la ceremonia se realizará esa misma luna. ¿Está claro?

El rostro del joven nahual se arrugó contenido. Tensos segundos de desafiante mutismo envolvió a los presentes; hasta que Rei, empuñando las manos y afilando la mirada decidió romperlo.

-Nunca te perdonaré por esto. –

-Y yo estaré orgulloso de ti. –

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-…básicamente, siguen rechazando todo lo que provenga de nosotros – completó la fastidiada voz a su derecha, mientras él con su mirada carmesí recorría desde la altura que le proporcionaba la ladera, todo el campamento nekojin. Cinco soles ya y estos necios nahuales seguían sin aceptar las provisiones que les mandaba, dispuestos sólo a comer las pocas reservas que habían traído de su propia tierra.

Soltó el aire pesadamente, dejando que su mano alborotara ligeramente su dual cabello al pasarla por el. Tenía que controlar esa frustración o terminaría por tomar medidas drásticas que no complacerían mucho ni a su abuelo, ni a cierto joven de largos cabellos azabache.

-Malditos nekojins… que gran idea el traerlos hacia acá, ¿no crees Bryan?– murmuró irónico, provocando un parco rictus en su acompañante pelilila. Ciertamente esos felinos les estaban provocando más problemas que los asquerosos humanos.

El sonido de los cascos de un corcel, desvió la atención de ambos jóvenes quienes se volvieron hacia el bosque de dónde pronto emergía la elegante figura del pelirrojo custodio de Voltaire. Bryan curvó un extremo de su boca al reconocer al jinete como saludo; mientras Kai, cruzado de brazos y serio como siempre, cuestionante enarcaba una ceja al recién llegado.

-Está aquí –Fue todo lo que Tala debió decir para que el heredero comprendiera su mensaje. Una sonrisa maliciosa lentamente se fue formando en su rostro y sus ojos brillaron con un especial destello lascivo. Se encaminó al corcel que recién descabalgaba el pelirrojo y con un ágil movimiento montó sobre el animal, sujetando las riendas con fuerza.

Luego de dejarles indicaciones sobre el resto de las provisiones, Kai emprendió su cabalgata de vuelta al fortín de Voltaire, donde seguramente ya estaría instalado su distinguido invitado. Sabía por boca de su abuelo, que tanto él como Xiang permanecerían en la aldea nekojin hasta la ceremonia; era su deber, por lo tanto, darle la bienvenida a sus tierras.

Si Tala había seguido sus instrucciones al pie de la letra, y no dudaba que el lobo lo hubiera hecho. El nekojin estaría en el ala norte del fortín, en la última habitación del pasillo que recorría. Asintió con un leve movimiento de cabeza cuando uno de los sirvientes del lugar justo salía de esa habitación y cruzaba con él. Aprovechando la oportunidad, se coló dentro del cuarto antes de que la pesada puerta de roble terminara de cerrarse. Sonrió nuevamente, ahí frente a él se encontraba el joven que obsesivamente había plagado sus pensamientos desde la primera vez que lo vio.

Ataviado en un traje marrón de dos piezas y el cabello recogido en una coleta suelta, que dejaba mechones de su melena caer libremente por su rostro, el nekojin se veía aun más hermoso de lo que recordaba. Kai no solía actuar por impulsos, su abuelo le había entrenado para racionalizar y medir cada una de las reacciones de su cuerpo y mente, haciéndolo impredecible por esa frialdad; pero simplemente no podía evitar sentirse atraído a ese menudo cuerpo de acaramelada piel y desear tocarlo.

Cuando Rei sintió la presencia a su espalda ya era demasiado tarde. Un par de fuertes brazos lo rodearon con poderío, efectivamente atrapándolo contra el dueño de aquellas extremidades, y justo como la última vez que lo vio el peliazul, Rei se sintió hipnotizado por el fuego que ardía tras aquellas intensas pupilas carmesí.

Sentir el tibio aliento del su opresor rozarle las mejillas le hizo salir de su momentáneo aturdimiento, recordando quién era ese tipo y lo que representaría para él al anochecer; arrugó el rostro molesto e indignado, revolviéndose entre el abrazo al que le tenía sujeto buscando liberarse.

-¡Suéltame!-gritó enérgicamente, pero entre más se removía más fuerte era apresado. Impotente y furioso, las pupilas del nekojin comenzaron a contraerse y la mueca de sus labios dejaba entrever sus afilados colmillos. Brindándole un aspecto mucho más etereo, felino e intimidante… Aún así, el dueño del majestuoso fénix simplemente le miró extasiado, delineando una cínica sonrisa en los labios.

-¿Qué es lo que quieres? –espetó dejando de forcejear y desafiando con su ambarina mirada al peliazul.

-Darle la bienvenida a mi beta

-¡Yo no sermph…!-Igual que aquel beso, Kai decidió ignorar cualquier protesta del pelinegro y simplemente inclinarse para apoderarse de los exquisitos labios del nekojin. Sentirlos bajo los suyos inflamó su cuerpo. Con maestría le urgió a abrir la boca para introducir su lengua y probar nuevamente el sublime sabor que poseía. El pelinegro sin embargo, no parecía dispuesto a dejarse besar de nuevo. Comenzó a removerse para intentar liberarse, pero Kai aferró su abrazo y presionó más contra aquella boca, degustándola a placer.

Rei trató desesperadamente de soltarse, de impedir los movimientos lentos y sensuales que bailaban dentro de sus labios y que estaban provocando que su cuerpo fuera recorrido por una corriente de electricidad, haciéndolo estremecer. Sintió una de las manos del peliazul deslizarse por su espalda hasta llegar a su nuca, enterrando los dedos en la oquedad para acercarle imposiblemente más contra su cuerpo. Rei aprovechó el movimiento para intentar soltarse, pero al moverse sólo logró impulsar los pasos de Kai, quien le empujó haciéndolo caer contra el lecho.

Sentir el peso del nahual de fuego sobre su propio cuerpo le hizo gemir irreconociblemente para sus oídos, e inconscientemente cerrar los ojos; pero no había sido sólo aquel fuerte cuerpo contra la suyo, en la posición en que estaban, Kai tenía libertad para colar sus manos por debajo de su camisola y recorrer su anatomía en ardientes caricias. Sus labios no habían sido abandonados y podía sentir esa venenosa lengua moverse con maestría, arrebatándole el aliento y cualquier pensamiento coherente que pudiera nacer en su cabeza.

Fue la falta de oxígeno quien finalmente obligó al bicolor a liberar los labios de nekojin; sólo para mudar sus besos a la fina mandíbula y lentamente ir bajando por su aceitunado cuello. Con apetencia y experticia, recorrió aquella curvatura usando besos pausados y suaves, que atrapaban un poco de su piel para succionarla sensualmente.

-¡Aah! b-basta…- se quejó Rei, tratando de evitar que la astuta mano de Kai terminara de abrir su camisola; pero el peliazul no parecía interesado en tomar en cuenta su opinión. Cuando sintió cinco diversos dedos acariciar su pecho fue que el cerebro de Rei hizo contacto con la realidad y las terminales nerviosas de su cuerpo. Con la libertad que Kai ya le había dado, el nekojin movió los brazos hasta tenerlos entre ambos cuerpos para inesperadamente empujar lejos de sí al maldito peliazul.

Viéndose libre del lascivo peliazul, Rei de inmediato se levantó del lecho y puso tanta distancia entre ellos como le fue posible. Respiraba alterado, su cuerpo ardía interiormente, sentía cosquilleos en varias partes de su cuello y sabía que tenía el rostro sonrojado. El peliazul se incorporó lentamente, levantándose para plantarse a varios pasos del felino, también se le notaba un respirar entrecortado, pero por mucho, lucía más controlado que el nekojin.

-¡Mantente lejos de mí desgraciado! –espetó furioso el pelinegro, odiando esa satírica sonrisa aparecer en los labios del bicolor. Cuando le vio dar un paso hacia él, instintivamente dio uno hacia atrás, más el siguiente paso fue interrumpido por el llamado que se escucho en la puerta y la ahogada voz que del otro lado llamaba.

-Señor Kai… El Shaman le ha mandado llamar- dijo aquella voz, trayendo un fruncido al ceño del aludido, quien resopló fastidiado para luego dar media vuelta y dirigirse a la puerta. Se detuvo frente a ella justo cuando iba a tirar de la manija para abrirla, clavando sus pupilas en el nekojin.

-Esta noche… -dijo con voz ronca, baja y penetrante-… esta noche voy a tenerte.-

No hubo más, terminó de abrir la puerta y salió de la habitación. Rei permaneció atónito un par se segundos más, mirando estúpidamente la entrada de madera por donde había desaparecido el bicolor. Su sentencia no había sido dicha como amenaza, ni como una promesa futura. Había sido un total e indiscutible hecho.

Rei se derrumbó en la suave estera que cubría la mitad de la habitación y se llevó las manos a la cabeza sujetándola con fuerza, comenzando a balancearse lentamente sobre sus rodillas mientras intentaba calmar el bombardeo de su corazón, el intenso vacío que le carcomía por dentro, la desesperación que le ahogaba y contener en un asfixiado grito, toda la rabia que bullía en su interior por saber la sentencia que caería sobre el en un par de horas.

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Reunidos en la explanada central del fortín, se encontraban ya el patriarca Xiang, los cinco Mayores de la raza nekojin, y representantes nobles de las diversas castas felinas que conformaban el clan nahual de la tierra. Al otro lado del atrio, justo en el extremo opuesto se reunían los cuatro grandes de los nahuales de fuego: el cabeza de todo el clan Voltaire, su escolta personal y señor de los nahuales lobo Tala; el segundo al mando de los guerreros y señor de los nahuales dragón Bryan; y finalmente, el heredero del clan y ungido señor del mítico fénix: Kai.

También asistían algunos de los más distinguidos nahuales de las tierras altas, quienes se habían encargado de organizar el ritual ceremonial y acomodar a los felinos dentro del fortín. A la llegada de su abuelo aquella tarde, Kai había tenido una reunión con él que se había extendido hasta hacía unos minutos, cuando les informaban que la ceremonia debía comenzar.

Ahora sólo aguardaban la llegada del pelinegro.

Con la luna en su cenit, los testigos reunidos y el shaman dispuestos, Rei hizo su aparición en la explanada. Todos los presentes volvieron su mirada sobre él y algunos alientos se contuvieron ante la visión que el felino representaba. Siguiendo la costumbre nekojin, Rei portaba un traje tradicional de tres piezas en telas rojas y doradas bordado con paisajes de lo que en épocas anteriores había sido el territorio de su pueblo. Su cabello iba sujeto hacia atrás en una coleta baja cubierta por una banda dorada casi en su totalidad, sólo algunos mechones se dejaban caer por su rostro, enmarcándolo.

Altivo y orgulloso fue como Rei caminó por el pasillo que ambos clanes habían formado gracias a su acomodo; al final del mismo, se divisaba claramente el sacerdote ceremonial y por supuesto el nieto de Voltaire. Rei pasó saliva trabajosamente cuando sólo unos pasos le separaban de Kai, pudo apreciar en sus ojos el deseo y la ferocidad que hasta ahora lo caracterizaban, y su corazón comenzó a latir rápidamente, haciendo que todos sus sentidos comenzaran a gritarle que debía huir de aquella emboscada. Pero no lo haría.

Cuando llegó al lado de Kai, pudo sentir su mirada clavada en él, pero se forzó a ignorarle y permanecer inalterado por su escrutinio.

El shaman comenzó el culto con un cántico ceremonial que no duraría más de un par de minutos, para luego clavar sus rosáceas pupilas en ambos jóvenes. Tomo sus respectivas cabezas con cada mano y repitió una nueva oración, una que agradecía a la madre Gea sus bondades y pedía su bendición para ambos nahuales.

Fue entonces que el rito de cortejo comenzó.

Rei observó cómo el shaman tomaba la mano que Kai a su orden extendió hacia él y repitiendo por lo bajo otra plegaria, tomaba su daga ritual y realizaba sobre la palma del peliazul una incisión diagonal, lo suficientemente profunda como para que la sangre brotara en abundancia. Apretando un poco la herida e inclinando lo necesario la mano que sostenía, el shaman recolectó en una copa de cristal tallado con asa de plata, el fin hilo rojo que escurrió de la palma del peliazul.

Entonces los ojos del shaman se posaron en Rei. El pelinegro titubeó solo un segundo cuando el místico hombre extendió su mano, solicitando la suya en ese gesto; mas no permitiría verse nervioso ahora. Tomando aire, extendió su mano a la callosa y arrugada del hechicero, que recitó otro cántico y repitió sus previos actos. Rei tuvo que apretar fuertemente la mandíbula cuando el filo de la daga abrió su piel y un casi inaudible quejido abandonó su boca una vez que el shaman presionaba la cortada para reunir su sangre en la misma copa que contenía la del peliazul. A Rei le pareció increíble que el peliazul no hubiera ni pestañeado en señal alguna de dolor… ¿acaso no lo había sentido tanto como él?

Recitando una nueva oración esta vez al padre cielo, el shaman sujetó la muñeca izquierda de Kai y la derecha de Rei, para unirlas lentamente según iba recitando el ritual.

El contacto de su palma contra la de Kai, le envió escalofríos que erizaron su piel, aun tenía presente lo que aconteció hacía solo un par de horas en la habitación; no sabía por qué el solo roces del peliazul le abrumaba hasta el límite de no reaccionar, pero entendía que mantenerse lejos de su alance sería la única forma de lidiar con él.

Sintió su mano ser aun mas presionada y cuando sus ojos viraron hasta ella, se encontraron con ambas manos entrelazando fuertemente sus dedos y ambas muñecas sujetas por un lazo de seda negra con un bordado en dorado y rojo.

-Sangre por sangre… sólo una se volverá… - pronunció el shaman lo suficientemente claro y fuerte para que todos los presentes le escucharan. Entonces tomó la copa de cristal, la elevó a la bóveda nocturna, recitó un nuevo cántico y al bajarla, la llevó a los labios de Kai, quien se inclinó lo suficiente para beber un sorbo de su contenido. Asistiendo satisfecho, el shaman entonces dirigió la copa hacia Rei, ofreciéndole la misma bebida.

Este era el momento decisivo. Beber la sangre de su acompañante le volvería oficialmente su par, les uniría en un lazo especial irremplazable e irrompible.

Rei apretó los parpados con fuerza al agachar la cabeza buscando rozar con sus labios el filo del cristal. El metálico sabor que de inmediato llegó a sus labios y llenó por completo el gusto de su boca le hizo sentir nuevamente repudio por toda la situación que atravesaba; pero ya no había nada más que hacer, había tragado hasta la última gota del vital líquido.

-…por siempre unidos ante los ojos de Xolotl- concluyó el shaman, elevando nuevamente la copa para después hacer una inclinación respetuosa ante ambos y retirarse.

Por primera vez desde que la ceremonia inició, los ojos de Kai pudieron finalmente hacer contacto con las doradas orbes del nekojin. Ante el desconcierto de todos los presentes y el asombro e incredulidad de Rei, Kai pasó su brazo libre por la cintura del pelinegro atrayéndolo contra su cuerpo, inclinándose sobre él para robarle un beso.

Esta vez, a Rei le tomó sólo segundos reaccionar y empujar al otro lo justamente lejos para separarse, pero no lo suficiente como para que cualquiera que les viera, notara su rechazo a la acción. Aunque definitivamente Kai lo notaría.

-¡No vuelvas a besarme! – siseó enfadado el pelinegro. Kai sin embargo, simplemente sonrió altanero, soltando al nekojin para volverse a Tala y hacerle una señal. El pelirrojo se encaminó a la pareja con paso tranquilo, para cuando llegó a su lado, Kai ya había desatado el lazo que le unía físicamente al nekojin, más no había soltado su mano, a pesar de la discreta insistencia de Rei por liberar su extremidad.

-Llévalo a mi habitación, tengo asuntos que tratar con su padre. –Ordenó indiferente el peliazul, jalando lo suficiente su brazo para atraer al nekojin hacia él nuevamente y con un ligero impulso indicarle que avanzara. El aludido joven, le lanzó una despreciativa mirada por el hecho pero no se opuso, deseaba salir de la explanada tan pronto como fuera posible y así eludir la mirada de todos los presentes, especialmente la de su progenitor; cuyos ojos había percibido en él todo el tiempo.

En otras épocas, una ceremonia de cortejo iba acompañada de un festín para los invitados; pero dadas las circunstancias que vivían, esta vez los invitados abandonaron el recinto una vez concluida la ceremonia. Rei nunca imaginó que su propia ceremonia de cortejo sería así… no esperaba pasar ese día sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros, ni la desolación en lo profundo de su pecho, ni el silencio ser el único regalo que recibiría.

Cansado, el nekojin se quitó la capa que cubría gran parte de su traje, quedando sólo ataviado con una camisa sin mangas ceñida al cuerpo y sus pantalones de línea bombachos en los tobillos. Echó un vistazo a la habitación en donde Tala le dejó advirtiéndole no salir; era diferente a la que previamente había ocupado y era obvio el porque, esta era la habitación de Kai el heredero del clan de fuego.

El cuarto era más amplio, tenía ventanales enormes y aunque era sobrio en decoración y colores, no dejaba de ser elegante y sugestivo. Enarcó una ceja cuando sus ojos se posaron en el lecho, ¿Siempre habría tenido este tamaño o sería por la suposición de que ahora serían dos los que lo ocuparían que era tan grande? Meneó la cabeza molesto, no debía detenerse a pensar en esos detalles. Fuese como fuese, él no pensaba dormir en el mismo lugar que el peliazul.

Sin embargo dicho nahual no se encontraba ahora en la habitación y Rei realmente sentía su cuerpo pesado y exhausto, por lo que decidió recostarse un poco, solo para relajar la tensión de sus músculos. Cuando escuchara el menor ruido al otro lado de la puerta, se levantaría.

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Una suave caricia en su mejilla le hizo abrir lánguidamente los parpados, removerse un poco de la cómoda posición en la que estaba y resoplar lentamente. Sentir el calor de otro cuerpo le confirmaba que alguien se recostaba a su lado, pues debía ser de ahí de donde provenía el aroma a madera y cedro que ahora embotaba sus sentidos.

Curioso y momentáneamente desorientado, Rei parpadeó un par de veces antes de lograr enfocar su mirada en el pálido rostro adornado con triangulares líneas añil frente a él. Un gesto de extrañeza cruzó por su faz, pero al reconocer a su acompañante, el ceño del nekojin se frunció molesto. Intentó moverse lejos de aquel chico, pero su cuerpo se encontró sujetado fuertemente por un par de fornidos brazos.

Rei abrió la boca dispuesto a exigir su liberación, pero fue nuevamente asaltada por unos fuertes labios que con decisión se apoderaban de los suyos. Su corazón volvió a latir desmesurado y toda su piel se estremeció cuando la lengua de Kai, aprovechando que tenía la boca abierta, de deslizaba, le asaltaba y le saboreaba apasionadamente, como jamás pensó que sería capaz de experimentar. Con este era el tercer beso que le robaba y cada uno era más intenso y salvaje que el anterior.

Las manos del nekojin se sujetaron de los hombros del peliazul empujándolos, intentando apartarlo de su lado, pero Kai lo sujetaba aun más fuerte, tanto que pensó que terminaría pulverizado entre esos potentes brazos. El calor de Kai, el movimiento de su lengua, la asfixiante presión… Rei comenzó a ceder.

Dejó de forcejear y casi enseguida los brazos que le apresaban le liberaron un poco, sus ojos se cerraron lentamente agudizando todas las sensaciones que su cuerpo desprendía. El golpetear de su corazón, la intensa oleada de calor recorriéndole, los escalofríos haciéndole temblar, el pulsar en su entrepierna…

-No… ¡Suéltame! – exigió finalmente, rompiendo el nocivo contacto de aquellos labios sobre los suyos. Pero Kai, decidió comenzar a recorrer con pausados roces la piel de su mejilla, enviando descargas de electricidad por toda su espina.

-Por qué lo haría… me perteneces ahora…- murmuró Kai contra la curvatura de su cuello, su voz rasposa y grave, hizo al joven felino entrecerrar los ojos estremecido.

Kai sujetó las muñecas del pelinegro por encima de su cabeza y se movió, cambiando su posición para que ahora el peso de su cuerpo apresara a su inquieto par; quien ahora comenzaba a removerse contra el lecho en un inútil intento por quitárselo de encima.

-¡Yo no te pertenezco! ¡Esta alianza es sólo para el bienestar de nuestra gente, está claro!– reclamó Rei, enfrentando fiero las pupilas carmesí de Kai -… ¡yo jamás seré el beta de nadie!

Kai enarcó una ceja a sus palabras, mirándole detenidamente se percató del ardor dentro de aquellos fascinantes ojos dorados y de la oculta fuerza que tenía el nekojin.

-Lo serás para mí – replicó imperativo el tatuado peliazul, callando cualquier cosa que el nekojin estuviera por decir, al apoderarse nuevamente de sus labios. Entrelazó sus dedos con los del pelinegro, dejando que su cuerpo comenzara a frotarse con el que apresaba bajo suyo, sintiendo oleadas de calor enardecer cada centímetro de su anatomía.

Rei se removió nuevamente, desesperado por evitar el contacto entre sus cuerpos, pero simplemente Kai resultaba abrumadoramente más fuerte que él y sentir su calor estaba atontando su pensamiento. Un gemido escapó de sus labios cuando Kai soltó sus manos para comenzar a acariciar su cuerpo, deslizando sus manos de forma sensual sobre la tela de su camisa hasta encontrar los botones que la mantenían cerrada y desabrocharla sin que pusiera resistencia.

Kai finalmente abandonó sus labios permitiéndole respirar, dedicándose entonces a descender por el cuello del nekojin hasta su base, delineando con la lengua la hendidura entre sus pectorales, moviéndose para apresar entre sus labios un rosado pezón.

-Aah! – Rei gimió ahogado, apenas soportando la onda de placer que le azotaba. Cooperando cuando una mano del peliazul bajaba por su costado, acariciaba su cadera y continuaba su recorrido hasta el muslo, en el que se perdió por detrás de él para alcanzar la rodilla del pelinegro y levantar su pierna para semi abrazarse en ella y tener mejor acceso al trasero del nekojin.

Nuevamente el sonido de tres fuertes y consecutivos golpes en la puerta de la habitación hizo eco en la habitación, interrumpiendo cualquier nueva acción que Kai estuviera por hacer. Pensó en ignorar a quien fuera que se atrevía a molestarle ahora, pero la voz de Tala del otro lado llamándole, le hizo entender que debía atender en este momento.

Miró de nuevo al sonrojado nekojin, inclinándose para robar un último y sentido beso de sus entreabiertos y enrojecidos labios. Se incorporó de la cama y arregló sus ropas, asombrando al pelinegro con ese control que tenía, pues nadie diría que hacía unos segundos estaba en un intenso preámbulo de apareamiento.

Kai abrió la puerta y dialogó algo con Tala que Rei no fue capaz de entender; se volvió hacia él, que permanecía atónito sobre el lecho aun incrédulo de todo lo que sucedía, y le advirtió no salir hasta que él volviera.

Luego de eso Kai se marchó, dejándolo solo, confundido y humillado.

Sentado sobre la cama, Rei llevó sus manos hasta el rostro y comenzó a sollozar contenidamente; no podía creer lo que estuvo por pasar. No podía aceptar que ahora tendría que pasar su vida con ese infeliz nahual, que parecía dispuesto a tenerlo aun contra su voluntad.

Ahora como nunca necesitaba a su padre… pero ahora como nunca comprendió que nunca más podría contar con él…

Ahora estaba solo.

Continuará…

Notas

Gracias a todos los que me dejaron un comentario, espero que este cap les agrade tambien0

Beta: En las parejas de los animales, el macho o hembra dominante suele ser el alfa, le sigue en jerarquía el beta o gama; los animales respetan las jerarquías salvo cuando pelean por ella; pero fuera de eso, los demás están a la orden del alfa.

Para objeto de este fic yaoi lo manejaré: macho alta / hembra beta. Entonces, quien sea el dominante de la relación tendrá el papel del macho alfa y quien deba cumplir y obedecer con el papel de la hembra, será el macho beta.

Xolotl: Divinidad nahual de los aztecas.